Por: Crónicas de una mente errante
Mi carrera del día inició en aquella parada del camión, grafiteada como cualquier otra de la urbe, como cualquier otro día como este. Me senté en un espacio libre de esa banca de metal y fría, resignada a que llegaría tarde.
Aproveché para borrar de mi rostro, con maquillaje, los rastros de mis desvelos.
Fue entonces cuando lo vi a él: uno de los miles que existen en cada esquina de Guadalajara. Su mirada decía lo que no podía expresar con palabras. En ella se veía su hambre, y no solo de comida, sino también de ser amado y acompañado. No somos muy diferentes a ellos.
No pude evitar acariciar su áspero pelaje y decirle: «Aquí estoy contigo». A cambio, movió la cola para mí.
Estuve cinco minutos con él, la mejor compañía que me hizo salir de la rutina, aunque fuera por un momento. Éramos dos seres tan diferentes, pero similares a la vez, teníamos la esperanza de que mañana sería un día mejor.
Llegó mi camión. No quería irme, pero tuve que despedirme de la forma más amena para él: como si me sobrara el lonche, corté un poco de pan y se lo di.
No volteé atrás. Espero que me perdonara por haberlo dejado ahí, donde lo habían dejado.
¿Qué tanta sensibilidad es la que tenemos para sentirnos culpables por algo que no hicimos?
Pasaron dos días y mi semana laboral terminó.
Tomé mis cosas y salí a disfrutar de la fría noche. Me abrigué y me dirigí a la salida para esperar el Uber.
Abrí el viejo portón, que rechinaba cada vez que alguien salía, casi como si quisiera avisar. Y ahí estaba: mi compañero de parada de camión.
Quiso darme una segunda oportunidad. Me perdonó.
Mis lágrimas corrieron y lavaron mi maquillaje. No pude evitarlo, pero tampoco podía darle lo que él quería, porque, por mucho que queramos a alguien, a veces debemos dejarlo ir.
Dos que alguna vez fueron como él me esperaban en mi hogar. Mi corazón tenía espacio para uno más, pero mi casa no.
Fue entonces cuando me despedí como la primera vez. Tomé un trozo de pan que encontré en mi bolsa y le di el último bocado que me quedaba.

