Vaciar una montaña

Por G. Samia Badillo Gámez

En el verano de 2017 Natalia Gonzalez Gottdiener y yo fuimos a visitar a uno de nuestros profesores más queridos de la carrera de letras: Federico Álvarez. Un año después Fede moriría, pero esa tarde nosotras no lo sabíamos, y lo escuchamos hablar, con emoción y durante horas, sobre la palabra y la vida.

En ese encuentro, Fede me regaló el libro Vaciar una montaña, que reúne algunas de las glosas de “textos que han escrito otros” y que publicó en una columna en un periodico de circulación nacional, de 1998 a 2006.

El acto de vaciar una montaña me remite a lo que hacemos cuando nos acercamos a escribir: creamos dentro nuestro un vacío para proponer “afuera” un juego con nuestras ideas y nuestras emociones. El resultado puede ser más o menos claro, o no del todo. Ahí también ocurren procesos en donde es interesante observar si intentamos controlar cada frase, si nos dejamos llevar, o hasta dónde.

Me llama la atención también lo que escribe Fede: “me doy cuenta de que  no es lo mismo un comentarista que un glosador: el comentarista se carga de responsabilidad al comentar los acontecimientos contemporáneos, mientras que el glosador circula libremente por todos los asuntos que sus lecturas le deparen”. Esta es, pues, mi propuesta para esta columna: ser una glosadora de textos que lee o escucha, encontrando los puentes con  su contexto  y detonar conversación a partir del encuentro con las voces escritas.

Pero voy a ir un poco más allá: hay caminos que nuestras maestras, maestros, maestres, nos abren. No puedo estar más que agradecida. Honrar lo que nos dejaron también es hacernos cargo de nuestros propios contextos. Y el contexto que me convoca  a mí  es participar de la voz de las mujeres y disidencias. Así, pues, las voces que glosaremos (porque, querida lectora, te invito a glosar conmigo), serán de ellas y elles.

***

Esa tarde de junio Fede nos brindó una de sus últimas tardes, con la generosidad de quien habla, escucha, comparte. Era un día lluvioso y yo no pude evitar mirar, de vez en vez, por la ventana, como lo hacía, mientras lo escuchaba, cuando era una joven de 19 años que recién conocía las Islas de C.U. No hay dilema entre la literatura y la vida, pensaba, a partir de aquellas clases. Vamos a vaciar estas montañas, me digo ahora; vamos a convocar nuestra palabra, para escuchar lo que tiene que decir.

G. Samia Badillo Gámez

Mediadora de lectura, narradora y creadora de contenido digital. Su trabajo ha estado ligado al acompañamiento de grupos, la creación literaria y la investigación de la Literatura de tradición oral en México y sus vínculos comunitarios. Actualmente se desempeña como consultora en el área de diseño y comunicación en equipos de UX (User Experience).

Merodear un paralelo | Cuando las palabras sobran

Por Diana Thalia

Huaco retrato publicado en 2021 por Penguin Random House, es un libro de autoficción en el que la autora mezcla el ensayo y la autobiografía. Entre sus páginas descubrimos un río que se bifurca y cuyos caudales corren paralelamente por la misma tierra y los mismos árboles. Uno de esos brazos de agua, es el pasado y la historia familiar atravesada por el colonialismo y el mito ligado al apellido paterno de la autora. El otro brazo es el presente, la vida marcada por el racismo, la escritura, los acuerdos relacionales y el miedo.

El párrafo que abre el libro nos presenta a la narradora, Gabriela Wiener, que mira una exposición de huacos en un museo de París, para ser precisos, un museo etnográfico en el que se encuentra la colección de un hombre con el mismo apellido que ella, Charles Wiener, su tatarabuelo.

Un huaco es una botella o vasija de cerámica en la que, aunque se debaten sus usos, la mayoría de las investigaciones sugieren que probablemente fuera usada para portar líquidos, quizá de uso ritual. Además de ello, un sector importante de los huacos almacenados en museos, galerías y colecciones privadas, son retratos de personas, la mayoría hombres. Precisamente a estos últimos es a los que hace referencia Wiener en el título de su libro y en la escena inicial del texto. Los huacos que Wiener mira en ese museo junto a la Torre Eiffel son parecidos a ella: rostros con rasgos indígenas y con su mismo color de piel. 

El inicio en el museo sirve para plantear varios asuntos que se desarrollarán a lo largo del libro: una mirada al duelo por la muerte de su padre, la historia del colonialismo que atraviesa los sentimientos de quien escribe y las formas de relacionarse en la actualidad: qué significa ser migrante y establecer redes afectivas en un país ajeno al tuyo, en España; cómo amar sin poseer, cómo generar acuerdos con tus vínculos desde la ternura y la bondad.

