De historias que nos hacen/ Sobre la era de la televisión y la deshumanización de los artistas

Por Brenda Garrido Hernández

Crecí en la era de la televisión y mi mayor consumo fuera de las caricaturas era la programación nacional mexicana con programas como venga la alegría y ventaneado haciendo eco a mis tardes o mañanas. Sus notas sensacionalistas acerca del mundo de la farándula se convirtieron sin yo quererlo en una de esas historias que me hacen y es que cuando eres muy pequeña las críticas hechas por alguien que tiene un alcancé mediático (incluso si no son hechas hacía tu persona) fuerte dejan un impacto difícil de borrar.

En las capsulas o previos, aquellos que salían durante los comerciales, te hacían vislumbrar lo que serían sus notas más escandalosas, muchas de esas eran dedicadas a los cuerpos de actrices y cantantes; el cómo las encontraron un día en la playa y resultaba que tenían estrías, celulitis y rollitos o como las encontraron sin maquillaje, pasaban de ser la actriz glamorosa a la mujer desarreglada.

Los comentarios de los conductores diciendo cosas como lo triste que era que una mujer se descuidara de ese modo, del como el hecho de ser madre no era excusa para tirar su cuerpo a la basura o como no le costaba nada si quiera pasarse un cepillo antes de salir a la calle a un resuenan en mi cabeza.

De alguna forma creo que gracias a esos programas, comencé a creer que los artistas, pero  principalmente LAS artistas, tenían en cierto modo la obligación de verse perfectas siempre y por supuesto que tenían suerte si después de cierta edad seguían siendo deseables o hermosas y su versión de ellas sin maquillaje era inaceptable, me fui creando una versión inhumana e irreal y en contraposición comencé a plantearme ciertos comportamientos que, a pesar de no vivir bajo el reflector una parte de mi quería imitar una versión de cómo me quería ver, a pesar de que fuera imposible.

A un recuerdo esa tarde del 2006 en el que la noticia central era el colapso emocional de Britney, el como todos hacían comentarios, los chistes, parodias y referencias dadas incluso en las noticias matutinas (aquellas que no estaban dedicadas completamente al mundo del espectáculo), se convirtió en noticia, una burla y otra cantante que caía bajo el peso de sus decisiones erradas y yo… bueno me creí aquellos chismes de carácter sensacionalista, caí en la trampa y me volví consumidora de estos medios.

 Al menos hasta que el internet llegó a mi vida y me encontré con nuevas perspectivas.

De repente los artistas controlaban, cada vez más la imagen que mostraban, fueron guiando la narrativa y se fueron convirtiendo en humanos, ya no eran figuras endiosadas que tenían que lucir perfectos para los titulares. Su versión mítica fue desapareciendo, al menos casi por completo, exigieron su derecho a la privacidad y al menos en mi vida los programas de farándula perdieron fuerza, ya no eran el ruido de fondo que hacía eco en mi vida, ya no figuraban en la programación elegida.  

Hoy en día en ocasiones me pregunto qué artistas siguen enclaustrados en ese estado de mitificación, cuantos de ellos han perdido su vida privada y cuyos momentos de mayor vulnerabilidad se volvieron titulares de tabloides. En el presente mientras veo la lucha de Britney por conseguir su libertad me siento avergonzada del mundo que vio su tragedia en el 2006 y me siento bien que esa parte de la sociedad no sea la imperante en este momento, me gusta creer que en cierto modo el mundo ya no es tan malo.

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La luna y sus letras: Elena Garro, una mirada a la leyenda

por: Cynthia E. Morales García.

“Quisiera no tener memoria o convertirme en el piadoso polvo para escapar a la condena de mirarme.” Elena Garro.

Hay un mito detrás de Elena Garro. Una serie de etiquetas que danzan efímeras entre la esposa de … y la poeta loca y maldita.  Elena Garro, la periodista, la escritora y la dramaturga son solo dimensiones de una mujer que necesitaba explicarse el mundo.

Elena Garro (Puebla 1916, Cuervanava 1998). Hija de padre español y madre mexicana, desde muy niña se dio cuenta que era diferente. Su padre la inició en la lectura y le brindo una educación poco tradicional para el México revolucionario de su niñez.

Elena vivió en Iguala, Guerrero, donde fue testigo de la vida de campo, los malos tratos a los indígenas, las humillaciones a los pobres, la sumisión; el racismo y  el clasismo marcaron su pensamiento y su mirada.

La escritura de Garro está marcada por la dramaturgia, su necesidad imperante de representar la vida, en muchas ocasiones basada en su propia experiencia. En el periodismo, sus textos eran críticas al regimen político, análisis crudos de las diferencias ideológicas e investigaciones profundas sobre el tema de las mujeres. Elena no era mujer tradicional. Se sabía hermosa, culta y preparada. Viajes y largas estadías en otros países le dieron una visión del mundo más auténtica y menos idealista.  

La fatalidad es un sello en la vida y obra de Garro; así como su obsesión por el tiempo. Un tiempo circular, el tiempo del destino, de la eternidad y de la finitud. Garro sorprende con el manejo del tiempo a modo de personaje y con los cruces de presente y pasado especialmente en el cuento  “La culpa es de los tlaxcaltecas”.

Garro propone realidades múltiples, donde lo que vive es lo que imaginamos, lo que debemos descubrir a través de sus palabras. 

Su novela “Los recuerdos del porvenir” es una bellísima y revolucionaria historia, por la prosa poética que utiliza, la creación de imágenes y el manejo de un tiempo mágico que permite a los amantes escapar a la muerte. Garro presenta un narrador colectivo, el pueblo de Ixtepec que narra la desolación y el abandono, la violencia y la soledad. Aunque se considera precursora dentro del género del realismo mágico, Garro odiaba esa etiqueta. Los recuerdos del porvenir se escribió cuatro años antes que «Cien años de soledad» y García Márquez la leyó.

Garro quería escapar del futuro y también del pasado. Abordó en todas sus historias el tema de la violencia hacia la mujer y hacia los indígenas, reflejó la cosmovisión del pobre, del que no tiene voz y las ideas del México post revolucionario, la violencia inmortal y escurridiza que nos alcanza siempre.  

Su vida estuvo marcada por el arte, los círculos de danza e intelectuales, la literatura y una obsesión por la memoria que parecía su carcelera; al igual que el tiempo y el muerte sus motivos más repetidos a lo largo de su trayectoria literaria. 

Su obra desafía los párametros de la escritura del siglo XIX, elementos mágicos, onrícos, surrealistas se revelan ante el lector y nos ofrece a una de las más grandes escritoras mexicanas,  que aún a 105 años de su nacimiento necesitamos leerla, comentarla, vivir sus letras.  

Para conocer más de Elena Garro, te recomendamos

-La culpa es de los tlaxcaltecas

-La semana de colores

-Los recuerdos del porvenir

Descarga gratuita 

http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/cuento-contemporaneo/13-cuento-contemporaneo-cat/143-061-elena-garro

«Estoy y estuve en muchos ojos, yo solo soy la memoria y la memoria que de mí se tenga». Elena Garro.

