La miscelánea: De Nada, Cadena de favores y la idea cambiar el futuro

por Fernanda Loé Gómez

Nada importa y por lo tanto no vale la pena hacer nada. Esa es la idea con la que Pierre Anthon comienza a afectar al resto de sus compañeros de clase en el libro Nada de Janne Taller. Esa idea también se aborda en la película Pay it forward o Cadena de favores, en español. Y eso mismo creo que ha pasado por nuestras mentes al menos una vez en la vida. Tal vez hasta se ha transformado debido a la pandemia. A lo mejor pensamos igual que Pierre Anthon o, por el contrario, el aislamiento le ha dado un giro a lo que creíamos del mundo y sobre todo de las relaciones que construimos con las personas con las que lo compartimos, así como con nosotros mismos. 

Empecemos hablando de Nada. Los personajes del libro nos llevan a cuestionarnos el presente y el futuro. ¿Qué es importante?, ¿Qué tiene un significado para mí?, ¿Qué tanto importan las cosas? Ellos, a la par de nosotros como lectores, se ven obligados a tratar de responder esas preguntas a partir del día en que Pierre Anthon se sube a un ciruelo y decide que ya no va hacer nada porque nada vale la pena y, por lo tanto, no tiene sentido. Los adultos del libro, son capaces de ignorarlo, como probablemente nosotros podemos hacerlo todos los días, sin embargo, los niños se enfurecen. 

Lo que dice Pierre Anthon afecta especialmente a los niños porque para ellos significa que, si nada importa, si nada tiene sentido, entonces no tienen un futuro, vivir no significa nada. Bajo esta presión intentan por todos los medios probarle lo contrario, ahí es cuando empiezan los verdaderos cuestionamientos internos. Para eso juntan muchos objetos preciados, sin embargo, no son suyos, son cosas que les prestaron otras personas y por lo tanto no tiene significado para ellos.  He aquí el primer golpe de realidad. Lo que para alguien más es un tesoro, para mí puede ser una baratija. El peso que le damos a los objetos, los hace convertirse en vasijas de recuerdos personales, pero eso no les agrega valor ante el mundo, sólo ante mí.

Es en este momento en el que se ven en la necesidad de ser sinceros. Lo que es importante para mí, es algo que me dolería perder. Bajo esta premisa y a manera de cadena, se empiezan a exigir cosas que saben que el otro aprecia. Sin embargo, el rencor no perdona, y cada nueva petición parece una venganza. La realidad es que así es la vida. Si tuviéramos la oportunidad de quitarle algo que realmente aprecia a esa persona que en algún momento nos trató mal o se burló de nosotros, ¿lo haríamos o lo dejaríamos pasar? Probablemente ya hasta estamos haciendo una lista mental de enemigos con sus respectivos tesoros a despojar. Y aunque creamos que los niños funcionan de diferente manera, la realidad es que son humanos y no son ajenos a emociones como el rencor, el enojo e incluso el odio.

Yo creo que por eso muchos relacionan este libro con El señor de las moscas de William Golding. En este pequeño mundo, los niños demuestran que las relaciones sociales funcionan muchas veces bajo el dicho “ojo por ojo”, lo cual desencadena un espiral de acciones que nunca termina. Además de que, entre ellos, al ser todos niños, las jerarquías funcionan diferente pues tienen la oportunidad de ellos mismos definir lo correcto e incorrecto.

Pensando así, cada petición se va haciendo más y más desmedida, cruzando líneas de las que no hay regreso. Una de estas es la solicitud de Oscarito, el hámster de una de las niñas. Ese es un paso que pone a prueba el carácter moral de todos, que aun sabiendo el probable final que va a tener Oscarito, lo consideran una petición justa al compararla con lo que cada uno ya perdió ante lo que ellos llaman “el montón de significado”. 

Y así continúan las peticiones de objetos que en mi opinión representan diferentes tipos de sacrificios y de valores. Solicitan una alfombra de rezos (que además ocasiona una golpiza casi mortal), un telescopio comprado con los ahorros de toda la vida, el pelo azul de una de ellas, la “inocencia” de otra, el cadáver de un difunto hermano de uno de ellos, un cristo robado, etc.

La cumbre es cuando piden la cabeza de una perrita que ellos mismos van a matar y el dedo de uno de uno de sus compañeros, que obviamente tienen que cortarle entre ellos. Cada petición va llena de más resentimiento que la anterior y sin embargo todas parecen justificadas. La propia protagonista, que tuvo que entregar unas sandalias azules nuevas, cree que su pérdida es la misma a la del dedo de su amigo, por ejemplo. Se justifican entre ellos recordándose lo crueles que fueron cuando cada uno tuvo su turno. Siempre teniendo en mente que la motivación final es demostrarle a Pierre Anthon que han juntado una pila de significado, que vale la pena para todos lo que han sacrificado y que, por lo tanto, el futuro es posible.

El libro nos lleva a cuestionarnos hasta donde estamos dispuestos a llegar con tal de demostrar que no estamos perdidos en la nada. Los niños toman la decisión de vender el “montón de significado”, que en un inicio era basura para la prensa pero que de pronto, por una crítica artística positiva, se convierte en la mayor pieza de arte de la historia. Por lo tanto, se llevan con él la identidad, la religión, la personalidad, la integridad, el miedo, la fe, la patria, entre otras cosas depositadas ahí. Sin embargo, con eso se dan cuenta de que Pierre Anthon tuvo razón todo el tiempo. El montón de significado deja de serlo en el momento en que le asignan un precio, y con eso, un precio a sí mismos, a las cosas que sacrificaron, a lo que fueron capaces de hacer. 

La realidad es que cuando leí este libro muchas de las declaraciones que hace Pierre Anthon me llevaron a pensar como él. A pesar de que por mi personalidad le doy valor sentimental hasta a las cucharas, pocas cosas entrarían en el “montón de significado” y tal vez, como los niños, las vendería a un museo por la necesidad de reconocimiento que creo que todos tenemos, aunque sea en lo profundo de nuestra personalidad. Sin embargo, no sé sí sería capaz de cortar un dedo matar a un perrito por demostrar que la vida vale la pena y el futuro es prometedor.

Ese sopesar entre qué es más importante, si cortar un dedo o no tener futuro, por lo menos a mí me asusta. De esas acciones uno ya no puede deshacerse y aunque se pruebe lo necesario, ¿a qué costo se logró? ¿vale la pena después de saber de qué fui capaz con tal de lograrlo? Aunque hay otras opciones, por lo tanto, me parece buena idea contrarrestar esto hablando de una película que plantea que podemos cambiar al mundo, por lo menos en nuestro entorno inmediato. 

