La bestia.

Por Laritza Perez Rodriguez.

Dentro de mi casa soy una bestia insomne. No importa el cansancio, el esfuerzo o los brebajes: dentro de mi casa no puedo dormir. La certeza de saberme en un lugar no-seguro me lo impide. Cuando cae la noche, y las luces se apagan, yo monitoreo cada ruido. El crujido del techo. El empuje del viento en las ventanas. Los cuerpos que se mueven en la habitación de al lado. Mi cuarto no tiene puerta. Nada me protege. Suelo esconderme en el baño. Compruebo obsesivamente que nadie pueda entrar. Tomo la llave y la escondo en mi bolsillo. La puerta del baño me protege del resto de la casa. Afuera, aguardan por mí. La mirada de mi padre, que se escurre por mi cuerpo helándome los huesos. La palabra hiriente de mi madre, que me reprocha el acto de no ser “buena hija”. He nacido del vientre de una madre-ciega, madre-esclava, madre-cómplice. La hija (no pródiga) que se entrega en un ritual de sacrificio. Soy la bestia que no merece ser salvada. La incorregible. La irreverente. La que osó crecer cuando la preferían niña. La que se niega a dormir y guarda siempre un cuchillo (que nunca ha usado) bajo la almohada. Soy la bestia que se refugia tras la puerta del baño, y llora porque no posee la fuerza de las bestias mitológicas. Golpeo mis puños contra las paredes hasta que duelen. Los veo sangrar. En los cuentos nunca hablan de la sangre de las bestias. Son sus muertes inminentes. Necesarias. Para las personas que visitan mi casa soy un ser detestable. No saludo con besos, ni levanto la mirada cuando me hablan. Todos aseguran que estoy loca. Me distraigo cortando mi labio inferior. No comprenden la paz que trae consigo el sabor a metal. La sangre de una bestia prueba que está viva. Aunque las miradas de los hombres la profanen como si estuviera muerta. Mirar el piso del baño me distrae. Memorizo sus patrones (flores y manchas). Mi mamá limpia esas baldosas todos dos días. Aunque esté cansada. Aunque sea tarde. Aunque mi padre lleve horas en el sillón del portal, insistiendo en que me siente en sus piernas. Mi mamá me regaña porque me niego a sentarme. Me culpa de las penurias de nuestra familia. Restriega en mi cara que no quiero a nadie. Tiemblo de rabia. Convulsiono. Y me pregunto: cuándo fue que mi mamá olvidó que, también ella —una vez—, fue la bestia. 



Laritza Perez Rodriguez, cubana de 28 años que ama la literatura y las gatas. Soy psicóloga y activista por los derechos de las mujeres lesbianas y bisexuales.


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Hipnótica.

Por Elsa Méndez Silva.

Hipnótica, onírica.

Intrépida gacela,

entre faros y sirenas

cruzaste la avenida.

Centella dorada,

tu ráfaga de viento 

alteró la brújula 

de mi corazón rígido.

Esa noche, me sincronicé contigo.

Y aprendí a escapar 

del tiempo lógico

para llegar a un espacio mágico.

Escenario de gacelas

nos fundimos en un rito

corporal, cinestésico,

lenguaje percusivo.

Cíclico encuentro.

Noche tras noche 

 hembra-mujer, 

nos aprehendimos

Hoy,

sé que no es delirio.

Una gacela en alerta

está conmigo.



Elsa Méndez Silva, nació en la Ciudad de México (1957). Profesora normalista con estudios complementarios a nivel Licenciatura en las áreas de Español y Literatura, tiene gran inclinación por temas relacionados con la Literatura Infantil, el Arte en la Educación, la Lectura en Voz Alta. De 2011 a la fecha ha participado en talleres de lectura y poesía que le han permitido explorar sus posibilidades creativas a través de la palabra. Hasta el momento ha participado en publicaciones colectivas: Sublevación y delirio (2011), Bosque de palabras (2014), Cortezas (2018), La Coyoxauhqui Revista Digital Número 2 (2021), Sensualidad y Naturaleza II (2021),  Los días azules (2021).


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Llegar al horizonte.

Por Yusimí del Toro Pérez.

