Entre Caos Poético y Textos Perdidos | Feroz Sentir


Por Elizabeth Vázquez Pérez

 La noche se tiende sobre un feroz sentir 
un sentir que no es indiferente  
es un demonio que habita en la comodidad de mi ser,  
fiel durmiente en mi pecho, 
descansa, 
se desplaza con paciencia entre mi cuerpo, 
nubla mi ser, 
aparece cuando no le necesito 
como hiel en la sangre que quiere lastimar.  

Cuando le pienso  se ausenta 
se esconde en el rincón más oscuro de mí 
 es noble.  

Cuerpo y pensamiento 
no se lleva bien con ellos 
es un fiel errante compañero leal. 

Cuando es libre me enamora con sutileza  
me embriaga de maldad 
con su fuego que no cesa 
hasta muy de mañana y 
bebo con agudeza el elixir de su victoria, 
con mis  ilusiones  por debajo de la mesa y 
sobre ella la miel derramada yace con mosquitos  
mientras las flores 
se marchitan suplicando en sus pétalos inmortalidad . 

Me duele el pecho 
quizá porque a ese demonio 
le tengo prisionero la mayor parte del tiempo 
y más cuando le pienso. 
Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.

Puedes encontrarla en:

Con ternura, para ti | «Salir a tomar el sol»

Por María Daniela Ortiz Soriano

Las últimas semanas ha estado lloviendo muy fuerte en la CDMX. En lo personal siempre me gustaba la ciudad en temporada de lluvias: el caos vehicular, las inundaciones, la gente que corría desesperada o se aglomeraba en espacios pequeños eran escenarios que me recordaba lo fácil que es desesperarte con un poco de lluvia. Pero esta temporada fue diferente.

Esta reflexión vino a mi una tarde que veía la lluvia caer desde mi habitación. Sentí como de pronto mi vida se sentía igual que la temporada de lluvias más desastrosa, cada parte de mi mente parecía inundarse con lágrimas que no derramaban mis ojos, y cada pensamiento parecía derrumbarse sobre mi calma. La lluvia causaba caos fuera de mi ventana y también dentro de mí. ¿Les ha pasado?

Los sentimientos comienzan a inundar tu mente y no te dejan pensar con claridad, las nubes grises no dejan pasar la luz y pierdes la noción del tiempo. Te vas a dormir por la noche y al despertar, ves penumbras de nuevo. Pero un día no tan lejano, despiertas y al mirar el cielo ahí está el sol de vuelta. Es un día soleado.

Esa mañana que vi de nuevo el sol colarse entre las cortinas mi mamá me despertó con una peculiar orden: “Sal a tomar el sol.” En automático y sin razonar la orden que me dio, yo la obedecí de inmediato. Me puse mis pantuflas y salí al pequeño patio en mi casa en busca del sol que ya se encontraba calentando un rinconcito del patio, donde mi mamá había acercado unas plantas. Me senté junto a las macetas, justo debajo del rayo del sol y cerré los ojos.

En cuanto sentí el calorcito subir por mi piel, con mis ojos cerrados siendo iluminados por el amarillo del sol, entendí porqué mi mamá me ordenó salir a tomar el sol después de pasar varios días de lluvia y cielos grises. Cada rayito de sol parecía entrar hasta los nubarrones de mi mente y despejarlos poco a poco, la luz entraba de nuevo y sentía en su calor un poco de calma mientras las lágrimas estancadas comenzaban a secarse como la humedad en el patio de mi casa.

“¿Te sientes mejor? Acuérdate que somos como las plantas, necesitamos agua, tierra fértil y sobre todo sol, hija”, me dijo mi mamá mientras se me acercaba con uno de esos jugos verdes que tanto le gusta beber en la mañana.

Entendí hace unos días que las temporadas de lluvias no las podemos evitar. Tarde o temprano nuestros cielos se nublarán y las gotas de lluvia comenzarán a caer. Puede ser divertido al principio, justo como yo veía así la lluvia, pero otras veces es tanta la precipitación que te sentirás inundada por tus pensamientos.

Por suerte son solo eso, “temporadas”, y un día simplemente saldrá el sol. Salir a tomar el sol, como dice mi mamá, es una necesidad para nuestro bienestar. Somos como plantas que necesitan agua para refrescarnos, una tierra fértil para florecer y extender nuestras raíces, y rayos que nos reconforten, que nos de calorcito después de tanto frío, que sequen nuestras lágrimas y nos iluminen los pensamientos.

Busca siempre tus rayitos de sol.

Con ternura, para ti.

Maria Daniela Ortiz Soriano. Egresada de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana de la UNAM, y Técnica Auxiliar Museógrafo Restaurador por la misma institución. Sus áreas de interés son la investigación literaria en el campo de dramaturgia y literatura Mexicana, la escritura creativa, investigación en perspectiva de género y teoría feminista, los programas de divulgación cultural, la Museografía y restauración del acervo histórico de la nación, y la participación activa en montajes escénicos.  

«Escribo porque me gusta vivir y me gustan las mariposas.»

De Margarito Ledesma, Chamacuero y ser un humorista involuntario

Por Fernanda Loé Gómez

Hace unos años, en una librería de viejo, encontré un libro que en ese momento compré por su aspecto y por el precio. Estaba bastante amarillo y costaba $15, perfecto para mi bolsillo de estudiante. Otra cosa que me llamó la atención fue el nombre del autor, por lo que llegué a mi casa directo a buscarlo en internet. La sorpresa más grande me la llevé cuando al hojearlo descubrí que eran poemas que daban risa, pero, sobre todo, que estaban escritos de manera coloquial y divertida. Para mí fue extrañísimo por fin encontrar un libro de poesía que no tenía palabras rebuscadas ni hablaba de sentimientos profundos y sublimes.

Así apareció ante mí la poesía de Margarito Ledesma. Todo, desde la portada del libro, es todo un caso. Abajo del nombre del autor se lee “humorista involuntario”, cosa que a lo largo del libro siempre repite. Inicia con una explicación que habla del autor en tercera persona e indica que los poemas contenidos a continuación, fueron mandados por su creador para ser corregidos por el que escribe esta explicación, el licenciado Leobino Zavala. Hasta ahí todo pareciera normal, pero resulta que Margarito Ledesma es el seudónimo de Leobino Zavala, quien creó todo un personaje para publicar su libro, cosa que mantiene hasta la última página.