Cadena de favores es una película estrenada en 2000. Protagonizada por Haley Joel Osment, Helen Hunt y Kevin Stacey y dirigida por Mimi Leder pero basada en un libro de Catherine Ryan. La cinta habla de Trevor (Joel Osment, que también protagonizó Sexto sentido), un niño que decide iniciar con una cadena de favores como resultado de una atarea asignada por su profesor (Kevin Stacey) en la que les solicita pensar en una idea para cambiar al mundo y ponerla en marcha. La realidad es que Trevor tiene un ambiente familiar no muy ameno pues su madre (Helen Hunt) es alcohólica y tiene una relación complicada con su ex novio que la maltrata y que no quiere al niño. 

La idea de Trevor es hacer un favor a tres personas para que ellos a su vez hagan tres favores y así se inicie una cadena de ayuda. Sin embargo, su plan no marcha como desea ya que la realidad es que muchos tienen problemas que él no puede resolver. Trata de ayudar a un vagabundo alcohólico y este regresa al vicio, luego trata de ayudar a su mamá emparejándola con su profesor para que ella no regrese con su novio abusivo y finalmente, trata de ayudar a su amigo cuando es golpeado por otros chicos que lo molestaban, cosa que concluye trágicamente. 

Esta película yo la vi por primera vez de manera obligatoria como parte de una tarea que me dejaron en secundaria y no me gustó. Yo me identificaba con Trevor, quería que triunfara y que resolviera los problemas de las tres personas de su lista, pero, sobre todo, quería que su vida mejorara, que su mamá dejara de tomar y que encontrara el amor con su profesor porque el niño era una buena persona con el deseo de mejorar el mundo, para él y para los demás. Sin embargo, me dejó confundida, triste y hasta enojada. 

La realidad es que a pesar de que las cosas no salen como se esperaba, sí genera un impacto en los otros a pesar de su fracaso con la lista. A lo largo de la película se demuestra que Trevor logró esparcir esta semilla de ayuda ya que al final se presentan muchas personas en su casa demostrando que les importa. Aunque el resto sea triste, es reconfortante ver que no pasa desapercibido, que hay más personas que creen que ayudar vale la pena. Creo que es una perspectiva distinta a la de Nada de Janne Teller aunque también nos hace cuestionarnos sobre nuestros actos, creencias y valores.

Como comentario final sobre la película y relacionado al tema de nuestra relación con los otros, en su título original (Pay it forward) va señalado lo que implica llevar a cabo la cadena de favores. Necesitas hacer un favor confiando en que más que recibir algo a cambio inmediatamente, esa persona actuará de la misma forma con quien lo necesite en un futuro. Pagará la amabilidad o ayuda brindada, con ayuda o amabilidad hacia otro. Creo que eso requiere mucho de nosotros, puesto que siempre pensamos en recompensas directas como “si soy amable, me van a atender bien”, “si hago todo lo que quiere el jefe, me van a promover”, o hasta “si me porto bien me voy a ir al cielo”. 

Es en este punto en el que creo que se cruzan las ideas de las que hablé. Jean Pierre piensa que nada vale la pena y por lo tanto no hace nada. Trevor cree que puede hacer algo por alguien, que a su vez va a ayudar a un tercero, y así cambiar el mundo. Y aunque en las dos historias las cosas salen muy diferentes de lo que esperaban, ambos logran plantar una idea en los demás que los lleva a un cuestionamiento profundo del sentido de la vida y de nuestras acciones. Ya sea que vayamos inmediatamente a buscar el objeto que pondríamos en el montón de significado o que pensemos en una idea para cambiar al mundo desde nuestra trinchera, la verdadera importancia recae en ese deseo de buscar, de preguntarse, de poner a prueba la realidad. 

Es verdad que el resultado puede que no sea el que queríamos. Puede ser que lleguemos a la conclusión de que realmente el montón de significado dejó de tener valor para ellos al adquirir valor para los demás, o que pensemos que la cadena de favores va a terminar más rápido de lo que empezó cuando le toque su turno a un político, pero la realidad es que las preguntas que nos hacemos son igual de valiosas que las respuestas que pueden traernos. El intentar hace la diferencia entre lo que es y lo que puede ser, ya sea para bien o para mal.


Fernanda Loé Gómez


Recién egresada de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM.
Formó parte del comité organizador del quinto ENELLHI, donde, entre otras cosas, colaboró en el diseño y edición de la Antología Conmemorativa, además de ser fotógrafa de ediciones anteriores del evento. También participó como colaboradora del blog Aproximación a la literatura en lenguas indígenas mexicanas. Experta en datos curiosos de poca o nula utilidad. Es fanática del cine, de las series, de la música y, en general, de la cultura pop. Fotógrafa amateur y, sobre todo, amante de los libros.

Memorias de la luna azul: El mundo detrás del papel (o en ésta era tecnológica: el monitor)

por María Fernanda Vázquez Castillo

Antes de seguir me gustaría realizar la aclaración de mi posición como principiante, de la cual se pueden desprender miles de erratas, tanto ortográficas como en mi manera de expresarme; por ello me parece importante aclarar que como iniciada en este medio (no en la escritura, me gusta decir que al menos allí ya tengo una pequeñita trayectoria) espero poder crecer en mi desenvolvimiento con las palabras.

¿Qué significa escribir? 

En términos muy técnicos conocemos la escritura como un medio a través del cual plasmamos ideas, pensamientos, recordatorios, etc.; por medio de palabras. No obstante, cuando uno comienza a adentrarse en la literatura descubre que para un literato escribir significa plasmar mundos, desde el que puede lucir más sencillo hasta el que parece increíblemente fantástico; los límites de aquel mundo son tan inmensos que se le escapan al escritor y llegan al lector.

Es por ello que considero que escribir va mucho más lejos de las palabras, se adentra en la mente y llega a la imaginación, el punto clave de la creación literaria –a mi inexperto, pero sentimental parecer–, pues debido a la imaginación se llega a la invención de estos espacios, que con arduo afán alimentan el deseo creativo del autor y el placer del lector. 

Es clarísimo que no todos los textos son para todos, de allí la enorme oportunidad de ideas, opiniones, diferencias…, en las que no debemos encontrar nada más que estos mundos. 

Puede parecer una reflexión inconexa a todo lo demás, quizá incluso demasiado personal o descabellada, sin embargo, es justo en esa idea en donde se retrata mi punto: la infinitud de escribir mundos.  Idea con la que quiero dejar a cualquiera que lea este pequeño espacio que habla un poco de mí, y con la que además me apoyo para exponer el porque seguiré transmitiendo algunas de mis imaginaciones con todo aquel que guste leerme.


María Fernanda Vázquez

«Mi nombre es María Fernanda Vázquez Castillo, nací en la Ciudad de México, pero ahora vivo en el estado. Actualmente tengo 18 años y soy estudiante de la carrera de Letras y Literaturas Hispánicas en la UNAM.

