Con ternura, para ti | Mi tía «la loca».

Fotografía por Daniela Ortiz

Por María Daniela Ortiz Soriano.

Mientras estaba en una cena familiar escuchaba (aburrida, como de costumbre) la ávida plática de mi madre, mis tías y abuela sobre el resto de la familia consanguínea. Que si la prima Aurora esto, que si el tío Jacobo lo otro, etc. En eso la conversación se dirigió a la tía Lulú y el ambiente se puso tenso, todas en la mesa miraron a su alrededor que ninguno de los hombres, miembros de nuestra familia, estuviera cerca y en eso mi abuela atinó a decir “la loca de lulú”, desatando una serie de comentarios ofensivos hacia la locura de la tía Lulú. Pero ¿Quién es la tía Lulú y porque la llaman loca?

Mi familia materna (es decir, mi abuela con sus hermanos, hermanas y padres) viene de un pueblo perdido entre rancherías camino a Veracruz. Con pocos pobladores, según me contaron, este pequeño pueblo era un lugar tranquilo, casi un paraíso que mi abuela recordaba con mucho cariño. En ese lugar creció mi abuela, su hermano mayor Tiburcio y su hermana menor Lulú.

La familia de mi abuela en los años que vivieron en ese pueblo era considerada respetable, ya que consistía en un primogénito varón, una hija devota a la iglesia (mi abuela) y una hija hermosa como las flores de mayo (la que, en su juventud, era mi tía Lulú antes de ser “la loca”), un padre arriero y una madre ama de casa.

Eran la familia Barragán y llevaban varios años viviendo en paz hasta que su hija menor Lulú cumplió los 17 años y se postuló para ser reina de la fiesta patronal del pueblo.

Verán, dicen que mi tía Lulú antes de ser loca, era una señorita hermosa, dulce y amigable con todos en el pueblo, por eso en la víspera de sus 17 años (que coincidía con la fiesta patronal) muchos en el pueblo la alentaron para postularse a reina de la fiesta patronal, por lo que tenía que hacer, junto a las otras candidatas, una especia de campaña para que votaran por ella. Esta campaña consistía en asistir con un chaperón y junto a las demás candidatas a varias comidas que las familias adineradas organizaban 6 meses antes de la fiesta patronal, con el fin de que las candidatas a reina convivieran y demostraran al pueblo lo “buen mozas” que eran.

Durante dos meses de campaña todo marchaba con normalidad, a pesar de que su padre y hermano no estaban de acuerdo, tía Lulú estaba emocionada de ser reina de la fiesta patronal y esa emoción se notaba en las comidas a las que asistía. Tía Lulú era feliz, era hermosa y era muy dulce… hasta que abusaron de ella en la última cena que asistió.

Cuando mi abuela y mis tías, sentadas en la mesa, llegaron a ese punto de la historia, todas bajaron la voz y desviaron su mirada en busca de oidores externos, después miraron a mi abuela que endureció sus facciones como si fuera un juez a punto de dictar pena de muerte y pronunció en voz baja “Lulú quedó loca porque se la llevaron al monte y regresó con las ropas rasgadas”.

Esa noche en que tía Lulú fue a otra comida junto a las demás candidatas, unos jóvenes del pueblo, mayores que ella, disolvieron en su refresco una especia de pastilla que le dan a las vacas para que entren en celo, cuando la pastilla le causó nauseas y desequilibrio, salió a tomar aire y tras de ella salieron tres muchachos (hijos de los anfitriones de la comida) con el pretexto de auxiliarla.

Tía Lulú desapareció durante horas. Dieron las 2 am y su familia salió a buscarla por todo el pueblo, hasta que los mismos anfitriones de la fiesta le confesaron que vieron a los tres muchachos llevarse al monte a Lulú. Cuando encontraron a la tía Lulú, tenía la ropa desgarrada y deambulaba por el monte. “Ahí fue donde se volvió loca” confesó mi abuela.

Naturalmente una esperaría que el final de este suceso fuera que los padres de tía Lulú hubieran balaceado a los tres muchachos y de paso a sus padres que vieron el rapto sin hacer nada, pero no fue así. Al confrontarlos, su defensa se basó en el argumento por la que muchos feminicidios siguen sin recibir justicia: acusaron a tía Lulú de provocar el abuso por exhibirse al ser candidata a reina de la fiesta patronal.

La tía Lulú recibió el castigo que esos violadores y sus encubridores debieron recibir. Fue humillada públicamente, su largo cabello fue cortado casi al ras de su cráneo y toda su melena, amarrada con un listón rojo, fue colgado en la puerta de su casa para anunciar a todos que su hija había fallado como señorita virgen y ya no era digna de respeto o valor. La obligaron a usar vestidos oscuros, a donde fuera era señalada como “la incitadora” y por supuesto, ya no pudo ser reina de las fiestas patronales.

La tía Lulú no se volvió loca, fue humillada, ultrajada, tratada como un pedazo de carne al igual que muchas mujeres ahora y antes. Su locura era en realidad su alma destrozada, su calidad humana rebajada, la cruel enfrenta a la realidad sobre lo que significa ser mujer: un pedazo de carne que puedes ultrajar y serás impune a cualquier castigo si tu justificación es “ella lo provocó”.

¿Puedes imaginar, cuántas mujeres llamadas “locas” no debieron pasar por un infierno similar al de mi tía Lulú, la loca? La sociedad patriarcal condena a la mujer por ser víctima de abuso, llevando al límite su humanidad hasta orillarlas a la locura como su único refugio y salida.

“La loca” o “la perdida” son sobrenombres que invalidan el sufrimiento de cientos de mujeres que, como mi tía Lulú, fueron abusadas, humilladas y culpadas por “provocar” a sus agresores. Y tú, ¿Tienes algún familiar a la que llaman “La loca”?

Con ternura, para ti.

Maria Daniela Ortiz Soriano. Egresada de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana de la UNAM, y Técnica Auxiliar Museógrafo Restaurador por la misma institución. Sus áreas de interés son la investigación literaria en el campo de dramaturgia y literatura Mexicana, la escritura creativa, investigación en perspectiva de género y teoría feminista, los programas de divulgación cultural, la Museografía y restauración del acervo histórico de la nación, y la participación activa en montajes escénicos.  

Escribo porque me gusta vivir y me gustan las mariposas. 

Memorias de la luna azul | Lágrimas de luna III

En esta tercera entrega de breves -brevísimos- relatos lo que quiero recalcar es que a veces las palabras sobran cuando hablamos de las experiencias que se han entretejido hasta formar lo que concebimos como amor. Amor, que se presenta en una inmensidad de facetas, formas y expresiones… El amor que es aquello que construimos y decidimos nosotros-nosotras día a día.

Lágrimas de luna

III

Entonces, tras limpiar el polvo de mil recuerdos allí estaba: su foto, en un portarretratos, uno que nunca me perteneció. A su lado, el piano parecía invadir la entrada al hogar de manera intimidante, casi parecía que mi presencia le molestaba y, entre el correr de sus teclas blancas y negras, me escabullí; tomé la imagen, en donde lo que más lucía era su sonrisa, y corrí, con el tronar de un vehículo viejo que pasó en dirección contraria, justo a mi lado.

Caminé sobre la vereda, hasta que a mi izquierda observé los restos del fresno, que por la violencia del clima cayó de bruces, preste suma atención a las diversas ramas que apuntaban en todas direcciones, como si intentaran alcanzar el cielo, aun cuando las estrellas siempre han sido sus favoritas. Aún me pregunto que me obligó a acercarme, ¿acaso fue porque yo también añoraba el cobijo de las estrellas?, ¿quizá debido a que recordé que en lo más bajo del tronco marcamos juntas lo que ahora me parece la más dolorosa añoranza?

Busqué, hasta que encontré los trazos en donde nacían las raíces. La corona de puntas dejaba entrever, en donde yacía un corte, los espirales que lucían casi cansados, en ellos vi la edad del árbol y después la comparé con nosotras: ¿Podía equivaler su edad a nuestra experiencia?, ¿sufrimos lo mismo que este árbol?

Recordé el semblante de mi madre, los moretones en tu brazo, el chirrido de las vías en donde me dijeron que te ibas… La caja de madera seguro era fría. Nunca me perdoné que lo último en arroparte fue la desdicha.

