Estoy hilvanando frases como “No necesito de vos”,
“No te extraño”,“No me haces falta”.
Pero las deshilvano, rearmo las oraciones.
No puedo no extrañarte. No puedo no necesitarte.
Me haces falta.
Hilvano y deshilvano sentimientos
pero el hilo se corta y vuelvo a empezar.
Es muy difícil comenzar así una costura…
Es como vos decías: “Despacio y con atención
las cosas salen mejor”.
No hay que apurarse. Hilo doble. Puntadas certeras.
No sale bien escribir sin sentimientos.
Hilvano y deshilvano.
Corto el hilo, dejo de coser y sigo soñando
con que alguna vez aparezcas y me abraces
como en mi último cumpleaños.
Como el último segundo en que te dejé
Y prometiste que volverías.
Nunca se sabe cuando será el último abrazo.
Silvia Mabel Vázquez, Profesora de inglés, periodista, escritora. Publicó en antologías (Argentina y España) Editó: Rocío de palabras,“Abraxas”,“Contraluces” y “Aceptalo, tenés 50” – 2017 y 2018- Antología “Los escritores dicen” 2020. Recibió premios y menciones como: Cuna de la Tradición, Círculo de periodistas de Gral,San Martín, 2018, y Best Women´s award, marzo 2019. Publicó en revistas literarias de México, Bolivia, Israel, Miami, y varias localidades de Argentina. Organizadora Feria del libro 2013 y 2014 en San Martín.
Editora revista cultural www.lalupacultural.com.ar 2012 a 2018. Expositora Feria del libro de Buenos Aires 2011 al 2019. Directora cultural UMECEP Buenos Aires, año 2019. Mujer destacada en la cultura 2019 Foro latinoamericano de mujeres, Mar del Plata. Embajadora de paz y de buena voluntad-Alianza internacional de Cultura, arte y humanidad de Marruecos y México. Premio Dorado a la creatividad Alianza marroquí-mexicana de cultura, arte, humanidad y paz- Julio 2021
Por Madelaine BO. La sororidad no es un concepto que se limita a un día al año, es un compromiso que debemos asumir todos los días. Es el apoyo mutuo, la empatía y la solidaridad entre mujeres lo que nos hace fuertes y nos permite avanzarSigue leyendo «SOMOS»
Las labores de limpieza y cuidado del hogar han sido relegadas en su mayoría a las mujeres y es que lo tenemos tan normalizado que se vuelve una carga invisible y constante.
Por Arizbell Morel Díaz. Día soleado a través de un ventanal. Margaritas, no madreselvas, gardenias y lavandas adornan las macetas de una pequeña casa citadina. En medio del crujir del viento sobre las celosías se escuchan algunas notas de una melodía sencilla. Al fondo del cuartoSigue leyendo «Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheas.»
pensé en las espirales que dimos en Polanco, La Condesa, entre piedras de Roma y al borde de Coyoacán, trepando por las paredes del Pedregal
cuando sentimos náuseas en el Centro y nos las pasamos con un trago de veinte pesos, o la vez que nos perdimos por los barrios culturales y por un segundo, aprendimos a hablar chino y a ver los murales de esta vida que se escurre después de cumplir quince años
aún recuerdo los pies adoloridos de una mañana recorriendo Cafetales, para después ir a saludar al Ángel y luego de vuelta en la escuela que sentíamos pequeña, porque lo sabíamos todo
claro, si tejimos una eternidad en seis meses y las dos convergimos por un segundo, antes de que oscureciera y regresáramos a casa, abandonando el esplendor del lago y regresando al castigo del estado que tanto nos aterraba pero que al final era nuestra casa
temporal, por supuesto, jurábamos que sí, que rentaríamos un loft en Insurgentes y que seríamos de esas personas que cuentan los millones desde la ventana de su renta
ahora es difícil creer que las manos de quien te llevó por primera vez a conocer el corazón de una ciudad al final se hayan ido sin dejar nada más
sólo memorias, cascarones de sueños, el boceto de un esqueleto que se esconde en el armario de una chica de veinte que en ese entonces
te veía
y sentía que entendía de qué iba la vida
en medio del frío de esta ciudad que pronto se olvida, recordé que Booksmart abandonó los cines hace años, y era buena pero nunca recaudó mucho
ya no recuerdo bien tu rostro y pasamos tiempo juntas, lo hicimos, pero, ¿fue para tanto?
creo que te quería porque a través de ti me conocía, pero nadie te dice que el sueño adolescente termina
y te fuiste, igual que la novedad de estos recorridos que ya conozco, un espejo de lo que sabía
algo que sucumbe con el tiempo, igual que las películas, la metrópolis
la tonta alegría de caminar juntas por un nuevo día
y la venida de la edad
porque sin excepción, siempre acaba
en soledad.
