Conversaciones de madrugada | El lucro de los medios disfrazado de empatía [Parte 1]

Por: Monserrat Chávez

Desde que dejé mi profesión cómo comunicóloga/reportera me he preguntado a diario porqué ese sistema sigue en funcionamiento. No me refiero a sus causas porque las sé, sino al desinterés genuino por evitar su lucro y buscar vías más sanas para generar resultados.

Volví a pensar en ello hace unos días al ver las instastories de una querida amiga también escritora, quien hacía una crítica justificada hacia otras/otros escritoras/es que abanderaban sus textos con las causas y luchas sociales.

Hacia aquellas personas que no pierden la oportunidad de obtener un beneficio al hablar o escribir sobre feminicidios, violencia, feminismo, homo/lesbo fobia, etc, sin acercarse un centímetro a las víctimas y/o familiares y mucho menos, aportarles un apoyo en sus vidas.

Quienes se autodenominan infuencers, voz de la opinión pública o periodistas, cometen errores alentados por su supremacía y egocentrismo. Nos vendieron la idea de que los “periodistas” somos la voz de quienes no la tienen, cuando la realidad es que; quienes llamamos minorías si tienen una voz autónoma pero el sistema (y nosotros) les hemos quitado sus espacios y medios.

Siendo reportera, un montón de veces se me asignó cubrir eventos de protesta social o entrevista a una o varias personas que solicitaban un espacio para explicar sus demandas, necesidades o buscar a un familiar desaparecido.

Al inicio creí que les hacía un bien con sólo escuchar y publicar sus palabras, pero conforme avanzaban los años y yo me introducía a esa maquinaria oscura llena de secretos, supe que no hacía más que lucrar con su dolor para yo cumplir con la cuota mínima del día.

Más allá del vacío y de lo enormemente inútil que comenzaba a sentirme, pensé en aquellas personas que acudían a mí o al medio con la esperanza de ser no sólo escuchadas, también encontrar un confort y beneficio; que nunca obtuvieron.

Los medios de comunicación jamás serán ni podrán ser llamados aliados. El objetivo único es generar ganancias a través del consumo y eso, sólo lo puede dar el morbo ¿cómo consigues aquello? Creando un guion redituable para el evento, situación o momento social.

El interés es una máscara audaz para conseguir la cuota de notas solicitadas antes del mediodía y el seguimientos después de ello es la seguridad de mantener consigo las fuentes de información, lo que permite tenerlas lejos de la competencia.

En los años que ejercí como reportera, jamás vi a una víctima o familia vivir dignamente ni obtener apoyo ni justicia con aquellas notas periodísticas, pero si vi a muchos compañeros y compañeras vestir de gala para subir al podio a recoger el premio por la mejor investigación del año.

Parece ser que compadecerse y engancharse con el dolor ajeno es la técnica mejor aprendida para abrirse paso en el mundo periodístico y construirse una carrera.

Pasarán los días, las semanas y los años, todos recordarán al periodista galardonado pero olvidarán a los protagonistas de esos reportajes manchados de sangre y agonía.

Olvidarán que afuera, alguna familia o alguien en solitario, sigue en búsqueda de obtener justicia; pero ahora ya no habrá quien les escuche o los ponga en la portada principal.

Y aunque es sencillo en palabras pero no en la práctica, nunca será muy tarde para trabajar con perspectiva de género, feminista y conciencia de clase. Entender que aquellas fuentes son personas con necesidades y expresiones podría no sólo humanizar el trabajo, también hacernos cambiar desde adentro.

Si la labor periodística no viene con empatía, sólo es un despojo de las historias ajenas y los únicos beneficiados son quienes encabezan ese mercado; excluyendo a quienes también lo comparten pero sin esos privilegios.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

Historias de alacenas, vitrinas y macetas I El Castillo de Chapultepec.

Por Arizbell Morel Díaz.