Aparté las hojas secas que antes coronaron aquel pequeño refugio; ahora caían rendidas a las faldas del árbol que alguna vez fue su hogar. Me perdí en el roce que se  provocaba en mi piel al dibujar una y otra vez la inscripción sobre la cansada madera, rememoré la risa de a quien llamé, entre constantes pesadillas, el amor de mi vida. Cuando decidí mirar el cielo caí en cuenta de la oscuridad, la del exterior, aquella que aparecía sobre un mundo al que no pertenecía. En ese momento me di cuenta de que mi cariño nunca fue un error, pues brillaba como las estrellas ante la tempestad; además, era codiciado por muchos, que con sus puntiagudas manos querían alcanzarnos como las derrotadas ramas del fresno. Me dejé consumir por el tacto de las hojas secas que crujieron en mi espalda, y descansé sobre el respaldo del tronco, en donde aún se murmuraba con letras deformes: Isabel y Amanda se amaron aquí, escondidas del mundo.

FIN

«Mi nombre es María Fernanda Vázquez Castillo, nací en la Ciudad de México, pero ahora vivo en el estado. Actualmente tengo 18 años y soy estudiante de la carrera de Letras y Literaturas Hispánicas en la UNAM.

Desde pequeña tuve un interés por la literatura, principalmente por la creación, más adelante por su estudio. Es por ello que con el paso de los años he buscado mejorar mi estilo de escritura para mostrarlo a los demás.»

Acerc-Arte|Zenobia Camprubí: una mujer libre.

Zenobia Camprubí
"Mar ideal"
Los dos vamos nadando
-agua de flores o de hierro-
por nuestras dobles vidas.
-Yo por la mía y tú por la tuya;
tú, por la tuya y yo por la mía-.
De pronto, tú te ahogas en tu ola,
yo en la mía; y, sumisas
tu ola sensitiva, me levanta, te levanta la mía, pensativa.

Juan Ramón Jiménez.

Por Reyna Morales.

Este poema fue escrito por el español Juan Ramón Jiménez (23/12/1881 – 29/05/1958), traductor, poeta y escritor, reconocido con el Premio Novel de Literatura y que entre muchas otras obras, es recordado por «Platero y yo»; referente, además, para la Generación del 27 en España. Pero no hablaremos de este gran autor, que dicho sea de paso, es mi segundo autor favorito. No. Esta vez hablaremos de su musa, de su fiel pero nunca sumisa compañera… Hoy platicaremos sobre una mujer increíble, culta, libre y enamorada: Zenobia Camprubí.

La vida de Juan Ramón Jiménez no fue nada sencilla. Siempre atravesando crisis de ansiedad y depresión que lo llevaron a vivir retiros e incluso, ingresos a hospitales psiquiátricos. Y es difícil de entenderla sin Zenobia, quien llegó a cambiar un poco el frío destino del poeta.

Sus vidas se entrelazaron desde que él la escuchó reír sin conocerla, desde que se vieron por primera vez… desde que los padres de ella trataron de separarlos. Pero, ¿quién era Zenobia?

Zenobia Camprubí Aymar nació el 31 de agosto de 1887, en Malgrat de Mar, Barcelona (España). Hija del prestigiado ingeniero Raimundo Camprubí y de Isabel Aysmar Lucca. Tuvo dos hermanos, Augusto y José. Su infancia la pasó entre Estados Unidos y Puerto Rico, recibiendo una educación muy culta y cosmopolita, bajo la estricta vigilancia de su madre y su abuela materna.

Creció en diversas ciudades como Barcelona, Valencia, Nueva York y Washington. En 1908 fue aceptada en la Escuela de Pedagogía de la Universidad de Columbia, destacando por su inteligencia. Estudió historia, literatura y otras disciplinas hasta que su madre decidió regresar a España, lo que le impidió terminar sus estudios. Al regreso se establecieron en Madrid.

Zenobia era una mujer muy adelantada a su época. Entre otras cosas, Zenobia:

  • Se dedicaba al negocio de las antigüedades y a la inmobiliaria.
  • Era políglota.
  • Estaba muy bien relacionada con las editoriales.
  • Lideraba iniciativas benéficas de apoyo a la comunidad, como la fundación en Barcelona de la asociación «La Enfermera a Domicilio», un servicio social clínico sin fines de lucro.
  • Colaboraba con grupos como «El Ropero de Santa Rita», «La Visita Domiciliaria», «El Comité Femenino de Higiene Popular», entre otros.
  • Fundó el Comité de Concesión de Becas para Mujeres Españolas en el Extranjero, que apoyo a una gran cantidad de señoritas españolas para estudiar y prepararse en el extranjero.
  • Fue miembro de la Asociación Nacional de Mujeres de Acción Feminista y Social.
  • Colaboró con María de Maetzú, una de sus mejores amigas, como tesorera en el Lyceum Club, primer club de mujeres fundado en España.

Zenobia asistía siempre que podía a charlas y conferencias intelectuales. En muchas ocasiones, asistía acompañada del matrimonio Byne. Para ese entonces, Juan Ramón, después de vivir en diferentes lugares, decidió establecerce en la Pensión Arizpe, donde casualmente, habitaban los Byne.

Este matrimonio acostumbraba hacer reuniones muy escandalosas que duraban hasta altas horas de la noche. En muchas ocasiones, tuvo Juan Ramón que tocar a la puerta para reclamar… pero una de esas tantas ocasiones, escuchó la voz y la risa de una joven mujer que llamó poderosamente su atención. Y se propuso averiguar a quien pertenecían.

Coincidieron en una conferencia y Juan Ramón quedó impresionado profundamente con la personalidad de Zenobia. Además de culta y sensible, le parecía una mujer agradable, finísima y muy inteligente. Y conquistarla no fue fácil. A cada requerimiento amoroso de Juan Ramón, Zenobia correspondía con bromas. No le fue fácil llegar al corazón de su amada y convencerla de que también un poeta débil y triste podía hacerla feliz. Además, Juan Ramón no era el tipo de pretendiente que los Camprubí deseaban o esperaban para su hija.

Para 1915, ya eran novios formales y comenzaron a trabajar juntos en la traducción. Comenzaron con Tagore. Y su trabajo era complementario: mientras ella aportaba sus profundos conocimientos en la traduccion y él le daba la forma poética. «Luna Nueva» fue su primera obra publicada, la cuál consiguió un gran exito por parte de la crítica. Entusiasmados por el resultado, siguieron haciendo traducciones de otros destacados literatos, como Edgar Allan Poe o Shakespeare.

Los padres de Zenobia, sin embargo, no estaban de acuerdo con la relación de su hija con el poeta. En un inicio, buscaban la manera de separarlos, como consta en cartas, documentos y manuscritos, la mayoría inéditos, que se exhiben en la Casa Museo Zenobia – Juan Ramón Jiménez de Moguer (Huelva, España).

Según explica Rocío Bejarano, del Centro de Estudios Juanramonianos, «Estaban completamente enamorados». Nos cuenta que Isabel, la madre de Zenobia, se llevó a su hija a Nueva York el 30 de noviembre de 1915, con la intención de separarla de Juan Ramón. Raimundo, su padre, tuvo una conversación muy tensa con el novio. El poeta lo relata a Zenobia en una carta, hasta hace poco desconocida, y que se exhibe actualmente en Moguer:

«Me respondió de un modo muy violento y grosero que tú tenías 28 años y que él no tenía necesidad de dar consentimiento alguno pero que además, no lo daría».

Juan Ramón Jimenez

Solían escribirse cartas hermosas y delicadas, proclamando todo el amor que sentían el uno por el otro.

«Yo procuraré siempre ser una buena mujer para ti… Para ayudarte a ser valiente, para no ser una carga y para empujarte siempre para arriba en todo lo que alcancen nuestras almas. Quiero que te refugies en mi contra toda desilusión y contra lo mediocre y mezquino de la vida»

Zenobia Camprubí

En otra misiva, Jiménez le respondía:

«El día glorioso, me traspasa de alegría. Está lleno de mi amor por ti y todo se va hacia tu corazón, Zenobia mía,en este sol hermoso»

Juan Ramón Jiménez

Y a pesar de tantas trabas, Raimundo Camprubí no tuvo mas remedio que informarle a su esposa, acerca de los planes de la boda, diciéndole:

«Que sean muy felices y que sean colmados sus deseos, es lo único que queda desearles»

Raimundo Camprubí

El 2 de marzo de 1916, Zenobia y Juan Ramón contrajeron matrimonio en la iglesia de Saint-Stephen de Nueva York, sin que su padre asistiera a la ceremonia, pero siendo apoyados por doña Isabel.

