Letras que ab (sorben/sortan)| ¿Y ese escritor maníaco?

Maleni Cervantes

Un final abrupto, quizá un poco acarrerado. Sin embargo, el resto de sus páginas resultan por ser una novela embriagante y fácil de digerir. Digamos que un texto para despejar la mente un fin de semana en la que no se tiene internet ni ganas de ver los partidos de fútbol en los canales de televisión pública. Una manera práctica de pasar el tiempo y distraerse.

La verdad es que, aún no logro concretar cómo esta historia me atrapó provocando unas inmensas ganas de leer y continuar leyendo hasta el final para responder a la constante pregunta de «¿qué pasará?».

La novela tiene uno de los personajes más narcisistas que he conocido. Uno de esos que de un principio te llaman la atención, pero terminas por aborrecerlo ante cada una de la sumatorias de los elementos que conforman su personalidad. De nuevo, un espejismo de una lucha constante entre sus deseos más ocultos y el anhelo permanente por encajar en la sociedad.

Ustedes, queridos lectores, se preguntarán acerca de qué libro les estoy hablando el día de hoy y no es ni más ni menos que Rey de picas de la autora norteamericana Joyce Carol Oates.

En estos instantes me atrevería a decir que, pese a ser una novela corta, mantiene un hilo narrativo de suspenso muy interesante que hace un juego de disputas entre personalidades completamente diferentes que corresponden a un hombre que es escritor.

Lo vuelvo a repetir, el típico juego entre el bien y el mal, donde un escritor tiene dos seudónimos. Uno de ellos, el ciudadano ejemplar, padre y esposo perfecto; pero, a la vez, el otro seudónimo es la voz de todo lo que calla y lo que realmente desearía hacer que desemboca en una personalidad alcohólica, machista y agresiva.

Pareciera que a lo largo de la novela hay una disputa entre dichas polaridades hasta que poco a poco la personalidad negativa absorbe por completo al hombre.

No obstante, por la trama a lo largo de la narración tendremos unos toques que nos recuerdan la novela de Stephen King Misery y el cuento El gato negro de Edgar Allan Poe. Lo que nos conduce a preguntarnos ¿qué tanta influencia causaron en la escritora?

Es de vital importancia mencionar que además de la buena trama y los toques narrativos de estos dos grandes de la novela negra, también podemos percibir una serie de referencias a otros grandes de la literatura como Bram Stoker y Mary Shelley, sin contar a todos los otros autores que son mencionados a lo largo de sus páginas.

En cuanto a una breve reseña del libro pudiéramos describirlo de la siguiente manera: un escritor con la vida perfecta es demandado por plagio. Dicha demanda es un punto de quiebre en su vida que provoca que una serie de desgracias acechen la perfección en la rutina de este hombre.

El hombre se preocupa en demasía y nos hace vislumbrar sus secretos más oscuros como el accidente de su hermano que fallece y dos asesinatos desencadenados por la desesperación que ahoga a su segunda personalidad.

No obstante, pese a que pareciera que se trata de una buena historia, debo de confesar que también hay muchos hilos sueltos que pudieron ser parte fundamental de la trama.

Por ejemplo, el descubrimiento de su hija mayor en cuanto al Rey de Picas. Mientras que, el final fue precoz y careció del toque misterioso y de la característica voz narrativa que nos iba acompañando en la novela. Es decir, fue un final apresurado como si no se supiese tratar ya la personalidad del personaje y la perturbación que causaba el mismo.

Por estos motivos, yo diría que es un libro quizá apto para iniciarse en la literatura de misterio, ya que es fácil envolverse en él, pero también puede que al final nos dejé un sabor amargo en la boca pidiendo por más, imaginando distintas alternativas para darle un cierre más fuerte al igual que la narración.

No obstante, ¿quiénes somos nosotros para juzgar? Al menos eso dirían por ahí. Lo que sí les puedo garantizar es que el texto les hará pasar un buen rato y los dejará con la sensación de querer regresar a los tiempos en los que escribíamos fanfics para dejar volar nuestra imaginación y darle así el cierre que tanto esperábamos.

Referencias

Oates, J. C. (2016). Rey de picas. Una novela de suspense. España: Alfaguara.

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Letras que ab (sorben/sortan) | De lecturas amenas

Maleni Cervantes

Creo yo que todos en algún momento hemos escuchado la metáfora que habla de la vida como un libro que vamos escribiendo con cada una de las decisiones que tomamos. A muchos nos han hablado de cómo las hojas se encuentran en blanco y se redactan con el pasar de los años. Donde nosotros mismos conformamos la portada con la que nos identifican los demás.

Ahora, imaginen un texto que habla acerca de esto. De la vida como una serie de libros que hacen referencia a la cantidad de posibilidades existentes que tenemos para modificar nuestro destino donde la más mínima acción desemboca en un torrente de futuros diferentes al que pudiéramos imaginar.

Les estoy hablando de La biblioteca de la media noche. Yo llegué a esta lectura por la recomendación de mi pareja. Al principio no sabía qué esperar de él e incluso puedo confesar que ni siquiera llamaba mi atención. No obstante, me decidí a darle una oportunidad. Y fue así como terminé en una aventura cargada de emociones que no creí que me pudiera provocar.

Es un libro que como primer punto nos hace reflexionar acerca de la importancia de lo que es la salud mental. La salud mental no es un juego, sino que es un factor primordial para que las personas puedan acceder a una vida digna en la que tengan aspiraciones e ilusiones por las cuáles seguir viviendo.

