Letras Revueltas|La perfecta señorita

Por Illari Alderete

Julio Torri solía atormentarse por haber nacido después de los clásicos, fue conocido porque su prosa era poca, una de sus excusas fue que ya se había escrito sobre todo. Hay quienes prefirieron no escribir o dejar indicios de la obra perfecta. ¿Qué significa lo perfecto y por qué lo perfecto puede ser avasallador al grado de dejarnos en silencio?

Si exploramos este término en la actualidad, lo más común es encontrar páginas que hablan sobre la psicología y ese afán de perfeccionismo. Más que verse como una virtud, suele nombrarse como un defecto, ya que alcanzar la perfección suele ser imposible, por lo tanto, si nuestro objetivo es éste podemos vivir en constante insatisfacción.

Yo no suelo ser perfeccionista ¿o sí? A veces, le temo mucho a mis errores ya sean en la escritura o en la vida diaria. Me despierto en la madrugada y me repito lo que hice mal. Lo que ocurre, la mayor parte de las ocasiones, es que mis errores dejan de tener relevancia, los corrijo o trato de enmendarlos si es que aún se puede hacer algo al respecto.

En el sentido más sencillo, la perfección se alcanza cuando algo está completo o se ha terminado. Sin embargo, esta idea se ha reinterpretado en varias áreas: por ejemplo, en el arte terminó convirtiéndose en un parámetro, muchas veces lo perfecto se interpretó como lo mimético de la realidad o lo que tenía las medidas y proporciones exactas, es decir, que era simétrico. A partir del arte, la perfección se relacionó íntimamente con la idea de belleza, aunque si aplicamos este tipo de proporciones a un rostro encontraremos que el resultado es extraño.

Al repensar lo perfecto, encontré que este tema se ha trabajado más en torno a la vida perfecta, por ejemplo en: Un mundo feliz de Aldous Huxley o, en otros casos, al mandato de “ser perfecto” en las mujeres, salvo algunas excepciones como en El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, la construcción literaria de la perfección está ligada a lo femenino. ¿Por qué?

Cuando era niña muchas veces recibí comentarios que pretendían corregir mi postura, mi comportamiento, mi risa, todo para ser una buena niña o la niña perfecta, aunque yo distaba mucho de ello por mi color de piel, mi manera de andar, de reír o la forma de mis dientes. En lo femenino la perfección se asocia también con el buen comportamiento, con una apariencia agradable e incluso con la sumisión . Esto se puede observar en la película Las mujeres perfectas (2004) de Frank Oz, en la que Joanna Ebberhart, luego de sufrir burntout se muda a un apacible pueblo llamado “Stepford” que promete dar a sus ciudadanos una experiencia idílica, pronto Joanna se da cuenta de que las mujeres se comportan de manera extraña, todas tienen esa apariencia impecable; bien vestidas y arregladas, y desean, por sobre todo, atender a sus esposos, son perfectas ante la mirada masculina, aunque carecen de personalidad propia.

Lo perfecto no puede ser objetivo, aunque en el arte pretendieron equipararlo con la proporción y el punto áureo, no tardaron en darse cuenta de que no existía algo que determinara lo perfecto; más que la mirada del otro. Hay un ensayo sobre la perfección “La perfección no existe, así que…” de Jober Rocha, que me pareció interesante porque señala la relación entre este concepto y la idea de lo divino: ¿si Dios es perfecto por qué crea seres imperfectos?, tal vez Dios tampoco es perfecto y sólo se trata de un término utópico para moldear a la sociedad, en especial a las mujeres.

Hay diversas películas que tratan este tema, una más reciente es Companion (2025) en la que Iris, al igual que Joanna asiste con su novio Josh a una casa de campo para pasar un fin de semana, la película comienza con el amor que experimenta Iris al conocer a Josh, ésta retoma el tópico de las mujeres que son perfectas porque son robots que buscan satisfacer a los hombres, ¿qué implica esa perfección? Más que belleza: sumisión. Cuando Iris descubre que es un androide, se da cuenta de que Josh sólo la usa como una fuck-bot y que no siente nada por ella; controla su color de ojos, su nivel de inteligencia y su capacidad de asesinar. Resulta interesante ver que en ambas películas, el temor de los hombres es que las mujeres los superen y por eso o las convierten en cyborgs bajo su control como en Las mujeres perfectas o sólo las consumen como androides de compañía. Cabe preguntar, ¿por qué hay más hombres que tienen esta fantasía que mujeres? Al menos, para mí, la sumisión es poco atractiva.