¿Qué hay más allá de ese prado brillante? Allá donde las palmas se confunden con el cielo y se vuelve verde el horizonte. -Esa era la pregunta de Marla cada miércoles; pero esta vez sus pasos se perdieron en la espesura.

Tropieza y cae. Toda enlodada reacciona y con algo de esfuerzo logra liberar su zapato, atrapado entre las gruesas raíces de un framboyán. Sobre el fango, una capa de flores rojas esperaba por sus manos. No importa un poco de tierra húmeda; llevó unas cuantas hasta su dorada cabellera y la nueva corona, le dio un toque de ninfa, de niña, de reina.

Olvidando el tiempo se entregó al viento, mientras reía y alzaba la mirada para ver en toda su magnitud al padre de sus rojas flores. -¿Cómo se le ocurrió la idea de tener un bonsái de framboyán? – pensó de repente. -¿Cómo hacerlo y no sentir que hiere sus raíces, que deja trunca las ramas, que limita su florescencia?- Se alegró de no haber iniciado su proyecto y avanzó por el estrecho camino que la llevaba hacia la luz.

Al principio fue cegada por el resplandor del sol sobre las hojas. Era evidente la primavera. Los verdes brotes de hierba, con diferentes matices cubrían el prado; como una manta dispuesta a recibir al viajero cansado. Recordando los campos, donde alguna vez corrió con sus primos, dio largos pasos en círculo; con los brazos abiertos se dejó caer en el mullido colchón terrestre, y cerró los ojos.

¿Cuánto tiempo ha pasado? – se pregunta Marla, cuando el calor del sol molestaba en su rostro. – Debo continuar, quiero llegar al horizonte. Se incorporó de un salto, imitando a los acróbatas circenses y echó a andar. Como no tenía reloj no pudo precisar la hora, pero cuando sus pasos comenzaron a adentrarse en los arbustos, observó que el sol se encontraba avanzando al suroeste y calculó que quedarían apenas tres horas antes que llegara la noche.

Siete palmas reales se alzaban a unos cien pasos de ella. -¡Ah! ¡Bellas!- gritó a los cuatro vientos. – Con razón está en la mayoría de nuestros paisajes, en las pinturas, en el escudo – pensaba, y a lo lejos otros árboles teñían de verde el espacio. Verde horizonte que adentraba sus brazos en el cielo. Verde y azul, como el mar.

Un golpe de aire fresco le hizo ver que era hora del retorno y se dispuso a regresar en una sola carrera. 

– Ahora les voy a entregar una hojita para que escriban. 

– ¿Una pregunta escrita? 

– Exacto. Es para que expongan el objeto de estudio de las ciencias políticas. 

El alboroto espabiló a Marla, que seguía con la mirada perdida en la pintura colgada en la pared del aula.



Yusimí del Toro Pérez, escritora.


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 Ilustraciones.

Por Cristina Meza

«Fantasma» (2020)
Óleo sobre papel
25 x 32.5
Cristina Meza
«Aparición» (2021)
Óleo sobre bastidor
18 x 23 cm
Cristina Meza
«Infancia» (2020)
Acuarela sobre papel
10 x 15 cm
Cristina Meza

Ver

Ahora estás frente al espejo y reconoces un rostro ajeno para mí

“se te han adelgazado los labios” piensas

y prosigues a mirarte los ojos

como para saber si en ellos

todavía habita la niña

que teme a la oscuridad



Cristina Meza Olivares, Guadalajara, Jalisco, 1997. Poeta y artista plástica. Autora del poemario Nada se mueve por Ediciones El Viaje. Ha publicado en antologías, revistas y medios electrónicos, como El Debate, Sin Embargo, Tierra Adentro, Revista Levadura, Engarce, El Creacionista y Liberoamérica. En 2019 presentó su primera exposición de pintura en solitario Variaciones de lo Intimo en Ciudad Guzmán, Jalisco y en 2021 su segunda exposición Enfermedad y muerte en el Museo del Arte y la Historia de Ocotlán, Jalisco.


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 Ángel del Olimpo.

Por Sadys Ramos Cruz.

Te espero desnuda; 

mis alas sacuden el viento.

Quiero que vengas 

a socorrer mi urgencia de poseerte.

Esparzo al viento pétalos de rosas 

para que encuentres el camino

llevan la esencia de mis besos 

fijadas a su textura fina.