Si una persona se sumerge únicamente en lo negativo que le ocurre es obvio que desistirá, como lo dicen por ahí, tarde que temprano. Ya que es claro que en las condiciones socioeconómicas y políticas en las que vivimos los latinoamericanos no es fácil afrontar los problemas que día a día nos acechan.

Hay veces que pareciera que todo lo malo se nos va acumulando. Pudiéramos hablar de una pelea en un rin donde recibimos puñetazo tras puñetazo, puesto que la vida quiere ganarnos con un temible nocaut.

Primer golpe, el cruzado, un familiar tuyo tiene una enfermedad incurable y agresiva que puede llevarlo a la muerte; segundo, el uppercut, tu jefe te despide por llevarle la contraria y quedas con cuentas pendientes por pagar desde la tarjeta de crédito hasta la renta; tercer impacto, gancho al hígado, tu esposa te abandona por alguien más y quedas con el corazón roto; cuarto, un crochet, padeces de insomnio y los arrepentimientos no te dejan en paz, el famoso “hubiera”; por último, el swing y la desesperación por sobrevivir sin tener ningún tipo de patrimonio que te respalde o te brinde la menor de las seguridades básicas como vivienda o salud.

Desde esta perspectiva, la vida se torna de un color grisáceo opaco y, en ocasiones, de un negro carente de brillo y resplandor. Por lo que es normal sentirse acorralados y sin opciones para implementar. Ahora, considerar que existimos personas que únicamente observamos los aspectos negativos, nos juzgamos, nos recriminamos a nosotros mismos… Eso provocaría indudablemente un desliz que nos lleve a decisiones drásticas como intentos de suicidio.

¿Para qué seguir viviendo si hice tal cosa?, ¿y qué pasa si sigo creciendo sin ser nada en esta vida?, ¿qué pensará mi familia de mí si no cumplo con sus expectativas?, ¿qué pasa si renuncio al trabajo y no encuentro algo mejor?, ¿por qué no pensé mejor las cosas antes de haber perdido tanto tiempo de mi vida?, ¿por qué no mejor hice esto en vez de esto otro?, ¿qué pasaría si ya no existiera?, ¿les quitaría un peso a mis seres queridos y a quienes me rodean?, ¿tengo realmente seres queridos que me quieran?, ¿estoy sola?, ¿por qué me pesa tanto la soledad?, ¿por qué soy tan difícil de tratar, querer, amar?, ¿para qué vivo si no sirvo para nada?, ¿por qué me aferro si no tengo posibilidades de hacer y ser nada?

La vida es incierta, más en algunas ocasiones nos puede parecer injusta porque hay personas que nacieron con mejores oportunidades que nosotros. Además, en el contexto en el que nos desarrollamos nos hace olvidarnos de nuestra parte humana y de nuestras necesidades y derechos más básicos. Por ejemplo, la necesidad y el derecho a descansar sin tener que ser productivos todo el tiempo.

Por lo tanto, es difícil dar el ancho en una sociedad como esta, y más si se padece de algún tipo de enfermedad mental que te impida seguir el ritmo que se te exige: trabaja, estudia, ejercítate en el gimnasio, maquíllate, vístete bien, esos zapatos no te combinan, no has terminado los proyectos que pidió tu jefe, ¿no piensas seguir capacitándote?, sal con amigos, ve películas, convive con tu pareja, haz el aseo… Haz, haz, haz. NUNCA DEJES DE HACER. El que deja de hacer es una persona ociosa e inútil que no se preocupa por su futuro, a final de cuentas ya hasta la educación es por competencias. Compite con la persona que está a tu lado y demuestra que eres mil veces mejor. No te detengas a apoyar a quien lo necesita, sólo importas tú y el camino que logres recorrer.

Por ejemplo, si quieren que salgas del poblado pequeño en el que vives, estudies una carrera y te conviertas en alguien famoso, quizá una nadadora profesional o la cantante de un grupo de rock, tienes que hacerlo. Porque si no cuando te despidan y se muera tu gato y no tengas a nadie a tu lado te verás hastiado y tratarás de dejar esta vida para siempre.

Esto que les acabo de narrar en el párrafo anterior es el ejemplo de la vida de Nora y del primer punto de reflexión que les mencioné. Ella es el ejemplo ideal de cómo ve la vida una persona que necesita de ayuda para recuperar su salud mental que fue resquebrajada por su entorno.

Pero al mismo tiempo, este punto de partida que pareciera ser la muerte, se convierte en el segundo aspecto de reflexión que nos ofrece la lectura, donde el límite de la muerte y la vida se convierten en la posibilidad de un nuevo comienzo.

Nora en vez de cruzar el umbral de la muerte se da cuenta de que termina en una biblioteca con una cantidad infinita de libros donde se le plantea la posibilidad de elegir una vida que le agrade más que la que tiene en la actualidad.

Para ello se le explica que cada libro en la biblioteca corresponde a todas las vidas que ella pudiera tener con solo tomar una decisión diferente. Es decir, se enfrenta con la hipótesis de que una persona puede vivir la vida que desea (o incluso estarla viviendo en líneas temporales diferentes como la teoría del gato de Schödinger) por el simple hecho de tomar diferentes elecciones como tomar café en vez de té. Lo que nos conduce, a su vez, a concluir a que la vida es incierta y no la podemos controlar.

