Por Fabiola Juárez Avendaño
Antropóloga feminista
Fotografía: Anya Juárez Tenorio (tomada de Pexels)
Es tiempo de hacer una reconstrucción social que tienda a la igualdad y la equidad, que rompa los mitos en torno a la maternidad de forma libre, voluntaria, autónoma, diversa e informada, donde se conciba una redistribución de las tareas del hogar, una educación de los hijos compartida y una paternidad responsable. El estado y la sociedad deben reconocer plenamente el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo y su sexualidad. 1
Me sumo contundentemente a esta referencia, el feminismo sigue trabajando, proponiendo y sobre todo alentando para dicho fin, a la largo y ancho del país se organizan foros, se lanzan campañas, se realizan talleres, actividades de reflexión y concientización, etcétera, no se ha descansado, no se ha parado, no se ha sucumbido, ha sido extenuante y muchas a costa de su seguridad han seguido intentando desmontar la mayor opresión de las mujeres: la maternidad.
Pero vamos por partes, para llegar a estos puntos de reflexión empezamos por decir lo que nos han dicho que tiene que ser la maternidad, claro desde lo patriarcal, es algo tan simple: es un deber ser, sumiso y servil, sin quejas y con una exigencia de sacrificarlo todo, es un llamado instintivo, no racional.
Marcela Lagarde lo amplia en su libro El Cautiverio de las Mujeres2 y nos describe el término y profundizada ampliamente sobre esta opresión, la más determinante de las mujeres en nuestro mundo. Nos expone que el objetivo impuesto a la mujer, su supuesto destino y principal realización es el ser madre y esposa, pero no de forma separada, sino al mismo tiempo, por eso la antropóloga feminista construye el término madresposa.
La maternidad no sólo se impone a la mujer que tiene hijos, sino también a aquellas que no los tienen pero que entre sus labores “femeninas” se espera el cuidado de los demás. He aquí la clave el cuidado no así misma sino a los demás. Su ser de y para los otros se expresa en su actividad de reproducción y en su servidumbre voluntaria; así, todo lo que implique domesticidad, es decir, la preparación de los alimentos, cuidado de la casa, provisión de la misma, atención a los enfermos, adultos mayores y niñez, y por supuesto el cuidado emocional de los miembros de la familia, eso sin considerar la socialización de las hijas e hijos, mantener las redes familiares y los apoyos comunitarios, son enlistados como su responsabilidad.
Además fungir sin duda como madres en las relaciones conyugales también, inclusive dando asistencia maternal a su pareja: de ahí el sustantivo madresposa, que implica su doble rol.
Tras desmenuzar y develar los propósitos malévolos y tramposos del sistema nos queda dar el siguiente paso, desmontar, desaprender y dar un sentido feminista a las maternidades. Quien puso la primera piedra para repensarlo fue la poeta, pensadora y activista feminista, Adrienne Rich en su libro Nacemos de mujer que salió a la luz en el año de 1976, sin duda una pionera y figura clave del feminismo de los años sesenta y setenta, regalándonos la receta del cómo armonizar la maternidad desde otra mirada, desde la otra orilla, desde otro plano: el feminismo.
Su principal aportación fue distinguir entre la institución maternal impuesta por el patriarcado, generadora de sumisión y la relación potencial de las mujeres con la experiencia materna, estableciendo una diferencia clara entre los perjuicios de la primera y las virtudes de la segunda. Para la autora, no se trataba de impugnar la maternidad, sino el sentido en que la definía, la imponía y la restringía el patriarcado, el cual había “domesticado la idea del poder maternal”3 y allanó el camino para la reivindicación del cuerpo de las mujeres “como un recurso, en lugar de un destino”. La liberación femenina pasaba por defender y resaltar las potencialidades femeninas sexuales, reproductoras y maternales, en oposición a la maternidad forzada.4 Toda una revolución su aportación y a partir de ahí, pa’real, se ha ido transformando, enriqueciendo, redescubriendo y reconociendo el poder de ser madre en las genealogías personales y familiares así como la visualización de los legados de las ancestras.
Pero los cambios han sido lentos, todavía algunas mujeres y gran la mayoría de los varones no se han sumado con la velocidad y el convencimiento pleno requerido, porque el sistema patriarcal lo ve como una franca amenaza y confrontación a su estado de confort y privilegios, ya que éste descansa sobre el trabajo de cuidados de las mujeres que han infravalorado.
Pero seguimos apostando por maternidades desobedientes, insumisas, rompedoras de estereotipos, al menos ahora las nuevas generaciones no lo ven como destino sino como una opción, «la maternidad será deseada o no será» consigna feminista tan sencilla, tan profunda, tan revolucionaria, pero tan consciente y libertaria.
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FABIOLA JUÁREZ AVENDAÑO
Antropóloga feminista ENAH.
Fundadora y editora de la revista feminista independiente “Las Genaras. Rumbo a la Equidad de Género”, Ex coordinadora de proyectos con perspectiva de género en Asociación Civil ACICAMATI, A.C. Fui tallerista en la Faro Miacatlán y Tláhuac de la Secretaría de Cultura CDMX y actual coordinadora de la Modalidad de Publicaciones con identidad. PFAPO-SEPI.
- http://educacion.chihuahua.gob.mx/uig/content/10-de-mayo-da-de-la-maternidad-libre-y-voluntaria ↩︎
- Lagarde, Marcela. Los cautiverios de las mujeres. madresposas, monjas, putas, presas y locas. SIGLO XXI EDITORES 2ª. Edición 2015. p. 624. ↩︎
- Rich, Adrienne. Nacemos de mujer. La maternidad cómo experiencia e institución. Madrid: Traficantes de sueños, 2019 (1976), p. 356. ↩︎
- Ibidem, p. 84. ↩︎
