Entre Caos Poético y textos perdidos | Insistir para resistir.


Por Elizabeth Vázquez Pérez


Como sabemos el 8 de marzo se conmemora el día de la mujer y como mujeres lo honramos de múltiples maneras : gritando, cantando, marchando, rayando muros, educando, escribiendo, mostrando al mundo que tenemos voz de alguna manera, porque siempre hay necesidades que cumplir y no juzgar, como en todo; sin embargo lo hacemos tratando de dar nuestra opinión como por ejemplo en redes sociales donde nos sentimos más libres para emitirlos y por lo consiguiente los medios de comunicación lo toman a ventaja para dar la nota mediante una imagen abriendo conversación. En ello me basé para escribir precisamente este texto de opinión sobre varios post publicados el 9 de marzo del 2023 a raíz de los «desastres» de las marchas feministas. Donde se nota a mujeres limpiando, tratando de borrar lo  acontecido, lo escrito, lo juzgado por ellas mismas al emitir en medios de comunicación con periodistas qué les preguntan sobre e trabajo de más que están haciendo al momento  (con sentido muy amarillista) . Me surgen interrogantes :¿En verdad con  borrar se logra mantener en buen estado al monumento?¿ Se debe victimizar a las personas que trabajan limpiando al haber sido enviadas para dicha acción? Me surge la pregunta del por que  siempre se trata de minimizar o aplastar al movimiento usando algo para ennegrecerlo. En realidad piensan que todo cambio surge opinando y viendo sentados tras un aparato sin hacer nada, callando siempre, sin empatía por el dolor de una madre que perdió  a su hija? Por favor. Creo el dolor mismo y la impunidad hacen que el hartazgo provoque a nivel social los pro y contras. En respuesta ,con borrar el mensaje en una pared se cree que se va a callar la protesta de miles de mujeres sufriendo, creyendo que en compadecer a la señora de la limpieza para disfrazar la misoginia que aún se vive en mujeres al atacar se va a tachar la inseguridad como acto reprobatorio y se protege a todos los delincuentes bajo esta opinión pasiva sin exigir, ni alzar la voz. El detonante argumento cotidiano : «no estoy de acuerdo con rayar y destrozar a reliquias del estado, la agresividad, así no se va a cambiar nada»; muy valioso el que se piense así sin embargo creo que ellas cuando exigen también deberían ser  comprendidas. El conocer su pensamiento por el que lo hacen y el para qué es importante. No es vandalismo, es iconoclasia. Recientemente leyendo el libro  «En el tiempo de las mariposas» de Julia Álvarez me vino a la mente sobre las ideologías de cada ser, puesto que aquí en esta lectura trata sobre las rebeldes hermanas Mirabal que teniendo a sus familias formadas entraron a un movimiento para derrocar al gobierno trujillista, tuvieron que morir para ser vistas y que hubiera una revolución en el sentido de cambio; y así ante los ojos del mundo traten de erradicar a partir de ello la violencia contra la mujer cada 25 de noviembre (día naranja).  Ellas Tuvieron miedo al igual que todas las que aportamos algo para alzar la voz, fueron por supuesto quizá criticadas, expuestas, etc.. Pero tiene que haber un algo  para poder exigir Seguridad, respeto? Hasta que nos pase es como vamos a actuar y comprender todo? Dónde está nuestro deber social? No entiendo como puede preocupar el cómo le enseñaras a tus hijos hombres a respetar a una mujer cuando tú como madre condenas a otra por lo que te hace, lo que hacen en las marchas, los qué infinitos. Créeme que el aprendizaje o la incertidumbre no está emitida desde afuera, está en el propio reflejo. Por lo que cada quien bajo la ideología que sea creo es válida sólo hay que tener un poco de más sentido en lo que se piensa, hace y dice. Por el efecto machista qué aun habita en el país y sus derivantes, miedo.

Todos finalmente sentimos miedo sin embargo lo que imposibilita no calla y es por eso que hay que insistir.

https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2023/03/07/marchas-del-8m-que-es-la-iconoclasia-y-cual-es-su-relacion-con-las-manifestantes/: Entre Caos Poético y textos perdidos | Insistir para resistir.

https://fb.watch/jDlChAqiTB/: Entre Caos Poético y textos perdidos | Insistir para resistir.