Luego sigue un prólogo que pareciera ser escrito por un amigo de Margarito, Melitón Palomares, para recomendar la poesía de su amigo. Cabe recalcar que el supuesto Melitón claramente no es estudioso, puesto que el prólogo está escrito de manera coloquial, y sus motivos para recomendar el libro son simplemente porque son amigos y el autor es buena persona. Después, bajo el título de “Dos palabras”, Margarito agradece la insistencia y el apoyo de sus amigos y compadres para publicar sus poesías, como él les llama, recalcando que no es experto ni estudioso. Por último, antes de iniciar con los poemas, se agrega una dedicatoria al estado de Guanajuato, tierra que vio nacer al poeta y a la que le está profundamente agradecido. 

De esta manera comienza el libro, con la portada y un poema que se titula “Portada” en el que el poeta deja claro que lo que ambiciona es el galardón de llamarse poeta, por lo que no le importan las burlas que puedan surgir a partir de la publicación de su libro.

Y antes de que hable de lleno de los poemas, es necesario hablar de Leobino Zavala. Según su biografía, que consulté en la ELEM, vivió en San Miguel de Allende toda su vida, fue notario público y diputado local y federal. Adoptó el seudónimo de Margarito Ledesma para publicar su único libro, Poesías, editado en varias ocasiones y aumentado con nuevos poemas. En lugar de ser considerado un “poeta popular” se convirtió en un «poeta de culto» a pesar de que la crítica literaria lo ha desdeñado. Entre los que lo apoyaban, se encuentra José Luis Martínez, José Emilio Pacheco y Juan Domingo-Argüelles. Por lo tanto, Margarito y Leobino muchas veces se confunden, puesto que el autor construyó toda una identidad para permitirse ser cronista de sus tiempos y dejar claro que era cercano a todo aquello que retrata en sus poemas.

Y como no podemos conocer al poeta sin conocer su obra, voy a ir mencionando diferentes poemas para ejemplificar los temas que abarca a lo largo de su libro Poesías, del que afortunadamente poseo la edición completa. Primero, y como lo deja claro en su dedicatoria, el poeta le tiene un profundo amor a su tierra natal, Chamacuero, de donde saca todos los recuerdos y vivencias que cuenta en sus poemas. En “Dúo poético” contrasta la triste despedida del momento en el que se va con la dicha cuando regresa, para al final declarar:

Y aquí, con honor sincero,

te juro de buena fe

que nunca te abandonaré,

¡Oh, inolvidable Chamacuero!

Como parte del deseo de dar cuenta de su vida en Chamacuero, Margarito también le dedica algunas de sus poesías al lugar y a sus alrededores, como lo es el rio de La Laja, que, según la descripción propia del poeta, corre a orillas del pueblo. No solo es parte del paisaje, sino de la vida cotidiana, ya que, como Ledesma describe, en él las señoras lavan, las mujeres se bañan, la gente hace tamaladas a sus orillas, es centro de reuniones de amigos y escenario de historias de amor. Y al ser parte de la comunidad, queda plasmado en las poesías.

Pero, sin embargo,

yo no te hago cargo

de tantas maldades,

y en mis soledades,

¡oh, rio murmurante!

sueño delirante

con el alma toda

en hacer mi boda

junto a tus orillas.

Al mismo tiempo Margarito es cronista de sus tiempos, cosa que le da un valor diferente a sus poemas. Uno de los temas de los que habla, demostrando la situación en la que vive, es la política. Mediante una crónica chistosa y descarada, critica los procesos electorales, un ejemplo es su poema “Las elecciones” en el que narra que el día de elecciones, hubo tanto desorden que las urnas, que en realidad eran cajones mal hechos, a fin de cuentas fueron robadas por desconocidos mediante balazos y golpes, cosa bastante familiar para los que vivimos en México. Al final dice:

Y de esos modos tan tristes

se acabó la función.

La verdad, para esos chistes,

mejor que no haya elección.

Tampoco falta la crítica social, en especial a los políticos, que en realidad son personas comunes y corrientes que de pronto consiguen un cargo y a partir de eso se comportan muy diferente con los amigos, los enemigos y hasta entre ellos. Además, claro, de la ventaja monetaria que adquieren a costa de su empleo a pesar del poco trabajo que muchos realizan. Todo esto a mayor y menos escala, como él dice, desde el jefe de la comunidad hasta el señor presidente.

Luego luego se fajan pistola

y se aplastan detrás de una mesa,

y muy serios menean la cabeza

y todo el día se están dando bola.

Una característica de la poesía de Ledesma es que muchos poemas son crónicas de su vida en el pueblo, con los diferentes personajes característicos de ese tipo de comunidades y, sobre todo, de la vida diaria con sus altas, bajas y momentos cómicos. Con su poema “En la fiesta titular del lugar”, nos cuenta a detalle todo lo sucedido en la celebración del pueblo, que, entre alcohol, baile, cuetes y más, desembocó en escenas como la siguiente:

Andaba uno de Celaya

que dicen que a la mera hora

se le perdió la señora

y que todavía no la haya.

Como no sólo es cronista de los otros, también de sus propias vivencias, también se detiene a contarnos sobre su casa, sus amigos y hasta sus perritos. Le escribe varios poemas a cada una de sus mascotas, y en “Mis otros perros” dedica unas palabras para los que han sido sus compañeros y para los que en un futuro espera que sean sus animales de compañía:

Porque si no nos preocupamos de su vida

y no tratamos de tenerlo grato,

nos puede dar un mal rato,

pegándonos una fuerte mordida

o arrancándonos la suela de un zapato.

Por último, a Margarito no le pasó desapercibido un tema tan universal e importante como el amor. Lo que sí es cierto, es que lo retrató a su modo, entre risas, quejas, burlas e incluso, doble sentido. A lo largo de su libro narra muchas situaciones que sufren los enamorados: encuentros prohibidos, el desagrado de las familias, los primeros besos, las habladurías que despierta el romance, las relaciones con diferencia grande de edad e incluso los problemas matrimoniales. Como muestra dejo estos siguientes versos de su poema “¿Por qué te tapas?”:

Al pasar junto a mi lado,

te tapas con el rebozo,

¿Pues qué crees que estoy sarnoso

o que estoy descomulgado?

Pues no tengo nadad de eso,

pues mi defecto mayor

es el tenerte este amor

que sin miedo te confieso.

Si no tienes voluntad,

siquiera de contestarme,

yo creo que no hay necesidad

ni menos de avergonzarme.

Así que con todo esto que he mencionado, creo que además de conocer a Margarito Ledesma, podemos llegar a la conclusión de que hay mucha poesía allá fuera esperando a que la descubramos si nos atrevemos a buscar un poco más allá de los estantes de enfrente. Poemas que nos pueden, además de hacer suspirar, remontarnos a diferentes épocas, enseñarnos rinconcitos del mundo desde los ojos de sus habitantes, contarnos cómo era la vida, compartirnos historias sobre tradiciones y hasta servir como chismógrafo. Tal vez incluso corran con la suerte de encontrarse, como yo, un libro de Margarito Ledesma, amarillento, barato y lleno de polvo, vivencias y risas.