Cynthia Morales. Maestra en Humanidades por la Universidad de Monterrey. Diplomado en Creación Literaria por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura 2018. Mediador de Lectura por IBBY Leer México. Tallerista de Escritura Creativa para niños, jóvenes y adultos para el Centro Cultural Loyola de Monterrey. 

Es una apasionada del arte y la literatura. Adora la naturaleza y los niños. Cuando no lee. Escribe. 

Actualmente desarrolla programas y contenidos educativos para niñas, niños y adolescentes para empoderarlos desde la igualdad, equidad y el conocimiento de sus derechos.

Lloramos orquídeas violetas

Montserrat Ruiz

Hasta hace poco las mujeres en comparación con la cantidad de escritores hombres no ocupaban un lugar en la literatura mucho menos en un país donde ocurren de dos a siete feminicidios en un día la sangre de nuestras hermanas revienta contra las crisálidas de solares, baldíos, carreteras, instituciones y plazas públicas, mi patria no puede llorar es por ello que todo el escorbuto de la rabia tiene diferentes mordidas marchas performance, activismo, lagrimas, venganzas, portar navajas escondidas entre los bolsillos, un gas pimienta entre la bolsa, vestir masculino y la literatura esa arma tan peligrosa de doble filo para hacer la revolución.

Antecedentes

A lo largo de la historia de la literatura las mujeres hemos sido silenciadas y sepultadas bajo seudónimos masculinos, iniciales de amantes o nombres de esposos, relegadas al hogar al cuidado infantil las tareas domesticas las diferentes revoluciones sociales y los cambios han hecho poco a poco abrirnos un camino desde el voto, derechos básicos, el deporte hasta las artes.

El primer libro escrito por una mujer fue “La historia de Genji” por la japonesa Murasaki Shikibu hace mil años, y es considerada el primer volumen con estructura de novela.

Grandes escritoras, poetas, ensayistas y cuentistas siempre hemos tenido sin embargo la guerra siempre han sido al doble para nosotras ya que no son los mismos escalones, el machismo prevaleciente la presión social de la maternidad, la virginidad, los estatutos sociales de la época, la feminidad, el matrimonio y la heterosexualidad normativa y única en conjunto con el no permitir que las mujeres leyeran obras, después ciertas obras en general y luego que su carrera literaria fuese una partida doble desde su inicio hasta su venta, publicación y divulgación.

México y sus escritoras

La decima musa, yo la peor, la del idilio con la virreina María Luisa Gonzaga Manrique de Lara ilusión platónica para los eruditos más conservadores Sor Juana Inés de la Cruz  ha sido el principal referente histórico de una maravillosa flor de lis mexicana cuyos versos son los olivos descompuestos de la poesía mexicana teniéndose que ocultar entre los hábitos, las claustras paredes y en los brazos de los virreyes, esta es un ejemplo de los obstáculos y acrobacias que una mujer tenia que utilizar para poder escribir y dedicarse a una vida intelectual a pesar de que ya no estamos en el siglo XVII sin embargo en otras labores mi desplumada patria nos ha dado a grandes escritoras como Amparo Dávila, Rosario Castellanos, Elena Garro, Inés Arredondo, Nelly Campobello entre otras.

Las guerras a capa y espada

Poniatowska y Arreola

Garro y Paz

Guerras y Castellanos

Sin duda todos conocemos las vicisitudes y polémicas desde los abusos psicológicos, represión, minimizarlas, llamarlas “locas”, la manipulación emocional y poner en duda su verdad ante un círculo intelectual-cultural falo centrista no ahondare en sus relaciones tempestuosas esto es solo un toque sutil en el hombro de la memoria a modo de el aire que te hiela el lagrimal hasta llorar para esas anónimas quienes por desgracia son víctimas del patriarcado.

Actualidad

En la actualidad las mujeres escribimos, publicamos, ejercemos nuestro derecho a muchas cosas, sin embargo, aún falta mucho por lo cual alzar la voz.

Hoy en día la literatura femenina latinoamericana ha surgido con una nueva cabeza de contemporáneas en las cuales figuran Fernanda Melchor, Mariana Enríquez, Cristina Rivera Garza, Verónica Gerber Bicceci, Mónica Ojeda, Valeria Luiselli, Mónica Lavín, Liliana Colanzi, Samanta Schweblin entre sus obras literarias retratan desde un pueblo mexicano lleno de machismo, homofobia, transfobia, brujería y los feminicidios como lo es Temporada de Huracanes de Fernanda Melchor, Las voladoras de Mónica Ojeda, Nadie me vera llorar de Cristina Rivera Garza, Conjunto vacío de Verónica Gerber que habla sobre la búsqueda y desaparición de una madre esta obra innova a su vez la literatura gracias a sus elementos gráficos como el diagrama de Venn y la exploración del lenguaje.

En estas obras la mujer juega un papel activo o al plantarse a modo de metáfora o como historia cosas como ¿Qué hace a una mujer ser mujer? ¿El machismo lo engendramos las madres? ¿A cuantas tienen que matar a diario para que esto cambie?

A modo de reflexión esta literatura funge con el revuelo para visibilizar a la mujer, para presentarla fuera de las imposiciones sociales, culturales y estéticas, sin duda el camino es largo para la revolución violeta pero el grito de la marea violeta es cada vez mas rabioso.

Al margen de todo: los cuentos orilleros de Nora de la Cruz

Por Nitz Lerasmo

En «las orillas», la ciudad está todavía por hacerse.

Beatriz Sarlo

En Borges, un escritor en las orillas, Beatriz Sarlo traza una breve genealogía de las orillas porteñas y de sus habitantes: los orilleros. A finales del siglo XIX y principios del XX, Buenos Aires era una ciudad que comenzaba a expandirse. Los márgenes de la metrópoli debieron ensancharse para dar cabida a los inmigrantes europeos recién llegados a América. En aquel tiempo, el término “orillas” refería a los barrios alejados y precarizados, limítrofes, que rodeaban la ciudad.

De acuerdo con Beatriz Sarlo, “las orillas” fueron para Borges un espacio que se contraponía a la ciudad moderna, totalmente despojada de sus cualidades estéticas y metafísicas. Muestra de esto son los primeros poemarios de Borges y su libro de ensayos sobre Evaristo Carriego, a quien aún se le considera un poeta menor. “Es un poeta menor y los poetas menores pasan desapercibidos”, escribió Roberto Bolaño. No obstante, Borges se dio a la tarea de reivindicar a un poeta desprestigiado con el fin de socavar el canon y evitar que este autor pasara desapercibido. En Evaristo Carriego, publicado en 1930, Borges descolocó a Lugones e inventó “un punto de partida extraño al prestigio establecido.”[1] Por eso las páginas que Borges escribió sobre el poeta son, a decir de Sarlo, “un acto de independencia respecto de las líneas hegemónicas del mapa literario”[2].