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Cuenta con un Diplomado de ensayo literario avalado por la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado de Puebla con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo "Solo ellos pueden hacerlo" , relato " Dos por un cuarto de hora", 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista "El Cisne"(poesía) Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI Voluntad
.

Cuenta con un Diplomado de Mediación Lectora , Fomento a la lectura en FCE .(2023). Cuenta con un Club de lectura llamado Lectores A marte, ida y regreso el cual pertenece a Clubes de lectura ciudadanos, FCE.


Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de reto
s

Puedes encontrarla en :

La ausencia

Por © Isa Hdez.

Sus pasos lo llevaban siempre al mismo lugar, y andaba lento y cabizbajo como abstraído en su mundo, el mundo que él necesitaba para descansar. Lo había pensado muchas veces y ya no lo repetía como hacía antes, hace un tiempo, se había quedado callado y nadie conseguía sacarlo de su mutismo. Su nieto lo miraba con fijeza, solo tenía unos meses, pero le transmitía una alegría interior que se le notaba en la mirada, se le humedecían los ojos cada vez que lo contemplaba, se miraban fijo como si se hablaran, a sabiendas de que le quedaba poco tiempo para sentir esa emoción. El bebé, ajeno a la situación, le sonreía como si le correspondiera a su amor entregado y verdadero. Cuando el espacio se quedaba vació, él paseaba por el pasillo, idas y venidas interminables. La luz de su mirada era pálida y mortecina y su esposa lo observaba con disimulo para que él no reparara de lo que ella sufría en silencio. Los dos sabían que el final se acercaba y el dolor sordo se acentuaba, pero se tragaban las lágrimas y se miraban con esperanza marchita temiendo a la ausencia o a que llegara el día de la despedida. Cuando llegó el momento todo transcurrió como tenían previsto, aunque no lo habían hablado, sin aspavientos, plañideras o parafernalias. La paz inundó el aposento, se apagó la luz y reinó el silencio.

IG: isahdez.escritora

Facebook: Isa Hdez.

También te podría interesar:

Holocausto

Por Yuleisy Cruz Lezcano 

Ojos de piedras,
en el corazón ningún efecto,
el hielo se paraliza en las miradas
esculpidas en caras amorfas.
Todavía deambulan
espectros de huesos,
en el invierno de la humanidad
deslizan sus sombras.
Niebla para tapar
el infierno del mundo.
Neblina para no ver
los fantasmas conducidos
bajo cielos que callan
viajes sin regresos.
Se va hacia la tierra de nadie,
donde el llanto de un niño
no sé escucha
y los suspiros de las mujeres
huelen a muerte.
El vacío llega
desde las fronteras del tiempo.
Vidas que aún arden
en gritos que se pierden.
El fuego tapa
las bocas de cenizas
y Shoá es solo un nombre
manchado de sangre.

También te podría gustar

La luna y sus letras: La otra marcha


Fotografía : Silvia Andonegui


Por Cynthia E. Morales García

No. Yo no marcho en la calle. Marcho en grupo de niñas entre 12 y 15 años de edad. Marcho por ellas y con ellas. Marcho cada vez que me paro frente a un grupo de adolescentes y les explico la escalera de la violencia y veo que entramos juntas al infierno de Dante. Seré su Virgilio. Debo hacerlo. Marcho cada vez que escucho que son víctimas de abuso y violación de quien se supone debe cuidarlas y amarlas incondicionalmente. Marcho en el silencio compartido de una infancia desgarrada. Marcho cada vez que descubro su dolor y observo la indiferencia de los otros. Su mirada es un espejo roto. No tienen que decirlo. Sé que para ellas la violencia es territorio conocido. Una de ellas habla. Narra el horror. Su silencio también es un abismo. Marcho. Marcho cuando pongo un ejercicio de escritura creativa y escriben desde el miedo. Marcho cuando empiezan a llorar en medio de la clase y dicen, la de la historia soy yo. Marcho cuando me dicen: solo para que tú lo leas. Marcho cuando lo gritan. Marcho cuando debo ofrecerles los caminos e instituciones para que la violencia contra ellas pare. Marcho porque es el primer paso que dan para poder hablar del tema. Marcho cuando las más pequeñas se sorprenden de saber qué el mundo no es justo. Marcho cuando tengo que decirles que, en su ciudad, en México y en el mundo ser niña no es fácil. Marcho porque te creo. Marcho porque trato de ser tan valiente como tú. Marcho porque confío en ti.

