Piezas de un alma simple

Alondra Grande

No te quedes

En los lugares donde tu nombre se vuelve ceniza
En los recuerdos que no despiertan alegría
En los espacios donde revolotean
abejas picando con sus aguijones tu barriga.

No te quedes en los días soleados
donde el sol no te hizo feliz.
Ni en las noches donde la lluvia,
al mojarte, te hizo reír.

No te quedes aferrada a la brisa
Ni te pierdas en la montaña
Ni te escondas entre la espuma,
enterrada, en arena de una playa olvidada.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 25 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.
 

Crónicas de una mente errante | Carta al cielo

Mis lágrimas hablaron por mí en ese momento; cada una era un recuerdo contigo, el cual trato de contener dentro de mí.
El tiempo pasó frente a mis ojos: abrazos del pasado, llanto del presente y miedo a un futuro con tu ausencia.

Qué irónica fui con la vida y conmigo misma; le rogué tanto que no te fueras y terminé pidiéndole que fueras a un lugar mejor, lejos de lo terrenal, donde el sufrimiento no existe y la paz reina.

Me diste los mejores años de mi vida y, a la vez, el dolor más grande que he sentido.

Podría estar enojada con el de arriba por haberte llevado sin previo aviso.
Por el contrario , busco todas las noches consuelo en él, mientras mi llanto en silencio recorre la habitación.

No importa la hora ni el momento; siempre pienso en ti, como ahora, que escribo esta carta en un bloc de notas desde un monitor desgastado por las exhaustivas palabras que redacto.

Has sido mi mayor fuente de inspiración, Chelita, y lo seguirás siendo por el resto de mis días.

Hasta pronto, abuela mía. Te recordaré en el sazón de mi madre, en el amarillo de las flores y en las baladas del “JuanGa”.

Ser como mi gato

Versátil : La libertad de pensar


Ser nada es un arte,

todos corremos apurados buscando ser alguien .

Si hay alguien que ha logrado dominar el arte de solo existir son los gatos. Plácidamente el felino descansa majestuosamente donde el deseé .

Yo solo soy una amateur,

Una mera aficionada a su tan perfeccionado arte .

Y ahora que estoy enferma, qué difícil es esto de solo existir,

ser una hoja que se mece en el aire,

habitar como los árboles.

Ocupar un espacio de mi cama y dejar de esforzarme ,

mi único movimiento es ser una con mi respiración

ser aprendiz de mi gato.

El ojo de Lya | El cuento de la criada ≛Temps. 4ᵃ-5ᵃ-6ᵃ

En esta entrega retomamos la sinopsis y análisis de las temporadas 4a, 5a y final de la serie El cuento de la criada / The Handmaid’s Tale. La primeras 3 partes de la serie tiene su análisis aquí -> 🔴

Temporada 4 – Abril 2021: La vi dos años después de su estreno; era la que menos recordaba hasta revisitarla en 2025. Tras el despegue del avión con los niños, June, herida, se refugia con las demás criadas en la granja de Ester Keyes, una adolescente de 15 años, esposa de un comandante mayor. Nick intenta ayudar a June a salir de Gilead, pero termina traicionándola bajo el argumento de “lo hago por tu bien”. Es torturada para que revele la ubicación de las criadas; presencia el asesinato de quienes la ha apoyaron y solo cede cuando amenazan con lastimar a Hannah.
De regreso a Boston, las criadas someten a Tía Lydia y escapan, pero son arrolladas por un tren: solo sobreviven June y Janine. Llegan a Chicago, una ciudad aún en disputa, que pronto es bombardeada. Un grupo de rescate encabezado por Moira logra sacar a June, quien finalmente alcanza la libertad. En Canadá se reencuentra con Luke y Nicole, enfrentando golpe de realidad: ¡por fin, es de libre!, pero ahora cargando el bagaje de lo vivido.
Mientras tanto, Serena y Fred Waterford permanecen detenidos; Tuello le informa que está embarazada. June los enfrenta en prisión con la rabia contenida, diciéndole a Serena que ojalá su hijo no nazca. El juicio de los Waterford no deriva en la condena esperada, Fred negocia con EUA y es absuelto; sin embargo, Tuello y June pactan con Lawrence su entrega a cambio de prisioneras. En el silencio de un bosque, aparecen las sombras de decenas de mujeres, antes criadas, que dirigidas por June persiguen y matan a Fred Waterford.

