Desde el naranjo | Colaboración

Por Marlene Palma Vieyra.

Deseaba saltar. En eso pensaba ella, posada en un árbol. Siempre, al subir, le impregnaba el deseo. ¡Qué aroma delicioso! Aurora extrañaba el aroma a naranja cuando bajaba de allí. Los momentos más lúcidos y nítidos fueron entre naranjas.

La primavera tornaba granada sus tersas mejillas, corría debajo de los árboles junto a algunos niños, aún sin poder distinguir con claridad sus facciones, ella les sonreía. Una mañana, los niños llegaron cuando todavía estaba posada en su rama, murmuraron bajo el árbol: “Ya no quiero que esté con nosotros” “Tampoco yo, habla todo el tiempo de cosas extrañas” “¿Han escuchado las tonterías que dice?” “Sí, siempre con cara de perplejidad, viendo a las aves o cualquier estupidez que se atraviese” «Dice que somos iguales». Todos reían. La niña contempló el momento en el que ellos se marchaban, la hierba lucía esplendorosa, la expresión en la cara de los niños era clara.

El río no era más transparente que ella, adoraba sus pies, acariciaba su cabello con dulzor para aliviar el manto ardiente del verano. Planeó acercarse a su árbol, contraer el tiempo entre ambos; caminó de un lado a otro en el lugar que había destinado para ello, pero no pudo determinar el tamaño de cada espacio ni el aspecto exterior, todo parecía desproporcionado desde allí. Subió al árbol –desde aquella clara mañana que vio partir a los niños ya no lo hacía con la misma frecuencia, temía ver a las personas a través de sus palabras–, una extraña sensación flotaba allí como el aroma a naranja. Desde allí creó su hogar.

Aurora amaba su soledad. El entorno satisfacía sus sentidos y la colmaba de ensoñación: posar en la rama de su árbol y disfrutar el aroma cítrico mezclado con otros todavía indescifrables. La hacía dueña del espacio y el tiempo, inmaculados néctares que extasían con sabor a libertad. La brisa de la tarde bronce y dorada humedecía su piel, las gotas permanecían en sus labios carmesí, el viento ondeaba su cabello cada vez más frío, pues la noche se acercaba.

Sin conocer aún la naturaleza de un nuevo sentimiento, llegó éste, poco a poco, hasta que comenzó a deteriorarse otra vez la vista de Aurora. El calor del brazo humano rodeó su cuello, la oprimió un estremecimiento al sentir que una mano tomó la suya.

No podía ver el rostro de él. Sus ojos enfermaron pero oía bien, emprendió cada paso y decisión de acuerdo a lo que escuchaba.

Los días fueron invariables, Aurora no subía al árbol. La mano que la acariciaba la retenía y la mantenía abajo mediante discursos ingeniosos. La boca púrpura de Aurora temblaba, la noche silenciosa apagó el brío en su semblante. Salió a beber la luna, intentando ver el reflejo de ayer; él no estaba, así que la mujer subió al naranjo. Lo vio llegar, fue la primera vez que lo observó desde allí: cada detalle de su rostro se reveló, a través de los ojos vacíos mostró su interior. Aurora aspiró el aroma del jugoso elixir, se dio cuenta de que ella estaba en la rama y él abajo. Él no trataría de subir al árbol, le parecía alto así como innecesario llegar ahí, las naranjas no le apetecían.

Mejoró la vista de Aurora ¿Abandonar la rama en la que bebe el verde fresco de la hierba o a las flores radiantes, dejar de admirar su florecimiento al igual que su muerte, para permanecer en la sombra de los muros en la tierra? ¿No era puramente hermosa la interacción gravitatoria que había entre ella y la materia de su contemplación? Tenía dos opciones, una convicción: decidió permanecer en el árbol toda la noche. Esta vez osó arrancar una naranja, pero antes, contempló el entorno, lo saboreó, lo vio distinto, apreció todos los aromas a la vez: la hierba, las flores, la madera, la tierra. Las aves trinaron, el rocío malva permeó su esencia, a la orilla de la frágil rama estiró la mano para arrancar el fruto, simultáneamente extendió los brazos para ascender.

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Marlene Palma Vieyra

Nacionalidad: Mexicana

Correo electrónico: euathluseuathlus@gmail.com

Fecha y lugar de nacimiento: 13-01-1989 Estado de México, México.

Estudios: Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, UNAM.

Las dos artes que más amo son la música y la literatura. De la última he hecho un poco: 

Publicaciones

Editados y difundidos por el INPI en formato digital: 

Cuentos «Voces del Volcán»; Romances “El camino de cempasúchil” y cuatro sonetos “Cielo y Tierra”.

Editorial Alas de Cuervo: 

Cuento Rectángulo en la noche, de la antología «Relatos Fúnebres” y Regresaré a buscar la llave, de la antología “Criaturas nocturnas II”.

Revista “Las Vetas del Azogue” Edición OTOÑO 2024: 

Cuento La puerta perdida.

Poesía | Colaboración

Por Margarita Mora

Hermana

Eres mi espejo más fiel

y sin embargo,

cuando el mundo insiste en ponernos a competir,

me cuesta mirarte.

Aún así amo tus virtudes, tus variadas personalidades

y cada uno de tus desaciertos.

Puede que no te haya dicho suficiente

que de la vida quisiera para ti todas las flores,

darte ramos enteros de capullos sin espinas.

Que quisiera llenarte los ojos de anhelos,

y las mañanas de canciones,

ser la ventana que te muestre

las cosas de ti que no te atreves a ver.

Recordarte y repetirte cuán importante eres,

que no te debo ni me debes,

que si la ceiba florece

es sólo para darte sombra,

y que la luna y el sol toman turnos para cuidarte.

Decirte que las flores de mayo

hacen fila para verte pasar,

porque saben que con tus manos

se hilvanan los sueños,

que una palabra tuya puede sembrar besos en la tierra,

y que basta uno solo de tus suspiros

para hacer a los ríos llorar.

