De entre caos poético y textos perdidos | No soy feminista

Por Lizzie Vazquez

Transcurría la mañana del décimo mes del 2020 dónde yo como de costumbre hacía mi rutina y a la vez, en ejercicio mental,  trataba de escribir algo en el celular con la pantalla estrellada; igual que mi mente atrofiada por tanta hambre que tenía. De repente  me llegó una notificación de mensaje. Al abrir la bandeja y leer el cuerpo del mismo, se me invitaba a una caminata feminista. Me torné asombrada pues se había sugerido mi presencia para asistir y participar en una intervención cultural dentro de la misma marcha. Nació en mí una curiosidad innata y demasiadas ganas por aceptar, sin embargo, no lo hice.

Y es que entre lo temeraria que puedo ser, brotó mi prudencia, por decisión propia, porque no soy feminista, me solía repetir . Al comentar este hecho a mis conocidos surgieron a mi alrededor ideas de sobreprotección, de frases desalentadoras como «y para qué vas ahí» «te vaya a pasar algo» «y que tal si te matan como a las otras», etc. Quedé impactada por la forma en cómo se tachan a estas manifestaciones siendo el justificante  la manera en cómo se habían llevado a cabo las  movilizaciones del 8 de marzo dándole prioridad al desmán más que al objetivo del hartazgo de mujeres sugiriendo seguridad, derechos, justicia etc. No sé porque mi mente repetía no soy feminista cuando sentía empatía con ellas  participando en «un día sin mujeres» para que se valorara y se hiciera presente nuestra ausencia ante la sociedad completa. Este movimiento marcó algo en mi, las mujeres  que habían callado por años comenzaban a despertar y reconocer los maltratos, incluida mi propia mamá. 

En este 2021 las voces tomaron más fuerza y se dieron cita nuevamente en el 8M  con variados grupos: las que gritan de dolor, las que exigen justicia, las que con pancartas avanzan para hacerse notar entre tantas circunstancias con un «ya basta» y las que hacen iconoclasia dejando sus emociones en lo que el gobierno tanto protege. Todas mujeres, madres, niñas, unas participando en el campo de batalla, otras haciendo su labor desde casa a base de educación y respeto.

También noté el alcance e impacto en las jovencitas (rango 16 a 17 años) que empiezan a hacerse escuchar como parte de su identidad en la sociedad. En  la escuela de mi hija  se le invitó a no asistir el 9 de marzo como protesta   pero ella asistió al igual que otras dos chicas, me comentó . Al día siguiente surgió un debate donde se cuestionó esta situación. Las que apoyan al movimiento y las que aparentemente no. Al exponer sus ideas en cuanto a lo acontecido se hizo notar   que  se puntualizó más en los destrozos  y en el machismo. ¿Pacificidad contra vandalismo? . No soy feminista se repetían algunas en silencio . A las chicas que opinaron diferente se les empezó a molestar por redes sociales arremetiendo que no saben nada del feminismo ni de lo que busca la marcha 8M. ¡Vamos chicas! ¿Mujer contra mujer? Son mujeres, no borregos. 

Pienso que nuestra juventud se encuentra confundida por lo mismo de estos cambios sociales. Como mujeres con voz se transmite nuestro pensamiento. Se debe practicar mucho más la tolerancia entre las nuevas generaciones aceptando la forma de pensar de cada una porque es una aportación que va de manera individual a colectiva siendo un todo como resultado. 

!Qué sabrá ella si no derriba muros! Si no siente la furia de rayar monumentos! 

Una parte está en mi día a día en el legado familiar en base al respeto entre hombres y mujeres porque aunque queramos hacer de lado a los hombres, existen y tienen el beneficio del cambio.

Esta es mi mejor manera para expresar y alzar mi VOZ en estas letras dando otra perspectiva de  logística  enfocada en la reflexión y valor personal. 

Admito que el NO se me fue hasta más allá de la cabeza para liberar y aceptar que soy feminista.

btf

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre  en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002). 

Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y  Caracola Magazine en  México (poesía Degustación, ensayo Solo ellos pueden hacerlo , relato Dos por un cuarto de hora, 2021),  editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) 

Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos. 


Piezas de un alma simple

Alondra Grande No te quedes En los lugares donde tu nombre se vuelve cenizaEn los recuerdos que no despiertan alegríaEn los espacios donde revoloteanabejas picando con sus aguijones tu barriga. No te quedes en los días soleadosdonde el sol no te hizo feliz.Ni en las noches donde la lluvia,al mojarte, te hizo reír. No te…

Crónicas de una mente errante | Carta al cielo

Mis lágrimas hablaron por mí en ese momento; cada una era un recuerdo contigo, el cual trato de contener dentro de mí.El tiempo pasó frente a mis ojos: abrazos del pasado, llanto del presente y miedo a un futuro con tu ausencia. Qué irónica fui con la vida y conmigo misma; le rogué tanto que…

Ser como mi gato

Si hay alguien que ha logrado dominar el arte de solo existir son los gatos. Plácidamente el felino descansa majestuosamente donde el deseé .

Letras Revueltas|Razones para salvar al mundo. Parte II. Pan para las rotas

Me cuesta comprender a la Illari de hace 20 años, aunque sospecho que esa aversión por la comida estuvo mediada por un “no disfrutar la vida plenamente”, un miedo a la vida misma. Lo paradójico de la situación es que prácticamente crecí en una cocina, yo no lo sabía pero mi abuela, con paciencia, me…

Piezas de un alma simple

Hombre de arena Escrito por: Alondra Grande El hombre de arena contemplaba los caballos de espuma y sal que galopan contra el sol para perderse entre las faldas de una isla que nadie nunca pisó.En esa isla desierta, creada nunca jamás en el tiempo, el hombre de arena construyó un castillo cubierto de granos de…

De recuerdos, aventuras y reflexiones|Un recuento de hubieras

Al encontrarme sola me permití pensar en lo que había sentido al escuchar esa frase de saludo de mi amiga y la pregunta que me había hecho en ese instante se clarificó en mi mente: ¿Qué hubiera sido para mí si al tomar el teléfono, al otro lado de la línea, efectivamente respondiera mamá?

El paisaje y su voz o de como Juan Burghi nos descubre la naturaleza a través de sus ojos.

Por Enola Rue

Todavía me resulta asombroso como la prosa poética de Juan Burghi había despertado en mí una visión diferente, mucho más significativa, de la belleza de la naturaleza a mi alrededor. Emociones. Eso era lo que despertaba leer su libro El paisaje y su voz, su impresionante sencillez me había dejado estupefacta, incluso las palabras que en su momento no entendía me llenaban de escenas sobre un álamo, el sol en el jardín, el río, el verano, o un sendero. 

Paisajes y sus voces, sus almas, sus personalidades en cada estación, su extraña sencillez, que puede pasar desapercibida, que siente que no merece dos segundos de nuestra atención. Por supuesto, sus gentiles versos en prosa nos invitan a ver los paisajes a nuestro alrededor con nuevos ojos, a interpretar de manera vívida sus detalles y, de igual manera, percibir en ellos nuestras propias emociones.

Asimismo, la prosa poética de Juan Burghi tiene una preferencia por lo descriptivo, consigue interpretar los paisajes a su alrededor como si fueran vistos por primera vez. Esto puede observarse en la Tarde otoñal, cuando nos la describe como “detenida y suspensa, con un gesto de resignada espera. Más que ella, pareciera estar detenido el tiempo, dándonos una sensación de inmensidad y eternidad…” (Burghi, 1966, p. 129). 

El autor busca que experimentemos la realidad que capta a su alrededor. Nos invita a contemplar la naturaleza, como quien la ve por primera vez, en un tono íntimo que nos sorprende y nos hace preguntarnos cómo no la vimos de esa manera antes. En la Noche en un cerro contemplamos que «estamos solos en la soledad» y con esta premisa Burghi nos presenta un cielo estrellado que miramos sobrecogidos de emoción, dice, de la misma manera que los pastores caldeos habrán mirado las estrellas hace miles de años… y nosotros apenas un guiño entre esos milenios (1966, p. 147).

Juan Burghi encuentra un gran deleite en la búsqueda de palabras y con ellas logra recursos expresivos para su prosa poética, los cuales le permiten atribuirles a estos paisajes una percepción estética. 

Aún recuerdo las emociones. El goce estético de buscar en los paisajes a mi alrededor la belleza que él veía. Burghi renueva, a través de sus emociones, nuestra visión automatizada de la naturaleza, nos toma de la mano y nos lleva a través de su prosa hacia un árbol sufrido, una higuera junto a la noria, un valle, un pedregal, una calle, para encontrar en ellos un verdadero hallazgo estético.


Enola Rue es una estudiante de la Licenciatura en Letras en la FaHCE (UNLP), ha sido escritora mucho antes de conocer lo que esa palabra significa, el mundo literario es y será su alternativa de vida más importante. Actualmente, posee un blog llamado Indie tear, en el cual publica sus poesías. Su obra más conocida es ¿Qué dice la margarita?, ganadora del 2° lugar en el concurso Clásicos Romances (2018) en Wattpad. Ha descubierto que sus obras son un eterno intento de mostrar su irrepetible forma de ver el mundo y traer esta experiencia a los lectores, esperando llevar esperanza con sus palabras.


