Escribir nos libera

Por Aimeé Miranda Montiel

Por años nos han dicho que la escritura es un oficio complicado, que sólo es para unxs cuantxs, para “lxs tocadxs por las Diosas” (o Dioses, pues históricamente, se han publicado más los escritos de los hombres, que los de las mujeres); para escribir algunxs juran que hay que estudiar, pero a lxs que estudian letras, les juran que esa carrera no es para lxs que quieren ser escritorxs, a lxs que vamos a talleres de escritura, nos dicen que escribamos por pasión, por gusto, por amor a las letras, pero que ser publicadxs está cabrón, ¿así que para qué escribimos?, ¿en realidad “valen las horas nalga” que pasamos frente a la computadora o frente a la pluma y el papel para escribir?

No tengo esas respuestas definitivas para esas preguntas, pero lo que hoy quiero decirte, es que hay un sinfín de mitos en torno a la escritura y sobre quién o quiénes deberíamos ejercerla, y sobre todo de qué manera deberíamos o no escribir; pero hoy quiero decirte que: LA ESCRITURA ES TUYA, PORQUE ESCRIBIR LIBERA… y la liberación es un derecho, un instinto que nadie te puede quitar, confiscar o condicionar; así que: ESCRIBE.

Comienza escribiendo para ti, y si lo haces continuamente como devoción a ti mismx, como un espacio sagrado en tu día, como una salvación para reencontrarte con esa parte íntima, genuina, sabia y valiente que vive en ti, estoy segura que muy pronto, encontrarás la forma y medio para compartir tus letras, para que otrxs las leamos y formamos parte de ti.

En esta columna abordaré brevemente algún pensamiento random que me haya llegado esa semana, y de ser posible, también te compartiré algún pequeño texto al que haya podido darle forma durante ese periodo, con la intención de que lo disfrutes y de que también te sirva de inspiración para que ESCRIBAS, PORQUE YA ERES UNX ESCRITORX.

Aquí van las letras de esta semana, es un pequeño verso que le escribí a un personaje en mi vida, que es muy peculiar:

No es sólo un deseo

ya eres todo un gato… ¡miau!

porque sabes esconder tus emociones,

lo bueno, es que sé hacer lectura intuitiva de animales.

Gracias por leerme, te abrazo, sigamos escribiendo, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.

Aimeé Miranda Montiel

@vidadecafeyletras

@viveconmagia_eclecticaheal

Soy una persona mega ecléctica y súper acuario… amo la energía, amooo a los perritxs, todxs me parecen adorables y a todxs les digo “hola bebé” cuando los veo en la calle, obviii mi favorita es Rafaella mi perrhija, amo las plantas, amo leer y escribir desde que era niña, soy una apasionada de las palabras y me encanta echar el chal, amo entrevistar a cualquiera, pues para mí todo ser humanx tiene algo interesante que compartir, pues todxs somos únicxs. Amo la vida, amo mi vida, amo este momento, gracias infinitas por compartirlo conmigo (:

Historias de alacenas, vitrinas y macetas I La lluvia al caer…

Por Arizbell Morel Díaz.

La lluvia al caer…

…hace más que mojarme los pies…

Gota a gota resbala lentamente,

como si tratara de detenerme, 

un instante a pensar:

¿por qué el agua ya no nos ha de alcanzar?

La lluvia al caer…

…todo lo moja, lo tiñe de un nuevo color que no le puede dar ni el sol…

Húmeda, siempre fría,

aunque no sea de día,

de todo se invade, de todo se mira, la lluvia no discrimina.

La lluvia al caer…

…alenta el mundo, abre constante el cielo de nubes multicolor…

Al tráfico para, al metro se cuela, las mochilas invade

de un solo chapuzón, deja sin ton ni son a quien le agrade,

vuelve azulado el mediodía y luminosa la noche sin sombría,

el tiempo se altera, la lluvia tiene su propia melodía.

Arizbell Morel Díaz.

Licenciada con Mención Honorífica en Literatura Dramática y Teatro por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” desde el ciclo 2021-2022 al presente (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). Integrante activo de la Comitiva de Encuentros “Apuntes” de la Cátedra Bergman de la UNAM desde 2021. 

