El hilo de las moiras: teoría del recuerdo

por Amaranta Castro

“Todo es mío y nada me pertenece, nada pertenece a la memoria, todo es mío mientras lo contemplo” —W. Szymborska

“El otro día llamé al amor de mi vida por teléfono, y cuando atendieron y escuché que era él, corté rápido. Me hizo bien saber que no murió todavía”1. La temperatura del día es 28 grados. A esta temperatura la hierbabuena de la casa comienza a secarse, se dobla hacia adentro, cuando sus hojas queman se puede escuchar un chasquido verde. 

“Me hizo bien saber que no murió todavía” Tal vez ahora camina por una calle, en silencio. Recorre sus dedos en una pared amarilla, se detiene en la esquina. Semáforo en verde. Después de todo no iba a detenerse, aunque yo lo supiera. “El otro día llamé al amor de mi vida por teléfono”. ¿Qué día? Seguramente un viernes durante la tarde. Caminaba por el pasillo, regresé a mirarme en el espejo y lo haría: el rostro ya sin ojos, ya sin boca, un rostro que se reconoce como nunca antes lo había hecho. Mis manos volvían a parecerse a las de un extraño. No siento que estas sean mis manos, sino las manos de otro. Unas manos autómatas. Pero primero investiga el número. Quizá sea el mismo. No lo era. Siento agujas en los dedos. Cambiaba un dígito. El número cuatro. Un número estable con mitades exactas.

Saludo, pregunta, respuesta. Afirmación. Pares adyacentes. Despedida inconclusa.

“Y cuando atendieron”: existen ciertas millonésimas de segundos que nos separan entre el pensamiento y lenguaje. Primero se piensa, se tiene el pensamiento. Una conexión neuronal que abarca una o la totalidad del cerebro. Codificación en el área de Broca, es ahí una de las casas del lenguaje. Que no es lo mismo que la casa del ser en Heidegger ¿o sí? No más bien el ser reside en el lenguaje. No se sabe cómo los impulsos neuronales, o al menos yo no lo sé, cómo se convierten en palabras conocidas, oraciones, sintaxis. Por ejemplo: Hola, quise llamarte. Luego esas palabras mandan impulsos a los órganos motores: cuello, voz, cuerdas bucales, más que voz. La quijada, los pulmones: todo lo que se implica en la palabra. El acto de hablar. Se teje el lenguaje, sale a través de la boca: Hola ¿a quién busca?

“Y cuando escuché que era él”: El nexo y nos refiere a oración copulativa normal, una parte de un instante que se une a otro. La conciencia continua de lo que se ve, las leyes físicas que transcurren en la misma dirección, pero no se sabe por qué o al menos yo tampoco lo sé. El verbo ser, irregular o imperfecto. El ser como posibilidad de existencia. Él sin descripción, tan sólo la enumeración de ciertos sucesos: palabra en inglés, mirada evasiva, una sonrisa en un lugar oscuro. El final ya estaba ahí desde un inicio, una palabra en francés, una caminata solitaria. La nieve, el silencio, el viaje que nunca hicimos de regreso. Su mirada atenta en un cuadro con un círculo negro. Había dos opciones y él eligió la primera. Confusión, una esquina de madrugada. Él es la asociación de una palabra con otra. Asociación de palabras y conceptos, usos de palabras que sólo sirven para describir un puente entre su tiempo y el mío. Continua: Él es la lámpara de cristales que alguien encendió, la luz y la sombra de los cristales de esa lámpara, la casa abandonada, la casa sucia, la casa limpia, el día en que llovió y el agua inundó nuestras piernas. No volver a encontrar, ni hablar, ni a ver. Hacer de cuenta que el otro está como muerto, que no comparte el sol que ahora mismo sale detrás de mí. Ahora yo le doy la espalda. “No murió todavía”, pero eso de qué sirve, de qué ayuda. “Me hizo sentir bien”, claro. Pero yo no quiero resucitar a un muerto.

1 Para mayor referencia acerca de la frase, puede verse: <https://www.facebook.com/LaGenteAndaDiciendo&gt;


Amaranta Castro

Estudió Estética y Filosofía del Arte (BUAP). Dirigió círculos de
lectura en las áreas juvenil e infantil (BUAP). Participó en la creación del proyecto para la difusión de lectura y las artes: Convivencia en Letras (BUAP, 2015). Cursó el diplomado en Creación literaria en la Escuela de Escritores SOGEM. Ganadora en la categoría de Poesía en el 10º Festival Internacional de Escritores y Literatura, Guanajuato (2015). Ha publicado en periódicos nacionales y revistas. Fue becaria del programa de Innovación artística (IMACP, 2018) con el libro: “Voces de los árboles”. Algunas de sus poesías fueron seleccionadas en la obra de escritoras contemporáneas mexicanas, “Romper con la palabra”. Estudia Lingüística y Literatura Hispánica (BUAP).

Mentiras de verdad: Volviendo a la poesía

por Ericka Ovando

Existen tantas cosas increíbles sepultadas en los horrores, la convulsión del día a día, la temporalidad, el odio y en la actualidad la crudeza de la pandemia; que hablar o tomar tiempo para ellas, a algunos puede resultarles un quehacer sin importancia. Titubee al escribir este texto porque existían demasiadas cosas que también vale la pena explorar y decir, desde la ciencia hasta la literatura, pasando por las series numéricas, los problemas sociales y los análisis literarios. 

Selma Meerbaum-Eisinger escribió en 1939 “El aire está quieto, cargado de anhelo”. Ese anhelo que irrumpió en forma de palabra en los campos de concentración, en el paso del tiempo, en la muerte de una joven poeta a los 18 años frente a uno de los episodios más crueles de la historia. Emily Dickinson, quien probablemente entienda mejor que nosotros lo que es no salir de casa confesó “Para fugarnos de la tierra un libro es el mejor bajel”, esa vía de escape siempre segura para todas y todos. Ambas poetas, se presentan solas por la calidad de su trabajo literario; al igual que Amparo Dávila, Virginia Woolf, Juana Meléndez, Chantal Maillard, Anne Carson, y muchas otras escritoras ponen de manifiesto: la poesía para explorar nuevas temáticas, presentar esa realidad escondida en un mundo donde el papel de la mujer se ha constituido secundario, a pesar de ser fundamental por sí mismo, tal como las aportaciones literarias, y científicas dejan de manifiesto.  

Me resulta contrastante que la lectura, la cual nos obsequia la oportunidad de escapar a través del papel como ya se ha mencionado; no sea valorada en México. Sí, México donde el promedio de lectura es de apenas 3.4 libros al año; donde en plena pandemia, el promedio de desapariciones reportadas por día es de 13 personas y nos encontramos con 10 feminicidios diarios, México donde ninguna causa social es lo suficientemente valiosa para unificarnos. 

Aunque la taza de lectura, los índices de desapariciones y feminicidios son eventos que no guardan una relación directa, son un referente; contrasta el silencio con el ruido, la memoria y el olvido. La sociedad permanece anestesiada, no indiferente, pero sí estática, en silencio como quien ha perdido poco a poco sensibilidad en su piel y ya no siente la quemadura expuesta. 

Selma Meerbaum-Eisinger y Emily Dickinson se opusieron al silencio que se esperaba de su propia existencia, construyeron en su obra la escritura que representa la rebelión a un mundo que silencia a las mujeres; y de esta forma a través de la poesía dejaron evidencia de ellas mismas. Con la misma fuerza que hoy más que nunca las mujeres se escuchan, hemos decidido gritar por nosotras. 