Los árboles y las pantallas que me rodean | Colonizaciones mundiales

Por Mijal Montelongo Huberman En obras de ciencia ficción, la trama de un planeta colonizado y explotado por hombres es recurrente. Aunque tomando en cuenta la historia de los últimos cuatro siglos, el origen de esta trama no resulta extraño. Tanto la película Avatar de James Cameron como la novela El nombre del mundo es…

El ojo de Lya | El cuento de la criada ≛Temps. 1ᵃ-2ᵃ-3ᵃ

Por Liana Pacheco El cuento de la criada / The Handmaid’s Tale es una serie basada en la novela homónima de Margaret Atwood. En 2017 la serie enganchó mi atención, pero la disparidad de los tiempos de estreno entre cada temporada me hacía perder el hilo del argumento de la historia, y por tanto mi…

Trabajo no remunerado

Las labores de limpieza y cuidado del hogar han sido relegadas en su mayoría a las mujeres y es que lo tenemos tan normalizado que se vuelve una carga invisible y constante.

Los árboles y las pantallas que me rodean | El cuerpo de la naturaleza

Por Mijal Montelongo Huberman El año pasado, Carmen me invitó a una mesa de la MexiCona sobre el cuerpo como parte de la naturaleza en donde tuve la oportunidad de platicar con otras biólogas y escritoras. La mesa me dejó con reflexiones e ideas sobre cómo definimos el cuerpo. Compartiré algunas en esta ocasión. En…

La reclamante | La [re] escritura poética en Cristina Rivera Garza: [des] habitar el espacio

Por Dalila R. Tienda

“¿Qué textos aceptaría yo escribir (reescribir), desear, afirmar como una fuerza en este mundo que es el mío?”

(Roland Barthes)

1. El monólogo de la doliente

Todo empieza con la primera persona del singular. Nací en 1999, después de la matanza del 68, el halconazo, las muertas de Juárez, el asesinato de Colosio y otros crímenes tan mentados hoy en día. Mientras aprendía a balbucear fonemas vacíos, sin significado, pero que se asemejaban a palabras de adeveras, se llegó el siglo XXI. Quiero pensar que, en medio de tanta desilusión política, después de Díaz Ordaz y Salinas de Gortari, la gente aún imaginaba un giro para el país que se estaba destejiendo entre violencia, impunidad y silencio. Pero entonces, cuando Vicente Fox Quezada llega al poder, la activista Digna Ochoa es asesinada por el Estado, después de dos secuestros y tortura física y psicológica; la cifra de feminicidos en Ciudad Juárez crece cada vez más; Lydia Cacho investiga una red de pedofilia dentro de circulos políticos en el país, y todos los etcétera que sean necesarios para encerrar los crímenes que no mencioné. Nací, pues, en un país que ya había acunado a la violencia, la había normalizado y justificado. Cristina Rivera Garza, en el prólogo del libro Dolerse, escribe:

.Lo que los mexicanos de inicios del siglo xxi hemos sido obligados a ver —ya en las calles, en los puentes peatonales, en la televisión o en los periódicos— es, sin duda, uno de los espectáculos más escalofriantes del horrorismo contemporáneo. (Cristina Rivera Garza, 2011; pp.10)

Nunca fue extraño levantarse todos los días y escuchar el noticiero local, en el que se mostraban imágenes de narcomantas, hombres colgados [sus estómagos al descubierto, mostrando todos diferentes ombligos, tonos de piel disparejos. Qué bien guardan la piel las camisas], tomas de las partes del cuerpo de mujeres con sangre seca y tierra en las uñas. Un espectáculo que nos condenaba al silencio. Y mientras todo esto pasaba, el ambiente doméstico seguía: mamá lavando trastes, mi hermana arreglándose para ir a la escuela [inserte aquí otros gerundios asquerosamente cotidianos, contrastantes con lo asquerosamente horroroso] y yo modorra, pasmada ante el adormecimiento del despertar de un sueño profundo, infantil e inocente, pero con una morbosidad ante lo que veía: mucha muerte.

Era muy chiquita para entender que todo eso era algo que nos sobrepasaba: en donde yo veía una historia de terror en tonos sepia, muy al estilo México hollywoodense, no había más que una sentencia  al silencio: nada nos pertenece más que el miedo y la incertidumbre, habitamos un espacio necropolítco que nos despoja de todo. Un mensaje que no entendí, ni siquiera durante los simulacros del protocolo de acción en caso de balaceras en secundaria.

Mientras recuerdo todo esto, y siento que camino por Comala, una letanía se repite: Estoy harta, estoy harta, harta, harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta harta (Simone de Beuvoir, 1967). Todo empieza con la primera persona del singular: nací en medio de violencia y crecí entre noticias amarillistas. 

Creo firmemente esto: todo dolor colectivo parte de la percepción individual. 

2.  Iniciar un libro deseando su desaparición

Esa morbosidad asquerosa que sentía por los asesinatos que pasan en las noticias desapareció cuando empecé a leer la literatura del 68 y libros sobre esos crímenes tan mentados hoy en día. Otros son los tiempos, otros son los crímenes y seguimos en un país con una tierra tan seca, difícil de pisar. Hay un lado invisible en esas notas y reportajes que se sigue produciendo: una historia de dolor, muy alejada de esa narrativa que sólo conmueve al espectador insensible cuando escucha los gritos deshilados de la madre a la que le mataron a sus hijos. 

Dolerse: textos desde un país herido, escrito por Cristina Rivera Garza, publicado en 2011, es un libro en el que la autora dialoga con diferentes crímenes de Estado, casos impunes, etc. En el prólogo a su segunda edición, titulada Con/dolerse, la autora escribe: Me gustaría que este libro no existiera. Y qué extraño, y qué justo, iniciar un libro deseando su desaparición. Porque los textos de las ediciones son textos que parten de un país lleno de llagas y úlceras que supuran; textos que se duelen y lloran y gritan de tantos balazos. No son los textos que uno quisiera leer, mucho menos [re]escribir, pero este mundo [que es el mío] nos lo exige.  Iniciar un texto deseando su desaparición, ¿cuando se terminó la película hollywoodense que imaginaba?

En el capítulo titulado Los sufrientes, hay un poema titulado La Reclamante, mismo que da nombre a esta columna. El poema está escrito en tres tipos de letra:  redonda, negrita y cursiva; al final de éste hay una leyenda que reza * Textos de Luz María Dávila, Ramón López Velarde, Sandra Rodríguez Nieto y Cristina Rivera Garza. El poema arranca:

Discúlpeme, Señor Presidente, pero no le doy 

la mano 

usted no es mi amigo. Yo 

no le puedo dar la bienvenida 

Usted no es bienvenido 

nadie lo es.

Luz María Dávila, Villas de Salvárcar, madre de Marcos 

y José Luis Piña Dávila de 19 y 17 años de edad.

Los versos en negritas corresponden al reclamo a Felipe Calderón hecho por Luz María Dávila [jueves 11 de febrero de 2010], madre de dos jóvenes que murieron asesinados, como otras 13 personas, en Villas de Salvárcar, el 30 de enero del 2010, mientras estaban en una fiesta. En este poema, Rivera Garza toma lo dicho por Luz María Dávila, lo versifica, lo teje con la nota periodística de Sandra Rodríguez Nieto, palabras de Ramón López Velarde y su propia voz poética; en ejercicio de reescritura en el que la autora juega con los signos de dos textos y [re] construye, no sólo el reclamo, sino también la masacre contra estudiantes de bachillerato y Universidad; así, texto y suceso, se repite una, y otra, y otra, y otra vez [No es justo/ mis muchachitos estaban en una fiesta/ y los mataron.].

Al leerlo, sabemos, por las diferencia tipográficas y las voces poéticas, cuáles son las intervenciones de la periodista Sandra Rodríguez Nieto, Luz  María Dávila, incluso distinguimos la voz de Rivera Garza, pero, ¿y López Velarde? 

se están cometiendo muchas cosas y nadie hace algo. 

Y yo sólo quiero que se haga 

justicia, y no sólo para mis dos niños 

los difuntos remordidos, los fulmíneos masacrados, los 

fúlgidos perdidos 

sino para todos. Justicia. 

Cristina Rivera Garza toma las palabras resaltadas en amarillo de varios poemas escritos por López Velarde, en los que, por ejemplo, manifiesta:  “me hundo en la ternura remordida de un padre/ que siente, entre sus brazos, latir un hijo ciego.” (López Velarde, “Mi corazón se amerita) ó “En el bosque de amor, soy cazador furtivo;/ te acecho entre dormidos y tupidos follajes,/ como se/ acecha una ave fúlgida; y de estos viajes/ por la espesura, traigo a mi aislamiento/ el más fúlgido de los plumajes:/ el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento.” (López Velarde, “Mancha púrpura”); durante todo el poema, la autora toma palabras de diferentes poemas del poeta modernista y reconfigura el campo semántico en que se inscriben estas palabras.

En el texto “El entre-lugar del discurso Latinoamericano”, Silvano Santiago habla de estas reescrituras como una transgresión latinoamericana, pues, aunque pudiera parecer un ejercicio de subordinación, en el que el autor toma un modelo de organización para la construcción de una obra ejercido por una cultura dominante, este modelo sólo se va a encargar de organizar. El escritor larinoamericano, sin embargo, transita “entre el sacrificio y el juego, entre la prisión y la transgresión, entre la sumisión al código y a la agresión, entre la obediencia y la rebelión, entre  la asimilación y la expresión”. Entre, una frontera, un espacio en el que se desarrolla un “ritual antropofágico de la literatura latinoamericana”, un ejercicio de apropiación.

