De Historias que nos hacen/ La extraña importancia que tiene ser una Barbie Girl

Por Brenda Garrido

En la década de los 50´s durante un viaje a Alemania, Ruth Handler logra ver una muñeca de características adultas y un tanto sexys (cuyos consumidores eran principalmente hombres) llamada Bild lili. Aquella muñeca se volvió la inspiración de Ruth y el precedente de la muñeca más famosa del mundo, Barbie.

A pesar de que Handler era esposa de uno de los co- fundadores de Mattel y su idea la llenaba de entusiasmo, eso no ayudo a impulsar su proyecto; su plan de crear una muñeca con un cuerpo adulto (hasta ese momento todas las muñecas eran niñas o bebés) para que las niñas jugaran fue rechazada en dos ocasiones antes de finalmente conseguir la aprobación que buscaba.

El 9 de marzo de 1959, después de comprar los derechos de la Bild Lili, nació Bárbara Millicent Roberts (en honor a la hija de Handler), mejor conocida como Barbie. Su presentación fue hecha con un look que se asemejaba al propio de los 60´s acompañado de su icónico cabello rubio y ojos azules; dos años después su compañero y novio Ken Carson (nombre inspirado por otro de sus hijos) hizo su aparición. Posteriormente se ha ido adaptando a la moda correspondiente de cada década.

A lo largo de su historia la muñeca de Mattel se ha visto envuelta en diferentes polémicas, muchas de ellas relacionadas con la imagen de la rubia perfecta de medidas imposibles y otras más relacionadas con algunos de sus modelos hechos con características por demás cuestionables; como aquella vez que la hicieron parlante y sus frases eran promotoras de ideas sexistas, al igual que ciertas campañas de marketing que vistas con los ojos del presente seguramente también tendrían ciertas cosas desdeñables.

Si bien estoy consciente de las problemáticas y polémicas que no carecen de bases para existir, una parte de mí no puede evitar pensar que a pesar de todo eso Barbie era el único juguete destinado a niñas que te alentaba a soñar e imaginar. Para retratar este punto te pediré a ti lector que intentes rememorar tu infancia y si eres una chica, joven o mujer recuerdes ¿cuáles eran tus juguetes? ¿Qué tipo de actividades desarrollabas con ellos? Si tenías hermanos o conocidos varones ¿Cuáles eran sus juguetes? ¿Qué tipo de actividades se desarrollaban con ellos? Dado que no puedo conocer tus respuestas, hablaré desde mi experiencia que al ser propia tal vez no coincida con la tuya, pero espero pueda enfatizar el punto al que quiero llegar.

Nací y crecí siendo una niña, chica y posteriormente mujer mexicana, mis padres me proporcionaron los juguetes que según las campañas de marketing estaban destinados a mi género. La mayoría de estos eran trastes con los que podía jugar a hacer la comida, bebés para jugar a maternar (cambiar pañales, alimentar, dormir y pasear), Sets de maquillaje o algo parecido a y por supuesto muñecas Barbies; solo recuerdo contadas ocasiones en las que el molde de “juguetes para niña” fue roto y mis juguetes pasaron a ser juegos de mesa o algún set que bien se podía considerar unisex.

Mientras iba creciendo pude notar ciertas diferencias sustanciales entre los juguetes de mis hermanos y los míos. Los de ellos eran variados, coloridos (no siempre estaban hechos de colores rosas, pasteles o blancos), tenían autos, robots, luchadores, superhéroes, astronautas, aliens, soldados, etc. y yo tenía un bebé que se tomaba la mamila, fingía hacer del baño y luego dormía o un set completo para hacer la mejor comida.

Sus juguetes estaban diseñados para que ellos soñaran con cualquier posibilidad incluso aquellas que los límites de la sociedad y la humanidad podrían catalogar como imposibles. Los míos estaban diseñados para quedarme en casa, como un preludio preparatorio de un destino inevitable que era ser ama de casa y madre; y no quiero decir que sea un destino condenable al contrario la maternidad cuando es realmente deseada seguramente es maravillosa, pero viéndolo a la distancia y en una comparativa con los juguetes de mis hermanos resulta un poco triste que pareciera ser ese el único destino, pero ante eso estaba Barbie.

Una muñeca femenina y llena de glamour cuyo eslogan te incitaba a ser lo que quisieras ser y como niña, lo creías por que te abría las posibilidades, un día Barbie era doctora, maestra, enfermera y al siguiente una espía cuya doble vida la obligaba a hacer uso de un título de princesa que por supuesto tenía poderes mágicos y vaya que todo eso en la imaginación infantil tenía sentido.

Sé que actualmente, la idea de que los juguetes tienen genero poco a poco se ha ido diluyendo, pero cuando yo era niña esa idea estaba muy marcada; mi primo que también adoraba jugar con muñecas fue regañado varías veces y llegamos al punto de jugar a escondidas siempre cuidándonos de su madre.

En esta etapa de mi vida puedo admitir con orgullo que mi juguete favorito de la infancia era una muñeca Barbie, porque bueno… tuve mi etapa de odio transicional, y que a pesar de diferentes polémicas que la han involucrado desde su creación, considero seriamente que es el único juguete que me alentaba a mi, a ser lo que yo quisiera ser, que me decía que  las posibilidades estaban abiertas, que mis opciones no solo eran ser madre y ama de casa, para mi es ahí donde recae la importancia de ser una chica Barbie.

La habitación aparte: La libertad de escribir

La escritura es un proceso complejo en el que juegan muchos factores que en conjunto forman una especie de nudo maravilloso que nos regala la reflexión más fina de un ser humano. Descrito como una sensación mágica, voluptuosa, estridente, incluso depresiva o hasta sensual, las letras nacientes han configurado a la humanidad misma. Aquello que nos hace una civilización es el lenguaje escrito, por medio de este entendemos nuestro pasado, conocemos las reflexiones para evolucionar de nuestros predecesores, pero también sentamos las bases para el futuro. El transmitir nuestro conocimiento, nuestras preocupaciones, información o nuestras ficciones nos han llevado a un denso mar de literatura, una forma artística de utilizar la palabra, donde ya no solo comunicamos, vamos un paso más allá, comienza un viaje hacia lo que conocemos como arte. Haciendo así a la escritura un fenómeno de belleza, la comunión de formas, temas, imágenes, sensaciones, lecciones, emociones, que hacen clic dentro y forman un intrincado telar de significación.

Este escribir, hoy teclear, de ideas es un proceso que siempre ha quedado como algo casi sobrenatural del alma humana. En la antigüedad Safo invocaba a las musas para inspirarse. En la actualidad, la escritora, Isabel Allende habla de la ficción como aquella mentira liberadora ¿mentira o verdad? La idea concebida en la mente y que después se expande, crece, vive. Si nos enfocamos en que la escritura es un montón de ideas que podemos transmitir, entonces hablaríamos de la libertad de poder expresar cualquier idea que nos venga en mente, más allá de la verdad o la ficción que contenga un texto. Así pues, el tomar la palabra para expresarnos es ejercer nuestra libertad, regalarnos la oportunidad de dar a conocer nuestras ideas y permitirnos que otras personas conversen con ellas de forma intelectual. Quizás en medio de todo este boom de las escritoras podremos preguntarnos ¿escribir de lo que sea está bien? Reflexionemos lo siguiente:

Despojadas, por siglos, de nuestra creatividad activa, nos han desvalorizado históricamente y ahora, con las plumas en alto ejercemos nuestra libre construcción de la realidad. Somos albañiles de las nuevas ideas, la realidad se estructura por medio de la palabra, creamos conceptos, designamos cosas nuevas, incluso renovamos lo que ya no funciona. Todo por medio de la palabra, escrita u oral. Recopilar letras en un escrito es cambiar algo, enfocar otra realidad, mandar una carta cuyo remitente sea el mismo color del alma de otra persona, es compartir, transmutar, definir y existir. El fino arte de volcarnos en las letras nos lleva a ser. Y tras la lucha incansable de ejercer nuestro libre derecho a pensar, ahora somos la generación femenina que está lista para contar sin tapujos, explotar nuestro potencial en todos los rubros.