Después de este primer momento, la historia continua con un viaje de retorno a Perú; un vuelo marcado por la muerte del padre y al mismo tiempo por las expectativas de la propia autora. Un viaje en el que Wiener intenta escudriñar el pasado familiar para descubrir un poco más acerca del hombre de quien heredó el apellido, el explorador vienés que saqueó innumerables recintos para volver al otro lado del mundo con el botín por el cual es famoso aún hoy en día.

El aterrizaje en Sudamérica y la confirmación de los eventos funestos que acaban de acontecer, son un incentivo para la narradora, quien se vale de dos herramientas para reconstruir un pasado velado: el diario de su tatarabuelo y el teléfono celular de su padre. En estos dos depósitos de memoria, ella confrontará su pasado con su presente y se dará cuenta que quizás tiene más cosas en común con los dos hombres de su familia de lo que pensaba.

A través de pequeños apartados, la autora peruana plantea una serie de inquietudes y pensamientos que surgen durante su viaje, o más bien del viaje interno que representa su duelo. Nos encontramos con preguntas y afirmaciones como las siguientes: “cuánto desamor podemos dar mientras creemos estar amando”, “Nadie te prepara para un duelo, ni todos los libros tristes”, “pero mi papá se casó con una chola”.

En el texto encontramos la huella del racismo inscrita en su piel y en su memoria. La historia familiar es un intento constante de blanqueamiento en el que Gabriela Wiener es el ramal que no logró la blanquitud que deseaban sus abuelos. La narradora nos presenta escenas que confirman esta situación, como cuando de niña deseaba verse acompañada de su padre, una persona un poco más blanca que ella, tomar su mano y de este modo hacerle saber a los demás que no era tan india como sus rasgos la hacían ver. Este episodio desgarrador, con sus matices y particularidades, bien podría ser el de muchos niños en América Latina con padres y/o abuelos indígenas; quienes al crecer nos damos cuenta de que hay algo en nuestra apariencia que no cuadra con los modelos de belleza, algo que nos hace ser objetos de burlas o de insultos.

El escrito de Wiener es un libro sobre la familia y las dificultades para tener relaciones equitativas, amorosas y leales con quienes la integran. En el primer momento del libro es la familia que uno hereda, en la segunda mitad, es sobre la familia que uno construye cuando crece, las personas que decidimos amar.

En el texto existen las voces de todos los momentos posibles: del pasado, del presente, de la historia que se intenta reconstruir sobre el huaco estrellado en los años. Wiener nos atrapa no sólo por el misterio de su linaje familiar, sino porque liga esto a una serie de recuerdos e impresiones de su vida que nos tocan de una u otra forma.

Al final del texto nos encontramos con que el libro es el huaco, las palabras escritas en él, el barro que le dan forma, la figura en la vasija es su propio rostro. El agua son las historias poliédricas que contiene.

Wiener, Gabriela, Huaco retrato (2022) México: Penguin Random House

Diana Thalia Jiménez Martínez

Diana Thalia Jiménez Martínez (Toluca, 1994). Licenciada en Estudios Latinoamericanos por la UNAM y saxofonista por el INBA. Ha escrito textos fantásticos y de ciencia ficción publicados en revistas mexicanas como Espejo Humeante, Revista Tlacuache, Ágora-Colmex, Revista Primera Página y Punto de Partida (UNAM). 

Escribiendo sobre lo que nació para ser escrito | ¡Pásele güerita!

Por Dayane Ortiz

“Nombre güerita esto ya no es lo mismo que hace unos años, el tiempo cambia y cada vez esto se pone peor, pero viera usted que yo no dejaría esto ni aunque dios me ahorcara, dígame, ¿Cómo es que uno deja lo que le ha dado de comer toda la vida? Prácticamente esto es mi hogar, la central de abastos es mi hogar” Dijo el señor Braulio mientras me daba el kilo de chile serrano que le pedí.

Fundado el 22 de Noviembre 1982 con cimientos rígidos que se recorren a lo largo de 327 hectáreas, siendo fiel testigo de los amaneceres y atardeceres  que regala el cielo en las avenidas Eje 5 y Río Churubusco de la ciudad de México, generando más de 70 mil empleos a la gente de su pueblo y recibiendo día con día  112 toneladas de productos que desde todo la república lo visitan; está  construido  el mercado más grande de Latinoamérica o como es bien conocida la Central de Abastos de la Ciudad de México.

Dividida en 8 sectores y con naves enumerados de la A a la W tal cual como lo marca el abecedario, la central de abastos cuenta con todo tipo de productos para las necesidades básicas y un poquito más; abarrotes, cítricos, plásticos,carnicerias,pollerias, flores,  y una infinidad más de productos que más allá de adornarla como un lugar potencialmente económico lo hace ver  un lugar 100% mexicano.