En 1926, instalados en Madrid, comenzaron una vida tranquila, en la que Juan Ramón escribía y Zenobia, como una esposa solidaria y ocupada de su marido, le ayudaba tanto en la traducción como en apoyo para que nada le faltase ni nada lo molestara.

Pero eso no quiere decir que Zenobia se olvidara de si misma y se dedicara solo a su esposo. Sus obligaciones como esposa no evitaron que ella iniciara o continuara con sus proyectos.

En ese mismo año, Zenobia abrió su tienda dedicada al arte popular y cristalizó un viejo proyecto: convertirse en intermediaria en la compra y venta de artículos de arte por una pequeña comisión.

Zenobia y Juan Ramón

La muerte de la madre de Juan Ramón y de la madre de Zenobia en 1928, les produce una profunda tristeza. Al siguiente año, José, el hermano de Zenobia, antes de regresar a Estados Unidos, les obsequia un pequeño auto. Es así como Zenobia se convierte en una de las primeras mujeres en conducir un auto con una licencia legítima. En este auto recorre España, a veces con su pareja, a veces con sus familiares y amigos.

La vida intelectual de Zenobia se centra en su marido, a quien atendía y ayudaba como secretaria, agente y traductora.

En 1931 se le detecta un tumor cancerígeno en el útero pero rechaza la cirugía.

Estalla la Guerra Civil española en 1936 y Juan Ramón y Zenobia participan activamente en actos políticos a favor de la República Española y ayudando niños huérfanos. Pero al poco tiempo, tuvieron que salir del país para evitar la persecución. Viajan por Cuba, Estados Unidos -Zenobia dio clases en la Universidad de Maryland-; también por Argentina, Uruguay y Puerto Rico, en donde trabajaría como profesora en la Universidad de Río Piedras. Ellos creían que su salida de España sería por corto tiempo… ¡y pasaron 22 años fuera de ella!

Desgraciadamente, el cáncer regresa, por lo que en 1951, Zenobia es intervenida quirúrgicamente en el Boston Massachussets General Hospital y regresa el 1° de febrero de 1952 al lado de Juan Ramón, quien también egresaba del Hospital Psiquiatrico George Washington, al atravesar una crisis de depresión profunda. En agosto de ese año, Juan Ramón se siente recuperado y ambos regresan a sus labores cotidianas.

Pero en los primeros meses de 1953, ambos recaen: a ella la tratan nuevamente por cáncer y él, por depresión.

Después de estos episodios de enfermedad y tristeza, comienzan a considerar la posibilidad de regresar a su lugar de origen, con su gente y recuperando su idioma. Sin embargo, en 1956, confirman la reaparición del cáncer de Zenobia. Y a pesar de tratamientos extremos, el diagnóstico no era nada alentador. Esperaban en una nueva cirugía el milagro, el cual no sucedió. Le quedaban unas cuantas semanas de vida. Fue internada en la Clínica Mimiya en Satourse, Puerto Rico.

Tres días antes de morir, el 25 de octubre de 1956, agonizante ya, le dan la noticia de que su marido ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura y ella, que tanto había trabajado junto a él, es la encargada de hacérselo saber. El 28 de octubre, Zenobia fallece, dejando a Juan Ramón solo.

El día de su fallecimiento, el Comité Municipal realizó una sesion extraordinaria en la que se le nombró como Hija Adoptiva de Moguer y se solicitó al Ministerio de Gobernación la colaboración para nombrar como Zenobia Camprubí a la Calle de las Flores (donde había nacido Juan Ramón).

El Alcalde de Moguer, Juan Gorostidi Alonso, envió al poeta un telegrama el 29 de octubre:

«Todo Moguer comparte tu dolor por el fallecimiento de Zenobia»

Juan Gorostidi Alonso

Acordaron después llevar a cabo los servicios fúnebres y cancelaron los festejos de júbilo por el otorgamiento del Premio Nobel.

Tras los funerales de Zenobia, Juan Ramón se encerró en su habitación. Sin comer, sin cuidado personal, se aisló del mundo. Desnutrido y en condiciones muy lamentables, fue ingresado al Hospital Psiquiátrico de Hato, Texas. Aparentemente repuesto, regresa a dar clases en la Universidad, pero en febrero de 1958, sufre una caída, enfermando después de bronconeumonía sin responder a los tratamientos. Fallece el 29 de mayo en el mismo hospital donde falleciera su amada Zenobia.

Los restos de ambos fueron llevados a España y reposan en el Cementerio de Moguer desde el 6 de junio de 1958.

Zenobia Camprubí Aymar fue una mujer extraordinaria a la que se le puede aplicar el dicho de «Al lado de un gran hombre, hay una gran mujer», porque posiblemente la obra poética de Juan Ramón Jiménez no hubiera sido la misma sin la abnegada presencia, siempre en voluntario segundo término de su esposa.

Sin duda alguna, Juan Ramón amó a su compañera, pero pese a los esfuerzos de esta, no lo pudo librar de su terrible mal, nunca pudo escapar de la depresión. Desaparecida Zenobia, fue imposible.

Zenobia dedicó su vida a su gran amor. Algunos dicen que él la opacó, que por él, ella no pudo destacar. Otros afirman que fue una mujer libre, que él nunca vetó su trayectoria personal. Yo me inclino por esta segunda opinión. No descuidó su crecimiento personal e hizo lo que deseó, al mismo tiempo que se entregó como esposa y compañera.

Actualmente, es reconocida como una importante feminista española, defensora de la emancipación de la mujer. Ella logra reflejar su Yo como una mujer independiente, práctica y activa, entregada al que fue el amor de su vida, apoyándolo en todo lo necesario. Una mujer libre y amorosa pero nunca sumisa.

Fuentes:

Conversaciones de madrugada | Abandonar los sueños para sanar

Por: Monserrat Chávez

“Si lo que hago no me provoca felicidad y al contrario, vivo con miedo y ansiedad entonces ¿por qué lo hago?” Esta frase hacía eco en mi cabeza hace dos años; sentada frente a una computadora, seis días a la semana, ocho horas diarias. Cansada 24/7 de dedicarme a algo que había dejado de agradarme.

Lo recordé esta semana, cuando paseaba montada en mi bicicleta en dirección a entregar un pedido de repostería que una clienta había hecho. Visualicé a la Monse del 2019, ¿qué diría de esta versión? ¿estaría orgullosa o decepcionada?

La respuesta no importa, porque la Monse de hoy se siente satisfecha y realizada. Sin embargo, no paro de pensar en cómo el destino se encarga de acomodar cada cosa para que todo fluya, que al final terminamos donde siempre quisimos aunque en el instante no lo comprendemos.

Me pregunté porque no aprendí los secretos de la cocina años atrás, porque entre mis proyectos universitarios nunca desarrollé uno gastronómico y me respondí, porque no era el momento. Porque tus metas eran distintas y fuiste tras ellas, lo que pasó después no es culpa de tu yo pasado.

También lo volví a reflexionar cuando se hicieron públicas las decisiones de la gimnasta Simon Biles y de cómo el sistema capitalista social nos arrastra a los sueños más imposibles y dar todo por ellos a costa del bienestar propio.

En una de las columnas anteriores hablé sobre cómo seguir el cauce y no cuestionar, tiene consecuencias severas en la salud mental. Yo tenía sueños, que evolucionaron, pero sueños al fin al cabo y di todo por ellos, me entregué en completa voluntad para no quedarme atrás del resto.

¿Cómo pasas de ser una periodista a ser repostera? Cuándo agotas tu capacidad emocional y dejas de vivir, para sólo sobrevivir. Cuando la puerta de la realidad te golpea el rostro, cuando te olvidas de escuchar la voz de tu niña interior, cuando dejas de ser la adulta que siempre deseaste.

Había pasado por la radio, televisión, digital, periódico, ser fotógrafa y videografa freelance, por la edición y corrección; yo había construido sueños alrededor de la profesión que me costó tres años universitarios.

Me aferré a ellos como si mi salud mental dependieran de ellos y sí, en efecto, mis estados emocionales dependían de que tan bien o mal era mi desempeño laboral (después me di cuenta de lo triste que era) había depositado todo en mi profesión que no me tenía permitido fallar.

Hasta que conocí los secretos tan bien guardados de esta carrera, la ética profesional y moral en mí no me permitía ser parte de esta industria y su control social. Pero no me iba, me sostenía de las últimas esperanzas que tenía, hasta que en 2019, la cuerda se rompió.