Yo Marcho desde un salón de clases.


Cynthia Morales. Maestra en Humanidades por la Universidad de Monterrey. Diplomado en Creación Literaria por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura 2018. Mediador de Lectura por IBBY Leer México. Tallerista de Escritura Creativa para niños, jóvenes y adultos para el Centro Cultural Loyola de Monterrey. Es una apasionada del arte y la literatura. Adora la naturaleza y los niños. Cuando no lee. Escribe. Actualmente desarrolla programas y contenidos educativos para niñas, niños y adolescentes para empoderarlos desde la igualdad, equidad y el conocimiento de sus derechos.

Tan fuerte como Rayo/ Carmen Asceneth Castañeda

«… Y el universo le dio a la tierra el trueno

para que su voz se escuchara.»

Para Rayo

(Una de tantas)

¡Tanto pesa un par de párpados!

Las campanadas del reloj de la escalera importunaron la inconsciencia de Rayo. Tendida sobre la losa, doblada sobre sí misma. Cada repiqueteo le corre un trago de hiel desde la garganta hasta el pecho. Aprieta muy fuerte los ojos, pero un rictus en sus labios delata su insoportable dolor… que de nada sirve, porque está sola y nadie la ve. Cada hora que escucha es otro puntapié que se aloja feroz contra su cuerpo pequeño de 1.55 m… ÉL, con sus 115 k y sus 1.80 m la ha golpeado otra vez y otra vez se ha ido quién sabe hasta cuándo.

A la décima campanada consiguió abrir los ojos, una mancha roja y espesa fue lo primero que pudo ver, lo único. Apenas consiguió arrastrarse hasta el sillón, pero las fuerzas no le alcanzaron para subirse a él. Un suspiro largo acompañó su esfuerzo. «Todo está bien». Si cada golpe sirve para apaciguar su ira. Si cada grito y cada insulto le devuelven a él la paz… Está bien que castigue su vientre seco, incapaz de concebir, que para eso ella es fuerte.

A contra pared, topa sus hinchada mirada con el retrato de sus dieciséis años. El cabello inocente, el rostro de piel color esperanza, la mirada que no sabe de silencios y castigos.

Su garganta quiere desahogarse un poquito, pero el reloj ya se ha detenido.

Mañana dirá el forense que sus órganos internos estaban deshechos de tanto golpe y que su hígado no hubiera aguantado un trago más, de tantos que bebió para apaciguar las hematomas del alma: tequila, aguardiente, mezcal, lo que fuera. Nadie dirá que escuchó aunque sea un suspiro de su boca.

***

            Nunca más un gemido contenido. El hijo no es dueño de tu vientre. El hombre no es dueño de tu sexo. Ningún dios es dueño de tu destino. GRITA. Que tu queja sea del tamaño del trueno, que su luz sea tan intensa como la del relámpago, que la  voz sea tan potente como la del rayo.

Ehécatl no recibe débiles suspiros de ofrenda para crear huracanes.

Arte: «Misteri cinta»

Autora: Nicky Astria

Piezas de un alma simple

De victima a sobreviviente

Escrito por: Alondra Grande

Sentadas en círuclo figurábamos ser una sola
pisando tan fuerte que el estado temblaba
haciendo cantar a sus sirenas en nuestro honor.

Estando en la intimidad que da la proximidad al mar
nos hicimos hermanas: hermanas de dolor, de lucha,
de noches tratando de resistir contra nuestra cabeza,
de días peleando contra nuestro dolor.

Comenzaste a contar tu historia en pasado,
mostrando heridas que aún dolían recordar.
Yo te miraba de lejos con orgullo,
admirando en silencia la valentía tantuada en cada poro de tu ser.

