Por Dalia Estrada
Hace unos días terminé la nueva serie sobre Carrie, y primero quería hacer corajes por, nuevamente, tener una representación de ella tan hegemónica cuando en el libro es su físico lo que desencadena toda la violencia a la que es sometida tanto por ella como por los demás. *SPOILER si nunca han leído el libro*; Carrie tiene acné en el rostro, espalda y cuello, es robusta, con un cabello incoloro, huele a sudor, se viste con faldas muy largas y grandes (lo que hoy llamaríamos over size), es torpe y es percibida por todos como «mamarracho», características suficientes para ser víctima de bullying y querer pasar desapercibida.
No sé si fue la edad o estaba sensible o la teoría que estaba leyendo para una ponencia que me hizo pensar de más, pero por primera vez vi Carrie diferente. En un principio, había contemplado su venganza como un acto de merecer, pues los alumnos habían sido crueles con ella y merecían ese castigo, sobre todo, las chicas. La gente del pueblo hablaba de ella y su madre revictimizándolas y tratándolas como a unas locas, aunque creo que la ira y el enojo por lo vivido sacaron lo peor de Carrie y era obvio que iba a destruir a todos y todo, pienso que su elección fue consciente y no pude evitar pensar que todos hemos sido ella queriendo eliminar a los que nos lastiman. Pero si todos decidiéramos cobrar venganza, ¿Nos estamos defendiendo?, ¿Somos un monstruo?, ¿la venganza como un acto de defensa es bueno?
Todos nos hemos sentido raros al llegar a cualquier lugar por primera vez, ya sea un trabajo, edificio, escuela, etc., buscamos ser aceptados, pero en ese camino a ser validados, conocemos y sabemos de los otros cosas que no van con nosotros, no representan lo que somos, incluso somos conscientes de que hay cosas que no están bien pero por pertenecer las aceptamos. Incluso en el hogar, un lugar que debería ser seguro, pero a la vez es un sitio al que no se le puede cuestionar cómo o por qué es así, y donde la posibilidad de cambio parece imposible.
Todos hemos sido Carrie tratando de pertenecer a un sitio, tratando de encontrar seguridad, y podría jurar que más de una vez alguna chica en la infancia o adolescencia nos sacó de su grupo de amigas solo porque si, nos dejó de hablar solo porque si, y de repente se reía con otras de nosotras porque si. Es probable que nos hayan señalado por ser diferentes o por no tener los mismos intereses, y quizá no nos aventaron toallas femeninas o tampones en la ducha como a Carrie, pero de otras maneras nos hicieron saber que no pertenecíamos.
¿Estamos acostumbrados a normalizar la violencia? Por supuesto, más en la infancia con el pretexto de que «son niños», cuando algunos de ellos saben que lo que hacen lastima y está mal, pero aún así eligen hacerlo, iniciando un ciclo de violencia que puede tener implicaciones graves, que al final, hablando literalmente, demandarán un sacrificio y terminará en tragedia.
Recientemente leí al teórico francés René Girard, el cual en su libro La violencia y lo sagrado (1972) nos dice que «la violencia genera más violencia», justo como Carrie cuando electrocuta a sus compañeros en el baile de graduación e incendia la mayor parte del pueblo de Chamberlain, acabando con casas, negocios, carreteras y personas. Girard propone un concepto interesante en el que señala que para contener la violencia destructiva, la comunidad inconscientemente redirige su furia colectiva hacia un único individuo que nombra chivo expiatorio, lo cual es una selección de víctima que suele cumplir ciertas características: marginal, extranjero, marcadas diferencias físicas o sociales, inclusive alguien que no pueda vengarse.
Carrie parecía ese personaje que no podría defenderse, y de hecho, su desempeño como chivo expiatorio está en tres sitios diferentes: la escuela, la sociedad y su madre, siendo esta misma la causante de muchos problemas internos, pues dentro de la obsesión religiosa en la que vivía, su madre le hacía saber que tenerla era sinónimo de castigo por haber pecado, que su comportamiento como hija era deficiente y que, pese a que sabía lo que Carrie era capaz de hacer (con la telequinesis), eso solo la hacía estar más cerca del diablo que del amor y calor de un hogar, pero más significativamente de una madre.
En cuestión a la sociedad, Carrie es la chica que sufre por tener una madre loca y también por ser huérfana de padre, quien murió en un terrible accidente mientras trabajaba. Pero en su sentido de protección y lástima por ella, lo único que hacen es señalarla como lo extraño, al igual que sus compañeros de clase, los cuales, por las características anteriormente mencionadas, son suficiente para ser víctima de bullying, al igual que su condición socioeconómica y su ignorancia en temas de salud e importancia, como cuando le llega la menstruación en las regaderas del colegio y ella cree que morirá desangrada.