Ha dirigido obras como “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida. Actualmente se dedica a la producción y dirección de proyectos teatrales y musicales enfocados en la sustentabilidad, las jóvenes audiencias, la perspectiva de género y las comunidades. 

También es actriz entrenada en verso y asistente de producción. 

Ha escrito narrativa y ensayo. Su primer texto publicado en La Coyol es “Bitácora de una planta en resistencia” (2020). 

De las amistades intergeneracionales, las etapas de la vida y lo que pesa la edad

Por Fernanda Loé

A pesar de que muchas personas dicen que la edad solamente es un número, pareciera que la cantidad de años que tenemos sirve de credencial para identificarte ante el mundo. La realidad es que pocas personas pasan por alto preguntar la edad en una primera cita, al hacer amigos o incluso al presentarte en algún lugar o círculo nuevo. Y a partir de esa respuesta, un juicio se inserta en los lentes con los que te miran.  

La cuestión de la edad absorbe muchos de mis pensamientos y energía. Cada año que pasa presto más atención a mi edad y a lo que rodea al número eternamente creciente. Nunca como en esta etapa de mi vida me había pesado tanto. En el trabajo me miran a través de ese número, está pegado a mí en todo lo que hago, en cómo se relacionan las personas conmigo, en lo que creen que puedo y quiero hacer, en lo que dan por hecho. Como ya saben cuántos años tengo entonces creen que lo saben todo sobre mí. Pero el gran problema no recae en eso sino en que estoy empezando a creérmelo.

Toda mi vida he convivido con personas más grandes que yo. No tengo primos de mi edad, en mi familia las únicas niñas pequeñas éramos mi hermana y yo, así que crecí siendo una niña rodeada de adultos. Después, conforme fui creciendo empecé a notar que muchos de mis gustos, los programas que veía, la música que escuchaba, los famosos que ubicaba, las cosas de las que hablaba, etc. no coincidían completamente con los temas “acordes a mi edad”.

Gran parte de las amistades que iba formando se daban con personas de diferente edad a la mía. En su mayoría, gente más grande que yo. Recuerdo que gracias a actividades que organizaba para personas de la tercera edad, me hice amiga de un señor de unos 80 años. Era mi vecino, vivía a dos cuadras de mi casa. Nos hicimos amigos porque él solía hacer el periódico de la zona en la que vivo, se dedicaba a juntar noticias, anuncios y fotos para crear una revistita que repartía gratis en la colonia.

Me contaba sobre cómo antes montaban obras de teatro con los niños de los vecinos, organizaban fiestas grandísimas para septiembre y no dejaban pasar año sin hacer posadas. También, de cuáles calles solían estar empedradas, qué vecinos se habían ido a vivir a otros lugares o cuál fue la primera casa que modernizaron en la colonia. Él tenía con quién platicar y yo, mucho interés en todo lo que me contaba. Pensaba ¿quién más va a saber las cosas que él sabe si no logra contárselas a alguien más? Nos hicimos amigos porque él quería ser escuchado y yo, escuchar.

No todas mis amistades han sido mayores. En una clase de piano conocí a un niño de unos 8 o 10 años. Estábamos en el mismo horario así que nos veíamos cada semana. La dinámica de la clase consistía en que en una misma sesión podía haber niños, jóvenes e incluso adultos mayores, siempre y cuando los instrumentos que tocaran no se opacaran entre sí. Cada quién trabajaba en su pieza, pero de vez en cuando todos tocábamos la misma canción.

Un día su mamá tardó muchísimo en pasar a recogerlo. Como yo me quedaba más tiempo, lo observé esperando, sentado debajo de la bugambilia que había en el patio, todo aburrido. Le ofrecí unas galletas y en 40 minutos me contó sobre todas las cosas en el mundo que le gustaban, desde caricaturas hasta comida. Era muy divertido ver que para un niño de 10 años, las prioridades son otras, además me hacía sentir bien que él estuviera en una etapa donde pensaba que el mundo era exactamente como tenía que ser, confiado en que todo funcionaba y funcionaría siempre.

Me gustaba ir a las clases a esa hora porque él aprovechaba para ponerme al día en cuanto a los nuevos programas para niños, películas de superhéroes o videojuegos. Yo le contaba qué se sentía regresarse sola de la escuela, cómo en la preparatoria ya no tenías que usar uniforme y que todas las cosas que decían los profes para asustarte resultaban ser mentira.