Por lo que, el segundo punto de reflexión es el observar que nuestra vida como personas depende en gran parte de las decisiones que tomamos en momentos determinados, pero que pese a que deseemos algún tipo de resultado en específico, la vida es tan incierta que puede dar como resultado algo completamente diferente a lo que habíamos deseado en un principio.

Es decir, no debemos de recriminarnos o arrepentirnos por el pasado, porque las decisiones que tomamos, buenas o malas, nos pueden llevar a diferentes destinos que a su vez podemos seguir modificando con las siguientes decisiones que tomemos. No porque nos equivoquemos una vez significa que no podamos remediar nuestro error y merecer un presente más acorde a lo que anhelamos. Está en nosotros seguir esforzándonos por conseguir nuestras metas o quedarnos estancados lamentándonos.

Por otro lado, el libro es la exploración de varias de las vidas que pudo tener la personaje principal para ver cuál de ellas es la que realmente quisiera vivir. Digamos que es una búsqueda interior para conocerse más a sí misma y lo que esperaba de la vida, si es que quisiera seguir viviendo realmente.

Debo de confesarles que el libro es tan sencillo de leer y comprender que te va envolviendo en él como si fuera una charla con amigos donde quieres saber más y más sobre lo que le pasa a tu amiga. Razones que te conducen de la mano a ver cómo sería una vida en Australia, otra en los polos con el estudio de los glaciares, profundizando en la vida de una nadadora profesional y al mismo tiempo en la de una simple veterinaria o una profesora de filosofía que es madre de familia.

Nora se enfrenta a un mar de posibilidades distintas. Aprende a gozar y disfrutar de cada una de ellas, experimenta y experimenta y sé da cuenta que realmente no le molesta la vida si no la manera en que ella se toma las cosas. Al grado de que decide que la vida que quiere vivir es la que tenía hasta el momento, pero con la perspectiva de que todo pasa por algo, pero al mismo tiempo nada es para siempre ni irreversible, no hay nada que una acción nuestra no pueda modificar nuestra realidad inmediata.

En este punto tenemos el tercer punto de reflexión de la lectura, la invitación a no ser tan crueles con nosotros mismos y a no tomar todo como un mal infinito. Cambiar nuestra perspectiva para que no nos afecte en gran medida lo que ocurre en nuestro alrededor, porque siempre habrá cosas, personas, detalles que nos hagan sentir mejor y nos recuerden nuestra naturaleza como seres humanos: la necesidad por vivir la vida.

O al menos, esa fue la lectura que yo le di al texto. Quizá suene muy utópico o un simple texto de autoayuda, sin embargo, en lo personal me doy cuenta de que quizá siempre habrá tiempo para todo y para cambiar las cosas por si algo no me gusta, porque tal vez muy en el fondo, la vida no es tan mala, sólo un poco complicada.

Y por esto mismo me gustaría hacerles la invitación a que lean este texto para que después me den su opinión. A lo mejor les puede ayudar a ver la vida de una manera diferente, o también puede ser que me tiren de loca y ahora ustedes me recomienden una lectura que me haga visualizar otro punto de vista muy diferente al de esta lectura.

Referencias

Haig, M. (2021). La biblioteca de la medianoche. España: AdN.

Si deseas leer más contenido de la columnista, te invitamos a visitar el siguiente link donde encontrarás textos narrativos (cuentos y más) y artículos de Maleni Cervantes.

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HIGHWAY

Los perros y las carreteras son enemigos.
Entre ellos jamás ha existido paz
Pero también entre ellos
Hay necesidad
La muerte de uno necesita 
La velocidad del otro
Existe una fecha para saber
Cuando empezó esta pelea
Pero puedo afirmar 
Que fue al mezclar
La arena y el cemento
Sobre los cuales 
Quedaron cuerpos tiesos
Conozco la sensación 
La de un pecho que deja de respirar
He visto como se acaba la vida
Como los ojos se quedan sin color
Se como huele un perro 
A la orilla de la carretera.

Extraño Cotidiano * La Meche cumple años II

Susana Argueta

La cita es a las 9:30 de la mañana. Es el aniversario del mercado de La Merced. Se agrega al festejo el mercado de Jamaica que cumple la misma edad: 65 años Inaugurados ambos  el 23 de septiembre de 1957, se han reunido en una especie de calenda para hacer un recorrido por los pasillos del mercado. Es 23 de septiembre de 2022.

Desde antes de las nueve de la mañana ya ha comenzado a reunirse la gente en el atrio de la iglesia de Santo Tomás Apóstol La Palma, una suerte de personajes provenientes de diferentes puntos de la Ciudad de México. Van llegando poco a poco.

Pasan de las diez de la mañana. Cerca de la entrada de la iglesia, un sol de pétalos de rosa flanqueado por dos lunas se dispone como ofrenda en el suelo junto con mazorcas y frutas para la invocación ritual a los cuatro rumbos. El olor del sahumerio se dispersa y se escucha un caracol prehispánico. Dos huehuetl, danzantes concheros e instrumentos de cuerdas evocan el tiempo de los ancestros. El ambiente es místico. Todo parece regresar al momento en que el lugar se asentaba junto a los canales del lago en un trajín de mercancías traídas de sitios remotos. En efecto, desde 1594, en este lugar se fundó junto a la Acequia Real el Monasterio de Nuestra Señora de la Merced de la Redención de los Cautivos, limítrofe de la antigua ciudad. Del otro lado, las aguas y los pantanos.