Desde pequeña tuve un interés por la literatura, principalmente por la creación, más adelante por su estudio. Es por ello que con el paso de los años he buscado mejorar mi estilo de escritura para mostrarlo a los demás.»

De historias sobre historias

por Brenda Garrido Hernández

Al inicio de la cuarentena, cuando el encierro no se había vuelto algo común, algunas paginas de memes dedicadas a la literatura (por que esas paginas en serio existen) hablaban de las similitudes de la situación de la pandemia actual, con el inicio de la obra de Giovanni Boccaccio, el Decamerón.

Para aquellos que nunca han escuchado hablar de esta obra del 1300; el Decamerón se plantea en el contexto de la peste bubónica, y da inicio con un grupo de 10 amigos que se ven forzados a refugiarse, hasta que la tragedia de la enfermedad pase, y en un intento por mantenerse entretenidos comienzan a contar historias. Podríamos decir que es prácticamente una obra antológica de pequeñas historias unidas por una historia más grande; la del grupo de amigos compartiendo el encierro durante una epidemia.

En cierto modo al analizar el inicio de la obra de Boccaccio, con la situación actual; y a un año de que los memes se volvieran populares entre su pequeño público, puedo entender la razón por la que estos señalaban las similitudes y no por el encierro o el virus mortal que acecha a las afueras, sino por las historias que nos ayudan a sobrellevarlo.

Mientras pensaba en cuales han sido las historias que me han ayudado a mi a sobrellevar la pandemia y todo lo que ha traído consigo; me he encontrado divagando en todas esas historias que están compuestas por más historias. En aquellas que cumplen un formato similar al del libro de Boccacccio. Al menos en la literatura se destacan Los cuentos de Canterbury y por qué no, Las mil una noches con una hermosa Schehrezada contando historias a un rey y así evitar ser asesinada por una noche más. Si exploramos el terreno de las series, encontramos adaptaciones de las anteriores mencionadas en Los cuentos de la cripta, Le temes a la oscuridad, Los cuentos de la calle broca y eso es apenas la superficie en ambos formatos; si llegáramos a incluir al cine nuestra lista sería interminable.

Lo cierto es que, de alguna forma, las historias están en todas partes. Tenemos nuestras favoritas, las que nos dan consuelo, las que nos inspiran. No importa nuestro estado de ánimo, o el medio en el que decidamos buscar; siempre encontraremos una historia que nos ayuden a sentirnos mejor, a empatizar con el mundo y conocer nuevas perspectivas o simplemente a desconectarnos de nuestra caótica realidad. Las historias componen al mundo y en cierto modo a nosotros mismos. Porque por cursi que pueda parecer, nos encontramos hechos de historias, igual que el Decamerón.

Ese será el propósito de está pequeña columna; explorar aquellas historias que nos hacen, que nos inspiran y que en el proceso se han encargado de construir una parte de nosotros; porque citando tal vez a la que en mi caso es mi historia favorita, Doctor Who “Todos somos historias al final, solo hay que hacer una buena”.


Brenda Garrido Hernández

Mi nombre es Brenda, actualmente estudiante de lingüística y literatura hispánica en el futuro espero ser graduada y titulada. Fan y amante del cine al igual que de los libros, de
ahí mi arriesgada elección de carrera. Actualmente y en temporada de encierro ocupo mi tiempo libre refugiándome en la ficción, conociendo historias nuevas y redescubriendo unas
cuantas que ya no lo son.

Flores encendidas: Galatea en la ciudad

por Carmen Asceneth Castañeda

Corta la flor de un tajo,

riega su sangre sobre el asfalto.

Gigante, pesado, sin destino,

va andando.

Su único ojo no ve colores de cielo.

Sus torpes manos no tocan pétalos ni viento.

Sus piernas lo llevan en círculo a la cueva.

Su hambre lo ha convertido en peligrosa fiera.

El Cíclope arrancó a la niña y vomitó su tallo.

Es tiempo de Polifemo

Ulises está perdido, su barco en algún lugar ha encallado.


Carmen Asceneth Castañeda

Ciudad de México (1969). Maestra en Psicoterapia y pasante de arte dramático, con formación en Creación Literaria. Escribí dos poemarios. He publicado en diarios de circulación local y en diversas revistas electrónicas. Conductora del programa “Creativarte” de arte y psicoanálisis. Jurado en 2014 del Certamen “Palabra en el Viento” de poesía. Primer lugar del certamen de Poesía “Palabra en el Viento” en 2012  y 2013. Primer lugar de cuento en el mismo certamen en 2018. Primer Lugar del concurso Nacional de Cuento Convocado por el INEGI en 1995, segundo lugar en 2001  y mención honorífica  en 1995.

Zorro-cómic No.2

por Julia Ivalú


Julia Ivalú

Julia: mujer de raíces fuertes. Ivalú: la primera mujer del mundo para los nómadas esquimales. Julia Ivalú: la primera mujer nómada de raíces fuertes. Calculadoramente impulsiva; nunca aprendió a cortarse las alas. Escritora, poeta y artista audiovisual mexicana feminista. Lic. en Animación y Arte Digital por parte del Tec de Monterrey. Cuenta con el diplomado en Danza Terapéutica Humanística y otro en Antropología del Arte, así como con diversos cursos de Escritura Literaria en Literaria Centro Mexicano de Escritores. Su cuento “La caída de un mago” fue seleccionado para su lectura en el auditorio del Museo Soumaya (2015). Su relato corto “So(m)bras” está incluido en el volumen Vita Contemplativa: Los invisibles, coordinado por el Mtro. José Manuel Suárez Noriega (2017). Su obra “Se acerca un zopilote” forma parte de la antología Teatro Mínimo, colección de la afamada dramaturga mexicana Gabriela Ynclán (2019). Su publicación más reciente “Gatonejos”, se encuentra en el poemario Cuerpo o inferno, compilado por la poeta oaxaqueña Yendi Ramos (2020).

IG: @julia_ivalu
FB: Julia Ivalú – Escritora
Página web: bit.do/julia-ivalu

Pensamientos en prosa: De mí

por Mireya Sáenz Muñoz

Hablar de mí da tedio. Me aburre la cotidianidad, lo habitual me causa repugnancia. Cómo hablar de mí sin sentir esta triste melancolía, esta amarga melancolía. Mi boca no pronuncia mi nombre, mis dedos no pueden escribirlo, mis pasos ya  no me siguen. Todo mi ser busca anularme. He comprimido el aliento en el vestigio de mis palabras, he resarcido  la historia en el linaje de mis poemas, buscando ser yo; no la chica de labios fúnebres con sonrisas de araña, ni la elegida del paraíso con trajes invisibles, sino la nómada que instale su patria en las alas de un poema vagabundo; porque cada noche quiero comerme al mundo en un libro, en un poema, en un verso y de qué me sirve cuando sé que al siguiente día no recordaré nada; mi memoria se burla de mí.

