Por Dalia Estrada
Las películas de terror-horror son mis favoritas desde hace muchos años, pero hace algún tiempo me percate de algo interesante, la vestimenta de las Final Girls en las películas actuales ha variado y eliminado un look que se construyó y dio identidad a esta figura del género, donde los jeans de mezclilla y una tank top blanca, dejaron de ser simples prendas para arropar al personaje principal y dar identidad a las icónicas mujeres resilientes de este tipo de películas, y a su vez, estas prendas también marcaron un antes y después en la industria de la moda reflejando poder, autoridad y valentía.
El atuendo se construyó con dos piezas importantes, una camiseta blanca sin mangas y unos jeans, pero ese look que llamaremos final look, no siempre es con el que comienzan las protagonistas, es un atuendo que, en ocasiones se va modificando a lo largo de la película y en otras, es el primer y único vestuario desde el inicio.
Me gusta creer que los looks que comparten algunas protagonistas y de los cuales se van deshaciendo conforme avanza la trama, es un guiño a su descubriendo personal y al potencial que vive dentro de ellas, pues no es sorpresa que la Final Girl cumple con varias características que la colocan como la persona débil que a lo largo del filme va confiando en sí a través de su ingenio e inteligencia para sobrevivir. Deshacerse de la ropa que la cubre, es deshacerse de la persona que creían que era y terminar en ese look es el resultado final de empoderamiento.

Pero vayamos al principio, este look del que hablamos se configuró en la primera década de los 2000’s, no cuando el género slasher tuvo su apogeo en los 70’s y 80’s con películas como viernes 13 (1980), Pesadilla en la calle del infierno (1984), Masacre en Texas (1974) y Halloween (1978). Esta vestimenta nació con títulos como La casa de cera (2005), Camino hacia el terror (2003), REC (2007), etc. En el comienzo del siglo XXI los cineastas querían algo más serio para el cine del terror y se enfocaron en abandonar la ironía juvenil de los 90’s para volverse más oscuro, físico, extremo y experimental, dando paso al nacimiento de géneros como el Tortune Porn con filmes como Hostal (2005) y Saw (2004), los remakes como Masacre en Texas (2003), las adaptaciones de filmes japoneses como Llamada perdida (2003) y El aro (2002) y los Found Footage como Actividad Paranormal (2007).
Con estos ejemplos de películas podemos intuir hacia donde iba la estética y, por lo tanto, hacia donde iba la vestimenta de la Final Girl. Si bien es cierto que toda la atención recae en el físico y atractivo de la actriz protagónica, también es cierto que, las películas de terror están filmadas bajo la perspectiva masculina por lo que algunas escenas, y en este caso la vestimenta, tiene que configurarse para hacerse llamativa ante el ojo masculino y, por lo tanto, la tank top es la blusa adecuada, ceñida al torso, sin mangas para exhibir los brazos haciendo un ligero acento en los pechos y en ocasiones mostrando el abdomen.
En cuestión a los pantalones, en los 2000’s resurgieron los jeans de cintura baja que Alexander McQueen había reinterpretado, pero después Levi’s sacó los famosísimos Superlow Loose creando una prenda icónica y odiada, pues los pantalones acentúan la cadera de quienes los usan haciéndolas lucir más anchas, su corte ayuda a que las pompas se vean de mejor tamaño y causan la ilusión de tener piernas más largas y moldeadas. Toda una configuración de sensualidad que deja ver la piel como un lienzo blanco sobre el que se proyecta el erotismo.

La tank top tiene una historia por demás interesante, pero en esta ocasión solo nos centraremos en decir que fue una prenda que primero encontró su lugar en los hombres, sobre todo en Marlon Brando, pues cuando grababa Un tranvía llamado deseo (1951), su personaje usaba este top para dejar ver los brazos contorneados, el abdomen y espalda marcados acentuando la masculinidad abriendo esa línea de erotismo. La prenda transcendió con Silvestre Stallone en Rocky (1976), y poco después la comunidad LGBT+ le dio su estilo propio al adoptar esta prenda de trabajo y resignificarla bajo los códigos del «macho tradicional» dándole un sentido político, comunitario y camp.
Finalmente, las mujeres lesbianas incorporaron la tank top como parte de la estética butch, conectando con la tradición histórica de usar ropa masculina como afirmación de identidad llevándonos a una elección de semi casualidad para el look de la Final Girl moderna, pues su vestuario sí plasma sensualidad, pero contemplando este contexto, usa prendas que representan la fuerza y poder que siempre han tenido, pero tras una serie de eventos desafortunados y de enfrentar cara a cara al asesino, descubren que pueden con lo que sea, como lo hagan ya es otra cosa.
Así que, si esta noche ves una peli de terror, mira con atención el look de la sobreviviente y descubrirás otra manera de percibir a los personajes. Por cierto, a veces el final look incluye una camisa de franela a cuadros, pero ese es tema de otra entrega.

Dalia Estrada (México, 1996) es periodista, ensayista y lectora, además de licenciada en Lingüística y Literatura Hispánica por la BUAP. Sus textos que van desde la creación y crítica literaria, han sido expuestos en diversas revistas naciones e internacionales. Fue becaria del Programa Interinstitucional para el Fortalecimiento de la investigación y Posgrado del Pacífico y en el 2019 colaboró con BUAP y la Universitá degli Studi di Salerno (Italia) para la creación del libro Alteridad: el rostro del otro con el texto La soledad del existir en la alteridad a través de Her y The Shape of Water. Actualmente colabora con el medio informativo digital PeriodiCaso con una columna sobre música, pensamiento y crítica social.