            Sarlo considera que con este acto Borges liberó a “las orillas” del estigma social que las identificaba. Más allá de considerarlas un simple límite después del cual sólo se encuentra el mundo rural, Borges hizo del margen su espacio literario. “Las orillas”, según Sarlo, se convirtieron en un territorio original que a Borges le permitió implantar su propia diferencia frente al resto de la literatura argentina. “Las orillas” constituyeron la ubicación simbólica del joven Borges: “desde esas orillas leyó las literaturas del mundo, y fueron esas orillas el soporte para que su obra no pagara ningún tributo ni al nacionalismo ni al realismo.”[3]

Aquel acto reivindicativo de Borges ocurrió hace ya muchos años: casi un siglo. A pesar de eso, lo limítrofe es un tema que en el siglo XXI nos sigue interpelando. Continuamente vivimos conflictos territoriales donde las fronteras son asuntos de discordia; nos cuestionamos sobre los cuerpos que devienen más allá de cualquier binarismo, y nos preguntamos si de verdad hay una frontera que separa el mundo virtual del “real” o el mundo natural del mundo humano. Como si ―acostumbrados a categorías bien establecidas― nos sintiéramos incómodos ante la ambigüedad: a ese lugar oscuro donde “se les pierden las orillas a las cosas.”

            Precisamente Nora de la Cruz (1983) hace de las orillas su punto de partida. Con su primer libro de cuentos, la autora nos presenta personajes que viven al límite de algo: de un territorio marginado históricamente o de un pacto familiar a punto de romperse. Nora de la Cruz nos conduce por el filo de varias historias que continuamente rozan el borde de nuestra experiencia. El primer cuento, “Estrellas recién lavadas”, narra fragmentos de la infancia y la pubertad de dos hermanos, Alejandro y Nana, que terminan viviendo en casa de sus abuelos. La prosa de De la Cruz es intensamente lírica por momentos (“Así era a noche para ella: carne penetrada por sus ojos”) y su capacidad para hilar escenas en principio disímiles es muy afortunada. Un pequeño ejemplo: de la primera sangre menstrual que experimenta una púber pasamos a la sangre tibia y rojísima de un animal recién degollado y de ahí la narradora nos devuelve a la sangre menstrual. Es un conglomerado de imágenes bien hilvanado.

            En el cuento también asistimos a la educación sexual de Nana y Alejandro que es desigual en tanto que una es mujer y el otro hombre. En este sentido, el cuento retrata el fantasma de la sexualidad en la sociedad mexicana. En la familia de Nana y Alejandro la sexualidad siempre tiene un recubrimiento de misterio: todo y todos la aluden pero nadie habla abiertamente de ella. Es tanto el misterio que, al final, Nana ni siquiera parece tener idea de lo que le sucede. Hay una insinuación de incesto y con ello toda la historia puede leerse en clave de aquel tabú. La trama casi no tendría sentido si no la leyéramos a la luz de un mandato cultural que hemos interiorizado desde tiempos inmemoriales: la prohibición del incesto. Para Claude Lévi-Strauss la prohibición del incesto es la única regla social que posee un carácter de universalidad. Constituye el movimiento fundamental gracias al cual se cumple el pasaje de la naturaleza a la cultura. Por eso hay algo tan repelente en los últimos párrafos del cuento: Nora de la Cruz perturba al lector trasgrediendo aquella prohibición antiquísima.

            De “A la orilla de la carretera” puede decirse que es un cuento redondo. Nada sobra, nada falta. Es la narración de un asalto en una zona marginada. El protagonista es un estudiante de bachillerato, que decide no tomar el transporte público de regreso a casa para ahorrar dinero. Esa decisión le cuesta su seguridad: es asaltado por un joven como él, un antiguo compañero de juegos que se ha convertido en un delincuente principiante alentado por dos criminales mayores y más experimentados.

            “Veracruz” narra un viaje familiar a dicha ciudad portuaria. La narradora es una niña que contempla el mundo tratando de entenderlo: penetrar el lenguaje adulto muchas veces le está vedado y, aunque puede intuir ciertas cosas, eso le hace sentirse excluida. Como somos guiados a través del cuento por una mirada infantil, no puede haber más que sutilezas e insinuaciones. Se relata un conflicto conyugal cuyo origen pude haber sido causado por los celos o por una infidelidad. En todo el libro Nora de la Cruz representa fielmente las atmósferas que envuelven a las relaciones familiares, y el cuento “Veracruz” no es la excepción.

            En “Primer día” se plasma la experiencia de un joven que ingresa por primera vez a una escuela pública. Aunque pretende ser un cuento con un final sorpresa, al contrario de “A la orilla de la carretera”, el final resulta predecible.

“Misión: Cuba” está en la misma línea que “Veracruz”: una narradora niña nos presenta sus conjeturas sobre su padre. Después de que su progenitor fuera asignado a un viaje a Cuba, la protagonista y su hermana sospechan que es un espía cuya misión consiste en informar al gobierno mexicano del régimen de Fidel Castro. Todas las coincidencias se van sumando en las cabezas de las niñas. Para comprobar su creencia, ellas se convencen de estar encontrando evidencia en cada gesto y en cada palabra de su padre. Al final, muchos años después de lo sucedido, la protagonista continúa sin saber el motivo de su padre para viajar al país caribeño, lo cual permanece como una incógnita para los lectores.

“XV” es un cuento sobre aquella celebración ritual que, simbólicamente, representa el paso de la infancia a la pubertad para las mujeres en diversos países de América Latina. Es un cuento sobre la orfandad pero no desde un perspectiva trágica sino simplemente melancólica. Como regalo por sus XV años, la narradora-protagonista ―hija de migrantes mexicanos en Estados Unidos― viaja a México para convivir con su familia materna, a la cual casi no conoce. Ahí convive con una realidad que le es muy ajena: la vida en un pueblo con parientes que nunca ha visto. Al mismo tiempo que la joven se vincula al recuerdo de su madre ―quien murió poco después de que ella naciera―, su familia materna decide organizarle una fiesta de XV años. Es la crónica de unos días que la joven no olvidará. Y al regresar a Estados Unidos ―el país que ha condicionado su identidad, incluso más que México―  será una persona diferente. Por la cual puede decirse que tanto la celebración como el viaje cumplen su función de rituales de transición.

            Finalmente, “Progreso”, el séptimo y último cuento, nos acerca al límite de todo: del territorio, de la precariedad, del amor no correspondido. “Progreso” es el cuento más extenso y también el mejor logrado. Un joven marginado asiste a un colegio privado. Ahí se enamora de una compañera, Vania, con la que eventualmente tendrá una relación amorosa. Pero la disparidad socioeconómica de ambos, aunada a la ambición de Vania, impedirán que dicha relación prospere. Mientras tanto, el protagonista deberá abrirse paso a través de la vida universitaria, de la orfandad y de una existencia al margen de los privilegios que la sociedad le ha vedado. Es un cuento nostálgico porque retrata el difícil pasaje de la adolescencia a la adultez.

            Así como el joven Borges de la década de 1930 hizo del margen su espacio literario, Nora de la Cruz también visibiliza aquellas “orillas” de la Ciudad de México, tan estigmatizadas socialmente. Igualmente las orillas se convirtieren en el territorio que la autora reivindica para asentar su propia voz respecto del resto de la literatura mexicana. Desde esas orillas, donde la ciudad siempre está por hacerse, Nora de la Cruz lee las diferencias socioeconómicas que atraviesan a la sociedad mexicana y nos entrega cuentos habitados por personajes redondos y verosímiles con quienes es fácil empatizar.