Acerc-Arte | 19 de septiembre

Por Reyna Morales

A la memoria de todos aquellos que partieron de este mundo a causa de estos siniestros naturales.

19 de septiembre de 1985. 7:19 am. En cama, sin pensar en nada más que en la buena noticia de no tener que levantarme temprano porque no había clases en mi escuela. Tenía 11 años y nada de experiencia en desastres naturales.

De pronto, sentí como mi cabeza recargada en la cabecera pegaba contra la pared. Mi mamá, alarmada, entró a la habitación a vernos a mis hermanos y a mí, a levantarnos. «¡Está temblando!» decía mientras nos sacaba en pijama, medio adormilados y nos llevó al patio. No se por qué, pero mi papá siempre tuvo un plan de contingencia. Después de que revisó la casa de lado a lado sin olvidar detalles, nos dejó regresar. De inmediato la televisión encendida para ver que decían los noticieros. Ya estaba Jacobo Zabludowsky reportando desde las calles… Todo era escombro, polvo, confusión… Gente corriendo acá, allá, llevando, trayendo… En la cara de los sobrevivientes de aquella catástrofe se reflejaba el desconcierto, el miedo y el dolor. Y lo que al principio fue desorden y destrucción dio paso a lo que hasta hoy en día nos distingue: la solidaridad. Ante la ausencia de cuerpos de auxilio, la gente se organizó y comenzó la ayuda. Mexicanos rescatando a otros mexicanos. Hace ya 36 años…

19 de septiembre del 2017. 13:14 pm. Jornada laboral. Una interesante plática sobre ética con mi compañero de trabajo. De repente sentí que perdía el equilibrio, me iba a caer, y vi toda la estructura de la tienda de autoservicio balanceándose de un lado a otro. «¡Está temblando!» nos dijimos. Acto seguido y de un salto bajamos la cortina metálica del local que ocupábamos y salimos rápidamente. A nuestro paso, personas nerviosas caminando a la salida, otras buscando un refugio… Dos ancianitas abrazadas, no daban crédito a lo que veían. En el curso de Primeros Auxilios me enseñaron a desalojar con calma y sin detenerse para ponerse a salvo. Que si una persona no permite ser auxiliada debemos dejarla y seguir nuestro camino, tratando de desalojar a todo el que se deje. Otra pareja de ancianitos no permitió dejarse llevar. Ni modo. Hay que seguir el proceso… El Jefe de Seguridad con cara entre miedo e incredulidad, radio en mano y paralizado. Sus ojos como platos y sin atinar a nada. Lo dejamos atrás. Había que ponerse a salvo. Al fin afuera. Arremolinados en el estacionamiento. No podíamos creerlo… Y no era para menos. El movimiento fue violento, fuerte. La estructura del inmueble se tambaleaba. Podía verse como se agitaba. Y ese sonido ¡Dios! Ese sonido, ese crujir que aún no me quito de la cabeza. Todavía escucho ese estruendo cuando cierro los ojos. No puedo olvidar como se movía la tienda, como caía polvo del techo, como se tambaleaban los estantes. Algunas cosas se cayeron. Todo esto lo reconstruyo a partir de mis recuerdos, de lo que queda en mi memoria.

Recuerdo sentirme responsable de mi compañero, por eso traté de mantenerme ecuánime y en mi centro. Era mi prioridad. Verlo asustado me hizo pensar en que debía mantener mi cabeza fría. Por eso no rompí en llanto. Hubiera querido pero no era el momento. Tratamos de controlarnos, de estar pendientes.

Hasta que estuve afuera pensé en mi marido -aunque sé que es inteligente, ágil y que sabría cómo actuar ante un evento así-. Y pensé: «¿y si no tengo la posibilidad de decirle que fue una discusión sin sentido y sin importancia? Que lo amo porque siempre está para mi y que sin él mi vida no sería la misma»… ¡¡¡Sentí tanta culpa!!! Cuando por fin pude escuchar su voz, recobré algo de tranquilidad. Mi otra preocupación era mi flaquita, mi niña. A esas horas aun estaba en la escuela, la cual tiene un plan de contingencia; además de que confío en que sabe que hacer para proteger su integridad. Con todo y eso, busqué la manera de comunicarme con ella. Obviamente las telecomunicaciones se bloqueron momentaneamente. No podía comunicarme con ella. Media hora después supe que ella y su novio estaban bien.

Primeras noticias. Por redes las imágenes iniciales. ¡Increíbles! En Xochimilco sus trajineras soportando el agresivo movimiento de sus aguas. Edificios caídos. Desplomes, explosiones. Gente corriendo, llorando, gritando. Polvo. Humo. Otra vez confusión y caos… Poco a poco todos se fueron organizando para nuevamente empezar el salvamento. Comenzaron los civiles, improvisando, haciendo cadenas humanas. Ciclistas y motociclistas llevando desconocidos. Comenzaron a verse los primeros cascos, los primeros chalecos. No había guantes. Cubetas, palas, lo que se pudiera. Y así, una vez más, los mexicanos empezaron a rescatarse a sí mismos. Quise creer que eran fotos de otras partes, de otras catástrofes, amarillismo vil, pero confirmé mis temores con los primeros reporteros llegando a las áreas del desastre. No otra vez. No otro terremoto. ¿Porqué otra vez mi México lindo y querido?

Una tarde tensa. Triste. La tienda vacía. Pocos clientes. Supongo que todos buscaban abrazar a sus familias.

Conforme pasaban las horas, la gravedad se iba descubriendo… Ahora más gente con cascos, chalecos ¡y por fin: guantes! Inició la llegada de fuerzas como la Marina, el Ejército, la Policía Federal, la Cruz Roja, los Topos; perros entrenados para búsqueda y rescate. Frida se convirtió en emblema donde la gente encontró un poco de alivio entre tanta desgracia. Aunque no fue la única. No olvidemos a Evil, Ecko, Eska, Oporto, Titán, Eros, Gery, Kublay y Gala junto a sus binomios humanos… La gente sentía un poco de alivio porque por fin la fuerza pública vendría al rescate.

El resto de la tarde me dediqué a compartir información por redes sociales. Fotos de personas extraviadas, direcciones de los primeros centros de acopio, lugares siniestrados, mascotas extraviadas o encontradas. Nombres, fotos, todo lo que ayudara a informar. Hubiera querido salir corriendo a ayudar, a hacer acto de presencia y ayudar con mis propias manos, pero bien dicen que mucho ayuda el que no estorba. Mi única herramienta era mi teléfono celular y mis redes sociales para compartir. No se si fue poco o mucho, pero era mi única trinchera.

