Los árboles y las pantallas que me rodean | Berrendos en el pastizal

Por Mijal Montelongo Huberman

Cuando pienso en el norte de México, me imagino un desierto asfixiante e inhóspito sin mucho acontecer sobre todo en zonas que no son ciudades. La película Días de gloria (1978) de Terrence Malick ocurre principalmente en Texas. A dicho estado también le atribuyo esa imagen árida e infértil. Sin embargo, la película no muestra el paisaje que comúnmente se le asocia a la región. Más bien, nos presenta un ecosistema lleno de vida: el pastizal.

Lo primero que me llamó la atención de Días de gloria fue la presencia de berrendos (Antilocapra americana) a los pocos minutos de que inició. Las únicas otras veces que he visto a estos animales en películas ha sido solamente sus cabezas como trofeos de caza. Al no tratarse de un documental, me resultó peculiar que mostraran a una especie en peligro de extinción en México en su hábitat.

El berrendo fue un indicio de que esta película es especial. Conforme avanza, aparece más fauna característica del pastizal: grillos, bisontes, caballos, conejos y zorrillos. También se ven halcones, gaviotas, garzas, faisanes y pavos. E incluso cuando las personas se van a bañar a un río, salen nutrias y peces. De igual manera, la vegetación que vemos es claramente la de un pastizal. La ausencia o la baja densidad de árboles en este ecosistema se hace evidente mientras observamos que el paisaje que pintan los pastos, las hierbas y el trigal cambia constantemente por el viento.

Dado que la historia ocurre a lo largo de al menos un año, la película muestra las características ambientales propias de un pastizal. Este ecosistema tiene una precipitación errática: durante toda la película únicamente llueve una vez. Los veranos son calientes: las personas trabajan en el trigal bajo un sol inclemente. Los inviernos son fríos: después de la cosecha, el suelo, las personas y los animales se cubrieron con una capa de nieve delgada.

Las grandes extensiones de tierra de los pastizales son lugares atractivos para que las personas realicen agricultura o ganadería. En el caso de la película, utilizaron el pastizal para cultivar trigo. También nos permite observar una de las principales intervenciones humanas en este tipo de ecosistema: el fuego.

Días de gloria va más allá de simplemente mostrar a los animales y las plantas como imágenes estéticas, los presenta inmersos en su hábitat. Además, no hay una interacción directa entre ellos y las personas, aunque ocupan el mismo espacio y existe cierta convivencia apacible. Las personas y las pocas casas que se ven están insertas en un ecosistema natural. El desarrollo de la historia ocurre en el pastizal.

Las personas somos parte de un ecosistema. Es muy fácil ponernos a nosotras por delante: vivimos en la ciudad, la ciudad no es habitada por nosotras. En Días de gloria, las personas no viven en el pastizal, el pastizal está habitado por diversas plantas y animales, incluyendo a los humanos.

Aunque las ciudades son consideradas un ecosistema urbano y antropogénico, con frecuencia olvidamos el ecosistema que existía antes de que la presencia humana se hiciera tan predominante y permanente. Podemos ver una metrópolis como la Ciudad de México y es difícil imaginar que antes era un lago en ciertas partes, un matorral xerófilo en otras y un bosque de pino en otras más.

Los remanentes de esos ecosistemas anteriores siguen presentes, aunque pasan desapercibidos. A menos que vayas en la noche o en la madrugada por las calles y los parques, nunca vas a toparte con un tlacuache o un cacomixtle en la Ciudad de México. Los parques dentro de la ciudad tienen algunos pinos entre las jacarandas y las palmas. Los murciélagos han quedado relegados a ciertos extremos de la urbe en lugares abandonados. La fauna y flora dominante es la urbana, las que no lo son, son consideradas extrañas, salvajes y fuera de lugar.

Históricamente, el ecosistema del pastizal en Norteamérica se extendía desde el centro de México hasta el sur de Canadá. Texas también entra en esa área. En la actualidad, su distribución se ha restringido mucho y en México las mayores extensiones quedan al norte, sobre todo en Áreas Naturales Protegidas de Sonora y Chihuahua. Con el cambio climático y la alteración de los ecosistemas por parte de las personas, es difícil predecir el futuro de los pastizales. En el caso de que su distribución se redujera aún más, esta película podría ser un registro histórico importante, más allá de su valor cultural y estético dentro de la filmografía del director.

En ninguna otra película que haya visto se presentan las características más distintivas de un ecosistema como lo hace Días de gloria. Claro que en un documental sobre los pastizales se explicaría más acerca de las interacciones que se dan en ellos, se mencionaría más detalles sobre las especies que existen y se mostrarían paisajes prístinos e inalterados por las personas. En cambio, la película no corta ni evita la presencia humana dentro de un ecosistema natural, lo cual es más verosímil; ya no hay paisajes “vírgenes” ni que no hayan sido alterados por las personas. Tampoco emite un juicio respecto a las interacciones que llegan a establecerse. Simplemente las muestra tal y como son: personas, otros animales y plantas compartiendo un espacio y conviviendo.

Mijal Montelongo Huberman (México, 1996). Estudió la carrera de Biología y la maestría en Ciencias Biológicas en la UNAM. Es traductora, divulgadora y educadora científica. Ha publicado artículos de divulgación científica y de investigación, traducciones literarias, cuentos y minificciones. Siempre está acompañada de libros, perros y gatos

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