[1] Beatriz Sarlo. Borges, un escritor en las orillas, p. 21.

[2] Ibid.

[3] Ibid., p. 23.

Bibliografía:

Nora de la Cruz, Orillas, Paraíso Perdido, México, 2018.

Beatriz Sarlo, Borges, un escritor en las orillas, Ariel, Buenos Aires, 1995. Edición digital autorizada por la autora disponible en:https://lproweb.procempa.com.br/pmpa/prefpoa/festinverno/usu_doc/6761331-sarlo-beatriz-borges-un-escritor-en-las-orillas.pdf



Nitz Lerasmo (Ciudad de México, 1994) estudió la licenciatura en filosofía en la UNAM. Forma parte de las antologías de cuento Exploraciones quiméricas Vol. I (Lectio, 2019) y Tercera Antología de Escritoras Mexicanas (El nido del fénix, 2020). Autora de las plaquettes Instantáneas (Ediciones Awen, 2021) y Miniaturas para una casita de muñecas (La Tinta del Silencio, 2021).

Con Ternura, para ti.

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Mujeres talentosas, mujeres invisibilizadas.

Hace unos días estaba viendo videos de YouTube sobre el Caso Britney y me detuve a leer los comentarios. No esperaba menos que la empatía del #FreeBritney, sin embargo, no pude evitar dar mi atención en el asombro general de ver a un hombre colgarse del éxito y talento de una mujer y beneficiarse monetariamente de su trabajo… porque de cierta forma, esa técnica de oportunismo ha existido a lo largo de la historia desde las más grandes artistas, hasta las emergentes, como es el caso de mi amiga Belem.

Belem se dedica a la danza folclórica, es coreógrafa profesional y acá entre nos, una muy buena coreógrafa. Ella misma ha diseñado, montado y dirigido múltiples grupos escolares y semiprofesionales con los que ha tenido mucho éxito y reconocimiento; asi que no fue de extrañarse cuando la compañía de danza emergente que dirigía Belem ganara una beca para presentarse en uno de los grandes teatros que posee la Ciudad de México.

Fuera del reconocimiento y el dinero, Belem amaba bailar a lado de sus amigas, su compañía era más una colectiva donde todas participaban y aportaban con sus talentos en los bailables que montaban, pero dado al nuevo nivel profesional que exigía la beca, ella decidió incorporar al equipo un contador que la ayudaría a gestionar el dinero de la beca… y ahí comenzaron los problemas.

Pese a que la presentación del nuevo contador generó confianza en el grupo, Belem no lograba sentirse a gusto con la presencia del nuevo asistente, ya que sus insistentes halagos al trabajo de la compañía, siempre iban acompañados de comentarios sobre su vasta experiencia en el medio escénico y como ellas, siendo un grupo becado por primera vez, les faltaba mucho por aprender y muchas personas por conocer, ofreciendo al final sus conocimientos y habilidades no solo como contador, sino también como ex estudiante de artes escénicas, llamándose experto en áreas creativas ya cubiertas por el resto de las compañeras.

El contador comenzó a invadir todas las áreas de creación, con la excusa de que su trabajo era la culminación que la compañía necesitaba en las distintas áreas de creación. “Mi trabajo es la culminación perfecta de todo el supuesto trabajo que hicieron en estos 3 años que llevan bailando juntas, si no necesitaran mi ayuda, no me hubieran contratado” o eso solía decir el contador cuando personas externas a la compañía le preguntaban sobre su colaboración con Belem y la beca que había ganado con sus compañeras.

 Poco a poco el contador se ofrecía a realizar tareas que le competían a mi amiga coreógrafa con el pretexto de “alivianar sus tareas y ayudarla” porque a su criterio, era demasiado novata para el medio profesional a diferencia de él, que presumía de 5 años de carrera con becas profesionales y tener contactos por todas partes, cuando en realidad, solo era un pasante de contaduría que en sus años de preparatoria, había estudiado un curso en artes escénicas.

Mi amiga Belem no lo sabía, pero el hecho de que el contador invadiera las áreas creativas que no le competían (como diseño coreográfico, producción y hasta comunicación entre las integrantes de la compañía), llevándose el mayor crédito creativo al hablar de su trabajo en la compañía, es un tipo de invisibilización y robo del trabajo intelectual de una mujer que ha sido perpetuado en todos los ámbitos laborales y artísticos, como en el caso de Taylor Swift y sus canciones o la pintora Margaret Keane y muchas mujeres en la historia.

Este tipo de robo intelectual es ejercido por hombres que al trabajar en equipo con una mujer (siendo la persona que ha tenido mayor participación creativa y gestión del trabajo) se roban los créditos en la presentación final, por desgracia, muchos robos intelectuales no se quedan ahí y siguen escalando hasta llegar a la explotación económica del trabajo artístico de una mujer, tal es el caso de Britney y la explotación económica que su padre, bajo la excusa de ser su tutor legal, ha ejercido.

Siguiendo con la historia de mi amiga, el contador en busca de ahora un beneficio económico se había encargado de presentarse ante el teatro y encargados de la beca como el único realizador de la coreografía final de la compañía, así como diseñador creativo del espectáculo, productor y gestión del proyecto, y exigía una paga exorbitante por su supuesto trabajo y los derechos de autoría de la coreografía y espectáculo ganador de la beca (autoría que pertenecía a Belem y a sus compañeras).

Actualmente mi amiga Belem y sus compañeras de baile se mantienen unidas ante la pelea legal por la autoría de su coreografía y montaje, aparte de una batalla social porque fue difamada por el contador en redes sociales calificándola como una coreógrafa controladora que se había robado sus ideas y hasta su dinero. Ellas han encontrado apoyo en círculos seguros de mujeres que les han brindado asesoría y acompañamiento, pero la lucha no termina.

Así como Belem, muchas mujeres se han enfrentado a robos intelectuales y todo tipo de violencia laboral, siendo en su mayoría hombres que buscan explotar económicamente el trabajo intelectual o creativo de mujeres talentosas; a Britney una corte la sentenció a seguir bajo la tutela de su padre, a Belem le tocó ser sancionada por los encargados de la beca al no permitirle presentarse en el teatro y retirarle la beca, ¿Cuántas mujeres más no se mantendrán resistiendo ante estas invisibilizaciones?

Levanta la voz, no caigas en manipulaciones, resiste pues tu trabajo es tan valioso como tu nombre.

Con ternura, para ti.

50 sombras de morado | Blanca Moreno, o mujeres chingonas haciendo cosas chingonas.

Blanca Moreno, QA Minds

Por Irene González.

En un artículo pasado, Mujeres dentro de la Ciencia y la Tecnología, o de cómo 100 tampones confundieron a la NASA, se abordó el tema de la inclusión de las mujeres en las disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por sus iniciales en inglés), lo bajas que todavía son las cifras de chicas que se deciden a incursionar en estas áreas y el reducido porcentaje de mujeres que lideran firmas de tecnología en nuestro país. Sin embargo, dentro de este porcentaje existen proyectos de gran valor e historias de éxito que suman, como es el caso de Blanca Moreno y QA Minds.