Marina Areta, (2000, CDMX) estudiante de la UNAM, guionista, profesora de inglés y traductora independiente es firme creyente de las letras como una forma de cambiar el mundo. Durante los últimos dos años ha colaborado en diferentes eventos culturales como ponente, presentadora y difusora, entre ellos las Jornadas Pluriculturales de Mitologías, la Tertulia Multicultural de la ENTS, además de contar con obra publicada en manera digital como el cuento de terror Cabellos, o la pieza poética Eterno diciembre.
Por Madelaine BO. La sororidad no es un concepto que se limita a un día al año, es un compromiso que debemos asumir todos los días. Es el apoyo mutuo, la empatía y la solidaridad entre mujeres lo que nos hace fuertes y nos permite avanzarSigue leyendo «SOMOS»
Las labores de limpieza y cuidado del hogar han sido relegadas en su mayoría a las mujeres y es que lo tenemos tan normalizado que se vuelve una carga invisible y constante.
Por Arizbell Morel Díaz. Día soleado a través de un ventanal. Margaritas, no madreselvas, gardenias y lavandas adornan las macetas de una pequeña casa citadina. En medio del crujir del viento sobre las celosías se escuchan algunas notas de una melodía sencilla. Al fondo del cuartoSigue leyendo «Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheas.»
Voy delirando canciones en tu mirada, por esos recordados caminos de antaño. Voy ebria de los besos pasados, tras el polvo agonizante de lo que fue una sonrisa. Voy riendo lágrimas del ayer, por esta ausencia, inexorablemente presente. Voy soñando tus manos, contactos utópicos para los segundos sedientos de un reloj que ya no vuela. Voy naufragando latidos en esta cama húmeda con mi soledad y tantos espacios perdidos. Voy volcando mis versos en un cuerpo inútil, al que solo le queda la memoria y esta moribunda palabra. Voy bebiendo el veneno de tu huida, en el frasco roto por donde se escapa mi alma. Es ella la que me falta, ahora está contigo.
Helly Raven, Cubana, de 28 años y escritora autodidacta. Graduada de veterinaria. He colaborado en distintos blogs con poemas, relatos y artículos variados; también en una crónica todos los viernes que se publicaba por El País Digital.
Por Madelaine BO. La sororidad no es un concepto que se limita a un día al año, es un compromiso que debemos asumir todos los días. Es el apoyo mutuo, la empatía y la solidaridad entre mujeres lo que nos hace fuertes y nos permite avanzarSigue leyendo «SOMOS»
Las labores de limpieza y cuidado del hogar han sido relegadas en su mayoría a las mujeres y es que lo tenemos tan normalizado que se vuelve una carga invisible y constante.
Por Arizbell Morel Díaz. Día soleado a través de un ventanal. Margaritas, no madreselvas, gardenias y lavandas adornan las macetas de una pequeña casa citadina. En medio del crujir del viento sobre las celosías se escuchan algunas notas de una melodía sencilla. Al fondo del cuartoSigue leyendo «Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheas.»
Te saludo con el cariño inmenso que te tengo. La confianza en ti surge al conocer tu buen corazón de amiga soldaría. Te escribo porque los recuerdos agolpan mi cabeza y no he podido sosegarme.
No me he sentido muy bien en estos días en que el calor de primavera me atosiga por las noches. No me deja dormir, mis pensamientos reptan como pesadas serpientes llenas de vacíos y penas. Desde que recibí aquella carta, ya no fui la misma. La inocencia de esos días se esfumó como sucede con los bellos sueños, se van y no vuelven a repetirse. Esa carta me enseñó, a no confiar en nadie, a cuidarme de algunas personas, porque no todos son lo que parecen ser. Con frecuencia creía que contaba con buenos amigos, así fue por un tiempo. En mi adolescencia mi círculo social se caracterizó por ser afable y divertido. Me agradaba estar rodeada de rostros sonrientes y animados. Pasábamos horas enteras platicando sobre estrambóticos temas. Parecía que el tiempo se tumbaba con desgano a nuestro lado.