Elegí abandonar los sueños que me habían costado crear durante años. Elegí poner una pausa indefinida a mi carrera. Elegí ser feliz. Elegí priorizar mi salud mental. Pero decidir nunca es sencillo y aunque estaba en paz, debía tener ingresos para poder vivir.

Entre tanto tiempo libre empecé a hacer yoga, meditar y hornear. Horneaba pan, pastelitos y más porque en mi ciudad es difícil conseguir opciones veganas y un buen día dije “¿y por qué no lo hago yo?”, pasaron los meses pero yo seguía sin tener ingresos y los ahorros se agotaban.

Hasta que una tarde, una querida amiga me sugirió vender las galletitas que hacía, yo dudosa y con miedo, comencé el viaje. Luego llegó la cuarentena y las cosas eran inestables, pero mi mente se logró adaptar a los cambios.

Yo me había perdido desde años atrás. No lograba encontrarme, hasta que dejé de ignorar la voz en mi interior y decidí seguir sus consejos. No fue hasta que me atreví a hacer todo lo que quise en la vida pero lo posponía por miedo, cuando mi alma se liberó y la carga sobre mis hombros desapareció.

A veces los sueños tienen fechas de caducidad y está bien. No hay porque insistir cuando algo no vibra de la misma forma, cuando no hace latir el corazón, cuando algo deja de emocionar y se convierte en una tortura y preocupación.

Está bien dejar ir aquello que creíste eterno, duele, dolerá por un rato pero pronto todo estará mejor. Si algo he aprendido y tengo claro es que, las casualidades no existen, el universo conspira para que tú estés en el sitio perfecto.

Y ¿qué es el éxito? No lo sé con certeza.

Pero si me dejas decir mi sentir, es despertarte sin la pulsada de dolor que te atormentó todos los días, levantarte de la emoción por hacer aquello que siempre quisiste y te daba miedo emprender, sonreír porque la ansiedad te ha abandonado, sentir placer de no complacer a nadie más que a ti.

Mi éxito fue, ir a terapia, medicarme, dejar el trabajo que me hacía llorar todos los días, reencontrarme con mi niña interior, pedir perdón, despertarme a hornear, escribir un poema, andar en bici mientras el sol se pone, acariciar a mi perro y sentir como mi corazón se vuelca de alegría.

Sé quien ponga en duda la estructura. Sé quien siempre haz querido ser.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

De Ana Frank, la tía Lú y una princesa de los pies

Por Fernanda Loé

Querida Kitty:

Estos días han sido muy raros. Me cuesta mucho trabajo saber si los adultos quieren que crezca o quieren que me quede por siempre como una niña. Muchas cosas están pasando a mi alrededor y estoy aprendiendo, entre por gusto y a fuerza, cómo es el mundo en el que voy a tener que vivir. Me está gustando, aunque también muchas cosas me dan miedo, desearía sáltamelas, y algunas más, me parecen absurdas. Defiendo mi idea de comer helado todos los días, de jugar y de imprimir más billetes para que todos tengamos dinero. Al parecer muchas cosas las voy a poder hacer hasta “crezca”, aunque en realidad no sé si ya estoy creciendo, es más, no sé si algún día voy a dejar de crecer.

Si tuviera que escribir una página de diario sobre las dos protagonistas de las que quiero hablar hoy, creo que sería esta. Crecer sin duda es algo por lo que ambas están atravesando, cada una a su manera, en diferentes contextos y con diferentes desafíos. Pero al final, las dos son niñas inteligentes, valientes y, sobre todo, llenas de preguntas. Una escribe para sentirse acompañada en un momento muy difícil que la asusta muchísimo, la otra, como parte de una promesa a su madre, pero también para tener una memoria de una de las mejores épocas de su vida.

El mundo siempre es distinto en ojos de una niña, así lo demuestra Ana Frank, la primera niñita de la que hablaré hoy. Creo que la mayoría ha leído El diario de Ana Frank porque a los profesores les encanta dejárnoslo en la primaria o secundaria y entiendo por qué. Para recordar un poco, Kitty es el nombre que la protagonista decide darle a su diario para sentirse acompañada por una amiga. En el diario escribe todo lo que siente y observa a lo largo de dos años durante los cuales tiene que estar encerrada, junto con sus padres, su hermana y algunos amigos de la familia. La cuestión es que Ana vive en Holanda durante la Segunda Guerra Mundial y es judía, por lo tanto, tiene que esconderse para no ser enviada a un campo de concentración.

Por todo eso, vive con miedo, sin saber qué va a pasar con ella, pero siempre con esperanza de que todo mejorará. Sin embargo, a pesar de esa terrible situación, Ana no deja de ser una niña. Desesperada por estar encerrada, se dedica a pensar y a escribir sobre lo que ve a su alrededor. Describe la casa donde se esconden y cómo son las personas con que la comparte, sus horarios, cómo pasa el tiempo estudiando y leyendo, habla sobre las peleas constantes entre los inquilinos e incluso de como Peter, un chico del grupo que comparte la casa, empieza a agradarle poco a poco.

A pesar de que se queja de su situación tiene en mente que vivir escondida es un privilegio y siempre trata de mantenerse a flote gracias a sus recuerdos. Nos cuenta cómo las relaciones con su mamá, su papá y su hermana se van deteriorando conforme pasa el tiempo y como su carácter por momentos, deja de ser optimista al escuchar las noticias que les llegan. Sin embargo, se entretiene estudiando, ayudando con lo que le toca en la “casa de atrás” (así le llaman al lugar donde se esconden) y platicando con sus acompañantes.  

Además de eso, Ana tiene que enfrentarse a los cambios que está sufriendo mientras crece, a los sentimientos que no sabía que podía tener y también a su nueva visión del mundo, que ha cambiado no sólo por su edad, también por el aislamiento. Se siente tan sola que desea que Kitty sea real porque lo que más anhela es una amiga. Y si bien no podemos entender por completo su situación respecto al miedo que sentía al estar escondida, sí podemos compartir ese miedo que todos en algún momento atravesamos a crecer y descubrirnos. Aún cuando tiene todas esas dudas, se obliga a no perder la dicha y el deseo de ser feliz, de tener una vida fuera de allí. Sobre todo, cuando empieza a enamorarse de Peter, lo que le da un sentido distinto a su vida dentro del escondite.

Y al pasar el tiempo, le pasa lo mismo que nos pasa a todos, no reconoce a la Ana que inició el diario. Se siente tan alejada y distinta que no puede creer que fuera la misma persona. Despreocupada, feliz, inocente, pero de una manera distinta. Ahora conoce lo que puede pasar en el mundo, puesto que la han tratado como una adulta, y, sin embargo, eso le emociona. Le da alegría saber que está empezando a conocer lo que es el amor, que ha cambiado su aspecto, que se preocupa menos por nimiedades y que incluso a la hora de agradecer cuando reza, lo hace de corazón, con sinceridad, no como obligación. Ese es el viaje de crecer. Y bueno, no es necesario contar el final de su historia.

Aunque a Ana la acompaña el miedo por crecer, también su contexto la hace vivir en alerta todo el tiempo. Y aunque el contexto no es el mismo, me gustaría hablar de otra niña que crece, descubre el amor, los cambios en su cuerpo y en su mente e incluso en la manera en que la tratan. Enfrenta problemas familiares y se cuestiona las grandes “verdades”. Además, lee El diario de Ana Frank, entiende la historia e incluso la usa para acercarse a más personas. Esa niña es Araceli, la protagonista de .

, escrito por David Martín del Campo, nos cuenta la historia de Araceli, una niña de 14 años que, por problemas económicos de su familia, es mandada unas vacaciones de verano con su tía Lú, una señora excéntrica, artista, solitaria y, sobre todo, enigmática ante los ojos de la niña, que siente que su vida ha terminado cuando ve que su tía vive en una zona rural de Chiapas y no tiene ni tele.

Araceli se siente conectada a Ana Frank gracias a que su mamá le obsequia un cuaderno y le pide que escriba todos los días para que después pueda conservar los recuerdos de esas vacaciones. Sin embargo, la tarea no le emociona hasta que su tía, para ayudarla e inspirarla, le obsequia un libro viejo, sin pasta, sin las últimas páginas y a punto de deshacerse. Ese libro es El diario de Ana Frank.