Escribir entonces, es un acto revolucionario, pero también de reivindicación. A estas alturas, la lucha se encuentra en crear también nuestras formas de expresarnos, compaginar los sentires, así como las formas, con aquellos ya colocados como canónicos a lo largo de la historia y sobre todo convertirnos en nuestro yo real, ser plenas. Es el crear textos la mejor versión de nosotras, pues el estigma muere, nace la reflexión, otros enfoques ¿Estas deprimida? Escribe ¿Tienes sentimientos encontrados? Escribe ¿buscas mejorar tus razones, motivos, filosofías de vida? Escríbelo, tomemos la libertad que nos dieron con mucho trabajo nuestras predecesoras. Así el texto se convertirá en nuestro instrumento de lucha también crearemos una nueva oleada de pensamientos que configurarán las páginas de la historia nueva, aquella donde más mujeres serán el orgullo de nuestras naciones pues la literatura porta un nuevo perfume y definitivamente huele a mujer.

Así, solo nos queda el escribir. Ese misterio de la hoja en blanco al que nos enfrentamos para ejercer nuestro derecho de libre pensamiento. Crear, crear y crear. Alcemos nuestras voces por aquello que luchó Virginia Woolf o incluso Pita Amor, a quien siempre le adjudicaron sus versos a su amante Alfonso Reyes siendo ella una filosofa de las letras con su sed de libertad y revolución estilística. Ahora con fuerza podremos alzar la voz ¿Por qué no hacerlo? Nos debemos el hablar, seguir en estos foros de opinión, las charlas entre mujeres, los cafecitos de reflexión, las columnas de opinión. Con la libertad en las manos crecimos, ahora usémosla, creemos un porvenir lleno de letras de mujeres que han de representar todas nuestras voces dormidas, gritemos en alto, esto soy yo.

Acerc-Arte | Nosotras y el Monstruo

Por Reyna Morales.

Hace tiempo fue escrito un cuento muy peculiar. Tal vez algunas de ustedes lo conozcan. Se titula «Lucy y el monstruo». Su autor, Ricardo Bernal, comenta que, a diferencia de lo que algunos intensos opinan, para nada se trata de un caso de pedofilia ni mucho menos. Fue un cuento escrito para una clase, una tarea, pues, en 1990. Un ejemplo del cuento epistolar para la clase de la maestra Aline Pettersson, en la Escuela de Escritores de SOGEM.

Hasta cierto punto, es divertida la historia de este cuento, ya que nació media hora antes de ser presentado. Y no fue comprendido en su momento por sus compañeros, según cuenta el autor.

Durante los noventas pasó de mano en mano entre profesores y alumnos de primaria y ningún padre de familia se alarmó o lo censuró.

El cuento, epistolar como ya mencioné, trata de una primera carta, escrita por Lucy, una pequeña niña, quien se dirige a su monstruo particular. En la misiva, le dice no tenerle miedo, puesto que ya ha crecido y conforme al consejo de su padre, le quitará el poder de asustarla.

La respuesta a su carta la escribe el monstruo… que le dice que no es posible que ella lo despida y que de alguna manera la va a extrañar… El final es sorprendente…

La primera vez que lo escuché fue en un programa nocturno conducido por Iñaki Manero llamado «En los cuernos de la Luna» (Rock 101). Acostumbraba grabar algunas de las lecturas hechas durante la transmisión, por lo que tuve suerte en grabar «Lucy y el monstruo».

En 2014 fue elegido para integrarlo en el libro de texto gratuito de 5° año de primaria. Cuando Bernal firmó su contrato con la SEP le preguntaron cuánto sería por sus honorarios y respondió que nada, quería dar su cuento como un obsequio para los estudiantes mexicanos. Un muy noble y amable gesto de parte suya.

Desafortunadamente nunca falta alguien con una mente un tanto perturbada que ve moros con tranchetes y que decidió «denunciar» el cuento por su alto nivel de «perversidad» al hablar de pedofilia y abuso. Las opiniones se dividieron. Unos, apoyamos totalmente el cuento. Otros lo rechazaron rotundamente con el típico «¿Cómo es posible…?» Y la SEP, que no soporta la presión ni sabe defender el librepensamiento, optó por retirarlo de futuras ediciones.

En fin, siguiendo con mi columna, quiero compartirles lo siguiente: retomando el cuento como un ejemplo, hace unos años en mi clase de Crítica Literaria, hicimos un ejercicio muy interesante… y liberador.

Elaboramos dos cartas (originalmente el título del cuento del maestro Bernal era justamente «Dos cartas»). En la primera, la nuestra, identificamos a nuestro monstruo. Analizamos cual es su poder sobre nosotros y le hablamos sobre eso. E imaginamos que nos responderia ese monstruo ¿imaginario? en la segunda carta. Los resultados son inesperados.

Deseo compartir con ustedes mi resultado:

«Querido Monstruo:

¿Miedo? No. Ya no. Lo tuve hace mucho, cuando creía que era rara… Y me paralizaba cuando alguien me señalaba: rara, extraña, fea, inútil, nerd,… y se alejaban de mi para reunirse entre «normales».

Tú aparecías en mi mente pensando que si muchos lo afirmaban, es que algo de razón había.

Y anduve por esta vida cargando contigo. Para no verte de frente, me escondía. Me quedaba callada, como apagada para que nadie se diera cuenta de que yo estaba allí. Años y años. Dentro de mí se quedaba bajo presión mi «Yo», luchando por respirar, por salir, por expresarse…

Pero logré dominarte. Te superé… Luego te extrañé. ¿Y ahora: qué hago sin ti? Y es que era cómodo ir por la vida con bandera de «nadie me nota». Pero, ¿dónde está ese nervio para sobresalir?, ¿dónde quedó la presión para ser la mejor?, ¿dónde están esas críticas, las que si valían la pena? Sin embargo, me libera y me hace tan feliz estar donde estoy, hacer lo que hago, ser lo que soy.

Tardé mucho tiempo pero lo conseguí.

Gracias querido Monstruo…

Atte. Reyna

P.D. Me esforcé mucho para ser quien soy… No voy a renunciar ahora…

Querida Reyna:

¿Gracias? ¿De qué? Yo solo hice mi trabajo. Asustarte, anularte; traté de tapar cada intento, cada esfuerzo. Ahora veo que no lo logré. Ya no importa. Me di cuenta de todo. Sentí y resistí cada golpe tuyo, cada patada, cada rasguño… ¡Pero te me saliste del huacal!

Tardaste más que el promedio pero diste batalla y al final lo conseguiste. Yo también te extraño, pero ya no podíamos seguir así. Ahora tengo que buscar a otra que se deje manipular y pelee menos. Las hay en todos lados porque la superficialidad y los modelos a seguir de hoy son más simples que antes.

Aunque no lo creas, me alegra ver que eres feliz. Si, siempre quisiste hacer lo que haces. Eres fuerte. Me voy con la tranquilidad de que ningún otro monstruo va a aprovecharse de ti. Los reconocerás y los evitarás.

Mmmmm… ¿Y ahora que secundaria toca en mi calendario?

Tu ex monstruo

Ahora van ustedes. ¿Cuál es su monstruo? ¿Qué le dirían?… ¿Y qué creen que les contestaría?… Inténtelo… Liberen a su monstruo… Tal vez ustedes son más grandes de lo que creen…

Fuentes:

Facebook 11/10/2018. https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=10217496111740087&id=1395067718 (Consultado 27/06/2021)

Apuntes: Critica Literaria 23/02/2018 (CUIH)

Conversaciones de madrugada | Las consecuencias de no saber cuestionar

Por: Monserrat Chávez Olivas

Hola, esta es una continuación de la columna anterior. Quisiera platicar contigo sobre lo que ocurre cuando damos por hecho todo lo que nos rodea y no cuestionamos, también lo que ocurre cuando nos damos una segunda, tercera oportunidad y la vida se vuelve un poquito mejor.