“A Gilead no le importan los niños, solo el poder”

Esta es una de las frases que mejor describen el sistema. La trama de la temporada hace un enfoque casi en su totalidad a June, lo que ocasiona que algunos episodios sean lentos. Luego de que ella queda libre, hay un desborde de emociones oscuras: venganza, rabia, odio, instinto asesino que descarga no solo contra los Waterford, también contra Luke o Tuello. En una sesión de terapia, June plantea el quedarse en resentimiento, Moira responde que no, ya que el objetivo es sanar. Si antes lo que movía a June era el instinto de sobrevivir, ahora es el deseo de vengarse. A esta altura de la serie, las situaciones se van invirtiendo: Serena es la mujer recluida y Gilead está atemorizado del actuar de June, que ha demostrado la fragilidad de su sistema. Cuando Fred es entregado a la rabia de estas mujeres, irónicamente grita: “Soy un hombre y tengo derechos”. El cierre violento se compensa con la melodía “You Don’t Own Me”, de Lesley Gore, que es la misma usada al final del capítulo uno de la primera temporada. 

Temporada 5 – Septiembre 2022: Esta temporada entrelaza distintas tramas que confluyen hacia el cierre. Serena recibe la noticia de la muerte de Fred y exige que su funeral en Gilead sea un evento mediático; con el respaldo de Lawrence, el consejo accede, confirmando que el poder necesita exhibirse. Después, es devuelta a Canadá como “embajadora”.
June y Luke concentran sus esfuerzos en recuperar a Hannah, próxima a ser entregada en matrimonio pese a tener 12 años. Nick apoya a June, pero cuidando su posición de comandante y a su nueva esposa, Rose, que a fin de temporada anuncia su embarazo. En Canadá, Serena es enviada a vivir con el comandante Ryan Wheeler y su esposa Alanís; su confinamiento replica, con ironía, el cautiverio de las criadas. Tras un enfrentamiento con June, Serena da a luz en una granja con su ayuda; el bebé, Noah, nace sano. De regreso, Serena es arrestada y el niño queda bajo tutela de los Wheeler, quienes intentan quitárselo, lo que la lleva a escapar.
En paralelo, crece en Canadá el rechazo a los refugiados de Gilead. Lawrence propone “Nueva Belén”, un territorio con reglas más flexibles. Al final, June y Luke deben huir tras un ataque contra ella; Tuello los envía a un tren de refugiados. En la estación, Luke se entrega a la policía. Las secuencias finales de la temporada son June encontrando en el vagón a Serena con Noah en brazos, musicalizadas por “Bury a friend” de Billie Eilish.

“Tuve suerte, es lo que dicen las mujeres cuando hacen cosas extraordinarias”, le dice a June otra de las mujeres que la ayudaron matando a Waterford.

A mi percepción, la temporada anterior tuvo un lento avance de la trama que “remedian” en esta con todos los conflictos planteados. Lo memorable en esta, es el karma que enfrenta Serena, doloroso, pero necesario para que el personaje tenga evolución y aporte en la trama. Las secuencias de su encierro son similares a las de June en la primera temporada. Entre los apuntes que tomé mientras veía la serie, escribí: “Nick es un pendejo”, aunque ya no recuerdo el motivo preciso de esa nota; creo que a pesar de su nueva posición, es un hombre sin autonomía ni criterio, por momentos es leal a June, en otros a Gilead, lo evidente es su inseguridad de no saber qué bando elegir. Sobre el conflicto de recuperar a Hannah en algún punto agota, ya que desde el inicio, June ha pedido ayuda a personas que al final terminan muertos en manos de Gilead; encima la niña, las veces que ha estado frente a su madre, le reclama de porqué la abandonó; a veces quería gritarle a la pantalla “¡ya, déjala ahí!”, pero como la misma June dijo: “ella es su madre”.