Poco a poco, de la mano del libro, de su tía y de sus pensamientos, va descubriendo una manera muy distinta de vivir. Lú es pintora y vive acompañada de la Nana Té, una señora viejita y aún más extraña que la propia tía. Su esposo, un día cualquiera, salió por la puerta y no regresó, dejándole solamente “El tesoro de Drake”, una tienda de antigüedades ubicada a un lado de la casa. También las acompaña Van Gogh, un perro viejo que pareciera sólo dormir. Por todo lo anterior, Araceli escucha todo tipo de habladurías sobre ellas, sobre todo provenientes de los otros niños de su edad, sin embargo, poco a poco va conociéndolas y descubriendo que su tía en realidad, es muy distinta a lo que imaginaba.

Al mismo tiempo, se enfrenta a los cambios de todo tipo. Hace amigos, Luis y Manuel, y aprende a darse cuenta qué personas vale la pena mantener en tu vida y cuales no. Luis, que es el chico rico de la comunidad, la lleva a pasear en moto y la invita a comer helado en la nevería de su familia, pero al fin y al cabo termina sacando su personalidad odiosa y desleal. Por otro lado, Manuel, que trabaja como pescador en la mañana y estudia en las tardes, se esfuerza por conocerla, ayudarla e incluso le pone un apodo: princesa de los pies.

Ese apodo se debe a que otra cosa que descubre Araceli gracias a su tía Lú, es su pasión: bailar. Su tía le paga la inscripción a una academia de danza folclórica con lo que se da cuenta de que además de ser talentosa para eso, es lo que más disfruta en el mundo. Entre otras cosas, la tía Lú trata de explicarle que la vida es otra cosa que perseguir el dinero. Pone de ejemplo al propio padre de Araceli (hermano de Lú), que, aunque también pudo haber sido un artista, se desanimó y decidió dedicarse a algo que le dejara aunque sea un poco de dinero.

Al mismo tiempo, la Nana Té le enseña que la voz es la sombra del alma, por lo tanto, nacimos para estar en todas partes, para disfrutar, para ser felices, pero también para permanecer. Le confiesa que viaja en sueños y que conoce el futuro, que sabe curar y que no todos pueden verla. También, que algunas cosas en la vida no necesitan explicación ni solución, solo tiempo.

Y aunque pareciera que Lú es la que ayuda a Araceli, también su sobrina le enseña cosas, pero, sobre todo, le regala complicidad y compañía. La apoya cuando tiene que montar una exposición de sus cuadros, está a su lado cuando recuerda a su hijita que se le murió, la pequeña Constanza. Comparte su alegría al pintar flores, árboles, pescadores y organizar reuniones de dominó con sus amigos. Incluso está ahí, cuando después de un diluvio devastador que trae pérdidas materiales y humanas, regresa su tío después de años de ausencia. 

Así, las dos juntas, aprenden cosas nuevas, crecen. Araceli pasa el verano más inolvidable de su vida y lo describe en su diario como lo hiciera Ana Frank, sin saber qué pasa al final. Disfruta el presente y se emociona por el futuro. Con décadas de diferencia, las dos comparten esa incertidumbre que trae condigo el cambio, ya sea de domicilio (como ambas hacen) o de pensamiento. Es por eso que Ana y Araceli, sin importar nuestra edad, tiene mucho que enseñarnos al compartir su historia. Al fin y al cabo, nunca dejamos de crecer.

Al mismo tiempo, la tía Lú nos ofrece la esperanza de convertirnos en adultos que aún sueñen y aprendan, se dedican a lo que disfrutan y que ven las cosas más allá de lo convencional, pues como le dice Lú a Araceli, es necesario pensar todos los días: “hoy amaré la vida más que ayer”.

50 sombras de morado | Sexismo olímpico, o rápido recuento de algunos cagues y otros aciertos en Tokio 2020.

Por Irene González.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 eran un evento con altas expectativas. El aplazamiento que tuvo que efectuarse el año pasado debido a la pandemia por covid-19 hizo de éste un acontecimiento aún más único. La naturaleza de los juegos permite reflexionar respecto a ciertas cuestiones sociales; sexismo, homofobia, racismo, etc. y este año se han presentado varias situaciones que tomar en cuenta.

Comentarios sexistas por parte del presidente de los JJ. OO. de Tokio

Yoshiro Mori, presidente del comité organizador y uno de los principales personajes al frente del evento, fue duramente criticado a nivel internacional en redes sociales. A principios de febrero de este mismo año declaró que las mujeres eran responsables de alargar las reuniones del consejo administrativo al tener dificultades para concluir sus intervenciones. Esto según una nota publicada originalmente por el diario japonés Asahi.

El ex primer ministro de 84 años también mencionó que si aumentaba el número de mujeres ejecutivas sin tener un tiempo de participación regulado, las juntas se prolongarían de manera indefinida. Las mujeres, según él, tienen un espíritu competitivo que las motiva a hablar: si una de ellas levanta la mano el resto busca aportar también, por lo que al final todas quieren decir algo. De acuerdo con el periódico Asahi los comentarios de Mori provocaron risas entre algunos asistentes.

El escándalo que se desató con la publicación de la nota y su posterior viralización orilló a la renuncia de Mori, algo que, presumimos, ya no le hizo tanta gracia.  

La infame multa al equipo noruego de balonmano por elegir jugar con shorts

Una noticia que parece perdida del año 1990 y que viajó en el tiempo por equivocación al 2021. ¿Todavía seguimos cuestionando el derecho de las mujeres por tener voz y voto sobre sus vestimentas? La Federación Europea de Balonmano parece creer que sí, pues en un arranque de nostalgia por épocas – todavía – más machistas decidió emitir una multa por la cantidad de 150 euros por jugadora tras la decisión del equipo de salir a jugar con shorts en lugar de bikini, como lo estipula el reglamento.

Las jugadoras se manifestaron en redes sociales, orgullosas y fieles a su decisión. La Federación Noruega de Balonmano, por su parte, ha respaldado la postura del equipo, al igual que miles de usuarios de todo el mundo que iniciaron varias protestas en internet contra la multa emitida: publicaciones en redes sociales, una petición en change.org e incluso una invitación a saturar el correo oficial de la Federación Europea con mails declarando estar en contra de dicha penalización.

Este caso no es exclusivo ni mucho menos. En las últimas décadas van ya varias situaciones donde los atletas denuncian la doble moral y las incongruencias existentes en temas relacionados a sus uniformes.

La buena noticia es que se observó una reacción general muy positiva y un sólido apoyo a la decisión tomada por las jugadoras noruegas de balonmano. La cantante Pink, por ejemplo, se ofreció a cubrir personalmente la multa del equipo. Así que, Federación Europea de Balonmano… SO, SO WHAT?

Comentarios homofóbicos dirigidos hacia el gimnasta español Cristofer Benítez

Siguiendo con la línea de noticias que deberían de pertenecer a otra década, la medallista olímpica rusa, Tatiana Nevka ha emitido críticas homofóbicas dirigidas a Cristofer Benítez por su participación, su manera artística de expresarse y el atuendo que decidió vestir durante la ejecución de su rutina en los JJ. OO. En sus declaraciones, la ex patinadora rusa menciona que la gimnasia es un deporte femenino y que le alegra que en su país no exista tal cosa. Agrega que se siente feliz de saber que sus hijos nunca verán algo semejante y se cuestiona las “tendencias” de la sociedad occidental actual.

Sus comentarios no fueron bien recibidos y posteriormente ofreció una disculpa. Sin embargo, ésta también acabó tomando rumbos polémicos… muy al estilo de “No soy homofóbica, perooooo piensen en los niñooos”, insinuando que un espectáculo como la gimnasia artística masculina es propaganda LGBT a la que los críos están expuestos.

Por su parte, Cristofer Benítez respondió a las declaraciones con un mensaje agradeciendo el apoyo del público, encabezado con un bonito e inspirador “Siempre Libre”.

Una mirada esperanzadora al porvenir de los JJ. OO.

A pesar de estos tropiezos nos atrevemos a ver con optimismo el futuro de los Juegos Olímpicos en materia de equidad y respeto. Las sanciones correspondientes fueron aplicadas a los ejecutivos u otros organizadores que tuvieron el mal tino de emitir comentarios desafortunados, el público ha favorecido a los atletas en casos como el del equipo Noruego femenino de balonmano y el del gimnasta español Cristofer Benítez. Y cómo dejar de aplaudir un acontecimiento histórico tan importante como el debut en los JJ. OO. del evento por relevos mixtos de natación y triatlón.

El trayecto por recorrer aún es largo, pero es satisfactorio ver lo lejos que hemos llegado desde aquellos años en los que las mujeres competían en falda larga y corsé. Bajo esta mirada, esperamos con buena cara lo que París 2024 depare.  


