Piezas de un alma simple

Hombre de arena

Escrito por: Alondra Grande

El hombre de arena contemplaba los caballos de espuma y sal que galopan contra el sol para perderse entre las faldas de una isla que nadie nunca pisó.
En esa isla desierta, creada nunca jamás en el tiempo, el hombre de arena construyó un castillo cubierto de granos de arena y conchas que el mar olvidó. Es vacío como el hueco que quedó en su pecho donde debería de ir un corazón.  
¿Es este otro chiché absurdo sobre no encajar en ningún lugar?, me pregunto, te pregunto, mientras veo con los ojos cerrados al hombre de arena desbaratarse junto al castillo: se vuelve lodo que las olas no quieren limpiar.
— Ojalá fuera la firme piedra- pensaba con su cerebro de arena —. Sin nada que me pueda lastimar.
Pero hasta la piedra más dura se vuelve blanda con olas, perseverancia y sal.
—Si fuera gaviota — se lamentaba otros días—, me iría volando muy lejos a los brazos de alguien más.
Y en el cielo una gaviota se desploma buscando nada más que tierra firme para sostenerse. Encadenada a la misma playa donde condena a los suyo a nacer y morir entre las olas del mismo mar.
Así pasaban las noches y días, siendo hombre que se convierte en lodo, siendo arena llevada por la brisa. Yendo a ninguna parte, volviendo de ningún lugar. Sin conocer alegrías o tristezas, vacío como la arena que una vez fue conchas y corales para alguien más.
Pero ahora, en este universo, en esta playa creada en ningún lugar, ojalá se conforme con ser arena y eso le dé paz.   

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