Pensándolo con más atención ahora que lo veo a la distancia, agradezco mucho que nuestro profesor de música nunca le diera importancia a la edad. En los ensayos convivía igual con señoras que ya eran abuelas que con niños pequeños. Nadie ponía atención a la diferencia de años que teníamos, todos nos podíamos hacer comentarios, echar porras, preguntar cosas. Había niños más pequeños que yo que ya eran expertos en piano y que tocaban conmigo para ayudarme.  Yo era muy buena leyendo las partituras, por lo que me ponían con señores más grandes que yo, pero que llevaban menos tiempo tocando, para marcarles el ritmo.

Definitivamente las cosas que puedes compartir con alguien van más allá de la edad, así como las habilidades, los talentos, los intereses. En Mi pobre angelito (1990), Kevin, el niño protagonista, le tiene miedo al “hombre de la pala” pero después descubre que solamente es un viejito solitario e incluso terminan siendo amigos. Lo mismo pasa cuando Luke de Modern Family se hace amigo de su vecino de la tercera edad. Los papás están preocupados porque no entienden qué objetivo tiene su amistad. Cuando el señor muere y ellos le tienen que avisar a Luke se dan cuenta de qué profundo cariño y genuino interés tenían uno por el otro.

Matilda y la señorita Miel son amigas antes de convertirse en familia ya que las dos tienen la ilusión de no sentirse solas. La niña es incomprendida por su familia y a la maestra la única familia que le queda es la peor persona que conoce así que, de cierto modo, las dos están huérfanas hasta que se encuentran. Su amistad las lleva a querer compartir la vida.

Otra película que toca el tema de amistades entre personas de edades distintas es Up (2009). La relación entre los protagonistas, Russell y Carl, se desarrolla a lo largo del viaje que emprenden, mismo que cada quién vive desde su personalidad, edad y objetivos. Carl termina por descubrir que la travesía sí fue valiosa por que cumplió su propósito, pero también porque la vivió con Russell como compañía. A partir de ese momento deja de ser un viejito solitario porque Russell y él se convierten en apoyo uno del otro.

Y el último ejemplo que quiero mencionar pertenece a una película que probablemente no es tan conocida como las anteriores, titulada Como un domingo, como la lluvia (2009). En esta película, una chica llamada Eleanor, la cual quiere dedicarse a la música y tiene diferentes problemas personales, llega a trabajar como niñera de Reggie, un chico adolescente perteneciente a una familia muy rica de Nueva York.

Reggie la mayoría del tiempo está solo así que su carácter no es el más sociable ni agradable, por su parte Eleanor está pasando por una desilusión amorosa y necesita conservar ese trabajo. El principal eje de su amistad es que ambos aman la música.  Ella toca la trompeta y él toca el chelo. A pesar de vivir vidas totalmente distintas, de pertenecer a estratos sociales medio lejanos y lo más importante, a pesar de que por sus años de diferencia están en distintas etapas de su vida, los dos de cierta forma buscan su identidad a través de la amistad que desarrollan. 

Y con esa última idea quiero concluir. Gracias a los ejemplos podemos darnos una idea de que las etapas que atravesamos a lo largo de nuestras vidas, si es que es correcto llamarlas etapas, tal vez no funcionan como el mundo nos hace creer. Claro que en la adolescencia queremos experimentar cosas nuevas porque se está definiendo nuestra identidad pero eso no quiere decir que más adelante, cuando seamos adultos hechos y derechos, ya no es posible pasar de nuevo por la incertidumbre de preguntarte quién eres.

Claro que los adultos mayores tienen la seguridad y sabiduría de haber vivido años, sin embargo, ¿no es cierto que cuando somos niños creemos en las cosas como si fueran certeras? A esa edad nos hacemos preguntas y más preguntas para conocer el mundo y las respuestas que obtenemos las tomamos como un trampolín para ir avanzando. Eso implica sabiduría y seguridad.