Irene González estudió la licenciatura en Arte y Animación Digital en el Tecnológico de Monterrey. Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria por “Literalia Editores”, fue miembro del círculo de escritores tapatío “El Jardín Blanco”. Ganadora del primer y tercer lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Finalista en el concurso internacional “Novelistik de Ciencia Ficción” 2016. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos, incluyendo “Sirena Varada”, “En Sentido Figurado”, “Teresa Magazine”, “Quinde Cultural”, el periódico “La Jornada” y en su blog personal “Dystopian Fantasy”.  

Instagram: @r.irenegon 


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Entre Caos Poético y textos perdidos | Festín de poesía, la sazón del Chile en Nogada


Por Elizabeth Vázquez Pérez

En pleno verano a punto de despedirse los aromas se hace presente la sutileza en la cocina por las calles de la ciudad. Letreros de restaurantes ofrecen al «platillo mexicano por excelencia» invitando a probar su historia plasmado en su sabor, a deleitarse entre pláticas de sobremesa y leyendas urbanas acerca de su origen sin embargo pienso que cada persona tiene en su mente una nueva historia que crear y contar de la experiencia al probar este manjar poblano.

Con su fisonomía demasiado atractiva provocó en mi la curiosidad visual desde niña por querer conocer su sabor y sin planearse se dio ante una invitación a la llegada del cumpleaños de una de mis tías donde se había convocado a una gran cantidad de familiares. Nos habían avisado quince días antes del evento, mi otra tía se emocionaba por Sara ¿ que le regalaría ahora a su cuñada? pensaba en voz alta.

Entre pláticas solo se escuchaban comentarios sobre la invitación y se predisponían al evento porque la tía era algo especial, linda pero con carácter. Pensábamos en la comida que servirían: mixiotes, guisado de epazote, tamales, etc…infinidad de suposiciones que al fin y al cabo no sabríamos hasta llegada la fecha.

Cuando el festejo llegó todos asistimos muy entusiasmados y arreglados. Su cochera enorme estaba llena de mesas y flores que adornaban el mantel blanco. Con emoción nos dirigimos a la cocina donde Sara estaba contenta y apurada aún cocinando. No supe bien a simple vista que era pero su aroma me abría el apetito, el olor al mes de Agosto se hacía presente en Octubre. Ya estando en la mesa los colores y aromas se fundieron en mí, el chile en Nogada que más disfruté. Era la primera vez que su tricolor imagen  degustaba y veía de cerca. Nadie pudo repetir platillo porque esa era la porción.

Entre ese recuerdo y años más tarde quise incursionar en la elaboración de uno. Compré los ingredientes, comencé su elaboración y en cada paso se mezclaban recuerdos entre sabor y aromas para revivirlo. Las frutas tratando de endulzar entre lo corpóreo y la memoria. Almendras, especias y el ardor de la corteza envuelta por la materia prima llena de generosidad para el comensal que como regalo se envuelve en esa nogada de Castilla que se da en los campos en plena época como si fuese concedido con propósito para la Honorable Puebla de Zaragoza. Un manjar que no puedo olvidar su receta y de la que quedé prendida en esencia de su elixir culinario.

Cocinar un chile en Nogada no es técnica, no es sencillez, ni costumbre, es arte desde su elaboración porque emana recuerdos a través de su sazón, de frescura a la llegada del otoño que te cubre con su manto como nieve que avisa la proximidad del fin de año.

Un festín lleno de poesía y sabor inigualable, de pasión por el cocinero hasta su comensal.

Por eso comprendí a la tía en ese día que se quedó como reflejo en mi pensar para poder enlazar  historia y sabor dentro del plato para tenerla en nuestra memoria no como mala anfitriona por dar un solo chile (rumoraban varios) sino que nos quiso mostrar un poco de su agradecimiento y sazón en su cocinar, le faltaba sal pero esa ya es otra historia.


Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.

Puedes encontrarla en:

Escribir para resistir | El demonio dura hasta que la princesa es valiente

Por Majo Soto

Este cuento fue escrito por una Majo de 16 años que llevaba algunos meses en terapia, trabajando la dolorosa, profunda, infectada y vieja herida del abuso sexual en la infancia. Es lo único que pude escribir en los tres años de desbordante depresión y estrés postraumático. Probablemente el cuento necesite arreglos o tenga algunas fallas en la trama, sin embargo, me es muy difícil leerlo y editarlo, pues hay cosas tan personales dentro de él, como los recuerdos nítidos y las canciones tenebrosas de la infancia que siguen apareciendo como soundtracks de mis pesadillas. Si pasaste por una situación similar, te abrazo a la distancia, eres tan valiente y valiosa como la princesa.

Érase una vez un lugar muy mágico donde vivía una linda princesa, a quien le gustaban los largos paseos por los alrededores de su castillo. La dulce princesa salía todas las tardes en busca de flores hermosas y hadas del bosque, corría alegremente persiguiendo el vuelo de las mariposas, mientras el viento feliz alborotaba su cabello. 

Una tarde, la princesa iba recogiendo hojas y flores, tarareando alguna melodía que le gustaba, cuando de pronto se dio cuenta que se había alejado demasiado de su castillo. La pequeña niña miró a su alrededor, el cielo ya no parecía azul y las nubes tristes cubrían la luz del sol. 

Siguió caminando, esperando encontrar algún sendero que la llevara de vuelta a casa, pero en cambio, encontró una cueva, escondida entre muchos árboles del bosque, en completa oscuridad y soledad. La princesa miraba la cueva, cuando una voz proveniente de su interior la llamó.

一Princesa, bonita一 dijo la voz一, ven, entra, hazme compañía. 

一¿Quién eres?一 preguntó la niña. 

一Solo soy un pobre demonio a quien el mundo ha abandonado, me siento muy solo y triste, ¿me quieres ayudar a sentirme mejor?

La princesita no pudo soportar la tristeza de la criatura, así que decidió entrar a la cueva. Era húmeda, fría, en forma de un espiral que parecía ser interminable y tenía un olor a tabaco impregnado. La princesa llegó hasta donde el demonio se encontraba, él encendió varias velas y ella pudo contemplarlo: era tres veces más grande que ella, su piel era seca y rugosa, sus ojos oscuros y pequeños y su boca húmeda y con un aliento que la mareó al primer suspiro. 

El demonio la llenó de comida rica, después la bañó con aguas termales, enfocándose en su largo y hermoso cabello, para después sacarla del agua y durante el secado, depositar en su inocente cuerpo besos y caricias que a ella le dolían, que ella no quería. 

Cuando el demonio terminó de vestir a la princesa, la dejó ir con la condición de que al otro día volviera a visitarlo, de no cumplir con ello, él dañaría a sus padres. 

一A partir de ahora serás mi muñeca一 le dijo 一, estás bajo mi hechizo para que juguemos juntos por siempre, pero es nuestro secreto. 

La pequeña princesa siguió viviendo aquella pesadilla durante muchos años. A pesar de que siempre intentaba pelear, al final el demonio ganaba, el proceso se repetía y al terminar, la sentaba sobre su regazo y sosteniéndola firmemente de su pequeña cintura, le cantaba canciones. 

Te quieren la escoba y el recogedor,
te quieren el plumero y el sacudidor,
te quieren la araña y el viejo veliz
también yo te quiero
y te quiero feliz.

一¿Me quieres feliz?一 le preguntaba la princesita. 

一Claro que sí, mi muñequita一 respondía el demonio, con esa voz grave que hacía temblar de miedo a la pequeña y ese aliento que le provocaba asco一, mi muñequita. Tus lindos piecitos son míos, igual que tu boquita y tus piernitas y yo puedo hacer lo que quiera contigo. 

Un día la princesita se sentía abatida, estaba tan cansada y harta de sentirse como un objeto que esa tarde, no opuso resistencia, solo se limitó a llorar. De sus ojos brotaron miles de lágrimas, salió tanta agua y tristeza de ella que al final no le quedaron fuerzas ni para hablar. El demonio se asustó ante los horribles llantos de la niña, temió que la princesa muriera ahí mismo, por lo que le permitió irse y nunca más volver. 

Los años iban pasando y la pequeña princesa fue creciendo para convertirse en una hermosa joven; sus padres buscaban a un príncipe que quisiera desposarla, pero la princesa rechazaba a todos los pretendientes o incluso se negaba a conocerlos. Su decisión de no contraer matrimonio comenzaba a desesperar a los reyes, no solo porque era necesario que la princesa consiguiera un esposo, sino que, además, no les daba ninguna explicación respecto a por qué se negaba a contraer matrimonio. 