Oigo tus pasos 

que desde lejos recorren el olimpo,

Los ángeles salen a tu encuentro 

para conducirte a la cúspide 

donde aguardo con paciencia.

Al llegar al umbral 

te quitarás tu ropa de lino 

que envuelve tu esbelta figura,

entrarás sigilosamente por los atrios 

desnudando hasta el alma,

me tomarás en tus brazos 

como quien carga un jarrón de porcelana,

me llevarás a mi alcoba 

despacio 

hablándome al oído 

como quien confía un secreto.

Pondrás mi cuerpo 

encima de espesas nubes blancas 

donde acostumbro a reposar mi cuerpo,

solo que hoy haré que de nuestra lluvia 

broten truenos que retuerza tu simiente.



Sadys Ramos Cruz, poeta proveniente de La Lisa, La Habana, Cuba.


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Vibraciones de amor, en primavera..

Por María Belén Martire.

Cuando pensaba que nada podía cambiar

apareciste frente mis ojos

¿en qué momento un completo desconocido dio pase a mis sentimientos? ´

créeme, pensaba que nada iba a cambiar en mi vida.

Las vibraciones cubren cada parte de mi ser, provocando electricidad

mi ritmo cardiaco se acelera al oír tu nombre

y, soy consciente de ello. Tenía miedo de volver a sentir emociones

era una persona viva, pero, era un ser humano que había dejado de existir hace décadas

Revolucionaste mi corazón. 

De la manera más poética que podría existir

 ¿por qué apareciste en el momento indicado?

hace décadas que había dejado de escuchar a mi corazón latir… volvió la vida a mi ser.

¿Cómo una persona puede provocar tanta revolución en otra? 

mi respiración es pausada, solo por escucharte.

¿cómo puede existir un ser humano tan puro e inocente en esta tierra?

donde la maldad abunda… Nunca sentí amor.

Siempre fui un espectador de las emociones

siempre viví por el otro

nunca viví mis propias emociones. 

estoy aterrada, lo confieso…

El miedo consume cada parte de mi cuerpo, me aterra la idea del amor

pero todo miedo e inseguridad se desvanece cuando escucho tu risa…

aquella melodía, creada por los mismos ángeles 

¿cuál es tu objetivo? Por favor, dímelo.

Tengo un sentimiento inexplicable

lo que siento… ¿son las creaciones ficticias que denominaron: mariposas en el estómago?

mariposas modifican las señales de mi vida. ¿por cuánto tiempo creí poder evitar el amor?

que incrédula. Ese sentimiento…

Ese sentimiento de vida en la persona, es lo que quise toda mi eternidad

llegó en el momento indicado…

oh, ¿eres tú? la persona que espere toda mi vida.

mi corazón palpita a gran velocidad, aturdiendo mis tímpanos. Dime si eres tú…

Dudo aguantar un segundo más dentro de mis casillas, me motivas a vivir.

daría mi vida por descubrir si eres tú…

comencé a amar la primavera, porque, fue justo cuando te conocí

y fue maravilloso, el saber que existes, en un mundo de tanta oscuridad.

Definitivamente, eres tú.



María Belén Martire, soy una joven escritora de 19 años, residente de Argentina. Nací el 17 de enero de 2003 en Tierra del Fuego, Ushuaia. Comencé a escribir a la edad de 6 años. A la edad de catorce años escribí mi primera novela en la Plataforma de libros digitales Wattpad, mi novela alcanzó 4.9K de visitas. Mi carrera literaria formal comenzó a mis diecisiete años. Al día de hoy cuento con 31 premios Literarios Internacionales en Europa y Latinoamérica.


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 La locura que es amar.

Por Frida Abascal.

«La locura que es amar»
Ilustración y texto por Frida Abascal.


Frida Abascal, 21 años, mexicana y fiel creyente del poder de las palabras, soy estudiante de Diseño y Comunicación Visual, me gusta escribir, diseñar, pintar y fotografiar, en pocas palabras soy amante de crear.


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 El retrato.

Por María Eugenia Gonzalez.

Ese tren de la madrugada más fría del año, aún lo recuerdo, todo a mí alrededor estaba teñido de blanco. El reloj anunciaba la hora de partida hacia un nuevo destino. Tome mis valijas y subí asumiendo que dejaba todo atrás, con la esperanza de encontrar algo mejor por delante. 