Me resulta más esperanzador ver la edad como un dato más, como el tipo de sangre o la CURP, porque de esa manera las personas podemos acercarnos unas a otras como individuos únicos que atraviesan experiencias, sentimientos, dudas e incluso pesares relacionados a quiénes son no a cuántos años tienen. Y considerando que ser humano implica estar en constante cambio, enfrentarse a emociones y situaciones desconocidas, sobrevivir duelos, experimentar momentos de inmensa alegría o al contrario, de profundo dolor, deberíamos intentar no construir juicios basados en cuántas veces hemos gritado “feliz año nuevo”.

Piezas de un alma simple

¿Qué se hace con un sueño?

Escrito por: Alondra Grande

Algunas veces cuando se sentía sola iba donde la luna
sentada sobre sus piernas la abrazaba con tal fuerza
que pareciera que su vida dependia de ella.

Pasó tanto tiempo en las sombras que olvidó qué se hace con los sueños. ¿Qué come un sueño? ¿Se comparte con el mundo? ¿Se guarda en el cajón junto con los trozos que recuerdan lo que alguna vez fue? ¿Qué se hace con un sueño al que le han crecido espinas y lo cubre el miedo?

– Ojalá lo supiera -. le responde el cauce del río -. mi único sueño es que mis venas se besesn con el mar. Creo que se abrazan los sueños con ardiente calor, se besan los miedos hasta que duerman mansos en tu regazo.

¿Qué se hace con un sueño aparte de ponerlo en la cima de una montaña inalcanzable? ¿Cómo se construyen los peldaños para llegar a su ser?

– Ojalá lo supiera-. Responde el Ocaso cuyo único sueño es iluminar en la oscuridad -. Sólo sé que cuando mueren es porque uno nuevo nacerá.

– ¿Qué se hace con un sueño? -. Finalmente opina la Mar-. Pues bueno, con la tempestad lijas los miedos igual que las olas raspan las rocas para dar paso a las venas del río. Pones tu sueño en las nubes y luego contruyes con neblinas escalones, serán inestables al principio, pero te permitirán elevarte hasta ser la lluvia que los haga bajar. Después del llanto el sol saldrá y con sus rayos hará crecer sobre tu tierra fértil el sueño que deberás cuidar -. Sin más siguió su curso, yendo y viniendo. Mostrando con su espuma salada cómo siempre se puede volver a empezar.

Entre Caos Poético y Textos Perdidos| Una realidad fuera de sí.


Por Elizabeth Vázquez Pérez



Realidad culinaria es como sugiero al concepto donde una tarde siendo una niña las letras
entraron en mi cuerpo, entre rojo y anaranjado pues el color avivaba mi curiosidad por probar
esa sopa de letras ,con la que formaba mi nombre al revés con una cuchara y quemaba mi
hambre entre reglas ortográficas y puntos suspensivos.
El conjunto de ideas que me transmitía el mundo era algo asombroso pues mostraba el
conocimienro que todo ser humano aprende en la escuela, los libros y no era todo ,puesto
que cuando se une a la idea del mundo exterior con el lenguaje escrito se transforma en
ideas que se prestan fuera de sí y que se pueden leer.
La traducción de esas ideas en mi mente fueron dados desde un diván lector llamado El
principito
, siendo este mi primer libro cuyas hojas me mostraron una parte de lo que al paso
de los años logré descubrir en la “Casa chica” de Mónica Lavin en su capítulo “La Rosa de
Vasconcelos” ,para entender como Antoine de Saint-Exupéry escribió ese libro, el
significado de la rosa y su viaje por el mundo lográndolo plasmar en poesía escrita, leída
despues de muchos años sin ver el fruto de su creación. Una historia de vida similar a la mía
tratando de entender el cómo la misma lectura nos guía a indagar y no quedarse en un mismo
sitio, nos invita a crear
.
La lectura en conjunto nos une en ideas y hace que fluya atravesando el tiempo porque nos
mueve como seres humanos en una realidad que nos alimenta y con sus técnicas muestra
una parte del pensamiento del autor en las personas, dando motivos a los autores creadores
de historias a custodiar la biblioteca de pensamientos que todos tendriamos que descubrir.
En esa capacidad por descubrir , el lector se ve transformado para fabricar su propio
argumento y cuestionarse dentro del mismo escrito, a conversar con el autor y a compartir
con otros la experiencia.
Los círculos de lectura me han dado una gran lección retando al tiempo para leer obras de
variada narrativa y autoras extraordinarias que en nuestro ahora se visibilizan con fuerza para
ser escuchadas, cuyo empoderamiento sirve como muestra para dar señal de existencia y
empatía a un mundo que compartimos desde hace muchos años aunque se nos atraviese la
muerte.
Leer es una gran experiencia, un viaje transformador que nutre al pensamiento. Con la escritura va de la mano sin embargo no siempre se tiene la técnica para relacionar y recopilar todos aquellos pensamientos que nos vienen a diario, se pierden en el limbo de la
cotidianidad.
En la inquietud del saber resulta una realidad fuera de sí, compuesta de manera culinaria por
los ingredientes que nos nutren, con hambre como lector por el manuscrito contenido en las
obras. Sorberlas resulta como la libertad misma de un platillo preferido que se disfruta y que
deseas volver a probar.