Es así como la poesía nos salva, es decir el arte nos salva, nos obliga a recuperar esa sensibilidad perdida, exige construir la memoria colectiva y cuestionar la memoria personal. Y a pesar de que es evidente que existen temas que se tratan como prioridad y  tal como dijo Juan Gelman “el mundo esta con el asunto de la crisis mundial y con el asunto de comer cada día” entendemos que cuando lo más elemental nos lo permite nos acordamos de prestar atención de vez en cuando a esos quehaceres sin importancia para recuperar un poco la sensibilidad en nuestro cuerpo y poder escuchar al de al lado , y poder sentir esa quemadura expuesta que compartimos, y aunque duela, entonces poder buscar algún medio para sanarla. Contrarrestar esa anestesia que solo nos permite seguir adelante sin percibir la realidad que nos rodea.




Ericka Deyanira Ovando

Ericka D. Ovando Becerril (Ciudad de México, 1996) actualmente tiene 24 años, es ingeniera biomédica y lic. en Lengua y literatura. En 2015 resultó ganadora en el concurso Master Peace México en la categoría de cuento; asimismo, ha formado parte de diversos talleres de creación y crítica poética, además de cursar dos diplomados en Creación literaria por el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Coordinación Nacional de Literatura.

Una voz inquieta | #LaIlustraciónSePaga

Por Abril Rosas

Hace unos días la Secretaría de Educación Pública (SEP) a través de La Comisión
Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG), lanzó una convocatoria
dirigida a artistas y creativos para formar parte de las nuevas portadas para libros de texto de educación primaria. En esta, se pretende invitar a creadores de arte a enviar piezas propias que promuevan la educación y los valores que niñas y niños mexicanos deben ejercer en pro del respeto a los derechos humanos y una vida saludable.

Sin embargo, la convocatoria rápidamente se volvió objeto de crítica y campañas en
contra por parte de los mismos artistas a los que se dirigió, pues en el apartado
correspondiente al reconocimiento especial que los creadores recibirán tras ser
seleccionados, se suscita como premio un diploma y el ejemplar de un libro. Es
decir, se omite por completo una remuneración económica a los autores de las
obras.

En compañía de los artistas indignados por la descalificación de su trabajo, se
unieron medios de comunicación, quienes no tardaron en exhibir la opinión del
público a través de redes sociales. Grosso modo, rápidamente acrecentó el
descontento por la propuesta de la SEP, así como una serie de disputas sobre si el
contenido y materiales gráficos expuestos deberían ser remunerados o no.

Ahora, es prudente cuestionar, ¿cuál es la reacción más común cuando llega a
nosotros la noticia de que algún conocido o cercano decide dedicarse al arte? En
general, y a excepción de casos específicos cuyo análisis remitiría a una posición
económica superior al promedio, se obtendrá una negativa a la idea, bajo premisas
que garantizan que no es posible “vivir del arte”. Sin embargo, ¿cómo se le puede
dar la oportunidad a los artistas a solventar sus gastos si los mismos mecanismos
promovidos por el estado reducen su arte a mano de obra gratuita?

Irónicamente, es obligación del estado asegurarse que todo aquel que se dedique al
arte cuente con las condiciones y medios para hacerlo, es decir, debe promover su labor como un trabajo digno. Esta responsabilidad se corresponde con los derechos
culturales que todos los mexicanos tenemos garantizados en el artículo 4to
constitucional, y que a su vez, refieren a acuerdos internacionales en materia de
cultura. De esta manera, la iniciativa del CONALITEG no sólo demerita el trabajo de artistas, sino que atenta contra una de las obligaciones públicas, que a su vez conforman un derecho.

Desde otra perspectiva, muy probablemente habrán opiniones que consideren
exacerbadas las reacciones de artistas y medios, contemplando a las creaciones
artísticas como actos para pasar el tiempo y actividades para dedicar el ocio, sin
embargo, la historia del arte evidencia que estas manifestaciones constituyen una
parte primordial en el desarrollo e identidad de las sociedades y culturas a lo largo
del tiempo. De tal manera, que es imposible concebir al renacimiento sin la
intervención de Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci o Rafael Sanzio.

Entonces es innegable el valor del arte en la sociedad, en su desarrollo y su cultura.
Y si esto es así, ¿por qué el trabajo de artistas no debería ser remunerado? Sobre
todo si las obras serán distribuidas en material impreso a millones de pobladores en el país. El diseño e ilustración editorial son campos de trabajo que para estas casas de producción implican la generación de empleos, y para los artistas, una
oportunidad digna de monetizar su trabajo. De no ser así, se está reduciendo un
campo laboral que ya sufre una infravaloración a causa de prejuicios sociales.

Y, a propósito de esta infravaloración es necesario desmentir su origen, que tiende a
argumentar que el arte no tiene un fin útil, sobre todo si se compara con labores y
prácticas propias de las ciencias exactas. Así, se debe remitir a lo que
organizaciones expertas en salud apuntan sobre el arte, la expresión de emociones
y la salud mental.

Organismos nacionales e internacionales de carácter público y privado respaldan al
arte como un medio que incentiva la expresión emocional del individuo, además de
mejorar procesos cognitivos y ayudar a asimilar situaciones complejas. Para no ir
muy lejos, el shock emocional que generó la pandemia se vio reflejado en una alza
de suicidios de mujeres jóvenes en Japón. Esto de acuerdo a información proporcionada por la BBC en su artículo: “Coronavirus: el inquietante aumento de
los suicidios entre las mujeres en Japón durante la pandemia”, publicado el 23 de
febrero de 2021.

Con esto no se pretende expresar que el arte es un antídoto para la alza de
suicidios y otras afecciones relacionadas con la depresión, no obstante, sí es
intención de estas líneas destacar que el arte, en compañía de otros hábitos
saludables forman parte del desarrollo psicoemocional de un individuo, y que su
importancia es por mucho digna de destacar como una herramienta de apoyo
emocional. Y por tanto, se debe frenar el estigma del arte poco útil.

En este sentido, resulta absurdo suponer que una creación artística, con su valor
personal, social, histórico y cultural no deba ser remunerada. Incluso cuando
promete brindar de experiencia laboral a su artista, pues es este actor quien crea
para ser remunerado, sobre todo en un acto de creación tan grande como es ser
autor de libros de textos para los niños de todo un país.

Es hasta irónico considerar que una labor de tal magnitud sea “un regalo”, pues el
artista trabaja arduamente para que en una oportunidad de tal dimensión se le
pague de manera justa y pueda seguir creando con la posibilidad, de que en un baja económica (pues el artista es muchas veces freelancer) cuente con una reserva
monetaria.

Es por estos motivos, que la propuesta de la SEP resulta no sólo ofensiva para los
artistas y creadores mexicanos. En un ideal, debería indignar a todo poblador del
país que crea en la libre expresión; en el desarrollo y expresión cultural, emocional y financiero. Pues al final del día, un artista mexicano es un poblador más que con el sudor de su frente lucha por salir adelante.

Links de referencia y consulta:

https://www.conaliteg.sep.gob.mx/CREADORES.pdf
https://www.bbc.com/mundo/noticias-56112465

http://www.diputados.gob.mx/servicios/datorele/cmprtvs/iniciativas/Inic/136/2.htm#:~:
text=Art%C3%ADculo%204.&text=La%20Ley%20proteger%C3%A1%20y%20promo
ver%C3%A1,a%20la%20jurisdicci%C3%B3n%20del%20Estado.


Soy Abril Rosas, amante del arte y comunicóloga. Escribo como ejercicio de pensamiento y sentimiento; por una parte la demanda de razón que suscita la cotidianidad; y por otra, las emociones que para mis adentros se acentúan.