Blanca, Ingeniera en Sistemas Computacionales por el ITCG, nos habló de la historia detrás de QA Minds, una empresa de consultoría y capacitación especializada en calidad de software que fundó hace ocho años junto con su prima, Dafne Castro. También nos contó un poco de su propia historia, aquello que la motivó a dejar un empleo convencional para crecer su negocio, cuáles fueron sus inspiraciones y cuáles han sido los retos a los que se ha enfrentado.  

Además de QA Minds, se encuentra involucrada en el proyecto sin fines de lucro, Mentoralia. Éste busca acercar a niñas de diferentes contextos socioeconómicos al mundo STEM, a fin de sembrar en ellas la inquietud por el conocimiento, enseñarles a resolver problemas a través de la tecnología y proporcionarles herramientas que abonen a su futuro. 

QA Minds, la realización de un sueño de la infancia.

Aunque proviene de una familia más tradicional, Blanca encontró en sus tías un ejemplo de independencia que le parecía inspirador; ellas trabajaban y mantenían el hogar por cuenta propia. Sus papás, comerciantes, inculcaron en ella el valor del trabajo y la disciplina. La apoyaron en su educación para brindarle mayores oportunidades, pero esperaban que siguiera una vida relativamente convencional, primeramente como hija y después como esposa.

Para Blanca el primer punto de quiebre surgió a raíz de su divorcio, momento en el que decidió detenerse a reflexionar qué quería para ella misma y en qué dirección avanzar. También tuvo que afrontar el hecho de que en la industria de la tecnología existe todavía una cierta predisposición a favorecer a los hombres en aumentos y promociones, pues se espera que una mujer priorice a su familia por encima de la empresa. Sus hijos siempre han sido una motivación importante, pero también le inspiró recordar su sueño de niña: ser una mujer independiente, parecida a sus tías. Una empresaria mirando con satisfacción por la ventana de su oficina. Trabajar en pro de su propio proyecto y tomar control de su carrera, de su futuro y, por qué no, de su destino.

“Intenté varias cosas antes de llegar a donde estoy, que fracasaron por supuesto” Menciona al tiempo que enlista las ideas que exploró, desde vender aplicaciones móviles hasta una idea de negocio con impacto social relacionada con el tema del tratamiento de basura. “Fui educada de una manera en la que no me da miedo hacer prueba y error, hasta que te sale,  y si estás convencido en ello vas a perseverar hasta conseguirlo” Efectivamente, Blanca no parece tener miedo al fallo; lo entiende como una parte más del proceso, de la vida incluso, y ha sabido aprender de él tanto en lo profesional como en lo personal.

Después de transitar por varias ideas, socios y tomando la experiencia de lo que no funcionó, decidió que en lugar de especializarse e incursionar en un tema nuevo iba a sacarle partido a los conocimientos que ya había dominado en su área de trabajo: las pruebas de software. Con esta idea en mente se acercó a Dafne, también Ingeniera en Sistemas Computacionales. Y así comenzó QA Minds.

Un viaje con giros, desvelos y muchas satisfacciones.

“Empezamos dos personas, mi prima y yo, y un único proyecto de consultoría. Hoy somos 35 personas y hemos tenido un crecimiento de ventas muy importante” Comenta Blanca. Nos platica además que todo su equipo directo, de 14 miembros, está integrado por mujeres. “No lo planeamos así, sin embargo se compuso de esta manera y existe entre nosotras una gran sinergia. Es un equipo súper eficiente, la mayoría tiene hijos y existe mucha comprensión al respecto. Trabajamos por objetivos y es algo que nos ha funcionado”

Para materializar su idea fueron necesarios sacrificios; fines de semana dedicados a más trabajo, noches de insomnio y una disciplina férrea. Aunque Blanca se identifica como una personalidad caótica es consciente de que la clave de todo está en organizarse, enfocarse y hacer que las cosas pasen. También un considerable grado de pasión, de gusto por el proyecto e ilusión por los resultados obtenidos. Ha pasado por todo, desde estafas, pérdidas, errores hasta contracturas. Pero a lo largo de la travesía que implica emprender ha aprendido a levantarse, a valorar su trabajo, negociar, saber cobrar por su conocimiento y a incrementar sus ingresos.

Una estrategia de la que se vale para perder el miedo a arriesgarse es visualizar su peor escenario y cómo se enfrentaría a él. Al momento de resolver un obstáculo le ayuda poner las cosas en perspectiva, analizar qué realmente está bajo su control y cómo solucionar lo que sí está en sus manos. También le da prioridad a cuidar de su salud mental acudiendo a terapia, reconociendo y validando sus emociones. Para ella es importante darse la oportunidad de sentirlo todo; desde el coraje, frustración, decepción,  pero siempre con miras a gestionarlo y seguir adelante. Así ha dominado el miedo al fracaso que detiene a tantos otros y los inevitables retos del camino.

Mentoralia, sembrando semillas por el futuro de las mujeres.

Blanca también nos platica sobre Mentoralia, un programa fundado por la emprendedora Maria Makarova donde se brinda a niñas de entre 10 y 18 años la oportunidad de aprender a desarrollar una aplicación móvil que dé solución a una problemática de su comunidad, acercándolas a las disciplinas STEM y mostrándoles que la tecnología es una herramienta elemental para abrir muchas puertas. Mentoralia ofrece un espacio seguro donde las niñas exploran posibilidades, se equivocan y descubren sus pasiones. Por él han pasado ya cientos de chicas

A partir de su trabajo dentro de esta iniciativa Blanca ha aprendido muchas cosas; la importancia de que en el contexto familiar las niñas tengan personas que las influencien positivamente y las motiven a desarrollarse, de ofrecer ambientes seguros en los cuales tanto niñas como mujeres puedan crecer su potencial y de tener una red de apoyo fuerte.

Lo identifica como uno de los proyectos más satisfactorios de su vida y donde ella no solamente ha compartido su conocimiento con las niñas, sino que se ha llevado múltiples aprendizajes que ha aplicado en QA Minds; liderazgo, perseverancia, compromiso. También entiende la importancia de mantener motivado e inspirado a su equipo, un factor crucial en Mentoralia puesto que todos los involucrados son voluntarios.

Blanca considera que aprender de tecnología es a estas alturas tan fundamental como saber escribir. No quiere decir que las niñas tengan necesariamente que encarrilarse a una disciplina STEM, pero sí entender que las tecnologías pueden convertirse en una valiosa herramienta y una aliada en su vida.

“La tecnología no es el símbolo de un trabajo” menciona, “sino una ventana a la creación de nuevas cosas, a la resolución de problemas. Es una manera de darle rienda suelta a la parte creativa e inventiva, materializar ideas y explorar cómo mejorar nuestro día a día.

Un consejo para las futuras emprendedoras.