Heredé de mis antepasados alguna inercia mental que me fragmenta lúcida, lunática, sensata, alienada, cuerda, compulsiva, neurótica y serena; pasiones y emociones que me asaltan a medianoche, al amanecer, en el imprevisto de cualquier instante rutinario; me envenenan lo sé, me enferman reduciéndome a escombros que saltan en sus cenizas, y entonces, busco afanosamente rehabilitarme o anestesiarme, medicándome al azar con dos pastillas de trivialidad, cinco centímetros inyectados de “lo importante es que estas viva” y una buena dosis de alcohol para aliviar el escozor de las mentiras que me digo.

Obedezco a mi vista a mi impulso intuitivo de supervivencia, pero tengo prisa de urgencia y acabo llegando a ninguna parte; mi desesperación se ancla a un soñado milagro inexistente que acaba naufragando cada medianoche, cada amanecer, cada instante rutinario. ¿Cómo apropiarme de mí y pertenecerme como lo que soy cuando toda la vida solo aprendí a huir, a esconderme, a ser mi propio juez y el verdugo que mutilaba mi verdadero yo? Quizá  sea tarde para levantar los ojos y colonizar al sol, pero he abierto las puertas para que sus rayos iluminen o calcineren lo que por años le perteneció a la noche; sin embargo, debo decir, que el proceso de mi sepultura cada mañana no advierte al entusiasmo de quienes me rodean, pero sí da paso a las elegías que el pensamiento recita frente a un cuerpo agotado sin ganas de continuar y a unas ilusiones invadidas por el moho. 

Para quienes el  optimismo es solo una esperanza malgastada, nos hace falta valor para abrir los ojos y sacar un pie fuera de la cama ¿Valor? ¿¡Dije valor!? No es valor lo que me lleva a cometer este acto insulso y rutinario, tan solo me dejo arrastrar por el instinto de sobrevivir, por el deber que llevo a cuestas; me obligo a cumplir con el rol que me tocó interpretar en esta obra de teatro; quizá por eso prefiero las noches, porque allí encuentro un poco de silencio y soledad, de descanso y letargo, de trincheras adornadas a mi gusto, pequeñas simulaciones exequiales que me hacen sentir en el lugar adecuado; también porque existen noches de euforia y olvido del tiempo cargadas de éxtasis, música y licor, pero las mañanas todas son iguales. No quiero levantarme, no quiero mirar al sol ni enfrentar la vida, no quiero gesticular una palabra ni dar un paso fuera de mí. 

No me levanto cada mañana resucitada para apreciar el esplendor de un nuevo día, me levanto para limpiar un poco  mis cenizas y hacerlas presentables ante este prometedor  falso espejismo, entonces no es valor lo que me mueve, es resignación y cobardía, es mansedumbre y miedo; por eso marcho con pasos anclados que renuncian y arrastran la misma cadena, deseando romper los vendajes que un día curaron y ahora  son armas, abandonando los afanes para quitarle al día un poco más de lo que él me roba a mí.



Mireya Sáenz Muñoz

Mireya Sáenz Muñoz nació en Villavicencio Meta, Colombia.
Autodidacta en el mundo literario. Asidua lectora y escritora de poesía
y pequeños relatos. Ha participado en concursos de revistas literarias
en diferentes países, en donde ha sido publicado su trabajo; también
hace parte de antologías como Hoja en blanco relatos de este mundo
y de otros y Cuarto para Medianoche de Argentina. Ganadora del
concurso de relato erótico del grupo Lectores y editorial Harmonía.
Facebook: Mireya Sáenz

La Reclamante: Breve ensayo de violencia sin hipótesis ni argumentos

por Dalila R. Tienda (fotografía de Nidi M. Sosa)

Llegué a pensar que el calor que se sentía en la casa era la carne que le habían arrancado a la Güera. No es normal el frío en primavera, pensé, pero la casa estaba caliente. Afuera no se escuchaban aires fuertes ni se veían las neblinas pesadas, sólo estaba frío, helado. Por esos días en los que  el frío número 51 nos llegó, tratábamos de no pensar tanto en la Güerita, que se nos fue muy pronto, Dios la tenga en su santa gloria; nos enfocábamos, mejor, en la quemazón que sentíamos en la tripa por la pinche impunidad en que se iba a quedar el caso de nuestra amiguita tan querida. 

El asunto estuvo más o menos así: a la Güera, estilista cotizada de la calle Juárez, la encontraron muerta en un tramo pelón de la carretera Monterrey-Saltillo. Esta es la parte que sale en los periódicos y la que nosotros contamos también, nos saltamos los detalles de su cadáver, al que fotografiaron por todos lados, igual de peloncito que el tramo geográfico, porque sí nos duele bastante imaginarnos que su carita de expresión dura fue arrancada, que le rebanaron todita su piel y que a lo mejor le entraron muchas infecciones a su cuerpo por la exposición de su herida de 1.73 metros a tanto germen que hay en el ambiente. No sabemos quién de su familia fue a reconocer el cuerpo de la Güera, no se comunicaron con nosotras, sus vecinas de changarro, para decirnos cómo estuvo la cosa, lo supimos después por una noticia que salió en Facebook; a la Güerita le quitaron la piel ya muerta, pero, mientras estaba viva, le arrancaron tres dedos del pie, le picaron tres veces el estómago, una vez en la vena del cuello y la dejaron ahí por 45 minutos, en lo que se le vaciaba toda la sangre. Ya al final dejaron su cuerpo sin piel.

¿Qué habrá hecho la mujer para merecer tanto dolor? [Rita Segato (2003) dice: (…) se «escribe» en el cuerpo de las mujeres victimizadas por la conflictividad informal al hacer de sus cuerpos el bastidor en el que la estructura de la guerra se manifiesta.] Qué íbamos nosotras a saber de esas cosas: violencias, feminicidio, sangre, mucha sangre, impunidad, hartísima impunidad. Antes, cuando la Güerita vivía, nomás nos preocupábamos por lo de la venta, la casa, los hijos y el marido; alguna que otra vez nos apurábamos por traernos chismes sabrosos para platicar con la familia, pero nada más. Pero ya nada es igual, sentimos que el mundo es un lugar que nunca hemos conocido y nos faltan las palabras para ponerle nombre a todo lo que vemos. Ahorita lo que nos trae locas es el eco de los gritos que ha de haber soltado ella cuando le estaban haciendo tantas barbaridades y el coraje que nos quema los intestinos, porque nadie hace nada. 