Llegó la noche. No sólo uniformados, no sólo civiles haciendo labores de búsqueda y rescate. Civiles repartiendo agua. Particulares prestando herramientas, su casa misma si era necesaria. Labores pesadas toda la noche. No pude dormir. Aproveché la madrugada para seguir mi labor informativa (hasta el día de hoy, comparto cosas no solo en mis redes, uso los hashtag como #HastaEncontrarte o #unagarritaporfavor por ejemplo). En casa mi familia humana y gatuna a salvo y durmiendo placenteramente. Yo agradecida con Dios por darme la oportunidad de vivir y de estar juntos. Pero sin llorar. Un nudo me bloqueó. Un nudo que ya conozco y que anteriormente tardé casi 10 años en romper.

Para alguien tan nacionalista como yo, ver derrumbada mi ciudad, mi país en ruinas, fue algo muy doloroso. Pero no pude llorarle. Cada vez las noticias eran más duras, cada vez nacían y morían las esperanzas. Fue ver como se detenía el tiempo, como se mantenía estático.

Después del caos inicial, vino un poco de orden. Ayuda de todos lados. Gente que venía de todos estados. Gente que tenía muy poco, compartiendo con quienes no tenían nada. Fue enternecedor ver llegar jóvenes de todas partes a ver en que podían ayudar. Conmovedor ver jóvenes, casi niños, dedicándose a organizar, a transportar, a clasificar. Algunos eran buenos para cargar, otros para acomodar, otros para administrar, otros para compartir información. La gente volcada en los autoservicios para adquirir víveres para compartir. Me impactó ver anaqueles semivacíos, carritos llenos de latas, desabasto de agua potable, y no por acaparamiento, sino por ayudar…

Fue sorprendente ver, como ya lo había mencionado antes, tanta gente joven, tantos millenials, a quienes recriminamos por su falta de interés, por su indiferencia, su inactividad y su falta de compromiso. Los creemos egoístas y apáticos ante todo. Pero ese día, nos dejaron con la boca abierta. Prácticamente todos se lanzaron a las calles a ayudar, a crear centros de acopio, a ir a los lugares -cercanos y lejanos- dañados por el terremoto, coordinando la logística. Como si siempre hubieran sabido que hacer. A los mayores nos tocó ayudar reactivando la economía… A ellos les toca reconstruir un país. Pero, ¿saben qué? Si esto hubiera sucedido en los 90’s, mi generación hubiera hecho lo mismo. Me tocó una generación de jóvenes cobrando conciencia ya del cambio climático, con una incipiente lucha por los derechos humanos. Una generación con el sueño de la no discriminación, de igualdad, de antirracismo, del bien común. Sólo piensen: nos tocó el fin de la guerra fría, la caída del muro de Berlín, las campañas de Green Peace y Benetton. La caída del Apartheid y de la Perestroika… Crecimos con la idea hippie heredada de «amor y paz». En los 70’s, John Lennon había compuesto la canción «Imagine». En los 80’s y 90’s nos llegó el mensaje… Y los hijos de mi generación supieron interpretarlo y llevarlo a cabo de manera magistral. Me atrevo a decir que estos millenials, hijos de la Generación X, captaron nuestro mensaje. Siempre creí que nuestra lucha, nuestros ideales habían muerto. Ahora veo que no.

Los días han pasado. Hemos pasado de la emergencia a la reconstrucción. Falta mucho todavía. Hay que recargar energías y volver al trabajo, a levantar nuestra gran nación. La consigna sigue en pie más que nunca: «Aquí hemos de fundar nuestra nación […] y grandes cosas habrán de suceder» (Mito mexica de la peregrinación). Sabemos de pérdidas, de dolor, de sufrimiento, de injusticias. Pero si algo distingue a nuestra patria es su tesón, su ingenio y su necesidad de seguir existiendo.

Esto no nos va a derrumbar. Es sólo una prueba más a nuestra fortaleza. Una experiencia más que contar a las siguientes generaciones.

19 de septiembre del 2021. Cuatro años ya. Cuatro años de seguir levantando al país. La misión no ha sido fácil, pero ha sido un ejemplo de que aún en la situación, los mexicanos no sabemos dejarnos caer.

Falta mucho. Desgraciadamente, la corrupción lo empantana todo. Aún así, seguimos de pie. Espero pronto podamos decir «¡Estamos listos pa’ lo que sigue!» Por ahora sólo queda trabajar para el futuro. Vamos avanzando. Y como siempre, nada nos va a detener… Aunque una nueva amenaza nos ronda y pareciera que de pronto nos alcanza y nos supera… Se llama indeferencia e ignorancia, ante el peligro de una pandemia que no da tregua. Tal parece que algunas personas esperan ver ruinas para reaccionar… Pero ese es otro tema del cuál ya tendré oportunidad de abordar.

Mientras tanto sigo en mi trinchera, apoyando, aportando y compartiendo cada vez que sea necesario. Sigo atenta.

«En tanto, mientras exista el mundo no acabarán la gloria y la fama de México Tenochtitlan»

Memorias de Culhuacan

Cambio y fuera.

Conversaciones de madrugada | Punto y coma

Por: Monserrat Chávez

¿Haz contemplado el suicidio cómo forma para eliminar el dolor? Alguna vez, aunque sea un microsegundo ¿lo haz pensado? Millones de jóvenes sí. Otros millones más lo han hecho. Colocar un punto final a la existencia.

Todos los día pienso en ello, en mi etapa más grave, en cómo logré recuperarme y salir de ahí; pienso aún más (cómo una cosa de añoranza) con fechas conmemorativas; cómo lo fue el pasado viernes 10 de septiembre Día Mundial para la Prevención del Suicidio.

Todos los días pienso en los momentos que quise hacerlo, que lo planee, que casi lo intento. Hace dos años pensé en morir, mantuve el pensamiento recurrente durante poco más de un año las veinticuatro horas de los siete días de la semana.

Me hice daño a propósito para hacer más llevadero el dolor; porque me resultaba fácil tolerar el dolor físico que el emocional, ese que no puedes ver, que no puedes señalar. Yo me sentía morir todos los días, moría un poco más cada mañana al despertar y sentir las llamas del infierno a mí alrededor.

A veces me pregunto cómo logré salir de ahí, es un cuestionamiento absurdo porque claro que lo sé, pero ¿y sí no hubiese tenido el valor? La soledad sobre mí, no había palabras que me hiciesen sentir reconfortante, ni libros que me brindasen respuestas.

No había amistades, conocidos, familiares a quien expresar el dolor, llevaba un par de meses en terapia y yo sentía ahogarme aún; una vez más pensé en morir, terminar todo de una vez. Acepté el dolor y lo miserable que me hacía el sitio donde estaba, tenía que intentar otra opción; cómo única oportunidad.