Siempre que evoco este sitio es inevitable sentirme ahí con mi padre a mi diestra arrastrando un carro de mandado en el que apenas y se asoman unas cuantas frutas y verduras. Mi madre a mi izquierda me aprieta la mano, me repite que no la suelte y como si fuera canción me  dice los precios en voz alta para que los recuerde y así sepamos cuál nos conviene comprar. Si bien es cierto nunca los recuerdo bien, pues mis sentidos no suelen estar en sintonía, están dispersos, volando, analizando,viviendo, degustando estar en la central de abastos. No los culpo, pues mientras mamá habla la interrumpe a casi 5 centímetros de su oreja una voz varonil  “Buenas, güerita no va querer cecina, está fresca y  viene desde Yeca” -me gusta que le llamen Yeca, siento que cada que lo hace, la recuerda con amor- Giró la cabeza  para cerciorarme de donde viene el sonido y lo veo; es un señor que trae unos 10 kilos de cecina en un cesto de mandado y una sonrisa que apenas revela el cansancio de  horas de caminar ofreciendo.

Rápidamente mi atención se dispersa y mi cuerpo se alerta  pues a los lejos y con un silbido que lo previene viene el diablero corriendo y gritando “Golpe avisa”, siempre que lo escucho suelo moverme en segundos al puesto más cercano, pues papá dice que si no te quitas te llevan  entre las llantas del diablo. Mientras mi alma intenta escapar en un suspiro  a un sitio de más paz y con más serenidad como si fuera un concierto de ópera  y al compás de una misma voz hombres, mujeres, niños y niñas la regresan  resonando  cánticos que dejan ver y saber la variedad de productos que te ofrecen. En la central de abastos alzan  la voz sin distinción, sin raza, sin género  y con mucho impetú; se simbra cada pedazo de su tierra con voces que dicen: «¿Que va a llevar?, ¿Cuántos va a querer,hermosa? ¡Pasele,pasele!”  y mi favorito y el más conocido por todos aquellos que hemos ido a comprar a un mercado de México «Pásele güerita».

Estar en la central de abastos es una verdadera travesía y una experiencia que todo ser humano debería de vivir,no importa el sitio de donde nos visite, si es mexicano o no, si ha estado en un mercado o no,pues, la central de abastos está hecha de raíces, de raíces bien sembradas con sudor,lágrimas y desvelos.

Y aunque el olor que en ocasiones emite sea a verduras putrefactas y flores marchitas estar aquí es degustar de su gente, del lugar, de los olores, degustar de la esencia de la central de abastos de la Ciudad de México.

En pleno siglo XXI y con un mundo completamente nuevo por llegar estoy segura que la Central de Abastos siempre será lugar de huacales y chamba, un orgullo mexicano y para muchos mexicanos como para Don Braulio  siempre será un hogar.

Dayane Ortiz

Hola, me da mucho gusto que mis letras hayan llegado a ti, Soy Dayane tengo 19 años y soy una
estudiante de medicina, aficionada con la luna y amante de las letras, pero sobre todo soy una mujer valiente, fuerte
y resiliente.
Gracias por la oportunidad al leerme.

Lecturas Sustanciosas | «¿Qué mundo es este?» De Judith Butler

Por Carmen Reis

Muchas veces llegamos a los libros sin tener una noción clara sobre su esencia. Hay pocos placeres en la vida similares a disfrutar de un libro del que no sabemos nada y darnos cuenta de que encontramos una joya capaz de transmitirnos palabras que no sabíamos que necesitábamos escuchar. Justo fue lo que viví leyendo a Judith Butler, filosofa judeo-estadounidense que, además de sus aportes a la teoría feminista (Deshacer el género) hoy en día, ha sido una de las teóricas fundacionales de la teoría queer (El género en disputa). En el libro “¿Qué mundo es este?”, el cual publicó en el 2022, Butler hace una reflexión sobre los cambios que percibió en las semanas que vivimos en confinamiento.

¿Cómo deberíamos vivir en este mundo para que sea habitable para todos?

Mientras avanzaba la lectura, esta pregunta fue plantando sus raíces en mi cabeza.  De hecho, me remontó a un evento  que seguro no soy la única que recuerda. Aquel extraño día (casi al inicio de que empezara la orden de quedarnos en casa) en el que algunas personas reconocidas por su papel en la farándula mandaron un mensaje de solidaridad y empatía con todas las personas del mundo durante este evento tan difícil para todos. También pienso que muchos notamos que fue un mensaje que venía desde los picos más altos del privilegio. Un lugar tan alejado de todo el mundo que sonaba cínico y hasta frívolo. ¿A cuáles hipotéticos todos le estaban enviando el mensaje? Porque en definitiva no era a todo el mundo que habitamos. Este libro me pareció particularmente interesante porque te presenta justamente este tipo de ideas y comportamientos y los analiza desde la fenomenología, filosofía y política.