Me senté al lado de la ventanilla para observar mejor el paisaje, quería guardar en mi retina las últimas fotos de aquel lugar en donde había crecido y me tocaba despedirlo o, más bien, el me despedía a mí. 

Sentada en aquel vagón observe que había un señor mayor, tenía un semblante luminoso, ojos color cielo, y una barba que dejaba caer. Me contó que pintaba retratos, entonces le pedí que me dibujara, sentía emoción por tener esa experiencia. Al terminar me mostró la obra y para mi sorpresa me noté un poco diferente, algo había cambiado. Con timidez le pregunté sobre aquel retrato, pensando que quizás no veía bien, pero con su tibia voz me dijo «yo no pinto lo que ven mis ojos, pinto lo que ve mi alma». Me quedé en silencio por mucho tiempo tratando de entender, de pronto el tren se detuvo y anunció mi destino, tomé mis valijas y bajé, al mirar atrás para despedirme de aquel hombre, ya no estaba. Tome con fuerzas aquel retrato y con lágrimas en los ojos continúe mi camino.



María Eugenia Gonzalez, me llamo Maria Eugenia Gonzalez, aunque la mayoría me dice “Maru”. Nací en Choele-Choel, provincia de Río Negro. Actualmente vivo en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), donde estudié y me recibí, primero de Licenciada en Enfermería y luego de Profesora de Educación Inicial. Hoy en día me desempeño como docente de Nivel Inicial desde el año 2019. Soy autora del libro del cuento infantil Ele la mariposa (2021).

Leer y escribir son una forma de encontrarme y una forma de donarme a los demás.


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De vivir en la cultura de la violación, contratos sexuales y el sistema detrás de todo

Por Fernanda Loé

Vivimos en el mundo de la cultura de la violación. Es imposible no verla, escucharla, leerla. A pesar de los esfuerzos, atraviesa nuestras vidas porque es promovida por todos los medios posibles. Pero ¿qué es a ciencia cierta la cultura de la violación? A continuación, la definición de Raquel Miralles (2020):

Los años 70 sentaron las bases de lo que hoy conocemos como cultura de la violación: un sistema que tolera, acepta y reproduce la violencia sexista a través de narrativas que encontramos no sólo en la publicidad, el cine y la literatura, sino también en los aparatos del Estado, el sistema judicial, los medios de comunicación, la sanidad, la educación y, por supuesto, la familia, la pareja o las personas que conforman nuestro círculo más cercano. (p. 85 )

Es decir, todos los días, por todos lados, recibimos información que justifica la violación, señala a la víctima como culpable o trata de minimizar los actos violentos, lo que nos lleva a internalizarla a tal punto que la convertimos en parte de nuestra cultura. Por lo tanto, la replicamos en nuestro día a día, educamos desde ella, aprendemos a normalizarla.

Desde el aula, cuando en lugar de recibir educación sexual en un espacio seguro y sin juicios, donde se hable sobre consentimiento, nos ponen a ver una película como Perfume de violetas o A los trece, creyendo que, si no nos hablan sobre sexo, nunca vamos a descubrirlo. Y que conste que no tengo nada en contra de esas películas, pero debería ser un apoyo a lo que nos enseñen en la escuela, no suplir lo que deberíamos estar aprendiendo.

 En ese momento, en el que tenemos muchas dudas sobre nuestro cuerpo, lo que sentimos hacia otros o las relaciones que entablamos, es cuando la pornografía entra y nos muestra lo que se supone que es el sexo. Encuentros violentos, nada de charlas acerca de consentimiento, hombres que someten a las mujeres, relaciones con diferencia de edad enorme, insinuaciones que se consideran equivalentes a un sí.

Así, poco a poco construimos la idea de que el deseo sexual es el equivalente de la violencia sexual. Si tú te insinúas, inicias el coqueteo, abres la conversación sobre sexo, entonces has dejado asentado un enorme “sí” del que ya no se puede regresar. Has firmado un contrato sexual en el que ese “sí” inicial anula cualquier “no” que pueda surgir después. No pasan desapercibidas frases como “prendes el boiler y no te metes a bañar”, las cuales son populares dentro de nuestra cultura, y que llevan dentro ese sentido de que, si la mujer inicia algo, en el ámbito sexual, tiene que terminarlo. Están normalizadas.