El resto ya los saben. Tomé una consulta con el psiquiatra, tomé medicamentos, sufrí los efectos secundarios. Cambié de terapeuta. Renuncié a lo que no me sumaba, lo que me hacía infeliz. Me di valor para hacer lo que me llenaba el alma. Por primera vez en más de veinte años me puse como prioridad.

Yo sigo aquí gracias a eso. Sigo aquí gracias a que alguien me escuchó, me entendió, supo que decir en el momento adecuado. Aquí estoy gracias a que me pedí perdón, al diálogo interno que me redimió a que coloqué un punto y coma en mi historia.

Pero hay más cómo yo, que no encontraron un ser en este planeta que les escuchara, consolara y ayudara.

Hoy quisiera recordar a quienes el dolor les hizo tomar la decisión de terminar su vida y les pido perdón también. Deseo que ahora se encuentren en un lugar donde no exista la tristeza, el lugar donde siempre quisieron estar.

También hablo [sin mucho derecho] por ellos, para defender su accionar. No lo malinterpretes, me refiero a eliminar los estigmas sociales con los que señalan, culpándolos de todo; porque realmente no quieres morir ¿Quién si?

Abro la conversación para hablar sobre las personas con tendencias suicidas y aclarar que atentar contra nuestra vida no es el objetivo ¿Creen qué no lo intentamos de mil maneras “sanas” posibles? Sin embargo, la cultura social y el escaso acceso médico no permite tomar terapia o medicarse y si lo hacen, no pueden sostener un seguimiento.

Puedo decir [con peligro a equivocarme] que el suicido es una última opción o la vía única que logras ver ante la ceguera que te provoca el dolor ¿te imaginas cuántas heridas puede tener alguien qué elige morir porqué considera que sólo así se terminaría todo? Creo que no todos pueden empatizar con ello.

Para quienes murieron en espera de una vida mejor; que el universo les haya concedido eso y más. Espero que se hayan ido tranquilos y por fin esté descansando en paz.

Para quienes [cómo yo] su estancia en este plano terrenal es un punto y coma; deseo que el universo les haya escuchado, espero que la tranquilidad sea su día a día, que su corazón lata con más fuerza, que las heridas hayan cerrado y su mente, ya no susurre por las madrugadas.

Sólo deseo que, pronto la sociedad esté lista para no sólo hablar de salud mental, también de trastornos y conductas suicidas o suicidio. Que hablemos desde la empatía y no en busca de culpables.

Deseo que pronto alguien en una comida familiar pueda decir “no estoy bien, he pensado en morir, necesito ayuda”, que alguien en una reunión con amigos exprese “llevo semanas sin fuerzas para hacer algo, no puedo concentrarme”, que podamos decir a nosotros mismos “hoy no puedo solo/a, buscaré ayuda”.

Deseo que, principalmente los padres respondan “mi hijo no es flojo por no levantarse, mi hijo está mal y necesita ayuda”, “quiero ver a mi hijo feliz”, “te ayudaré a buscar ayuda”.

Que la empatía hacia los temas que rodean la salud mental, sea nuestra única prioridad en esta sociedad que aún tiene mucho que aprender.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

Entre Caos poético y Textos perdidos | El Libro de Piedra


Por Elizabeth Vázquez Pérez

Como de historia de terror donde la creatividad y el misterio aparece en los sitios menos pensados es como surge esta historia que no fue plasmada en las hojas de un libro cualquiera más bien fue él mismo el protagonista que dio pie a estas magníficas leyendas en voz de quien lo vivió.


Fue por el año de 1993 en una escuela de renombre ubicada en  la Cholula de Rivadavia donde el alumnado se reclutaba para asistir a clases. Yo iba en tercer grado tenía mucho frío y el día amanecía con neblina espesa pues había llovido mucho, se notaba por los enormes charcos en los patios y canchas de básquet Ball algo tétrico para hacer ejercicio y es que ese día a primera hora nos tocaba clase de educación física y nadie tenía ganas.

La noche anterior me había dormido tarde por ver El libro de piedra (una película mexicana del director Carlos Enrique Taboada, 1969) lo que había motivado mi mente para lo que vendría más tarde.


Al pasar los minutos el maestro nos había dado clase la mayor parte de la hora,  nos presionaba para hacerlo obteniendo como premio unos diez minutos de descanso.

Cuando quedamos «libres» nos pusimos de acuerdo para ir al campo de la parte trasera de la escuela donde se rumoraban muchas historias : el panteón oculto debajo de esa tierra ubicada atrás del convento de San Gabriel Arcángel, la piscina vacía llena de utilería escolar, el claustro, el libro de piedra. Recuerdo que mis compañeras de transporte escolar platicaban historias misteriosas más lo que había visto en televisión fomentó la adrenalina de lo desconocido nos taladraba la mente  y en lo máximo posible con tiempo libre fuimos allá.

Campo fútbol Instituto García de Cisneros

Durante el camino platicamos sobre lo que decían los chicos más grandes: «que sí le pegabas al libro en medio se abría y te llevaba el diablo» esas fueron las palabras de un compañero que al ver las caras de todos, carcajeaba con furor.


Me dio miedo tengo que confesarlo sin embargo mi curiosidad me abofeteo para armarme de valor al cruzar todo el campo de fútbol con maleza y polvo hasta llegar al rincón noroeste donde estaba la alberca con bancas viejas, pizarrones, basura, subí la mirada y ahí estaba el libro sumergido en una pared del convento. Una pared de bastantes años que recogía historia y piedras de río como relleno o decoración, el libro era una losa extraña tallada como escultura ahí.


Todos nos quedamos anonadados del esplendor y comenzamos a aventar piedras para abrirlo y saber si era verdad. Ese momento fallamos y regresamos a clase ya que un prefecto nos vio y ya era tarde aparte que diez alumnos sin estar en su pupitre daría señal de preocupación a la maestra de grupo por lo que mandaron a buscarnos sin embargo nuestras ganas no cesaron y volvimos a la hora de recreo que con lunch en mano y la otra con rocas buscábamos tino sin lograr nada, al menos no lo fue estando yo ahí ya que tuve que dejarlos.


Cuando llegue al salón la maestra se preguntaba el motivo sin ninguna respuesta hasta unos minutos más tarde donde llegaron todos excepto una chica que decían estaba desmallada en la enfermería.