En pocas palabras, “¿Qué mundo es este?” aborda muchos temas: La destrucción medioambiental, la pobreza, el racismo sistémico, las desigualdades, la violencia normalizada contra las mujeres y las minorías. No es novedad ni un tema que no se haya tocado; la pandemia nos dejó ver los grandes sesgos sociales que existen alrededor del mundo. Y es que aunque todos teníamos en común el miedo al contagio y la posibilidad de enfermar (o incluso morir), no todos teníamos los mismos privilegios para aislarnos en nuestra casa. No fue poca la gente que tuvo que decidir entre salir a trabajar arriesgando su bienestar o perder su empleo por faltista.

Hacer el bien para vivir bien

¿Se puede reivindicar nuestra interdependencia para mejorar la calidad de vida del mundo? La realidad es que no tengo una respuesta, y probablemente sea una idea idealista de una persona imperfecta. Pero concuerdo con Butler en la importancia de adquirir un compromiso con el planeta y TODOS sus habitantes (humanos y no humanos)  para lograr un verdadero mundo común vivible para todos. En este libro de 4 capítulos, nos encontramos con una lectura sustanciosa que nos propone analizar estos comportamientos y malestares sociales que se hicieron evidentes durante y tras la pandemia. Y pone sobre la mesa la idea de que nuestro hacer individual debe de ser pensado en cómo afecta a un colectivo. Un libro corto y muy recomendable para las personas que disfrutan de las lecturas con tinte filosófico.

Carmen Reis

Lectora compulsiva y amante de las historias bien contadas. Escritora en constante crecimiento.

Amor

Por Anyela Botina

No he sido amada por las razones más extrañas y absurdas.

Una vez no fui amada por tener perro en lugar de gato,

y otra porque mi nombre tiene muchas “Y”.

Y así, no he sido amada por razones ajenas a mí misma:

ya porque hablo mucho, ya porque hablo poco,

ya por compleja, ya por básica,

que por el tiempo,

por la distancia,

por la crisis climática,

por ser la persona correcta en el momento incorrecto.

Que por qué si, porque no, porque tal vez.

Por qué tal vez… soy yo…

Y si, esa es una verdad,

y es que no fui amada porque afortunadamente,

gracias al cielo,

no todo el mundo puede amar lo mismo.

A mí, por ejemplo,

No me gustan las canciones en ingles

Ni la lluvia en las mañanas

Ni el chocolate

Ni García Márquez,

-lo que escribió García Márquez-

un día lo amé, pero ya no lo amo más,

no tiene que ver con él,

paso sin pensarlo,

un día sin nombre ni fecha.

No siento culpa ni digo mentiras,

porque tampoco depende de mí,

además, hay mucha gente que ya lo ama.

El caso es que,

Yo no amo muchas cosas

que existen en el mundo,

y quizás, esa sea la ganancia y el camino,

que una no es lo que los otros aman de una,

Si no que,

una es lo que ama de los otros.

Anyela Botina

Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Docente y escritora. Licenciada en filosofía y letras. Su libro “Desarraigos” fue reconocido como Obra ganadora de la Convocatoria Portafolio de Estímulos, Pasto la Gran Capital – 2022. Categoría: Libro de no ficción no publicado. Dirige el proceso de Tejiendo Historias y el podcast Historias de Barbaros.

Entre calles y páginas | Incomodan más 12 palabras que una vida de discriminación

Por Ángeles Serna

Hace unos días pasé por Calzada San Pedro en San Pedro Garza García (SPGG), el municipio con mayor poder adquisitivo de Nuevo León (N.L.) y, a un costado de la calle, en un panorámico decía “Ni muchachas ni marías, trabajadoras del hogar. #DíaDeLasPoblacionesIndígenas”. Al inicio, no llamó tanto mi atención, pero la frase me acompañó a lo largo de todo mi día. En ese pequeño texto, que de seguro lo ven cientos de automovilistas y peatones, mostraba que el nombramiento correcto para las personas que desarrollan labores de limpieza, cocina, jardinería entre muchas otras son trabajadoras del hogar, pero esto también me hizo preguntarme ¿dónde está la relación entre las trabajadoras del hogar y el Día Internacional de los Pueblos Indígenas? ¿acaso esta frase está siendo reduccionista, discriminatoria, racista y elitista?