Todas sospechábamos del cabrón de Ignacio, un barrendero que tenía buenos tratos con policías federales y le tiraba los perros a la Güera, ella no le hacía caso pero este viejo la celaba como si ya tuvieran queveres. Él mismo anduvo diciendo que se había chingado a la Güera, que la había matado, pues; según decía, que porque andaba de puta. Eso les fuimos a decir a los de la Procuraduría. Nomás dijeron que iban a investigar, pero quedó en pura palabras, Su hermana nos habló para que volviéramos a ir, que fuéramos una, dos, tres, hasta quince veces anduvimos ahí. 

La última ya nos dio miedo porque un policía nos dijo que éramos unas pinches viejas arguenderas, que las que iban a entambar era a nosotras por andar de mentirosas y encajosas, y cuando las tengamos encerraditas, ahí sí agárrense, porque van a saber lo que es pedirle a Dios de rodillas. Entonces supimos que los amigos de Ignacio habían metido mano. No eran importantes esos pelados, todos igual de muertos de hambre que el Ignacio,esos sólo conocían a alguien que conocía a alguien que conocía… pero no importa, más adelante nos dimos cuenta [Marcela Lagarde (2007), antropóloga docente de la UNAM, sostiene que mediante complicidades los hombres manipulan las normas y se tapan unos a otros.] Nos dio harto miedo, porque ahora sabíamos que los hombres se entienden entre ellos, aunque no se conozcan. Es un pacto ya inscrito que crea un ambiente cómodo para que la violencia se reproduzca y escale a niveles inimaginados.

Yo quiero decirles a los señores esos que no les estamos asegurando nada, nomás queremos que se investigue bien, porque mi Güerita se lo merece, porque todas nos lo merecemos. Pero da miedo,  porque tanta gente en Facebook también dice que estamos locas, que a lo mejor la Güerita sí era una puta y el Ignacio sus razones debió de tener. Fíjate nomás, ante esta bola de gente tan deshumanizada, las locas somos nosotras.

¿Por qué no nos creen?, ¿por qué chingados no nos creen?

***

Niveles inimaginados: Una mujer desollada por un hombre que dice amarla. En el caso de la Güera, y de todas las mujeres, no hay que potencializar los verbos: una mujer desollada por un hombre al que le gusta. Es vital no recurrir a las hipérboles o exageraciones, pues eso nos exige la sociedad; entonces vamos a decirlo tal y como fue: una mujer desollada por un hombre que la desea. Marina Azahua (2020) escribe: “Decir que nos están matando es articular una profecía. (…) Casi siempre está destinado a ser leído como una exageración… hasta que se cumple. Una, y otra, y otra, y otra vez, se cumple.” 

Aquí otra cosa que es necesaria mencionar, sin exagerar: a diario, entre 10 y 11 mujeres son asesinadas con brutalidad por hombres que decían amarlas, por hambres a los que les  gustaban, por hombres que las deseaban.

¿Por qué no nos creen?, ¿por qué chingados no nos creen? 

***

A nosotras se nos encogía el alma cada vez que llegábamos a la calle de Juárez a abrir nuestros negocios. Andaba el pinche Ignacio como sin nada, con su bocina colgada del chaleco, barriendo de un lado para otro; como si no le pesara en la conciencia el cuerpo despellejado de la Güera. Le notaba yo los pies más ligeros, se movía con más soltura y nos miraba con unos ojos de pantera y la sonrisa de hombre sucio, como diciéndonos atrévanse a abrir el hocico otra vez y ya verán cómo las dejo; como diciendo ya les quité a su amiga y les robé la  alegría de su venta diaria. 

En el frente frío número 51 iba yo de extremo a extremo, por el ambiente, hasta me daba miedo que se me fuera a voltear la jeta de tan helado y caliente. Salía a vender bien temprano por la mañana y regresaba a las 3:00 pm, bien puntual; después no aguantaba lo caliente de la casa y salía a helarme el cuerpo un poquito. Necesitaba enfriar el cuerpo porque, a diferencia de Ignacio, me sentía muy pesada. Dentro de mi casa había una calidez extraña, que no era propia de los tiempos de frentes fríos, traje siempre en la conciencia la piel aperlada de la Güera y me acordaba que así de calientitos eran sus abrazos. Recordaba también que ella siempre fue de ambientes abrasadores y que le hubiera dado mucho coraje saber cómo terminó: sin piel, una madrugada fría, y sin una cobija que la tapara de la brisa mañanera.

A nuestra Güerita nos la mataron hace once frentes fríos, una madrugada del 4 de marzo; hace 48 días. La encontraron a las 12:00 pm y nosotras nos vinimos a enterar hasta la noche, porque no checamos el celular hasta muy tarde. Nos veías a todas por el grupo de WhatsApp buscando una explicación racional a esto que nos parecía tan de locos; al día siguiente, cuando nos vimos, lloramos a grito abierto y pensamos que el luto se iba a cerrar ahí, que iba a ser como cuando se te muere un familiar; pero la Güerita no se nos murió como los familiares, a ella la mató un cabrón sin alma. Este duelo iba a ser diferente: pasamos de la confusión al dolor, del dolor a un miedo que nos tuvo como intrincadas en el shock[Cristina Rivera Garza (2011) escribe “Maleable, el miedo alerta ante el peligro, en efecto, pero sentido por mucho tiempo, también adormece. Paraliza.”]; de ahí a la rabia, el ardor de tripa que sentimos ahorita.

No sabemos cómo sacar este coraje que sentimos al ver a Ignacio con su sonrisa o escuchar las carcajadas de sus amigos policías. Dicen que el caso sigue abierto, que no hay pruebas ni línea de investigación clara, ¿cómo chingados no? Sentimos que se nos vienen todos los jugos gástricos y nos irritan el esófago, ya no podemos ni comer a gusto porque nos da mucho asco todo: este mundo tan jodido lleno de impunidad que pudrió la carne de la Güera. 

Nos quedamos sin nuestra amiga, sin la alegría de nuestra venta diaria, con mucho miedo y un dolor en la boca del estómago. Les decía yo a las muchachas que a nosotras también nos habían despellejado. Nos dejaron expuestas y ellos nomás hacen que hacen por la Güera, pero en realidad, todo lo que hacen, lo hace por ellos [El pacto no escrito].

***

Dejo una pregunta al aire: ¿hasta qué punto el lenguaje limita nuestra percepción individual de una realidad colectiva?

Nombrar se ha convertido en un ejercicio necesario para romper una cadena de injusticias silenciosas. Ante el silencio, el grito colectivo: no fue un crimen pasional, fue un macho patriarcal, en la protesta y denuncia pública y feminicidio en el área legal. Pero, ¿qué significa esto término institucional? 