He escrito poesía, cuentos y relatos para Prosvet, Poetazos y para Líderes Ciudadanos en su certamen nacional: Historias Ciudadanas. También, para esta misma asociación recibí el premio a mejor cortometraje animado en 2020, donde fungí como ilustradora, guionista, productora y voz de doblaje.

Actualmente trabajo como ilustradora digital y me he desempeñado como periodista digital, guionista y productora para empresas privadas en mi natal Oaxaca de Juárez.


Zorro-cómic No. 1

Por Julia Ivalú

Julia: mujer de raíces fuertes. Ivalú: la primera mujer del mundo para los nómadas esquimales. Julia Ivalú: la primera mujer nómada de raíces fuertes. Calculadoramente impulsiva; nunca aprendió a cortarse las alas. Escritora, poeta y artista audiovisual mexicana feminista. Lic. en Animación y Arte Digital por parte del Tec de Monterrey. Cuenta con el diplomado en Danza Terapéutica Humanística y otro en Antropología del Arte, así como con diversos cursos de Escritura Literaria en Literaria Centro Mexicano de Escritores. Su cuento «La caída de un mago» fue seleccionado para su lectura en el auditorio del Museo Soumaya (2015). Su relato corto «So(m)bras» está incluido en el volumen Vita Contemplativa: Los invisibles, coordinado por el Mtro. José Manuel Suárez Noriega (2017). Su obra «Se acerca un zopilote» forma parte de la antología Teatro Mínimo, colección de la afamada dramaturga mexicana Gabriela Ynclán (2019). Su publicación más reciente «Gatonejos», se encuentra en el poemario Cuerpo o inferno, compilado por la poeta oaxaqueña Yendi Ramos (2020).

IG: @julia_ivalu
FB: Julia Ivalú – Escritora
Página web: bit.do/julia-ivalu


La miscelánea: De Girlmore Girls, El principito y mis primeros libros

Por: Fernanda Loe

Siempre es bueno recordar nuestros inicios, sobre todo los inicios de lo que más disfrutamos. La verdad no recuerdo bien a quien escuché esta anécdota, pero definitivamente conservo la historia porque me pareció rara en su momento. Resulta que la persona contaba que, de niño, sus papás lo llevaron a una librería y le dijeron que podía escoger dos libros, los que quisiera, y ellos se los comprarían con el fin de incentivarlo a leer. El niño en cuestión escogió la Ilíada y la Odisea. Ya eso de entrada me sorprendió mucho, porque no eran las versiones infantiles o los resúmenes, pero lo que me parecía más curioso era que sus papás lo llevaran a escoger libros y lo dejaran comprar lo que quisiera. 

Algo similar me ocurría cuando escuchaba las historias de mis compañeros de carrera sobre cómo habían incursionado en el mundo de los libros. Uno había empezado leyendo todos los libros de Verne, otro se había dedicado a seleccionar de la biblioteca familiar aquellos que eran de terror, encontrándose de frente con los cuentos de Poe. Otro más creció siendo fan de Sherlock Holmes y por lo tanto coleccionando todos sus libros. No faltaba el que tuvo un espíritu sensible desde la infancia, prefiriendo leer poemarios de Paz, Borges o Neruda para tener qué dedicarle a la que le gustaba en la primaria. Yo en esas clases mejor ni opinaba.

Mi casa no tenía biblioteca, ni refiriéndome al espacio físico ni a la colección de libros. Sin embargo, tenía a disposición un montoncito de libros que generalmente se guardaban debajo de la televisión y que habían llegado ahí por azares del destino. Entre ellos se encontraba Francesco: una vida entre el cielo y la tierra que recuerdo muy bien porque yo creía que era de magia o de amor ya que en la portada salía la cara de un hombre que parecía modelo italiano. Spoiler alert: no es de magina ni de amor, bueno no de amor romántico. 

También tenía a disposición los libros de mi mamá, que la verdad formaban una colección de buen tamaño, pero de los que no me dejaba leer más que algunos porque no eran adecuados para mi edad. Por eso crecí creyendo que Paulo Coelho escribía novelas o eróticas o de terror y muerte. Verónica decide morir, La bruja de Portobello, El demonio y la señorita Prym, La quinta montaña, etc. siempre me sonaban a algo de adultos, excepto el de A orillas del rio piedra, me senté y lloré que pensaba que eran poemas. Fue hasta la secundaria que me di cuenta de que Coelho no era escritor de terror ni de erotismo. Y en la universidad me hicieron entender que Paulo sin duda, no era el más citado entre intelectuales, ni para anécdotas. Me lo decían tarde, yo ya había leído casi todo lo que publicó antes del 2010.

Sin embargo, mi mamá sí quería tener una hija lectora, e hizo todo lo que creyó prudente para llevarme por el camino de los libros. Me leía muchos cuentos y recuerdo que cuando íbamos en vísperas de Navidad a comprar las cosas de la cena junto con mis abuelitos y mi hermana, me compraba un libro que considerara bonito y adecuado de entre la oferta que ofrecía la sección de libros de la Comercial Mexicana. Casi siempre eran libros de cuentos con ilustraciones bonitas. También una vez en mi cumpleaños me regaló un libro de fantasía que se veía hasta imponente por la portada de pasta dura. Lo malo es que era el libro número 3 de una colección de 10. De todos modos, lo leí. 

Entre esos libros que me compraba, un día llegó a mis manos El principito. No sabía de que se trataba y después de que lo leí, seguía sin entender para qué contaban esa historia. Se me hizo lindo lo de cuidar a la rosa, agarrar al zorro de mascota y los dibujitos de la boa, pero fuera de eso no entendí mucho. Sin embargo, fingí que estaba padrísimo con tal de que me siguieran comprando libros. Y así seguí, creciendo y leyendo lo que fuera al mismo tiempo que veía películas de gente que crece y lee, como Matilda, que sigue siendo de mis películas favoritas. Siempre soñé con tener un carrito y llenarlo de libros mientras lo arrastraba por mi colonia. 

Después inicié con diferentes proyectos de lectura, también incentivada por otras películas. Por Matilda en la primaria decidí ser la encargada de la biblioteca. Me dieron el puesto sin muchas dificultades porque nadie lo quería ya que implicaba no salir al recreo dos días de la semana. Eso fue un éxito. Leí muchos libros durante esos dos años, aunque la mayoría de tipo enciclopédico (de esos que explican todo acerca de las gallinas o desglosan los tipos de dinosaurios), no tanto Moby Dick. Todo esto sin dejar de lado lo que nos dejaban en la escuela, como el tan entrañable Paco, el chato.   

Luego, ya en mi adolescencia, se me ocurrió hacer lo que hace la protagonista, Mandy Moore, de Un amor para recordar. Tiene una lista de clásicos de cada país y los va leyendo en orden hasta terminar cada lista. Muy pronto se volvió insostenible para mí. Yo no sabía si las listas eran inventadas o las tenía que hacer yo a mis consideraciones y además muchos de esos libros estaban muy caros para una niña con el dinero equivalente a una bolsa de chetos y un frutsi a la semana, por ser clásicos además de traducciones. 

Fue en esos momentos cuando llegó a mi vida una maravilla que hasta hoy me hace querer levantarme por las mañanas. Esa maravilla se llama Girlmore Girls. Es una serie que cuenta la vida de una chica llamada Lorelai y su hija que, también se llama Lorelai (aunque le dicen Rory para no confundirse), en un pueblo pintoresco y bonito llamado Stars Hollow.  De ahí supe que quería ser como Rory, leer mucho y, sobre todo, tener muchos libros. Además, quería ir a Harvard y que mi mamá fuera mi amiga, pero eso es para otra plática. 