Ordenar el discurso doloroso que profiere una madre frente a Felipe Calderón, presidente de la República (2006-2012) con ayuda de una nota periodística y poemas de Ramón López Velarde no sólo es un ejercicio de apropiación textual, es, también, una apropiación del contexto que choca con ese mensaje necropolítico en el que la autora llega a lugares, como la violencia del narcotráfico y la impunidad sistemática con la que se cubre el Estado, para hablar desde una nueva forma desde nuevas escrituras, que, según Santiago:   

“(…) en lugar de tranquilizar al lector, de garantizarle su lugar de cliente que paga en la sociedad burguesa, lo despierta, lo transforma, lo radicaliza y sirve finalmente para acelerar el proceso de expresión de la propia experiencia. En otros términos, invita a la praxis” (Silvano Santiago, 1971; pp72)

3. [Des] habitar el espacio

Todo empieza con la primera persona del singular. Cuando uno se deshace de esa morbosidad asquerosa y recuerda la escena doméstica que se desarrollaba mientras la televisión anunciaba la aparición de cuerpos masacrados, cuerpos perforados con violencia para enviar un mensaje de sumisión y resignación a las condiciones en las que vivimos; se germina un rechazo tremendo ante los gerundios que indican acciones sucediendo: mientras mi hermana se está arreglando para ir a la escuela [en Villas de Salvárcar, el ejército tirando balazos a una casa llena de estudiantes de prepa y universidad], mamá está lavando trastes [Luz María Dávila reclamando justicia, no sólo para sus dos niños, sino para todos. Justicia.]. 

“La Reclamante” es un poema que compromete el campo semántico de López Velarde y lo aterriza a un contexto cruel: en vez de una ternura remordida, están los remordidos difuntos que fueron acribillados sin razón alguna y acusados de ser pandilleros, no tienen justicia ni descanso, masticados reiteradamente por un Estado criminal. Un reclamo de una madre al presidente, sí, pero también un reclamo de la autora al Estado, en el que se enuncia, desde un texto colectivo, para perforar el silencio al que hemos sido sometidos. Reescribe y configura el texto para rechazar el contexto sociopolítico y crear un espacio textual en el que confluyen voces que se duelen y reclaman justicia en un país invadido por el miedo.  

La reescritura poética, dice Leónidas Lamborghini, proviene de la intertextualidad. Al final, tenemos como resultado un espacio textual en el que se mezclan enunciados, se reordenan palabras y se cruzan las voces. Cristina Rivera Garza convierte un reclamo doloroso, varios poemas de López Veelarde y una nota periodística, en un testimonio, un poema sobre violencia, impunidad y dolor se convierte en axioma. La individualidad del oficio de escribir se dinamita y la primera persona del singular [Yo no le puedo dar la bienvenida] se transfigura a medida que es leído.“¿Qué textos aceptaría yo escribir (reescribir), desear, afirmar como una fuerza en este mundo que es el mío?”, pregunta Roland Barthes. En esta interrogante, llama mi atención el término aceptaría por su gran distancia con el verbo gustar; lo respondo desde el país en el que nací: textos en los que, como lectores, nos veamos obligados a Encarar, espetar, reclamar, echar en cara, demandar, exigir, requerir, reivindicar.


Dalila R. Tienda

(1999) Estudiante de la Licenciatura en Letras Españolas. 

Piensa a la escritura como un ejercicio de rebeldía y a la literatura como una protesta más en contra de la realidad y las narrativas impuestas. Existe por las mujeres que la preceden y, al escuchar sus historias, va construyendo su cuerpo colectivo.


Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheas.

Por Arizbell Morel Díaz. Día soleado a través de un ventanal. Margaritas, no madreselvas, gardenias y lavandas adornan las macetas de una pequeña casa citadina. En medio del crujir del viento sobre las celosías se escuchan algunas notas de una melodía sencilla.   Al fondo del cuarto se encuentra una maestra de música con su teclado…

Vaciar una montaña | Cultivar nuestro jardín

Por: Samia Badillo Hace una mudanza me encontré con este libro de Voltaire, que leíamos en mis grupos de Literatura Universal. ¿Este libro volverá a las aulas algún día? Me preguntaba, mientras lo dejaba en una caja junto a Trafalgar y Niebla y esperaba lo mejor en mi nueva casa. Llevo más de un año…

Letras Revueltas|Razones para salvar el mundo. Parte I. Rabo de Nube

Me despierto, veo las noticias, escroleo de una mala noticia internacional a una nacional y siento un peso en el pecho, no me doy cuenta pero ella está sobre mí, con su calidez y me acurruca hasta el punto en el que vuelvo a dormir. Dicen que los perros y los gatos perciben cuando estamos…

Piezas de un alma simple

8 de marzo del 2026 Escrito por: Alondra Grande Este 8 de marzo se vivió diferente, fragmentado en dos realidades: la instagrameable y la que incomoda.Y me pregunto, si no es mucha indiscreción, si habrán tenido el descaro —la bajeza— de haber gritado las consignas, de cantar como si no fueran parte del problema. Y…

Chiapas: la deuda sigue abierta. |8M

Cada Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo vuelve a recordarnos algo incómodo: los derechos de las mujeres no fueron concedidos, fueron conquistados. Y en lugares como Chiapas, esa conquista todavía está lejos de completarse. Chiapas es un estado lleno de contrastes. Tierra de culturas profundas, de lenguas originarias, de trabajo comunitario y…

El diablo está en los detalles

Enola Rue Dicen que estoy colgada, que vivo en el aire, pero no saben que en realidad estoy excavando en la tierra de mi corazón. No entienden que en la oscuridad de mi mundo de fantasía hay más luz que en toda su vigilia de trapos de piso y rutinas tibias; mi soledad es mi…

El ojo de Lya | La paradoja de los chorizos

Por Liana Pacheco Durante mi infancia crecí escuchando la frase: “un hombre siempre es indispensable”, dicha por mi madre y mi abuela, las mujeres que me criaron. Mi abuela se casó a los 18 años, al poco nació su hijo, cuando éste no cumplía ni un año, su marido cometió un crimen y huyó; mi…

El hilo de las moiras: Tango

Por Amaranta Castro

En un callejón de la calle Porchester Garden se escucha la danza de un tango, mientras un hombre y una mujer se miran antes de besarse. Ella aprieta el pequeño ramo de flores que lleva en sus manos, algunos pétalos caen sobre su vestido, al darse cuenta se apresura a quitarlos. Al pasar su mano sobre la tela intenta que ésta se mueva de manera delicada para que el hombre sienta la necesidad de acercarse aún más y gane un poco de confianza. Este movimiento le vuelve a recordar la prisa con la que su vestido fue hecho, quizá por ello trata de ocultar que, a la altura de su vientre, el tul pareciera una prominencia de nieve o de olas, un relieve de montañas que la hace lucir deforme. Él no lo nota o lo disimula muy bien. 

Los pétalos caen al suelo y el vestido vuelve a ser de un verdadero blanco. Una vez más lo intentan, ahora el hombre se inclina y al hacerlo logra ver el puente pronunciado de su propia nariz, lo cual le desagrada. Piensa que este movimiento torpe ha hecho que ella baje la mirada para quitarse los pétalos azules del vestido, mientras se queda con la mirada añorante intentando disimular el rechazo. Esto ha pasado antes, su nariz casi siempre le impide acercarse al rostro de cualquier mujer, excepto al de su madre de quien ha heredado el porte de una nariz estorbosa. 

Ella se detiene en la sensación de sus entrañas cálidas y dormidas, percibe el suave movimiento de la seda blanca entre sus piernas. Se detiene en el detalle de un pétalo azul que pareciera haber perdido su tonalidad real, el matiz de un azul característico, un azul oportuno y convencido de ser siempre. El verde marino del tallo, le recuerda la manera en que algunos momentos se suspenden en el tiempo a la manera de una niebla, ese verde marino que ahora contrasta con el blanco de las casas y las luces que salen de ellas. Esas casas en las que se guardan objetos decididos a perderse de sus dueños, decididos a volverse objetos inútiles para descansar en una calle. También la vida de las cosas se cansa de ser lo que es. De la misma forma en que los pétalos azules y los tallos marinos parecieran pedirle que los deje morir.  La belleza se encuentra en lo efímero. 

Luego los dos advierten la soledad de los árboles, la misma que se reflejan en las pupilas de cada uno cuando se miran. Él puede ver que en la pupila derecha de ella, se refleja una luz pequeña, una luz dorada de una ventana que desaparece de pronto de sus ojos, los cuales vuelven a ser de color negro. 

El tango se detuvo, escucharon el murmullo de unas voces dando órdenes en inglés. Ella apenas logró comprender: slow, slow, quick, quick, slow. Las voces y la orden que daban, imitaban la forma en que ambos acercaron sus rostros. Esto es lo que de verdad han traído, unos cuerpos fríos decididos a encontrarse.

 Los ojos se cierran, ella siente la espesura de las pestañas de él, la respiración cede de la misma forma en que una ola cautiva y ahoga los pensamientos, hasta que el miedo pueda finalizar su danza entre ambos. Un beso no debería tan caótico, pensó él.


Amaranta Castro. Estudió Estética y Filosofía del Arte (BUAP). Dirigió círculos de
lectura en las áreas juvenil e infantil (BUAP). Participó en la creación del proyecto para la difusión de lectura y las artes: Convivencia en Letras (BUAP, 2015). Cursó el diplomado en Creación literaria en la Escuela de Escritores SOGEM. Ganadora en la categoría de Poesía en el 10º Festival Internacional de Escritores y Literatura, Guanajuato (2015). Ha publicado en periódicos nacionales y revistas. Fue becaria del programa de Innovación artística (IMACP, 2018) con el libro: “Voces de los árboles”. Algunas de sus poesías fueron seleccionadas en la obra de escritoras contemporáneas mexicanas, “Romper con la palabra”. Estudia Lingüística y Literatura Hispánica (BUAP).