Así que, comencé a investigar, aunque lo más sencillo hubiera sido afirmar a la pregunta anterior y tachar de whitexicans a la mayoría de las personas que viven en el municipio, quise dar el beneficio de la duda y descubrirle una pertinencia a la frase. Durante mi búsqueda, encontré a Zihuakali Casa de las Mujeres Indígenas y Afromexicanas en Nuevo León, me puse en contacto con ellas y en ese proceso conocí a María Isabel, una de las coordinadoras del Centro, le comenté mis inquietudes y le dije lo que había visto aquel día en Calzada, de inmediato acordamos una cita en la Casa porque me daría la información impresa que tenían.

El día que visité Zihuakali conocí realidades muy diferentes a la mía, incluso, las clases del Seminario de Historia de Nuevo León que llevé en la carrera cambiaron por completo mi perspectiva acerca de las identidades que coexisten en Nuevo León. María Isabel me compartió el folleto Rostros y realidades. Diagnóstico participativo para conocer la realidad de las mujeres hablantes de lengua indígena que viven y laboran en hogares de la zona residencial del municipio de San Pedro Garza García N.L. (2015) realizado y editado por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), la Universidad de Monterrey (UDEM), Zihuakali y Gobierno de San Pedro.

En este manual refleja con datos y estadísticas la presencia de personas indígenas en SPGG “entre 70% y 80% del total de empleadas domésticas en el municipio, provienen de distintas regiones y comunidades indígenas del país”, luego está la pregunta ¿por qué en SPGG? la respuesta es sencilla, es el municipio en el que se encuentran las familias con la suficiencia económica para contratar una trabajadora del hogar de tiempo completo o como dicen ellas de quedada (que consiste en vivir dentro de la casa de los empleadores). Incluso, el Instituto Municipal de la Familia de San Pedro hizo un estudio con datos del INEGI (2010) donde se estima que hay 15,000 mujeres laborando como trabajadoras del hogar, y cito con las precisas palabras del diagnóstico: “Nadie podría negar que este grupo de mujeres representa un importante activo para el sector servicios, en especial el servicio doméstico tan demandado por las familias que residen en San Pedro”.

Posterior a la concreta y puntual explicación que me dio Isabel sobre los estudios realizados y sus actividades en Zihuakali, me contó que su madre fue una trabajadora del hogar en SPGG y, cuando Isabel era niña, escuchaba como llamaban a su madre “pinche india”, “muchacha” e “india pata rajada”. También me contó sobre el paternalismo que viven las mujeres indígenas, ya que en la mayoría de los casos sus empleadores las ven como si fueran infantes a quienes van a educar, eso –a mi criterio– sí es un tema de discriminación.

En el apartado del diagnóstico “Expectativas de vida y trabajo” se les pregunta a las a las mujeres indígenas trabajadoras del hogar sobre si les gustaría cambiar algo de su trabajo y sus respuestas fueron; el 28% contestó el trato de los patrones; el 17% tener descanso; y el 13% quiere una mejor paga. También señalan que tienen flexibilidad para estudiar y en la pregunta sobre sus expectativas de estudios el 33% planea hacer una carrera técnica, el 26% le interesa la computación y el 22% proyecta sus estudios de bachillerato. Estos datos me hicieron pensar en que las mujeres indígenas tienen metas igual que cualquier ser humano y –como muchos de nosotros trabajamos de algo para costear nuestros estudios o tener un poco de seguridad económica para sentarnos a escribir lo fines de semana– de la misma manera ellas desarrollan diferentes roles.

Por otro lado, en Zihuakali, también se encontraba Gaby, historiadora, activista de los derechos de las personas indígenas y encargada del trabajo comunitario, ella fue quien amplió mi perspectiva sobre la presencia de la población indígena en el estado. Desde que cursé algunas materias en el colegio de Historia, me quedé con la idea del exterminio que hubo en el Nuevo Reino de León con el envenenamiento de aguas para erradicar a los indígenas que habitaban en el territorio. Gaby, me explicó que mucho antes de ese exterminio, el territorio que actualmente es N.L. sí había comunidades indígenas que se fueron echando raíces para convertirse de grupos nómadas a grupos sedentarios por medio de la agricultura y ganadería. Sin embargo, con el pasar del tiempo y con los cambios políticos, económicos y sociales, esas personas indígenas se fueron convirtiendo en trabajadores de los hacendados que comenzaron a llegar –y a dar crecimiento– al estado.

Ahora bien, acercándome a la respuesta de las primeras preguntas, la identidad del neolonés no existe, porque no puedo hablar de una identidad, sino de identidades que conviven día a día en el estado, SPGG al ser parte de N.L. también es parte de las mezclas culturales, ya que, al ser el municipio con mayor desarrollo económico y generador empleos, la comunidad que circula entre sus calles es de diversidad cultural. A primera instancia, la lectura de la frase debe ser mucho más profunda –y un poco pragmática–. Está puesta en un panorámico en una de las calles más transitadas del municipio, publicada en la semana donde se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas y menciona sobre el correcto nombramiento al grupo de mujeres que es una parte importante de los activos económicos y ha sido un grupo discriminado a lo largo de la historia de México.