Fueron tres años plenos de aprendizajes y alborozo, todo como un licuado de sabores excitantes. Pero, lo que me agradaba más era estar junto a Margarita. Algunas veces, mi prima me acompañaba a la escuela, su fuerte personalidad se volvía el centro de la reunión. Era de carácter desenfadado. Sin ofender a los oyentes decía lo que pensaba. Desenvuelta y franca, sus ideas sobre el mundo nos dejaban pasmados. Más que primas prevalecía entre nosotras la amistad y cierta complicidad. Ella y su hermano Adrián, fueron en ese entonces, los primos ricos que nos visitaban cada mes. En esa época, cuando íbamos de día de campo los adultos nos dejaban libres. Mientras ellos se enfrascaban en comer, platicar y beber pulque o cervezas, en especial mi padre que era alcohólico, él, disfrutaba el momento bebiendo sin medida. No deseo acordarme de sus desfiguros, sólo evoco los maravillosos juegos, subirnos a las copas de los árboles, la ocasión nos hacía volvernos pájaros, tocar las nubes cada vez más, cada vez más arriba.
En alto de los árboles, me gustaba mirar el mundo a través de las ramas, las cosas se movían despacio como peces voladores. Todo parecía ligero, los sonidos se percibían lejos. Sentía el palpitar del árbol como sonrientes quejidos. Margarita y yo como diosas por encima del mundo, tomadas de la mano gozábamos el momento.
Mi prima se fue por un tiempo a estudiar al extranjero, era mayor que yo, por tres años. Cuando regresó de su viaje nos citamos en su casa. Yo tenía dieciséis, ella 19. Nos abrazamos y nos besamos con el ansia de un sediento en pleno desierto. Algo en su mirada me cautivó. Esa noche dormí en sus brazos, me olvidé de todo. Cerré los ojos a la mediocridad de mi familia, a las carencias materiales que me impedían avanzar en mis estudios. Relegué mis temores para otro día, solo me abandoné al sensual goce de los sentidos, como una refinada sibarita. Pero el placer se paga, eso dicen los adultos. Pasar el tiempo, es lo que deseé, sin embargo, mi cuota de dolor llegó con esa carta. Las eventualidades de mi vida me llevaron a lo que soy hoy, una profesionista, soy una mujer libre de ataduras. Margarita se casó en el extranjero, fue infeliz con un hombre que la martirizó por doce años. Recuerdo que me lo presentó, con el rostro arrebolado de alegría. “Es un buen hombre” -me dijo- No sé qué es ser bueno y para qué, pero si para aniquilar a lo más preciado de mi vida. La desapareció, dejó sus restos regados en su casa de España. Me siento fatigada con el ánimo culpable. Pienso que Margarita no podrá acompañarme a las copas de los árboles, pero estoy segura que desde las alturas de una ceiba me observa con cariño. Nadie se dio cuenta y el asesino, se fugó como el viento entre mis manos. En su carta, ella me pedía ayuda, me suplicaba ir por ella, antes de que “su amor”, su “hombre bueno” la desapareciera del mundo.
Me despido de ti querida Julia y deseo recibir tus palabras de paz.
Hasta pronto.
Tu amiga Silvia
María de la Luz Carrillo Romero, Narradora, poeta docente de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado micro relatos en varias antologías. Autora del libro ABCTRAZOS. Promotora cultural en Tecámac, Estado de México.
Por Madelaine BO. La sororidad no es un concepto que se limita a un día al año, es un compromiso que debemos asumir todos los días. Es el apoyo mutuo, la empatía y la solidaridad entre mujeres lo que nos hace fuertes y nos permite avanzarSigue leyendo «SOMOS»
Las labores de limpieza y cuidado del hogar han sido relegadas en su mayoría a las mujeres y es que lo tenemos tan normalizado que se vuelve una carga invisible y constante.