Cuando María José leyó “El Cascanueces” de Hoffmann lo primero que pensó fue en el Castillo de Chapultepec. Ella nunca había salido de la Ciudad, del Distrito, sus días y sus horas plagados indudablemente del smog urbano que en algún momento terminaría por invadir hasta el último de sus bronquios y bronquiolos. El referente de sus pasos era el metro, el asfalto cuarteado de una de las grandes urbes del mundo. Ella que solo conocía otros exteriores a través de pantallas que como cristalinas ventanas le mostraban nuevas formas de habitar.
Así que la imagen que tenía del Castillo del Cascanueces y el Hada de Ciruela Azucarada era la de Chapultepec, aquel que se convertiría en la prisión de Carlota, la princesa extranjera. Con sus pisos marmolinos, carrozas en exhibición y jardines donde aterrizaban cadetes nacionalistas, este Castillo era su referente para hogares de realezas.
Siempre se había preguntado que sentiría una mujer como ella, atrapada en la otredad habiendo sido la élite en un distante lugar. Carlota que vino a reinar pero terminó de morir lejos de casa, la princesa a quien regresaron cuál cascarón vacío a su casa, llena del humo de los recuerdos del porvenir apocalíptico.
La loca, Carlota, otra.
La madre de María José también se llamaba Carlota, muerta desde lo que parecía una eternidad. María la recordaba como quien recuerda a una pintura deslavada, como una idea de aquello que seguramente debió de ser.
Y ahora, leyendo a Hoffmann le llegaban las dos Carlotas, una más que la otra. ¿Quién había escuchado que un cuento infantil causara pesadillas?
¿Podrían sus fantasmas alcanzarla a través del tiempo?
María no sabía qué pensar, pero esa noche en la que recordó al Castillo comenzó a dibujar.
Primero una viga y luego la otra, una puerta, un ventanal…
Lentamente el Castillo de su imaginación comenzó a tomar forma como si un pincel hubiera hecho una calca de este edificio monumental. En la madrugada, su obsesión siguió creciendo…
Miraba y miraba sus cuadernos y uno a una comenzó a dibujar su ciudad, la que veían sus ojos al atardecer, la que guiaban sus pasos.
Caminar a través de ella le había dado fuerza, sus zapatos desgastados eran testigos de todo aquello que había transitado.
Sus manos se transformaron en espejo de azogue de la ciudad, a partir de ese momento no dejaría de trazar…
Las semanas pasaron y los edificios se acabaron. María lo dibujó todo: El Castillo, la Alberca Olímpica, Ciudad Universitaria, el kiosco de Santa María de la Ribera…
Cuando se le acabaron los sitios conocidos, comenzó a inventarse los propios.
Algunos cuadrados, otros más redondeados pero siempre, indudablemente, suyos.
Cuadernos, libretas, servilletas, todo el papel que podía encontrar se transformaba en los ojos de José, en sus caminatas por el parque de la Zona Metropolitana.
Pasaron los meses, más no los años, entre hoja tras hoja. María empezó a disminuir el paso, ya no dibujaba tanto pero su obsesión seguía.
Llegó un diciembre más con el frío acalorado de su ciudad. Ella comenzó a notar que la velocidad de sus trazos se alentaba, había dibujado todo, solo le faltaba un boceto más…
Era como si sus manos no quisieran reconocer aquello que le inquietaba, la imagen que no la dejaba dormir y la empujaba a realizar trazo sobre trazo.
María lloró pero sus dedos continuaban creando líneas y curvas sin cesar.
Ella quería parar.
Pero como el remolino de un tiempo sin sol, su vida continuaba girando alrededor de un lápiz, de un pincel de tinta interminable.
Cuando la última de las hojas otoñales tocó el suelo de asfalto pasando a través de su ventana lo logró…
Al final la dibujó a ella, a su madre, a Carlota.
Sus ojos eran como espejos empañados, como María podía recordarlos.
Su semblante no estaba en blanco, los asomos de una sonrisa bien podían encontrarse en uno de sus hoyuelos.
María colgó el retrato en la pequeña sala de su apartamento en una colonia más de su ciudad. Debajo colocó un jarrón de flores secas con algunas vivas. En medio, un girasol que miraba a su madre como si fuera el astro que le da nombre.
Entonces, ella caminó hacia la puerta, sin mirar atrás como Orfeo, y el mundo se tornó azucarado; ya podía María recorrer los bosques decembrinos, ayudar a un soldado raso y escuchar historias de princesas huérfanas con alguien a su lado.

Arizbell Morel Díaz.

Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” en el ciclo 2021-2022 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). 

Actualmente dirige “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida. 