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Pausa

Cuando la garganta se agota, 

cuando no hay más palabras en el pecho,

ni sentimientos para ser contados.

¿Será quizás el silencio 

una cura para todos nuestros males?

Un remedio para nuestros adioses, 

nuestros desamores,

para todas nuestras desilusiones 

y sueños marchitos.

Si es el silencio el que trae la caricia

y la suavidad,

quizá deberíamos renunciar, 

y sentarnos a contemplar en silencio.

¿Qué voy a encontrar si escucho con atención, 

volverá la curiosidad, la frescura de días más jóvenes?

¿Qué queda de mí sin la nostalgia, quién soy yo sin ella?

¿Qué preguntas tenemos que hacerle a nuestros padres,

a nuestros hermanos, a nuestros ancestros?

¿Cuáles son esas historias no contadas

que nos han causado tanta zozobra?

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Margarita Mora es originaria de la Mixteca Oaxaqueña y trabaja en el ámbito de la comunicación. Su trayectoria anterior incluye la gestión de proyectos orientados al empoderamiento de mujeres, personas racializadas y otras voces diversas. Paralelamente, ha encontrado en la escritura, la pintura y el dibujo un refugio para explorar y transmitir historias desde la interdisciplinariedad, la vulnerabilidad y la resiliencia.

Las interpretaciones de una escena | Colaboración

Por Diana Karen Espinosa Dimas

Esta misteriosa escena nos arroja pizcas de una historia sin revelarla por completo, no sabemos qué pasó, tal vez alguien fue asesinado, tal vez por ella; quizá ella fue lastimada por alguien más, intencional o accidentalmente. Podría ser que se encontró con este acontecimiento y quedó desconcertada, enojada, triste o simplemente paralizada por la situación. Hasta puede ser ninguna de estas opciones; igual y está protestando, de manera explícita, contra la caza desmedida de animales marinos y la destrucción del mar. Las posibilidades son infinitas. Con certeza, sólo sabemos una cosa: ella está sentada en un charco de sangre, no más ni menos. Tal vez no estemos satisfechas con estas pistas descontextualizadas, pero en la vida estamos obligadas a aceptar que no siempre tendremos una resolución. A veces toca inventarse una historia para soportar la realidad. La verdad, cruel o no, es que nosotras nos inventamos el sentido de las experiencias que vivimos o atestiguamos para no perder la cabeza, y así aguantar la dura resignación de que las respuestas que buscamos no llegarán. 

Entonces… sólo queda levantarse del charco de sangre, cuando nos regrese la sensación al cuerpo; limpiarnos un poco, sabiendo que no se irá la mancha por completo, y seguir luchando.

Karen Espinosa es psicóloga social atrapada en el corporativo. Ha escrito ensayos sobre la caricatura sociopolítica mexicana, la censura y la historieta para diversas publicaciones académicas. Bajo el seudónimo de Kikinka pinta y dibuja en acuarela para fluir con el agua y calmar su cerebro ansioso. Además, ha hecho un par de fanzines y participaciones en antologías de historieta para contar historias perdidas.

¡Noviembre!.. Visibilizar la violencia de género | Colaboración 

Por Fabiola Juárez Avendaño

El mes de noviembre en todo el mundo occidental se llevan a cabo manifestaciones, jornadas, ciclo de conferencias, performances, pronunciamientos, etcétera. Esto para visualizar la violencia de género. Se sigue insistiendo, se sigue alzando la voz, se siguen impulsando acciones para ponerle fin y, sin embargo… ¡NO para! ¡Las mujeres jóvenes y niñas, en su mayoría, son víctimas de feminicidio en México, viven en riesgo constante de sufrir algún tipo de violencia! “Los feminicidios son la manifestación más extrema de los actos sistemáticos de violencia contra las mujeres y las niñas por el hecho de ser mujeres. Una constante de estos asesinatos es la brutalidad y la impunidad que los acompañan. Estos crímenes constituyen la negación del derecho a la vida y de la integridad de las mujeres”.1

El estudio que realizaron ONU-Mujeres México, el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) y la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (CONAVIM) del Gobierno de México, dan cuenta de ello en el documento: Violencia Feminicida en México: Aproximaciones y Tendencias, 2020. Es una publicación que visualiza la situación que guardan los delitos violentos contra las mujeres, en relación con la violencia feminicida que ocurre en el país, y tiene el objetivo de optimizar los procesos de prevención, atención, procuración e impartición de justicia.

La juventud femenina de nuestro país, hoy más que nunca, corre un gran peligro, es nuestro deber como sociedad ser empáticos, así como proteger, garantizar, promover la cultura de la paz y concientizar sobre el alcance de la violencia que se cierne sobre este grupo por demás vulnerable, son tiempos de actuar. Pero también hay que ver la otra cara de la moneda, se pone mucha atención en las víctimas, en las sujetas de violencia.

Y quienes la efectúan, quienes la ejercen, quienes la exhiben, quienes la solapan y la justifican, también hay que poner reflectores. La antropóloga feminista argentina, Rita Segato, nos aporta lo siguiente: “…la masculinidad es un mandato que exige a los varones que constantemente pongan a prueba sus atributos: potencia bélica, potencia sexual y potencia económica, el mandato de masculinidad es un mandato de violencia, de dominación, el sujeto masculino tiene que construir su potencia y espectacularizarla a los ojos de los otros”2

Esta afirmación fue producto de años de desmenuzar, despedazar, desmembrar, es decir de/construir los mecanismos ideológicos, que colocan a las masculinidades en supremacía, con amplios privilegios, pero sobre todo el uso autorizado de la violencia. Está violencia sórdida está instalada en el corazón mismo del sistema patriarcal, es el motor que impulsa la maquinaria, y es el “género masculino” los acreditados para llevarla a cabo.

Entonces, ¿Qué hacer frente a esto? ¿Cómo erradicarla? Justamente la contribución de las investigaciones feministas sobre las masculinidades es revelarnos las dinámicas socioculturales y de poder (androcéntricas y/o heterosexistas y violentas) que se aprenden al “ser hombre” y el cómo se reproducen y se transforman; pero también la resistencia de los varones. Esto nos ayuda a buscar mecanismos para una de/construcción; es complejo, pero por algo se empieza, algunos han “cambiado”, ¿es porque las mujeres nos hemos desubicado, somos más consientes y preparadas?.. Me pregunto.