De recuerdos, aventuras y reflexiones|El resonar de la memoria

Por Tania Farias Sucedió durante una actividad simple, del cotidiano: deslizaba con flojera las imágenes de mi Facebook. Un ícono en lo bajo de la pantalla me informó que tenía notificaciones pendientes. Una de ellas era el recuerdo de un verano pasado. Había sido un viaje familiar en el que tuvimos la fortuna de disfrutar…

Lágrimas de purpurina y dagas de seda: El Evangelio según el Esquema Fenicio

Enola Rue En el universo de Wes Anderson, los personajes a menudo actúan con una rigidez que parece desafiar la espontaneidad humana. No lloran, se marchitan con elegancia; no mueren, se vuelven estatuas de su propio legado, una resistencia contra el desorden del mundo. Sin embargo, en el Esquema Fenicio esa resistencia ha mutado en…

El ojo de Lya | Ascenso y caída: John Galliano

Por Liana Pacheco Se sabe que el mundo de la moda es superficial, consumista, gordofóbico y con otros vicios. Sin embargo, como bien dice Miranda Priestly, nuestras decisiones de vestimenta no nos eximen de la industria de la moda. Personalmente me adentro en los diseñadores: sus conceptos de creación, qué los inspira y lleva a…

La anatomía del cristal y la rabia

Enola Rue La pérdida no es un muro que se levanta de golpe, sino una habitación que, de pronto, se queda sin muebles. Al principio, entras y buscas instintivamente dónde sentarte, dónde apoyar la mirada, pero solo encuentras el espacio desnudo. Al final, lo que perdemos se convierte en una forma de arquitectura interna. Yo…

TRAMAS HUMANAS | DUELO SIN VÍNCULO

El 14 de enero murió mi mamá, cuando sucedió, lo primero que sentí no fue tristeza pura, sino una mezcla rara: enojo, culpa, confusión. Me dolía que se hubiera muerto y, al mismo tiempo, me dolía que ese dolor no se pareciera a lo que se supone que debería sentirse cuando muere una madre. Como…

Domingos en los que no me encuentro | Colaboración

Por Shaila Ricardez Los domingos son frustrantes porque atraen la nostalgia Se suben sobre la espalda como un débil caracol No les preguntes por quién se ha ido o por quién vendrá Pues bien, callados, se mantendrán.  Los domingos te dejan colgado con los brazos abiertos, Te susurran al oído: “miento, miento, miento”  Jamás te…

Niña y lluvia |Colaboración

Por Patricia Navarro Remanso de húmedos dedos bajan por mi piel, mi rostro, en calma calores viejos, chipi, chipi de andariego. Lluvia…. Mojas a escala emoción, y mis pies entre el pataleo cuaz, cuaz, cuaz de veraneo forman notas de canción. Lluvia… Pareja luz cristalina, flip, flip, flip, de tornasoles tan lejos caen secundinas luego,…

¿Qué piensas?|Colaboración

Por Marina Areta Me pregunto cuando mis ojos como noches se acercan a tu bosque curiosos, se empeñan en deshojarlo ¿Verás mis paisajes? ¿Seré otra piel sin importancia? ¿haces mapas de mis lunares?  Ya me abriste un dejo de tu follaje, vi la sombra que atesoras, esa que habita un rincón de tu mente salvaje,…

Escribir para resistir: una introducción

Por Ma.Jo Soto

Definiciones de mi glosario personal:

Escribir es mi forma de comunicar, de expresar. Las palabras que dejo en el papel- ya sea físico o electrónico- son las más sinceras, cariñosas, crudas y a veces me asustan. Escribir no solo se hace con las manos o con la imaginación. Entran muchas cosas más en juego como la mente, la memoria, el cuerpo que habito, las violencias que me atraviesan, mis ancestras y las historias que veo, escucho y toco. 

Resistir. Es una de las palabras más fuertes que tengo, es de mis favoritas. Tiene tantas connotaciones desde resistir un developé a la seconde hasta resistir el dolor. Creo que esta palabra me hizo sentido cuando me puse los lentes violetas. Resisto desde la infancia, desde la primera vez que me acosaron, que me agredieron. ¿Por qué resistir? Porque si no lo hacemos no podremos cambiar nada. Resistir es oponerse, es para que las que vienen no tengan que hacerlo. 

Se puede resistir de muchas formas, desde nuestra trinchera, desde los espacios que más nos incomodan y queremos cambiar. Yo elijo hacerlo desde mis palabras, desde mi universo literario donde sí hay justicia para nosotras y nuestros agresores nunca más nos dañan. Elijo hacerlo desde un periodismo feminista, lejos de la perspectiva machista que nos revictimiza. 

Esa es mi trinchera. Escribir para incomodar, denunciar y concientizar. Sobre todo escribo para mí, para sanar las heridas viejas y no tan viejas que tengo. 

Resistir en este mundo feminicida es vital. Es para mantenerme cuerda y en pie de lucha. También es para crear redes entre nosotras, leernos unas a otras y reconocernos en la rabia colectiva. 

Escribo porque resisto, porque durante tanto tiempo nos fue negado y ahora no pienso soltar la pluma nunca. Resisto porque escribo, porque estoy enojada, rabiosa y porque nunca más silencio. 

Y esta columna es solo una forma más de resistir y compartir mis sentipensares con otras mujeres. Es una forma de catarsis, pero también un espacio lleno de ternura y sororidad. Una forma de resistencia no tan solitaria, puesto que ahora, nos estamos leyendo, comunicando y sabemos que ya no estamos solas.


Ma,Jo Soto vive en Querétaro, México, es estudiante de Comunicación y Periodismo, bailarina de ballet, lectora compulsiva, mamá de Tita-traviesita y escritora de cuentos, artículos, reseñas y (borradores de) novelas. Corrige textos, ama a los animales, el chocolate, el verano y a sus amigxs. 

Le encanta incomodar con sus palabras y ha publicado sus textos en diversos medios como Especulativas, Las Sin Sostén, La Coyol, Círculo Literario de Mujeres y Tribuna de Querétaro. 

Twitter @TristezaFeliz29

Instagram @marphotos9


Mamá Soltera |Colaboración

Por  Justina Melba Benitez Caballero Que importan los rumores Que importa lo que digan Total el cielo y tú saben Que lo hiciste por amor. Nadie dijo que era fácil Ser una mamá soltera Haz de cumplir con dos roles Ser padre y madre a la vez. Debes ser siempre valiente Para enfrentarte al mundo…

Apuntes entre Chamanes y Miedos| Colaboraciones

Por Jenniffer Zambrano Leí Chamanes eléctricos en la fiesta del sol, la nueva novela de Mónica Ojeda, y, entre todo lo que ocurre en la narración, hay un momento que permanece en mi cabeza: la imagen de un agujero formado a causa de las balas. Ojeda poetiza al respecto, diciendo que de él brota luz…

Máscara de la perfección

Por Madelaine BO. En el escenario de la vida, nosotras llevamos una doble máscara de perfección, sonriendo mientras nos ahogamos en expectativas. Detrás de la cortina, nos sentimos impostoras, como si estuviéramos fingiendo ser la mujer que la sociedad espera que seamos. La multitud aplaude, nos felicita por nuestros logros, pero nosotras sabemos la verdad.…

Los árboles y las pantallas que me rodean | La vida adentro y alrededor

Por Mijal Montelongo Huberman Hay un tepozán de metro y medio de alto en una jardinera amplia. Su tronco tiene aproximadamente treinta centímetros de diámetro. No está derecho, tiene una pendiente que después se ramifica en extensiones más delgadas hasta llegar a las hojas de color verde oscuro y con una ligera pelusa. Las venas…

Hoy no voy sola: Misoginia y marchas en San Quintín| Colaboraciones

Por Jaqueline Campos I   Una niña de nueve años me preguntó: Maestra ¿Por qué en San Quintín matan a las mujeres y luego hacen marchas? una pregunta sencilla de hacer y compleja para responder que detona este artículo que intenta responder a dichas cuestiones y derivar a reflexiones en torno a la violencia contra las…

Muy tarde comprendió| Colaboraciones

Por Heidi Carolina Molina Duque (Venezuela) Dos jóvenes yacen enamorados y pasean tomados de las manos, amor eterno se han jurado; pero a uno, el destino ha cambiado. Él aspira casarse y a su novia quiere llevarse, dejarla embarazada desea asegurarse; mientras en la Universidad espera iniciarse. Ella escucha sus planes sus pensamientos estallan cual…

El ojo de Lya | Las Pájaras: colectividad y ferocidad femenina

Por Liana Pacheco Los lugares, con el paso del tiempo, van forjando identidad: elementos, anécdotas y personajes que intervienen en la construcción de su memoria y que, a la larga, se vuelven el folclore de ese lugar. En el caso de la ciudad de Oaxaca, uno de estos elementos son «Las Pájaras», un grupo de…

La arquitectura de la niebla

Enola Rue Mi madre siempre decía que fumar es una enfermedad hereditaria. De niña, yo habitaba esos nubarrones blancos y grises que remolineaban entre los adultos: una arquitectura de niebla que sostenía las conversaciones y los silencios. Se movía entre nosotros esa tormenta estática que no traía lluvia, sino recuerdos viejos; una tranquilidad ansiosa que…

Las Niñas Perdidas| Viaje al in(f/t)erior – Primera Parte

Por Julia Ivalú

Crecí mirando al cielo: segunda estrella a la derecha, y luego todo recto hasta el amanecer. Quería llegar volando al país de Nunca Jamás, quería encontrar a los dioses, al Olimpo, a Asgard. Pero en mi viaje no volé, mis alas no se alzaron hacia el sol, cavaron abruptamente un camino hacia el subsuelo, lo in(f/t)erior. Me vi niña perdida en un terreno prohibido y, sin darme cuenta, intentando alcanzar a los dioses celestiales, había iniciado mi descenso a la Gran Diosa. Un reconocimiento de las mitologías desde la femineidad.