La cultura de la violación es omnipresente. Está grabada en nuestra forma de pensar, de hablar y de movernos por el mundo. Y aunque los contextos pueden diferir, la cultura de la violación siempre está arraigada en un conjunto de creencias, poder y control patriarcales. (Barczyk, 2019)

Esto escala hasta el ámbito judicial. Las víctimas son revictimizadas en la corte, mientras que se repiten frases como “su forma de vestir era insinuante”, “estaba borracha”, “no supo cuidarse”, “no debía haber estado en la calle sola a esas horas de la noche” y miles más que justifican al agresor y hacen responsables a las víctimas de la violación ocurrida. Y eso en un caso de “éxito” en la que el agresor haya sido detenido, porque en la mayoría de las ocasiones, ni teniéndolo en frente, con prueba en mano, es llevado ante la justicia.

Por lo tanto, claramente esta situación va sembrando una sensación de miedo, impotencia y vergüenza que hace que cada vez menos mujeres quieran hablar sobre la violencia que sufren. Creamos los espacios perfectos para que la violación quede impune y luego nos quejamos de que las victimas hablan de lo que les sucedió, 5, 10, 15 años después o tal vez nunca. Las redes sociales nos dan el espacio para escribir comentarios como “¿ya para qué lo cuenta ahorita?, “es su culpa por no decirlo al momento”, “así ni quien le crea”. Los periódicos utilizan términos como encuentro sexual, coito o relaciones sexuales, en lugar de decir violación porque al parecer para ellos es lo mismo, son términos intercambiables. Así como coqueteo con acoso o piropos con agresión verbal.

Dice Emiliana Pariente (2020):

Una cultura –dentro de la cual se articulan una serie de comentarios, conductas, acciones y comportamientos cotidianos y aparentemente inocuos– que a la larga ha servido para reforzar un imaginario en el que la víctima es finalmente la culpable de haber sido agredida, acosada, violada o violentada. Una cultura que naturaliza, mediante distintas manifestaciones, la violencia sexual hacia las mujeres.

Y así, poco a poco, la cultura de la violación echa raíces tan profundas que se vuelve parte de nuestra identidad. Y digo identidad porque se ve reflejado en los chistes de los que nos reímos, la ropa que compramos, las películas que nos gustan, las canciones que cantamos, la gente a la que le damos follow, etc.

Estoy casi segura de que no hay persona que no haya visto una película o serie, escuchado una canción, leído alguna publicación en redes sociales e incluso encontrado alguna prenda de ropa que contenga frases alusivas a la violación desde una perspectiva de broma, o como algo que se retrata dentro de lo cotidiano, de lo normal. El siguiente es un fragmento de la canción Blurred lines de Robin Thicke que recibió la nominación a la Mejor Canción del Verano 2015 en los MTV Video Music Awards :

Sé que lo quieres,

sé que lo quieres,

sé que lo quieres,

pero eres una buena chica,

la forma en la que me agarras,

debes querer ponerte indecente

adelante, insinúate

La canción completa se dedica a hablar de este juego en el que se cree que cuando una mujer dice que no, en realidad está diciendo que sí.  Es entonces el objetivo del hombre, hacerle ver a la mujer lo que en realidad quiere y esto justifica ignorar su negativa verbal. Cuántas veces no hemos oído la justificación de que una violación no era violación porque se notaba que ella quería. Y al parecer eso puede parecer válido hasta delante de un juez. Así de profundo corre la cultura de la violación.

“Retiran de tiendas playeras que incitan a violar mujeres” es el título de una noticia publicada en 2018 en donde se señalaba a la tienda de ropa Cuidado con el perro por vender playeras con frases como «Hazla creer que está segura» o «Su cuerpo es tu territorio». Lo mismo pasó con Amazon cuando se denunció que estaban vendiendo playeras con frases como “Keep Calm and Rape On» (Mantén la calma y sigue violando).