Ha escrito narrativa y ensayo. Entre sus textos publicados por La Coyolxauhqui se encuentran “Bitácora de una planta en resistencia” (2020), “Tetera conoce a cafetera”, “Barista”, “La máquina que todo lo escribe” y “El color de tus ojos al ver las hojas caer” (2021).

La tuerca del terror: el tratamiento de la inocencia en las obras de Henry James

por Enola Rue

El tema base de las obras de Henry James es la inocencia. Los inocentes, frente a una situación en desventaja con sus antagonistas, solo pueden autodestruirse como única defensa, puesto que la inocencia es la incapacidad de superar sus limitaciones a través de la experiencia.

Para entender mejor este esquema elemental en sus obras, es posible remontarnos a la información biográfica del autor. Henry James fue nacido dentro de una familia aristocrática, donde su abuelo resolvió la situación financiera de la familia para que el padre del escritor pudiera vivir una vida de ocio. Debido a esto, el padre de Henry James dedicó su tiempo a resolver sus dudas religiosas. En Inglaterra se vio influenciado por las ideas del filósofo E. Swedenborg y comprende una teoría educativa que les enseñaría a sus hijos posteriormente: rechaza cualquier dogmatismo, no inculca valores universales a sus hijos, sino que mantiene la amplitud de ideas y valores parciales que ellos puedan aprender de todo tipo de vida y de toda clase de experiencia.

De modo que la familia se mueve de un sitio para otro como consecuencia de este principio educativo. Los hermanos James se educaron en una serie de escuelas en Nueva York, en Ginebra, en París, entre otros lugares; o bien, tuvieron tutores o institutrices que los educaron en la historia de Alemania, Francia, Italia, Suiza y visitas turísticas a museos, castillos y palacios. El contacto infantil de Henry James con todo este conocimiento forma los cimientos de su concepto de los europeos y su propia figura como extranjero.

Henry James se ve a sí mismo como el mejor americano, es decir, dotado de condiciones intelectuales y de carácter, uniendo la cualidad europea del refinamiento y la sensibilidad dadas por la cultura. A grandes rasgos, la bondad natural unida a la educación y a la cultura da nacimiento al tema base de sus obras: la inocencia.

Ahora bien, el primer tratamiento de la inocencia se compone del extranjero enfrentado al nativo, donde el conflicto siempre resalta la inocencia del primero. El desenlace de la situación resulta fatal, ya que nunca logra comprender las circunstancias diferentes a su modo vida cotidiano, por ello, el protagonista es destruido por los antagonistas. Ejemplos de este primer tratamiento lo constituyen obras como El americano, 1877; Un peregrino apasionado y otros cuentos, 1875; Roderick Hudson, 1876; Daisy Miller, 1879.

De hecho, Henry James en 1904 y 1905 viaja por toda la costa atlántica desde Nueva Inglaterra hasta Florida, lo cual daría como resultado la redacción de El americano, en la cual narra sus impresiones de viaje desde la perspectiva de un americano largamente ausente de su patria, que la contempla y reflexiona sobre los cambios que advierte en ella.

En obras como El alumno, 1891; Lo que Maisie sabía, 1879, el inocente es un niño perdido en el mundo de los adultos; en este caso, también el desenlace será la muerte del niño provocada por los antagonistas, los adultos.

Además, elabora un tercer tratamiento de la inocencia en el mundo intelectual y artístico. El enfrentamiento se lleva a cabo entre el artista inocente frente a la sociedad vulgar e insensible que, a veces, lo acepta y lo utiliza para finalmente tirarlo. El final irremediable es la muerte del artista, ya sea por cansancio, o por tristeza, o por frustración; por ejemplo, en La lección del maestro, 1892; El autor de Beltraffio, 1885; La muerte del león, 1894.

Por consiguiente, el inocente es presentado como un ser indefenso, de gran capacidad intelectual, pero enfrentado a una situación que no ha provocado y de la cual ha de salir malparado, si no totalmente destruido. Es una víctima sin la más mínima oportunidad de defensa.