Sin duda algo había pasado y al preguntar un compañero platicó lo sucedido:

«el libro se había abierto para esa chica saliendo humo rojo por debajo de sus pies donde la alberca como alfombra fungía para ser devorada por el diablo…»

Quedamos asombrados hasta ver llegar a la chica toda pálida aparentemente en shock.
No podíamos creer que en verdad hubiera pasado eso y como santo Tomás «hasta no ver no creer» fui con un grupo reducido al lugar un día después y atiné darle en medio. Esperé un momento para tratar de tener fuerzas en el contexto que sabría que pasaría pero no llegó y nos dimos por vencidos. El drama no surgió y se plasmó una historia propia, la que contaron los compañeros con una incógnita por saber si sucedió. Tacharon de dramática a la chica y al que lo contó creo gozó del temor que nos provocó al hacer una leyenda que de generación en generación ha sido contada en el Cisneros con mucha imaginación .


No cabe duda que los libros se abren para contar historias y el libro de piedra se  envuelve en su propia magia en el misterio que las personas le proporcionan al contarla y el  poder que tiene la escultura en la sugestión.

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.

Puedes encontrarla en:

Historias de alacenas, vitrinas y macetas I La Niña que se convirtió en ballena.

Por Arizbell Morel Díaz.

Èrase una vez una niña.
Èrase una vez dos.
Y luego tres…

Tic, toc, tic, toc resonaba en toda la habitación. Beatriz sabía lo que aquello significaba: un nuevo día estaba por comenzar. Con sus cortos cabellos y medias demasiado largas para su edad, la niña recorrió el pasillo de la gran casa que albergaba a penas un par de corazones en su interior. 

Despertar, caminar, despertar, continuar…

Así comenzaba cada uno de sus días, viviendo dentro de un gran reloj de pared en la incansable Casa del Señor que no se dejaba ver pero que se podía oler. Beatriz, que no veía a través de sus ojos lo intuía, ella era muy sabia para detectar estas cosas. 

Ella llevaba el mundo por dentro. Con a penas catorce años sabía que la vida era así de la misma manera en la que conocía el aroma de las flores que nunca había visto y que el cielo no podía ser azul. Ella vivía en un mundo lleno de gatos y peces de altamar que se asomaban por su ventana al despertar. 

Pero su lugar favorito de aquella casona era el sanitario, es decir, el baño. Limpio a los ojos pero lleno de texturas a sus manos, Bea pasaba días enteros recorriendo sus superficies, imaginando universos dentro de la blancura de aquellas tejas inconexas de la realidad. Este era su lugar seguro. 

Hasta que…

Bueno, hasta que todo se acabó. Las últimas hojas del verano, las primeras del otoño se encontraban en su ventana esa mañana. En las macetas, dos colibríes pululaban cantando como solo ellos saben hacer y solo Bea sabe escuchar. 

Aunque esa mañana Bea no les prestaba atención, pues estaba absorta en descifrar lo que las enredaderas querían decirle. Peros sus voces se escuchaban cada vez más tenues, desdibujándose como su color en esa transición de estación. Las hojas que eran verdes que se convertían en amarillas le susurraban secretos indescifrables a sus manos. 

Pero de algo estaba segura, las cosas no podían quedarse igual. 

Hoy, sería diferente. Hoy su vida cambiaría para siempre. Y eso era bueno, porque llevaba años con el mismo ritmo de siempre que aletargaba sus pasos un poco más  cada vez. El tiempo para ella no terminaba de pasar, era tan largo como el camino de las manecillas sobre la superficie lisa y redonda del reloj colgado como si fuera la luna sin tajos afuera de su habitación. 

En realidad, Bea ya sabía que las cosas iban a transformarse desde hace un par de días, lo podía sentir en sus entrañas, como tornaba el palpitar de su vida. 

Todo comenzó por un queso, un queso apestoso y azul. 

Un queso que había sido su alimento en estos sus últimos meses desde que el refrigerador quedó vacío salvo por innumerables pedazos de lunas de Marte en cada sección, apiladas como abejas en un panal de plástico y metal. 

Como Bea no podía salir de la Casa del Señor, comenzó a alimentarse con estos pedazos de vida espacial que parecían nunca terminarse, renovados cada vez que abría la puerta del congelador. 

Aunque no le gustaban, no había más opción. Ni las lágrimas saladas lograban cambiarles el sabor. 

No, en realidad el cambio no empezó con las hojas amarillentas, amarillescas de su ventana que daba al portón. 

Conforme comía el queso, Bea fue testigo del nacer de una voz que la llamaba desde las lejanías de su interior. 

Bea, Bea lavándose las manos escuchaba la serendipia buscarla, acercarse a ella desde los rincones casi polvorientos de su casa. 

Bea, Bea, serás ballena. 

Entre sueños y carcajadas resonaba en todo el edificio. Aunque a Bea no le preocupaba su destino, le inquietaba la posibilidad de que Èl se despertara por el ruido. Malhumorado, dispuesto a romper el reloj. 

Pero la voz jugaba con ella escondiéndose y mutando para que solo ella fuera quien la escuchara. 

Ella en la soledad de sus días de queso, ventanas casi cerradas y medias sudadas por transitar aquel pasillo interminable. 

Ese día, la mañana de las hojas tornasoles burlándose de ella al cantarle en muchos idiomas que eran a la vez ninguno, la llamada del destino creció tanto que los muebles crujían con su nombre Bea, Bea, Bea…se escuchaba retumbar en las maderas. 

Así que antes del desayuno, Bea decidió que tenía que saber el lugar del que provenía aquella voz suplicante. Darle alivio para poder vivir en paz. Entonces, la niña se paró de la mesa, dejó de comer el queso azul de cada mañana de esa semana y comenzó a caminar por la casona buscando los ecos que demandaban su atención. 

No fue difícil dar con su origen, Bea sabía que aquella melodía podía provenir solamente de su lugar preferido. Ella se dirigió al baño y en la tina escucho un triz, suave pero firme que la confrontaba con su reflejo en aquella agua caliente y transparente que la veía de frente. 

Por fin Bea, sería Beatriz

Con cuidado, se quitó sus medias tejidas por la abuela antes de que Èl llegara para quedarse y se acercó al pequeño lago artificial al centro de la habitación. 

Tocó el agua con una de sus manos, le gustó la textura y lo decidió. 

Beatriz se lanzó en picada a la bañera y se convirtió en ballena una vez más. 

Continuará…

Arizbell Morel Díaz.

Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” en el ciclo 2021-2022 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). 

Actualmente dirige “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart, Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla con la compañía La Crisálida

Ha escrito narrativa y ensayo. Entre sus textos publicados por La Coyolxauhqui se encuentran “Bitácora de una planta en resistencia” (2020), “Tetera conoce a cafetera” (2021)  y “Barista” (2021).