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros, facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Cuenta con un Diplomado de ensayo literario avalado por la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado de Puebla con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo "Solo ellos pueden hacerlo" , relato " Dos por un cuarto de hora", 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista "El Cisne"(poesía) Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI Voluntad
.

Cuenta con un Diplomado de Mediación Lectora , Fomento a la lectura en FCE .(2023).Su Club de lectura llamado Lectores A marte, ida y regreso el cual pertenece a Clubes de lectura ciudadanos, FCE.

Piezas de un alma simple

Tiempo

Escrito por: Alondra Grande

Te aferras a algo
Un trozo de canción
Un recuerdo que no pasó
Cualquier fragmento de luz
Que te haga no partir.

Bebes, bailas y lloras
Finges no estar cansada
Finges querer seguir

Pero es cuestión de tiempo
Al final del día contemplarás el cielo
Para sentirte polvo de nada nuevo

Pastillas
Brebajes
Ver pantallas hasta que el sueño te gané
Dormir sin esperar un mañana

¿Qué eres sin la tristeza que cargas?
El pulso te tiembla
Sueñas despierta
Añoras ser tan sonriente
como quien anda sin arrastrar mierda ajena.

Y te prometes entre sollozos cada noche:
Volverán las ganas de reír,
Mañana perderás el miedo a volar
Incluso cuando tus alas se cansen
Incluso cuando el sonido se apague
Todo es cuestión de tiempo.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 23 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

¿Qué significa el Faro para Virginia Woolf?

por Enola Rue

La ficcionalización de los padres de Virginia Woolf en Al Faro se configura como la única posibilidad de reconciliación con ellos y conjuntamente con su pasado. Ahora bien, qué impacto producen las meditaciones internas de los personajes, el manejo del tiempo en la estructura de la novela y el sentido de la confesión de la autora para su liberación personal a través de la creación artística es lo que se propone estudiar Carlota Peón Guerrero con el fin de validar esta propuesta.

Para darnos un panorama, la estructura de la novela se divide en tres partes: “The Window” (la ventana), “Time Passes” (Pasa el tiempo) y “The Lighthouse” (El faro). La primera parte consta de diecinueve capítulos; la segunda, diez; la tercera, trece. Aún cuando la estructura de los capítulos parece ser lineal, varios de ellos transcurren con el fluir psíquico de un personaje que no aparece en el capítulo anterior y nos encontramos en una escena completamente distinta. Peón Guerrero (2004) señala que la determinación del tiempo real u objetivo en la novela no resulta del todo claro, no existen eventos claves que marquen el orden cronológico.

En lo que respecta a los personajes, Virginia Woolf describe a una familia victoriana tradicional que se encuentra de vacaciones en una casa de campo en St. Ives en las Hebrides, cerca de las costas escocesas. Peón Guerrero (2004) señala que la escritora pasó varios años de su niñez con su familia en ese lugar llamado Talland House. En la obra no poseemos más que alusiones al lugar real, típicos de la zona geográfica, como las dunas, el faro, la bahía, la descripción del mar.

En la primera parte conocemos a los primeros personajes. Los señores Ramsay, un matrimonio con ocho hijos de nombres James, Cam, Prue, Nancy, Jasper, Andrew, Mary y Rose. De muchos de ellos sabemos muy poco. En cambio, otros personajes están bien configurados, como Cam y James, quienes acabarían por viajar al faro con su padre diez años después.