Un poco después, durante la secundaria, el día más esperado por mí era el de la feria de Sant Jordi donde llevaban a la escuela puestos de diferentes librerías. Juntaba dinero todo el año para ese día traerme varios libros. Pagarlos también me hizo valorarlos como objetos. Fue justamente un día de esos cuando compre Persona normal de Benito Taibo, que llegó a mis manos en el momento adecuado para pegarme con Kola Loka al mundo de la lectura durante los difíciles años de la pubertad. 

Los inicios, sean como sean, son importantes para empujarnos a la lectura. Mucho de todo lo que he mencionado sigue en mis gustos y en mi personalidad. Por eso nunca negaré a Paulo Coelho, al Principito, a Matilda, a Benito Taibo ni mucho menos a Rory Girlmore junto con otras cosas que la Fernanda niña veía como ejemplo a seguir mientras deseaba con muchas ganas tener una biblioteca enorme y leer todos lo días de su vida. Esa niña sigo siendo yo, aunque con un poquito más de dinero para comprar libros. 


Fernanda Loé Gómez

Recién egresada de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM. Formó parte del comité organizador del quinto ENELLHI, donde, entre otras cosas, colaboró en el diseño y edición de la Antología Conmemorativa, además de ser fotógrafa de ediciones anteriores del evento. También participó como colaboradora del blog Aproximación a la literatura en lenguas indígenas mexicanas. Experta en datos curiosos de poca o nula utilidad. Es fanática del cine, de las series, de la música y, en general, de la cultura pop. Fotógrafa amateur y, sobre todo, amante de los libros


Anónima era mujer | Las anónimas, las desheredadas: Breve mapeo de artistas visuales y escritoras ocultas

Por Daniela Zizumbo Tovar 

Es un delito ser mujer y tener talento

María Izquierdo

Giovanni Bocaccio se equivocó cuando afirmó que el arte era algo ajeno a las mujeres, pues su sentencia misógina concluía con la “certeza” de que las mujeres no tenían talento para ser las creadoras. Bocaccio se equivocó, pero hemos tardado siglos en darnos cuenta de ello. 

A lo largo de la historia del arte, han existido artistas femeninas que fácilmente se podrían ubicar a la par de los artistas masculinos, incluso han existido artistas de mayor talento en las diferentes disciplinas de las Bellas Artes, pero la Historia las ha dejado de lado, ocultas  bajo el papel de musas, o en el caso de ponerlas como creadoras, las ha ocultado bajo la máscara del anonimato; como bien lo dijo Virginia Woolf: Me atrevería a aventurar que Anónimo, que tantas obras ha escrito sin firmar, era a menudo una mujer.

Es una constante histórica que las mujeres se refugien bajo el nombre de Anónimo o bajo otro nombre ambiguo que pueda detonar la presencia masculina para firmar sus obras, esto debido a una negativa histórica hacia las mujeres, que eran relegadas a papeles de madres y esposas, con actividades que distaban mucho de fomentarles la creación artística de manera profesional, lo cierto es que las mujeres con el privilegio de acceder a la educación artística no tenían la oportunidad de crecer en ese ámbito, ni siquiera podían firmar bajo un nombre propio sus obras sin ser condenadas a un destino incierto por su talento. Y este no es un caso particular del Arte, esto tiene que ver con otras áreas sociales y científicas donde las mujeres han tenido que apagar su brillo porque el ambiente no les permite explotar su magnificencia. 

El anonimato le daba a las creadoras una forma de seguridad para que su trabajo no fuera prejuzgado y sus ideas fueran difundidas de manera más libre, así es como llegamos a encontrarnos con mujeres de gran talento que firmaban bajo nombres masculinos, o que simplemente no firmaban sus obras. La Historia del Arte se ha construido de manera androcéntrica, excluyendo, y en muchos casos borrando definitivamente, el nombre de las mujeres que han sido pioneras de muchas corrientes artísticas, movimientos y vanguardias. Desde Safo hasta J.K Rowling, las mujeres por siglos han sido ocultadas, excluidas, sus ideas han sido usurpadas y ellas han sido desheredadas por el simple hecho de rebelarse contra el destino de ser musas y atreverse a ser las creadoras. 

Si nos proponemos mapear a algunas de las mujeres brillantes ocultas del arte, esas que no aparecen en los libros de Historia, podríamos comenzar en el siglo X, por la península ibérica donde vivió una monja que se dedicó a ser iluminadora de manuscritos, sus obras fueron firmadas con en nombre de Ende pintrix et Dei aiutrix (Ende, pintora y sierva de Dios); hoy la conocemos vagamente como la primera pintora registrada en España y Europa, aunque sus obras en su momento no fueron de tanta relevancia y su nombre quedó sepultado en el olvido. Tenemos el caso de otra monja que destacó en diversas áreas artísticas, que iban desde la composición musical hasta la pintura, su nombre era Hildegarda de Bingen, mujer extraordinaria que al día de hoy apenas logra el reconocimiento, luego de siglos de silencio. En Italia, como parte del barroco, Artemisa Gentileschi destacó por sus extraordinarias pinturas y llegó a ser reconocida en vida por su talento, aunque su historia estuvo llena de tormentos y humillaciones derivadas de un abuso sexual por parte de su mentor Agustino Tassi.  

La magnífica escultora Camille Claudel fue reducida a ser la amante y musa de Auguste Rodin, quien en varias ocasiones robaba las piezas esculpidas por ella y las presentaba como propias, opacando el talento de Camille. Algo similar ocurrió con la fotógrafa alemana Gerda Taro, quien ocupó el nombre de Robert Capa, y que no es reconocida al mismo nivel que su pareja sentimental Endre Ernö Friedmann, con quien compartía su seudónimo; juntos se encargaron de recorrer España fotografiando la Guerra Civil, luego de la muerte de ella en 1937, Friedmann se queda exclusivamente con el seudónimo y en la actualidad en los museos donde se encuentran exhibidas las fotografías de ambos sólo figura el nombre de él.  Otro caso de apropiación de obra sucedió con la artista Margaret Keane que fue testigo de cómo su esposo presentaba sus pinturas bajo su nombre y se llevaba el reconocimiento, mientras ella pintaba en las sombras del anonimato. 

Helma af Klint fue la pionera del arte abstracto, pintando mucho antes que Kadinsky, aunque no fue reconocida por ello hasta muchos años posteriores a su muerte. Carmen Mondragón, a quien comúnmente conocemos como  Nahui Ollin, no tiene el mismo reconocimiento como artista que su pareja Dr. Alt, ella se quedó en el plano de musa y modelo, sin ser contemplada como lo que fue, una gran pintora y escritora. Alma Reville sacrificó su carrera en el cine para que Alfred Hitchock, su esposo, lograra el éxito mientras ella estaba en las sombras como la asistente de dirección, escribiendo guiones junto con él y dando su visto bueno para tomas de las icónicas películas de Hitchcock, sin llevarse el reconocimiento merecido.

En la literatura tenemos muchos ejemplos de mujeres brillantes que tuvieron que ocultar sus nombres, ya sea bajo un “Anónimo” o en seudonimo,  como es el ejemplo de la autora de la primera novela moderna de la historia que, contrario a lo que se piensa, no fue escrita por un hombre, sino por una mujer japonesa llamada Murasaki Shikibu (aunque no sé sabe aún si este era su verdadero nombre) quien escribió Genji Monogatari, también traducido como La historia de Genji, considerado hoy como un clásico de la literatura japonesa. 