Alrededor del Convento de La Merced, la actividad comercial proliferó ya que a unos pasos se podía encontrar el Canal de Roldán donde llegaban las canoas repletas de productos agrícolas provenientes de Xochimilco, Tláhuac, Chalco y Texcoco. Pero esto es una remembranza provocada por la escena. Grupos de la mexicanidad atuendados con penachos, copiles, huesos de fraile, principian a danzar. Son rituales heredados, mestizados con la tradición católica que perviven y buscan arraigarse a las raíces de los pueblos originarios del Valle de México.

Todo tiene que ver. Es la manera de vincular el pasado con el presente, bendecir y pedir bonanza, prosperidad.

Imagen: Parroquia de Santo Tomás Apóstol (La Palma) @Susana Argueta.

Insurrecciones Estéticas | American fiction y las falsas insurrecciones

Por Selvia V. Kotasek

Lo que decíamos es que tenemos derecho no solo como mujeres, no solo como negras, no solo como lesbianas o como trabajadoras o de clase obrera, que somos personas que encarnan todas esas identidades, y tenemos el derecho de construir y definir la teoría y la práctica política basándonos en esa realidad… A eso nos referíamos con políticas de la identidad. No queríamos decir que, si no eres como nosotras, no eres nada. No decíamos que no nos importaran quienes no fueran exactamente como nosotras.

Barbara Smith*

*En Haider, Asad, 2020, p. 41

American fiction es una película multipremiada de este año que cuenta la historia de Thelonious Ellison, “Monk”, un escritor y profesor afroamericano que atraviesa una serie de problemas personales, familiares y económicos, al tiempo que lucha contra la frustración que le genera el hecho de que la literatura hegemónica de su país (Estados Unidos) alabe y consagre obras que, para su gusto, son un cúmulo de estereotipos sobre las personas afroamericanas, e ignore sus libros por “no ser suficientemente negros”. Esto lo lleva a escribir, de manera irónica, una obra simple y estereotípica con la cual busca burlarse del mundo editorial bajo un seudónimo. Para su sorpresa, obtiene el éxito y la remuneración económica que había estado buscando.

No sobra decir que la construcción del guion y las actuaciones son aspectos que elevan la calidad de la película, sin embargo, es el tema que pone sobre la mesa lo que me hace traerla a este espacio a pesar de que ni la dirección, ni el guion, ni la novela en la que se basa, están realizados por mujeres (aunque sí fue fotografiada por Cristina Dunlap) y a pesar de que, aunque hay interesantes personajes femeninos, la historia no se centra en ellas.

Sin embargo, desde mi punto de vista la cinta abre una serie de reflexiones, a través de la sátira, que resultan muy pertinentes en estos tiempos de corrección política, funas y políticas de la identidad[1], pues pone sobre la mesa temas como la representación, los estereotipos y el papel de la cultura en el poder y en la vida de las personas.

Creo que más que darme respuestas, la película me invitó a hacerme muchas preguntas, algunas de las cuales parecían habitarme desde hace mucho sin encontrar cabida para salir. Por ejemplo, ¿es válido investigar y escribir sobre algo que no te atraviesa directamente? O en su caso, ¿sólo podemos investigar y escribir sobre aquello que nos atraviesa? ¿Hay una forma ética de llevar historias que no son nuestras a una obra? ¿A qué nos referimos por “nuestras historias”, “nuestras experiencias”?

El tema que está de fondo es la identidad, ese problemático concepto que parece abarcar todo y nada a la vez, pero al que se apela de manera constante en la sociedad. Y es que nuestras historias, experiencias y aquello que nos atraviesa están determinados por quiénes somos; esa pregunta, existencial y profunda, que parece que se responde, principal y primeramente, por nuestro sexo, raza, clase y orientación sexual, aspectos que conforman nuestra identidad, y también la definen, limitan y constriñen.

La reivindicación de estos aspectos que conforma la identidad se ha vuelto una forma de hacer política[2] y su vez, ha permeado la forma de hacer cultura, lo cual podemos observar a través de -los otros famosos conceptos de- la representación y la inclusión. Vemos hoy, y es digno de celebrarse, personajes diversos, historias alternativas y representaciones diferentes a lo que por mucho tiempo distinguió a la cultura hegemónica: lo blanco, burgués y masculino. Necesitábamos eso: otras historias que conformaran el imaginario y pudiéramos ser capaces, no sólo de vernos representadas, sino de significar nuestras vidas.

Sin embargo para que esto sea posible, parece necesario asumir que la representación y la inclusión serán siempre en términos de quienes tienen el poder de decidir qué forma tiene la cultura hegemónica. La poca visibilidad que recibe Monk de su obra se debe a que no está siendo el hombre negro que debería de ser para ser incluido. Esa es la ironía que nos regala la película: el dibujo de una sociedad tan aferrada a despegarse de las etiquetas a través de su reivindicación, que se vuelve incapaz de pensar fuera de ellas.