Me gustaría decir que esto pertenece al ámbito de la ficción, pero en la realidad, hay una creciente comunidad de hombres incels que desearían que el mundo funcionara así; mujeres sumisas e incluso esclavas, que sólo les sean útiles para cumplir sus deseos sexuales, sin embargo, se han topado con la realidad y es que las mujeres somos seres humanos, como dijo, Ángela Davis.

Para cuestionar qué es lo perfecto, existen novelas clásicas como Doña Perfecta de Benito Pérez Galdós que es una crítica abierta a una moral rígida, al fanatismo religioso y la hipocresía social, claro, estos rasgos, Galdós, no los pudo encarnar sino en las mujeres, como si no hubiera hombres que las entrañaran mejor. En cambio, Patricia Highsmith en el relato “La perfecta señorita” que se encuentra en la colección Pequeños cuentos misóginos coloca en el centro al ideal de una niña norteamericana: rubia, blanca, pulcra, silenciosa, obediente que es aprobada por los adultos de esa sociedad y que, sin embargo, es una psicópata, no le interesa socializar, ni siente empatía por los demás, le gusta ser malvada y no se cuestiona ¿por qué es así? Highsmith sugiere que es esta educación patriarcal la que la lleva a ser así, es una hija sana de este sistema. Aunque Galdós también centra su crítica en este ideal, él no nos habla de lo femenino, sino que Doña Perfecta simboliza a la vieja España empeñada en conservar las buenas costumbres y las tradiciones, que no sabe que hace el mal. Mientras que la señorita perfecta es la representación de todo lo que la sociedad norteamericana le pide a las mujeres y cómo este anhelo de perfección termina siendo un escondite de la perversidad.

Clarisse Lispector, por su parte, retoma esta idea a partir de su cuento “La mujer más pequeña del mundo” en el que una mujer africana y pigmea es el ejemplo de la perfección ante los ojos de un antropólogo. Pequeña Flor, como le nombra Marcel Prete, mide 45 cm y está embarazada, lo que nos narra a continuación es que se publica el descubrimiento a página entera o del tamaño de Pequeña Flor y las miradas sobre ésta se multiplican. Allí nos muestra los ojos de una sociedad “civilizada” que pasa de ser compasiva en el mejor de los casos, a ser abiertamente racista y misógina, ven a la mujer como un objeto que se puede desechar. Al hacer esto, el centro ya no es Pequeña Flor sino toda una sociedad occidental perversa que pretende deshumanizar a la mujer a partir de sus clasificaciones y su amor terrorífico. Lispector devela otra máscara: la de la sociedad perfecta que en el fondo ve a lo otro como desechable y que por lo mismo tiene una ideología fascista. Mientras, Pequeña Flor ama al mundo así sin ningún filtro, mientras no sea devorada, que es su principal preocupación.

Tal parece que la perfección, al menos, en las mujeres termina siendo una jaula, una etiqueta que busca eliminar nuestras peculiaridades, en ocasiones se convierte en una máscara porque ¿quién en realidad podría o, mejor aún, querría ser perfecto? Tal vez debamos conformarnos con tener un día perfecto.

Illari Alderete

Amante de las letras, de los libros, de las series, de las tardes lluviosas que traen un dejo de nostalgia. Soy docente desde hace una década y me he descubierto alumna desde entonces. Me gusta soñar e imaginar otras posibilidades aunque a veces se conviertan en pesadillas. Recobré el camino de la escritura hace casi cinco años cuando las experiencias en forma de palabras comenzaron a desbordarse y, aquí estoy, aferrada a otra posibilidad. Si quieres leer más de lo que escribo aquí abajo puedes encontras mis otras columnas:

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