Los ritos, las ceremonias, los objetos simbólicos han estado presentes en mi vida desde la infancia. Primero, claro, por mi contexto religioso católico. Antes de hablar ya había
participado en un rito de suma importancia -y completamente en contra de mi voluntad-, el bautismo. Y aunque de niña mi fe católica era bastante fuerte, conforme fui creciendo esta religión me fue quedando corta, hasta que un día finalmente la dejé. Dice
Bṛihadāraṇyaka-upaniṣad ( la Gran Upanishad del Bosque) de los hindúes, que los dioses que cada uno adora no son otra cosa que la propia habilidad de cada persona para experimentar y concebir lo divino. Las que buscan motivo de su adoración en el exterior no han entendido nada. “Vuelve tu vista a tu interior, allí encontrarás las trazas del misterio del ser”.

Es interesante ver cómo unas cuantas religiones predominan y dominan al mundo. Cuántas instituciones religiosas se van haciendo de cientos de adeptos cada minuto que pasa. En mi caso, me inculcaron la imagen de Cristo y de la Santísima Trinidad como la máxima autoridad habida y por haber de cualquier hombre en el mundo. Desde el kinder hasta la preparatoria estuve en un colegio católico donde aprendí sobre la Biblia -o las interpretaciones sesgadas de mis maestras y maestros de ese entonces-. Mi familia nunca fue de las que iba cada ocho días a misa los domingos pero sí de las que se sentía culpable de cuando no iban -porque bien sabemos que la culpa es uno de los métodos más efectivo para controlar tus masas de seguidores-. Cuando hice mi primera comunión ese fue uno de los pecados que dije en mi primera confesión, ese y ser grosera con mi abuela (spoiler alert, no era grosera, la cuestionaba por su favoritismo a los nietos hombres en la familia, principalmente mi hermano, pero tal parece que generarse un criterio es la materia prima del pecado).

Ah, el catolicismo. Si tan sólo me hubiera ofrecido diálogo, una imagen más neta que las
lecturas flojas y timoratas en criterio de sus evangelios. Malcolm el de enmedio me dio una respuesta más certera sobre la propia Iglesia que los padres en sus sermones de los
domingos. Está este evangelio, del Evangelio según san Mateo (Mt 19, 30-20, 16) para citar correctamente, en donde se dice esta famosa frase “los últimos serán los primeros”. En resumen, es un tipo que tiene una granja y las personas van a pedirle trabajo. Tiene tanto terreno que puede ofrecerle trabajo a un sin fin de personas. La gente fue llegando a lo largo del día y el patrón les dio trabajo a todos, por lo que hubo quienes trabajaron desde el amanecer, y otros que llegaron más tarde que sólo trabajaron unas horas. Al terminar el día el patrón les pagó exactamente lo mismo a todos. “Oye, no friegues, yo llevo aquí doce horas partiéndome el lomo, no mames que mi paga es la misma que la de este wey que lleva nomás una hora”, palabras más palabras menos fue lo que varios le dijeron al patrón. Astuto el patrón, les recordó que con cada uno había acordado pagarles un denario (cien pesos, por decir algo más coloquial), ni más ni menos. ¿Cómo por qué era injusto que el patrón pagara lo que le diera la gana y que además ellos habían acordado? (cualquier semejanza con la realidad capitalista NO es mera coincidencia).

Cuando los sacerdotes terminaban este evangelio a la hora de explicarlo, en más de una
ocasión -y más de un sacerdote- llegaban a la conclusión de que eso era la demostración del amor de dios, que a tooooodos nos quería por igual. Eso para mí no explicaba nada. Un día en mi casa, viendo Malcolm el de enmedio pasó un capítulo donde Hall (uno de los personajes principales, padre de familia) está teniendo una discusión con unos vagabundos. Intenta sobornarlos para que lo dejen en paz, pero los vagabundos le dicen que los mandó el pastor de la Iglesia, Hall entonces les ofrece el doble, a lo que los vagabundos responden “¿el doble de salvación eterna? No sea ridículo”.

¡Eso! ¿Cómo divides la salvación eterna? Con tal capital en tus bolsillos, ¿qué más necesitas? Nos adoctrinan que si queremos la salvación eterna debemos de trabajar como mulas todo el día y lo que debemos esperar es tan sólo lo que el patrón, o sea dios, nos quiera dar. Una religión donde mi participación como creyente era tan pasiva e ingenua no era para mí. Y, siguiendo lo que dice la Gran Upanishad del Bosque, yo no me sentía identificada con ese dios autoritario, suprematista y machista. La cualidades de ese dios católico no eran cualidades que yo quería replicar ni cultivar en mi persona, y aunque la introducción de la imagen Virgen María al catolicismo intenta cubrir un poco esta carencia, esta religión nacida en una geografía desértica nos condena a una aridez simbólica espiritual desde que nacemos: “polvo eres y polvo te convertirás”.

No siempre pensé esto. Yo disfrutaba mi creencia católica. Me dio cobijo y fortaleza en algún momento. Fui parte, incluso, de grupos misioneros en mi adolescencia, pues creía
fervientemente en “la palabra de dios”. Luego me di cuenta que lo que me gustaban eran sus símbolos, sus ritos y ceremonias que daban sentido de pertenencia, que generaban comunidad. Empecé, pues, mi búsqueda hacia diferentes mitologías, viaje que poco a poco me fue llevando a un camino subterráneo que más tarde me llevaría a la Gran Diosa. Peeero todavía no llegamos ahí. Pasitos de bebé, amixes, que este descenso a la Diosa se devela de a poquito.


Julia: mujer de raíces fuertes. Ivalú: la primera mujer del mundo para los nómadas esquimales. Julia Ivalú: la primera mujer nómada de raíces fuertes. Calculadoramente impulsiva; nunca aprendió a cortarse las alas. Escritora, poeta y artista audiovisual mexicana feminista. Lic. en Animación y Arte Digital por parte del Tec de Monterrey. Cuenta con el diplomado en Danza Terapéutica Humanística y otro en Antropología del Arte, así como con diversos cursos de Escritura Literaria en Literaria Centro Mexicano de Escritores. Su cuento «La caída de un mago» fue seleccionado para su lectura en el auditorio del Museo Soumaya (2015). Su relato corto «So(m)bras» está incluido en el volumen Vita Contemplativa: Los invisibles, coordinado por el Mtro. José Manuel Suárez Noriega (2017). Su obra «Se acerca un zopilote» forma parte de la antología Teatro Mínimo, colección de la afamada dramaturga mexicana Gabriela Ynclán (2019). Su publicación más reciente «Gatonejos», se encuentra en el poemario Cuerpo o inferno, compilado por la poeta oaxaqueña Yendi Ramos (2020).

IG: @julia_ivalu
FB: Julia Ivalú – Escritora
Página web: bit.do/julia-ivalu


Piezas de un alma simple

Enero Escrito por: Alondra Grande Listas y deseos,rezos y decretos,plegarias elevadaspérdidas bajo ningún cielo. Finales que nunca terminan,comienzos que no perduran,certezas que dejan dudas.Palabras que busca el rio,rio que encuentra la marpérdida entre las costasa costa de la paz. En enero hay movimiento,¿por dónde habré de empezar?Fijar el horizonte del lugara donde sea que me…

La vida sucede mientras tanto

Hay una nostalgia que aparece sin aviso cuando el año se termina.No es tristeza. Es otra cosa.Es mirar atrás y darse cuenta de que la vida pasó mientras no estábamos prestando atención. No recuerdo los meses en orden.Recuerdo escenas. Recuerdo una tarde cualquiera que no tenía nada especial y terminó siendo importante. Un suspiro profundo…

Letras Revueltas|Sacar la voz y hacerla orquesta

Volviendo al conversatorio decidí continuar hablando aunque mi voz fuera torpe y mi discurso no recurriera las grandes figuras literarias, a los nombres o a los datos, sino que partiera de mi experiencia. El temor y los nervios se disolvieron con mis compañeras, que complementaban lo que yo decía, incluso en la discordancia.

Cartografías del Instante| Las manos

Las Manos Por Anyela Botina 1. Abrir las manos es un gesto para decir amor, lo que nadie sabe es que abrir las manos es escarbar una grieta.¿Sabías que el corazón tiene la misma forma que el puño de una mano? Me lo dijiste una vez—¿lo recordarás ahora?Hay una palabra aún innombrada, hecha de aquello…

Los árboles y las pantallas que me rodean | De un paseo al terror poético

Por Mijal Montelongo Huberman Cualquiera puede imaginarse un paisaje en la naturaleza. Una imagen estática y pacífica con pastos, algunas hierbas y árboles. Tal vez haya alguien que le agregue algún animal, un cielo azul, un poco de niebla o nubes. Otras personas visualizan una playa con el agua en movimiento. Estas imágenes son tan…

Escribiendo sobre lo que nació para ser escrito | No son tiempos de pelear

Hola, querido lector, ¿cómo estás? Vuelvo a ti después de mucho tiempo, lo sé, y te pido una disculpa. Empiezo a pensar, sinceramente, que debería cambiar el nombre de esta columna a La columna invernal , por lo esporádica que es y porque, casi siempre, termino escribiéndote en diciembre. En fin, después de esta sincera…

De recuerdos, aventuras y reflexiones|A la hora de dormir

Por Tania Farias La rutina estaba bien rodada. Cuando llegaba la hora de dormir, lo acompañaba a cambiarse en pijama, lavarse los dientes y después, venía el momento de elegir el libro que leeríamos esa noche. Una vez la decisión tomada, los dos nos metíamos bajo las sábanas y modulando diferentes voces, según los personajes,…

El ojo de Lya | El milagro de Juquilita

Por: Liana Pacheco En Oaxaca, hoy 8 de diciembre se celebra a la virgen de Juquila, una advocación Mariana, que tiene su santuario en la costa, en la población de Santa Catarina Juquila. Mi fe hacia ella es una fe cautelosa, debido a las creencias de mi abuela: «La virgencita es muy milagrosa, pero muy…

Versátil : La libertad de pensar

En los medios de comunicación se podría describir como el sueño masculino de una mujer-niña , que sea seductora e inocente al mismo tiempo , piensan y son productivas solo cuando al autor le parece conveniente.