En Inglaterra durante el siglo XVIII tres mujeres se dedicaban a escribir bajo los seudónimos de Currer, Ellis y Acton Bell, detrás de esos nombres estaba la trinidad de las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne, autoras de Jane Eyre, Crumbres borrascosas y Agnes Grey, libros que son referentes actuales en la literatura universal. Ni Jane Austen se salvó de las sombras, en vida ella no firmó ningún libro y en sus publicaciones sólo se mencionaba que pertenecían a la autora de la novela anteriormente publicada. Mary Ann Evans escribió obras que son consideradas como lo mejor de la literatura inglesa y tuvo que ocultar su nombre bajo el seudónimo de George Eliot para evitar que su trabajo fuera desdeñado y prejuzgado por el hecho proceder de la pluma de una mujer. 

En España, la escritora Concepción Arenal tuvo que disfrazarse de hombre para poder asistir a la universidad; como colaboradora en el periodico La Iberia nunca firmó ninguno de sus artículos, para que no se supiera que era mujer, tiempo después fue despedida del periodioco por una ley que exigía la firma obligatoria en artículos con temática religiosa, política y filosófica. Del mismo modo, también en España, Matilde Cherner se ocultaría bajo el nombre de Rafael Luna para ejercer la escritura periodística y novelística donde hacía fuertes críticas sociales a temas tabú como la prostitución. 

La polémica francesa Aurore Dupin, de familia de clase alta que tanto revuelo había causando por su manera de vestir y por sus aventuras amorosas (cosa prohibida para las señoritas de la época), firmó sus obras bajo el nombre de George Sand, teniendo una prolífica carrera como escritora oculta donde destacan libros imperdibles como Un invierno en Mallorca. 

En todo el mundo se habla de la grandeza del escritor F. Scott Fitzgerald, pero poco se ha mencionado como novelista a Zelda Fitzgerald, su compañera de vida; Ella era más ágil y rápida a la hora de escribir, terminando libros completos en pocas semanas, siendo que él tardaba meses en terminar sus obras, se sospecha que Scott Fitzgerald ocupó fragmentos del diario íntimo de Zelda para sus novelas, además de negarle los créditos en obras que habían escrito juntos. En México sucedería algo similar con el matrimonio Garro-Paz, el talento de Elena Garro rebasaría el de Paz, de modo que él se sintió opacado y terminó por eliminar parte de las obras escritas por ella, además de que a su separación, Paz se encargaría de cerrarle las puertas del mundo editorial en México para que le fuera difícil seguir publicando… 

Podríamos continuar mencionando ejemplos, pero las páginas en blanco no nos alcanzan para nombrar a todas las aristas ocultas de la Historia. Cuando creemos que estas cosas ya no ocurren en el arte, llegan a nuestros oídos nuevos casos de artistas de siglos pasados que hoy se descubre que en realidad eran mujeres, o nos enteramos de que las editoriales aún se niegan a revisar manuscritos de autoras femeninas. Casi todos los días, nos enteramos de una nueva usurpación de obras, despidos injustificados para las mujeres en talleres artísticos, como fue el caso de la pintora japonesa Fumiko Negishi, quien hace unos años demandó al pintor Antonio de Felipe por despedirla de su taller, además ella asegura que el pintor le robó más de 200 obras de su autoría, que a lo largo de los años fueron vendidas bajo el nombre de él, sin darle crédito a ella. 

Aún nos encontramos con espacios, como museos, aun segregados donde las artistas ocupan apenas un 10% de participación total. En nuestro mapeo de mujeres brillantes, se pierden nombres que jamás tendrán el reconocimiento, ya sea por la destrucción de sus obras, la usurpación o el anonimato al que fueron condenadas. 

Por hoy, finalizamos el mapeo con nosotras, en dos papeles principales: como admiradoras y como creadoras; nuestro papel como admiradoras del arte es el de rescatarlas, comentarlas, difundirlas, reivindicarlas y regresarles lo que les fue robado a nuestras artistas. Mientras como creadoras nuestro papel es seguir demostrando que Bocaccio estaba equivocado, que el espíritu creador anida en lo más profundo de nosotras; nos toca salir a escribir, pintar, fotografiar, componer, lo que por siglos no nos fue permitido, lo que por siglos nos fue negado, para que algún día deje de ser delito ser mujer y tener talento. 

Fotografía de Daniela Zizumbo

Daniela Zizumbo Tovar. 

Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la UAEMex. Ha colaborado con artículos y crónicas en medios digitales a nivel nacional e internacional. También, ha participado en coloquios y congresos con ponencias sobre feminismo y arte, además se ha presentado en eventos en el Estado de México con lectura de creación propia. Además de las letras, tiene interés en las artes visuales, por lo que se encuentra en preparación en esa línea artística. Apasionada de la fotografía, ha publicado fotos en fanzines internacionales con la temática de las mujeres en relación a los movimientos sociales y el punk. 


Flores encendidas: columna de poesía y un poco más

Por:  Carmen Asceneth Castañeda

Llegué sin piernas y sin lengua

a esta tierra que arde en medio.

Aurora y Ocaso prendieron a la misma hora

fuego dentro de mi pecho

y piedras en mi pensamiento.

Sombras blancas me dan de beber lava

maceran mi tierra

me siembran agujas.

Atravieso la estación sin aire

dónde ondean flores encendidas.

«Dolor», café y gises pastel sobre papel fabriano, de Carmen Asceneth

Ciudad de México (1969). Maestra en Psicoterapia y pasante de arte dramático, con formación en Creación Literaria. Escribí dos poemarios. He publicado en diarios de circulación local y en diversas revistas electrónicas. Conductora del programa “Creativarte” de arte y psicoanálisis. Jurado en 2014 del Certamen “Palabra en el Viento” de poesía. Primer lugar del certamen de Poesía “Palabra en el Viento” en 2012  y 2013. Primer lugar de cuento en el mismo certamen en 2018. Primer Lugar del concurso Nacional de Cuento Convocado por el INEGI en 1995, segundo lugar en 2001  y mención honorífica  en 1995.


Mujeres de ojos grandes: En el tiempo de las mariposas

Por Fabiola Bautista

“La escritura y reescritura de la historia estuvo, y en gran parte sigue estando, mayormente a cargo de la pluma de los hombres” reconoce con inquietud la académica argentina María Cristina Pons en su obra Memorias del olvido: “siempre queda abierto el gran interrogante de por qué uno de los agentes sociales más importantes en la construcción de la historia, la mujer, es casi invisible” (1996, p. 13).

¿Qué imperantes voces femeninas yacen bajo el escombro del silencio? Sus nombres fueron Dedé, Patria, Teresa y Minerva Mirabal, cuyo activismo político se convirtió en un símbolo de esperanza y resistencia para el pueblo dominicano. A más de 60 años de su asesinato, el eco de su lucha resuena en voz de la escritora Julia Álvarez mediante la novela En el tiempo de las mariposas.

Publicada en 1994, esta obra explora —a través de la mirada de las hermanas Mirabal— la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, quien fuera conocido como “El Jefe” y en cuyas manos destila la sangre de aproximadamente 50 mil asesinados durante las tres décadas que comprendieron su régimen; desde 1930 hasta 1961.

