De recuerdos, aventuras y reflexiones|Campanitas

Por Tania Farias 

El día que papá se fue de la casa, un repique de campanas anunció su partida. 

La primera sonó cuando la discusión entre mamá y él estalló como un balón al que se le ha vertido demasiada agua por un tiempo prolongado. Era de esperarse que ese momento llegaría; las incesantes quejas de mamá fueron esa agua sin medida que iba lleando poco a poco el globo hasta que ya no tuvo más espacio y se le rompió en las manos. Sin embargo, la cara de sorpresa de cuando papa le anunciaba que se iba no podía ser más expresiva. Como si ni siquiera se hubiera dado cuenta de que era su responsabilidad detener el agua antes de que el globo alcanzara ese punto de no regreso.

Sentada sobre el último escalón en la parte alta del primer piso, con mis apenas once años, fui testigo de aquella explosión: después de varios gritos y aspavientos, sobre todo de papá, este subió hacia la que, hasta ese día, había sido su habitación. Al pasar junto a mí tan solo me miró como si con sus ojos quisieran pedir perdón.

La segunda campanada sonó cuando papá sacó una gran maleta de por encima del armario. Sin cuidado por doblar la ropa, como siempre hacíamos al preparar nuestro equipaje antes de cualquier viaje, aventó dentro todas sus pertenencias o, al menos, la mayoría de ellas. Después, pasó de nuevo apresurado junto a mí, quien seguía sentada sobre el escalón sin poder moverme. Detuvo unos segundos su carrera y me dio un abrazo muy fuerte, al mismo tiempo que me susurró un “te amo, princesa”.

Una tercera campanada sonó cuando la puerta de la entrada se azotó detrás de papá. Escuché una cuarta al encenderse el motor de su auto y una quinta, cuando este se marchó.

En todo ese tiempo mamá se quedó como yo, inmóvil, sobre el pasillo que llevaba hacia la puerta de la calle. Las campanas siguieron repicando mientras ella subía por las escaleras y, sin ni siquiera mirarme, pasó junto a mí y se encerró en su habitación hasta el día siguiente. Un repique de campanas sonó toda la noche, supongo que fueron los ecos del llanto ahogado de mamá y del mío.

Las quejas de mamá siguieron, a pesar de haber comprobado el efecto tan negativo que habían tenido en el ánimo de papá. Más ahora, yo me había convertido en el recipiente sobre el cual se vertía toda esa agua hasta desbordarse.

Las campanas pararon de sonar un día. No sé si fue porque el llanto de mamá se contuvo o porque cerré mis oídos para ya no escucharla más. Sin embargo, estaba convencida de que el día en que papá regresara a casa también sería anunciado por un repique de campanas, solo que en esa ocasión, estas sonarían diferentes, pues su sonar sería para dejarme saber que papá había venido a buscarme.

Una mañana al despertarme, me pareció escuchar un pequeño sonido que con el paso del día se fue transformando en el repique de una campana. Mi corazón se llenó de contento; el día había llegado en que papá volvería por mí. Preparé mi maleta y cuando el repique de campanas se intensificó corrí escaleras abajo para esperarlo. 

Me topé con el rostro de mamá, el cual estaba, en completo, desencajado. Alguien en efecto había sonado a la puerta y le habían informado que papá había sufrido un accidente vial muy fuerte y había muerto. Mamá me abrazó al verme, pero yo estaba convencida de que él esperaba por mí detrás de ese trozo de madera. Las campanas repicaban sin cesar, así que me solté de ella y corrí hasta la puerta para abrirla. La calle estaba desierta. Fue en ese momento en que reconocí que el sonido del repique de las campanas se asemejaba al de un lamento imposible de acallar. 

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Publicado por tanif24

Nací en Zapotlán el Grande, México y después de haber vivido en el extranjero por dos décadas regresé a mi país y actualmente resido en CDMX. Soy Licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Colima, México y Maestra en Recursos Humanos por la Universidad París XII, Francia. Colaboré en la revista cultural Ventana Latina en Londres, Inglaterra y después de un pasaje por Toronto, Canadá he participado en diferentes antologías como Nostalgia Bajo Cero (2020), Laboratorio de Historias Breves (2021), La Casa en el Arce (2022), Sexta Antología de Escritoras Mexicanas (20239. Actualmente publico para las revistas Bikiniburka de España y Lacoyol de México.

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