¿En dónde creciste? ¿Cómo es tu familia? ¿Siempre te gustó la educación que recibiste? ¿Estás o estuviste siempre de acuerdo con lo que te decían? ¿Alguna vez te impusieron algo? Yo crecí en un entorno familiar y social donde responder (cuestionar) se considera[ba] una falta de respeto hacia los demás.

Me enseñaron, como a ti, a que la vida tenía un orden y había que seguirlo, sin poner pretextos ni excusas. Y aquí voy a abrir un gran paréntesis para decir que muchas de esas ideas tienen una raíz patriarcal, machista y opresora, como la feminista que me considero, es imposible dejar de señalar las conductas dañinas.

Mi generación creció a base de golpes físicos y emocionales, somos adultos rotos, con traumas sin sanar, relaciones difíciles de continuar por nuestra formación pero lo estamos intentando, algunos lo estamos intentando; cerrar la herida que nos dejó el desarrollarnos en una época…complicada.

No sé cuántos años tienes tú, que me lees, pero no dudo que estés pasando por la misma situación. Pues bien, responder a los regaños era igual a grosería, cuestionar los métodos igual a grosería, cuestionar la vida laboral, igual a grosería, cuestionar el actuar de tus mayores igual a grosería, aunque aquello te dañara física y mentalmente, callarse era la única opción para no sufrir las consecuencias.

Vamos, ¿ahora entiendes a esta generación millenial mal llamada “cristal”? Llegué hasta mi adultez reproduciendo los patrones que de pequeña y adolescente me habían enseñado. Estudiar duro para ser alguien en la vida, porque si no eres alguien entonces no eres importante y si no eres importante, no existes; toda tu vida depende de cuánto de esfuerces y sufras.

Sufrí en la universidad, porque aquí entre nos, no fue la carrera que deseaba y tomé una decisión presionada por el tiempo y el futuro. Pero me implanté la idea de ser la mejor, de sacar las mejores notas, sobresalir, trabajar y estudiar al mismo tiempo, porque sólo así alcanzaría mis objetivos ¿qué objetivos? Por cierto.

Seguí el curso natural [impuesto] de la vida. Por que así debía de ser ¿no? siempre nos lo dicen, siempre me lo dijeron. “Estudia para ser alguien, esfuérzate duro, trabaja mucho y tendrás éxito”. Oh no, olvidaron mencionar esa pequeña parte cuando TU VIDA COMIENZA A DESMORONARSE Y DEBES ENFRENTARTE A TRASTORNOS MENTALES.

No viví. En verdad no viví esos tres años de la universidad (carísima por cierto), entre los cuatrimestres, el trabajo en la última mitad de la carrera, los proyectos escolares y yo aferrada a hacer actividades extracurriculares, pues la vida se me fue en hacer todo y hacer nada, básicamente me olvidé de mi misma para satisfacer el rol que socialmente debía cumplir.

Luego, la vida laboral. La terrible y cruda vida laboral de la que no te hablan en la universidad y ahí, queridos lectores, las cosas se pusieron mucho peor. Empecé a laborar en una empresa de comunicación (radiodifusora) y mi jefe y compañero de trabajo era [es] la peor persona que puedas conocer y el peor compañero.

Por primera vez me enfrenté a la realidad, al acoso y violencia laboral, a los malos tratos no sólo de tus propios compañeros sino de otros medios, escuchar expresiones desagradables, censuras y autocensuras, agresiones, corrupción, desvíos y manipulación de información; fue horrible vivir todo eso.

Y hasta ese momento, no había cuestionado nada. Intenté decirme que todo estaba bien, que no debía meterme en problemas y otras personas me sugerían no quejarme, entonces ¿qué más podía hacer? Seguir trabajando ignorando la mierda que se acumulaba alrededor. Disclaimer: nunca ignoren, no funciona, todo se pone peor después.

Pero al final de ese año empezó a florecer la semilla del cuestionamiento y la voz que me susurraba “oye, te siento incomoda ¿en verdad disfrutas hacer esto?” mientras yo me paraba en seco y le gritaba “cállate, deja de inventar cosas, claro que soy feliz, esto me gusta, esto es mi pasión” pero no, un trabajo con carencias económicas y emocionales, nunca va a ser mi pasión.

Para no hacerles el cuento largo, duré un año en ese trabajo, ahorré durante meses para irme de mi ciudad porque ingenuamente creí que irme a otro lugar resolvería todos mis problemas ¡oh sorpresa! Me siguieron hasta allí, me mudé a Tijuana, durante un tiempo estuvo bien, pero ahí seguía la incomodidad y crecía más con los días, simplemente había dejado de disfrutar de mi profesión y no lo quería aceptar.

Regresé a mi ciudad y en lugar de poner en orden mi cabeza, continué presionándome por sobresalir y encajar, yo nomás no aprendía la lección. Tuve varios trabajos, hasta que llegué al último y dónde esa voz se empoderó, decidió que no quería callar más.

Yo ya venía de un proceso pequeñísimo donde había decidido no tomar más trabajos como reportera, pero si continuar en los medios, acepté ese último porque me hacía salir de mi zona de confort pero seguía dudosa. Fue la peor decisión de mi vida.

Las dudas que habían iniciado años atrás se agrandaron y no pude pararlas, ya era demasiado tarde. Entre la violencia psicológica laboral y el acoso, la manipulación de información periodística y los intereses económicos, mi salud mental terminó por deteriorarse. Y sucumbí ante esa voz que no paraba de cuestionarme.

Fue ese año cuando me diagnosticaron. Fue ese año cuando conté mi más grande secreto en un consultorio psicológico. Fue cuando le conté mis miedos al psiquiatra y ya no pude negar lo que había tratado de parar.

Las preguntas se amontonaban, dejó sin aire mi cabeza y en lugar de esfumarse, aparecían otras nuevas. ¿Por qué la vida debe ser así Monse? ¿Por qué si no eres feliz no te vas de ahí Monse? ¿Por qué te obligas a hacer esto Monse? ¿Por qué tienes miedo de decir no, Monse? ¿Por qué no haces lo que siempre quisiste hacer y pospusiste, Monse? ¿Por qué Monse? ¿Por qué?

Y aquí va todo lo que comencé a preguntarme y de algunas aún no tengo respuestas, me cuestioné mucho y dolió muchísimo más, decirlo a misma, escribirlo y en voz alta, no fue fácil ¿lo es para ti?

¿Por qué tu valor como persona se define en tu nivel de escolaridad y puesto de trabajo? Tú no vales por lo que tienes, en dónde estás, lo que vistes o lo que ganas, tú vales por la persona que eres y por como tratas a los demás.

¿Por qué te aferras a buscar la aprobación masculina, de tu familia y amistades? Si sabes que no les importas, entonces ¿por qué no empiezas a buscar tu propia aprobación? ¿qué tienes que perder?

Ya no te hace feliz lo que haces y está bien. Todo tiene su ciclo, estudiaste algo pero ya no quieres dedicarte más a eso ¿el mundo se va a terminar? No, aunque ahorita creas que sí, pero vas a encontrar algo mejor, mira lo que has abandonado por seguir los sueños de otros.

¿Por qué tienes que estudiar, trabajar, tener dinero, luego conseguir un novio, casarte, tener casa, luego hijos y esperar a ser vieja para vivir? La vida se te está yendo y tú estás muerta en vida. Todas esas “metas ideales” ni son tuyas ni te representan, tú no eres eso, tú no eres lo que otros creen o esperan de ti.

Tú no estás obligada a cumplir las expectativas del resto. Es problema de ellos que esperen tanto de ti. No le debes nada a nadie.