Temporada 6 – Abril 2025: Inicia en el vagón donde se reencuentran Serena y June. Al ser reconocida, Serena está a punto de ser linchada; June se interpone, acciona la palanca de seguridad y la arroja, salvándole la vida. June llega a Alaska, al campamento de refugiados, donde se reencuentra con su madre, Holly. Serena, por su parte, vive un tiempo en una comunidad de mujeres hasta que Lawrence le propone mudarse a “Nueva Belén”.
June regresa con Tuello para continuar la lucha contra Gilead. Lawrence defiende su proyecto ante un grupo de comandantes radicales que planean eliminarlo; entre ellos está Gabriel Wharton, padre de Rose. En paralelo, Tía Lydia se decepciona al descubrir que las criadas prometidas a una vida tranquila son enviadas a Jezebel’s.
Wharton le propone matrimonio a Serena, prometiendo reformas para las mujeres. Mientras tanto, el equipo de Tuello planea asesinar a varios comandantes en Jezebel’s. El plan falla y June pide ayuda a Nick; él le propone huir a París y le dice: “A veces pienso que eres lo único bueno en mi vida”, pero ella descubre que la traicionó al alertar a Wharton y él ha enviado a matar a todas las mujeres de Jezebel’s. Tras el fracaso, June idea un nuevo ataque: sedar el pastel de bodas y armar a las criadas. En la noche de bodas, Wharton le dice a Serena que tendrán una criada, ella le recrimina y sale llevando a Noah.

Capítulo 9: Abre con la canción «Look What You Made Me Do» de Taylor Swift, entre escenas de las criadas escapando, otras matando a los comandantes y Serena corriendo para alejarse de su esposo. Sin embargo, las criadas son atrapadas antes de salir de Bostón. Al día siguiente las llevan a la horca, incluso Tia Lydia, ya que permitió que escaparan. Es potente el momento en que Lydia pide perdón: “Mis preciosas niñas, ten piedad de lo que hicieron porque han sido prisioneras de hombres retorcidos e impíos”. Antes de que la horca levante a June grita: “Lucha por tu libertad, que los bastardos no queden con vida”. En ese momento, EUA ataca, los misiles disparan, en tierra inicia el combate y ellas se salvan. Pero aún hay varios comandantes por eliminar, Wharton uno de ellos. June convence a Serena, ella le dice que los comandantes volarán a DC. Tuello pide a Lawrence colocar una bomba en el avión, June se ofrece a acompañarlo. Justo cuando él llega también lo hacen los demás comandantes. Lawrence finge apoyarlos y sube al avión; antes de cruzar la escotilla, gira el rostro hacia donde se encuentra June, se coloca la mano en el pecho y le dirige una mirada mezcla de gratitud, admiración y perdón. Minutos después, el que aborda el avión es Nick. En un encuadre final el avión despega, June camina detrás, hasta que su rostro se ilumina con el resplandor de la explosión, de fondo vemos los restos del avión cayendo.

El capítulo final, es un cierre más calmado, los habitantes de EUA regresan a Bostón con un ánimo de festejo y lucha, June perdona a Serena, que por seguridad tiene que ir a un refugio junto con su hijo. Janine es devuelta por Tia Lydia junto con la hija que tuvo; Emily reaparece y junto a June hacen el mismo recorrido que hicieron en el capítulo primero, pero esta vez siendo libres. June y Luke se dan cuenta de lo fracturado de su relación y terminan. Al final, Holly la convence de plasmar en escritura todo lo vivido, la serie termina con la voz de June diciendo las primeras líneas del libro que inspira toda esta historia. 

Este 2026 se estrenará la serie «Los Testamentos/The Testaments», secuela de «El cuento de la criada». De igual manera basada en la obra de Margaret Atwood, que ahondará en la vida de tres mujeres conectadas a Gilead: Una joven criada en esta sociedad opresiva; una adolescente canadiense que se entera de que nació en Gilead, y Tía Lydia, la mujer ya conocida. Las dos primeras al parecer son Hannah, la hija que June ya no pudo rescatar de Gilead y Nicole, la hija que escapó.