Una de las conclusiones a las que los feminismos han llegado (y concuerdan) es que la violencia sigue siendo un obstáculo para alcanzar igualdad, desarrollo, paz y el respeto de los derechos humanos. 

Por ello la ONU instauró el 25 de noviembre como el DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES su origen, el asesinato de las hermanas Mirabal o también conocidas como las mariposas de República Dominicana a manos -de un sistema patriarcal encarnado en Rafael Leónidas Trujillo-. En torno a esta fecha se llevan a cabo acciones para buscar movilizar a la opinión pública y a los gobiernos para emprender acciones concretas con el fin de promover y fomentar la cultura de la no violencia.

Además, la nación mexicana cuenta con la “Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia”, que la antropóloga feminista e impulsora de la ley la Dra.  Marcela Lagarde  y de los Ríos nos recuerda: Esta es la primera y única Ley vigente en nuestro sistema jurídico androcéntrico y patriarcal, que tiene a las mujeres como sujeto de la Ley. Las mujeres son tratadas como sujeto jurídico, en tanto son sujetos de transformación social y porque se requiere la potenciación jurídica de las mujeres como sujetos de derecho y de derechos humanos”. Un logro más que pone la piedra angular para abatir la violencia de género.

Así que noviembre es un mes de conmemoración, de balance de logros y lo que aún falta por hacer, por develar, por denunciar. ¡Por la vida y la libertad de las mujeres!

FABIOLA JUÁREZ AVENDAÑO

Antropóloga feminista ENAH.

Fundadora y editora de la revista feminista independiente “Las Genaras. Rumbo a la Equidad de Género”, Ex coordinadora de proyectos con perspectiva de género en Asociación Civil ACICAMATI, A.C.  Fui tallerista en la Faro Miacatlán y Tláhuac de la Secretaría de Cultura CDMX y actual coordinadora de la Modalidad de Publicaciones con identidad.  PFAPO-SEPI.

  1. https://mexico.unwomen.org/sites/default/files/Field%20Office%20Mexico/Documentos/Publicaciones/2020/Diciembre%202020/ViolenciaFeminicidaMX_.pdf ↩︎
  2. Segato, Rita, https://www.anred.org/2020/01/22/rita-segato-se-prueban-a-si-mismos-que-son-hombres-a-traves-de-la-violencia/ ↩︎

Los árboles y las pantallas que me rodean | Colonizaciones mundiales

Por Mijal Montelongo Huberman

En obras de ciencia ficción, la trama de un planeta colonizado y explotado por hombres es recurrente. Aunque tomando en cuenta la historia de los últimos cuatro siglos, el origen de esta trama no resulta extraño. Tanto la película Avatar de James Cameron como la novela El nombre del mundo es bosque de Ursula K. Le Guin la desarrollan en sus mundos creados. Hablaré sobre los puntos de convergencia y divergencia de estas realidades ficticias para después comentar cómo se relacionan con nuestra realidad.

Hay varias similitudes en ambas obras: un hombre antagonista que es violento, los colonizadores que se creen con el derecho de extraer y utilizar los recursos del planeta nuevo, la destrucción paulatina de este otro planeta, una relación distinta entre los nativos y su entorno a la de los colonizadores y el propio, la difusión de la noticia de una amenaza a diferentes poblaciones nativas, un intermediador colonizador que se encuentra atrapado entre ambos grupos y el cual es ignorado, etc.

El evento detonador del conflicto también es parecido. Desde el principio, los colonizadores subestiman a los nativos, no los toman en cuenta o no piensan que vayan a reaccionar negativamente a su invasión. Inevitablemente, los primeros sobrepasan los límites de tolerancia de los segundos. Esto provoca que los nativos protesten y se organicen en contra de los colonizadores, quienes lo toman como una ofensa directa y no dudan en responder violentamente.

Unas de las diferencias más relevantes entre la película y la novela, mencionadas por Donna J. Haraway en Seguir con el problema, son que en la historia narrada por Le Guin no hay un “héroe colonial ‘blanco’ redimido y arrepentido” y tampoco hay una perpetuidad de la violencia ni “un relato de salvación”. Estas distinciones me parecen relevantes debido a que plantean una alternativa a la manera en que la gente generalmente se imagina este tipo de situaciones.

En la novela el héroe es un individuo nativo; por lo tanto, no sigue la historia hegemónica de un salvador foráneo ni los estándares estéticos usuales de un héroe humano: es bajo de estatura, verde, lleno de pelo y con la cara desfigurada por cicatrices. Su descontento hacia los colonizadores surge de la violencia directa que estos ejercieron sobre él. Además, no se asombra con la tecnología y la cultura de los humanos a pesar de que, al ser retenido involuntariamente, aprende sobre ellas. Esta también me parece una distinción importante debido a que es común pensar que otras culturas quieren o van a estar mejor si poseen los productos materiales e ideológicos de una “civilización”, como se le considera a la cultura occidental, capitalista y colonialista.

Otra diferencia importante es que el intermediador de la novela, aunque en general es ignorado, ayuda a que ambas partes se entiendan y puedan negociar. Sin embargo, su papel es secundario y muere, sin que se eleve su posición a la de un héroe, como en el caso de la película. Esto ayuda a darle mayor importancia a la acción de los nativos para resolver el conflicto, en lugar de a los colonizadores.

Cuando un antagonista realiza todas las atrocidades implicadas en una colonización, la solución a la que se recurre rápidamente es buscar su muerte como venganza o retribución. La violencia vivida por los nativos se vuelve una justificación irrefutable para ejercerla sobre quienes la usaron en primera instancia. Sin embargo, en la novela la violencia con la que responden los nativos es limitada, ya que únicamente busca intimidar para que los colonizadores detengan sus actos violentos y estén dispuestos a negociar. Además, exilian al antagonista principal, en lugar de matarlo.