¿Por qué el dinero es tan importante?¿Por qué sólo te consideran exitoso cuando tienes dinero o trabajas en una empresa importante?¿y por qué tú te sientes obligada a cumplir con eso?

¿en verdad no pasa nada si renunció a mi carrera y le pongo una pausa? ¿y si retomo mi sueño de ser escritora?

¿por qué ser delgada es tan importante? ¿Para quién? ¿y si dejó de castigar mi cuerpo y hacerme daño?

¿y si le pides perdón a tu niña interior? Su sufrimiento te llevó hasta aquí, ayúdala a sanar. Ayúdate a sanar. Por favor. Sé feliz. Ponte como prioridad, por primera vez en tu vida.

Todas esas preguntas me llevaron hasta aquí. Cuestionarme, cuestionar los métodos de crianza dentro de mi seno familiar, cuestionar las acciones laborales y sociales, me llevaron a tomar decisiones importantes.

Renuncié a mi vida anterior. Me dolió no porque sintiera que estaba perdiendo algo, me dolió no haberlo hecho antes. Renuncié al dolor y castigo, renuncié a las presiones, renuncié a las expectativas, renuncié a los estereotipos, renuncié a lo que me hizo daño, tuve que decirle adiós y abrirle la puerta para que no volviera jamás.

Me tomé una pausa indefinida de mi profesión. Y retomé sueños que había abandonado, decidí enfocar mi energía en sanar mi yo interior, a la escritura creativa y convocatorias literarias. Encontré una nueva pasión: la cocina y repostería.

De eso hablaré más adelante, pero decidí emprender mi propio negocio de repostería vegana, gracias a una querida amiga que me alentó a vender mis postres. Me divorcié del poder del dinero. Elegí una vida simple y tranquila, minimalista.

Vivir con lo necesario, desechar el consumismo. Decidí priorizar mi salud mental y para lograrlo tuve que desprenderme de lo que había aprendido y ahí me di cuenta que no era nada ni nadie, tuve que reconstruirme con mis propias ideas ¿y saben qué? Me gustó el reto.

No les voy a mentir, sigo cuestionándome muchas cosas más [las cuáles poco a poco voy a compartir] y me ha dolido mucho, me ha costado lágrimas y regaños. Pero no he de negar que ahora sin titubeos puedo decir que soy feliz, que soy lo que siempre quise, que vivo como siempre quise, que ya no tengo miedo de mostrar quien soy.

Se me ha cuestionado y juzgado por ello. Por salir de una zona de confort para entrar a otra que me hace sentir muy tranquila, ahh tener satisfechas a las personas nunca será posible ¿qué mas da?

Pero te diré algo, deja que hablen de ti. Pero tú no permitas volverte a perder, eso es lo único importante.

¿Casualidad o destino? en la vida y las artes

¿Casualidad o destino? en la vida y las artes

Miércoles 2 p.m Los portales Puebla.

Ahí se fractura en pequeñas libélulas el cristal de aquel café junto conmigo.Un rayo cae sobre mis huesos todo comienza a temblar se va dibujando tu rostro, esas facciones tan conocidas que urgo después en ese dátil seco que es memoria, ahí comienza todo cuatro días después tus brazos me envuelven la vida aquello solo fue el comienzo y fue la señal defenitiva del golpe tan hermoso que me daría la vida.

Imagínate a tres viejecitas con túnicas blancas, una moira es la encargada del que el hilo rojo del destino de un mortal desde su nacimiento hasta ser entregado en las manos de Hades encargándose de que no se enrrede tuerza y llegué a los múltiples puntos donde tenga que llegar para su transcendencia.

En la religión católica el destino es el plan trazado que dios ideó desde tu nacimiento para que tu aprendieras y te condujera hacia el.

El azar por su parte es un fenómeno de probabilidades que determinan la interacción en algo producto solamente del caos que son como las ecuaciones fractales de un agujero de gusano que no entendemos.

¿Se puede unir la vida contando casualidades?
¿Azar o el destino?
¿Romantizamos lo absurdo para que tenga sentido y pintamos rosa donde todo es gris?
¿El destino es la justificación para no aceptar nuestra humanidad para hacernos responsables de nuestros actos?

Celine conoce a Jessy en un tren camino a Vienna ambos tienen la misma edad libros iguales y se hablan por la pelea molesta de una pareja francesa el viene de Estados Unidos despechado desde Madrid ella es una francesa que visita a su abuela impulsivamente Jessy decide bajarse donde no era su parada ya que se ve incitado a conocer a Celine hasta vivir un idilio de un día con la promesa de verse cosa que no sucede por la muerte de la abuela de Celine pero coinciden de nuevo sin planearlo esa conexión no se ha ido ¿bonito no? le sucedió al director Richard Linklater ¿muchas casualidades hacen un encuentro una verdad?

El destino lo forjamos día a día el aleteo de una mariposa puede hacer temblar a Grecia
el azar es una seríe de casualidades que desencadena caos y a los cuales le damos un sentido o no con nuestro libre albedrío y consciencia.

Montserrat Ruiz

Co-coordinadora en colectivo Crearte, conductora en el podcast de Toma dos, conductora en radio Crearte, escritora aficionada en Medium y ERRR MAGAZINE.

Anónimas cotidianas I: Entre la experimentación fotográfica de Alessandra Canuto y la hibridez artística de Liz Salazar

Por: Daniela Zizumbo Tovar

Todos los días nace una nueva creadora, una mujer que se aventura a experimentar y que consagra su vida al arte. No tenemos que irnos tan lejos para encontrarlas, basta con mirar a nuestro alrededor y notarlas entre la multitud, pues a través del arte se comunican con el mundo, nos regalan experiencias catárticas desde sus obras y nos acompañan tanto en los momentos de ocio como en los de soledad. Hoy vamos a hablar del trabajo de dos artistas emergentes del Estado de México que están irrumpiendo con fuerza dentro del panorama artístico local.  Alessandra Canuto (@sscanuto) y Liz Salazar (@dibujandomicaos_lsd) son dos mujeres creadoras que de a poco se van abriendo camino en espacios culturales donde sus obras comienzan a ser expuestas ante el público, desde sus estilos propios ellas se dedican día con día a crecer como artistas, explorando nuevas facetas de su obra y redescubriendose con cada  nueva fotografía, pintura o poema.

Colores vibrantes, experimentación y el Momento Decisivo en la fotografía de Alessandra Canuto 

“Cuando estoy en frente de la cámara, me veo como otra de los componentes de la foto, me vuelvo parte de la fotografía.”

Alessandra Canuto, 2021.

Alessandra Canuto es una fotógrafa mexiquense que vive la fotografía en carne propia desde su cotidianidad habitando las fotos que toma a través de la experimentación en diversos estilos. Ha participado ya en dos exposiciones, una individual y otra colectiva, por parte de la Universidad Autónoma del Estado de México y se está posicionando como una de las más fuertes fotógrafas emergentes en Toluca, su ciudad natal, ya que en su trabajo se puede encontrar un entramado visual de imágenes plurisignificantes que muestran el mundo con un toque vibrante que lo singulariza. 

Evitando definirse dentro de un sólo estilo, Alessandra Canuto logra explorar una amplia gama de posibilidades dentro de la fotografía, desde retratos, autorretratos e imágenes aleatorias del mundo cotidiano visto desde el lente singular de su cámara, donde la fotografía es un espacio de relación íntima con lo que la rodea. 

Dentro de sus principales influencias se encuentra la herencia cinematográfica de West Anderson y Carolina Costa. La relación personal entre ella y el cine la ha ayudado a entrenar su ojo para el momento de tomar una fotografía, pues en el instante de capturar una imagen sale a flote todo su acervo cinéfilo y, aunque no intenta recrear el estilo de ninguna de sus influencias,  en sus fotos de hace presente lo aprendido en la fotografía de las películas que la obsesionan. 