Ya para cierre, quiero destacar la selección musical de la serie. El cierre de cada episodio se acompaña de una canción, por lo general relacionada con la trama del mismo. Hice una playlist en Spotify que incluye todos los temas de las 6 temporadas. 👇🏼

Letras Revueltas|Razones para salvar al mundo. Parte II. Pan para las rotas

Por Illari Alderete

Una de las exigencias que se me atraviesan de vez en cuando, es ser delgada. Actualmente, no lo soy, tengo cierta robustez. Hace no tanto, vi un meme que decía que nadie que disfrutara la vida se veía delgado, sé que suena a excusa. Sin embargo, en mi caso, sí hay una relación. Cuando yo tenía 20-30, era sumamente delgada y, en ese entonces, mi crítica personal era que me percibía muy delgada. Recuerdo que podía pasar el día sin comer o comiendo muy mal, y que me costaba trabajo comer un plato entero, incluso me enfermé y el médico se desesperó conmigo porque no comía. Me entristece pensar que una de las etapas en la que debí experimentar mayor júbilo, la viví con angustias sobre el futuro y sobre mi cuerpo. 

En una ocasión, platicando con varias amigas comenté que yo podía prescindir de la comida, es más que para mí sería mejor tomar una pastilla y continuar con mi día. Mi amiga me dijo que cómo era posible que quisiera evitar uno de los placeres en la vida. Hoy me pregunto¿Qué era tan urgente, que prefería no alimentarme?

Me cuesta comprender a la Illari de hace 20 años, aunque sospecho que esa aversión por la comida estuvo mediada por un “no disfrutar la vida plenamente”, un miedo a la vida misma. Lo paradójico de la situación es que prácticamente crecí en una cocina, yo no lo sabía pero mi abuela, con paciencia, me enseñaba cómo habitar el mundo. Cuando comencé a hacerme independiente, incluso antes, descubrí que si bien la comida me resultaba problemática, cocinar me gustaba. Tal vez, tampoco me ayudó que cuando pedí un taller en la secundaria, escribí compulsivamente: COCINA, COCINA, coCINA, cocina, COcina… No dejo de pensar que quien seleccionó el taller por mí, sonrió al mandarme al taller de bordado. Hoy no bordo nada. Puede que me haya hecho un favor.

Para mí una obra clásica que habla sobre la comida es Como agua para chocolate de Laura Esquivel, secretamente me imagino siendo Tita. Cuando lloro en la cocina siento que mi comida tiene un sabor a tristeza. Me gusta la idea de que la comida transmita los sentimientos y las emociones. En realidad, mi faceta como cocinera, sólo se la he mostrado a mis seres queridos. No recuerdo el primer plato que cociné por mi cuenta, pero sí recuerdo que uno de mis platos favoritos de la infancia eran los huevos revueltos con frijoles, algo ocurre con nuestro gusto al crecer, que hoy han relevado a ese plato otros tantos, como los huevos rancheros porque me recuerdan a mi madre. Cada vez que los preparo regreso a mi pueblo con mi familia y siento que hay paz en el mundo.

Para mí la comida es una puerta al pasado, me reconecta a la memoria, me reúne con mis seres queridos. Quizás, la Illari universitaria no tenía un pasado al que volver, aún no experimentaba la pérdida y no sabía que aún, en ese lugar oscuro, la comida abre un camino que nos une con quienes nos alimentaron o con quienes compartimos la comida. Puede ser que también nos distraiga de los pesares del mundo como ocurre en el cuento que escribió mi amiga Daniela Neira “Los platillos de Sherezada” en el que Sherezada recurre a la receta de strudel de su abuela para evitar la muerte a manos del Sultán: 

“–Pienso en mi abuela, tardé tanto en arreglarme para esta noche sin la ayuda de mis hermanas, que no tuve tiempo de comer. Me hubiera encantado que mi última cena fuera el strudel que preparaba mi abuela.