El planteamiento de la novela y la película es el mismo: el gran sentido de superioridad de los colonizadores es tal que buscan satisfacer sus necesidades a expensas de otros seres y el entorno, sin tomar en cuenta los efectos. Considero que este planteamiento es tan recurrente e impresionante porque ha estado presente en diferentes lugares en distintas épocas de la historia e incluso en la actualidad de nuestro planeta.

Las ciudades, los megaproyectos, las carreteras y toda infraestructura donde habitamos alguna vez fueron un bosque, una selva, un pastizal o un manglar lleno de diferentes organismos nativos. En algún momento un explorador llegó, encontró algo que le gustó o que necesitaba y decidió colonizar el lugar. En el proceso de colonización se intenta eliminar cualquier ser o cosa que lo obstaculice. Lo que sea nativo (y que los colonizadores no consideren que tienen un beneficio para ellos) es ignorado, despreciado, hecho a un lado o aniquilado. Lo nativo incluye cualquier componente natural de un espacio geográfico: personas, animales, plantas, montañas, ríos y suelos. En caso de que algo de esto intente rebelarse contra la colonización, éste es reprimido brutalmente.

Me parece que la novela, la película y las tantas otras obras que exploran este tema muestran todas las acciones ligadas a un acto colonizador (opresión, matanza, violación, desplazamiento forzado, esclavización, destrozo de espacios, ecocidio) para causar un impacto y promover la reflexión en el público. A pesar del planteamiento sombrío, ambas obras comparten el mismo mensaje esperanzador: la importancia de respetar la vida de los seres y de la naturaleza.

Mijal Montelongo Huberman (México, 1996). Estudió la carrera de Biología y la maestría en Ciencias Biológicas en la UNAM. Es traductora, divulgadora y educadora científica. Ha publicado artículos de divulgación científica y de investigación, traducciones literarias, cuentos y minificciones. Siempre está acompañada de libros, perros y gatos.

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El ojo de Lya | El cuento de la criada ≛Temps. 1ᵃ-2ᵃ-3ᵃ

El cuento de la criada / The Handmaid’s Tale es una serie basada en la novela homónima de Margaret Atwood. En 2017 la serie enganchó mi atención, pero la disparidad de los tiempos de estreno entre cada temporada me hacía perder el hilo del argumento de la historia, y por tanto mi atención. La última temporada la vi hasta cuatro meses después de su estreno; sin embargo, en cuanto terminé el último capítulo, nació el impulso de verla nuevamente y de forma continua; esto me permitió reconocer cierres, contrastes y fisuras que antes se diluían entre la espera.

Temporada 1 – Abril 2017: La serie presenta de forma directa a sus personajes y conflictos. Sitúa la historia en Gilead, un régimen que surge tras la crisis ambiental y de fertilidad; lo que antes fue EUA ahora es una nación teocrática controlada por hombres, donde las mujeres son jerarquizadas según su utilidad. La trama se desarrolla principalmente en Boston y el conflicto central se articula entre June Osborne/Offred y Serena Joy: mientras Serena desea desesperadamente un hijo, June solo busca sobrevivir, recuperar a Hannah y liberarse de su condición de criada.
Las criadas son mujeres fértiles obligadas a vivir con un comandante y su esposa; mediante una “ceremonia”, el comandante intenta engendrar un hijo que, al nacer, será propiedad del matrimonio. Tía Lydia es la figura encargada de educar, vigilar y castigar a las criadas. June es asignada al comandante Fred Waterford y a Serena; aunque aparenta resignación, su voz interna está cargada de rabia. A través de sus recuerdos conocemos la vida que le fue arrebatada y la instauración del régimen. Serena, pese a su posición privilegiada, vive una frustración que canaliza en soberbia y enojo.
Gilead se sostiene también en figuras funcionales: las Martas, destinadas al trabajo doméstico; los Ojos, encargados de vigilar el sistema; Nick, chófer de los Waterford, es uno de ellos y desarrolla una cercanía con June que deriva en una relación íntima, impulsada por Serena en su obsesión por concebir. y muestra espacios clandestinos como Jezebel’s, burdeles exclusivos para comandantes. Completan el entramado Luke, esposo de June que escapa a Canadá; Moira, su mejor amiga, y las demás criadas —Janine, Emily, Alma y Brianna— que forman una red silenciosa de apoyo. La temporada cierra con la noticia del embarazo de June.

En esta temporada conocemos a Gilead como entidad, con la justificación de seguir los mandatos que Dios instauró en la biblia, este país se rige por lo valores de la familia tradicional, la mujer a “su destino biológico: los hijos” ademas de que tienen prohibido leer y escribir; mientras que el hombre es la única figura de autoridad irrefutable tanto en casa, como en la sociedad. El régimen sigue un lineamiento de severos castigos al que incumpla sus normas; sin embargo, pronto vemos las fisuras que hacen evidente la hipocresía de Gilead, como los Jezebel’s dónde pueden beber alcohol y tener sexo por placer, no para engendrar.

Temporada 2 – Abril 2018: Esta temporada profundiza en cómo Gilead se consolidó de forma paulatina. A través de Emily, una criada que fue profesora universitaria, se evidencia la supresión de los derechos de la comunidad LGBT+. Surge una complicidad entre Serena y June cuando Waterford queda hospitalizado tras un atentado: Serena escribe a nombre de su esposo y June revisa los textos, quebrantando la prohibición de leer y escribir. June da a luz a una niña a la que llama Holly, aunque los Waterford la rebautizan como Nicole. La narrativa se amplía con Las Colonias, territorios tóxicos destinados a mujeres infértiles o rebeldes. Se introducen personajes clave: Tuello, agente de EUA que busca la cooperación de Serena, y Lawrence, un comandante fundador del régimen, pero ambiguo frente a sus propias reglas.
La trama de Nick se complejiza cuando le asignan como esposa a Eden, de 15 años. Ante su indiferencia, ella huye con otro guardia; ambos son delatados y ejecutados públicamente. Este hecho sacude a Serena, y June intenta advertirle del destino que le espera a Nicole. Juntas impulsan una iniciativa para permitir que las niñas aprendan a leer; Serena cita la Biblia ante el comité y recibe como castigo la amputación de su dedo meñique. En este quiebre, June la convence de permitir la fuga de Nicole con Emily, aunque en el último momento decide quedarse en Gilead por su otra hija, Hannah.