Por Arizbell Morel Díaz. Día soleado a través de un ventanal. Margaritas, no madreselvas, gardenias y lavandas adornan las macetas de una pequeña casa citadina. En medio del crujir del viento sobre las celosías se escuchan algunas notas de una melodía sencilla. Al fondo del cuartoSigue leyendo «Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheas.»
Me llaman bruja sin aquelarre porque me duele la vida y la miseria que reina en estas cuatro paredes de falso despilfarre.
Me duele la existencia y mi falta de hogar, las manos que buscan cortar mi respiración ya no albergan más ni un ápice de protección ¿alguna vez fueron una opción?
Herida sangrante de estas palabras cortas que no le hacen afronta a las monstruosas, conferidas como conjuros de maldiciones, hechizos de podredumbre con la crueldad en todas sus opciones.
Mi magia la percibo extinta, bruja quemada que no vuelve a renacer. Bruja extraviada en laberintos tóxicos, en la ideología del destructor, conjurador de almas oscuras de este reino de dolor.
Me llaman bruja sin aquelarre porque aún no logro revertir este amarre de desilusión y errónea constitución.
Ya no, ya no
NO
No me llaman más, mi esencia se agotó con el viento que se dedica a esparcir mis cenizas una vez que caí de la cornisa.
Por Madelaine BO. La sororidad no es un concepto que se limita a un día al año, es un compromiso que debemos asumir todos los días. Es el apoyo mutuo, la empatía y la solidaridad entre mujeres lo que nos hace fuertes y nos permite avanzarSigue leyendo «SOMOS»
Las labores de limpieza y cuidado del hogar han sido relegadas en su mayoría a las mujeres y es que lo tenemos tan normalizado que se vuelve una carga invisible y constante.
Por Arizbell Morel Díaz. Día soleado a través de un ventanal. Margaritas, no madreselvas, gardenias y lavandas adornan las macetas de una pequeña casa citadina. En medio del crujir del viento sobre las celosías se escuchan algunas notas de una melodía sencilla. Al fondo del cuartoSigue leyendo «Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheas.»
Un tejido accidental de hojas verdes, grises, tostadas, rosadas y anaranjadas une las copas del eucalipto y el mango
Quizá se embriagan unas con el mentolado aroma Tal vez las otras han sido seducidas por la redondez dulce y tropical y durante su encuentro imaginan un fruto que sea capaz de combinarlo todo
Damarys González Sandoval, Poeta y artista plástica, (Caracas, 1973). Estudió en el del Instituto Universitario de Estudios Superiores de Artes Plásticas Armando Reverón. Ha realizado distintos talleres de poesía. Sus poemas figuran en varias antologías colectivas nacionales e internacionales. Ha sido merecedora de algunos premios literarios. Tiene en su haber una decena de poemarios, entre ellos: “Retratos”, “Figura traslúcida” y “Entre el limo y el reflejo, cuerpos de agua”.
Por Madelaine BO. La sororidad no es un concepto que se limita a un día al año, es un compromiso que debemos asumir todos los días. Es el apoyo mutuo, la empatía y la solidaridad entre mujeres lo que nos hace fuertes y nos permite avanzarSigue leyendo «SOMOS»
Las labores de limpieza y cuidado del hogar han sido relegadas en su mayoría a las mujeres y es que lo tenemos tan normalizado que se vuelve una carga invisible y constante.
Por Arizbell Morel Díaz. Día soleado a través de un ventanal. Margaritas, no madreselvas, gardenias y lavandas adornan las macetas de una pequeña casa citadina. En medio del crujir del viento sobre las celosías se escuchan algunas notas de una melodía sencilla. Al fondo del cuartoSigue leyendo «Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheas.»
Llegó la noche y me embargaba la tristeza, y se hizo presente la melancolía, ya no sabia que hacer, pues a mi mente solo llegaban las escenas de aquel día.
Y me puse a escribir y en mi desvelo una lágrima anunciaba su presencia escribí y escribí con desespero los recuerdos tan tristes de su ausencia.
Si, de forma inesperada lo perdí, en el momento más sublime de mis días cómo saber que aquella noche tan feliz a mi alcoba sin él regresaría.