¿Es una frase reduccionista, discriminatoria, racista y elitista? A mi parecer, no es así; reduccionista y racista seria pensar que las trabajadoras del hogar no tienen alguna otra actividad en sus vidas personales y en su desarrollo académico-profesional, como también el pensar que si hay un tema de personas indígenas sean referentes a las artesanías; discriminación sería cerrarles oportunidades para su crecimiento; y elitista sería pensar que ellas tienen las mismas oportunidades (académicas y profesionales) que cualquier otra persona que pertenezca a las élites, porque sí pueden tener metas y aspiraciones como todos, pero es de conocimiento general que en México no todos los jóvenes tenemos las mismas oportunidades.

Para cerrar y para dar mis últimas ideas sobre esa frase, el nombrar es de gran importancia porque no invisibiliza, porque reconoce y, al mismo tiempo, dignifica. Además, inicia con el nombre, pero continúa con el exigir derechos laborales para las mujeres indígenas trabajadoras del hogar, que es uno de los grupos más importantes que coexisten en SPGG, y, como lectores/espectadores, veamos más allá del texto. Comencemos a ver y entender realidades que –tal vez no son las de nosotros– pero no nos deben de ser ajenas.

Angeles Stefanya Serna Moreno

Angeles Stefanya Serna Moreno (Monterrey, Nuevo León) es egresada de la licenciatura en Letras Hispánicas de la UANL, en donde obtuvo el primer lugar de generación. Fue becaria en el Centro de Estudios Humanísticos (2020) y el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (2021-2022). También fue la primera residencia universitaria en el Centro de Escritores de Nuevo León (2022). Colaboró en sitio oficial de noticias de la UANL, Punto U, con notas periodísticas sobre Arte y Cultura. Además, ha sido ponente en diversos congresos a nivel nacional e internacional en las áreas de literatura, teatro y sociología.

Serena en el mar y la arena

Por Anel Solis

Hijas de la Diosa.

Carmín esplendor que admiran mis ojos, luz que
traspasa mi ventana, puedo ver tu reflejo a través de
ella.
Déjame admirarte una noche más, hazme
compañía, necesito de tu presencia, dame unos
minutos más de tu luz, hazme compañía.
Sé mi confidente escucha mis miedos, mis alegrías,
mis ansias, mis sueños y mis fantasías hasta que me
arrulle tu silencio y sosiego.
Haces que las demás quieran tu belleza, haces
magia en tus hijas, cada mes eres una nueva, me
fascina como luces, eres tan divina que nadie te
puede quitar esa elegancia, esa grandeza, eres tan
inmensa.
Soy admiradora de tu sencilleza y naturaleza,
¿puedes quedarte toda esta noche? Solo necesito de ti,
tu luz, mi almohada y mi cama, cómo si nada mas
importará.

Agenda de la semana

Lunes, recostada en silencio, pero en el interior doy
gritos al viento.

Martes, mis secretos aparecen y alguno con extraños
deseos.

Miércoles, mi día alentado es, trato de que lo más
rápido pueda ser, orar en silencio calma mi
sufrimiento.


Jueves, en la tarde los malos hábitos se marchan como
las amistades efímeras.


Viernes, amar a los cuatro vientos es lo que aumenta
mi esperanza en la semana.


Sábado, por la mañana llevo conmigo los buenos
recuerdos.


Domingo, salvo mis palabras en este escrito y las
comparto contigo.


Todos los días mientras yo tenga vida, mis palabras se
almacenarán en cada esquina, se las llevará el viento, y
las regresará los recuerdos.

¿Dónde mueren las aves?

Las veo volar en grupo, y
desaparecen por las nubes.
Las veo volar en parejas y después
en soledad.
Las veo volar a lo alto y en lo más
bajo del Mar.
Las veo comer en los suelos y en lo
alto de los árboles.
Las veo volar jóvenes, radiantes,
también viejas y errantes.
Las veo volar con alegrías y alguna
que otra con heridas.
En dónde mueren las aves?
Algunas se desvanecen por los
aires y otras mueren en vida.