“No les voy a mentir, es difícil” Dice con una risa. “Si ya han identificado el área en la que quieren emprender y en la que necesitan especializarse, lo que sigue es paciencia, mucha disciplina y mucho enfoque. Habrá días difíciles, pero también muchos días increíbles y valdrá la pena. Esos son los días que te dan el combustible para seguir adelante.”

Son varios y complejos los retos a resolver para cerrar finalmente la brecha de género que existe especialmente en el área STEM. Sin embargo, historias como la de QA Minds y Mentoralia, y mujeres como Blanca Moreno nos inspiran a seguir trabajando en pro de un terreno equitativo. Para acercar cada vez más herramientas que aporten al futuro de las nuevas generaciones de niñas, extender su abanico de posibilidades y ver eventualmente más y más mujeres detrás de empresas de tecnología, mujeres utilizando la ciencia para resolver problemas en pro de su comunidad, creativas aprovechando aplicaciones para llevar sus ideas más lejos, y mucho más.

Puedes conocer más sobre estos proyectos en las siguientes ligas:

https://qaminds.com/

https://www.mentoralia.org/


Irene González estudió la licenciatura en Arte y Animación Digital en el Tecnológico de Monterrey. Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria por “Literalia Editores”, fue miembro del círculo de escritores tapatío “El Jardín Blanco”. Ganadora del primer y tercer lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Finalista en el concurso internacional “Novelistik de Ciencia Ficción” 2016. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos, incluyendo “Sirena Varada”, “En Sentido Figurado”, “Teresa Magazine”, “Quinde Cultural”, el periódico “La Jornada” y en su blog personal “Dystopian Fantasy”.  

Instagram: @r.irenegon 


Más de Irene González


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Escribir para resistir| Mujeres escritoras

Por Majo Soto.

一Todos los días al despertar y antes de dormir, di “soy escritora”. 

La idea de un retiro de escritoras nos encantó desde que la autora Raquel Hoyos nos la propuso al final del módulo 5 del Taller “El Cuento de Ciencia Ficción”, organizado por Especulativas. Lo ideal hubiera sido irnos a acampar a un bosque o hacerlo en alguna cafetería literaria. Pero el nuestro es un retiro virtual, en parte por la pandemia y en parte porque estamos regadas en toda la República Mexicana.

Vamos entrando de una a una a la sala, al espacio sororo que compartiremos por las próximas 2 horas y media. Nos vemos a través de las pantallas, nos sonreímos. Mostramos la libreta que elegimos para esta ocasión especial y hablamos del sueño compartido de algún día, poder ir a tomar un café juntas. 

Algunas ya hemos coincidido en otros espacios, ya nos hemos leído. Hay cierto cariño y admiración entre todas. Se nota desde el primer ejercicio cronometrado a 10 minutos, pues la lectura en voz alta no resulta tan intimidante. 

Eso no quiere decir que las emociones no nos invadan. Conectar la pluma y la mente tiende a ser caótico. Nuestras voces se rompen entre las palabras. En el papel resultan textos tan interesantes como personales. A veces dolorosos, a veces cómicos y siempre podemos identificarnos y reconocernos en las historias de las otras. 

Primero, escribimos recuerdo, al principio o cada vez que nos atoremos. La enfermedad, la adolescencia, el wisky, las gomitas de panda, la nostalgia por la normalidad de antes y las pesadillas, salen a flote. También los abrazos a distancia y las risas de no entender la propia letra. 

Viajamos a quisiera estar en, con destino a otro planeta, en el que podemos hablar con nuestros familiares fallecidos. Nos metemos a un dibujo, vamos a una playa, vivimos lejos de los vecinos sexualmente escandalosos, descubrimos un bosque, volamos a Francia, y a un futuro en el que la violencia contra nosotras no existe. 

Jugamos a designarnos palabras y entonces, se nos antoja tomar un chocolate. Nos abandonan en una pachanga en la que un hombre indeseable quiere ligarnos. Nos inundamos con el olor del petricor, cuidamos una planta luminiscente que se alimenta de nuestro amor. Y deseamos que el tiempo que nos resta para estar lejanamente juntas, no sea tan fugaz como un garabato

De ahí volvemos a viajar a galaxias donde tenemos poderes mágicos. Regresamos al inicio de los tiempos y le quitamos a Dios su falsa autoridad, para que seamos creados y creadas en igualdad. Todos nuestros deseos se hacen realidad, podemos explotar las cabezas de los agresores, sanar a las personas, sacar los sueños del subconsciente y materializarlos en la realidad. También, buscamos a los espíritus de nuestras hermanas desaparecidas, para que nos digan quiénes son los culpables y poder hacerles justicia. 

Escribimos una carta para el reflejo en el espejo. Hay depresión por cumplir más años, obstáculos superados, inseguridades conquistadas, amor, agradecimientos, felicitaciones, resiliencia, resistencia y mucha valentía. Presenciamos el nacimiento de mujeres que escriben, que le hacen frente al síndrome de la impostora y pensamos que tuvimos suerte de empezar con ellas y no con ellos

一Dilo cuando te pregunten qué haces. Puede que te sientas tonta y está bien. Aún así, da un paso adelante y di “soy escritora”. 

Sonreímos. ¿Qué hay más revolucionario que mujeres escribiendo? Mujeres escritoras.

Majo Soto es estudiante de Comunicación y Periodismo, bailarina de ballet, feminista y escritora de diversos géneros literarios y periodísticos. Le encanta incomodar con sus palabras y ha publicado sus textos en espacios virtuales e impresos como EspeculativasMX, La Coyol Revista, Las Sin Sostén, Círculo literario de Mujeres, Notas sin Pauta y Tribuna de Querétaro.

Instagram: majo2906

Twitter: TristezaFeliz29

Acerc-Arte | INSEGURIDAD.

Por Reyna Morales Sorprendentemente, las cosas extrañas suceden todo el tiempo, lo hacen a nuestro alrededor y no siempre nos damos cuenta.

La tarde estaba por terminar. Una mañana intensa, haciendo trámites aquí y allá. Una comida rápida y de regreso a casa. Me esperaba un largo recorrido por una carretera solitaria. Esperé en la parada el microbús que me llevaría de vuelta. Por suerte, sólo tenía que tomar uno. Por fin pasó. Por la hora, aún no habia muchos pasajeros. Hice la seña, abordé y pagué mi pasaje. Solo dos hombres al fondo, otro detrás del chofer y una chica de lado contrario. Me senté de modo perperndicular a ella. Los hombres de edad mediana, con gesto de hartazgo por un día más de trabajo. Los tres distraídos, pensando en sus propios problemas. Ella, la chica, alrededor de los 19 años, con la frescura de su edad. En jeans, tenis, blusa bonita y suéter. Cabello lacio, largo y suelto. Nada extravagante. Posiblemente venía de la escuela, ya que en sus piernas descansaba una mochila escolar.

El camino fue más o menos tranquilo. Nadie más abordó el transporte. Fue hasta salir de la zona urbanizada que alguien hizo la parada para subir. Cada quien sumergidos en su mundo, no prestaron atención al sujeto que subía. Pagó su pasaje y buscó lugar. Y a pesar de haber tantos asientos libres, fue a sentarse justo al lado de la chica. Ella no hizo caso tampoco. Su mirada iba perdida en su universo a través de la ventanilla. El vehiculo siguió su marcha. Nuevamente, todo en calma.