La princesa en realidad no rechazaba por completo la idea de casarse, pero sentía mucho miedo. Habían pasado años desde que el demonio la había dejado de atormentar, pero cada vez que se miraba en un espejo veía a la muñeca fea y rota que el demonio quería. 

Una noche, mientras la princesa lloraba debajo de las estrellas, un caballero se acercó a su balcón y le preguntó si podía ayudarla. Al no recibir una respuesta, el caballero trepó hasta la princesa y sin pedirle más explicaciones, la abrazó. 

Así pasaron largas noches, la princesa y el caballero se veían en cuanto la luna asomaba en las nubes; algunas veces se quedaban hablando hasta el amanecer, otras, el caballero se dedicaba a acariciar los rizos de la princesa, mientras ella lloraba en su hombro. 

Hasta que una noche, el caballero, frustrado ante el llanto imparable de la princesa, decidió preguntarle si había algo que él pudiera hacer para remediar su llanto. 

一Tú no puedes hacer nada一 respondió la princesa con infinita tristeza 一, nadie puede hacerlo. 

一Pero tal vez, si me cuentas lo que te pasa, yo pueda hallar la solución一 insistió el caballero.

La princesa nunca había hablado, su garganta se cerraba cada vez que con su voz intentaba decir las monstruosidades que el demonio cometió contra ella. Era como si él la hubiera hechizado con el silencio; pero esa noche, el caballero la tomó de la mano con una ternura tan dulce que ese simple gesto de cariño ayudó a que la princesa lo contara todo. 

一Princesa bonita, yo conozco la solución para acabar tu sufrimiento.

一¿De verdad?一 preguntó esperanzada. 

一Necesitas enfrentar al demonio, demostrarle que no tiene ningún poder sobre ti. 

La princesa se estremeció de miedo al pensar en volver a aquél lugar, el escenario de sus pesadillas

一¿Estás seguro de eso, caballero?

一Totalmente一 le respondió él.

La princesa se llenó de miedo, a pesar de ello decidió que era mejor pasar ese mal momento a seguir teniendo horribles pesadillas, noches de insomnio, peleas con sus padres y desconfianza en todo el mundo. Así que, a la noche siguiente partieron en búsqueda de la cueva del demonio. 

Al llegar a la cueva, la princesa se aferró a la mano de su compañero para comenzar a recorrer el espiral que cada vez se hacía más pequeño y caluroso. De un momento a otro, la princesa se encontró en el mismo lugar donde el demonio la había lastimado por tantos años. El caballero se mantenía detrás de ella, protegiéndola, pero en un momento de descuido, el demonio logró separarlos y encerrar a la princesa en una parte de la cueva. Ella miró a su alrededor, observó todo tan familiar que comenzó a sentir cómo se volvía pequeñita, tanto como cuando era niña. Se convertía en una muñeca de nuevo, en propiedad de alguien. 

Y entonces, al alzar la mirada, se topó con el horrible demonio. 

一¡Mi muñeca ha vuelto!一 exclamó él con voz empalagosa. 

La princesa comenzó a temblar de miedo, podía escuchar al valiente caballero intentando abrir la puerta sin tener mucho éxito. Recordó todas las veces que se sintió indefensa, recordó la última vez en la que lloró tanto que pudo detener el infierno que vivía. En ese entonces era una niña pequeña, ahora era una mujer, ahora que había crecido era su responsabilidad rescatar a esa niña. 

一¡Yo no soy tu muñeca!一 le gritó 一 Mis pies son míos, mi boca es mía y mis piernas también. ¡No te pertenezco y no te tengo miedo! 

Con cada palabra la princesa sentía cómo recuperaba su libertad, mientras que el demonio se hacía cada vez más y más pequeño, hasta que fue tan diminuto que la princesa lo pudo aplastar con su zapato. 

Sin el demonio de por medio, la princesa se pudo ver en un espejo y por primera vez sus ojos no observaron a una muñeca rota y lastimada, sino a una princesa, a una joven hermosa. Miró sus manos que no estaban atadas ni inmóviles, podía hacer lo que quisiera con ellas; su boca que ya no callaba, que ahora podía gritar; su rostro y su cuerpo, que era suyo, suyo y de nadie más. La princesa, conmovida ante lo que veía, rompió en un llanto que esta vez no significaba dolor, sino felicidad, libertad. 

En ese momento, el caballero logró abrir la puerta, la princesa le sonrió, ya no era más una muñeca. 

Majo Soto nació una noche lluviosa de junio del 2001, en Querétaro, México. Es estudiante de Comunicación y Periodismo, bailarina de ballet, feminista y aunque no la define, sobreviviente de abuso sexual. Su trabajo literario ha sido publicado en diversos medios digitales como Especulativas, La Coyol Revista y Las Sin Sostén; respecto a lo periodístico, su trabajo se puede encontrar en Tribuna de Querétaro (Dossier del 8 de marzo 2021), Notas Sin Pauta y su columna en Escribir para Resistir.

Historias interactivas, una nueva forma de leer y promover la lectura

29 de julio de 2020 |Abril Rosas

Año con año, diversos medios refieren información sobre los hábitos lectores de la población mexicana, basándose en los datos estadísticos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Sin embargo, ¿cada cuánto las cifras resultantes de los censos son alentadoras?

Hace un par de días llegó a mi una página llamada “Nomad list”, donde, en resumidas cuentas se hace una comparativa de las distintas ciudades del mundo en relación a ciertos tópicos que evalúan la calidad de vida en miras a vacacionar, buscar trabajo e incluso realizar una mudanza. Hecho curioso resultó que México y su amplio territorio calificó de manera positiva en una considerable cantidad de rúbricas, tales como: cultura, tolerancia racial, felicidad, etcétera. Sin embargo, una constante resaltaba en las distintas entidades, la calidad en la educación, donde “mediocre” era la palabra que describía el campo. 

Con esto no pretendo dar una omnipotencia a la página que refiero, no obstante, ¿es de sorprender esta calificación? El sentido común, la información que desde pequeños recibimos y la comparación con otros países del mundo nos pone en evidencia el contraste que México posee ante los famosamente llamados “países primermundistas”. A decir verdad, que nuestro territorio no califique como tal se debe a una serie de variables más allá de la educación, aunque esta sea una de tantas. 

Sin embargo no es motivo de estas líneas hacer un análisis de tal calibre, pero no debe dejarse de lado el hecho de que ante los ojos de la sociedad mexicana, que su educación sea considerada mediocre no es ninguna noticia nueva. Ahora, hablar de educación es también ahondar en un terreno multifactorial, diverso y complejo, sin embargo, es posible delimitar.

Detengámonos para entender específicamente la relación entre la lectura y la educación. De acuerdo con información publicada por el INEGI el 22 de abril de este año, entre mayor es el grado de estudio de una persona, más tiempo dedica a la lectura:

“La población adulta con un grado de educación superior realiza 50 minutos continuos de lectura mientras que quienes no cuentan con educación básica terminada registran 35 minutos por sesión”. 

INEGI, 2021

Ahora, según la misma fuente sólo el 21.6% de la población mexicana mayor a 15 años cuenta con educación superior.

Con estos datos, es posible vislumbrar un escenario precario respecto a hábitos de lectura en el país, que corroboran una valoración mediocre de su educación. Así, surge la gran pregunta, ¿y ahora qué?

Aunque la información es desalentadora, otro dato proporcionado por el INEGI propone una alternativa de solución y tratamiento al problema de la poca lectura en el país. De acuerdo con este instituto:

“La mayor parte de la población adulta lectora de libros (42.6%) declaró que el motivo principal para leer libros es por entretenimiento”.

INEGI, 2021

Entonces, una alternativa para la promoción de la lectura, es apelar a su función como fuente de entretenimiento

Ahora, pensando en los libros como fuentes de entretenimiento se hallan en desventaja, pues compiten contra el streaming audiovisual, las redes sociales, los videojuegos, entre otros medios. Muchos de los cuales ofrecen al usuario interacción directa, lo que los involucra aún más, pues se vuelven partícipes de la narrativa que los entretiene, en contraste con los libros que muestran generalmente una sola historia o una sola forma de leer la historia (aclaro que hay excepciones).

No obstante, es aquí donde un atisbo de esperanza sale a la luz. Recuerdo que hace un par de años encontré una plataforma de historias interactivas llamada Pathbooks. Al principio no entendí el concepto y después de una búsqueda comprendí la posibilidad que ofrecía: la de ser un lector activo.