¿Alguien se ha ensañado con nosotros por ser diferentes? Probablemente. ¿Nosotros nos hemos ensañado o no hemos sido amigos de alguien por ser diferentes? Probablemente. ¿Hicimos algo para vengarnos? Probablemente, pero no al nivel de destrucción como ella. Pienso que lo que dice Girard sobre la violencia genera más violencia y diría que ese acto de molestar o señalar a alguien por ser diferente es casi imprescindible, incluso podría decir que es parte de la experiencia de vivir, forman carácter según ciertos adultos, pero con todos los casos terribles de bullying que hemos visto, ¿Cómo no podríamos esperar que la violencia genere más violencia?
Girard también dice que al eliminar o culpar al chivo expiatorio la comunidad recupera la paz y le atribuyen un poder divino o sobrenatural a la víctima convirtiéndola en una deidad, pues pasó de ser la causa del caos a ser la salvadora. Pero con Carrie eso no aplica, pese a que ella tenía cualidades de telequinesia, es algo que la población no sabía, incluso ellos la señalan como la fuente del caos y tragedias tanto en la preparatoria Ewen como en Chamberlain, sin embargo, solo porque Carrie controla sus mentes e introduce en ellos el pensamiento de intuición sobre quién causó esas desgracias porque al final busca que se le atribuya poder y reconocimiento sobre quién era de verdad y por qué lo hizo.
La destrucción del pueblo, la muerte de su madre y de ella, sí marcan un antes y un después dentro de la historia, pues se dice, a partir de su existencia y sus «poderes», la ciencia comienza a desarrollar investigaciones para descubrir los genes de la telequinesia y mantener en control o bajo vigilancia a ese tipo de personas. En cuestión historiográfica, lo que le pasó al pueblo, sí se relata como una desgracia donde más de 400 personas murieron la noche del 27 de mayo, pero, también se convierte en el parteaguas para entender a Carrie y cómo fue una víctima de todos y estas fueron las consecuencias de no haber puesto atención, límites y actuar a tiempo. Justo como pasa en la vida real, pues tras un acontecimiento terrible, se crean medidas de seguridad, protocolos y utilizan la memoria colectiva para recordar lo que pasó y evitarlo.
Al ver la serie y recurrir al libro de Stephen King para precisar unos datos, me topé con otra nueva lectura y es el poder que tienen los adultos y que en ocasiones no saben cómo utilizar, y al mismo tiempo, ellos como personas, no saben contener, acompañar y comprender, incluso me atrevo a decir que ellos, quienes deberían proteger y procurar las infancias, también son victimarios y solapadores. En ambos contextos ni el director, ni la profesora de gimnasia, ni los padres, hicieron algo por castigar o evitar que los alumnos siguieran ejerciendo violencia contra Carrie, incluso ellos, se burlan cuando ella es bañada con sangre de puerco en el baile de graduación. Los adultos tienen mucho poder, mucho que enseñar y mucho que educar, pero no pueden evitar formar parte de la comunidad que elige y reproduce violencia sobre el chivo expiatorio.
Lo que concluyo de todo esto son tres cosas; 1) las instituciones y nuestros adultos no están capacitados para intervenir y cuidar al chivo expiatorio cuando las señales, la ayuda y la desesperación están presentes y son testigos, 2) Cuánto terror pueden desatar las cosas normales como la menstruación, ir a la escuela, hacer amigos, la escuela, nuestros padres, incluso a Dios, que en el contexto del libro, Carrie ya pasó de venerarlo a odiarlo por los castigos que le da su madre y que solo él puede perdonarla, juzgarla y castigarla, y 3) nosotros también hemos sido victimarios, crueles y violentos, con alguien más, con amigos, familia y nosotros mismos, quizá no en el grado que ella o que nuestros victimarios, pero lo hemos sido, así que solo queda reflexionar, ¿está en nosotros romper el círculo de la violencia?

Dalia Estrada (México, 1996) es periodista, ensayista y lectora, además de licenciada en Lingüística y Literatura Hispánica por la BUAP. Sus textos que van desde la creación y crítica literaria, han sido expuestos en diversas revistas naciones e internacionales. Fue becaria del Programa Interinstitucional para el Fortalecimiento de la investigación y Posgrado del Pacífico y en el 2019 colaboró con BUAP y la Universitá degli Studi di Salerno (Italia) para la creación del libro Alteridad: el rostro del otro con el texto La soledad del existir en la alteridad a través de Her y The Shape of Water. Actualmente colabora con el medio informativo digital PeriodiCaso con una columna sobre música, pensamiento y crítica social.