Foto: Alessandra Canuto (@sscanuto)

Alessandra Canuto se guía por la idea del “Momento Decisivo” a la hora de tomar una fotografía. Ese instante se refiere a lo que Henri Cartier-Bresson consideraba el momento oportuno donde el fotógrafo logra descubrir el instante único y significativo de una escena, y lo retrata para  mostrar el máximo sentido expresivo de una imagen. 

Para Alessandra Canuto también existe el momento decisivo durante el proceso de capturar una fotografía, en ella y sus obras la minuciosidad, la paciencia y las obsesiones son lo que la acerca al instante justo donde tiene que comenzar a disparar con su cámara para lograr obtener la imagen indicada. Y, aunque su proceso creativo sea distinto para cada fotografía, la rigurosidad en combinación con la obsesión es lo que la lleva a capturar los momentos únicos e irrepetibles que se pueden ver en sus fotos. 

Como espectadores, el acto contemplativo de mirar el trabajo de Alessandra Canuto nos dirige por un viaje lleno de colores vibrantes, juegos de luz y sombra y descubrimiento continuo de las nuevas facetas de la fotógrafa, quien a través de sus fotografías va compartiendo con el mundo sus sentires cotidianos, lo que piensa acerca de la vida, lo que ve y lo que quiere comunicar sobre temas que le inquietan. Así es como las fotografías de Alessandra Canuto llegan a constituirse como un una propuesta fresca que no le teme a la exploración de sí, ni del mundo capturado en el momento decisivo.

La hibridez habitada: Poesía autobiográfica y pintura nocturna en Liz Salazar. 

Dibujo: Liz Salazar (@dibujandomicaos_lsd)

“Te irás, yo sé. Me dejarás algún domingo, porque es el día en que siento mayor empatía con nuestra ciudad, te veré caminar a lo lejos de la mano del futuro prometedor y con el honor que poseen los cobardes, irás cargando todos los parámetros morales que aceptaste sin entenderlos. Y en ese momento sabrás porque la ciudad de los tristes sigue siendo la misma de siempre, tan llena de infelices, de frustrados, de incrédulos. Enfermos todos de absurda formalidad y burocracia, ciegos ante la rebeldía. Me recordarás, ya no mucho, quizás solo como un pequeño destello de lucidez que da un amor perdido por la monotonía de nuestras decisiones.”

Torrente en la ciudad de los tristes (Fragmento) de  Liz Salazar.

Liz Salazar es una escritora y artista visual mexiquense que desde muy joven se inició en el dibujo y en las letras. Ha publicado en revistas culturales del Estado de México y forma parte de proyectos de difusión a la cultura. Sus obras son un reflejo de lo híbrido, una mezcla entre la literatura y aquello que no se puede decir con palabras, pues sus obras visuales son una forma de comunicarse con el mundo cuando no puede articular oraciones en voz alta que la signifiquen, mientras que, a través del arte, intenta escapar de la soledad.  

Entre su producción se encuentran obras que mezclan técnicas y estilos, pasando por dibujos a grafito, carboncillo y acuarelas, experimentando con las combinaciones que puede lograr durante el proceso creativo. En ella hay distintos momentos donde se aventura a explorar nuevos caminos a partir de la imagen, entre sus series coexisten como tópicos el indigenismo, la rebeldía social, el caos interno y la rabia contenida, que casi siempre se muestra con un toque de autoreferencialidad y múltiples guiños autobiográficos. 

En sus textos, las temáticas se repiten, pero la manera de enunciarlos se encuentra llena de melancolía y añoranza ante el incesante deseo de encontrar una nueva realidad, donde sea lo que en la vida normal no puede ser. Entre las letras de Liz Salazar se encuentra el deseo de existir libremente, sin ataduras o complejos, también habla sobre los cambios en la sexualidad, la vida fuera de los estereotipos de ser mujer y el encuentro de sí misma. 

Dibujo: Liz Salazar (@dibujandomicaos_lsd)

A nivel visual, la propuesta de Liz Salazar actualmente se encuentra en un momento fuerte, donde está explorando la visceralidad que le han provocado diferentes acontecimientos en su vida como la muerte de seres queridos, la vejez, la exploración de su cuerpo y la ansiedad provocada por el encierro. 

Por otro lado, su esencia híbrida se cuela presentándonos la fusión de entre literatura y pintura a través de ilustraciones a textos de Federico García Lorca, Laura Esquivel, Mauricio Molina y Reinaldo Arenas, mismas ilustraciones que son presentadas bajo la lectura en voz de Liz Salazar como complemento, mostrandonos su amor por la interdisciplinariedad entre sus dos pasiones. 

A raíz de sus experiencias Liz Salazar crea desde la herida para salvarse de aquello que la atormenta, su proceso creativo lo lleva a cabo durante las noches, ante la complicidad de la luna donde puede desnudarse para sí misma y crear sin prejuicios; a partir de su obra, como espectadores nos encontramos con un universo femenino donde las luchas personales se entrelazan con las políticas conduciendonos por un mundo lleno de encuentros íntimos con el caos interno de la artista, donde notamos el crecimiento personal que va teniendo y cómo lo logra externar ante el mundo a partir de la hibridez que habita en su universo creativo.  

Untitled

por Karen Delgado

A mis tareas pendientes

Ni pex 

Te sueño cada vez que hay menos de ti en mí

Te sueño cuando puse la canción que te dio risa cuando tratabas de no concentrarte en delatar que estabas sintiendo «eso»

Te sueño cuando escucho las noticias de política y te dan cólera 

y pareces Jaime Mausán opinando

«y nadie hace nada»

Te sueño después de despertar a las 4 am y según estar en alfa 

pero se me cierran los ojos y estoy en zetas

Te sueño cuando escribía tu voz sin disciplina y hueva y aún así se cumplía jajsja

así cuando lo solté y pasó, así, pasó y ya, de ovarios, verdad de mí

Te sueño casi todas las calmadas noches que me duermo pasadas las 11 y no las 3

sin hacer la meditación para tener el astral sin cuadro ni ponerme los calcetines de peluche con zorritos

Te sueño al invadirme en mis pensamientos antes de dormir  y no dejas de estar en paz hasta que me pierdo 

Te sueño al querer definir los medios cuando no tengo control sobre ellos y ni tú sabes qué es lo que pasa o lo sientes, esa es tu propia creación, no mía, yo qué

Te sueño cuando dicen que este es el mundo newtoniano y que ya es pasado y ni de locos eso nos interesa, estamos tan materializados que ya olvidamos que no hay otro

Así cuando recibo llamadas del banco sabiendo que tengo que fingir que nada pasa porque ya pedí tantos créditos en el Club Penguin de adultos (BBVA) y nada más tengo 5 peso’ porque perdí la contraseña y que eso no salda mi deuda

Igual al que me llames a las 3 de la tarde para decirme que vendrás a verme cuando no me he pintado el cabello de la raíz ni puesto el tapete en el piso para que veas el polvo a la misma altura que yo

Así cuando me molesto por no contestar mis mensajes por dos meses enteros y solo poner un sticker de Bob cholo que yo te había mandado hace un buen, al menos no fueron las tacitas rotas (pobrecitas)

Así cuando manejo mi mamalón Jeep Wrangler del año negra 4×4 de 4 puertas estando atorada en el tráfico deseando dejar de buscar excusas ridículas para no buscar tus cartas diciendo que ya pagaste el alquiler y te vendrás a vivir conmigo y no pensar tanto en ti ni en tus manos ni en tu nariz ni en tu horrible rostro te odio 

Te tengo fe

fe, te tengo (asco)

Leer a Platón: carta a una amiga feminista

Por Nitz Lerasmo

I

Preámbulo

En 2018, la escritora Alma Karla Sandoval publicó el libro Cartas a una joven feminista (Ediciones Zetina). En sólo un año el libro alcanzó tres edicio­nes y varios tirajes. Se presentó en varias ciudades de México, en Canadá y en España. Es un libro que ha tenido miles de lectoras con las que ha generado un im­portante debate. Como un homenaje a lo anterior y como una forma de dialogar con el libro, en septiembre de 2019 Infinita Editorial convocó a otras escritoras a participar en una antología que sería prologada por la propia Alma Karla Sandoval. Para participar se debía enviar un ensayo en forma de carta dirigida a otras mujeres (reales o ficticias) donde se ofreciera un punto de vis­ta y argumentos sobre algún aspecto del feminismo en México. Yo participé con “Leer a Platón” y fui seleccionada. Sin embargo, por razones que desconozco, el libro no se publicó.