Nunca pensé que aquel amor que era tan mío pudiera irse detrás de una aventura dejando en mi alma este vacío y mi mente colmada de locura.
Quise morir, pensé que ya la vida no tendría sentido para mí, pero busqué las fuerzas en mi lira y hoy me siento lista para vivir.
Había jurado no contar más mis anhelos, no escribir una palabra del amor olvidar los «te amos» y los «te quieros» pero esta noche me llegó la inspiracion.
Y salí a buscar ayuda en otro ser volver a amar, sentirme viva, y de repente encontré mi autoestima, mi renacer ¡Y aquí estoy escribiendo nuevamente!
Teresa Delgado Carmenates, poeta originaria de Cuba.
Por Madelaine BO. La sororidad no es un concepto que se limita a un día al año, es un compromiso que debemos asumir todos los días. Es el apoyo mutuo, la empatía y la solidaridad entre mujeres lo que nos hace fuertes y nos permite avanzarSigue leyendo «SOMOS»
Las labores de limpieza y cuidado del hogar han sido relegadas en su mayoría a las mujeres y es que lo tenemos tan normalizado que se vuelve una carga invisible y constante.
Por Arizbell Morel Díaz. Día soleado a través de un ventanal. Margaritas, no madreselvas, gardenias y lavandas adornan las macetas de una pequeña casa citadina. En medio del crujir del viento sobre las celosías se escuchan algunas notas de una melodía sencilla. Al fondo del cuartoSigue leyendo «Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheas.»
Soy la tercer hija de mis padres. Nací en Tampico Tamaulipas orgullosamente. Desde muy pequeña me recuerdo como un ser altamente creativo, con la necesidad de expresar mis sentimientos de todas las formas. Mi animal favorito es el perro, considero que es el compañero más leal que el humano puede tener.
Por Madelaine BO. La sororidad no es un concepto que se limita a un día al año, es un compromiso que debemos asumir todos los días. Es el apoyo mutuo, la empatía y la solidaridad entre mujeres lo que nos hace fuertes y nos permite avanzarSigue leyendo «SOMOS»
Las labores de limpieza y cuidado del hogar han sido relegadas en su mayoría a las mujeres y es que lo tenemos tan normalizado que se vuelve una carga invisible y constante.
Por Arizbell Morel Díaz. Día soleado a través de un ventanal. Margaritas, no madreselvas, gardenias y lavandas adornan las macetas de una pequeña casa citadina. En medio del crujir del viento sobre las celosías se escuchan algunas notas de una melodía sencilla. Al fondo del cuartoSigue leyendo «Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheas.»
A los 26 Rogelio no podía dejar de pensar en que era una maravilla que el mundo fuera redondo. Por más que le daba vueltas cual globo terráqueo, esta idea no dejaba de rotar en su mente. Era un ser curioso, un joven con ambiciones de comprender a la esfera terrestre un paso a la vez. Ojos cual castañas. Una voz que contenía las profundidades del océano. Un par de manos largas como de pintor. Y una cabeza que giraba con teorías, preceptos y sorpresas. Cuando un pensamiento entraba en ella no había manera de sacarlo hasta que quisiera salir solo. Generalmente sus pensamientos salían marchando, buscando nuevas caminatas por recorrer…
Como sus pensamientos habitaban su cerebro, Rogelio se contagiaba de ellos.
Así, había días en los que quería llegar al fin del mundo caminando. Y otros tantos cuando no quería ni moverse de su sitio. Él era así. Un niño. Por dentro, era un niño que contenía por sí mismo la sabiduría del mundo.
En una de sus noches de desvelo se preguntó cómo podría capturar a una estrella, congelar una luz. Si los planetas y los astros son redondos, tal vez tener una estrella era como sembrar un melón. ¿La tendría que meter al congelador? ¿Cuánto come una estrella? ¿Necesita de un agua lunar especial? ¿Cómo podría comunicarse con ella?
Como las preguntas rondaban su cabeza y le inquietaban las ideas decidió hallar una solución. Él era un hombre de pocas palabras y acciones muy contundentes. Así que pensó: Bueno, finalmente, capturar a una estrella no es cosa fácil ni probable… Entonces, dejó de preocuparse por esta cuestión y volvió a dormir.