Anel Solis

Tengo 23 años soy originaria de Guadalajara Jalisco, actualmente estudio la carrera de relaciones Públicas y Comunicación. Me interesa la comunicación he participado en radio y un podcast de Cine. Mi exceso de pensamientos y sensibilidad me han llevado a refugiarme en mis textos y en el arte. He participado en proyectos artísticos. Soy apasionada del ballet clásico desde el 2004 y doy clases de ello, estudié en la academia de danza ballet teatro de Guadalajara y tuve el honor de participar en diversas presentación dancisticas. Dibujo, leo, tomo fotografía y escribo en mis ratos libres. Descubrí que la escritura funciona cómo mi terapia, puedo hacer catarsis y elegir qué se queda y que se va; en mis escritos comparto un pedacito de mi, de mi alma, de mis sentimientos

Resonancias | Sirena Selena enmascarada, indefinida, huidiza

Por Andrea Aviña Cardoso

Cuando comencé a leer esta novela de Mayra Santos-Febres vinieron a mi cabeza otros libros con la misma temática como El lugar sin límites de Donoso, Tengo miedo torero de Lemebel, Cobra de Sarduy o El beso de la mujer araña de Puig. No obstante, sin desdeñar este vínculo, pienso en esta escritora como parte importante de la tradición literaria caribeña, así como a partir de mi lectura de la colección de cuentos Pez de vidrio y la novela de Fe en disfraz. En este sentido, algo tenía claro: el cuerpo sería la excusa ideal para nombrar la diferencia, así como para construir y representar identidades marginadas.

Como me sucede en otras ocasiones, con apenas unas páginas leídas, ya tenía claro qué elemento guiaría mi lectura: la indefinición, el hogar de Selena. Esta novela se articula alrededor de la historia de Sirena Selena, un adolescente huérfano acogido por Martha Divine travesti que lo guía en su camino como cantante de boleros. Éstas emprenden un viaje de transformación a República Dominicana, la primera porque quiere convertirse en la diva del Caribe, la segunda, necesita el dinero para una operación que le permita identificarse con su propio cuerpo.

La indefinición, en cualquier circunstancia, nos empuja a cuestionar las cajas conceptuales que hemos aprendido y reproducido con la intención de explicarnos la realidad. Por eso, es imposible no reparar en el desplazamiento de Selena dentro de la novela. Siempre es apasionante preguntarnos qué nos dicen los nombres de los personajes: en El banquete de Platón la luna, personificada por Selene, es un personaje andrógino: “el sol produce el sexo masculino, la tierra el femenino, y la luna el compuesto de ambos, que participa de la tierra y del sol”. De su nombre se desprende su peculiaridad y es por eso que resulta tan obvio que las referencias a este personaje se alternan entre él, lo, ella, la. No obstante, encontramos también otros desplazamientos, Selena transgrede no sólo la frontera del género, sino también las de clase y edad, todo esto a través del travestismo.

Andrea Trinidad Aviña Cardoso

A lo hecho, no hay remedio. Andrea Trinidad Aviña Cardoso (CDMX, 1995) un día decidió que iba a escribir sobre todo lo que leyera. Ha compartido textos en las Revistas Falabros y Primera Página. Compensa su torpeza con la poesía a través de su proyecto Mujerío Gestos Poéticos.

Arte Infinito: Reflexiones para Artistas en Ascenso | «Rompiendo Barreras en Pantalones Cortos: La Contribución de ‘Las futbolistas’ al Cambio de Género en México»

Por Alondra de Castilla

En la vastedad del mundo artístico, hay ciertas obras que no solo nos inspiran visualmente, sino que también nos desafían a reflexionar sobre los contextos históricos y sociales en los que nacieron. Una de esas piezas es «Las futbolistas» de Ángel Zárraga, una pintura magistral que se alza como un comentario audaz y perspicaz sobre el papel de la mujer en la sociedad mexicana, así como su contribución al país después de la Revolución. A medida que me adentro en la cautivante profundidad de esta obra, se revela ante mis ojos un retrato empoderador y elocuente de la evolución de la mujer en un periodo de cambio radical.

Ubiquémonos en el México de 1922, apenas unos años después de la Revolución que sacudió los cimientos del país. Ángel Zárraga, con su sensibilidad vanguardista, capturó la esencia de una época donde las fronteras tradicionales estaban cayendo y nuevos horizontes se perfilaban en el horizonte. «Las futbolistas» retrata a mujeres intrépidas, enérgicas y libres, desafiando con determinación las restricciones impuestas por el pasado. En sus pantalones cortos y camisetas deportivas, ellas encarnan la ruptura con los roles de género preconcebidos, y en sus expresiones concentradas, palpita la pasión por el juego y la competencia.

Pero este cuadro no es simplemente un destello de modernidad estética; es un comentario audaz sobre el papel de la mujer en una sociedad en transformación. La Revolución mexicana había agitado profundamente las bases sociales y políticas del país, y las mujeres, aunque a menudo invisibles, jugaron un papel crucial en este proceso. Su contribución como combatientes, enfermeras, propagandistas y trabajadoras no solo fue vital, sino que también sembró las semillas de su empoderamiento y búsqueda de igualdad.