A manera de redención, y con la libertad que La Coyol me da en este espacio, he decidido publicar por primera vez ese texto que dos años permaneció olvidado en las carpetas de mi computadora.

II

Leer a Platón

Querida amiga:

No debes agradecerme por el obsequio que te hice. Sabes bien que en nuestra amistad es común intercambiar regalos, pequeños detalles que auxiliarán a la otra, como cuando se lanza un salvavidas al náufrago. No sabes cuánto me entusiasma que tú también hayas disfrutado Cartas a una joven feminista. Qué maravilloso saber que el libro que te di tocó las fibras más íntimas de tu ser. Incluso celebro que haya rozado tus heridas porque así serás consciente de ellas y buscarás, junto conmigo, un bálsamo para sanarnos. Me dices que después de tu lectura, el libro te trastocó, te dejó revoloteando en la cabeza, como si de mosquitos se tratara, diversas preguntas que no has dejado de pensar y repensar. Te entiendo, a mí me pasó lo mismo. Y elogiemos que sea así. Yo creo, al igual que Kafka, que un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Y un libro que además es feminista puede ser peor que un hacha: es luminaria que incendia, antorcha que propaga una ecpírosis regeneradora.

            Por lo que entreveo en tu carta, no has parado de intentar atar cabos, de provocarte una náusea de inquisidora que no se contenta con lo que le dicen o le muestran. Me planteas una pregunta que te acosa y me imploras una respuesta, como si yo fuera una pitonisa que en pleno trance revelara los misterios más arcaicos. Gracias, amiga, por hacerme formar parte de aquello que te causa desvelos. Déjame pedirte que procedamos con cautela. Tu pregunta es punzante como una daga y no es fácil de responder. Sin embargo, tenemos que ensayar una respuesta, porque evadirla o condenarla al olvido sólo engendraría más injusticia en nuestro deseo de comprender el mundo.

            Casi al final de tu carta, después de enumerar todas las clases de violencia que la mujeres sufrimos a diario, de la violencia perpetuada sistemáticamente por hombres, me preguntas cómo nosotras las mujeres podemos lidiar con una otredad que hiere, siendo esa otredad los hombres. Comprendo perfectamente lo que dices. En una sociedad patriarcal, donde el varón es quien goza de privilegios, es evidente que la violencia contra las mujeres, el grupo más marginado históricamente, es una norma aceptada, respetada e incluso aplaudida. Que la violencia hacia las mujeres se exprese en todas las esferas de la vida social es un hecho indudable. Como bien sabes, en la cúspide de esa misoginia se encuentran, desafortunadamente, los feminicidios. Tú y yo, que somos de una generación entre siglos, hemos pasado nuestra infancia, adolescencia y esta incipiente adultez escuchando de los terrores de Ciudad Juárez. Aquellos que afirman que esa urbe es el peor lugar para ser mujer, ¿acaso no advierten que no hay un lugar en el mundo en donde ser mujer no implique vivir en peligro constante? Siempre que pienso en los feminicidios de esa ciudad fronteriza, no puedo evitar recordar una fotografía de Mayra Martell, quien fotografió objetos y dormitorios de jóvenes desaparecidas en Ciudad Juárez para su proyecto Ensayo de identidad. La fotografía, que nunca olvidaré porque me aflige, muestra un pedazo de papel, adherido a un espejo, que reza: “Metas a corto y largo plazo”. Martell tomó la fotografía en la habitación de Erika Carrillo, una joven que desapareció en el año 2000, a la edad de 19 años, cuando salió de casa para ir a la peluquería. Con esa fotografía, Martell nos muestra un fragmento de intimidad de la joven, y así somos testigos de las metas truncadas de Erika: “trabajar duro para pagar la inscripción a la escuela, comprarme unos zapatos, hablar y ser simpática con la gente, leer a Platón.” Amiga mía, déjame preguntarte: ¿no sientes el mismo temblor en el pecho que yo al leer esas líneas? ¿Acaso no te invade la rabia? Nuestras vidas interrumpidas y una sociedad indiferente deberían despertar toda nuestra cólera, todo nuestro hartazgo. Yo también, al igual que Erika Carrillo, tengo en mi habitación pedazos de papeles en los que escribo mis objetivos, mis lecturas pendientes, mis deseos. Y también sé que en mi país, tan sólo por ser mujer, cada que salgo de casa tengo altas probabilidades de que mis metas sean frenadas, de que se me arrebate la vida con una crueldad que hunde sus raíces en el tiempo.

            Pero volvamos a tu pregunta: ¿cómo podemos lidiar con una otredad que nos hiere? En ocasiones anteriores hemos discutido si acaso el separatismo es la solución. Nos hemos preguntando si una sociedad compuesta enteramente por mujeres ya no tendría que enfrentarse a la opresión y a la violencia propias del patriarcado. ¿Recuerdas cuando me hablaste de las utopías separatistas que escribieron algunas mujeres de siglos pasados? ¿O te acuerdas de cuando te enseñé que en el norte de México existían las lagartijas cola de látigo, una especie de lagartos constituida únicamente por hembras que se reproducen por partenogénesis, sin necesidad de machos y, entre risas, dijimos que en el futuro las mujeres también nos reproduciríamos por partenogénesis? Esas utopías pueden parecernos tentadoras y convincentes, es verdad. Pero, insisto, vayamos con cautela. El siglo XX nos ha enseñado que toda utopía, a la postre, puede volverse una terrible distopía.

Dime, amiga, ¿has considerado cambiar el destinatario de la pregunta que me planteas?  Mientras las utopías separatistas, si acaso son la solución, no se realicen, creo que también son los hombres quienes deberían preguntarse: ¿cómo coexistir con una otredad a la que hemos subyugado históricamente? Considero que responder a esa cuestión es casi un deber moral para aquellos que han nacido con privilegios, especialmente si son respaldados por una sólida estructura heteropatriarcal, la cual anhelamos abolir. Hablando de esto, permíteme agradecerte por enviarme el hilarante ensayo de Cecilia Winterfox. Coincido con ella en que el feminismo amable no sólo no funciona sino que es contraproducente. Las mujeres ya estamos hartas de tener que ser amables y dóciles, sobre todo cuando se espera que nosotras eduquemos a los hombres en cuestiones feministas. Suscribo las palabras de Winterfox: no es sólo enormemente aburrido gastar nuestras energías educando a los hombres a través de su camino de autodescubrimiento, sino que, al aceptar el rol de educadoras, reforzamos las dinámicas de poder existentes y nos alejamos “de colectivizar como mujeres y de promulgar el cambio real.” Al igual que tú, yo también promuevo que, para conformar verdaderas redes sororas, es necesario educarnos entre nosotras primordialmente, es preciso leernos, comentarnos y por supuesto, criticarnos con lucidez. Ya que tocamos el tema de la educación de las mujeres, voy a contarte una historia real que recién descubrí, pero te desafío a no explotar en carcajadas. En 1873, Edward H. Clarke, médico y profesor de Harvard, publicó el libro Sex in Education, en el cual afirmaba que “la actividad cerebral indebida y desproporcionada” en las mujeres podía causar que su útero y ovarios se atrofiaran, provocándoles esterilidad. El remedio que Clarke aconsejaba para evitar esos estragos consistía en que las mujeres estudiaran y leyeran menos que los hombres. Lo que Clarke no vislumbró fue el reverso de su hipótesis: la lectura, especialmente feminista, nos emancipa de la procreación obligatoria. Así que, amiga mía, continuemos atrofiándonos los ovarios pues nuestra “atalaya es una biblioteca” y no vamos a claudicar fácilmente.