Cuentos para niñas empoderadas: literatura libre de estereotipos de género

Por Abril Victoria

Días atrás exponía en el primer coloquio sobre investigación que realiza mi universidad el tema que tanto amé indagar en mi último semestre: la literatura infantil feminista. Y aunque hubiera deseado haberlo expandido hasta una publicación científica (hecho que la burocracia académica de las escuelas particulares como la mía obstaculizó), el día de hoy me propongo sacarlo a la luz. 

La literatura como arte ha manifestado el sentimiento individual y el pensamiento colectivo a lo largo de la historia, de tal forma que para realizar un análisis o crítica literarios, es indiscutible considerar los contextos alrededor de la pieza. En este sentido, la situación social remite a la obra, y desde luego, la obra remite al contexto. Por tanto, vale afirmar que la producción literaria de cierto momento histórico o punto geográfico aludirá a la situación particular de tal fecha o lugar. 

De esta forma, al hablar de la literatura feminista que se produce hoy en día, es indiscutible referir al actual contexto en materia de violencia de género. Para ilustrar esta realidad se tiene que, en 2019, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), estimó que 312 mujeres al día son víctimas de algún delito, muchos de ellos relacionados con asuntos de género. Además, distintas fuentes oficiales sostienen que 10 feminicidios son efectuados diariamente en el país. Para no ir muy lejos, en días anteriores se viralizó el caso del “asesino serial de Atizapán”, que sólo pone en evidencia la ineficacia del sistema nacional de justicia y demás organismos públicos.

Sin embargo, la violencia de género no sólo está presente en los feminicidios, sino que diariamente se manifiesta en actos que muchas veces son “pasados de largo”, como asumir que una persona mal conductora es mujer, o que un hombre no puede expresar sus emociones sin mostrar debilidad. Este último hecho es tan alarmante al punto que las cifras de suicidios en hombres son más elevadas que las de mujeres según datos del INEGI del año pasado: ”Por lesiones autoinfligidas, los hombres tienen una tasa de 8.9 fallecimientos por cada 100 mil hombres (5 454), mientras que esta situación se da en 2 de cada 100 mil mujeres (1 253).

Entonces, si las repercusiones de la violencia en materia de género son tan dañinas, ¿por qué y cómo es que se siguen reproduciendo? En primer lugar es necesario entender que muchos de los actos sexistas en los que la sociedad está envuelta, se encuentran tan normalizados que no se cuestionan, y en cuanto lo hacen, generalmente se inicia un proceso tanto de denuncia de los actos, como de castigo moral a quienes lo denuncian, bajo una idea de “fragilidad generacional” o “exageración”. 

De esta forma, debe hacerse conciencia sobre las ideas que muchas veces se dan por entendidas, y que como sociedad se nos enseñan desde muy jóvenes. Por ejemplo, el azul es para los niños, el rosa es para las niñas; el cabello corto es para hombres y el largo para las mujeres. Irónicamente ambos ejemplos no eran entendidos cómo son entendidos ahora, de hecho, antiguamente, el cabello largo en hombres era símbolo de virilidad; y el color azul al ser tranquilo y pacífico, se atribuía a mujeres.

Con esto pretendo llegar al entendimiento de que los significados compartidos son sociales, ergo, la misma sociedad los produce y los reproduce. El cómo, es interesante, pues entran en juego las instituciones sociales (familia, escuela, estado e iglesia), pero también los medios de comunicación. No por nada, el periodismo es considerado el cuarto poder. Y de manera general entonces, los medios incluidos. 

Ahora, por medios no sólo debe atribuirse a los masivos (radio, televisión y prensa escrita), sino a aquellos como el cine, publicaciones editoriales y cualquier adaptación digital existente, pues no existe mensaje sin una ideología de trasfondo, aún cuando dicho mensaje no posea de manera consciente o intencionada reforzar o reproducir determinada idea. Y es en este punto cuando retomo el tema inicial: la literatura. 

En cuanto un texto es publicado, ya sea de manera física o digital por una editorial, o incluso, cuando se exhibe en plataformas como Wattpad, forma parte de este sentido mediático al que he referido. Así, es consumido por el público y forma parte del imaginario social. Por eso, mucha de la crítica feminista a la literatura es en dos sentidos: el primero, sobre la poca producción o visibilidad a las autoras (que a lo largo de la historia las llevó a utilizar pseudónimos masculinos o emplear un “anónimo”); el segundo, sobre los estereotipos sexistas que se hayan inmersos. 

Así, la literatura feminista buscará visibilizar a sus autoras a la vez que posiciona a la mujer como un ser fuerte, determinado e imperfecto, que no debe ser glorificado por una supuesta superioridad, pero tampoco debe ser reducido a un objeto placer sexual y de ama del hogar. En resumen, la literatura feminista busca valorizar a la mujer como ser humano, y otorgarle una mirada digna y válida de sus derechos.

Ahora, en las primeras líneas hice mención sobre literatura feminista, pero añadiendo un adjetivo más: infantil. El proyecto de investigación al que hago referencia en un inicio ronda precisamente en los textos producidos para niñas. El interés particular en este tipo de textos surge cuando, comprando un regalo de navidad para mi hermana menor, encuentro una pila de libros titulada “Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes”. 

A partir de este momento realicé una investigación sobre el tema, hallando que desde hace unos cuantos años, aproximadamente desde 2017/2018, la producción literaria infantil para niñas ha tenido una tendencia: la de producir textos que engrandezcan a mujeres que por sus aportes a las artes, ciencias o cualquier otro mérito, merezcan el reconocimiento y conocimiento por parte de niñas. Indagando aún más, las autoras de estas publicaciones expresan que su intención es la de hacer entender a las menores que ser mujer no es una limitante para seguir sus sueños, ya que otras lo han logrado antes. Además, las escritoras señalan que también buscan dejar de lado la idea de que las mujeres son débiles o sólo deben dedicarse al hogar, de ahí que muchos relatos se centran en exploradoras, deportistas y científicas.

Con este descubrimiento emprendí un proyecto de investigación académico que se basó en comprobar si las niñas lectoras de este tipo de literatura están apropiando este empoderamiento femenino. Ya que, el mensaje sobre las mujeres como seres libres de estereotipos está siendo enviado, sin embargo, ¿qué tanto y hasta qué punto la intención de las autoras consigue su prometido?

Al revisar trabajos que estudien la literatura infantil feminista me hallé ante una serie de investigaciones que analizan el discurso de la literatura desde una perspectiva feminista, sin embargo, los estudios que se centraran en la interpretación de las niñas fueron nulos. En este punto, enfatizo que es necesario indagar más en las lectoras que en el libro mismo, pues sólo así será posible comprobar y afirmar que esta nueva tendencia literaria está “rindiendo frutos”. 

De esta manera, el proyecto de investigación que emprendí situó su base en los estudios de recepción, tanto literarios como mediáticos (los estudios de recepción se centran en estudiar lo que la persona interpreta y apropia). Así, apliqué una prueba de muestra en una lectora y pregunté sobre la concepción de mujer que ella tenía a partir de la lectura de estos libros. Cabe señalar que ya estábamos en pandemia cuando realizaba esta labor, por lo que no pude aplicar la entrevista a más niñas y señalo que los resultados a mayor escala podrían variar, sin embargo, hablaré de lo obtenido en esta prueba.

Los resultados fueron más que alentadores, pues la niña en cuestión no sólo reconoció a su género como capaz de conseguir una meta sin que ser mujer sea un obstáculo o punto de discriminación, sino que condenó conductas sexistas que narra haber vivido u observado. Además refirió constantemente a sus lecturas para explicar opiniones, ejemplificando al momento de argumentar. Y no sólo eso, sino que dentro de su discurso fue posible identificar el concepto de sororidad, que refiere al apoyo entre mujeres que deja detrás la idea generalizada del sabotaje mutuo.

De esta forma, es posible vislumbrar un panorama donde los discursos mediáticos replantean su ideología, y aunque el proceso pueda percibirse lento, su presencia y lucha está presente, dejando un atisbo de esperanza para las futuras generaciones. Donde madres, hermanas, amigas y compañeras interactúen con mayor libertad y poder en sociedad. 

Finalmente, para las y los que no somos niñas, ¿cuál sería nuestra labor en esta lucha contra la violencia de género? Desde luego, promover que discursos como estos sigan reproduciéndose y llegando a su destino: las juventudes e infancias. Independientemente del medio, pues aunque hoy hablo de los libros, seguramente hay por ahí alguna serie, película, podcast o dibujo que espera un destinatario oportuno. Permíteles llegar a su destino. 

Fuentes de consulta:


Soy Abril Rosas, amante del arte y comunicóloga. Escribo como ejercicio de pensamiento y sentimiento; por una parte la demanda de razón que suscita la cotidianidad; y por otra, las emociones que para mis adentros se acentúan.

He escrito poesía, cuentos y relatos para Prosvet, Poetazos y para Líderes Ciudadanos en su certamen nacional: Historias Ciudadanas. También, para esta misma asociación recibí el premio a mejor cortometraje animado en 2020, donde fungí como ilustradora, guionista, productora y voz de doblaje.