En la película ¡Qué duro es el amor!, la protagonista, Natalie (Nina Dobrev) se rehúsa a cantar la canción Baby it’s cold outside porque a pesar de que es una reconocida canción navideña que todos piden que cante, habla de una violación, por lo que cambia la letra para que en lugar de que el diálogo sea el intento del hombre de hacer que la mujer no se vaya, le diga que no está cómodo con que ella esté en ese estado, así que mejor la lleva a su casa. ¿Eso pasaría en la vida real?

Este es un fragmento de la letra original:

I ought to say no, no, no, sir

Mind if I move in a bit closer?

At least I’m gonna say that I tried

What’s the sense of hurting my pride?

Debería decir que no, no, no, señor

¿Te importa si me acerco un poco más?

Al menos voy a decir que lo intenté

¿Cuál es el sentido de herir mi orgullo?

Otra cinta que no se queda atrás es Sixteen Candles, una de las películas adolescentes ochenteras más famosas. En una de las escenas la novia del protagonista, Jake, toma mucho en la fiesta en la que se encuentran, al punto de quedar inconsciente.  Él, que es el chico más popular, entabla una conversación con Ted, el chico nerd, en la que le dice que podría tener sexo con cualquier chica e incluso podría violar a Caroline (su novia) porque ni siquiera se daría cuenta. Y le atribuye la culpa de ponerse en esa situación señalándola como una chica fiestera a comparación de la protagonista que es inocente y virginal.

Remata dejando a su novia con Ted, en total estado de inconsciencia, dándole verbalmente permiso de hacerle lo que quiera con tal de poder irse a buscar a la nueva chica que le gusta. Y así hay miles de ejemplos más, algunos de los cuales hablaré en la próxima entrada de esta columna.

Es por eso que la primera estrategia que podemos usar en contra de la cultura de la violación es el cuestionarnos todo, desde los comentarios que recibimos hasta los que hacemos. La manera en la que hablamos sobre la sexualidad femenina, cómo construimos las relaciones que tenemos. Porque solamente así podemos poner un freno a las acciones, palabras, ideas, que perpetúan la cultura de la violación. Sin olvidar que es nuestro derecho exigir a los otros que respeten esto, desde nuestros amigos hasta las autoridades.

No lo hagamos parte de nuestra normalidad, no le demos like a los comentarios en redes sociales que se burlen del consentimiento, no regalemos nuestro tiempo a programas en los que se enaltezca a la “chica buena” sobre la “chica indecente”, no permitamos que nuestros amigos hagan comentarios como “voy a esperar a que esté más tomada para ir a hablarle” o “dice que no quiere, pero ve cómo me mira”. Si nos cuestionamos, podemos poner un alto por lo menos en nuestro círculo de amigos, familia, colegas. Y aunque parezca poco en un inicio, puede marcar la diferencia a largo plazo. Creemos espacios con cero tolerancia ante la cultura de la violación.

Fuentes consultadas:

Hernández Briceño, S. (2020). Cultura de la violación, un análisis del continuo en la violencia sexual que viven las mujeres. Pacha. Revista De Estudios Contemporáneos Del Sur Global, 1(3), 89–103. https://revistapacha.religacion.com/index.php/about/article/view/44

Miralles, R. (2020). Cultura de la violación: una cuestión política. Libre pensamiento, 102, 83–88. https://librepensamiento.org/wp-content/uploads/2020/05/LP-N%C2%BA-102.pdf#new_tab

Burgos, A. (2017, 6 marzo). La cultura de la violación. Drogas & género. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://www.drogasgenero.info/la-cultura-la-violacion/

Bautista, F. (2021, 16 abril). «Sixteen Candles», o cómo el cine reproduce la cultura de la violación | Meditación en el umbral #14. Tríada Primate. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://triadaprimate.org/sixteen-candles-o-como-el-cine-reproduce-la-cultura-de-la-violacion-meditacion-en-el-umbral-14/

López, A. (2019, 23 junio). Cómo contribuyes a la cultura de la violación sin darte cuenta. elconfidencial.com. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2019-06-23/cortometraje-mar-y-maria-cultura-violacion-maltrato-mujer_2080858/

Pariente, E. (2020, 4 agosto). «Estaba curada»: Guí­a para desnormalizar la cultura de la violación. La Tercera. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://www.latercera.com/paula/estaba-curada-guia-para-desnormalizar-la-cultura-de-la-violacion/

Barczyk, H. (2019, 18 noviembre). Dieciséis maneras de enfrentarte a la cultura de la violación. ONU Mujeres. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://www.unwomen.org/es/news/stories/2019/11/compilation-ways-you-can-stand-against-rape-culture#:%7E:text=Por%20ejemplo%2C%20la%20cultura%20de,y%20la%20mutilaci%C3%B3n%20genital%20femenina.