A partir de los años noventa, Henry James concibe un último tratamiento de la inocencia: el mundo natural frente al mundo sobrenatural. Es un enfrentamiento entre adultos cultos, flexibles y de gran sensibilidad con el mundo sobrenatural, ante el cual no pueden defenderse. Precisamente, en Otra vuelta de tuerca, de 1898, se advierte un doble plano de enfrentamiento: por un lado, el adulto inteligente con el mundo sobrenatural y, por otro lado, el de los niños con el mundo de los adultos, para ellos ininteligible. En otras palabras, en el nivel inferior, el mundo infantil; en el superior, el mundo sobrenatural; y en el medio, como una especie de puente, el mundo adulto.

Para los lectores de fin de siglo, la inclusión de dos niños como protagonistas de una historia de terror y su reacción ante los fantasmas debió constituir toda una novedad. De hecho, los niños habían estado excluidos casi siempre de este tipo de historias.

«Si opinan que, por tratarse de un niño, se da una vuelta de tuerca, ¿qué dirían ustedes de una aventura que les pasó a dos criaturas», esto nos dice Douglas, el personaje de Henry James en Otra vuelta de tuerca, para despertar la curiosidad de los invitados con una historia estremecedora por su horror y dolor, que por primera vez sería contada a dichos oyentes.

A primera vista, la historia parece poco sorprendente. Una joven institutriz llega a una mansión en el campo para encargarse de dos niños huérfanos. Luego de su llegada, la joven advierte que los niños reciben la visita de sus antiguos preceptores, Peter Quint y la señorita Jessel, quienes habían muerto hacía mucho tiempo. Debido a esto, la institutriz, horrorizada, busca proteger a los niños, Miles y Flora, buscando interponerse entre ellos y los fantasmas.

Ramón Buckley sostiene que la historia tenía muchas vueltas de tuerca y que había que llegar hasta el fondo para encontrar el mensaje escondido. Es sabido que Henry James pone la historia desde la perspectiva de la institutriz, quizá en ella pueda estar el tornillo de la historia. De esta forma, sería posible estuviera escrita de forma que los acontecimientos pudiesen ser cuestionados por el lector.

El hecho de que sea la narradora no es accidental, Henry James siempre tenía en cuenta desde donde se narraba su historia. Por consiguiente, el punto de partida para cualquier interpretación ha de ser la figura de la institutriz.

Ciertamente, en su Teoría de la novela, el autor sostiene que la narración en primera persona consiste en que el narrador es el sujeto y el objeto de la narración, es decir, lo narrado sale de él y vuelve a él. Entonces, todo acontecimiento se sucede por las palabras de la institutriz, las cuales nos describen a la mansión Bly, a los niños, a los fantasmas; sin embargo, ella se está narrando a sí misma.

La tuerca del terror, por ende, dio una vuelta y creó una narración que dejó fascinados a lectores y críticos por igual, siendo incapaces de llegar al fondo de esta. La figura del inocente llega a su auge con Otra vuelta de tuerca, donde una vez más demuestra que la bondad e inteligencia naturales de los protagonistas nunca serán suficientes para enfrentar un conflicto que no han desatado, pero que sin duda habrá de destruirlos.

De Historias que nos hacen /En lo profundo y la extrañamente acertada descripción musical de lo que es… ser una hermana mayor

Brenda Garrido Hernández

Hoy 30 de abril, mientras pensaba un poco en mi infancia y la cantidad exorbitante de películas de Disney que la acompañaron, me detuve un poco en una película reciente que, si bien se estrenó MUY lejos de mis días infantiles, una de sus canciones caló tanto en mi niña interior que… dolió.

Vi Encanto (2021) y admito que, aunque la animación es preciosa, francamente creo que la historia tiene algunos cuantos problemas; que mi yo sobre analítico no pudo dejar pasar para considerarla un WOW que quisiera revivir cada cierto tiempo. Por otra parte, en el terreno musical la película destaca, como pocas veces el Disney reciente lo ha logrado.

Dejando un poco de lado la bastante pegadiza No se habla de Bruno, y la melancólica Dos oruguitas me quiero enfocar un poco en aquella que creo les dolió un poco bastante a las hermanas mayores (y tal vez también a los hermanos) En lo profundo.

La canción en sí es interpretada por el personaje de Luisa (la hermana mayor de la protagonista) a lo largo de la película su personaje es visto realizando tareas como cargar burros, mover casas y demás (todas relacionadas a su super fuerza) en todo momento su personaje es estoico e inagotable, hasta que canta su canción.