Actualmente trabajo como ilustradora digital y me he desempeñado como periodista digital, guionista y productora para empresas privadas en mi natal Oaxaca de Juárez.

Colaboraciones| Punzadas

Me niego a desperdiciar mis palabras en tus oídos hartos, porque hablarte se siente igual a escribir sobre páginas que alguien más terminará tirando al fuego, para que se consuman en el olvido.

Vaciar una montaña | De qué se trata escuchar a Juan Gabriel

Se me hace hermosa la imagen de un Zócalo lleno queriendo sentir y honrando el vehículo que es Juan Gabriel para emocionarnos. Se me abrió el corazón a decir: qué bonito México, que a pesar de las noticias tan tristes, tan devastadoras, tiene una vía de expresión para sentir. Y Juan Gabriel es uno de…

Ella

Por Madelaine BO. La conocí y no era como la pintaban, incluso podría decir que somos un poco similares. Carácter fuerte y determinante Ella como una Rosa en todo su esplendor, es bella y llamante de atención. Pero hay que tener cuidado si no la sabes sostener, se sabe defender con esas espinas que la…

Colaboraciones | Un helado de chocolate

Yo lo vi. Lo vi como muchas veces antes. Y así como llegó, se volvió a ir. Se me congeló el corazón, pero ya estaba acostumbrada a esa sensación, por lo tanto me armé de valor y sonreí a pesar de los lagrimones que decoraban mis mejillas.

De recuerdos, aventuras y reflexiones|Frente al espejo

Al regresar a casa y prepararme para dormir, me miré al espejo y los vi: no era posible negarlos. Observé uno a uno los cambios ya notorios en mi rostro, esos que han comenzado a marcar el inicio de una nueva etapa de mi vida.

Piezas de un alma simple

Vestido Escrito por: Alondra Grande Es jueves y tengo un vestido amarillo.Parece no combinar con esta tierra verdedesértica, poblada por concreto y desaparecidos. Amarillo como los secretos que guardan los rayos del solcuando acarician la arena olvidada de una isla inhabitada.Amarillo como el deseo de ser vista por ojos conocidosdonde se anida el amor de…

Tramas Humanas | Todos tenemos un poco de Feng Yuan

El mapa de la vocación en movimiento. Hace unos días, mi novio me mostró una imagen que encontró en internet: el currículum de un hombre llamado Feng Yuan. Durante veintidós años trabajó como ingeniero en Microsoft, y después decidió dedicarse a criar gansos y a cultivar bonsáis. Me quedé mirando esa lista de empleos como…

Los árboles y las pantallas que me rodean | Berrendos en el pastizal

Por Mijal Montelongo Huberman Cuando pienso en el norte de México, me imagino un desierto asfixiante e inhóspito sin mucho acontecer sobre todo en zonas que no son ciudades. La película Días de gloria (1978) de Terrence Malick ocurre principalmente en Texas. A dicho estado también le atribuyo esa imagen árida e infértil. Sin embargo,…

Taller Poetas Suicidas: Introducción

Carmen Asceneth Castañeda En la primera sesión del taller, abordamos el origen de la poesía a partir de los sentidos. La poesía se siente, se ve, se escucha, se huele, sabe… se convierte en palabra a través de las emociones y las ideas, pero se registra en los sentidos. También se abordó el concepto de…


Sintaxis |De entre Caos poético y textos perdidos

por Lizzie Vázquez

Los versos ya no son versos
han perdido sentido entre líneas y métrica
mi pulso disminuye por ausencia
de lo que por nombre llamé amor.

Amor no es el culpable
si no el que lo ejecuta sin sentirlo
como los espacios entre palabras
tan Invisibles que reescribir en ellos es sentir.

Que valentía existente hay
entre espacio y sentido
que me permite comenzar la historia,
el cuento en voz alta.



Elizabeth Vázquez Pérez

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, Mexico. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaria de Cultura del gobierno del Estado con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustacion, ensayo Solo ellos pueden hacerlo , relato Dos por un cuarto de hora, 2021), editorial CEA
España (retos escritura 2021,haiku)
Apasionada, creativa, no sabe quien es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.

La encuentras en Instagram como @lizzie_chknormal28

Sobre la escritura femenina como ruptura en el siglo XX | Anónimo era mujer

por Daniela Zizumbo Tovar

Debe haber otro modo que no se llame Safo

ni Mesalina ni María Egipciaca

ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre

Otro modo de ser.

Rosario Castellanos

La escritora inglesa Virgina Woolf consideraba que, si una mujer quería escribir, necesitaba dos cosas en particular: dinero y un cuarto propio. La idea del dinero, deviene de pensar a la mujer como un ser al cual no se le ha enseñado nunca a hacer dinero, siempre relegada a tareas del hogar donde realmente no existe una remuneración económica; por su parte la idea del cuarto propio viene a ser el punto final de emancipación de una mujer, pues tendrá un lugar completamente propio donde pueda hacer lo que le plazca, como escribir. 

    Con estas ideas de Woolf, nos queda claro que lo que necesita una mujer que pretenda escribir es independencia, su independencia, para así poder ser libre de realizar aquello que la haga sentir bien. Pero en determinados contextos, obtener la independencia completa de una mujer se torna complicado, no es lo mismo ser una mujer inglesa a ser una mujer española o mexicana, los contextos serán distintos en cada escritora, pero la esencia será la misma: romper con el sistema que siempre le ha dicho que no puede crear. 

Es evidente que que existe dentro de la literatura un sexismo que se forja en los imaginarios literarios creados por los varones, donde, de alguna u otra manera, los personajes femeninos están condenados a ser y seguir ciertos estereotipos que el patriarcado ha marcado, catalogándoseles en papeles de santas, frívolas, vírgenes, rameras, vampiras o, incluso, ninfómanas, entre otros. Y, por supuesto, esta idea no quedaba sólo en los personajes femeninos que creaban, sino que también alcanzaba a las escritoras, tendiendo con frecuencia a catalogar su literatura como algo ajeno o inferior a lo que escribían los hombres.

Centrándonos en la literatura de España y Latinoamérica para hablar de escritura femenina nos damos cuenta que existe una ruptura entre ellas y los temas que comenzaban a tratar en sus obras, sobre todo, en la etapa de posguerra (en el caso de España), y en Generación de Medio Siglo en Latinoamérica, nos damos cuenta que por años, el canon literario ha sido conformado por hombres y, de vez en cuando, una mujer entre cientos que han sido excluidas, silenciadas. En España y Latinoamérica, en el centro del catolicismo y el machismo congénito, las escritoras del siglo XX han ejercido un papel indispensable: el retratar, reconstruir, lo que vivó, padeció y fue la sociedad en esos tiempos.

En España, el periodo de posguerra estuvo marcado por la pobreza, el hambre, la miseria y la desigualdad social para el pueblo español. Para hombres y para mujeres las consecuencias sociales de la postguerra se veían reflejadas en las producciones artísticas de la España de aquel tiempo. Para los artistas la situación era bastante complicada; las mujeres, en particular, atravesaban por un desafió difícil para escribir, por el hecho de desenvolverse en una sociedad con un machismo tan arraigado y valores sumamente católicos. El arte en general atravesó por una situación compleja de filtros de censura por parte del régimen franquista. La literatura, en particular, pasaba por un momento crucial, pues las mujeres estaban comenzando a ser parte activa del mundo literario, aunque nunca sin dejar de ser marginadas por el mundo artístico.

Entre los temas que escritoras como Ana María Matute, Carmen Laforet o Carmen Marín Gaite, entre otras, comienzan a desarrollar, nos encontramos con imaginarios donde se representa la orfandad por la que atraviesan los infantes en todo el país, la mezquindad, la pobreza económica, el adoctrinamiento político y la violencia sistemática que permeaba entre la sociedad española. También, apelaron por la idea de la identidad, cuestionando la idea de qué es ser español o quiénes son ellos en medio de tantas ideas politizadas sobre lo bueno y lo malo.

En Latinoamérica, sobre todo en México,  la llamada Generación de Medio Siglo fue un movimiento crucial para la cultura por la gran producción literaria a la que dio lugar, junto con otras manifestaciones artísticas e intelectuales que van del cine a los estudios sociales. Entre sus integrantes, se compartió un interés común sobre la literatura y el quehacer literario, también fue un espacio ideológico y toda una poética narrativa donde las integrantes, desde sus diversos estilos, tuvieron un lugar para expresar el sentir de toda una generación. 

Las escritoras de la Generación del Medio Siglo tienen en común que sus obras  se disuelven entre una tenue línea que mezcla la filosofía y la literatura. Entre Inés Arredondo, Julieta Campos, Amparo Dávila y Rosario Castellanos existe una conexión común de temas cotidianos que comienzan a mezclarse con ideas de corte filosófico en sus narrativas, dándole un plus brillante a las situaciones que narran que en otro sentido resultan banales. 

El caso de Rosario Castellanos es de los que más resalta por esta mezcla de filosofía y literatura, pues ella, desde todos los géneros literarios reflexionó sobre el papel e identidad de la mujer, dado como resultado que toda su obra literaria se llenará de reflexiones filosóficas que giran en torno al cuestionamiento de lo que culturalmente se entiende como femenino, refutó el sexismo y reivindicó el papel de la mujer.