En este punto me permito una aclaración: no pretendo hablar de marcas o realizar algún tipo de promoción, sin embargo, por motivos de difusión a la lectura revelo el nombre de la plataforma, puesto que hasta el momento no he sabido de alguna otra que ofrezca un servicio similar. 

Entonces, ¿qué es una historia interactiva? Una narración donde al final de cada capítulo, el escritor proporciona más de un final a elegir por el lector, de tal manera que el relato ofrece múltiples posibilidades de ser experimentado, tal como sucede con los videojuegos de aventura narrativa como Detroit Become Human, Heavy Rain, Beyond Two Souls; o series como Black Mirror Bandersnatch. Al final, la adrenalina de la interacción termina siendo un elemento a favor para aquellos públicos que buscan el entretenimiento como razón de lectura. 

Desde un punto de vista un poco más teórico (sin afán de ponerme excesivamente teórica), el hecho de que el receptor de cualquier medio (libro, en este caso) sea un sujeto activo desde la crítica de lo que consume, hasta la búsqueda de interactuar con nuevos discursos y la forma en la que se apropia de ellos es un hecho sumamente favorable. Pues se abre paso tanto a nuevas posibilidades cognitivas, como a implementar su rol en lo social desde la conciencia de su papel en el entorno.

Con esto se abre una nueva posibilidad: la de formar a nuevos lectores con base en un atractivo novedoso. Como plus he de mencionar que en la plataforma referida con anterioridad, existe un amplia variedad de géneros y textos según las exigencias de los lectores, de tal manera que resulta aún más atractiva la idea de leer.

Sin embargo, ¿por qué si hace más de dos años descubrí esta plataforma poco he sabido de ella hasta el punto de recordarla sólo por la reflexión que arrancó este escrito? Exceptuando algunas notas periodísticas que encontré en el transcurso de este tiempo no he hallado más información al respecto.

La razón probablemente se deba a la falta de difusión y promoción de la lectura, así como a la necesidad de nuevas estrategias de quienes tienen a su cargo esta responsabilidad, pues los públicos que reciben campañas de fomento lector no tienen el hábito de leer. Ahora, esta nueva planeación debería no rivalizar con los medios que le generan desventaja, al contrario, podría servirse de ellos para promocionarse y comparar la similitud de interacción como un atractivo nuevo. Con esto, sus canales de difusión también deberían actualizarse, trayendo a los posibles lectores la sensación de que la lectura no es sólo propia de ciertas instituciones sociales o parte de espacios únicos y formas de consumo particulares.

Finalmente, pese a que esta propuesta está planteada desde la idea de una acción macro, cada uno de nosotros puede ser promotor de lectura de alguien que no tenga el hábito aún. Incluso podrías en este momento leer algo de lo que acabo de presentarte y descubrir una nueva manera de consumo que tal vez te atrape.

Fuentes de consulta:

https://www.inegi.org.mx/temas/educacion/

Soy Abril Rosas, amante del arte y licenciada en comunicación. Escribo como ejercicio de pensamiento y sentimiento; por una parte la demanda de razón que suscita la cotidianidad; y por otra, las emociones que para mis adentros se acentúan.

He escrito poesía, cuentos y relatos para Prosvet, Poetazos y para Líderes Ciudadanos en su certamen nacional: Historias Ciudadanas. También, para esta misma asociación recibí el premio a mejor cortometraje animado en 2020, donde fungí como ilustradora, guionista, productora y voz de doblaje.

Actualmente trabajo como ilustradora digital y community manager. Me he desempeñado como guionista y productora para empresas privadas en mi natal Oaxaca de Juárez.

EL HILO DE LAS MOIRAS | Noción del cuerpo grotesco en la literatura de Mariana Enríquez

Por Amaranta Castro

I.

La filosofía clásica, comenzando con Platón instauró una manera de entender a los cuerpos negando su realidad concreta y haciéndolos participar en mayor o menor medida de un arquetipo Ideal. De ahí que, hablando del cuerpo humano, la corporalidad se clasificaba de acuerdo al nivel de cercanía respecto a la Idea del cuerpo. Más tarde, durante el renacimiento, cuando las artes y las ciencias retomaron sistemáticamente el pensamiento clásico, aquello que no entraba dentro de los cánones de lo que se consideraba como bello era considerado como grotesco.

Lo grotesco de acuerdo a varios autoras y autores, entre los que destacan Kayser, Bajtín y Russo, lo definen como aquello que nos presenta un mundo distinto a lo que conocemos y que escapa de las clasificaciones normativas que podamos realizar al respecto.

II.

De la misma manera, la historia del pensamiento del patriarcado ha configurado al cuerpo femenino como aquello que no-es-masculino. Es decir, lo que está más allá de la normalidad, entendida como el cuerpo en un nivel genérico y “natural”, esto es, el cuerpo masculino. En otras palabras, podemos afirmar que el cuerpo femenino es considerado, desde la perspectiva del patriarcado como un cuerpo grotesco. Una corporalidad que presenta aquello que no es un cuerpo masculino, aquello que no es entendible desde la normativa estética.

Por lo anterior, podemos observar, en la historia en general y en la historia de la literatura en particular, todas las modalidades en que el cuerpo femenino se ha presentado como amenazante o como lo extraño y temible a ojos del hombre. Desde las brujas en el pensamiento cristiano y también en la literatura, hasta el miedo a la castración que presenta Freud en el psicoanálisis.

III.

Por lo tanto, si la corporalidad femenina se encuentra configurada como una negación de lo que no es un cuerpo masculino—entiéndase aquí un cuerpo normal—entonces la representación literaria de esa amenaza puede mostrarse en las múltiples formas que en la realidad se presentan a nuestra mirada. Lo amenazante de la feminidad o de lo femenino considerado desde la óptica del patriarcado lo hace colocarlo más allá de la normatividad, tanto en rasgos físicos como en manera de comportarse y en el pensamiento.

Mariana Enríquez, nos presenta la manera en que el cuerpo femenino establece rupturas con la cotidianidad. Un ejemplo de ello, se encuentra en el texto: «Las cosas que perdimos en el fuego», donde las mujeres optan por establecer un nuevo panorama estético al quemar sus rostros y desfigurarse ellas mismas, estableciendo así, una dualidad de sujetos, más allá de hombre y mujer o femenino y masculino, de acuerdo con un personaje que ahora sería entre: «los hombres y las monstras». A través de sus textos podemos colocarnos ante la perspectiva de una feminidad que más que en los lindes externos de la normalidad se encuentra dentro de la misma y desde ahí transforma lo real, como ya lo señalaba Bajtín respecto de lo grotesco.

Lo grotesco es aquello que amenaza nuestra seguridad en el mundo, entonces lo femenino es aquello que es grotesco por amenazar el pensamiento dualista y esencialista del patriarcado. Entendiéndolo de esa manera, lo femenino por lo tanto, es un género existente por sí mismo que puede ser entendido como el elemento que permitiría un cambio en la situación social y cultural en la que vivimos actualmente.

Así, lo grotesco no solamente es amenazante. Como ya se mencionó, en el pensamiento de Mijaíl Bajtin, lo grotesco es también transformador. Para el pensador ruso, lo grotesco en el carnaval amenazaba y modificaba a la vez los ordenes establecidos. Por ello, la literatura de Enríquez permite establecer a lo femenino más allá de un grotesco amenazante y muestra lo femenino en una mirada transformadora del orden del pensamiento del patriarcado. 

Amaranta Castro. Estudió Estética y Filosofía del Arte (BUAP). Dirigió círculos de lectura en las áreas juvenil e infantil de la Biblioteca Central (BUAP). Participó en la creación del proyecto para la difusión de lectura y las artes: Convivencia en Letras (BUAP, 2015). Cursó el diplomado en Creación literaria en la Escuela de Escritores SOGEM, Puebla. Primer lugar en la categoría de Poesía en el 10º Festival Internacional de Escritores y Literatura, San Miguel de Allende, Guanajuato (2015). Ha publicado en periódicos nacionales y revistas como: Círculo de Poesía, Lengua de Diablo, Nocturnario (Casa Lamm), Monolito, Pez Banana. Fue becaria del programa de Innovación artística (IMACP, 2018) con el libro: “Voces de los árboles”. Recientemente algunas de sus poesías fueron seleccionadas en el libro de escritoras contemporáneas mexicanas, “Romper con la palabra”. Estudia Lingüística y Literatura Hispánica (BUAP).

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