En la letra relata, como se siente con un exceso de responsabilidades pero que al mismo tiempo no puede negarse a cumplirlas porque siente que es su deber.

“Dáselo a tu hermana, pon en sus manos. Todas las tareas que no aguantamos (…) En lo profundo. Algo me inquieta y se empeora, yo debo salvar a todo el mundo.”

También en algunas líneas se declara que el personaje siente que no tiene oportunidad de descansar y conocerse a si misma.

“¿Podré desvanecer el peso cruel, la expectativa, y vivir solo un momento, De esparcimiento? Tan simple y bello En vez del peso
Que va en aumento.”

Yo fui hija única durante 6 años, luego de eso tuve a mi primer hermano y de alguna forma a mi corta edad… me convertí en algo parecido a la segunda madre de alguien. Aprendí a cambiar pañales, mi tiempo libre se dividía en tareas escolares, del hogar y el cuidado de otro ser humano. Si mis padres no estaban, era la niñera oficial y si algo le pasaba a mi hermano  sufría castigos físicos.

Luego llegó mi segundo hermano, y a veces, a mi cuidado tenía a dos niños más pequeños que yo. No era fácil, pero me sentía (siento) responsable al ser la hermana mayor. Cuando intento recordar mi infancia, casi siempre están mis hermanos, yo con ellos, yo enseñando a atar las agujetas, yo gritando, yo teniendo miedo de que algo les pasara, yo intentando ver la tele o jugar mientras mantenía un ojo atento a que no cayeran de la cama o que no les cayera nada encima.

Ser la hermana mayor de alguien en la mayoría de las familias (como en la mía) se traduce como un cuidador y brazo de ayuda para los padres. Las hermanas mayores, muchas veces no tenemos una infancia memorable llena de recuerdos felices. En muchos casos tenemos una infancia agrietada por responsabilidades de adultos, con ansiedades que no puedes controlar, aunque tus hermanos tengan casi 20.

No me malentiendan, amo a mis hermanos, pero cuidarlos y ser casi otra madre para ellos, tener esas responsabilidades a tan corta edad, atento contra mi infancia. Aun hoy siento que tengo que cuidar de ellos, que hay más responsabilidades de las que puedo cargar y supongo que por eso, una canción dentro de una película infantil le dolió tanto a mi niña interior.

Si alguien que ha visto la película, se adentra en estas líneas y tiene la casualidad de ser la hermana mayor de alguien, espero profundamente que no te hayas sentido como yo mientras escuchabas la canción, y si tuviste la mala suerte de vivir una experiencia similar o te sentiste tan identificada, te mando un fuerte abrazo.

Piscina privada.

Por Eiden Guerrero Zaragoza.

Es que tropezar lo hace cualquiera,

pero tú, 

tú tropiezas con el aliento de las palabras  

con el corazón caído que se atora en las cobijas

con la frente en alto, con la punta del zapato

pero tú, 

tú sacas la cabeza 

de la piscina de pirañas 

que hincan pudor en tus arterias

que hacen un festín de tus pies raspados por el asfalto

que se aparean con tu sexo lesionado 

y anidan en la armonía de tus llantos 

de los que huyen

con un carraspeo

(están y luego ya no)

descienden con uñas quebradas

  por la garganta 

La superficie no tiene linde

entre la corona otoñal y la quijada abierta,

ni siquiera el brinco te ha de sacar

de la piscina que con celo

te escondes en el pecho

…y tú sin saber nadar.



Eiden Guerrero Zaragoza, Poeta, cuentista, gamer, feminista. Nacida en el estado de Hidalgo el 26 de febrero de 1996. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad autónoma del Estado de Hidalgo. Finalista del III CERTAMEN DE RELATO CORTO “URRIKE” del año 2020, con el relato No estás realmente aquí. En el periodo 2018-2019 cursó el diplomado en línea de Literatura Europea Contemporánea por el INBA. Beneficiaria de la beca Voces Flamantes 2021 del Centro Transdiciplinario Poesía y Trayecto A.C.


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Infarto cerebral de mi abuela.

Por Julieta Teresa.