Si observas bien, advertirás que las mujeres siempre tenemos una misión doble en nuestra vida que, cómo no, puede ser muy extenuante: somos escritoras, filósofas, científicas, artistas y, aparte de lidiar con nuestras profesiones, de esforzarnos por crear, innovar o descubrir nuevos matices en nuestros campos de estudio, también tenemos la misión de instruirnos feministas y de proseguir una lucha de la cual somos herederas. Me insistes en que debo sentirme orgullosa de ser una hija de las brujas que no pudieron quemar, tal como está escrito en las numerosas pancartas que hemos visto en las marchas. Es verdad: algunas serán hijas de las brujas que no pudieron quemar. Pero no olvides que también en esta lucha ha habido combatientes caídas. A ellas, sobre todo, nos corresponde salvarlas del olvido. Porque también somos hijas de brujas calcinadas en hogueras, de mujeres lapidadas con piedras filosas, de mujeres decapitadas por una guillotina menos brillante que la inteligencia de las condenadas a muerte, somos descendientes de esclavas aporreadas por sus amos, de mujeres diagnosticadas de “histeria”, de mujeres condenadas al ostracismo del manicomio o del claustro. Como puedes advertir, amiga mía, la historia de las mujeres es una historia de ausencias dolorosas. Me gustaría que Erika Carrillo no fuera una ausencia, sino que estuviera aquí con nosotras, conversando. Desearía preguntarle por qué se propuso leer a Platón, el filósofo de los eternos arquetipos. Quisiera hablarle de aquella cosmogonía platónica que nos sorprende por fantástica. Le contaría que en el Timeo, Platón, influido por la medicina hipocrática de su tiempo, consideró que el útero era un animal errante dentro del cuerpo de la mujer, un ser vivo que podía moverse desde la parte inferior del vientre hasta la parte superior, siempre escurridizo. El útero, escribe Platón, es un animal deseoso de procreación que se irrita y enfurece cuando no es fertilizado. Podríamos fácilmente tachar a Platón de machista –que como todo heleno de su época lo era sin duda–, y olvidarnos de esa creencia tan extraña. Sin embargo, no me dejarás mentir, hay algo mágico y perturbador en el hecho de creer que mi útero es un animal errante. Me lo imagino como un molusco, viscoso y rojizo, desplazándose por las entrañas de mi cuerpo. En lo personal, me gustaría reivindicar ese animal nómada y furioso, que no se contenta con echar raíces. Pero, al contrario de lo que afirmaban Platón e Hipócrates, mi útero no se irrita por no ser fertilizado, sino todo lo contrario, es un animal indómito que no tiene vocación reproductora. Sé que mientras se siga sometiendo a las mujeres, mi útero permanecerá furioso y desobediente. Si lo imagino así, insumiso y contestatario, ahora en verdad podré decir que la rabia por la injusticia me brota desde las entrañas.

Amiga, conozco tu inteligencia y sé que no te has extraviado en mi escritura laberíntica. No, te juro que no he dado rodeos innecesarios. La escritura precisa desplazarse con libertad para engendrar reflexión. Amiga, lo que me provoca urticaria de tu pregunta es la palabra lidiar. Yo la cambiaría por coexistir porque intuyo que, si en algo buscamos diferenciarnos de esa mitad de la humanidad que nos ha subyugado históricamente, es en nuestro afán por mostrar que nosotras podemos coexistir con una otredad sin tener que anularla, sin tener que reproducir nuevamente jerarquías de opresión. Hasta aquí mi intento de respuesta. Polemiza conmigo, amiga, que para eso estamos.

Deseo que nunca pierdas tu fuerza transgresora que tanto admiro.

Abrazos para ti y para tu indómito útero errante.

III

Epílogo de junio de 2021

Han pasado dos años desde que escribí esa carta-ensayo. Cartas a una joven feminista encontró una nueva edición en el sello editorial Camelot América y quizá, en un futuro cercano, escriba una reseña del libro.

Han pasado dos años, repito, en los que mis lecturas feministas han cambiado y, por consiguiente, también lo ha hecho mi postura feminista. Ya no simpatizo con algunas ideas expuestas en “Leer a Platón” porque me parecen ingenuas. A pesar del cambio, siento que nunca olvidaré aquella foto de Mayra Martell. Como si gracias a aquella lista de Erika Carrillo me sintiera obligada a no claudicar en la lucha.

Dos años en los que han cambiado muy pocas cosas en la vida cotidiana de las mujeres que habitamos México, país donde los feminicidas presumen armas en sus redes sociales y amenazan de muerte a las feministas. Hace unos días me quedé impactada por la noticia sobre el intento de feminicidio de Fernanda Cuadra y Polly Olivares. Y antes de eso, tan sólo del 2020, recuerdo con pesar más nombres: Isabel Cabanillas, Ingrid Escamilla, Fátima Cecilia, Jessica González…

 “Pude ser yo”, es el pensamiento que cruza por nuestras cabezas cuando nos enteramos de un feminicidio. Pero realmente algo muere en nosotras cuando una congénere es asesinada: muere nuestra autonomía, nuestra seguridad, muere la posibilidad de habitar el mundo llenas de confianza. Creo que, mientras redacto estas líneas, me siento triste. Además, a la luz de los acontecimientos recientes, “Leer a Platón” me parece pobre. Lamento las flaquezas de mi pensamiento y de mi escritura. Como siempre, quisiera hacer más. Esto es lo que puedo dar por el momento. No me queda más que pedir paciencia y vida para aportar mi microscópico granito de arena.

Es verdad que estoy triste. Sin embargo, hago el esfuerzo cotidiano por no perder el ímpetu: en comunidad quiero seguir cultivando la digna rabia. Porque confío en que ya hemos llegado muy lejos y por eso no permitiremos que el mundo se hunda en una fatalidad sin retorno.

Nitz Lerasmo

Nació en la Ciudad de México en 1994. Estudió la licenciatura en filosofía en la UNAM. Forma parte de las antologías de cuento Exploraciones quiméricas Vol. I (Lectio, 2019) y Tercera Antología de Escritoras Mexicanas (El nido del fénix, 2020). Autora de las plaquettes Instantáneas (Ediciones Awen, 2021) y Miniaturas para una casita de muñecas (La Tinta del Silencio, 2021).

De Lilus Kikus, Ramona y la imaginación como arma contra el mundo

Por Fernanda Loé Gómez

¿Qué tan importante es la imaginación? Puede ser que entre más crecemos, dependiendo de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones, creamos que imaginar es algo solamente para los artistas, para los locos o para los niños, que, al fin y al cabo, son todos la misma cosa. Por eso decidí recurrir a dos niñas cuyo mayor talento es la imaginación, para recordar cuánta falta hace en el día a día y el poder que tiene de transformar lo cotidiano en extraordinario.

Una de estas niñas peculiares es la que nos regala Elena Poniatowska. Con sus piernas largas y muy separadas además de unos ojos siempre temerosos de perderse algo, Lilus Kikus va por el mundo tratando de descifrarlo. A sus 13 años está segura de que existen las brujas y de que ayuda cuando le inyecta café negro a sus limones y otras frutas o verduras enfermas. También sabe que es necesario para protegerse, coserse en los calzones una bolsita con algunas hierbas y tesoros, entre ellos su primer diente y un pelo de Napoleón.

Prefiere jugar en la calle, donde el orden todavía no ha arruinado la diversión. Observa los árboles, los camiones y a los adultos que se creen importantes. Ella misma encuentra con qué jugar, hasta cuando viaja a la playa, donde en lugar de cargar con rastrillos y cubetas para hacer castillos, elige recoger todo lo que el mar avienta a la orilla: piedras, conchas, vidrios pulidos, que recoge como grandes tesoros. No tiene muñecas porque no las necesita, con el poder de su mente puede divertirse con lo que sea.