Marcela Lgarde (2008) define violencia feminicida como:

[…] la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos en los ámbitos público y privado, está conformada por el conjunto de conductas misóginas -maltrato y violencia física, psicológica, sexual, educativa, laboral, económica, patrimonial, familiar, comunitaria, institucional- que conllevan impunidad social y del Estado y, al colocar a las mujeres en riesgo de indefensión, pueden culminar en el homicidio o su tentativa, es decir en feminicidio, y en otras formas de muerte violenta de las niñas y las mujeres: por accidentes, suicidios y muertes evitables derivadas de, la inseguridad, la desatención y la exclusión del desarrollo y la democracia. (Lagarde, 2008)

Lucía Melgar incluye, dentro de la tipificación, a los asesinatos perpetrados hacia las mujeres por el solo hecho de ser mujeres, precedidos de tortura, mutilación y que conllevan posvictimización. Esta posvictimización se materializa en la exposición del cuerpo violentado en medios de comunicación, en el escrutinio público y el cuestionamiento que se ejerce en un intento desesperado y frustrante por encontrarle una explicación racional a un acto tan atroz. Resultado de la exhaustiva investigación en la vida personal de la mujer, terminamos revictimizándola y el feminicida termina con una serie de excusas.  

¿Hasta qué punto el lenguaje limita nuestra percepción individual de una realidad colectiva? Lo que le pasó a la Güera, y lo que le pasa a 10 u 11 mujeres cada 24 horas en México, debe ser tipificado como feminicidio, esto no es una hipérbole de la violencia ejercida en el asesinato. Pero, ¿cómo  les explicamos a quienes nos tachan de exageradas que el feminicidio sí existe? Una mujer [insertar cualquier adverbio de modo para describir un crimen tan violento] asesinada por un hombre que dice amarla/desearla/quererla es una realidad tan palpable como visible, la violencia ejercida sobre su cuerpo durante y después del asesinato, es, claramente, una hipérbole de la sociedad deshumanizada e indiferente¿cómo chingados no?. Tipificar a estos crímenes como feminicidios, en una sociedad que exige a la rabia un respaldo institucional, es una respuesta justa para combatir esta guerra.  

***

A nosotras nadie nos enseñó a gritar, se nos aprieta el pescuezo nomás de acordarnos de la mugrosa Güerita. Antes de todo esto, hace 55 días, cuando estaba viva, la calle parecía más grande y los días no eran estas uñas de gato que se nos entierran en los brazos y piernas. Claro que seguimos teniendo miedo, pero también estamos encabronadas con todos: con el pinche Ignacio, que anda tan liviano sin importar toda la piel que le arrancó a nuestra Güera; con los cabrones de la Procuraduría, porque no nos hacen caso y ellos son de los primeros eslabones de esta cadena tan oxidada que es el sistema; con el mundo gangrenado en el que murió mi Güera querida que nos hizo creer que todas estas muertes eran normales, que no importa lo que pase, una se muere y no la matan.

Dios te tenga en su santa gloria, Güerita, y me la imagino a ella con su piel calientita, recubriendo su cuerpo alto y medio robusto, su rostro entero y duro. Quiero arrancarme el cuero viejo que es mi piel y ponérselo a ella, para que se cobije los músculos. Dios te guarde en un riconcito en el que nadie te vaya a volver a ser daño, Güera 

[La Güerita pudo haber existido, con su piel aperlada, su cara de expresión áspera y piel aterciopelada. El frente frío número 51 llegó y Güera ya no lo habría podido sentir. Si todo fuera cierto, y el Ignacio en verdad asesinó a la mujer con una violencia impresionante, estamos seguras de que sigue barriendo las calles con sus pies y alma bien livianos. Las cifras no mienten: según Animal Político, en nuestro país sólo tres de cada cien asesinatos de mujeres son esclarecidos y sólo el 3.2% se recibe condena por feminicidio. Faltan aún tres frentes fríos, o tal vez menos, no importa, la Güera y otras miles de mujeres ya no los van a sentir. Por mientras hay que dejar que las amigas de la Güera, si es que existió, la lloren a gusto: con su ardor de tripa bien vivo, con su digna rabia erizándonos la piel].


Dalila R. Tienda

(1999) Estudiante de la Licenciatura en Letras Españolas. Piensa a la escritura como un ejercicio de rebeldía y a la literatura como una protesta más en contra de la realidad y las narrativas impuestas. Existe por las mujeres que la preceden y, al escuchar sus historias, va construyendo su cuerpo colectivo.

50 sombras de morado: Ciclo a Granel, o mujeres chingonas haciendo cosas chingonas.

por Irene González

En el año 2020 me propuse iniciar el trayecto en dirección a una vida más Zero Waste. Este movimiento global consiste, hablando de forma simplificada, en concientizar sobre la cantidad de residuos que generamos todos los días, aprender cómo podemos disminuirlos, disponer correctamente de ellos y entender que somos responsables de la basura que dejamos tras nosotros. La meta es, por supuesto, una vida sin desperdicio.

El término Zero Waste, o Residuo Cero por su traducción al castellano, cobró fuerza en gran parte gracias al trabajo de la francesa Bea Johnson, activista ambiental, conferencista y escritora. Bea disminuyó sus residuos al grado de que tanto su familia como ella viven sin generar prácticamente nada de basura. Su libro Residuo cero en casa: Guía doméstica para simplificar nuestra vida, ha sido traducido a más de 20 idiomas y es considerado uno de los básicos para adentrarse en el movimiento.  

Inspirada por Johnson, me decidí a empaparme de información. Cuando empecé a buscar blogs Zero Waste en redes sociales, algo que no anticipé encontrar fue una cantidad significativa de mujeres detrás de muchos de estos proyectos. Tampoco lo fascinantes que eran tanto ellas como sus historias; personas increíblemente creativas, inteligentes y conscientes, resueltas a poner todos sus recursos a trabajar en pro de una sociedad amigable con el planeta. Fue una grata sorpresa. 

Entre esas mujeres inspiradoras que están rompiendo paradigmas y creando proyectos de emprendimiento trascendentales se encuentran las hermanas Jesica y Mariana Camarena Dorado. Ellas me permitieron contar aquí un poco de su historia. 

Ciclo a Granel, la inquietud por hacer un cambio.

Jesica y Mariana crecieron en una familia con mucha conciencia ecológica, algo que no resultaba tan común por aquellos años. Antes de que el término Zero Waste circulara por las librerías y la ecología fuera un tema de “moda”, su mamá, Anabel, ya era una persona comprometida con el medio ambiente. Más allá de recordarles a sus hijas que debían tirar la basura en su lugar o hacer composta, Anabel siempre predicó con el ejemplo. Mariana la recuerda volviendo de sus paseos con costales llenos de plástico que recogía de las calles para reciclarlo, sin importar que estuviera sucio, que no fuera suyo o le hiciera bulto bajo el brazo. Es una práctica que mantiene hoy en día. En la casa donde se criaron nada tenía desperdicio: los residuos orgánicos iban a la composta, las cosas se reusaban. Ella fue su principal inspiración, quien contagió a las hermanas de pasión y de un gran amor por cuidar nuestro planeta.

