por Karen Delgado
Quiero mencionar, por más ruidoso que parezca, que este texto no es una justificación con la que busque dar a entender que deben considerar renunciar al feminismo, cortar sus amistades, de no cuestionarse y de no tener ganas de evolucionar dentro del movimiento. Creo que todo esto que nos ha acercado como mujeres dentro de la colectividad e inmediatez física (ahora virtual) nos ayuda muchísimo a crecer y se lo debemos de sobra a las mujeres que han estado antes de nosotras, a las que recién comienzan y con las que compartimos ideales. Es normal caer en vicios, en solo querer teorizar o ni siquiera hacerlo o peor, politizar sin haber conceptualizado. Todo lo que voy a decir, lo hago desde lo que me nace y me hace sentir bien.
Cuando entré al feminismo, sentía que iba a ser de alguna forma, la solución para dejar de sentir que había un problema en mí. Y así lo fue, cuando me di cuenta de que estaba teniendo vivencias muy similares con mujeres de mi edad, más jóvenes y profundicé en las lecturas es que sentí que estaba en un lugar en el que estaba segura. Conocí los valores horizontales de lo que refiere la amistad y el amor entre mujeres, la verdad era un mundo totalmente nuevo en el que ya habíamos destruido esa idea de competencia y del no cuidado hacia la otra. Avancé, destruí un montón de creencias y paradigmas, me sentía tan identificada, tenía muchísimas amigas, compartía mucho con mujeres de todas las edades y hasta hoy estoy escribiendo esto en un pedacito de internet donde solo figuran nuestros nombres.
Me identificaba con una rama: la radical. La teoría del feminismo radical me encanta, centré mi tiempo en leerla y me sigue pareciendo muy coherente en esencia, en práctica resultó partirme el lomo. Lloré y sufrí. Igual, creía haberme convencido de que era mi lugar, mi espacio, que ya estaba lista para ese proceso que en algún momento me llevaría a la plena libertad y a que se pudiera transformar de forma positiva mi vida y la de las mujeres que me rodeaban. Tenía presentes todas las limitantes que en el momento de mi vida tenía: mi condición económica, social, hasta mi edad. Fue cuando más creía en mí como una persona que tenía puestos los ojos hacia el bien colectivo y que podía nutrir mi corazón desde ese punto. Mi falacia más grande hacía mí misma era pensar que el amor a la lucha colectiva sustituiría a el amor sexo afectivo que yo ya no estaba “buscando”. Todo un tema lleno de pasión desmedida.
Y fue cuando llegué al punto en el que la mayoría de las mujeres me hablaban de lo mucho que les caían mal los hombres y ver sus publicaciones donde mencionaban a todos como parte del problema y mil argumentos en contra de todo donde yo también estaba de acuerdo porque ya lo había leído y tenía las bases para decir que SÍ, pero seguían estando relacionadas con ellos de mil formas. Hasta llegué a pensar “chale… creo que fui la única que se creyó ese cuento del separatismo.” A día de hoy no las juzgo, es más, creo que ese fue el principal paso que di para hacerme consciente que estaba ignorando mis propios deseos, no tanto de ser amada (que es redundante decirlo), sino de en realidad querer vivir desde lo que YO quería experimentar, de lo que YO realmente creía que era bueno para mí. Fuera del juicio, de los morales hirientes y de las violencias hacia mis sentimientos que no me hacían sentir validada. Había perdido parte de lo que me hacía humana y no me había dado cuenta.
Recuerdo cuando hice público este deseo, hasta lo publiqué en Facebook, tenía el apoyo hasta de mis conocidas de internet y, otra parte hasta habían tachado mi feminismo como algo falso o que me había puesto un título nada más porque se me hizo cómodo (por respeto al radfem solo me consideraba feminista sin rama). ¿Cómo es que las personas con las que yo había militado tan de cerca hayan pensado en eso, si les había ofrecido respaldo y amistad? Y, puede que así haya sido para sus ojos, pero para mí comenzaba a ser un dogma la forma en la que eso se estaba transformando y yo también lo estaba haciendo hasta que ya no quise más, en vez de darme herramientas de defensa y enfrentamiento a la realidad, me hacía daño y no notaba que yo también lo veía ya como una imposición en mi propia vida cuando era la única persona que se sentía afectada. El feminismo también necesita información precisa, inmediata y de lo que se vive de forma individual, no siempre la académica ni de las vivencias de las otras, son el eje y se comparte, más no mi vida. Entonces, ¿Cómo podía decirle a lo que por tanto tiempo me acogió que ya no me funcionaba para seguir creciendo? Cuando la base era mi propia emancipación, no la de nadie más.