Como también se preocupa por los grandes problemas de la humanidad, se imagina a Dios llevando su alma por un elevadorcito al cuarto donde debe estar. Ella llega a la conclusión de que, si se porta bien y hace grandes sacrificios, ese cuarto se va a ir llenando de cosas como sillones, floreros, mesitas. Entre más grande el sacrificio, más grande el objeto. Por lo tanto, cuando se porta mal, ese cuarto se queda vacío, obligando a Nuestro Señor de dormir en el piso.  Por eso cree importante cuidar lo que hace, para que esa habitación sea cómoda para Dios.

Por otro lado, lo anterior no quiere decir que Lilus no es curiosa, todo lo contrario. Le ruega a su amiga la borrega, quien es expulsada de su escuela de monjas, que le cuente cómo son los besos y qué se siente tener novio. La borrega como es muy experimentada le deja claro que el amor son puras desilusiones, por lo tanto, es necesario pensar en la siguiente etapa, la maternidad, y dar los pasos conducentes, así como lo ha hecho ella misma, cosa que no convence mucho a Lilus.

También aprende por otra de sus amigas, Chiruelita, que los hombres encuentran encantadoras a las mujeres tontas. Como el mundo está ahora lleno de mujeres inteligentes que quieren aprender y enseñar, los caballeros encuentran refrescante conocer mujeres que hablen solo de flores y tartaletas de fresa. Así Chiruelitaa se casó a los 17 años siendo muy feliz hasta que un día no hizo de comer y el marido le retorció el pescuezo, lo cual no sorprende a Lilus debido al carácter y personalidad de su amiga.

Como nunca deja de hacerse preguntas, busca a otros que le ayuden a resolverlas, por lo que decide hacerse amiga de su vecino, un filósofo con el que platica gracias a la tapia que hay en el patio. Se pregunta porqué decide vivir encerrado como pajarito en lugar de salir al bosque a dar una vuelta y le pesa que se le ocurran tantas cosas que ella después tendrá que aprenderse, como el teorema de Pitágoras y las antinomias euclidianas. Pero aún así sabe que es inteligente y que, si alguien sabe las cosas que se tienen que saber, es él.

Y como parte de crecer es aprender, mandan a Lilus a un convento donde la orientan hacia las grandes verdades de la religión para que sea una jovencita honorable. Ella, muy inteligente, se las aprende: ser paciente, sumisa y digna, sobre todo digna, para el matrimonio. Hasta la preparan para su noche de bodas. Lo más importante, le dijeron que un día iba a crecer y que no podía ser un ropavejero, porque eso estaba mal. De esa manera aprendió lo que estaba “mal visto”, lo que es provechoso y lo que es incorrecto. Por ejemplo, es incorrecto juzgar, sobre todo el adulterio que es tan complicado de entender. Así, sin saber cómo ni porqué, empieza a creer en los signos, a ser devota de la Virgen María y a temerle a Dios.

Lilus Kikus nunca deja de hacerse preguntas y tampoco se conforma con las respuestas que le dan.  Eso la hace aferrarse a lo que cree del mundo y a entender las “grandes verdades” a partir de lo que conoce, de sus experiencias. Es exploradora por naturaleza, y aunque se pregunta qué se siente ser mayor, no quiere dejar de ser niña. Es más, lo ve como una ventaja pues lo prefiere a las vidas aburridas y muchas veces, sin sentido, que llevan los adultos. Yo creo que por eso Lilus es una niña digna de admirarse, pero no es la única. Hay otra que también se enfrenta a la vida con la imaginación como su mayor arma.

Ramona Quimby es una niña de 9 años que sueña despierta, a diferencia de su hermana mayor, Beatrice, que actúa siempre de manera responsable y es “normal”. Juntas protagonizan la serie de libros titulados Ramona y Beezus de la autora Beverly Clearly, en los cuales se inspiraron para crear la película con el mismo nombre, estrenada en 2010 y dirigida por Elizabeth Allen. Aunque son varios tomos los que cuentan la historia de las dos hermanas, desde los cuatro años de Ramona hasta que tiene nueve aproximadamente, la película está basada en el último: Ramona Forever.

Ramona causa problemas en casa y en la escuela. A ella le parece aburrido aprender lo mismo que todos los demás, por lo que inventa sus propias palabras y hace las tareas siempre tratando de volverlas entretenidas y asombrosas, sin embargo, eso no le agrada a su maestra, quien preferiría que simplemente siguiera las reglas. Para su profesora, las exageraciones de Ramona, son simplemente mentiras, para ella, son lo que la distingue de los demás.

Junto con su gato Picky Picky y su amigo Henry, se pasa los días imaginando que el nuevo hueco que tiene su casa, no es una remodelación, sino una plataforma de salto desde donde puede bajar en paracaídas o que el pasamanos de su escuela es en realidad un puente suspendido en un cañón de metros y metros de altura. La única de su familia que la entiende es su tía Bea, porque ella también es divertida y comprensiva, además de hermana menor como ella. Es a la que recurre cuando sus papás le dicen que complica mucho sus vidas o cuando Bezuus, apodo que le puso a su hermana porque no podía pronunciar bien su nombre, se harta de su energía desbordada y de las constantes vergüenzas que la hace pasar.

Ramona además de su gran imaginación, tiene un gran corazón. Al enterarse de que su papá perdió su trabajo y por lo tanto podrían perder la casa, decide poner todos sus esfuerzos en ayudar a su familia. Desde vender limonada hasta lavar coches, intenta de todo, aunque sin éxito. Lamentablemente, su carácter hace que le pasen accidentes, como volcar botes de pintura encima de la camioneta de su primer y último cliente del autolavado, terminando con deudas en lugar de ganancias.

Incluso va al casting para un comercial infantil donde buscan a la próxima princesa del maní, ya que el premio incluye una suma muy grande de dinero además de que quiere probarle a todos que puede ser igual de bonita y especial que el resto de las niñas. Eso también le sale mal, e incluso ocasiona que le corten el pelo horriblemente al ponerse una corona hecha de cardos, que al final, tras una caída desastrosa, se le enreda en el pelo. Sin embargo, nunca abandona sus ganas de ayudar y de mejorar su comportamiento para darle menos problemas a sus papás.

Una de las cosas que le preocupa es encontrar un nuevo trabajo para su papá y aunque le sugiere ser bombero, resulta que su talento es dibujar, cosa que tuvo dejar de lado para poder ganar más dinero. Sin embargo, junto con Ramona, realiza el “dibujo más largo del mundo”, consiguiendo así un trabajo como profesor en su escuela por lo que la casa deja de correr peligro y no tienen que mudarse.  También ayuda a su tía Bea a regresar con el amor de su vida, Hobart, el tío de su amigo Henry y finalmente, habla con su hermana para recordarle qué tan especial es para ella y animarla a confesarle sus sentimientos al chico que le gusta.

Es tan valiente, que nunca deja de ser ella misma. Se enfrenta a todos los comentarios que siempre le hacen por ser “diferente” y a todas las burlas de sus compañeros de clase por su manera de actuar e incluso de vestir. No abandona su manera de ver las cosas, qué, según lo que le dice su papá, hace su vida más pintoresca.  Además, supera las situaciones difíciles sin olvidar lo que le dice su tía: “Recuerda que puedes hacer lo que sea. Eres extraordinaria Ramona”.

Así, extraordinaria, es la historia de estas dos niñas que nos recuerdan que podemos ser exploradoras, pintoras, vendedoras, doctoras, consejeras. Que ser diferentes requiere valentía, así como defender nuestras ideas y ayudar a los que queremos. Que nuestras creencias son decisión propia, ya sea que elijamos creer en brujas, amuletos o incluso en Dios. Los límites se encuentran en nuestra mente, porque la vida puede ser más de lo que vemos, si tan solo tenemos el poder de imaginarlo.