Aquí es donde «Las futbolistas» adquiere su importancia. La pintura de Zárraga es un homenaje a esta evolución, una celebración de la resistencia y un recordatorio del potencial no explotado de la mitad de la población. Las mujeres en la obra no solo practican un deporte asociado a los hombres, sino que también se apropian del espacio público, desafían las convenciones y reclaman su derecho a la autorrealización. Este gesto, aunque encapsulado en un lienzo, resonó en la realidad de la sociedad mexicana, abriendo paso a la lucha por los derechos civiles y la igualdad de género que continúa hasta hoy.

Así, «Las futbolistas» de Ángel Zárraga se erige como un espejo de la transformación social de la época, un testimonio visual del proceso mediante el cual las mujeres mexicanas emergieron de las sombras de la Revolución para tomar su lugar en la historia. Esta obra maestra trasciende su mera condición de pintura para convertirse en un manifiesto de empoderamiento femenino, una declaración de la vitalidad y la valentía que ha caracterizado a las mujeres mexicanas a lo largo de los años.

En última instancia, Zárraga no solo pintó mujeres jugando al fútbol, pintó un momento definitorio en la historia de México. «Las futbolistas» trasciende su temporalidad y se convierte en un símbolo eterno de la lucha por la igualdad de género y la redefinición de los roles tradicionales. A través de este lienzo, Zárraga se convierte en el cronista de la valiente transformación de la mujer mexicana, eternizando su espíritu indomable en la paleta de la historia.

Alondra de Castilla

En las encrucijadas de la pluma y la reflexión, me presento como Alondra de Castilla: una voz enérgica y analítica que encuentra su expresión en las palabras impresas. Como cineasta empoderada, mi mirada trasciende las cámaras para plasmar en el papel la fuerza de las historias y las voces silenciadas. Mi pluma no solo arroja luz sobre la tela de la realidad, sino que también resalta la trama de empoderamiento y cambio que teje nuestra sociedad. En cada columna, busco iluminar las sutilezas del alma humana y las dinámicas sociales, resonando con aquellos que buscan comprender y transformar el mundo que compartimos.

Reinterpreta tu mundo | Cuando las palabras sobran

Por Psic. Alicia Uribe

Como psicóloga constantemente me encuentro en escucha activa, las palabras
que salen desde el corazón, las mentes y el cuerpo de cada una de las personas
que acuden a terapia son indispensables para poder tener un objetivo
alcanzable y poder dar respuestas que les hagan analizar aquello que dicen,
piensan y como ven sus vidas.


Sin embargo, algo con lo que también debo tener mucha atención es con los
silencios, esos que a veces parecen incómodos, que a veces parecen no tener
sentido y en otras ocasiones que llenan el ambiente de dudas e incertidumbre,
los silencios que muchas veces dicen más de lo que pasa en la vida de las
personas que un millón de palabras.


El silencio, así como las palabras nos cuentan las historias dentro de las
personas, durante un momento triste el silencio puede ser un momento para
tomar aire y continuar con el relato, aunque también muestra el dolor que
representa aquel recuerdo.


Por otro lado, en un relato alegre puede darse porque se está reviviendo
aquella alegría y nos da un momento para sentirlo de nuevo.


Hay otros momentos donde la compañía en silencio es lo único que se necesita,
más que un abrazo, una palmada o cualquier palabra de aliento, el silencio es
un gran consuelo.


Debemos recordar que uno puede ser de mucha ayuda aún en silencio y que
muchas ocasiones esos momentos dejarán una gran huella en nuestras vidas
y las de aquellos que nos rodean.


No debemos temer a quedarnos sin palabras cuando estas no son necesarias,
no necesitamos siempre tener algo que decir para interactuar con nuestro
entorno, porque el entendimiento, la empatía, las sensaciones que tenemos no
siempre requieren una palabra de por medio, solo permitirnos estar presentes
y atentos puede liberar en muchos aspectos.


Dediquen un día a guardar silencio y permitirle a su cuerpo a escuchar todo lo
que les rodea, a sentir con las miradas, a degustar con el olfato, a saborear con
la piel, a tener una conexión con otros sin palabras en el viento.

Alicia Berenice Uribe Martínez

Mi nombre es Alicia Berenice Uribe Martínez nací en la Ciudad de México el 14 de mayo de 1986. Soy psicóloga y psicoterapeuta familiar sistémica egresada de la Universidad de Londres. Soy la segunda hija de tres, la única mujer, lo que me hizo muy independiente desde pequeña. Estoy casada y tengo una hija de 19 años de la cual estoy muy orgullosa. Me encanta leer libros y soy fan de Harry Potter, practico danza área y pole dance, siendo actividades que me gusta compartir con mi hija. Tengo muchas metas por cumplir y diario trabajo mucho para alcanzarlas.