Esta pasión se tradujo en una idea, y la idea creció hasta darle vida a un proyecto llamado Ciclo. Llegar a Ciclo, un increíble local ubicado en Avenida Juan Palomar y Arias #612 en Guadalajara, Jalisco, es ser cálidamente recibido por la familia Camarena. Es la sorpresa de encontrar de todo: alimentos, dulces, shampoo sólido, detergente de ropa, y más artículos que, con cariño, Jesica y Mariana han seleccionado. La tienda maneja un modelo de venta a granel. Su catálogo, además de vasto, está compuesto por productos libres de envoltura innecesaria, naturales, reusables y en general alineados a la vida Zero Waste. Ciclo también es centro de acopio para materiales reciclables, como el vidrio, cartón, PET y aluminio. 

Como Anabel, quien va un paso más allá al responsabilizarse de los residuos ajenos, Mariana y Jesica sintieron que hacer cambios en su propia vida no bastaba. Anhelaban compartir su visión, inculcar en otros la misma pasión que sembró en ellas su mamá desde chiquitas, poner al alcance de las personas la información necesaria para generar consciencia y despertar el cambio. 

“Emprender fue una idea muy instintiva, una conversación muy casual. Jesica y yo estábamos en la misma sintonía, nuestra visión era muy similar y las dos nos complementábamos. Nos movían las ganas de marcar una diferencia” Relata Mariana. “A partir de nuestra propia experiencia nos dimos cuenta de que era necesario visitar varios lugares para comprar productos de este tipo, para reciclar, etc.”

Se decidieron a diseñar un proyecto que ofreciera una solución a esto, con la ilusión de motivar a más personas a realizar el cambio y facilitarles el camino a una vida sin residuos. Además de utilizar sus plataformas para dar a conocer Ciclo, difunden información relevante que busca concientizar y educar respecto a una vida más ecológica pues consideran que no solamente los productos deben ser accesibles, sino también el conocimiento. 

Navegando los obstáculos.

Emprender y arrancar un negocio nunca viene sin sus retos. Mariana identifica como uno de sus principales desafíos el presupuesto, tema esencial en el desarrollo de cualquier tipo de emprendimiento. Además de tener una planeación cuidadosa y una red de apoyo sólida, las hermanas mantienen una actitud muy positiva durante los momentos más complicados. Saben que no están solas, creen en sí mismas y están convencidas de la misión detrás de Ciclo. Aunque ha llegado a resultar estresante en algunas ocasiones, su fe en decretar las cosas, su optimismo y disciplina han sido herramientas clave para salir adelante. 

Mantener una comunicación clara y asertiva entre ellas le parece indispensable a Mariana. Considera que ése ha sido uno de sus aprendizajes más importantes en este viaje que han iniciado juntas: tener siempre un buen canal de comunicación que sume a su relación como hermanas, que fortalezca su dinámica como socias y, por supuesto, beneficie siempre a Ciclo. 

Las hermanas han visto con satisfacción crecer y dar frutos a esas semillas plantadas a lo largo del camino. En el tiempo que Ciclo lleva abierto han construido una comunidad fuerte de clientes y proveedores. Han observado con entusiasmo cómo surgen cambios en la mentalidad de las personas que acuden a su local y platican con ellas, el impacto que ha tenido la información que comparten en redes sociales. Saber que han puesto su grano de arena las llena de orgullo, las motiva a seguir dándolo todo y les reafirma que están avanzando en la dirección correcta. Y es que su pasión es sencillamente contagiosa.

No se atribuyen todo el crédito, saben que sin el apoyo de toda su familia nada de esto sería posible. Sus papás, esposos, hermanos y cuñadas, están siempre al pie del cañón y son un claro ejemplo de la familia amplia, cálida y unida que caracteriza a los mexicanos. 

Unas palabras de sabiduría. 

“El éxito está del otro lado de la zona de confort.” responde Mariana al preguntarle qué consejos le daría a otras mujeres que sueñan con emprender. “Hay que escuchar esa inquietud dentro de nosotros que nos llama y nos inspira, aprender a fallar y atreverse. El mundo necesita más proyectos de mujeres, proyectos con intención y que buscan hacer un cambio. Necesitamos más mujeres buscando cumplir sus sueños”

 También tiene un consejo para las personas que, como yo, quieren modificar sus hábitos de consumo y vivir de una forma mucho más responsable con el planeta. 

“Comienza poco a poco.” Nos dice “Es un error común pensar que debemos cambiar todo de una y agobiarnos. Haz un cambio, aunque parezca pequeño, y cuando se te haga fácil y natural, entonces da el paso siguiente. Puedes empezar utilizando bolsas reusables para tus compras, eligiendo un mercado local por encima de una cadena de supermercados o llevando tu termo a todos lados para evitar comprar botellas de agua. También está bien no ser perfecto todo el tiempo, pero si, por ejemplo, olvidas tu termo y compras una botella, recíclala. Hazte responsable de tus residuos. Lo importante es empezar a crear esta consciencia, cuestionarnos nuestros hábitos y hacer cada vez mejores elecciones.”

La historia detrás de Ciclo es una de dos mujeres que no se conforman, que se saben capaces de marcar una diferencia y para quienes los obstáculos son una oportunidad más de demostrar lo lejos que pueden llegar. Un proyecto con consciencia social, maravilloso, creado por mujeres e inspirado por mujeres. Encontrándonos ya muy cerca del Día de la Madre me parece apropiado cerrar con una última mención a Anabel, a su entusiasmo, compromiso y a quien Jesica y Mariana atribuyen con cariño la que consideran su misión de vida. 

Si están en Guadalajara, no olviden visitar Ciclo a Granel en Avenida Juan Palomar y Arias #612, Col. Prados Providencia. Pueden conocer más acerca de Ciclo a Granel a través de su Instagram: @cicloagranel


Irene González

Irene González estudió la licenciatura en Arte y Animación Digital en el Tecnológico de Monterrey. Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria por “Literalia Editores”, fue miembro del círculo de escritores tapatío “El Jardín Blanco”. Ganadora del primer y tercer lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de
Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Finalista en el concurso internacional “Novelistik de Ciencia Ficción” 2016. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos, incluyendo “Sirena Varada”, “En Sentido Figurado”, “Teresa Magazine”, “Quinde Cultural”, el periódico “La Jornada” y en su blog personal “Dystopian Fantasy”.
Instagram: @r.irenegon  

La importancia de ser mujer y escribir

por Alondra Grande

Durante años, décadas que se hicieron siglos se nos negó el derecho de opinar por el simple hecho de ser mujer. Mujer como condición social era igual a ser objeto, y es bien sabido por todos que los objetos no hablan. Así, entonces, el mundo fue construido por los hombres, coronado y enriquecido con sus deseos y la constante búsqueda de su satisfacción. Claro está que las mujeres no esperaron pasivas que la historia les pasara por delante mientras les lanzaba sobras. Aprendimos a resistir para poder existir dándole paso a los seudónimos, tuvimos que empujar el reconocimiento de nuestros pensamientos fingiendo no ser mujeres. 