Piezas de un alma simple

Por: Alondra Grande

Sin mirar atrás

Sin saber del bien y el mal te adentraste en el mundo

 Saltando sin paracaídas hasta la costa de la perdición.

 Eras muy joven para entenderlo y, creíste que eso era amor.

Ahora las lágrimas marcan un camino

Del mar de tus ojos se arrojan al vacío

 Siendo borradas antes de tu mejilla besar.

En los días oscuros brilla tu rota sonrisa

Como faro ardiente que congela al tormentoso mar  

¿Cómo le explicas al ciego el color amarillo?

 ¿Cómo le haces entender a quien ama que la culpa no es de la flor?

Eras apenas una niña que dejó las muñecas, obligada a no decidir

 Juez y parte de tu destino viste como el velo cubría tu faz,

Escupida con furia por el cruel mundo real.

Y, aun así, después de todo, sonríes:

Dulce guerrera, amazona del mundo, mujer sin igual.  

Haces de tu dolor una experiencia,

Con la cabeza en alto nunca miras atrás.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 21 años de edad, estudianta de psicología, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

Sobre el amor

por Karen Delgado

Quiero mencionar, por más ruidoso que parezca, que este texto no es una justificación con la que busque dar a entender que deben considerar renunciar al feminismo, cortar sus amistades, de no cuestionarse y de no tener ganas de evolucionar dentro del movimiento. Creo que todo esto que nos ha acercado como mujeres dentro de la colectividad e inmediatez física (ahora virtual) nos ayuda muchísimo a crecer y se lo debemos de sobra a las mujeres que han estado antes de nosotras, a las que recién comienzan y con las que compartimos ideales. Es normal caer en vicios, en solo querer teorizar o ni siquiera hacerlo o peor, politizar sin haber conceptualizado. Todo lo que voy a decir, lo hago desde lo que me nace y me hace sentir bien.
Cuando entré al feminismo, sentía que iba a ser de alguna forma, la solución para dejar de sentir que había un problema en mí. Y así lo fue, cuando me di cuenta de que estaba teniendo vivencias muy similares con mujeres de mi edad, más jóvenes y profundicé en las lecturas es que sentí que estaba en un lugar en el que estaba segura. Conocí los valores horizontales de lo que refiere la amistad y el amor entre mujeres, la verdad era un mundo totalmente nuevo en el que ya habíamos destruido esa idea de competencia y del no cuidado hacia la otra. Avancé, destruí un montón de creencias y paradigmas, me sentía tan identificada, tenía muchísimas amigas, compartía mucho con mujeres de todas las edades y hasta hoy estoy escribiendo esto en un pedacito de internet donde solo figuran nuestros nombres.
Me identificaba con una rama: la radical. La teoría del feminismo radical me encanta, centré mi tiempo en leerla y me sigue pareciendo muy coherente en esencia, en práctica resultó partirme el lomo. Lloré y sufrí. Igual, creía haberme convencido de que era mi lugar, mi espacio, que ya estaba lista para ese proceso que en algún momento me llevaría a la plena libertad y a que se pudiera transformar de forma positiva mi vida y la de las mujeres que me rodeaban. Tenía presentes todas las limitantes que en el momento de mi vida tenía: mi condición económica, social, hasta mi edad. Fue cuando más creía en mí como una persona que tenía puestos los ojos hacia el bien colectivo y que podía nutrir mi corazón desde ese punto. Mi falacia más grande hacía mí misma era pensar que el amor a la lucha colectiva sustituiría a el amor sexo afectivo que yo ya no estaba “buscando”. Todo un tema lleno de pasión desmedida.
Y fue cuando llegué al punto en el que la mayoría de las mujeres me hablaban de lo mucho que les caían mal los hombres y ver sus publicaciones donde mencionaban a todos como parte del problema y mil argumentos en contra de todo donde yo también estaba de acuerdo porque ya lo había leído y tenía las bases para decir que SÍ, pero seguían estando relacionadas con ellos de mil formas. Hasta llegué a pensar “chale… creo que fui la única que se creyó ese cuento del separatismo.” A día de hoy no las juzgo, es más, creo que ese fue el principal paso que di para hacerme consciente que estaba ignorando mis propios deseos, no tanto de ser amada (que es redundante decirlo), sino de en realidad querer vivir desde lo que YO quería experimentar, de lo que YO realmente creía que era bueno para mí. Fuera del juicio, de los morales hirientes y de las violencias hacia mis sentimientos que no me hacían sentir validada. Había perdido parte de lo que me hacía humana y no me había dado cuenta.
Recuerdo cuando hice público este deseo, hasta lo publiqué en Facebook, tenía el apoyo hasta de mis conocidas de internet y, otra parte hasta habían tachado mi feminismo como algo falso o que me había puesto un título nada más porque se me hizo cómodo (por respeto al radfem solo me consideraba feminista sin rama). ¿Cómo es que las personas con las que yo había militado tan de cerca hayan pensado en eso, si les había ofrecido respaldo y amistad? Y, puede que así haya sido para sus ojos, pero para mí comenzaba a ser un dogma la forma en la que eso se estaba transformando y yo también lo estaba haciendo hasta que ya no quise más, en vez de darme herramientas de defensa y enfrentamiento a la realidad, me hacía daño y no notaba que yo también lo veía ya como una imposición en mi propia vida cuando era la única persona que se sentía afectada. El feminismo también necesita información precisa, inmediata y de lo que se vive de forma individual, no siempre la académica ni de las vivencias de las otras, son el eje y se comparte, más no mi vida. Entonces, ¿Cómo podía decirle a lo que por tanto tiempo me acogió que ya no me funcionaba para seguir creciendo? Cuando la base era mi propia emancipación, no la de nadie más.
Las personas, en general, tenemos conceptos sobre el amor y sobre todo solo desde lo que conocemos y hemos visto en todos lados. Puedo decir que tengo amor de sobra con las personas que conforman mi familia y mi vínculo cercano, no lo doy por sentado porque también los he construido, tal vez hable de ello en otro texto. Lo que ha sido una lucha interna redefinir esta idea hacia mis relaciones sexo afectivas cuando mi yo antes del feminismo a veces me hace cosquillas y lo teorizado que me hizo querer alejarme por completo del sentir hacía un xy. Mientras había todo un sistema que toda la vida me (nos) había llenado la cabeza con que hasta nuestro dedo chiquito del pie estaba mal y cuando llegamos al feminismo, nos hizo entender que eso solo era lo que nos habían hecho creer para seguir en la sumisión y odiar todo lo que fuera nuestro. Pero, ¿Qué esperar cuando ya se entiende que no hay nada mal en nosotras pero también hay mujeres que acogen, acompañan, pero al mismo tiempo también juzgan nuestro “nivel” de feminismo?
El ego, desde mis nuevos conocimientos, está regido por el miedo, por solo querer estar seguro y que todo sea estable, nada de lo que no conozca también está bien. Y siento que esa renuencia ya era totalmente mi ego, tanto el abrirme a la posibilidad de amar, como de alejarme de la idea de que dentro del feminismo nada me pasaría. Cuando a la primera cosa que alguien me hacía o que yo interpretaba que estaba a punto de hacer algo que me sacara de lo que yo conocía como algo seguro, inmediatamente me salía de esa amistad/relación. Solo estaba huyendo del problema, en vez de hacerme responsable. Ya tenía tan grabado el “vete a la primera que…” y hasta las publicaciones de que “yes, all men”, cuando la solución era muy simple. No siempre tengo la razón, existen los puntos medios. Había entendido mal, algo que realmente era funcional cuando corremos peligro por nuestras vidas, no por problemas que todas las personas atravesamos con otras, algo diferente a la violencia. Creo que ese es el principal problema que atravesamos y no hace mucho tiempo lo entendí y me ha marcado, porque la forma en la que lo aprendí fue dolorosa y me hubiera gustado entenderla antes. ¿Qué era lo que pensaba por amor cuando yo misma estaba alejándome de todo lo que quería?
Aunque ya me sentía más libre de todo eso, una amiga me contó sobre lo que estaba viviendo con su novio, comenzó con una introducción sobre las razones por las que estaba con él y le paré, porque no tenía que darme ninguna explicación ni ningún argumento para decirme de porqué lo eligió a él. Porque yo también lo hice. También justifiqué al compañero que había elegido con personas que no tenían ninguna autoridad sobre mí. Incluso cuando me contaba de sus problemas y de sus idas y venidas, me sentía agradecida de que tuviera la confianza, porque creo que también caemos en el error de molestarnos con ellas, cuando no son el problema, muchas situaciones son transitorias y parte de la vida de cada una.
Creo que tengo visiones más elevadas de lo que es el amor ahora que he renunciado a todo lo que me era conocido antes y de todo lo que conozco ahora. Es más bonito para mí sorprenderme por todo lo que puedo vivir, porque en algún momento lo haré. La persona que he elegido me genera tanto amor con solo saber de su existencia. Amo que exista. El amor va más allá de los ideales y todo lo teórico. Creo que eso es algo que no se ve, es cuestión de conexión, entendimiento, cariño, confianza, diversión, compartir y mucha cosa requeté romántica. Incluso, va más allá de lo que yo hubiera imaginado. El amor me da felicidad.
Quería hablar a grandes rasgos sobre el amor, pero indirectamente terminé contando mi propia emancipación hetero dentro de mi propio feminismo. De igual forma, siento que es una declaración escrita de amor propio. Qué chistoso.