“Los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos; las mujeres tienen miedo de que los hombres las maten”.

La frase anterior se escucha de voz en off de June, encaja en la ficción de la serie, pero tan realista que refleja la situación actual. En esta temporada, Gilead refuerza el orden y control, ya que es evidente que su poder no está suficientemente fortalecido en su territorio, menos ante el mundo. Consideró que la trama profundiza mucho en Serena, en el exterior muestra una rigidez por acatar las reglas, pero gradualmente conocemos la sensibilidad, inteligencia y determinación de su persona; si bien apoyó la instauración de un régimen, no imaginó la radicalidad que tendría en la práctica, incluyéndose ella. Aunque empieza a tomar conciencia, aún le queda mucho por recorrer. 

Temporada 3 – Junio 2019: La temporada abre con la llegada de Emily y la bebé Nicole a Canadá. Serena, deprimida, se refugia con su madre, una mujer extremista que poco la sostiene. Nick casi no aparece: es enviado a la guerra por Gilead, al regresar es ascendido a Comandante. Serena, de vuelta en su rol de esposa de Waterford, se arrepiente de haber permitido la salida de Nicole y busca verla con ayuda de Tuello. Fred inicia una campaña mediática para exigir la repatriación y, junto con Serena, June y Tía Lydia, viajan a Washington D.C., ahora capital de Gilead. Ahí conocen al comandante Winslow, figura clave del poder. Las reglas en D.C. estremecen incluso a Lydia: las criadas llevan la boca sellada con anillos metálicos. June le suplica que esto no llegue a Boston; Lydia lo promete. Ante el fracaso por recuperar a Nicole, Serena recurre a Tuello y entrega a Fred al gobierno de EUA a cambio de la bebé. ya en la cárcel Fred confiesa un crimen de su esposa y ella también queda en detención.
En paralelo, June conoce a Natalie (OfMatthew), una criada fiel al régimen que la delata y es rechazada por las demás, llevándola a un quiebre emocional. Tras ser herida, Natalie es sometida a una cesárea y declarada con muerte cerebral. Cargada de culpa, June promete sacar a tantos niños como pueda de Gilead. En ese proceso mata al comandante Winslow, deja morir a Eleanor Lawrence y, al cierre de la temporada, logra que 86 infancias, junto con Martas y criadas, escapen a Canadá. June queda herida, sostenida por sus amigas, otras criadas, que la han ayudado y acompañado.

En esta temporada se profundiza en la fragilidad emocional de las mujeres: Natalie tiene un techo y comida a cambio de parir hijos, pero poco a poco se fragmenta. A Gilead nada le importa la estabilidad mental de ellas; June parece desquiciarse desde el tiempo que la obligan a acompañar a Natalie y después con la propuesta de sacar a los niños. Eleonor que se arrastra en la oscuridad de su conciencia, al atestiguar dónde llegaron los planes de su esposo. Hay un vistazo a la vida previa de Lydia, la inseguridad en sí, la insatisfacción de su deseo y de cómo nace la rigidez en acatar las normas, lo que la lleva a congeniar eventualmente con la ideología de Gilead. La que me sorprendió fue Serena, que pasó por alto la autoridad de su esposo por satisfacer su instinto materno.

Quiero destacar la excelente selección musical de la serie. El cierre de cada episodio va acompañado de una canción, por lo general relacionada con la trama del mismo. Así que aproveché e hice una playlist en Spotify que incluye todos los temas de las 6 temporadas. 👇🏼


Las chicas solo querían divertirse (carta a una amiga) | El retrato de una chica perdida

Por María Fernanda Vázquez

En la semana coloqué mi música en aleatorio, iba tarde porque me quedé dormida gracias a que últimamente no encuentro reposo para la sensación de cansancio. Recuerdo que una vez escuché en la radio a dos locutoras, el programa era de música, era de mañana, las ocho, creo; ellas comentaban que habían dormido pero sin descansar. Supuse que era una exageración y ahora habito en ese oxímoron a mis veintipocos.

No está mal.

Es decir, sistemáticamente está mal acostumbrarse a ello, el sistema en el que nos engranamos todos los días no debería ser así; pero no está mal admitir los cansancios. Admitirme humana y cansada es uno de los mayores alivios que he experimentado en estos días, uno de los pocos que me deja la rutina… Ahora, es cuando me recuerdo a mí misma que mi intención al comenzar a redactar esto era no ser demasiado pesimista.

Retomo.

En la semana coloqué mi música en aleatorio, iba tarde y fastidiada, porque me culpaba por mi propia incapacidad de ser disciplinada con algo tan básico (aquí por favor lean con tono sarcástico) como levantarme todos los días a las 6 de la mañana para pasar unas, para nada agotadoras, tres horas en el transporte -muy eficiente- de la ciudad.

Sin duda era mi culpa.

Entonces,
en la semana,
una que se se parece a muchas, muchas semanas que he transitado viendo por una ventana en donde no decido detenerme a observar porque ya lo vi todo, ya lo conozco todo, pero, en realidad no identifico nada, solo lo paso. Lo veo de frente, pero no reconozco sus detalles, inhalo un aroma que no identifico, toco superficies que no me sensibilizan y escucho la misma plática ininteligible que, sin detenerme a decodificar, me aseguro que es una charla sin sentido.

Así que,
En la semana, que pudo ser cualquier otra semana, puse música en aleatorio. Iba en ese asiento que es mi favorito, y el favorito de muchxs según un ranking de asientos del metro que alguna vez vi en redes sociales, el asiento solito que va al final del vagón. Dos personas que se sientan una frente a la otra pero deciden ignorarse el resto del trayecto con la absoluta certeza de que tienen un breve momento de espacio personal que no será perturbado. El paraíso del cuerpo fatigado e introvertido (soy infj).

