Por Lizzie Vazquez
Transcurría la mañana del décimo mes del 2020 dónde yo como de costumbre hacía mi rutina y a la vez, en ejercicio mental, trataba de escribir algo en el celular con la pantalla estrellada; igual que mi mente atrofiada por tanta hambre que tenía. De repente me llegó una notificación de mensaje. Al abrir la bandeja y leer el cuerpo del mismo, se me invitaba a una caminata feminista. Me torné asombrada pues se había sugerido mi presencia para asistir y participar en una intervención cultural dentro de la misma marcha. Nació en mí una curiosidad innata y demasiadas ganas por aceptar, sin embargo, no lo hice.
Y es que entre lo temeraria que puedo ser, brotó mi prudencia, por decisión propia, porque no soy feminista, me solía repetir . Al comentar este hecho a mis conocidos surgieron a mi alrededor ideas de sobreprotección, de frases desalentadoras como «y para qué vas ahí» «te vaya a pasar algo» «y que tal si te matan como a las otras», etc. Quedé impactada por la forma en cómo se tachan a estas manifestaciones siendo el justificante la manera en cómo se habían llevado a cabo las movilizaciones del 8 de marzo dándole prioridad al desmán más que al objetivo del hartazgo de mujeres sugiriendo seguridad, derechos, justicia etc. No sé porque mi mente repetía no soy feminista cuando sentía empatía con ellas participando en «un día sin mujeres» para que se valorara y se hiciera presente nuestra ausencia ante la sociedad completa. Este movimiento marcó algo en mi, las mujeres que habían callado por años comenzaban a despertar y reconocer los maltratos, incluida mi propia mamá.
En este 2021 las voces tomaron más fuerza y se dieron cita nuevamente en el 8M con variados grupos: las que gritan de dolor, las que exigen justicia, las que con pancartas avanzan para hacerse notar entre tantas circunstancias con un «ya basta» y las que hacen iconoclasia dejando sus emociones en lo que el gobierno tanto protege. Todas mujeres, madres, niñas, unas participando en el campo de batalla, otras haciendo su labor desde casa a base de educación y respeto.
También noté el alcance e impacto en las jovencitas (rango 16 a 17 años) que empiezan a hacerse escuchar como parte de su identidad en la sociedad. En la escuela de mi hija se le invitó a no asistir el 9 de marzo como protesta pero ella asistió al igual que otras dos chicas, me comentó . Al día siguiente surgió un debate donde se cuestionó esta situación. Las que apoyan al movimiento y las que aparentemente no. Al exponer sus ideas en cuanto a lo acontecido se hizo notar que se puntualizó más en los destrozos y en el machismo. ¿Pacificidad contra vandalismo? . No soy feminista se repetían algunas en silencio . A las chicas que opinaron diferente se les empezó a molestar por redes sociales arremetiendo que no saben nada del feminismo ni de lo que busca la marcha 8M. ¡Vamos chicas! ¿Mujer contra mujer? Son mujeres, no borregos.
Pienso que nuestra juventud se encuentra confundida por lo mismo de estos cambios sociales. Como mujeres con voz se transmite nuestro pensamiento. Se debe practicar mucho más la tolerancia entre las nuevas generaciones aceptando la forma de pensar de cada una porque es una aportación que va de manera individual a colectiva siendo un todo como resultado.
!Qué sabrá ella si no derriba muros! Si no siente la furia de rayar monumentos!
Una parte está en mi día a día en el legado familiar en base al respeto entre hombres y mujeres porque aunque queramos hacer de lado a los hombres, existen y tienen el beneficio del cambio.
Esta es mi mejor manera para expresar y alzar mi VOZ en estas letras dando otra perspectiva de logística enfocada en la reflexión y valor personal.
Admito que el NO se me fue hasta más allá de la cabeza para liberar y aceptar que soy feminista.


Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo Solo ellos pueden hacerlo , relato Dos por un cuarto de hora, 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.
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3 comentarios sobre “De entre caos poético y textos perdidos | No soy feminista”