Consciente de la tiranía y crímenes que marcaron a la nación dominicana, Álvarez resguardó en las memorias de su infancia el exilio al lado de su familia a la ciudad de Nueva York, sitio donde —cuatro meses más tarde— escucharía la historia de Patria, Teresa y Minerva. Los recuerdos pueriles por siempre trastocados ante la imagen de tres cuerpos destrozados aparecidos al borde de un barranco:

Cuando, de niña, me enteré de ese ‘accidente’ las Mirabal se me grabaron en la mente […] busqué toda la información que pude conseguir acerca de estas valientes y hermosas hermanas que hicieron lo que pocos hombres —y sólo un puñado de mujeres— estuvieron dispuestos a hacer. (Álvarez, 1995, p. 168)

“¿De dónde provenía ese coraje especial?” (1995, p. 168) reflexiona la autora en una nota al final de la obra. Es aquel cuestionamiento, producto de los frecuentes viajes a República Dominicana durante su niñez, el detonante que la conduce a escribir En el tiempo de las mariposas y con ello dar a conocer al mundo la lucha de las hermanas Mirabal, salvaguardando ésta al paso del tiempo y el olvido:

Es mi deseo y esperanza que mediante esta historia ficcionalizada pueda hacer que se conozcan las famosas hermanas Mirabal. […] Como es obvio, estas hermanas, que lucharon contra un tirano, son un modelo de la mujer que lucha contra toda clase de injusticias. (Álvarez, 1995, p.169)

A través de una narrativa sensible y llena de imágenes sobre la tiranía y la revolución en medio de lo cotidiano, la autora reconstruye las memorias de Patria, Dedé, Teresa y Minerva desde su juventud hasta el día que son asesinadas. De manera que —como lectores— además de adentrarnos en los conflictos políticos e históricos de la época en voz de las Mirabal, nos volvemos confidentes de sus pensamientos más íntimos: sus deseos, miedos, sueños y esperanzas

He estado preocupada por Minerva […] Resulta que ella y Elsa y Lourdes y Sinita han estado yendo a unas reuniones secretas en la casa de Don Horacio. Don Horacio es el abuelo de Elsa, que anda en problemas con la policía porque no hace las cosas como debería, como colgar el retrato de nuestro presidente en su casa. […] Le pregunté a Minerva por qué hacía algo tan peligroso. Y ella me dijo algo extrañísimo. Quiere que yo crezca en un país libre. (Álvarez, 1995, p. 23) 

Así, con cada pasar de página, anhelamos junto con las Mariposas el triunfo de la libertad sobre la tiranía pues, ahora —más que nunca— somos conscientes de las hermanas que dieron su vida por ello. Ahí, bajo el anonimato, yacen las historias que merecen ser contadas; las de los hombres y mujeres que no sólo pusieron rostro a la tragedia, sino también a la revolución.

«Una novela intenta involucrar al lector en la situación, humanizarla, generar compasión para que cuando abordemos este tipo de problemas, con nuestra política y nuestras creencias, lleguemos a ellos con corazones comprometidos en mentes que han entendido». Julia Álvarez, en una entrevista por Ivonne Malaver para el diario español La Vanguardia, 2020. 

Conforme llegamos al fin de la narración, el nudo en la garganta es inevitable y, como lectoras, nos gustaría reescribir otro final para aquel fatídico día de 1960 donde las Mariposas fueron asesinadas por órdenes de Trujillo. En voz de la hermana sobreviviente, el epílogo recapitula lo que ocurrió en las semanas por venir, la historia que recorrería Latinoamérica y por la que hoy conmemoramos el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. 

Todos querían darme algo de esos últimos momentos. Cada visitante me destrozaba el corazón, pero yo permanecía sentada en el sillón hamaca y los escuchaba. Era lo menos que podía hacer, ya que era la única hermana sobreviviente. Y mientras hablaban, yo iba componiendo en mi cabeza los hechos de esa última tarde. (Álvarez, 1995, p. 157)

Es Dedé quien, años más tarde, abriría las puertas de su hogar a Julia Álvarez, quien se propuso no mitificar a las hermanas Mirabal, pues sabía que un discurso que envuelve al individuo en hazañas de grandeza es un arma de doble filo, lo vuelve inalcanzable e incluso invencible. Fue esa misma deificación la que permitió que Trujillo continuara con su tiranía por más de treinta años. 

En su lugar, presenta el lado humano de la dictadura, el de los hombres y las mujeres “comunes y corrientes”. De esta manera, nos hallamos ante cuatro hermanas que rieron, amaron, lloraron y sufrieron en medio de la oscuridad; mujeres reales con vidas eternamente trastocadas por la dictadura y a quien hoy debemos tanto. 

En el tiempo de las mariposas no es una narración sobre las grandes proezas, sino sobre lo cotidiano. Ante una Latinoamérica donde las cicatrices de la violencia, la crueldad y la injusticia son aún palpables, obras como la de Julia Álvarez se constituyen como un eco de la sensibilidad humana. Es ahí donde nacen la esperanza y la revolución, donde es posible luchar por un cambio, es ahí donde yacen eternamente las Mariposas. 

Una novela, después de todo, no es un documento histórico, sino una manera de viajar por el corazón humano.

¡Vivan las Mariposas!

-Julia Álvarez


1. Extractos del “Querido Librito” de María Teresa, diario en el cual narró los días que acompañaron su infancia entre 1945 y 1046.

Referencias bibliográficas

Álvarez, J. (1995). En el tiempo de las mariposas. Buenos Aires: Editorial Atlántida.

Malaver, I. (7 de octubre de 2020). “Julia Álvarez dice que las novelas cambian mentes y corazones”. La Vanguardia. https://www.lavanguardia.com/vida/20201007/483915266046/julia-alvarez-dice-que-las-novelas-cambian-mentes-y-corazones.htmlPons, M. C. (1996). Memorias del olvido, la novela histórica a fines del siglo XX. México: Siglo XXI.


Fabi Bautista González (Veracruz, Méx.)

Poeta y traductora. Pasante de Lingüística y Literatura Hispánica en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Su obra fue incluida en la antología internacional 100 mujeres poetas (2019) por parte de Nueve Editores. Ha publicado traducciones de feminismo y literatura femenina en la revista Círculo de Poesía. Actualmente escribe la columna “Meditación en el umbral”, espacio de análisis fílmico y literario desde la perspectiva de género para Tríada Primate, plataforma digital de poesía y humanidades.


Isla errante: Nostalgia de bibliotecas

 Falsa reseña de “La biblioteca universal” de Kurd Lasswitz

Por Nitz Lerasmo

I

Es bien conocido que Borges se inspiró en el relato “La biblioteca universal” de Kurd Lasswitz para escribir “La biblioteca de Babel”. El primero fue publicado por primera vez en 1904; el segundo en 1941. Leídos ambos relatos, a la lectora no le quedarán dudas de las semejanzas. Lasswitz fue un científico, filósofo y escritor alemán nacido a mediados del siglo XIX. Quizá si no fuera por Borges, este autor sería por completo desconocido en Hispanoamérica. Sin embargo, en su patria se le considera el padre de la ciencia ficción alemana.

Collage

En “La biblioteca universal” (José J. de Olañeta Editor, 2013), Kurd Lasswitz conjetura que es posible calcular con exactitud el número de volúmenes que contendría la biblioteca universal. Si mediante un procedimiento matemático realizamos todas las combinaciones posibles del total de caracteres, obtendremos “el conjunto de las obras jamás escritas en literatura así como todas las que puedan serlo en el futuro.” Esa sería la biblioteca universal de Kurd Lasswitz. En ella estarían no sólo las obras completas de todos los filósofos que han existido sino también “todas las interpretaciones en las que nadie ha pensado todavía.” Así que si pudiéramos pasear por esa afortunada biblioteca nos encontraríamos con el conjunto de todas obras habidas y por haber: en ella se conservarían “todos los discursos parlamentarios, tanto los que se han olvidado como lo que aún no se han pronunciado, el tratado universal de Paz mundial y la historia de las guerras del futuro que resulten de él.”

En la biblioteca universal de Lasswitz, como también en la de Borges, tendríamos que seleccionar libros con cautela porque ahí no sólo está todo lo que es verdadero, sino también todo lo que es falso. Incluso podríamos hallar un libro en el que “detrás de cada una de sus frases está escrito que éstas son falsas, y otro volumen en el que, detrás de estas mismas frases, se jura que todas son verdaderas.” Por eso, en esta hipotética biblioteca “los peores absurdos posibles se codearían con toda la literatura sensata posible.” 