Lo que pasó ese día, de la semana, una semana, fue que el metro no avanzaba con dificultad, no contenía dentro de sí mismo a una multitud de cuerpos en busca de un poco de aire, un poco de espacio, un huequito para existir.

No, iba libre.

Iba libre, yo iba tarde.

La ciudad ya estaba iluminada, descobijada y, aparentemente, activa (aunque se sabe que la ciudad está activa desde mucho antes, cuando cuerpos cansados poco a poco van activando todo con su transitar). Miré, descolocala por la elección musical y optimista de mi algoritmo, frente a mí a una chica que también llevaba sus audífonos puestos, su bolsa colgaba de entre sus dedos como si quisiera rendirse, caer y ver que forma tomaba una vez que las asas eran liberadas. Sin embargo, ella no la soltaba. Parecía contener toda su fuerza en su mente -aunque esta ya soy yo proyectando mi propio proceder-, para que los pensamientos no ganaran y liberaran las lágrimas que se estaban acumulando desesperadamente, difuminaban su mirada.

Una vez me dijeron que era peligroso llorar en el transporte público -no sabes quien te está viendo, no sabes quien podría aprovecharse de verte vulnerable-

Está todo muy jodido.

Por eso esa semana desconecté “accidentalmente” el bluetooth de mis audífonos y dejé que la canción sonara un poco en el vagón. Ella me vio, yo le sonreí como cuando le dices a alguien está bien, no pasa nada. Dejó que sus lágrimas fluyeran del estanque de sus ojos.

Al final, todo esto es una dramatización de un evento, chiquitito, rutinario. Quizá esa chica acababa de bostezar y yo me hice una película en mi mente, para tener algo que escribir, para tener la oportunidad de redactar esto y poder decir: estoy cansada, pero antes tenía ganas de divertirme.

Todavía las tengo.

Pero es peligroso, pero no hay tiempo, pero hay cosas más importantes que hacer.

y esto en realidad no pasó hace poco, en esta semana; ni hace mucho.

Esto pasa desde siempre y seguirá pasando. Sin embargo, tengo una amiga que vive cerca de mi casa y también vive a miles de kilómetros de distancia, mi amiga me abraza y me consuela, mi amiga lleva conmigo toda mi vida y mi amiga aún no se cruza en mi camino. Mi amiga a veces llora en el metro.

A veces yo soy la amiga.

es una y son todas

somos una y todas;

Hay semanas en las que escribo cosas que no tienen mucho sentido,
Pero no me importa, me estoy divirtiendo. (Quería, ahora lo hago, de vez en cuando…, jeje)

A cada una de mis amigas les digo que deberían hacer lo mismo. Creo que si le debemos algo a alguien, es solo a nosotras mismas. Es peligroso llorar en el metro, porque no sabes quien te está viendo, quizá hay que devolver la mirada, llorar en su cara y recordarles que estás cansada, pero eres fuerte.

Postdata: Decidí tomarme de manera seria el escribir, la sorpresa radica en que al parecer tengo que equivocarme, al parecer una debe rev/belarse. Así escribo, ahorita; espero eso transmitir. Esto es mío y suyo, de todas es el lenguaje.

✮ ✩ 

Mi nombre es María Fernanda Vázquez Castillo, nací en la Ciudad de México, crecí en el Edomex y ahora vivo allá, pero duermo acá, por decir algo. Actualmente vivo mis últimos instantes como estudiante de la carrera de Letras y Literaturas Hispánicas en la UNAM (aún en trámites de titulación, je) y espero poco a poco perder el miedo a mi voz.

Mi interés por la literatura ha crecido conmigo, no linealmente, pues es un vaivén de encuentros y desencuentros que me confirman que siempre hay algo por aprender y compartir. Espero poder encontrarme en las letras de lxs demas, espero alguien se encuentre en las mías.

Trabajo no remunerado

Versátil : La libertad de pensar


Osmara Rodriguez

El otro día leí una cifra que no puedo sacarme de la cabeza: las mujeres pierden 7.3 horas de tiempo libre al casarse , por su parte los hombres ganan en promedio 2.9 horas libres al casarse (cifras de INEGI y UNAM).

Las labores de limpieza y cuidado del hogar han sido relegadas en su mayoría a las mujeres y es que lo tenemos tan normalizado que se vuelve una carga invisible y constante. En nuestra infancia ¿Quién no recuerda en las cenas familiares como las mujeres son quienes sirven y recogen platos? Pero nunca lo cuestionamos, solo pensábamos que era algo natural ,el cielo es azul y las mujeres cocinan .

Y aunque ahora se que esto no es un hecho absoluto la realidad es que sigue siendo así pese a los avances sociales el trabajo no remunerado de los hogares sigue siendo un gran problema en nuestra sociedad, tan solo en México el trabajo no remunerado en 2025 tuvo un valor aproximado de 8 billones de pesos equivaliendo el 23.9% del producto interno bruto (PIB) de México . Y es terrible darse cuenta que nuestra economía tiene base en la sobreexplotación de la mujer .

Estas cifras me hicieron recordar un pasaje de la «Campana de Cristal» donde la madre de Esther(protagonista) menciona como al casarse , su esposo le dice durante la noche después de la boda :

“Al fin podemos dejar de fingir y ser nosotros mismos.Y desde ahí en adelante mi madre no tuvo un momento de paz.”

Y esta ha sido la historia de muchas mujeres que creyeron casarse con un hombre diferente y después de un tiempo llegó el desencanto. ¿Cuántos sueños se vieron olvidados por mujeres que tuvieron que limpiar,maternar y cocinar?