El sujeto volteaba a vernos a todos, como analizandonos. De entre 25 y 30 años aproximadamente, desgarbado, descuidado y sucio. Pronto nos sentimos amenazados. Al entrar a la parte solitaria de la carretera, esa mirada rara y esa apariencia desaliñada provocaron que todos los pasajeros tuviéramos la sensación de que pronto seríamos asaltados. La chica lo miraba de reojo. Ella podría ser la víctima más débil, más vulnerable. La tensión crecía poco a poco. Medí los riesgos y los posibles escenarios: si estaba armado con alguna arma blanca, tal vez se le podría desarmar a jalones y empujamos; pero si el arma era de fuego, ¡nos tendría en sus manos! Solo un acto de arriesgado heroísmo podría quitar esa arma de su poder. Pero pensaba en la chica. Fácilmente podría tomarla como rehén. No se podía poner en riesgo una vida tan joven y con un futuro por delante. No quedaba más que someternos y rezar porque todo acabara lo mejor posible. Al final, lo material es recuperable… Una vida no…

Segundos que parecían horas. Esperábamos lo peor. Sin embargo, nada sucedía. De pronto, el muchacho comenzó a decir algo que para los demás era inaudible… pero para la chica el mensaje era claro: -Estás muy guapa, amiga, ¿a dónde vas tan solita? Si el lobo te encuentra, ¡te va a comer!-. La jovencita lo veía de reojo, mostrando su malestaren su gesto y tronando los labios. Lo ignoró. El se iba acercando a ella, seguro de la indiferencia del resto de los pasajeros. -Anda, linda, ¡salúdame! No te cuesta nada…- y aprovechó el momento para pasar su brazo derecho por la espalda de la joven y bajando el izquierdo para acariciar el brazo de ella hasta llegar a su pierna. Al sentirlo, la muchacha volteó a verlo y sonrío. No entendí si era consentimiento… o amenaza. Y sin pensarlo, la chica se recargó cariñosamente en el hombro del tipo aquél. ¡Vaya sorpresa! Por un momento pensé que era algo así como un juego entre ellos. Uno de esos juegos de roll que los enamorados juegan para ponerle chispa a la relación.

Pero algo lo cambió todo: -¿De verdad te parezco linda?- preguntó ella dulcemente. -¡Mucho…!- dijo él. -¿Y realmente me veo tan indefensa?- volvió a cuestionar ingenuamente. -¡Claro, nena! Eres frágil… Deberías estar con un hombre que te sepa proteger-, respondió él, con la seguridad de galán que se cree irresistible. La abrazó fuerte. Ella, con suaves movimientos, algo hacía con las manos, pero no se alcanzaba a ver porque la cubría la mochila. Él, plenamente confiado, la acariciaba. Entonces, ella empuñó algo, al tiempo que con voz suave le decía: -¿Sabes?, mi papá piensa algo muy parecido, pero como no siempre puede estar conmigo, me dio un juguete… para cuando vaya a visitar a mi abuelita-. ¡Por fin pude ver lo que empuñaba: era una pistola! que presionaba sobre el costado derecho del asombrado y asustado donjuán.

El tipo se quedó helado. -Y como no aprendí a jugar bien con mi juguetito, te voy a pedir que no me pongas nerviosa, ¡idiota!-. Poco a poco, el sujeto quitó su brazo de su espalda, se despegó delicado de la adolescente y se levantó despacio para no ponerla nerviosa… Ella muy discretamente volvio a meter el arma en su inocente mochila. El tipo asustado, pero sobre todo humillado, pidió su parada. No terminaba de detenerse el transporte, en una zona totalmente despoblada, cuando el hombre de un salto tocó el suelo y comenzó a correr hasta perderse de vista.

Hasta hoy, no sé quien era más peligroso, de quién debíamos cuidarnos, pero de que la persona menos pensada te puede sorprender, no cabe duda.

De Víctor Terán, Las espinas del amor y el placer de vivir «en la hermosa ciudad que tú eres»

Por Fernanda Loé Gómez

Sé que muchos podemos estar familiarizados con diferentes poetas, incluso aunque no hayamos leído su obra, porque han adquirido cierta fama, ya sea nacional o incluso internacional. Sin embargo, me atrevería a apostar a que ninguno de los nombres que les vienen a la mente son de poetas que escriban en lenguas indígenas puesto que casi nunca son los que leemos en la escuela (a excepción de Nezahualcóyotl) o los que podemos encontrar en primera fila en las librerías. Aún así, es necesario conocer su trabajo, que implica además otras cosas, pues los poetas que escriben en alguna lengua indígena, la mayoría de las veces son también sus propios traductores, labor merecedora de reconocimiento aunada a su trabajo como escritores.  

Por lo tanto, y porque realmente es un tema que me encanta, decidí hoy hablar de uno de mis autores favoritos: Víctor Terán.  Poeta nacido en Juchitán, Oaxaca en 1958.  Miembro fundador de la Asociación de Escritores en Lenguas Indígenas, becario del FONCA y ganador del premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas, así como del Certamen de Poesía del Istmo en lengua zapoteca.  En 2010 participó con David Huerta y Coral Bracho en el Tour de poetas mexicanos en el Reino Unido. También es profesor y promotor del zapoteco ya que imparte cursos de creación literaria y lectoescritura. Ha publicado 8 libros, entre los cuales se encuentra Las espinas del amor (2014) donde aparecen los poemas que comentaré a continuación.

Uno de los poemas de ese libro es “En la hamaca” en el que la voz poética nos describe una escena tierna y amorosa de dos amantes acostados juntos. Esta primera imagen ya nos sitúa en un escenario que visualizamos como natural y pacífico, al ser el objeto principal una hamaca, no una banca o una cama. Luego viene una declaración:

Te explico que no hay nada imposible,

no hay enredo que no tenga cabo,

que por hacer perdurable nuestro amor

yo seré infatigable.

Lo dicho es comprable a la caricia que en inicio había hecho con la mano y que ahora hace con palabras. Y en este contexto de intimidad, llegamos a un tópico que me parece se repite en los poemas de Víctor, que es el amor como ritual. Creo yo que es una característica presente en autores que escriben en lenguas indígenas, el comparar el acto de amar con una ofrenda y por lo tanto incluir elementos propios de esa ceremonia. En mi opinión, es una manera distinta de acercarse a la espiritualidad que sugiere creencias más allá de las católicas a las que estamos acostumbrados, íntimamente ligada a una forma de ver la vida a partir de un contexto distinto.

Te afirmo que edificaremos cosas

que derribaremos otras,

que fundaremos un templo donde encenderemos

cirios

y quemaremos incienso a nuestro amor.

El acto de fundar un templo, encender cirios y quemar inciensos bien pareciera comparable con lo que se hace en una misa, que, al fin y al cabo, es un ritual, por lo que el acto de amarse es también un ritual. Y como el ritual implica adoración, devoción, así mismo debe ser la entrega de la voz poética al ser amado, como bien lo indican los primeros versos. Concluye el poema con la contradicción de la ausencia del ser amado.