Imaginar algo así nos produce una sensación de vértigo y de horror, como si enfrentáramos dos espejos para replicar su imagen insinuante de infinito. No obstante, la biblioteca de Lasswitz, a pesar de ser universal, no es infinita. El número de volúmenes, aunque finito, es gigantesco e impensable. Lasswitz asegura que “somos tan poco capaces de imaginar el número de años que se necesitaría para recorrer todos los volúmenes de nuestra biblioteca como de aprehender concretamente el número de volúmenes que contiene.” De tal modo que si un bibliotecario recorriera la hilera de volúmenes a la velocidad de la luz, “necesitaría dos años largos para cruzar el umbral del primer trillón de volúmenes.”

Lasswitz termina el relato con una aseveración muy al estilo decimonónico: las leyes de la matemática y de la lógica nos dan fe en la verdad. No obstante, “sólo podemos utilizarlas cuando llenamos su forma de contenidos hechos de conocimientos vivos, es decir, cuando hemos encontrado el volumen que necesitamos en la biblioteca.” Sin embargo, Lasswitz nos advierte que “no es en la biblioteca universal donde hay que buscar este volumen; debemos fabricarlo nosotros mismo, mediante un trabajo serio, obstinado y discreto.” 

II

En estos tiempos pandémicos, donde las bibliotecas permanecen cerradas porque no son actividades esenciales, la de Lasswitz me parece envidiable. En este último año, repetidas veces deseé estar en una. En toda mi vida nunca antes había pasado tanto tiempo sin ir a una biblioteca. La que más extraño es la Biblioteca Central de la UNAM. Ahí me demoré con placer en las páginas de Walter Benjamin, Emiliano González, Mircea Eliade, Giovanni Papini y demás autores. Ahí intenté aprender de manera autodidacta la gramática del sánscrito y fracasé. Ahí encontré un libro de Valeria Luiselli en cuya encuadernación estaba cosido un cabello humano, quizá perteneciente al propio encuadernador. Ahí una mañana un pajarito de pecho rojo entró por una de las ventanas y empezó a cantarles a los somnolientos estudiantes. Luego se fue volando por donde entró y se perdió a la distancia en un cielo inusualmente cobalto. 

Estos recuerdos sólo enfatizan mi nostalgia de bibliotecas. Por el momento, es imposible visitar una porque las bibliotecas públicas son lugares cerrados, casi sin ventilación. Evidentemente esto tiene el propósito de conservar los libros para que no les crezcan hongos o no los devoren ciertas plagas. Pero ahora, cuando la amenaza del SARS-CoV-2 está en todas partes, los lugares públicos sin ventilación son territorios de sospecha de contagio. 

A pesar de esto, creo que habría que pensar en las bibliotecas como un refugio. Incluso su arquitectura invita al silencio y a la quietud que se precisan para el estudio y la lectura atenta. Desafortunadamente, por ahora ni siquiera me queda el consuelo de que cuando se vuelva insoportable permanecer en casa, tenga la posibilidad de escaparme a la biblioteca, como solía hacer antes. 

También las bibliotecas podrían ser un refugio donde nos convertimos en lectoras sin pasar por el filtro del consumo. Comprar libros muchas veces resulta un lujo. Y hay que agregar el hecho de que hay libros que sólo se necesitan para hojearlos, para leer algunos capítulos, para obtener cierta información que no se encuentra (aún) en la web. Por eso aventuro una conjetura: las bibliotecas públicas son islas de resistencia al consumo individual de libros.

El verano pasado la gente se indignó porque una famosa librería quebró debido a la crisis económica ocasionada por la pandemia. A mí me cuesta mucho esfuerzo defender las librerías porque eso implicaría defender el libro como objeto mercantil. Lo que no me cuesta esfuerzo es defender las bibliotecas públicas. Este país, que tiene más librerías que bibliotecas públicas, se enajena defendiendo la compra y venta de algo que nunca debió convertirse en objeto mercantil. La gente pide que no quiebren las librerías cuando sería más sensato crear más bibliotecas públicas desbordadas de libros. 

Creo que Bradbury tenía razón. Vamos a tener que memorizar el contenido de los libros. Pero no porque en el porvenir una sociedad distópica los prohíba. Bajo el capitalismo no se prohíbe el consumo de objetos mercantiles y los libros son de hecho un objeto mercantil. Así que no se prohibirán los libros. Pero quizá en el porvenir, bajo la tiranía de los derechos de autor, no haya más bibliotecas. Tal vez se vuelva un crimen compartir libros. No parece improbable que en el futuro paguemos elevadas cuotas para acceder al conocimiento. Es decir que sólo pagando podremos leer. Eso dejaría sin libros a la gran mayoría de la población, ya de por sí precarizada. Digo que no es improbable que suceda porque de hecho pasa en el presente. Tan solo por poner un ejemplo: el último libro de Fernanda Melchor, Páradais, publicado este año por Penguin Random House, contiene la leyenda: “Queda prohibido bajo las sanciones establecidas por las leyes escanear, reproducir total o parcialmente esta obra por cualquier medio o procedimiento así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo público sin previa autorización.” Es decir que si una biblioteca comunitaria prestara ejemplares de Páradais sin la autorización de Penguin Random House, entonces podría ser sancionada. Lo cual, si llegara a suceder, sería un hecho infame.

Lo que llama la atención es que monopolios editoriales como Penguin Random House defiendan a capa y espada los derechos de autor. Esto contrasta notablemente con las pequeñas editoriales independientes que cada vez editan más libros bajo la licencia Creative Commons o incluso con copyleft, la antítesis del copyright.

Quiero creer que el miedo a que desaparezcan las bibliotecas públicas es un miedo infundado. Sin embargo, al leer opiniones como la de Tim Worstall, pienso que quizá no esté tan equivocada. En 2014, Tim Worstall, un colaborador de Forbes, escribió: “Cerremos las bibliotecas de préstamos y compremos a todos los ciudadanos una suscripción ilimitada de Amazon Kindle.” De este modo habría un ahorro significativo al presupuesto público, de acuerdo con los cálculos de Worstall, ya que comprar suscripciones de Amazon Kindle para todos los ciudadanos del Reino Unido implicaría menos gastos que seguir manteniendo las bibliotecas públicas. Opiniones así me hacen sospechar que personas como Worstall no son asistentes asiduas de bibliotecas pero sí fieles usuarias de sus smartphones.Ante tal panorama, donde las bibliotecas pasen a ser lugares legendarios y quiméricos, nos quedará una única alternativa: alentar la rebeldía, la insumisión. Por eso surgen proyectos como Pirateca. Pero si también nos prohibieran o nos limitaran el acceso a la Pirateca y plataformas similares, entonces nos orillarán a un último recurso: memorizar los libros como rezos personales para luego poder recitarlos a nuestras amigas en lugares clandestinos donde la ley no sirva más que para desobedecerla.


Nitz Lerasmo (Ciudad de México, 1994) estudió la licenciatura en filosofía en la UNAM. Forma parte de las antologías Exploraciones quiméricas Vol. I (Grupo Editorial Lectio, 2019) y Tercera Antología de Escritoras Mexicanas (El nido del fénix, 2020). Autora de la plaquette Instantáneas (Ediciones Awen, 2021).



50 sombras de morado: Mujeres dentro de la Ciencia y la Tecnología, o de cómo 100 tampones confundieron a la NASA

Por Irene González. 

¿100 tampones son suficientes?