Cuando a una realmente le inquieta algo, lo está llamando. De este modo, Rogelio pensaba en su suerte sin saberlo. Cautivar a una estrella, empeñarse a ella, descubrir las cualidades de la luz en la palma de una mano… …era solo cuestión de tiempo.
Una noche de verano algo golpeó a su puerta, lo despertó. Paso a paso se acercó a la puerta…
Y entonces encontró una estrella. Y no supo qué hacer con ella.
Paralizado sobre sus zapatos, Rogelio entrecerró lentamente la puerta. La estrella seguía ahí. No se movía. Y él sí. Entonces la tomó entre sus manos y lo decidió: La adoptó como mascota y la metió en una pecera. Y la estrella lo miraba, aunque no tuviera ojos para hacerlo mientras él la insertaba en su palacio de hielo.
Ella era feliz con ésto. Jamás pensó que pudiera ocurrir. Porque ella se sentía monstruosa. Ya que poseía un secreto.
Uno de sus picos estaba roto. Casi no se notaba, pero lo estaba. Ella lo sabía.
La metió en la pecera de su tortuga muerta, pues aunque no era una estrella de mar, Rogelio no conocía otra forma de cuidarla. La estrella necesitaba comer, así que aprendió a cocinar. La estrella necesitaba que alguien pudiera limpiar su entorno, así que aprendió a hacerlo.
De pronto sus días y sus noches estaban empeñados a su estrella y, los de ella, a él.
Y la estrella le daba electricidad; encendida todo el año. Y la estrella lo acercaba a la felicidad, con sus grandes ojos —que no lo eran— y su pico roto para cualquiera que se acercara (que no fuera él que ya conocía su secreto y lo esperaba). Así comenzaron a vivir, su estrella y él.
Y pasaron los años y las constelaciones. Pasaron la crudeza de las estaciones. Juntos, ella en su pecera, él por fuera, acompañándola.
Un secreto que nadie te dice es que cuando adoptas una estrella, adoptas una eternidad. Así le pasó a Rogelio, quien comenzó a vivir como si una semilla le explotara en el pecho.
Creo que todavía viven él y su estrella. Aún no me los he encontrado. Pero si miras más de cerca, seguro que tú puedes hacerlo. Empeñados mutuamente, compartiendo el mundo y la esfera celeste.
Arizbell Morel Díaz.
Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” en el ciclo 2021-2022 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021).
Actualmente dirige “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida.
Ha escrito narrativa y ensayo. Entre sus textos publicados por La Coyolxauhqui se encuentran “Bitácora de una planta en resistencia” (2020), “Tetera conoce a cafetera”, “Barista”, “La máquina que todo lo escribe” y “El color de tus ojos al ver las hojas caer” (2021).
Quiero ser libre Sin temer que el sol derrita las plumas Que cubren las alas de colores Que esconden la falta de valor.
A los 20’s la vida pesa de maneras que no puedes explicar ¿Cansada de qué? preguntan los mayores, Cansada de la precarización laboral Cansada del insierto porvenir Cansada de tener la certeza de no saber ¿El sacrificio valdrá la pena?
A los 20´s te embriaga el deseo por tenerlo todo Por correr el mundo con los pies descalzos por sentir la arena de la playa Sentir el sol, la luna y los cielos despejados Sentir, la libertad de emocionarte hasta el llanto Sentir, sólo sentir.
A los 20’s eres consiente que la vida no se detiene por nadie Andando sobre la cuerda floja, sin perder el equilibrio Rezando por que la mierda de un mal gobierno -que es como el pasado y semejante a los futuros- No te embarre ni comprometa tu mañana.
A los 20’s corre el tiempo como liquido Como río que no puede ser parado Como rayo de sol atrapado en una botella de vidrio Como caja de zapatos escondida debajo de la cama protegiendo recuerdos y memorias del pasado. Se va el tiempo en el parpadeo de unos ojos enamorados.
A los 20´s te acompaña el deseo por bajar el telón, Apagar las luces Dejar el show, Y sentarse en la butaca como espectadora Ver el mundo en tercera persona.
Que las diosas nos den fuerza, Que las diosas nos permitan seguir Está vida apenas empieza.
Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico. Tengo 21 años de edad, estudianta de psicología, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.