Yo te acaricio el rostro,

acariciaría tus hombros, tu pecho,

si estuvieras aún conmigo en esta hamaca.

En “Amanecí con tu nombre” la voz poética nos habla del sueño de la amada, que se acompaña con la noche a partir de la descripción de ambos. El sueño como, temblor, ansia, dolor. La noche como húmeda, misteriosa, que aturde el entendimiento y el cuerpo. Juntos, forman la imagen de desesperación por aferrarse a la amada en sueños con la esperanza de que, al terminar la noche, no desaparezca.

De haber sabido que soñaba

no hubiera soltado tus manos.

De haber sabido que despertaría

te hubiera abrazado fuertemente

para que no te fueras.

Hacia el final del poema, las preguntas sobre la amada ausente cierran esa añoranza inicial. La repetición del primer verso (que también es el nombre del poema) crean una relación cíclica de ese sentimiento descrito en los versos anteriores, que ahora va acompañado de una duda que parecería también reclamo.

En qué lugar andarán tus grandes ojos hermosos,

en qué lugar tus labios.

¿Aún existe algo mío

dentro de tu corazón?

¿Será cierto que olvidaste

todo lo que fuimos?

Amanecí con tu nombre atravesado en mi garganta

En este poema hay palabras como comején y zanate que nos muestran un poco de la identidad del autor. El primero, comején, es otra manera de llamar a las termitas. Zanate por otra parte, es una especie de ave característica del sudoeste del país.

Por último, hablemos del poema “Conozco todo tu cuerpo”, en el que en una primera parte la voz poética hace una serie de comparaciones del cuerpo con un espacio como es la ciudad y el bosque, que conoce a la perfección dándonos la idea, por lo tanto, de que lo ha explorado, y por las palabras que usa, disfrutado. Nuevamente vemos la comparación mencionada en los poemas anteriores, en este caso del cuerpo como templo:

Miel de abeja son tus dos colinas

turgentes, lugar donde iba a honrar a los dioses.

Más adelante lo describe como “digno de alabanzas” y “hecho para el buen morir”, además de agregar “qué honra haberte vivido, haberte sido.” Después, recalca que ya no es él el que disfruta ese lugar ni esa compañía, puesto que ahora ese cuerpo representa libertad, comparándola con un ciervo o con una balsa de flores que flota en el río.

Para la última parte del poema, retoma la idea con la que lo inició, para recordarnos el hilo principal, además de sumar un deseo de volver al momento en que disfrutaba de esa compañía, siempre recurriendo a la sinécdoque, puesto que en realidad extraña a su amada por completo, es decir, su compañía, su voz, su cariño, su relación en general, sin embargo, él lo abarca todo al mencionar una sola cosa: el cuerpo. Y una vez más recurre a la comparación de ese cuerpo con la ciudad, y a la idea de que ser amante sería como vivir en ella.

No hay parte de tu cuerpo que no conozca,

no hay parte que no me guste. Quisiera seguir siendo

a luz que se emboba al mirar la redondez

blanca de tus carnes. Quisiera seguir

viviendo

                                               en la hermosa ciudad

                                                                                   que tú eres.

En conclusión, podemos observar a lo largo de los poemas de este autor, que la idea del amor como un ritual, va más allá de la religión, puesto que recae en diferentes comparaciones ya sea de una alabanza, una ofrenda, un altar. El encuentro amoroso se vuelve en sí, algo espiritual, elevado, algo que nos conduce, aunque sea mentalmente, a un sitio privilegiado, sagrado. Además, me parece interesante y necesario leer a autores que escriben en lenguas indígenas simplemente porque nos ofrecen una manera distinta de ver el mundo, como también nos permiten conocer su obra por medio de sus propias traducciones.

Fuentes consultadas:

Terán, V. (2003). Las espinas del amor. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Dirección General de Culturas Populares e Indígenas. http://filosofia.uaq.mx/yaak/fils/zapoteco/lt/espinasteran.pdf

Entre Caos poético y Textos perdidos| Los espacios No son huecos.


Por Elizabeth Vázquez Pérez

Seis personas, dos recamaras, ¡no cabe nadie más!, es lo que mi mente se repetía cuando una visita llegaba a casa a quedarse como huésped. No era descortesía sólo que no podia dormir en una cama de dos con tres. Las matemáticas me traicionaban ante la lógica de la vida porque reclamaba mi espacio.

Al paso del tiempo creí lo lograría sin embargo al tener mi propia habitación sobraban los mismos espacios de los que renegué y comencé por llenar con pensamientos una libreta de taquigrafía porque no era el espacio físico que buscaba, era mi espacio. Sus rayas azules me llamaron la atención y celosamente me apropie de ella para llenarla de perjurias de adolescente. Cuando no me fue suficiente porque no me hallaba tuve que crear un alfabeto lleno de símbolos para evitar ser leídos excepto por mí siempre y cuando no lo olvidara ya que sentía un vacío, un hueco existencial en el que sin darme cuenta escribí de todo y tuve mi primera creación literaria, un diario que por muchos años lo llevé de mano a mi cotidianidad absurda pues ahí depositaba los sentimientos que no podia mostrar a las personas. Creí en la inocencia y pulcritud de esas hojas con tanto lugar para ocupar, el lugar que mas tarde pelearía con uñas y dientes porque no era visible (que contrariedad) y tuve la necesidad de hacerlo notar.

Recopilé textos poéticos y ensayos para mostrar y publicar por alguna editorial. Todos ellos sin buen trazo , rayados,  en la computadora y otros en Instagram, textos perdidos a través del tiempo reemplazados por la tortura que sufren al ir mejorando la escritura y el estilo de cualquier autor. Si mis letras me hablaran me dirían que no me exigiera tanto, que sólo necesitaban espacio para ser leídos independientemente del caos diario. Me dí a la tarea de buscar y hacerles justicia de manera independiente en una revista literaria donde mi texto estaba resguardado y libre.

Todo no siempre fue miel sobre hojuelas mis textos también  sufrieron rechazos  por falta de espacio, por semántica, por sentimientos negativos y de frustración en  que los sumergí ante la derrota, un caos existencial lleno de miedo por escribir literatura erotica, poesía cliché, de hacer ensayos malos pero bien redactados, de fallar en el uso de la coma.

Tuve que emprender la búsqueda de algo que como autora no le diera tanta importancia al proceso y me atreviera como mujer a decidir.

Por eso llegué aquí a este espacio que nombré «De entre caos poético y textos perdidos» por la razón entre lo que se quiere y lo que se tiene. Me bastó este espacio para mostrar que el viaje de la escritura se disfruta desde el momento en que se escribe , se edita y se lee en voz alta.

Los espacios no son huecos para llenar son lugares para crear.

Ahora solo busco a los textos que se me perdieron para hacerlos libres, para hacerles presente.

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo Solo ellos pueden hacerlo , relato Dos por un cuarto de hora, 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.




Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.

 
 
 

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