Tardón Recio, B. (2016, 26 noviembre). Cultura de la violación: complicidad y silencio en torno a la violencia sexual. lamarea.com. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://www.lamarea.com/2016/11/24/cultura-la-violacion-complicidad-silencio-torno-la-violencia-sexual/

unotv.com. (2018, 7 diciembre). Retiran de tiendas playeras que incitan a violar mujeres. Recuperado 26 de abril de 2022, de https://www.unotv.com/noticias/portal/nacional/detalle/retiran-de-tiendas-playeras-que-incitan-a-violar-a-mujeres-383642/

Conversaciones de madrugada | Jane Eyre: el romanticismo sano en una equívoca sociedad

Por: Monserrat Chávez

El amor romántico nos ha llevado a asimilar ideas no sanas sobre las relaciones interpersonales, aquel amor que observamos a nuestro alrededor o aquel que leemos en novelos clásicas o contemporáneas. Sin embargo, también nos hemos de encontrar con el romanticismo que cuestiona los lineamientos sociales y se vuelca en un amor libre y recíproco.

Semanas atrás conversamos sobre la mirada femenina en la literatura, hoy deseo retomar la charla. Hace tiempo leí que “¿no has pensado en por qué las mujeres nos sentimos más atraídas por los hombres escritos por mujeres e identificadas por los personajes femeninos?”

Desde entonces esa pregunta no ha salido de mi cabeza, la respuesta a ello lo sé y lo expuse en la columna mencionada. Pero hoy quiero recordar una obra con miles de matices, hábil y hermosa para cualquier lectora/lector y que bien puede clasificarse como “female gaze”.

Jane Eyre fue escrita a mediados del siglo XIX por la autora inglesa Charlotte Brontë y antes de continuar, es propio considerar el contexto social y época en la que fue creada, así podremos apreciar las muestras feministas y fortalecidas en el carácter de la protagonista.

En su época fue señalada de ser una novela con tintes rebeldes y feminista, por los argumentos y el actuar del papel femenino. Y yo, cómo feminista, me fue imposible percibir ciertas características que en la actualidad serían muy cuestionables, pero de eso hablaré más adelante.

No creo, en verdad, no creo que haya sido intensión de la autora ni mía tampoco, romantizar o normalizar algunos actos; pero es para mí impensable no mencionarlos y causarme un ejemplo del limpio y suave romanticismo que han caracterizado a las buenas obras literarias.

Aún con el estilo de vida no sólo patriarcal, también dominante y clasista de aquellos años, es fácil distinguir, si se le pone la suficiente atención, la línea divisora entre el consentimiento y la imposición. Querida/o lectora/o, si ya leíste esta novela, seguro coincides conmigo en lo que diré a continuación.

Ya señalé algunas particularidades de la mirada femenina y esta obra cumple con muchas de ellas. Para empezar, la manera tan específica en la que nos presentan a su protagonista, permitiéndonos conocerle desde su tormentosa infancia.

Las infancias son seres con sentimientos y pensamientos con merecida validez social que en nuestro adulcentrismo hemos rebajado a meros caprichos y ello, Brontë lo expresó y ejemplificó de forma tan realista que es imposible no desbloquear recuerdos infantiles que se creían ya perdidos.

Y seguro lo tenía bastante claro la escritora cuándo a su personaje le dio armas verbales y una inteligencia emocional tan vivaz que, a su manera, intentó defender su integridad; porque las infancias si son conscientes de la violencia o el amor que les rodea y Jane pequeña lo supo desde siempre.

La Jane niña se sabía sola pero completa, conoció rápido el desinterés del prójimo por las injusticias y no buscó consuelo o ayuda en alguien más que en ella misma. Ella nunca se alejó de sus ideales pese al intento de persuasión de quienes le rodeaban y tampoco les juzgó, siguió su camino hasta su edad adulta.