Entre las escritoras de España y Latinoamérica se ha comentado que es común encontrar registro autobiográfico dentro de sus producciones literarias. Con frecuencia, es fácil advertir en el nombre de algunos personajes un juego con el nombre de las autoras o con las experiencias que han tenido durante su vida. Por ejemplo, en el libro Primera memoria, de Ana María Matute, el personaje principal llamada Mátia es un juego con el nombre de Matute y el propio personaje responde a una personalidad similar a la de la escritora, mostrando guiños entre el personaje de ficción y Matute, lo mismo ocurre en otras obras de la misma autora, pues su narrativa está llena de paralelismos con su propia vida. 

En el caso de Carmen Martín Gaite en Usos amorosos de la postguerra española realizó un arduo trabajo de investigación sobre la forma en la que se desempeñaban los estereotipos sobre los hombres y las mujeres, hablando abiertamente de temas acerca del amor, la sexualidad, el erotismo, la moral católica y la misoginia congénita de la España franquista, que resultaba en un imaginario rígido, donde quienes pensaban diferente se consideraban traidores. Pese a ser un libro de ensayo literario, Martín Gaite empata su propia experiencia de vivir la posguerra y el cambio generacional en torno a las ideas de España, el sistema de valores, el crecimiento luego de Franco y las creencias del pueblo. Martín Gaite escribe desde su experiencia y la recopilación de diversas fuentes que fungen como testimonio de lo que era la vida en ese contexto. 

En Latinoamérica, las escritoras también dejaron que sus obras fueran un vehículo de crítica a la sociedad a partir de lo que estaban viviendo, rompiendo con sus escritos paradigmas, como lo fue en el caso de Julieta Campos, cubana residente en México, quien posee una de las trayectorias literarias más prolíficas, siendo novelista, cuentista, ensayista, dramaturga y cronista de viaje, en su original obra responde a ideas sobre identidad, su concepción personal del arte y la escritura. Otro caso similar es el de Inés Arredondo, quien pese a su escasa obra, consiguió ser un parte aguas en la literatura escrita por mujeres, rompiendo paradigmas y poniendo sobre la mesa temas como el aborto, el incesto, las relaciones, entre otros temas que logrón ser una crítica a la moral de una sociedad de consideraba hipocrita. 

Finalmente, entre la moral católica y la censura del sistema, la escritura, al igual que otras formas de arte, logró salir adelante pese a que el panorama se veía tan desalentador como el progreso de la sociedad; El papel de las escritoras consistió en aquel entonces en ser resistencia y ruptura de lo que anteriormente se estaba produciendo, las mujeres a través de su escritura llegaron a ponerle nombre a las cosas que nadie enunciaba en medio de un sistema con ideologías tan rígidas que controlaban hasta sus relaciones íntimas. En estas mujeres, la escritura funcionó como acto de resistencia activa que llega a hasta nuestros días, pues no es gratuito que sigamos hoy discutiendo los temas sobre los que ellas escribieron; ellas nos dejan como lección su obra desde donde existieron y resistieron. 




Daniela Zizumbo Tovar. 

Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la UAEMex. Ha colaborado con artículos y crónicas en medios digitales a nivel nacional e internacional. También, ha participado en coloquios y congresos con ponencias sobre feminismo y arte, además se ha presentado en eventos en el Estado de México con lectura de creación propia. Además de las letras, tiene interés en las artes visuales, por lo que se encuentra en preparación en esa línea artística. Apasionada de la fotografía, ha publicado fotos en fanzines internacionales con la temática de las mujeres en relación a los movimientos sociales y el punk. 

Niebla…

por Reyna Morales

«No morirá

la fuerza de este

embravecido mar,

no morirá,

como no muere,

el amor de verdad…»

«Hiéreme», La Verbena Popular

Niebla. Oscuridad. Ignorancia. Dificultad para ver claramente lo que está allí, provocada por la niebla del enojo, de la ignorancia o del amor.

Miguel de Unamuno, autor de “Niebla”, nace en Bilbao (España) en 1864. Muere en Salamanca (España) en 1936. Importante escritor, poeta y filósofo español. Considerado como uno de los escritores mas cultos de su generación. Intelectual inconformista que hizo de la polémica su método de búsqueda. Para entender y ordenar sus pensamientos recurrió a la literatura. Buscó la explicación de la naturaleza humana en la literatura a través de sus personajes.

Tanto su poesía, como sus obras teatrales, tienen como temas los mismos de su narrativa: dramas íntimos, amorosos, religiosos y políticos a través de sus personajes de carácter conflictivo y sensible ante la realidad.

En “Niebla” encontramos personajes problemáticos, víctimas del conflicto, que surgen  de la fuerte tensión  entre sus pasiones y los hábitos y costumbres  sociales que son las que regulan sus comportamientos y que marcan las distancias entre libertad y destino, imaginación y conciencia.

Dos detalles a notar en “Niebla”: la aparición de la nivola y el momento en que Augusto Pérez se enfrenta  a su creador. 

Por definición, la nivola es el silogismo creado por Miguel de Unamuno para referirse a sus propias creaciones de ficción narrativa, para representar su distancia con respecto  a la novela realista del S.XIX.

El mismo Unamuno en el prólogo de “Amor y pedagogía” define las nivolas como “relatos dramáticos acezantes, de realidades íntimas, entrañadas, sin bambalinas ni realismos  que suelen faltar la verdadera, la eterna realidad, la realidad de la personalidad”.

Una de las características de la nivola es que sus personajes tienden a tener personalidades planas, sin matices. Son buenos o malos, sin términos medios. Su concepción es apresurado, sin una etapa de documentación o planificación. En otras novelas realistas, los personajes son ricos en emociones y se llevan su tiempo para forjarlos.

Hay nivolas en sus novelas “Abel Sánchez”, “Amor y pedagogía” o “La tía Tula”, además de “Niebla”.

Por otro lado, tenemos casi al final, el enfrentamiento de Augusto Pérez y su creador, Don Miguel: “¡Pues bien, mi señor creador Don Miguel, también usted se morirá, también usted, y se volverá a la noche  de que salió… se morirá usted, y se morirán todos los que lean mi historia, todos, todos, todos sin quedar uno! ¡ Entes de ficción como yo; lo mismo que yo! Se morirán todos, todos, todos. Os lo digo yo, Augusto Pérez, ente ficticio como vosotros”.

Este fragmento nos habla del Unamuno filósofo que mediante un personaje que se rebela  a su creador, nos parodia fácilmente cuando hacemos reclamos a nuestro propio creador, pues siempre estamos cuestionando el porqué y para qué de las cosas. Recurso  innovador, pues se trata de un método no utilizado antes. 

Pero otro tema digno de ser mencionado es el del amor. El amor no correspondido. El amor hacia un malagradecido.

Augusto Pérez  ha sido flechado, pero el objeto de sus deseos apenas lo mira. Augusto entonces la idealiza y la llena de virtudes que, si bien es posible que posea, el eleva a niveles sublimes. La niebla del amor le bloquea la razón,  no le deja darse cuenta que Eugenia lo desprecia, pues su interés se centra en un sujeto que, a su vez, la ciega, la envuelve en una neblina que no le permite ver que se trata de un patán que no tiene la más mínima intención de ser un hombre serio y responsable para ella.

Las personalidades de los protagonistas son contrarias: Eugenia es una mujer que trata de no seguir las normas establecidas. Trata de no ser entregada en matrimonio con un hombre que no ame. Se rebela al hecho de tener que trabajar en algo que no le agrada. No quiere recibir ayuda de un hombre que no le gusta. Insiste en seguir una relación con un tipo que no tiene oficio ni beneficio. Según ella, es el hombre que ama. Augusto es un hombre que sigue normas, que se siente cómodo siendo recto y respetable. Es serio, educado, mesurado. Por sus pensamientos, podemos establecer que es idealista, es un soñador.  Cuando mira por vez primera a Eugenia, se siente flechado y comienza a cortejarla, mostrando hasta cierto punto, una inocencia encantadora. 

Para el psicólogo Thich Nhat Hanh, “amar sin saber amar hiere a la persona que amamos”. Augusto idealiza tanto a Eugenia que no sabe como acercarse a ella. Termina por pagar sus deudas y eso aleja mas a Eugenia, en lugar de acercarla. La dignidad y orgullo de  Eugenia no le permite apreciar ese desinteresado gesto de amor. 

Para Erich Fromm, “…quien sabe (y quiere) ir mas allá de la atracción y excitación sexual inicial, procurará ser un artesano para hacer del enamoramiento  un amor real, un amor maduro y valiente” (“El arte de amar”, 1956, EU). Eso debió haber intentado hacer Augusto, pero era finalmente el creador el que debía resolver.

El intenso amor de Augusto hacia Eugenia fue lo que llamamos hoy en día “amor a primera vista”. Y ese amor lo impulsó, lo hizo vibrar, aun cuando Eugenia no le mostraba interés alguno. Y casi todos hemos sido invadidos por esa niebla de amor que nos envuelve, que no nos permite razonar y que nos tira de cabeza en un abismo dentro del cual, paradójicamente, nos sentimos felices.  El problema es que pareciera que la vida girara en torno al amor, al romance y nos olvidamos de todo lo demás. Cuando dejamos que dominen las pasiones, podemos perder el control de todo lo que nos rodea.

“El amor no es esencialmente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad, no con un objeto amoroso” (E. Fromm, “El arte de amar”, 1956, EU).


Reyna Morales B.

Mi nombre es Reyna Morales B., soy e gresada de la Licenciatura en Ciencias Humanas. Escribo cuentos, reseñas, crónicas y algo de ensayo. Soy nueva en estos menesteres pero con muchas ganas de hacer aportaciones. Adoro el cine y la música. Soy adicta a las series de TV (¿¿¿Hay algo mejor que “Chicago Fire” o “The Nevers”???). Animalera de corazón y una auténtica loca de los gatos…Así de disfuncional que soy…