Para lograr un cambio ,es necesario cuestionarnos ,redistribuir ,reconocer y remunerar las labores domésticas

Los árboles y las pantallas que me rodean | El cuerpo de la naturaleza

Por Mijal Montelongo Huberman

El año pasado, Carmen me invitó a una mesa de la MexiCona sobre el cuerpo como parte de la naturaleza en donde tuve la oportunidad de platicar con otras biólogas y escritoras. La mesa me dejó con reflexiones e ideas sobre cómo definimos el cuerpo. Compartiré algunas en esta ocasión.

En biología, hay niveles de organización que van de lo más pequeño, una célula, a lo más grande, un ecosistema. Estos niveles sirven para estudiar la naturaleza y se basan en su complejidad estructural, pero también en su funcionalidad y autonomía. El cuerpo de un ser vivo es considerado un nivel de organización. Sin embargo, existen organismos unicelulares que responden a estímulos internos y externos, que tienen un ciclo de vida y que realizan los mismos procesos que cualquier otro ser vivo multicelular. Su cuerpo es la célula que los conforma.

Los otros niveles de organización, aunque los diferenciamos en nombre, también se comportan como cuerpos. Un órgano cumple una función específica en respuesta a las señales que le manda su entorno y a los recursos que recibe. Una población puede crecer y extinguirse. Cada nivel interactúa con otros niveles, con otros cuerpos y con su entorno.

En la mesa en la que participé también compartí un fragmento de la novela El cielo de la selva de la escritora Elaine Vilar Madruga:

Aquí estoy y la selva lo sabe.
Me huele. Sé que me huele y me prueba porque conoce mi sudor. Cuando le paría hijos, su lengua entraba bajo mis sobacos y mi coño, carajo, y lamía cada pujo. No me daba tiempo a limpiar a los niños porque ella enseguida les pasaba su lengua de vapor por las barrigas, por las cabezas, por el cordón umbilical, por encima de la placenta. Ya de vieja, le gusto menos. No soporta la peste de lo que va a morir, a la muy cabrona solo le gusta la carnita fresca, el sudorcito de la primera vida. No se conforma con olerme, sabe que hay más, que hay carnita fresca de recién nacido cerca de mi pecho. 
Elaine Vilar Madruga, El cielo de la selva, Elefanta Editorial, 2022, p. 137. 

Este fragmento muestra de manera general de qué trata la obra y que la selva tiene atributos de un cuerpo (aunque estén antropomorfizados). Un cuerpo con deseo sexual como el de las mujeres y niñas de la novela. Un cuerpo que percibe a través de los sentidos lo que ocurre a su alrededor. Un cuerpo que libera cosas al exterior y que se introduce otras más.

La selva se alimenta de niños, niñas y otros seres vivos para sobrevivir. Esto genera un resentimiento en las personas hacia la selva. No se los lleva a todos. Elige únicamente a algunos, ya sea porque son los que más le apetecen, porque contienen más de los nutrientes que ella necesita o por razones aleatorias. Por otra parte, también provee diferentes beneficios a la familia protagonista: refugio, alimento, hogar, materia prima y seguridad; por lo que las personas dependen de ella y la respetan por eso. La selva mantiene de cierta manera un equilibrio entre las partes que la conforman y con las que interactúa.

Las personas pueden adentrarse a la selva o estar a su alrededor. De la misma manera, la selva puede permanecer en su espacio delimitado o extenderse hasta entrar en el hogar de las personas. Hay un flujo e intercambio constante entre los lugares que permite una interacción entre los diferentes cuerpos. Lo mismo ocurre en otros niveles: la membrana celular es permeable a ciertos gases y al agua y tiene una permeabilidad selectiva con otras sustancias, según lo que necesita en su interior para funcionar y lo que produce y que tiene que excretar; los riñones permiten el paso de agua y sales a su interior que después desecha; un pájaro se alimenta de semillas que después dispersa. En un cuerpo siempre hay algo que entra y algo más que sale.

Sin embargo, la percepción de la incursión de ambas partes en el libro y en la vida resulta diferente. Cuando una persona decide entrar a la selva, se ve como una aventura y una prueba de su valentía y destreza. Pero cuando es la selva, o cualquiera de sus componentes, la que se mete en el lugar donde habitan las personas, se ve como una invasión. Como si hubiera una barrera impenetrable entre lo humano y la naturaleza que únicamente nosotras podemos atravesar.

Vilar Madruga nos presenta a la selva como un monstruo, un cuerpo que puede hacer daño o devorar a otros cuerpos. Podemos imaginar a la selva, o a cualquier otro ecosistema, como tal por la falta de familiaridad que tenemos hacia ella. Pero la población humana también es un cuerpo que daña y devora otros cuerpos. Es posible que las especies silvestres nos perciban como un monstruo que toma lo que necesita de su entorno y dañe las partes del cuerpo que conforman un ecosistema.

El respeto hacia los cuerpos propios y los ajenos, de cualquier nivel de organización, es vital para nuestro bienestar. Como ya mencioné, podemos ver a la selva como un monstruo, pero también nos imaginamos algo similar para una bacteria nociva para las personas. Cuando nos enfermamos, esto puede ser porque alguno de nuestros órganos no se encuentra bien, porque las bacterias que habitan en nuestro interior se han visto alteradas, o porque el ecosistema donde vivimos está contaminado. Cualquiera de los niveles de organización puede ser considerado un monstruo de acuerdo con cómo nos afecta.

En cambio, nuestro cuerpo funciona correctamente porque el corazón bombea, porque un hongo habita en la piel y porque los alimentos que conseguimos están en buenas condiciones. La humanidad se olvida de la interacción y el intercambio constantes en que se encuentran todos los seres y niveles de organización. El cielo de la selva las muestra entre una selva y los integrantes de una familia. Aunque la selva se percibe como un ser vasto y mayormente perjuicioso, me hizo reflexionar sobre cómo también puede considerarse a la par de cualquier otro nivel de organización.

Un ecosistema es un cuerpo. Los ecosistemas diferentes son cuerpos diferentes. Ecosistemas similares en distintos lugares son otros cuerpos más. Cada uno está compuesto por diferentes seres vivos, ambientes y, por supuesto, otros cuerpos. Cada ecosistema tiene su singularidad, tal como lo tiene cada cuerpo.

