Cartografías del instante| Escribir cartas

Escribir Cartas

Por Anyela Botina

«La correspondencia es un hondo y desgarrador testimonio de todas las pulsiones de la pasión». Correspondencia de Diana Patricia Becker a Cristina Peri Rossi.

Creo que el encanto de escribir cartas es que jugamos, y cuando una juega, sus pretensiones, miedos y heridas están a salvo, aunque en realidad estén más expuestos que nunca. En una carta dejamos muchas cosas, pero ante todo dejamos lo que somos en ese plano que no vemos, que es invisible para nosotros mismos. No somos la herida a la que le hemos quitado la costra mil veces en el intento de sanarla, sino la herida sin nombre ni rostro.

Las heridas que no miramos son las que más llevan nuestro nombre y aparecen en los sueños, los presentimientos, las fotografías, los chistes y las cartas. Escribir cartas es un juego de máscaras, un juego en el que nos protegemos de la mirada del otro, también de nuestra propia mirada. A mí me gusta escribir cartas, pero muchas veces me da miedo no saber qué decir. Me animo a hacerlo solo porque me reconozco en ese juego de malentendidos y confío en que el otro acepte el juego.

Hoy, poca gente adulta juega o escribe cartas, quizás porque nos aterra lo que perdura o porque queremos pensar que sabemos quienes somos y una carta seria la muestra de que eso no es así. Yo sé que hay mensajería instantánea, pero en esta mensajería el instante es absoluto, se muestra. Los instantes de una carta, en cambio, juegan, bailan, ríen y luego dicen chau con la mano.

Me gusta lo que dice Pessoa en su poema «todas las cartas de amor son ridículas, no serían cartas de amor si no fuesen ridículas». Me gusta porque me hace pensar en todas las cartas que he enviado a lo largo de mi vida y me surge la pregunta: si las leyera ahora, ¿me reconocería en ellas? ¿Será que encontré las palabras adecuadas y, si las encontré, fui valiente para decirlas, o me inhibí y recurrí a lugares comunes? No lo sé. Me sorprende cuánto una puede desconocerse a sí misma en el pasado.

Jugar nos da la ilusión de protección y espontaneidad, pero a veces el juego pierde el sentido. Entonces, ya no hay más palabras y lo sabemos, no hay otra cosa que podamos ser en esa correspondencia, quizás por eso se llama así.

Si escribimos cartas, estas son las radiografías de lo que fuimos y de lo que alguna vez fueron los otros a nuestro lado, los extraños que ahora nos pueden parecer ridículos.

Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. También, puedes escucharme en Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí👇

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