El sultán a pesar de tener a los mejores cocineros provenientes de regiones impensables, no sabía lo que un strudel pero no quiso mostrarse ignorante o inculto ante Sherezada, así que se limitó a preguntarle cómo lo preparaba su abuela para que ella lo considerara un platillo tan especial, digno de una última cena.

Sherezada confesó que no sabía si la cuidadosa selección de los ingredientes era lo que lo hacía tan especial o si la masa madre de larga fermentación con lo que preparaba la pasta de hojaldre era la clave de ese sabor único, pero de lo que sí estaba segura era de que los aromas de las especias durante el proceso de cocción nublaban la vista, debilitaban el espíritu ansioso e impaciente del comensal y se encajaban en lo más profundo del estómago y el corazón. Claro, no podía ser de otra manera, su abuela siempre le dijo a Sherezada que al corazón solo se puede llegar por el estómago.” Las palabras de Sherezada. Antología, Colectivo Hékate, 2021.

A mí me encanta el strudel de manzana ¿Los alimentos de nuestras personas amadas soportarán los dolores del mundo? Como dijo Miguel Hernández:

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.

[...]
Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.

Nanas de Cebolla, fragmento.

¿Y ustedes qué cocinan cuando el mundo se viene abajo?

Illari Alderete

Amante de las letras, de los libros, de las series, de las tardes lluviosas que traen un dejo de nostalgia. Soy docente desde hace una década y me he descubierto alumna desde entonces. Me gusta soñar e imaginar otras posibilidades aunque a veces se conviertan en pesadillas. Recobré el camino de la escritura hace casi cinco años cuando las experiencias en forma de palabras comenzaron a desbordarse y, aquí estoy, aferrada a otra posibilidad.

Entre Caos poético y textos perdidos | ¿A qué le lloro?


Lizzie Vázquez

Los rincones son fríos, 
los cajones yacen vacíos de recuerdos, sólo un paisaje pintado con lágrimas muestra su arte,
hojas en blanco no bastan de inmensidad.

La luz brilla en el césped,
para mi es sólo una ilusión rebuscada en el lugar incorrecto.
En mis adentros, el sentir viaja desde el celeste amanecer hasta el vientre, trayecto de luz  que divaga confundiendo el síntoma en amor . 
Dudo sea ahí.
Peltres derraman sabia, inquietud y miedo.
¿A qué le lloro?
 A un cuerpo  en el lugar equivocado,
 a la irrigante sangre que nubla mis ojos,
no me reconozco en estado propio
no es mezquindad, es un encuentro
incómodo con la mujer que abrazo con ternura sabor napolitano , 
a la chica que generosamente resana las grietas que dejaron unas lágrimas amargas e intensas como el ritmo de una canción.
Esta mujer ya no llora, restaura su voz.


Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros, facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).Cuenta con un Diplomado de ensayo literario avalado por la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado de Puebla con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI Voluntad. Cuenta con un Diplomado de Mediación Lectora, Fomento a la lectura en FCE .(2023).Su Club de lectura llamado Lectores A marte, ida y regreso el cual pertenece a Clubes de lectura ciudadanos, FCE. Es coordinadora y editora en redes sociales La Coyol Revista