¿Qué asusta más a la sociedad que una mujer que no se calla?, un conjunto de mujeres firmes en no ceder y arrancar uno por uno sus derechos. Surgen entonces las revistas, periódicos, editoriales feministas de mujeres para el resto del mundo. 

En la actualidad, ¿Por qué escribir? 

La respuesta corta es: porque podemos. Pero claro que va mucho más allá del simple “poder”. Escribamos porque se los debemos, nos lo debemos. Nos debemos el escribir una historia vista desde nuestros ojos, nos debemos el brindar a otras niñas la oportunidad de perderse en cuentos y fantasías escritas por mujeres, mujeres que no les hagan creer que deben esperar encerradas a que llegue un hombre en su caballo blanco a rescatarlas; les debemos no sufrir lo que nosotras sufrimos e incluso si ya lo vivieron les debemos decir que no están solas. Que nos lean en las piedras, las hojas, en los muros que rodean las escuelas y aquellos que cubren monumentos. Que nos lea el gobierno y tiemble pensando que ya no nos vamos a callar. 

Más importante que ser leídas, es leernos a nosotras. Leernos nos permite conocernos, establecer un dialogo interno con nosotras mismas, consolarnos y abrazarnos en palabras, sanarnos en presente, pasado y futuro. Leernos es aprender y renacer, reconocernos de frente a los que piden nuestro silencio. 


Alondra Grande

“Mi nombre es Alondra Margarita Grande Franco, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 20 años de edad y soy estudiante de Psicología, activista feminista y escritora ocasional. Escribir para mí siempre había sido un acto de rebeldía individual, una
revolución que no iba más allá de las palabras atrapadas en un papel a la espera de no ser vistas por alguien. Sin embargo, ahora creo que los pensamientos merecen ser compartidos y
enriquecidos con otras ideas, es esto lo que me impulsa a compartir lo que mis ojos ven y mis dedos teclean.”

Cristalina: El acto revolucionario del pensar

por Alexa Vázquez

Si nos encamináramos a definir qué es la justicia, ¿podríamos hacerlo? ¿El tema de la libertad es un tema frecuente en nuestro día a día? ¿Acaso nos cuestionamos sobre lo apropiado o inapropiado de nuestros derechos constitucionales? La realidad política en México no es más que ilusionismo precario y mala propaganda, fenómeno que nos ha acompañado por más de 45 años desde luego, y tristemente, gracias a nuestro consentimiento. ¿Qué podemos esperar, entonces, de la realidad social que nos rodea?

Hace algunos días salieron a la luz fotografías de la comunidad de Ayahualtempa, a las afueras de Chilapa de Álvarez, Guerrero, en donde niños eran enlistados por la policía comunitaria de la zona para contribuir a la defensa de la comunidad ante los grupos delictivos persistentes; estamos hablando de niños que, desde los 7 años, tienen encuentro directo con factores de violencia social. No hace falta ir a la Franja de Gaza o a Tel Aviv para ver este tipo de situaciones tan crudas; es una realidad que permanece desde hace ya algún tiempo en nuestro país y que ha contribuido a darle razón de ser a las etiquetas de un país violento brindadas por gente de todo el mundo. La violencia ha ido ganando más terreno cada día, y no puedo dejar de preguntarme por qué hasta ahora está causando tanta impresión. En Guerrero, así como en otros estados, las policías comunitarias no son un tema nuevo y, por tanto, las iniciativas a las que se han tenido que someter por la necesidad misma de sobrevivir se han tornado de tal gravedad que hasta los niños han tenido que armarse para su defensa. No me enfoco en saber qué dirá la prensa al respecto, y ni siquiera ver cuál será la posición del presidente de la República, sino qué pensamos, ya no tanto como ciudadanos, sino como seres humanos. 

¿Qué puede detonarse de esto, según la monotonía con que se desarrollan estos temas en el ámbito público? Controversias en torno a quién dijo o no dijo lo que sea sobre ello; un poco de interés histórico sobre la razón de ser de las policías comunitarias; recolección de víveres por parte de algún empresario caritativo… Y, después de esto, ¿qué?

Parafraseando a Bertolt Brecht, ¿esperaremos a que vengan por nosotros y sea demasiado tarde? En este caso, ¿esperaremos a que alguno de nosotros tenga una experiencia fuerte de violencia para, entonces, reaccionar de alguna manera? La situación en la comunidad de Ayahualtempa, es una de tantas situaciones que nos incumben; ya ni siquiera se solicita tener participación directa, políticamente hablando, sino, mínimo, poner en función lo que, se supone, nos define como seres humanos: el pensamiento. Algo tan simple como emitir un juicio o dar una opinión, se ha vuelto algo poco frecuente y hasta incómodo; si se tiene la voluntad (aunque torpe) para criticar la vida social/personal ajena, ¿por qué no enfocar esos juicios a un plano distinto? La reflexión en torno a la política, la economía, lo social en general, se vuelve una necesidad en un país fallido como lo es México; ya no solo estamos hablando de un problema de educación, sino de práctica y consideración humana.Según lo que nos ha ensañado la historia, en tiempos de quiebre siempre logra abrirse paso la luz del progreso, y es lo que esperamos quienes, de vez en cuando, nos servimos de un gramo de esperanza para sobrellevar el curso, pero la espera no es, en este caso, la solución, sino la mera potencia y el ejercicio reflexivo, el desarrollo de esta: sirvámonos de los diversos espacios que tenemos a nuestro alcance para poner en práctica el diálogo, el debate, la opinión objetiva, así como incitar a otros a encaminarse, parafraseando a Sócrates, por la vía especulativa. Al final, nadie podrá estar a la altura de frenar el acto revolucionario del pensar.


Alexa Vázquez

Oriunda de Acapulco, Gro., México.
Estudiante de Filosofía en la Universidad
Autónoma Metropolitana; poeta y músico
por vocación; literata por adicción.
Sus intentos de poesía y demás
experimentos han sido salvados de los
brazos del viento quedando impresos en
algunos espacios, entre los que se
encuentran la revista literaria Pluma del
Ganso, revista Alcantarilla y el Diario de
Chiapas.
Llevando, como fusil en mano, la guitarra
en esta guerra contra la des-humanidad,
toma vuelo su esperanza ante cualquier
manifestación de arte; el amor, en estos
tiempos, es un verdadero acto de rebeldía.