Es probable que muchos estén familiarizados con la historia de los 100 Tampones, gracias a un video que se volvió viral a través de redes sociales. En 1983 Sally Ride se convirtió en la primera mujer Americana en llegar al espacio. Este no fue solamente un hito en su carrera, sino un avance importante para las mujeres dentro de los campos de la ciencia y la tecnología. 

Sally relató algunas de las experiencias que vivió con sus compañeros y colegas, quienes tuvieron dificultades para adaptarse a la presencia de una mujer en un área predominantemente masculina. Ingenieros de la NASA se acercaron a ella para interrogarla y solicitar su ayuda en el desarrollo de un kit de maquillaje, asumiendo que sería una de las necesidades de Ride durante su estadía en el espacio. También fue cuestionada con respecto al número de tampones que la astronauta requeriría para los seis días que duraba la misión. Le preguntaron a Sally si 100 tampones serían suficientes, a lo que ella respondió que no, aquella definitivamente no era la cantidad correcta. El público y la prensa mostraron actitudes similares al interesarse más por los cosméticos que Sally llevaría consigo que por conocer las aptitudes que demostraba en su profesión. 

La historia resurgió a raíz de la canción que la comediante estadounidense, Marcia Belsky, compuso y cantó para su show en Comedy Central y ha sido narrada por varios medios como History, National Geographic y The Washington Post.  

Mujeres en la Ciencia y la Tecnología en México. 

Cuatro décadas después, la inclusión de las mujeres en los campos científicos y tecnológicos deja todavía mucho que desear. En México, de acuerdo con un artículo de la revista Forbes publicado en febrero del 2020, tan sólo el 30% de las mujeres se decanta por una disciplina STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Únicamente 3 de cada 10 científicos son mujeres. Por su parte, Ana Luisa Gutiérrez menciona en su artículo de El Financiero, publicado en marzo de este año, que tan sólo el 9% de las firmas de tecnología en nuestro país son encabezadas por una mujer. 

Existen muchos factores detrás de esta problemática, uno de ellos el ambiente de sexismo que prevalece en la sociedad Mexicana. Las mujeres son constantemente cuestionadas con respecto a sus habilidades, una verdad aplicable a todas las áreas y que se agudiza en aquellos campos con presencia mayoritariamente masculina. Existe una presión adicional por demostrar su valía y un discurso que frecuentemente manifiesta escepticismo con respecto al lugar que las mujeres merecen dentro del mundo STEM. 

Mariana Cedeño es Ingeniera, egresada de la carrera en Sistemas Computacionales en el año 2020. Recuerda como una de las primeras advertencias que recibió, justo al inicio de su vida universitaria, fue que no le sorprendiera si sus compañeros la percibían como Blondie, un término anglosajón utilizado para referirse a una mujer estereotípica de gustos básicos y poca inteligencia. Que eso sucedía a menudo, pero que una acababa por acostumbrarse. 

Para Mariana, este comentario contribuyó a la idea de que no tenía permitido fallar dentro del aula. Como mujer no podía darse ese lujo, pensaba que sería inmediatamente asociado a una desventaja de su género. Tampoco se sentía libre para vestirse o arreglarse todo el tiempo de la manera que ella quisiera: presentarse de una forma demasiado “femenina” podría contribuir a que sus compañeros y maestros la tomaran menos en serio. 

Alejandra Vázquez se graduó de la misma carrera, Sistemas Computacionales, en el año 2017. Su novio, Eric, egresó junto con ella por lo que decidieron enviar solicitudes laborales a las mismas compañías. Tras pasar exitosamente varios filtros en una conocida empresa trasnacional en México, Alejandra recuerda como uno de los managers le comentó lo bien que le había ido durante el proceso. Luego le preguntó si no le había copiado el código a su novio. La habilidad de Eric, por supuesto, jamás fue cuestionada, incluso cuando Alejandra se había graduado con mejores credenciales. 

A pesar de obstáculos como el sexismo, la invisibilidad y la falta de apoyo, ellas continúan abriéndose paso a través del mundo de la Tecnología. Si le preguntan a Mariana quién ha sido una inspiración en su carrera y una motivación para seguir adelante, menciona a la matemática e ingeniera de software Margaret Hamilton. También considera como un tema relevante el que las mujeres sean educadas desde jóvenes en asuntos financieros, que construyan su propia independencia económica y luchen por acceder a salarios competitivos. 

Aunque Alejandra y Mariana forman parte del 30% que se decantó por una disciplina STEM y consiguió finalizar su carrera de manera exitosa, no todas las que inicien este camino llegarán hasta la meta. Atraer un mayor número de niñas a la ciencia y a la tecnología es uno de los retos, disminuir las tasas de deserción otro. Prejuicios, estereotipos, y sesgos tanto en los sistemas educativos como en los lugares de trabajo constituyen uno de los obstáculos a resolver en la búsqueda de un ambiente más equitativo y justo. 

Es importante mencionar también que, si bien todas las mujeres están expuestas a estos obstáculos, aspectos como la raza, la edad, la clase socioeconómica, la orientación sexual, etc, pueden constituir serios agravantes.

La importancia de involucrar mujeres en la ciencia y la tecnología. 

Así como en la historia de Sally Ride y los cien tampones, mientras las áreas STEM no muestren mayor diversidad e inclusión en sus filas continuarán dándose casos de importantes sesgos en sus estudios y desarrollos. Las mujeres aportan una perspectiva distinta, experimentan situaciones específicas y por lo tanto pueden brindar soluciones nuevas. Se trata por supuesto de una prioridad en materia de igualdad, pero además conlleva beneficios económicos significativos. Según datos de Women Matter MX, cerrar la brecha de género representaría un crecimiento económico de más de 12 trillones de dólares al PIB global para el año 2025 y más de 70% al PIB de México. 

La pandemia actual nos ha demostrado la relevancia de la ciencia y la tecnología en nuestra vida diaria, así como el impacto que tendrá en nuestro futuro próximo. Es de suma importancia asegurarnos que las herramientas del futuro se desarrollen con perspectiva de género. Se requiere una profunda comprensión del problema y entender cuán lejos estamos de alcanzar la equidad laboral, pero es nuestra responsabilidad comenzar a informarnos y plantearnos qué acciones están a nuestro alcance para desaparecer la brecha de género. 


Irene González estudió la licenciatura en Arte y Animación Digital en el Tecnológico de Monterrey. Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria por “Literalia Editores”, fue miembro del círculo de escritores tapatío “El Jardín Blanco”. Ganadora del primer y tercer lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de
Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Finalista en el concurso internacional “Novelistik de Ciencia Ficción” 2016. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos, incluyendo “Sirena Varada”, “En Sentido Figurado”, “Teresa Magazine”, “Quinde Cultural”, el periódico “La Jornada” y en su blog personal “Dystopian Fantasy”.


También te puede interesar…

Piezas de un alma simple

Alondra Grande No te quedes En los lugares donde tu nombre se vuelve cenizaEn los recuerdos que no despiertan alegríaEn los espacios donde revoloteanabejas picando con sus aguijones tu barriga. No te quedes en los días soleadosdonde el sol no te hizo feliz.Ni en las noches donde la lluvia,al mojarte, te hizo reír. No te…

Crónicas de una mente errante | Carta al cielo

Mis lágrimas hablaron por mí en ese momento; cada una era un recuerdo contigo, el cual trato de contener dentro de mí.El tiempo pasó frente a mis ojos: abrazos del pasado, llanto del presente y miedo a un futuro con tu ausencia. Qué irónica fui con la vida y conmigo misma; le rogué tanto que…

Ser como mi gato

Si hay alguien que ha logrado dominar el arte de solo existir son los gatos. Plácidamente el felino descansa majestuosamente donde el deseé .