Estallando en llanto dijiste que, a veces, no querías seguir
¿Cómo continuar en un mundo que tanto te ha lastimado?
En un mundo que te condena apenas se sabe que eres mujer.
Si pudieras ver lo mucho que el mundo necesita del coraje que transpiras
que se convierte en fuego ardiente que quema a todo aquel que te lastimó.

Si pudieras ver cómo tu fuego nos inspira a muchas
sanándonos en silencio o a gritos,
haciéndonos sabe que no estamos solas,
eso en verdad pasó y no fue nuestra culpa
asco, vergüenza y repudio sentirán ellos porque nosotras ya no.

Si pudieras verte como te miramos tantos pares de ojos
en los que tú colocaste las gafas moradas,
juro por las diosas que nada nos deben,
que si pudieras alzarías la cabeza
pregonando que sobreviviste al diablo en persona
y ahora él se arrepiente de haber creado su propia destrucción.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 22 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

Entre Caos Poético y textos perdidos | Lección de amor.


Por Elizabeth Vázquez Pérez

Una cicatriz. 
Una caricia. 
 
El cuerpo aprende, 
reconoce y 
se reivindica, 
merece y allana a lo que siente;
conocerlo es más que viajar 
a través de la vértebra del tiempo 
donde a pesar de lo que por costumbre se añada,
lo que es, 
es lo que él demanda. 

Mi satisfacción es mi cuerpo 
estoy a servicio de él. 

Lizzie v. P. 


Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Tarot-Reader-«La que lee las cartas.»

Por Arizbell Morel Díaz.

Todo comenzó en un viejo callejón, de esos que esconden las grandes urbes del mundo como si de un lunar indeseable se tratara…entre las piedras, en las ranuras de los ladrillos, con una voz agrietada por los años, ella leía las cartas…

Una por una, las volteaba con la lentitud de un reloj de arena…

Veía a la oyente y luego observaba los grabados que conocía de una vida dedicada al contemplar.

Respiraba hondo, sonoramente, con unos pulmones que habían visto mejores días.

Y entonces comenzaba a recitar su cantaleta:

“¡Ah, aquí está la respuesta a tu problema! Como suele suceder, todo se encuentra en el pasado…

(Suspiraba por el esfuerzo, sus cuerdas vocales que contenían un sinfín de carreteras necesitaban un descanso. La audiencia, sin embargo, solo desesperaba. La preocupación por el saber ya no le impresionaba, ni siquiera le angustiaba cumplir con la expectativa de sus lecturas.)

…veo, que todo comenzó con una gran ilusión…

…las historias suelen comenzar con la esperanza…

…pero, al poco tiempo, todo cambió…

…lo conociste…

…en verdad, lo conociste

…creo que tú misma ya sabes la respuesta a tu pregunta!”

(No importaba las veces que dijera esa última frase, no dejaba de ser verdad.)

Acto seguido, la escucha podía llorar, quedarse callada, enfurecerse con la lectora, pero no quedarse indiferente.

Mientras ellas realizaban este acto, Tarot-Reader amasaba sus cartas, las mezclaba con cariño a la luz de sus cuarzos rosados. 

(Casi siempre tardaban unos minutos en volver a preguntar.)

(Casi siempre se trataba de las mismas oraciones: ¿Está segura? ¿Por qué? ¿Cambiará en un futuro?).

(Las respuestas, claro está, solían ser las siguientes: Sí. Mira al pasado, es un patrón que se repite. No. Estoy segura de que no. No, ya lo has preguntado. No es no. Te saco otra carta: La Torre. ¿Una más? El tres de espadas, un corazón roto. ¿Aún no? La última: La muerte.)

Por extraño que parezca, La muerte lograba callarlas. Hay algo indecible en los finales que convoca al silencio.

Y entonces se iban, corrían, evitaban la verdad digerida. Y Tarot-Reader esperaba todo esto.

Era normal, era la rutina.

Entonces entraba la siguiente chica…

Pero un 13 de febrero ocurrió algo distinto.

Ella entró, preguntó como de costumbre y la vidente hizo su predicción.

Violeta enmudeció.