En ese sentido, la película me hizo preguntarme si nos estamos extralimitando con las reivindicaciones a la identidad, llevando al límite la individualidad y buscando, como fin último, vernos en la gran pantalla, olvidando que aquellos aspectos que conforman nuestra identidad y que han sido utilizados para oprimirnos, no deberían volverse etiquetas limitantes y estereotipadas, y mucho menos, razón para limitar nuestras interacciones con otras personas diferentes a nosotras. [3]

Me parece que la cinta es insurrecta al exponer la cooptación, por parte del poder, de las reivindicaciones identitarias que en su inicio surgieron para nombrar lo invisibilizado, pero que hoy se venden al mercado a través de representaciones e inclusión, y que logran disolver las luchas reales, y de paso, discriminan y excluyen a quienes no caben en lo que -reivindicativamente- se dijo que deben ser.[4]

En la película, la escritura seria de Monk es pasada por alto sin revisar si es literariamente valiosa o no, sino por el simple hecho de no ser lo que se espera que escriba un hombre negro, es decir, no hay reivindicaciones a su identidad racial. Al mostrar esto, la cinta pone sobre la mesa otro importante fenómeno: productos artísticos y culturales que surgen como grandes reivindicaciones de algún grupo poblacional y que resultan en la reproducción de estereotipos que refuerzan el lugar social (de opresión) de esos grupos. Tal como piensa Monk de la literatura afroamericana que lo rodea.

Dudar de esas obras «revolucionarias» puede sonar conservador (el propio personaje de Monk puede parecerlo en ocasiones), sin embargo, el fenómeno que critica no me parece nada alejado de la realidad, pues nos hemos acostumbrado a consumir reivindicaciones identitarias en forma de representación e inclusión que a veces ya no cuestionamos si en verdad lo son, o si sólo están reproduciendo estereotipos. En ese sentido parece importante mantener la sospecha ante las falsas insurrecciones. Creo que no todo es tan insurrecto como a veces nos lo pintan. Y está bien, no todo debe de serlo.

La representación debería ser un medio para la lucha, incluso su consecuencia, pero definitivamente no su objetivo. Salirnos de las etiquetas y los estereotipos no es tan fácil, la película lo demuestra al dar cuenta de la renuencia de la industria editorial para publicar otro tipo de «literatura afroamericana» y de la condescendencia con la que tratan la obra no seria de Monk.

La resistencia real a los estereotipos parece darse en espacios y prácticas pequeñas y discretas, pero sumamente potentes. La insurrección está fuera del territorio de la inclusión, y sí que nos muestra una amplia gama de historias, experiencias y posibilidades. Hay que recuperarlas.

Me gustó ver la película porque me parece que no busca dar respuestas o juzgar a la sociedad actual para imponer otra visión de cómo deberían ser las cosas. Monk no es un héroe, es mostrado con complejidad, lo que resulta coherente con lo que está plasmado en la cinta. Pero sobre todo, me gustó porque me permitió nombrar y validar aquellas dudas que tenía, la sospecha que me habitaba y sobre todo, hacerme más preguntas:

¿Dónde está el equilibrio entre nombrar y reivindicar nuestra identidad y la reproducción de estereotipos?

¿Desde qué criterios deberíamos evaluar una obra? ¿Todos son válidos? ¿Deberíamos consumir sólo aquello que es reivindicativo?

Si Monk fuera una mujer, ¿cómo hubiera sido la obra con la que se burla de la industria editorial? ¿Qué se espera de la cultura que hacemos las mujeres? ¿Qué esperamos nosotras, como creadoras y como consumidoras?

¿Cómo hacer política y cultura diversas sin llevarlo al extremo de la individualidad?

Ese famosísimo libro de cuentos escrito por una -ya famosísima- mujer mexicana “de barrio”, lleno de lenguaje coloquial y jerga apegada a estereotipos de diferentes estratos sociales que no pude terminar de leer porque me pareció insoportable… ¿era una broma como la de Monk?

Preguntas que probablemente nunca encontrarán respuesta…


American fiction se puede ver en Amazon Prime.


Las ideas que me detonó esta película no son para nada novedosas, hay mucho trabajo de crítica a la individualidad y consecuencias de las políticas de la identidad. Quise respaldar un poco el texto a través de las notas al pie, que son citas del libro “Identidades mal entendidas, raza y clase en el retorno del supremacismo blanco” de Asad Haider, disponible aquí.

[1] Las políticas de la identidad fueron conceptualizadas por el Combahee River Collective (CRC) en 1977, un grupo de militantes negras lesbianas que introdujo el término en su discurso político como una manera de situar el origen de sus políticas en sus propias identidades particulares (Haider, Asad, 2020, p. 40).

[2] “El concepto de políticas de la identidad encarna el centrarnos en nuestra propia opresión. Creemos que las políticas más profundas y potencialmente más radicales provienen directamente de nuestra propia identidad” Combahee River Collective, en Haider, Asad, 2020, p. 40

[3] “Nunca pensé que Combahee, o los otros grupos feministas negros en los que participé, debieran centrarse solamente en asuntos de interés para nosotras como mujeres negras, o que como mujeres lesbianas o bisexuales debiéramos centrarnos solo en asuntos lésbicos […] Fuimos muy activas en el movimiento por los derechos reproductivos, incluso aunque en aquel momento la mayoría de nosotras éramos lesbianas. Comprendimos que construir alianzas era crucial para nuestra propia supervivencia” Demita Frazier en Haider, Asad, 2020, p. 41.

[4] “lo que empezó como una promesa de superar algunas de las limitaciones del socialismo para construir una política socialista más rica, más diversa y más inclusiva” acabó “siendo explotado por aquellos con unas políticas diametralmente opuestas por las del CRC” Salar Mohandesi en en Haider, Asad, 2020, p. 41.