Las personas, en general, tenemos conceptos sobre el amor y sobre todo solo desde lo que conocemos y hemos visto en todos lados. Puedo decir que tengo amor de sobra con las personas que conforman mi familia y mi vínculo cercano, no lo doy por sentado porque también los he construido, tal vez hable de ello en otro texto. Lo que ha sido una lucha interna redefinir esta idea hacia mis relaciones sexo afectivas cuando mi yo antes del feminismo a veces me hace cosquillas y lo teorizado que me hizo querer alejarme por completo del sentir hacía un xy. Mientras había todo un sistema que toda la vida me (nos) había llenado la cabeza con que hasta nuestro dedo chiquito del pie estaba mal y cuando llegamos al feminismo, nos hizo entender que eso solo era lo que nos habían hecho creer para seguir en la sumisión y odiar todo lo que fuera nuestro. Pero, ¿Qué esperar cuando ya se entiende que no hay nada mal en nosotras pero también hay mujeres que acogen, acompañan, pero al mismo tiempo también juzgan nuestro “nivel” de feminismo?
El ego, desde mis nuevos conocimientos, está regido por el miedo, por solo querer estar seguro y que todo sea estable, nada de lo que no conozca también está bien. Y siento que esa renuencia ya era totalmente mi ego, tanto el abrirme a la posibilidad de amar, como de alejarme de la idea de que dentro del feminismo nada me pasaría. Cuando a la primera cosa que alguien me hacía o que yo interpretaba que estaba a punto de hacer algo que me sacara de lo que yo conocía como algo seguro, inmediatamente me salía de esa amistad/relación. Solo estaba huyendo del problema, en vez de hacerme responsable. Ya tenía tan grabado el “vete a la primera que…” y hasta las publicaciones de que “yes, all men”, cuando la solución era muy simple. No siempre tengo la razón, existen los puntos medios. Había entendido mal, algo que realmente era funcional cuando corremos peligro por nuestras vidas, no por problemas que todas las personas atravesamos con otras, algo diferente a la violencia. Creo que ese es el principal problema que atravesamos y no hace mucho tiempo lo entendí y me ha marcado, porque la forma en la que lo aprendí fue dolorosa y me hubiera gustado entenderla antes. ¿Qué era lo que pensaba por amor cuando yo misma estaba alejándome de todo lo que quería?
Aunque ya me sentía más libre de todo eso, una amiga me contó sobre lo que estaba viviendo con su novio, comenzó con una introducción sobre las razones por las que estaba con él y le paré, porque no tenía que darme ninguna explicación ni ningún argumento para decirme de porqué lo eligió a él. Porque yo también lo hice. También justifiqué al compañero que había elegido con personas que no tenían ninguna autoridad sobre mí. Incluso cuando me contaba de sus problemas y de sus idas y venidas, me sentía agradecida de que tuviera la confianza, porque creo que también caemos en el error de molestarnos con ellas, cuando no son el problema, muchas situaciones son transitorias y parte de la vida de cada una.
Creo que tengo visiones más elevadas de lo que es el amor ahora que he renunciado a todo lo que me era conocido antes y de todo lo que conozco ahora. Es más bonito para mí sorprenderme por todo lo que puedo vivir, porque en algún momento lo haré. La persona que he elegido me genera tanto amor con solo saber de su existencia. Amo que exista. El amor va más allá de los ideales y todo lo teórico. Creo que eso es algo que no se ve, es cuestión de conexión, entendimiento, cariño, confianza, diversión, compartir y mucha cosa requeté romántica. Incluso, va más allá de lo que yo hubiera imaginado. El amor me da felicidad.
Quería hablar a grandes rasgos sobre el amor, pero indirectamente terminé contando mi propia emancipación hetero dentro de mi propio feminismo. De igual forma, siento que es una declaración escrita de amor propio. Qué chistoso.