No hay que olvidar el personaje principal de Lily Briscoe, la pintora amiga de los Ramsay. Por otro lado, observamos personajes secundarios como Charles Tansley, un estudiante bajo la protección del señor Ramsay; August Carmichael, un filósofo amigo; William Bankes, un botánico viudo que vive en la misma casa de huéspedes que Lily Briscoe; Minta Doyle, una huésped de los Ramsay; Paul Rayley, un joven que coquetea con Minta; la señora McNab, el ama de llaves de los Ramsay; el señor Macalister, el pescador y cuidador del faro que acompaña a los Ramsay en su viaje al faro; entre otros personajes que aparecen a lo largo de la obra (Peón Guerrero, 2004).

El relato empieza con la ilusión de uno de los hijos de los Ramsay, James, de ir al faro. La tensión surge cuando la madre accede, pero el padre se opone por condiciones meteorológicas. La situación aparentemente común esboza una serie de preocupaciones e incertidumbres que desembocan a lo largo de toda la obra. Los eventos o acciones del día solo funcionan como pretextos para desencadenar el fluir psíquico de los personajes. Cabe señalar que la primera parte de la novela abarca un día, irrelevante y sencillo, en la vida de los Ramsay señalando si ir o no ir al faro.

Peón Guerrero (2004) destaca que el tiempo real u objetivo es de diez años, los cuales simbolizan el transcurso del tiempo, la soledad, la destrucción, la muerte y la guerra. Es en “Time Passes” donde el tiempo se constituye como un personaje que va devorando la casa de campo de los Ramsay, la naturaleza va tomando posesión de la casa y aparece un narrador omnisciente que nos relata lo que acontece en la vida de los personajes.

Asimismo, nos revela el deterioro progresivo de la casa de los Ramsay, una descripción meticulosa del paso del tiempo y de la guerra, el devenir de los personajes se sucede con cada grieta que aparece en la casa de campo. Peón Guerrero (2004) manifiesta que “Time passes” podría representar una conexión abstracta e impersonal entre el mundo victoriano de finales de siglo y el “nuevo mundo” de la post-guerra.

En cuanto al espacio objetivo, lo que la obra presenta como lugares comunes, son lugares que aparecen marcados por emociones particulares, los objetos parecen cobrar vida y la perspectiva del narrador se hace a través de ellos. Sin embargo, las meditaciones internas de los personajes se relacionan directamente con el tiempo interno de los mismos, es decir, el fluir psíquico de los personajes rompe con el tiempo objetivo (Peón Guerrero, 2004). De esta manera, Virginia Woolf rompe con la estructura tradicional de la narración, donde las reflexiones o monólogos internos de los personajes no se incorporan bajo ninguna estructura formal. La narrativa se sucede constantemente de lo efímero a lo trascendente, de lo externo a lo interno, de una situación trivial como la pérdida del broche de Minta a reflexiones filosóficas sobre el sentido de la vida, todo acontece a través de asociaciones que no siguen un tiempo lineal.

La trama se desarrolla no desde acciones concretas, sino desde las reflexiones y cuestionamientos que los personajes se plantean frente a estas, es decir, la lucha interna con sus propias ideas frente al mundo que los rodea. En la tercera parte, “The Lighthouse”, el evento superfluo de ir al faro o no, las medidas de las calcetas de James, mirar por la ventana, hablar por teléfono, contemplar una pintura sin terminar; son acontecimientos que, desde su misma cotidianeidad, alumbra las diferentes voces de los personajes. Aquellas son voces que se contradicen, se complementan, se sobreponen, siempre provocando sentimientos de angustia y confusión (Peón Guerrero, 2004).

“Dejé de estar obsesionada con mi madre. Ya no escucho su voz, ya no la veo” declara Woolf en Momentos de vida aludiendo al proceso de reconciliación con sus padres, es decir, la novela le permite hacer las paces con su pasado y es capaz de perdonarlos. Dichos sentimientos de angustia y confusión provocados la redimen del sentimiento de culpabilidad, puede sentirse liberada. El proceso creativo es un diálogo consigo misma. Nos demuestra que al escribir los temores, nos apropiamos de ellos y podremos reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás.

Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Rosado es el atardecer.

Por Arizbell Morel Díaz.

Para mamá…

La delicadeza de un pétalo solamente es comparable a su aroma. 

Al tacto de unos dedos inexpertos, Jacinta repasaba la figura de una rosa anaranjada como el atardecer de esta historia. 

Afuera, la lluvia limpiaba lo rojizo del sol que muere, de la luna naciente al mediodía. 

Afuera, los perros ladraban, los camiones pasaban, las pisadas se escuchaban.

El mundo no dejaba de girar porque ella hubiera descubierto la belleza de las flores casi marchitas. 

Una docena, para ser exactas. 

Todas con su corola besada por el sol, agotada por el trajín que las había llevado por un recorrido citadino para el cual no estaban preparadas. 

Jacinta las quería así, porque se las había regalado su hija. 

Era el Día de las Madres. 

Era mayo, era primavera azul que no espera para gritar por la esperanza de un ciclo mejor al anterior. 

Era amor filial en cada hoja, en cada flor y pistilo. El amor más verdadero, más entrañado en la fisiología humana: es el cariño ligado por la doble hélix del DNA, un caracol sin final, asombroso y diminuto espiral que nos hace por fuera y por dentro. 

Su hija, casi una adolescente, menos que una adulta, había llegado con ellas. Jacinta la vio en el umbral de la puerta, empapada de pies a cabeza, con una sonrisa traviesa en sus ojos y la energía de la juventud nostálgica de sus veintes…

No había dicho nada, muda extendió sus brazos y el silencio se llenó de anaranjado, de perfume rosado en un instante.

Se abrazaron entre las flores y con voz queda, Jacinta escuchó:

Feliz Día de las Madres.

No pienso hablar de lo perfecta que eres. 

No quiero alabar tus acciones o justificar que todo aquello que ha pasado entre nosotras ha sido por amor. 

Pero eres mi mamá, eres una persona, eres una mujer que se entrega con cuerpo y alma a todo lo que hace.

Te quiero.

Y estas flores son para decirte eso. 

Son para ti, mamá.

Arizbell Morel Díaz.

Licenciada en Literatura Dramática y Teatro por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” desde el ciclo 2021-2022 al presente (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). Integrante activo de la Comitiva de Encuentros “Apuntes” de la Cátedra Bergman de la UNAM desde 2021. 

Ha dirigido obras como “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida. Actualmente se dedica a la producción y dirección de proyectos teatrales y musicales enfocados en la sustentabilidad, las jóvenes audiencias, la perspectiva de género y las comunidades. 

También es actriz entrenada en verso y asistente de producción. 

Ha escrito narrativa y ensayo. Su primer texto publicado en La Coyol es “Bitácora de una planta en resistencia” (2020). 

Piezas de un alma simple

Escrito por: Alondra Grande

Sombras

Sombras que esperan en silencio
Entre susurros a plena luz del día
Están conmigo aunque nadie las mira.

Esperan pacientes un descuido de la mente
Vacilantes atacan con sus lenguas punzantes
Crean tormentas y remolinos mentales.

Atrapan en la garganta emociones lacerantes
Pensamientos hirientes que desgarran el vientre
Que tejen telarañas para que no escape.

El aire se sale del pecho
La esperanza abandona todo lo que he hecho
Salir de la cama es un dificil comienzo.

El mundo, agobiante, no se detiene por nadie
Todo parece lejano y ajeno
Nada me pertenence, sólo este cuerpo.

Les pregunto qué quieren
Y las sombras se ríen
Sentadas en silencio puedo verlas reflejadas.

Se muestran en cualquier superficie
No ocultan sus intenciones
No esconden su cara.

Son aquello que no quiero ver de frente
Son heridas guardadas en una valija olvidada
Se encuentran ajenas al tiempo.

Lo que pasó hace 10 años aún se siente nuevo
Aunque sanamos – hay ratos- que vuelven recuerdos
Siento como si no avanzara hasta que me detengo.