Infarto cerebral de mi abuela

A Delfina

Ha muerto parte del sol que levantaba los tallos de tus campos de flores

te quedaste          con el cuello roto hacia la derecha, abuelita

Con la columna 

vegetando su vejez

        tu vejez

y como te ves me veré, si no tengo suerte

Y mi estrella también se muere total o parcialmente

por una falla del tiempo interno 

También dejaré de recordar los nombres de mis hijos 

Los días tendrán menos horas 

Mis pies serán cera para mi propia ofrenda

Hoy la zona de penumbra ha arrancado la raíz lumínica de tu vida

Y se rompe más a la derecha tu cuello y tu

brazo se vuelve más parte de la andadera que de tu

torso

Y dices: Yo puedo ver

Déjame sola

     Yo puedo

Pero no puedes y no te dejaré sola porque está muy oscuro

Y yo tampoco veo



Julieta Teresa, poeta

IG @letrasdejulietateresa

FB Julieta Teresa


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Rapiña.

Por Alejandra Estrada Velázquez.

I

Un ave carroñera circunda mi sexo

muerde mi seno izquierdo

picotea mis muslos        hurga en mis riñones        anida en mi esófago   

   escupe 

                 mi 

nombre

mi nombre  

que sangra 

     en la punta 

de su filoso graznido

II

ave efímera 

ave momentánea

ave del instante

soy la rama seca donde te ocultas

soy el viento en el que te deshaces

porque desearme te avergüenza

ave sin rastro

ave enigma

III

(meditación)

A quién le dan pan que llore

y un cuerpo apto con un sexo listo

y la jerarquía más alta

y la categoría más importante en la taxonomía

y el eslabón dominante de la cadena alimenticia

y el origen del mundo

con estatuas de mármol y huellas en el paseo de la fama

y la fuerza de los héroes

y la forma de los dioses

y ejércitos

y la guerra 

y su victoria

A quién le dan pan que llore

y la tierra con todas sus mujeres

y una madre que sabe canciones de cuna

     su regazo

su leche convertida en galaxias

y otra y otra y otra mujer 

con el sexo atravesado por el miedo

como si la penetra la historia con todos sus hombres

y sin embargo, un sexo listo

a quién le dan pan que llore

IV

Un hijo tuyo

fecundado de instantes

Un hijo tuyo

producto de la impermanencia

Un hijo tuyo: 

pajarillo ciego

                      Tiresias minúsculo

Un hijo tuyo

V

Sueño con tus ojos desbordados de noche.

Sueño con tus ojos repletos de infiernos.

Sueño que soy un cadáver arrojado al desierto.

Sueño que de  mis ojos nacen flores.

Sueño con un buitre que traza la trayectoria de su hambre sobre mi cuerpo.

Sueño con un buitre que tiene tus ojos. 



Alejandra Estrada Velázquez, poeta.


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Aguasal.

Por Mariana Duque García.

Tengo una fisura que se expande a medida del tiempo, que a su vez me quema y me irrita, crece y come como planta carnívora o como rata, y roe todo mi cuerpo. Está fisura entra a mis pulmones como arena, y ya solo puedo ver el mar, el mar rojo, lleno de peces negros y maletas abiertas gritando recuerdos, esos que atraen mil quinientas cinco mariposas amarillas, amarillas, milquinientas, invocando al Macondo ahogado.  En este vago recuerdo, como los barcos y aviones de papel, mis lágrimas flotan por los mares y los aires de mi cara, especialmente por mis las cordilleras de mis  mejillas. Ahora lo veo, mis pies, ya no son pies, son aletas, esas mismas que uso para volar o nadar , todo depende de mis climas interiores, de mi falta de letras y mi desborde de sensaciones , como el fuego cuando lo alimentan y solo tiene tiempo de alumbrar hasta enceguecer.    



Mariana Duque García, se desempeña como actriz, directora de teatro, escritora y dramaturga,  terapeuta y  modelo para producciones artísticas, fundadora y directora de MANGO COLECTIVO, grupo enfocado en el arte del video performance. También ha participado como escritora en el libro “contadoras de Historias” en alianza con la Organización de Naciones Unidas de Noruega, de igual manera ha publicado en la revista virtual “INNOMBRABLE,  también con publicaciones en la revista latinoamericana “OUROBOROS”, laboratorista de técnicas corporales y  de mediación Museo de Antioquia 2021. Consejera de cultura del municipio de El Santuario, estudiante de noveno semestre de Licenciatura en teatro de la Universidad de Antioquia, egresada del I er diplomado de arte y técnicas circenses ofrecido por el Ministerio de Cultura. (La Unión – Antioquia. 2019). Directora de LHACERARTE TEATRO desde 2019.