Así, durante los primeros diez capítulos, la autora nos muestra lo equivocada que esta la sociedad respecto a las niñas. Llenando de escenarios y expresiones que nos dejan claro la valentía, fortaleza, inteligencia y razonamiento de esas pequeñas mujeres.

Pues bien, pasemos a una de las mejores partes y es la adultez de Jane Eyre. Trataré de no alargarme y hablarles sobre lo más importante de su personalidad. A nuestro personaje femenino nunca le atemorizó encontrar su libertad en una sociedad dominada por el hombre.

Tampoco se intimidó con la presencia ni palabras de quien era su jefe, al contrario, se mostró entera y acertada. Fue honesta respecto a sus ideales y nunca huyó de ellos para buscar la aprobación de aquel hombre o del resto de los personajes catalogados como “alta sociedad”.

Yo pienso que usted no tiene derecho a darme órdenes, porque haya conocido más mundo o porque sea más viejo que yo, esa superioridad que usted se adjudica dependerá de cómo haya usado su experiencia y su tiempo. (Charlotte Brontë, 1847 pp. 118)

Palabras como esas serán leídas frecuentemente durante la novela; porqué, una vez más, la autora sabía lo ambiguo que es la jerarquización y lo inexplicable de seguir esa tendencia que sólo aviva la conciencia sin clase.

¿Y saben qué más sabía? Diferenciar la unión por consentimiento aún con sus matices y la unión bajo una imposición manipulada y nada recíproca. Lo primero con Mr. Rochester y lo segundo con John Rivers.

¿Recuerdas cuándo te dije que cómo feminista detecté algunas cosas cuestionables? Pues lo fue la edad entre el personaje masculino principal y la protagonista, pero vaya, también mencioné que no debemos olvidar el contexto en el que se sitúa y los viejos usos y costumbres.

El amor entre Eyre y Rochester fue espontáneo y apasionado, pero no honesto por los secretos que éste guardaba. Aquí la autora nos invita a reflexionar sobre lo que hay que hacer cuándo el ser amado nos ofende y lastima, elegir quedarse por lástima o elegir irse para sanar y que el tiempo haga lo suyo.

Pero también nos invita a reflexionar aún más cuándo Rivers, cegado en su beneficio propio, pretende obligar a Jane a contraer matrimonio con él. Su manipulación escala al grado de señalar a Jane cómo traidora y egoísta, sin darse cuenta que el indiferente es él por no considerar nunca el corazón de nuestra protagonista.

Y Jane, siendo una mujer complaciente pero no abnegada, coloca límites entre ella y él, haciéndole saber desde el inicio lo poco locuaz de su discurso moralista y fatídico. Sin duda, Brontë nos mostró la diversidad masculina, todavía patriarcal pero una menos frágil que la otra.

Finalmente, nuestros protagonistas se reencuentran. Él, más reflexivo, empático y sereno, dispuesto a tomar la mano de su compañera de viaje y verla cómo eso, no un proyecto en el cuál trabajar para presentar ante la sociedad.

Y ella, con su interior fortalecido, madura y comprendiendo que los cambios que el destino trajo para ambos eran para acercarlos a la responsabilidad afectiva y el apoyo muto.

Veremos, al final, a un personaje masculino capaz deshacerse de su orgullo para amar completamente a la mujer que ha despertado en él deseos nunca vistos, a un hombre adulto consciente de que aquello deberá construirse con respeto, sinceridad y cariño.

¿Qué te digo? Un romanticismo que nos lleva al cuestionamiento interior y exterior, a reflexionar sobre nuestro actuar tanto en relaciones interpersonales como intrapersonal. Y que, nos sigue regalando amores sanos y correspondidos que crecen en su sentido emocional.

Quisiera seguir charlando más sobre esto, pero es tarde ya y debo dejar hasta aquí mi intervención. No sin antes pedirte que, a veces es bueno descansar de los lentes morados y disfrutar de las obras exquisitas que dejaron tantas autoras que en su momento, fueron poco reconocidas.

Recuerda que, aun cuando el sistema insiste en adentrarse hasta en los pequeños huecos, siempre habrá mujeres que nos muestren alternativas en ese mundo hecho para y por hombres. Ellas nos han creado un mundo para nosotras y merecemos disfrutarlo.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.