Era un día frío, entonces Tarot-Reader ser sirvió té de jengibre en su taza favorita mientras esperaba.

Después de una eternidad enclaustrada, Violeta salió como una robot del puestito ambulante.

Cuando Tarot-Reader terminaba de guardar sus cartas regresó.

Y preguntó el por qué…

…recibió la respuesta de rutina…

Pero algo que hizo que la bruja quisiera ahondar un poco más…

…así que Violeta sacó otras cartas: Los amantes, La Torre, El Sol y La Fuerza.

Helada, la vidente enmudeció mientras la chica ponía cara de preocupación.

Cuando la niña ya pensaba en volver a retirarse, escuchó que la voz de lo milenario le decía:

“A veces las elecciones traen cambio, conllevan la destrucción de lo conocido. Nos sacuden desde la raíz. Pero no hay nada más productivo para la siembra que la ceniza; entonces, con fortaleza y paciencia se obtiene la felicidad de un nuevo comienzo, de ver brotes florecer donde antes hubo fuego y barbarie.

Feliz Día de San Valentín.”

Arizbell Morel Díaz.

Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” desde el ciclo 2021-2022 al presente (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). Integrante activo de la Comitiva de Encuentros “Apuntes” de la Cátedra Bergman de la UNAM desde 2021. 

Ha dirigido obras como “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida. Actualmente se dedica a la producción y dirección de proyectos teatrales y musicales enfocados en la sustentabilidad, las jóvenes audiencias, la perspectiva de género y las comunidades. 

También es actriz entrenada en verso y asistente de producción. 

Ha escrito narrativa y ensayo. Su primer texto publicado en La Coyol es “Bitácora de una planta en resistencia” (2020). 

Nuestras Sombras/ Carmen Asceneth Castañeda

«Sombra tú
hasta el día de los días»
A. Pizarnick

Son distintas las sombras de sol y las sombras de
luna. Unas son sombras de luz y las otras, sombras
a oscuras. Las unas se extienden altas y ligeras, las
otras se encogen, frágiles y pequeñas.
Caminaron un instante, juntas nuestras sombras,
eran estrellas y farolas las que les daban vista sobre
la banqueta. Sombras las dos, pero una y una. La
tuya, delgada y erguida; menuda y corta, la mía.
Fue una noche a hora temprana en que por un café
habíamos quedado ¿Qué otra cosa pueden las
sombras si no tomar café, conversando? Pero al café
no fuimos, entre los árboles de un parque nos
detuvimos, había iniciando apenas la primavera.
Para encontrarnos puse sobre mi pelo un broche
brillante, para que al verlo, como tu igual me
reconocieras. Tú seguramente trajiste para mí tu
mejor contorno de la temporada. Era la ciudad y
ambos creíamos lo que no era.

¿Unirse pueden las sombras? ¡No! Al momento
desaparecen, se conglomeran y se pierden. Lo
inevitable fue preciso que sucediera.
Tu sombra se metió entonces sola en los andenes
del tren sin despedirse, no sirvieron ya ni estrellas ni
farolas para detenerte. Sólo dejaron en mis pupilas el
engaño de un saco a cuadros vistiendo tu espalda y
el sabor amargo de ninguna palabra.
Las sombras de sol salvaguardan del calor en las
tardes veraniegas: esbeltas, ágiles y altas, van más
rápido. Siempre van, nunca vuelven.
Las sombras de luna atemorizan y guardan
secretos, pequeñas y lentas, se quedan y se filtran
para preñar la tierra.
Las sombras que se van, conocen el mundo desde
arriba, se convierten en humo, en el vapor de las
nubes o en la niebla que besa de madrugada la
tierna yerba.
Las sombras que se quedan, conocen de raíces,
humedades y semillas.
Una busca volando, la otra encuentra, andando.
Menguó la luna, se metió el sol.
No volverá a reflejarse tu sombra junto a la mía.

Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Yule Boy.

Por Arizbell Morel Díaz.
Para Teatro El Milagro.