Mijal Montelongo Huberman (México, 1996). Estudió la carrera de Biología y la maestría en Ciencias Biológicas en la UNAM. Es traductora, divulgadora y educadora científica. Ha publicado artículos de divulgación científica y de investigación, traducciones literarias, cuentos y minificciones. Siempre está acompañada de libros, perros y gatos.

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De recuerdos, aventuras y reflexiones|Crónica de un paseo

Por Tania Farias

A las seis de la mañana de un domingo de puente toda la casa ya estaba en acción. Las maletas habían sido preparadas desde la noche del sábado, pero siempre queda algún detalle por afinar. Los movimientos eran lentos, con la pesadez de un cuerpo que se niega a activarse a una hora tan temprana en un día que se suponía de descanso. La cita había sido fijada para las seis y media, por lo que, llegada la hora, todos estábamos listos y esperando a que pasaran por nosotros. Pero las manecillas se colocaron sobre la media y no había noticias de nuestros amigos. Nada de qué preocuparnos en realidad; estábamos conscientes de la posibilidad de que eso sucediera, así que nos sentamos a esperar el mensaje que llegaría treinta minutos después.

              Los niños iban felices. El éxtasis era evidente desde que nos subimos al carro. Tenían prisa por llegar y disfrutar del día que ya imaginaban desde la ultima que vez que habíamos estado allí y que, para su desdicha, volver había tomado más tiempo del que habían planteado inicialmente. Como todo viaje con niños, las risas, los gritos y, por supuesto, los regaños no tardaron en llegar.

              Dos horas después ya estábamos desayunando en un pueblo a escasos minutos de nuestro punto final. El lugar estaba lleno, con grupos de locales y muchos otros, preparados para el calor que comenzaba a sentirse y que, se notaba, se dirigían al mismo lugar que nosotros.

              Con las baterías recargadas, salimos dispuestos a divertirnos, en especial, los chicos, cuyas ansias desbordaban y nos “endulzaron” los oídos con sus manifestaciones de entusiasmo los pocos kilómetros que nos quedaban por recorrer.

              El plan era sencillo; el mismo que habíamos realizado una vez anterior. Lejos de ser mi preferido, pero sí el de mi hijo: Los niños disfrutarían de su día en el parque acuático y pasaríamos la noche en el área de camping que el centro tiene para ofrecer. Fogata, juegos al aire libre, una cena en el pasto; qué más puede pedir un pequeño.

              Y así lo hicimos, nada más llegar, nos dirigimos a la zona de campamento, la cual, para mi confort, nos proporciona de pequeños lujos que un campamento salvaje jamás podría ofrecer y que me resultaría casi imposible aceptar a estas alturas de mi vida: baños limpios, áreas de ducha, luz eléctrica que ilumina la zona, una pequeña piscina para que los niños continúen la diversión en el agua y un espacio para cargar nuestros teléfonos, ese aparato que parece se ha convertido en el elemento más indispensable de la vida diaria.

              Campamento y entradas al parque pagados, los niños corrieron a cambiarse. Largo se les hizo la espera para concluir los trámites. Los entiendo, cada minuto que pasábamos frente al mostrador, era un minuto que ellos perdían en el agua.

              El día se fue entre toboganes de diferentes sensaciones, un sinfín de vueltas en el río salvaje y un momento final en una pequeña piscina ya muy cerca de nuestra salida, para acceder de nuevo a la zona de camping. Los niños y los papás iban y venían, mientras las mamás esperábamos en algún lugar de sombra con las mochilas llenas de agua, las toallas, los bloqueadores de sol y las sandalias cuando estas no eran aconsejadas por las fuerzas del agua. Mi amiga, de vez en cuando se unía a alguna de las actividades. Yo los miraba de lejos y tal solo mojé mi traje de baño en algún momento en que el calor comenzaba a sentirse muy fuerte y el bochorno era inevitable.

              Después de un día entero en el parque, llegó la hora de montar las casas de campaña y de darnos una ducha refrescante para dormir a gusto, seguido de juegos y una cena sentados sobre el pasto.

              El regreso a casa se realizó en etapas. Paramos para desayunar frente a un lago y después aguantamos pacientemente el viaje que por el tráfico capitalino se alargó del doble de tiempo del que habíamos necesitado para ir. Todos, a excepción del conductor, nos dormimos en algún momento. Ya no había el mismo entusiasmo de la ida. Ahora regresábamos con cansancio por un día lleno de actividades y la fatiga de haber dormido fuera de casa.

¿A dónde voy con todo esto? Es verdad que ese tipo de viajes, están lejos de entrar en la lista de mis ideales. No disfruto de los parques acuáticos en sí; no me gustan los toboganes, ni me siento cómoda estando en lugares tan concurridos, en particular, cuando se trata de un fin de semana de puente. Dormir en un campamento jamás, ni de niña, ha sido algo que yo haya deseado. Realicé algunos en mis años de juventud y soltería y en lugar de encontrar placer, los padecí. Sin embargo, y a pesar de ir únicamente como “dama de compañía” o “cuidadora de las pertenencias” siempre soy yo la que está incitando ese tipo de escapadas. Al final, mi placer más grande es ver la felicidad de mi hijo, la sonrisa que se dibuja en su carita. Por otro lado, me he dado cuenta de que el placer para mí también se encuentra en las pequeñas cosas, como el salir de la ciudad para cambiar la rutina y compartir un buen momento con amigos. De hecho, con el pasar de los años, me he hecho consciente de que mi principal gusto no se encuentra en hacer actividades extremas, ni en visitar lugares exóticos, no. Mi principal gusto está en compartir con personas con quienes puedo pasar horas conversando, con quienes puedo reírme de tonterías, con quienes puedo resolver, en teoría, los problemas del mundo, con quienes puedo ser yo misma, aun cuando eso implique esperar pacientemente mientras los chicos se divierten. Cierto, un viaje a un parque acuático está lejos de ser mi destinación favorita, pero en el fondo y aunque no lo parezca, yo también me divierto a mi manera.

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