De recuerdos, aventuras y reflexiones|Como un rumor

Por Tania Farias

La noticia me llegó como un rumor. No había certezas. Quien había sido mi fuente también la había recibido como eso: una noticia por confirmar.

Mi primera reacción fue de absoluta sorpresa con una dosis de negación. Él era solo un año mayor que yo. Por supuesto que la noticia de su muerte “repentina” me dejó pasmada por unos segundos. Pasados esos instantes de incredulidad, inicié una averiguación simple, valiéndome de los pocos recursos que tenía a la mano: cuestionar a un amigo que de manera indirecta podía tener información y, por supuesto, de internet. A mi amigo, la noticia también le cayó de sorpresa, aunque se negó rotundamente a hacer uso de los contactos que tenía porque le parecía intrusivo.

Guardé la esperanza de que se tratara solo de un rumor, de esos que se esparcen sin razones reales. Pero bastó pulsar unas cuantas teclas en mi computadora y Google me tenía una respuesta: un obituario con su nombre completo. Las posibilidades de un homónimo eran mínimas. ¿Cuál era la probabilidad de que existiera alguien más con la misma combinación de nombres y apellidos? Para entonces seguía intercambiando mensajes con mi amigo, y las dudas de que la noticia fuera real se dispersaban cada vez más. Luego apareció un nuevo obituario, pero esta vez tenía una fotografía incluida. Era él, con la misma sonrisa, el mismo rostro que mi mente recordaba.

Tantos años se habían ido desde la última vez que habíamos cruzado una palabra, desde la última vez que hubiéramos compartido algo. Poco o nada quedaba de esa amistad tan fuerte que un día tuvimos, pero allí estaba yo con un nudo en la garganta y una bola en el estómago, imposibilitada para comprender realmente lo que su partida me causaba. No sabía hacia donde balancearme. 

Podía simplemente optar por sumirme en la nostalgia y dejar que su recuerdo latiera fuerte de nuevo. En mis años de adolescencia él había sido mi mejor amigo, la persona con quien me sentía más segura, en quien más confiaba. Con él habíamos compartido risas, lágrimas, abrazos, palabras de aliento, habíamos pasado horas imaginando nuestro mundo futuro y también habíamos peleado en varias ocasiones. Incluso, nos habíamos lastimado. Tanto, hasta que un día no hubo marcha atrás y esa amistad que habíamos construido por varios años se rompió sin esperanzas de ser reconstruida. Poco tiempo después concluimos la preparatoria y cada uno tomó su camino. Solo lo volví a ver una vez más, varios años más tarde. Nos saludamos como dos simples conocidos, como si nunca hubiéramos sido mejores amigos. 

Pero, también, podía inclinarme hacia una cierta indiferencia. Al final de cuentas, la mitad de mi vida había transcurrido sin tenerlo presente en mi cotidiano.

Me debatía entre esas posibilidades cuando otro amigo, de la misma época, reapareció a través de las redes. Aún cuando la distancia y el tiempo también nos habían alejado, él había pensado en mí al enterarse de la noticia. Intercambiamos algunos mensajes. Es extraño como la muerte de un ser cercano o que, algún día fuera cercano, tiene el poder de reunir. Él me ayudó a ponerle palabras a eso que sentía. No podía negar que, aunque nuestra amistad hubiera terminado, los recuerdos no se habían ido; se habían guardado en algún espacio de mi corazón junto con el cariño tan grande que un día le tuve.

Enterarme de su partida me llenó de nostalgia, de una tristeza extraña. Fue tal vez por su edad tan cercana a la mía, lo súbito de su partida, la poca información que tuve de su muerte, o… porque confieso que, muy en el fondo, guardaba la esperanza de que la vida nos daría una nueva oportunidad para volver a hablar, para perdonarnos mutuamente y terminar riéndonos de las “razones” que nuestras mentes adolescentes habían tenido para alejarnos. No obstante, su muerte había cerrado cualquier posibilidad. 

Ahora solo me quedó con un libro que él me regaló para mis dieciséis años. Releo las líneas que él me dedicó en las últimas páginas blancas del libro. Mis ojos se nublan con la última frase: “Recuerda que me tienes a mí”.

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Publicado por tanif24

Nací en Zapotlán el Grande, México y después de haber vivido en el extranjero por dos décadas regresé a mi país y actualmente resido en CDMX. Soy Licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Colima, México y Maestra en Recursos Humanos por la Universidad París XII, Francia. Colaboré en la revista cultural Ventana Latina en Londres, Inglaterra y después de un pasaje por Toronto, Canadá he participado en diferentes antologías como Nostalgia Bajo Cero (2020), Laboratorio de Historias Breves (2021), La Casa en el Arce (2022), Sexta Antología de Escritoras Mexicanas (20239. Actualmente publico para las revistas Bikiniburka de España y Lacoyol de México.

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