Letras Revueltas|Pérdidas y duendes

Por Illari Alderete y amigas(os)

A mi abuelita, Bicha.

Durante el eclipse del 8 de abril, llevé a mis alumnos del taller de Redacción a observarlo, a percibir sentimientos y emociones. En el eclipse de 1991, yo tenía ocho años, mi padre nos compró utensilios para poder verlo, recuerdo que estaba tan emocionado que inevitablemente me hizo ser consciente del momento del que estaba siendo testigo. Mis estudiantes me contaron lo que esperaban que pasara (oscurecimiento total, rapidez, etc.) en contraste con lo que estaban observando (luz cálida, calma). Después de una hora y media, la penumbra nos inundó, el taller terminó y nos separamos. Sentí que volví a  casa con una carga inusual.

Alrededor de los eclipses ha habido muchos mitos, como el de la Coyolxauhqui, razón por la que hoy tenemos un espacio para escribir con ese mismo nombre. Ese día, mi amiga Adriana, quien tiene aún una conexión con la lattice, nos recomendó bañarnos con sal para que la sombra no nos lastimara, pero no hice caso a sus avisos. También se les recomienda a las mujeres embarazadas amarrar un lazo rojo en el vientre para que su hija o hijo no nazca con labio leporino, algunos otros mencionan que si le soplas a una verruga, en dirección al eclipse, desaparecerá. No sólo es un día para la observación astronómica, también es un día propicio para que la magia cotidiana vibre con mayor profundidad. 

Al día siguiente pasé mucho tiempo buscando el par de uno de mis calcetines. Pensé que seguramente se había ido detrás de mi cama, lugar en el que mi otro yo suele guardar las cosas perdidas, pero no encontré nada.

En un programa de radio escuché que el locutor decía que durante el eclipse de 1991 se había encontrado con un duende, él tenía 5 años, recuerda vagamente que era como un señorcito. Ese día, al querer ir a mi trabajo, busqué las llaves de mi auto, suelo dejarlas en el porta llaves para no perderlas, porque he llegado a miles de lugares tarde debido a mis constantes distracciones, para mi sorpresa, ya que mis distracciones me han hecho metódica, las llaves no estaban en su lugar, me la pasé buscando 15 minutos, hasta que decidí usar las llaves de repuesto, fui al auto y cuando me subí, las llaves estaban en el asiento. ¿Cómo ocurrió aquello? Me recuerdo colocando las llaves en su lugar. 

La historia cuenta que los duendes son seres pequeños que se sienten atraídos por la riqueza, son cuidadores de la naturaleza, aparecen después de fenómenos importantes como los arcoíris y los eclipses. Hay de distintos tipos; los del hogar y los del bosque. Pueden ser buenos acompañantes en la casa, pero si no se les complace, pueden ser un fastidio. De ahí que haya distintas representaciones de los duendes, una de las más tenebrosas es la del Duende maldito (Leprechaun) que trata de un duende que busca venganza porque le han robado su olla de oro. Es una película que mezcla el terror y el humor, hoy la conocemos como comedia de terror.

Después del eclipse, pasé muchos días agitados, evaluaciones en la escuela, cumpleaños de personas cercanas, mi abuelita en cama. Uno de esos días que llegué a casa me mantenía inquieta, las cosas caían sin razón. Encontré el juego de cartas que compramos en Baja California fuera de lugar y abierto. Comencé a tomar fotos, para mostrarle a mi pareja que no soy yo la que imagina y mueve cosas. “Tal vez se cayó por los microsismos que producen los transportes de carga que pasan alrededor”, me dijo.

Otra representación de los duendes aparece en la película El Ojo del Gato(1985). En la cultura popular se dice que los duendes roban el aliento a las personas o la energía vital, provocan pesadillas e incluso maleficios. En la película, en la tercera historia, se cuenta que alrededor de un vecindario ha habido varias muertes de niños por hipoxia o asfixia. El gato, que es la unión entre las historias, entra a la recámara de una niña que tiene miedo de dormir, por las pesadillas y la falta de aire. El gato y ella duermen, cuando se escucha un trueno y un duende (gnomo) entra por la pared, trepa a la cama y comienza a robarle el aliento a la niña. Recuerdo esta escena como una de las que más miedo me han producido. ¿A quién más se le iban a ocurrir estas historias si no a Stephen King? Creo que él y el cine produjeron mi gusto por el terror.

Me llama mi madre, mi abuela ha dejado de comer y toma poca agua. Le cuesta trabajo respirar. Decido ir a verla. Me acerco a ella tratando de platicar, no sé si me escucha, pero le digo, estamos todos, no tengas miedo. Mi abuela asiente. Mientras era niña la comida solía ser ese momento odioso en que tenía que distraerme de mis juegos, de mis series, de mis libros, pero cuando visitábamos a mi abuela Bicha, le decía así porque la imaginaba como un gato gigante, lo más rico era la hora de la comida. Con el tiempo comprendí que esa era su forma de amar. Mi abuela solía hacer buñuelos riquísimos y yo le hacía chistes porque ella se conformaba con los bimbo. Ese día le pregunté si quería unos y me dijo que sí. Mi abuela era juguetona incluso con la muerte acostada a su lado. Es un tesoro. 

