Poema «El museo» | METAXY

por Tatiana Campos Aquinto

Los museos
tienen una regla,
siempre me ha parecido injusta:

No tocar.

Como si la belleza
no hubiera nacido
para sentirse.

Supongo
por eso
terminé convirtiéndome en uno.

Personas
entran a mi vida
como quien compra un boleto.

Caminan despacio
por los pasillos.

Se detienen
frente a los recuerdos
que más trabajo me costó conservar.

Los miran.

Inclinan un poco la cabeza,
como si quisieran entender
por qué un corazón
decidió colgar sus cicatrices
en una pared.

Después sonríen.

Dicen:
—¡Qué bonito!

Y siguen caminando.

Nadie pregunta
quién limpió el polvo
de cada vitrina.

Nadie imagina
cuántas noches
pasó un recuerdo
aprendiendo
a no romperse.

Hay cuadros
que parecen paisajes;

de cerca
son despedidas.

Hay esculturas
que todos llaman arte,

pero fueron personas
que aprendieron
a quedarse quietas,
para que el dolor
dejara de reconocerlas.

A veces
llega alguien
que quiere llevarse
su obra favorita.

Se acerca demasiado.

La señala.

La admira.

Y luego se marcha
sin leer
el pequeño letrero
a su lado.

Ese que dice:

«No está en venta.
Sigue intentando sanar.»

Desde entonces
dejé de abrir
todos los salones.

Hay memorias que todavía
no soportan
la luz.

Y entendí
que no todo lo valioso
está hecho
para ser visto.

Algunas cosas
sobreviven
porque alguien
tuvo el amor suficiente

para cerrar la puerta

antes de que entrara
la siguiente multitud.

Soy Tatiana Fernanda Campos Aquinto, estudiante de Medicina y escritora peruana. Mi formación en el campo de la medicina me ha llevado a acercarme cada vez más a lo humano: a las historias, las emociones y las experiencias que existen detrás de cada persona. Paralelamente, la escritura se ha convertido en una forma de observar, sentir y transformar aquello que muchas veces resulta difícil de expresar.

Como mujer, me considero sensible, perseverante y profundamente curiosa. Valoro la capacidad de mirar más allá de lo evidente, de encontrar significado en los pequeños detalles y de convertir las experiencias en palabras. Escribo desde mi propia sensibilidad, pero también desde aquello que he aprendido de las personas que han dejado huella en mi vida. Para mí, la literatura es un espacio de libertad y memoria, una manera de dialogar con lo que somos y con aquello que todavía estamos descubriendo.

Deja un comentario