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El último ritual.

Por Miriam Robles.

Desde la semana pasada contemplo mis manos salpicadas de recuerdos. Nadie más lo nota, pero ahí están y me hacen cosquillas. Es imposible dejar de sonreírles o suspirar cada vez que se manifiestan como pequeños hologramas en mis palmas. Sus colores son cálidos al igual que esta tierra pero la danza que los acompaña me parece druida, celta, muy antigua. Quisiera atrapar algunos y hacerles su propia caja musical, luego pienso detenidamente que ya son parte de una: ellos vienen de mi memoria. ¡Tremendo cofre debe ser aquel! Repleto de ideas, pensamientos, cánticos, recetas, colores, personajes y mundos. 

Su presencia se ha intensificado durante el plenilunio de mayo. Ni siquiera he tenido que preguntármelo, ya sé la respuesta. O al menos lo descubrí esta madrugada en el patio, donde terminé de trabajar un par de cuadros y limpié mis esculturas. Me invadió repentinamente una nostalgia que no había sentido en muchos años. Al entrar a la casa, otros recuerdos más vívidos se asomaron de las bolsas de té y mis frascos de especias, algunos más reían con los pinceles en el estudio y los más entrañables, me aguardaron pacientes en mi alcoba. Los retratos en las paredes y las viejas fotografías ahora me contemplaban a mí. En ese instante, sentí los párpados cansados, la vista borrosa, casi no respiraba…

El Espíritu de la Transmutación impregnó mi hogar. Recostada en la cama con aquellos rostros flotando por toda la habitación, empecé a sentirme un poco desconcertada. Todavía no amanecía, de eso estaba segura pero ya no podía distinguir si aún estaba despierta o soñaba. Fue entonces que miré mis manos y ya no sujetaban fotografías ni bailaban los recuerdos en ellas. Tampoco encontré las manchas de mi piel y sus arrugas. Me veía rejuvenecida, ligera como pluma y descalza. Naturalmente, no tenía idea de lo que sucedía conmigo pero no me importaba caminar en medio de aquel lugar esplendoroso que me parecía tan familiar. Al dar un paso tras otro, mi memoria colapsó y los recuerdos llovieron sobre mí. De pronto, ese espacio y yo éramos uno mismo y pude reconocerme en mi propia consciencia. 

Debo partir desde aquí. Edward hizo un excelente trabajo. El jardín es hermoso, laberíntico y vivo: se mueve como una serpiente gigantesca. Es parte de un todo. Ahora comienzo a sentir cómo mi cuerpo se desvanece. Lo sé, estoy lista para sazonar el Cosmos con mi polvo estelar. Por eso me he reunido con mi alma hermana Remedios. Trajo sus gatos helechos y los liberó en el bosque. He traído al único animal lienzo, a mi siempre amado Caballete, un potro blancuzco que pide a relinchos que alguien lo convierta en eternidad. En ese algo que fascina al ojo humano, en arte sublime, en belleza que inspira, que te arranca lágrimas cuando la miras. Caballete quiere ser unicornio y sólo los duendes de Xilitla podrán revelar su verdadera identidad. Es preciso que les deje mi obsequio. Edward lo entenderá. Mi intervención es necesaria en este mágico lugar antes de cruzar las fronteras de mi propio limbo.

En este momento, me encuentro ante las imponentes estructuras del jardín y un espectacular desfile de orquídeas, aves, reptiles y mamíferos elegantes me reciben en la entrada. Daré inicio al ritual que les he preparado y para que no haya confusiones entre los presentes se los describiré a continuación: 