Los duendes pueden ser amables también, uno de ellos es el duende Zahori, es un duende del hogar y si le ofreces un salmo, ayuda a encontrar cosas perdidas. Las personas podemos pensar que los duendes que roban la energía vital son malos, pero también se dice que se llevan a las personas cuyo valor excede al de los demás. Tiene lógica si pensamos que les gustan los tesoros. Recuerdo una caricatura que se llamaba Bosque mágico, en ella el guardabosques te hacía pequeñito como un duende. En cada capítulo, el niño o niña pedía un deseo, que muchas veces tenía que ver con problemas familiares. El bosque, los animales, los niños en forma de duendes transformaban cómo se percibía la realidad.

De regreso a casa, en un alto, un señor se puso a limpiar mi parabrisas, por instinto siempre digo que no, porque nunca llevo monedas, acepté la limpieza y cuando me puse a buscar mi cartera me di cuenta de que no estaba, llevaba todo el día sin usarla. Tuve que disculparme, por la pérdida de otra de mis cosas. Desde el eclipse no encuentro nada.

En el podcast de las Morras malditas cuentan que los duendes tienen esta forma arquetípica: son como personitas, tienen gorro, mallas rayadas, traje verde y un cascabel. Coinciden en que cuidan el oro, lo protegen o lo ofrecen a cambio de algo. Si suena una campana es que dejan dinero. Todo depende de que les agrades. Suelen aparecer cuando se les necesita. Como en Arriety y los diminutos (2010), en la que Arriety, un duende, ayuda a Shö que es un niño con problemas en el corazón. 

Son las 8 de la mañana, suena una campana y mi teléfono vibra. La noche anterior no pude dormir porque tuve el presentimiento de que algo le pasaría a mi abuela. En el mensaje leo: “Se ha ido”.

Me quedé en tus pupilas, mi bien

Ya no cierro los ojos

Me tiré a lo más hondo

Y me ahogo en los mares

de tu partida

de tu partida. 

      “Estrellitas y duendes”, Juan Luis Guerra

En la mesa encontré un montón de monedas antiguas. Ahora sé que mi abuela está al final del arcoíris aunque yo esté perdida.

Illari Alderete

Amante de las letras, de los libros, de las series, de las tardes lluviosas que traen un dejo de nostalgia. Soy docente desde hace una década y me he descubierto alumna desde entonces. Me gusta soñar e imaginar otras posibilidades aunque a veces se conviertan en pesadillas. Recobré el camino de la escritura hace casi un año cuando las experiencias en forma de palabras comenzaron a desbordarse y, aquí estoy, aferrada a otra posibilidad.

Piezas de un alma simple

Escrito por: Alondra Grande

Mayo

¿Dónde está el alma?
¿Dónde la he dejado?
Se mojó bajo la lluvia de agosto,
cuando el frío no calaba
y el rocío no enfermaba.


La tendí bajo un árbol de limón,
le pedí que aguardara mi regreso.
Ahora vuelvo y se ha marchado
escapó como escapan los suspiros
entre un par de labios apretados.

Desde entonces ando con los pies arrastrando,
el amanecer no me produce asombro,
no encuentro satisfacción en lo que antes me daba gozo
¿Acaso me ha abandonado?
¿Huyó al saber que la estaba buscando?

¿Dónde he dejado el alma?
Si alguien la ve, por las noches, cantando
o riendo cuando pasa un párajo
díganle que sueño con haberla encontrado.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 23 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

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Un día solitario por Jeanne Karen en La máquina verde

Suenan las primeras bestias de la mañana: un despertador casi moribundo, la licuadora de la vecina, el carro que a veces enciende y otras no. Miro por la ventana, el andar del gato sobre la barda me recuerda a otra época de la vida.

Antes todo era lento, luego llegó el tiempo voraginoso de la edad adulta: hacer lo más posible hasta donde la resistencia del cuerpo diera tregua, guardar dinero, aprovechar el tiempo.

Cuando fui joven, realmente lo fui, había tanta decadencia, pensamientos encontrados, desilusión. Luego tuve que entrar en el mundo del mercado, de la producción; creo que muchos pensamos en hacerlo así: luchar duro por años, luego tratar de laborar menos, hacer lo que nos gusta en realidad y  descansar. Así mi vida era como una especie de presentación de diapositivas, gráficas de picos: gente, lugares, actividades, luego el silencio.

El silencio trajo también a su hermana: la soledad. Ahora me hago acompañar por el sonido del televisor, los pasos de alguien que se aleja por la acera, la lluvia incipiente. A veces es devastador llegar a la habitación y no haber cruzado palabra con otra persona, no recibir un abrazo, una sonrisa. En casa suena el agua, ya no sé si es el agua corriente o una gotera, solamente sé que es el ruido que vive en las noches y que ya no me molesta.

Otra veces pienso, ¿para qué llegar? cuando nadie me espera, cuando no hay preguntas y respuestas sobre algún tema. La lectura siempre me reconforta, pero algunas veces no es suficiente, no hay unos ojos para mirarlos, para mirarse, no hay otra persona con la que pueda intercambiar hallazgos literarios, no sé, la mejor novela que leí en el año, un gran poema, una crónica brillante o simplemente platicar sobre alguna película de moda, el tráfico, los nuevos cafés.

La soledad se acomoda plácidamente en cada rincón, parece que me abre la puerta, siento sus intenciones como un golpe directo en el pecho y no puedo hacer absolutamente nada, más que darle más poder. Me ha sido útil para escribir, por ejemplo, para meditar, para pensar. Para recordar no tanto, porque aparece la melancolía, luego la nostalgia y entro en esos estados desoladores de los que me cuesta salir.