Liliac sostenía su taza de café con ambas manos mientras contemplaba la mañana por la ventana de su sala. Al frente, el invierno infernal se extendía en todo su esplendor, anunciando otra jornada llena de heladas y un sol tan seco que quemaba los ojos con tan solo abrirlos. En los rincones hasta el polvo se escondía del clima y la llegada de los rayos de un astro que, aunque lejano, no podía más que imponer su dominio en todo aquello que osara moverse. 


A la bruja no le gustaba el invierno. 


A diferencia de su madre, ella aborrecía los festejos de Yule, el reposo constante y las reuniones familiares alrededor de las velas.


Monotonía esperanzada. 
Consuelo de los mortales, pensaba.


Y los medios días son los peores.


Los intermedios entre los festejos que nadie sabe cómo habitar sin importar su afiliación o edad. Todo cerrado, todo esperando el inicio de un nuevo ciclo que se retardaba porque el otro no quería empezar a terminarse. 


Patético y predecible, ilusiones que cuál espejos rotos solo eran fragmentos de una realidad que ya era defectuosa al existir.


Para ser una hechicera joven, Liliac era bastante pesimista. 


Tomó el último sorbo del brebaje amargo, cogió su bufanda roja deshilachada y salió a caminar. 



A veces la gente todavía la miraba por usar un sombrero puntiagudo (aunque estuviera helando). 


Tal vez era eso o su necesidad imperante de destrozar aquellas hojas secas que habían sobrevivido al invierno. 


Ser el caos era la razón de su existencia. 


A lo lejos, armonizando sus pisadas, se escuchaban los maullidos de Spooky, su mascota eventual: un gato color hollín con los bigotes chuecos y la mirada inocente de quién sabe que sus travesuras no serán descubiertas.


Ambas siguieron el trayecto que ya conocían. Y cuando llegaron al mismo lugar, no pudieron evitar decepcionarse.


Un callejón de la vieja Ciudad de los Milagros: los mismos árboles secos y banquetas sucias llenas de puestos de todo aquello que puede existir.


Pero en la ventana de una pequeña cafetería cuyo aroma traspasaba la avenida se encontraba algo distinto: un letrero, carmelita color rojo que anunciaba el cierre de un teatro cercano a causa de las festividades (y posiblemente, del presupuesto.)


Jamás había estado cerca de un teatro, a las brujas no se les permite la entrada a estos lugares.

Pero uno cerrado podía ser una excepción.

Así que decidió aventurarse a conocerlo.


Como Liliac es una bruja moderna, no tenía escoba y tomó el metro.


En el vagón, humeante y repleto como de costumbre, iba pensando qué podía haber dentro de un teatro mientras Spooky se pegaba a sus costillas como un pescuezo se pega al pellejo.



Llegaron y entraron por la ventana.


Todo oscuro y polvoso por dentro, una vieja casona rojiza por fuera.


Ella encendió la luz de una vela.


El teatro por dentro era como una caja torácica: todo el costillar que representaba los andamios envolvía a quien estuviera dentro del escenario. 

Les gustó la sensación y continuaron explorando.



En una esquina Spooky encontró un pedazo de madera vieja, un montón de botones y una escoba.


Para entretenerse, Liliac creó una especie de muñeco de nieve y madera que las miraba.

Te llamaré Yule Boy, dijo la pequeña bruja. 

Y Yule Boy parecía sonreírle a su manera. 



Como era una bruja, Yule Boy se convirtió en el espíritu protector del lugar.


Dicen, que en las noches y en los días de invierno, puede escucharse su risa en los pasillos del teatro; que sus melodías infantiles recorren las escaleras, los baños y por supuesto, el escenario.

Arizbell Morel Díaz.

Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” desde el ciclo 2021-2022 al presente (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). Integrante activo de la Comitiva de Encuentros “Apuntes” de la Cátedra Bergman de la UNAM desde 2021. 

Ha dirigido obras como “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida. Actualmente se dedica a la producción y dirección de proyectos teatrales y musicales enfocados en la sustentabilidad, las jóvenes audiencias, la perspectiva de género y las comunidades. 

También es actriz entrenada en verso y asistente de producción. 

Ha escrito narrativa y ensayo. Su primer texto publicado en La Coyol es “Bitácora de una planta en resistencia” (2020).