Primeramente, subiré por sus más altos escalones y dejaré las copas rebosantes de pintura fresca. También esparciré las pastillas de colores en trocitos junto a un montón de nueces. Por supuesto, no podrían faltar las acuarelas remojadas con agua de rosas. Un festín para los duendes y las quisquillosas hadas de la luna llena. Remedios subirá conmigo hasta el último peldaño y llamará con su ocarina tallada en ámbar a los gatos helechos. Acudirán aturdidos por la melodía y tirarán las copas, derramando un perfecto arcoíris. Las ardillas se comerán las nueces que he trozado con mis botas y extasiadas tomarán cada una un puñado de colores pastel y lo arrojarán al aire como en pleno festival Holi. Vendrán pajarillos a bañarse en acuarelas y salpicarán los peldaños, las columnas, la tierra. Con un silbido mío, Caballete marchará contento y su danza atraerá a los duendes. Lo montarán y peinarán con trenzas repletas de florecillas olorosas. Entonces, Remedios y yo, bajaremos y nos uniremos a la danza, seremos coronadas como ninfas del bosque tropical. Los duendes pintarán sobre el lienzo potro y nos marcharemos en silencio, mientras los gatos helechos se mecen con el viento y ronronean un cántico lunar. Para el gran final, jalaré las cuerdas que traviesamente he colocado entre los árboles y caerán los botes de pintura sobre el castillo. 

Mi último ritual, ha culminado: la cascada de acrílicos que se forma es el umbral para que la magia atraviese. Caballete ahora luce como un auténtico Pollock, no necesita ser unicornio, ya lo era. Voltea a vernos y nos dice que se irá a Nueva York con los duendes y armarán una banda instrumental. Remedios y yo nos tomamos de las manos y cruzamos el umbral de un salto.

Las hadas de la luna llena vierten aguarrás y lo queman todo, purifican el espacio. La vida en Xilitla es así, reverdece por donde mires y camines. Una vez más, olerá a renacimiento. Edward sabe que vendrán otros como nosotras, lo sabe por eso hizo con sus propios sueños y manos de alquimista este majestuoso reino atemporal, enigmático y sereno, un jardín vasto en escenarios multicolores e hipnóticos sonidos, el más hermoso laberinto que una hija de Minotauro pudo recorrer en libertad. Mi amigo Edward ha creado un puente hacia el infinito y es donde mis sueños o este último sueño gozoso, con todo y mi nonagésimo cuarto aliento de vida se fusionarán con la brisa que acarició alguna vez mis pies en este mismo lugar. 



Miriam Robles Medellín, (La Paz, Baja California Sur, 1990). Licenciada en Lengua y Literatura por la UABCS. Como parte de su formación profesional, se ha especializado en Narrativa y después, en Literatura Fantástica, por la Cátedra Extraordinaria Carlos Fuentes de Literatura Hispanoamericana (UNAM). Activa promotora cultural con experiencia en el apoyo logístico de presentaciones editoriales y difusión de eventos artísticos, culturales y literarios. Ha sido publicada en la revista CascabelFatum Lumpérica. Actualmente, es maestra del Taller de Creación Literaria en Casa de Cultura del Estado de BCS «Mtro. Armando Manríquez Manríquez» y mediadora en Círculo Literario «El Cuervo Lector». 


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Por Sandra Ivette González Ruiz.

Escribo para insistir en lo vital, 

en lo que nos mantiene vivas,

juntas, 

en lo que nutre,

en el aire. 

En lo que sana y nos conecta con nuestra oscuridad más profunda,

sin que eso signifique destrucción.

Insisto para limpiar mis heridas y respetar la pus que emana de ellas.

Para detener la sangre,

para conjurar posibilidades,

para nombrar mi cuerpo como me plazca,

para romperme y tejer nuevos comienzos.

Escribo para dolerme e insistir en el placer.

Para imaginar territorios y jardines propios y colectivos.

Para dibujar jaulas abiertas.

Para que el silencio no me devore.

Para que el silencio no te devore. 



Sandra Ivette González Ruiz, es poeta, investigadora y bordadora feminista. Viene de una genealogía de mujeres oaxaqueñas. Se doctoró en Estudios Latinoamericanos, UNAM, con la tesis «Cuerpo, violencia y transgresión. Constelaciones de mujeres que escribieron poesía durante las dictaduras en Chile y Argentina». Imparte y coordina talleres de escritura poética para mujeres diversas. Tiene dos poemarios publicados en La Jardinera. Club de Lectura y Casa Editorial: «Apuntes para entrar en un jardín» y «Del cuadernos de notas de la Mujeres Pájaro o algunas maneras de despedirnos». Ha participado en antologías de poesía, la más reciente se titula «Alguien aquí que tiembla. Celebración poética de mujeres. Año 1 de confinamiento», publicada en Ediciones Sin Nombre.


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