Se dice que la soledad es buena consejera, que la soledad que una misma busca es buena, pero está esa otra, la que es impuesta por las circunstancias, esa duele, molesta, es como una aparición, como la piedra en el zapato. Cuando menos la pienso, ahí está: en mi cuarto, en un reflejo, en el asiento del copiloto, sonríe con una mueca, sonríe con los ojos apagados, no hay nada para ver, no hay un reflejo de luz. Trato a veces de lidiar con ella, de soportarla, le traigo lindas ofrendas como un par de nuevos poemarios para leer el fin de semana, una nueva tarea, más trabajo, a veces parece apagarse, pero siempre hay algo que la alimenta.

Es cansado tratar de huir de ella, también el intento fallido de comprar su piedad. Un señor que vive pasando la calle, deja su televisor encendido hasta la madrugada, vive solo por supuesto, también se escuchan sus largas conversaciones por teléfono. Yo no tengo ni eso, no sé hablar, no se salen las palabras, de mi boca solo lo necesario, después nada. Podría suponerse que no alcanzo a ser feliz, pero lo soy, a veces busco algo que se parezca a mí, algo que consuele como dice el poema la Tabaquería de Pessoa: tú que consuelas, que no existes y por eso consuelas. Estoy esperando que esa no existencia me sostenga, que tome mi mano, que me dicte otros versos.

Estoy esperando que esa no existencia ponga la olla del café, cante por las mañanas, sepa mirarse en el sepia de mis ojos. A veces la vida, la literatura y el tiempo son eso: la soledad, la espera, la forma de describirla, de asirla, de ir a través.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.

La Maternidad Equivocada

Por Madelaine BO.

La Maternidad no es nada fácil , no existen manuales para llevarla correctamente sin fallar en el intento ya que nos equivocamos en repetidas ocasiones.

Esto les sucede a todas incluyendo a las maternidades deseadas, creemos estar listas y no es así. Hay libros de apoyo para llevarla pero difieren mucho de lo que pasa en la vida real.

Y sí a lo anterior le agregamos el querer seguir siendo profesionista, tratar de que no se apague la llama de la pasión con tú pareja, labores de la casa y mil actividades que tenemos que realizar o nos gustan hacer y sin dejar de lado la vida social.

Obviamente también sin olvidarnos de nosotras mismas ya que en muchas ocasiones, lo solemos hacer, estamos para todos y no para nosotras.

Definitivamente ser madre es algo muy valioso que la naturaleza nos ha brindado, pero al mismo tiempo algo muy complejo.

Dicen que las mamás lo sabemos todo; algunas veces es cierto, pero en algunas otras ocasiones elegimos la respuesta incorrecta pensando sería lo mejor.

Creo que todas las mamás aman a sus hijos sobre todas las cosas, pero definitivamente no es una tarea fácil. Desde los dolores de parto, las mil noches en vela, cuando ellos empiezan con la adolescencia y aún llegando a la edad adulta siempre estamos presentes.

Ser mamá es una tarea desafiante que pocos pueden comprender, por que como dicen las frases trilladas, » No hay nadie más fuerte que una madre».

Así que la maternidad no es fácil, pero es lo más bello que tengo en mi vida…mis críos no importando los dolores de cabeza que algunas veces me suelen causar siempre yo estaré ahí para ellos.

Extraño Cotidiano * La Meche cumple años I

Susana Argueta

Mi mamá hacía su mandado en La Merced, recién el mercado había estrenado su propia estación del metro, la de la línea rosa y el huacal con manzanas. Me divertía mucho ver cómo en las salidas de la estación había escaleras que llevaban al interior del mercado y no a la calle.  Las bolsas del mandado de plástico colorido se llenaban con los víveres para toda la semana. Recuerdo como olía a frutas y verduras desde que el vagón del tren llegaba a la estación. Eran los años setenta y la línea uno del tren metropolitano todavía lucía brillante y nueva.

Después de muchos años regresé a La Merced. ¡Cuánto ha cambiado el lugar!  El mercado ha rebasado sus propios muros y se extiende más allá de sí mismo, como un corazón latiendo fuera de su cavidad. Una vida comercial en ebullición.

Busco la iglesia de La Palma, apenas visible entre puestos ambulantes apostados en las banquetas de la avenida Circunvalación. A pesar de ser temprano, ya hay mucha gente. Tengo que cruzar la avenida a la brava y me atravieso entre los autos que no tienen más que detenerse para permitirme el paso. El día es fresco a esta hora, pero seguramente hará calor más tarde.

De entre los puestos emana la música:

“Mueve la butaca-taca

Rompe con el taka-taka

Siempre con la faka-taka, rakataka”

El ritmo es pegajoso, aunque la letra no me dice mucho. Me recuerda el éxito ochentero de la Sonora Dinamita.

“No te metas con mi cu cú,

No te metas con mi cu cú

Yo sé que tienes tu mujer,

Así que deja mi cu cú”

La cita es a las 9:30 de la mañana. Es el aniversario del mercado de La Merced. Se agrega al festejo el mercado de Jamaica que cumple la misma edad: 65 años Inaugurados ambos  el 23 de septiembre de 1957, se han reunido en una especie de calenda para hacer un recorrido por los pasillos del mercado. Es 23 de septiembre de 2022.