Por Sandra Ivette González Ruiz.
Escribo para insistir en lo vital,
en lo que nos mantiene vivas,
juntas,
en lo que nutre,
en el aire.
En lo que sana y nos conecta con nuestra oscuridad más profunda,
sin que eso signifique destrucción.
Insisto para limpiar mis heridas y respetar la pus que emana de ellas.
Para detener la sangre,
para conjurar posibilidades,
para nombrar mi cuerpo como me plazca,
para romperme y tejer nuevos comienzos.
Escribo para dolerme e insistir en el placer.
Para imaginar territorios y jardines propios y colectivos.
Para dibujar jaulas abiertas.
Para que el silencio no me devore.
Para que el silencio no te devore.
Sandra Ivette González Ruiz, es poeta, investigadora y bordadora feminista. Viene de una genealogía de mujeres oaxaqueñas. Se doctoró en Estudios Latinoamericanos, UNAM, con la tesis «Cuerpo, violencia y transgresión. Constelaciones de mujeres que escribieron poesía durante las dictaduras en Chile y Argentina». Imparte y coordina talleres de escritura poética para mujeres diversas. Tiene dos poemarios publicados en La Jardinera. Club de Lectura y Casa Editorial: «Apuntes para entrar en un jardín» y «Del cuadernos de notas de la Mujeres Pájaro o algunas maneras de despedirnos». Ha participado en antologías de poesía, la más reciente se titula «Alguien aquí que tiembla. Celebración poética de mujeres. Año 1 de confinamiento», publicada en Ediciones Sin Nombre.
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