Las sombras me abrazan, más no me consumen
Los «estoy bien» que respondo se han vuelto sinceros
Puedo verme de frente al espejo y sonreírle a mi reflejo.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 22 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

De bloqueos mentales, bloqueos lectores y varicela mental

Por Fernanda Loé

Los bloqueos son más contagiosos que la varicela. Por lo menos eso fue lo que aprendí durante los últimos meses del 2022. Puede ser que incluso haya sido más tiempo, no estoy segura. No creo que importe tanto. Por lo menos no es lo que más importa ahorita.

Todo empezó como empiezan muchos de los finales en el mundo. Con excusas. Así mismo abandoné varios hobbies. Un “ya no tengo tiempo libre” seguido de un terrible “¿para qué servía esto?” y coronado con un “en fin ni era tan buena”. Ese último es mi favorito. Muchas de las cosas que hacía por mero gusto, por un impulso de buscar felicidad, por distraerme, acabaron gracias a ese último pretexto.

Así empezó el bloqueo que yo creía era solo un bloqueo lector. Ya no tenía tanto tiempo libre, era necesario dedicarle mi atención a otras cosas, cosas prioritarias, cosas útiles, deberes. Leer en ese momento no era meramente necesario y como no era necesario, podía irlo dejando de lado. Ese hábito horrible de siempre querer ser práctica, de convertir hasta lo que inicia por diversión, en algo útil.

Cuando me di cuenta, ya habían pasado varias semanas, meses. Pero yo seguía diciéndome que era lo necesario en el momento, ya vendría más tiempo. Llegaría de alguna parte, tiempo libre que llegaría volando hacia mí y yo lo tomaría para, por fin, hacer algo solamente por hacerlo, sin preocupaciones, por gusto. Mientras tanto estaba bien no leer. Yo misma me daba permiso.

Tuvieron que pasar meses para que pudiera empezar a atar cabos y me diera cuenta de que eso ya no era solamente un bloqueo lector, creo que ni siquiera un bloqueo mental o creativo. No sé qué era o qué es, porque tampoco sé si ya me recuperé o si sigo virulenta.

El caso es que no estaba leyendo, no estaba escribiendo, ni dibujando, tampoco tocando el piano. Mi cámara estaba polvosa y mi cuaderno, junto con muchos otros materiales de papelería, no se movían de su lugar desde mitad de año.

Ese bloqueo mental se sumó a un bloqueo literal porque mi cuenta estaba fallando y no me permitía acceder para publicar nada en la revista.  Un pretexto más para no dedicarle tiempo a pensar porque al final ese pensar no se iba a transformar en hacer, así que no tenía caso. Hacer es lo que más importa ¿no?

Todo esto lo sabía en el fondo, pero lo ignoraba a propósito. Eso hasta que tratando de pensar en cuáles podrían ser mis propósitos para el 2023 o incluso cuestionándome si debería o no tener propósitos, me dio tristeza pensar que tenía que poner cosas útiles o necesarias.  Me llegó como cachetada una publicación de un cantante que me gusta en la que promociona su nueva canción que tiene las siguientes dos frases las cuales he decido que serán mi mantra para el nuevo año:

  1. Voy a cuidarme menos y a salir más.
  2. Hay que hacer por primera vez lo que no se debe.

La primera la tomo más como cancelar menos salidas, animarme a unirme a más planes, ir a lugares diferentes y en general, salir. Decir más que sí porque la verdad a mí me encanta el no, silencioso, indirecto, dosificado, pero al fin y al cabo, un no.

La número dos es la que abarca la lectura y mil cosas más porque implica hacer cosas que parecieran inútiles, innecesarias o inferiores pero que en realidad me traen algo que sí es valioso, felicidad alegría, entretenimiento, diversión.

También implica que voy a preguntarme cuáles son esas cosas que yo misma me he prohibido o limitado, por creer que no debo hacerlas. No va a ser fácil pero lo veo como una manera de abrir mi mente cosas nuevas.

En fin, este texto está entre mis primeros esfuerzos por salir del bloqueo, escribiendo una cuerda que me jale de a poquito hacia la luz. Además, ayer leí un libro y lo sentí como otro pequeño paso. Así, de a poco, espero agarrar impulso de nuevo, recordando que no incluí en mis propósitos de 2023 un número de lecturas en específico o de artículos que quiero publicar, solamente incluí  “pasarla bien”.