Conversaciones de madrugada | Sólo el presente te salvará

Por Monserrat Chávez

¿Alguna vez haz pensado en tu yo del “pasado”? Ver fotografías o leer textos que te recuerden a tu yo de hace diez, cinco o dos años. Sentir esa sensación recorrer cada milímetro de tu cuerpo, de nostalgia, de extrañeza, pero también de sabiduría y perdón.

Yo pasé muchos años añorando mi “pasado” y lo coloco entre comillas porque llegué a la conclusión de que todo es parte de una misma línea temporal. El tiempo no es lo importante sino las acciones, el estado mental y herramientas que tenemos en ese momento; pero hablaré de ello en otra ocasión.

Mantuve mi cabeza ocupada con sentimientos antiguos que olvidé de darle valor a mi presente y luego caí en una espiral difícil de parar, ¿creerás qué se puso peor? Cuando me pregunté a los 15 años si  los 25 todo iba a mejorar y cuando llegué a los 25 me pregunté de nuevo lo mismo.

Hasta que perdí la fe y me vi envuelta en arrepentimientos, culpas y acciones dañinas para mi cuerpo. Muchas cosas me dolieron durante tanto tiempo que ya no recuerdo con exactitud cuánto duró; estaba cegada y me negaba a ver la importancia de lo que me rodeaba.

Luego llegó lo que me salvó de morir [literalmente] LA TERAPIA (breve paréntesis para compartir que desde niña acudo a terapia, pero la interrumpí en distintos puntos de mi vida hasta que le di la importancia debida cuándo, sí, había tocado fondo).

Aun cuando había decidido comprometerme con la terapia y sanar, seguía diciendo que nada iba a cambiar nunca, que la miseria rondaría junto a mí hasta la eternidad, pero es que yo seguía anhelando lo que ya no existía.

Hasta que las dosis y charlas hicieron su trabajo, me despedí del tiempo inexistente y toqué a la puerta del aquíyahora; me arroparon con calidez y amor, me invitaron a reflexionar para poco a poco vivir como lo merecía.

Luego de poco más de dos años y de constante (mucho) diálogo interno, descubrí algo. Mi yo del aquíyahora es más fuerte, más sabia, más todo lo que quiso ser. He logrado aquellas cosas que hace, incluso, dos años nunca creí tener.

Como [por fin] validar y nombrar mis emociones, colocar límites a quienes me rodean y para mí misma, comunicar con precisión mis sentimientos y todo aquello que me aqueja. Pero también, construir desde cero una opinión/visión/idea de la vida.

Encontré las respuestas a las preguntas nunca antes respondidas.

Cuéntame si te ya te pasó, cuéntame que has aprendido, quiero escucharlo todo.

El dolor ciega. El dolor rompe. El dolor invalida. Pero nunca es para siempre. Termina, ahora lo sé con seguridad. Y aunque se presente en distintas formas y momentos, nunca será el mismo. Aprender a perdonarTE y soltar es la respuesta a tener un aquíyahora reconfortante.

Mírate en tus fotografías de años atrás, en las palabras de tus publicaciones en redes sociales, en las cartas hechas a mano, en tus palabras grabadas en audio. Reconócete como un ser cambiante que se transforma con el tiempo y el espacio.

Reconócete ahora, como un ser que aprendió a sobrellevar sus dificultades y se enfrentó con su niña/o interior. No hay nada más valiente que pedirte perdón y perdonarte, después de eso nada vuelve a hacer igual.

Reconócete también como un ser más sabio, menos ambiguo y más estable. Reconócete como un ser que continúa en el aprendizaje.

Las palabras, acciones y pensamientos hechos en un tiempo ya inexistente no te definen ahora. Reconoce y acepta lo que sentiste en aquel momento. Pero tu aquíyahora no es ese. No eres la misma persona ni sus ademanes.

Deja ir a ese ser en quiebra, pronto llegará el momento de sanar.

Abraza al ser que eres ahora, está aprendiendo a vivir en paz.

Sólo el presente te salvará.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.