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Piezas de un alma simple

Hombre de arena

Escrito por: Alondra Grande

El hombre de arena contemplaba los caballos de espuma y sal que galopan contra el sol para perderse entre las faldas de una isla que nadie nunca pisó.
En esa isla desierta, creada nunca jamás en el tiempo, el hombre de arena construyó un castillo cubierto de granos de arena y conchas que el mar olvidó. Es vacío como el hueco que quedó en su pecho donde debería de ir un corazón.  
¿Es este otro chiché absurdo sobre no encajar en ningún lugar?, me pregunto, te pregunto, mientras veo con los ojos cerrados al hombre de arena desbaratarse junto al castillo: se vuelve lodo que las olas no quieren limpiar.
— Ojalá fuera la firme piedra- pensaba con su cerebro de arena —. Sin nada que me pueda lastimar.
Pero hasta la piedra más dura se vuelve blanda con olas, perseverancia y sal.
—Si fuera gaviota — se lamentaba otros días—, me iría volando muy lejos a los brazos de alguien más.
Y en el cielo una gaviota se desploma buscando nada más que tierra firme para sostenerse. Encadenada a la misma playa donde condena a los suyo a nacer y morir entre las olas del mismo mar.
Así pasaban las noches y días, siendo hombre que se convierte en lodo, siendo arena llevada por la brisa. Yendo a ninguna parte, volviendo de ningún lugar. Sin conocer alegrías o tristezas, vacío como la arena que una vez fue conchas y corales para alguien más.
Pero ahora, en este universo, en esta playa creada en ningún lugar, ojalá se conforme con ser arena y eso le dé paz.   

De recuerdos, aventuras y reflexiones|Un recuento de hubieras

Por Tania Farias

La pregunta surgió por un evento trivial. Estaba en casa de una amiga y esta se disculpó pues necesitaba realizar una llamada a su mamá. En el momento en que le dijo: “Hola, mamita, ¿cómo estás?” mi mente empezó a divagar y me desconecté por unos segundos. Después, mi amiga terminó la llamada y arrinconé el pensamiento en lo profundo de mi memoria, junto con todas las emociones que me había despertado.

Sin embargo, el pensamiento se me escapó un día después de ese suceso tan pequeño, a causa de la fecha que marcaba el calendario (aniversario luctuoso de mamá). Al encontrarme sola me permití pensar en lo que había sentido al escuchar esa frase de saludo de mi amiga y la pregunta que me había hecho en ese instante se clarificó en mi mente: ¿Qué hubiera sido para mí si al tomar el teléfono, al otro lado de la línea, efectivamente respondiera mamá? Esa simple pregunta me remontó a todos los « hubieras » que nunca pude vivir, ni sentir. Aquellos que se quedaron sin respuesta.

¿Cómo se escucharía el tono de voz de mamá si no hubiera muerto cuando yo era solo una niña? Mi memoria guarda un muy vago recuerdo de su voz, pero han pasado tantos años que tengo la duda de si ese recuerdo es real o lo he construido a través del tiempo. Imagino que, partiendo de la tesis de que mi recuerdo es verídico, su voz ahora se escucharía más débil, más cansada, quizás con cierta ronquera pues la edad no perdona a nadie y en mi memoria se quedó grabada el tono de una mujer joven.

¿Cómo me hablaría? ¿Cómo le hablaría yo? ¿Utilizaría la misma fórmula de mi amiga para saludarla “Un hola, mamita, cómo estás”? o, ¿tendríamos alguna manera especial para hablarnos? ¿Tendríamos una buena relación? Esa pregunta surge porque cuando ella se fue, yo aún no había entrado en la adolescencia; nuestros conflictos eran tan pocos y tan pequeños en aquella época que no sé qué pudiera haber sido cuando las hormonas se hubieran multiplicado en mi cuerpo y con ellas me habría dirigido a mamá. Quiero imaginar que la dulzura y la paciencia natural de mi madre hubieran prevalecido y cualquier diferencia entre nosotras se habría solucionado. Si ella viviera, sé que tendríamos una relación muy cercana.

¿Cómo se sentiría un abrazo de mamá? Una vez más mis recuerdos son tan difusos que esas sensaciones se fueron por completo, pero en mis momentos más complejos, muchas veces he llegado a imaginar qué sería tener de nuevo sus brazos para hacerme sentir que no estaba sola y que sin importar la situación yo tendría la fortaleza para superarla. 

¿Cómo se sentiría su piel? Supongo que su piel sería suavecita, por todos los cuidados de humectación que ella tenía consigo misma. Con ello, otra pregunta surge, ¿cómo se vería mamá? La recuerdo maquillándose con una paleta variada de colores, peinando su cabello para que cada rizo cayera donde ella quería. Su guardarropa era extenso, y el número de zapatos que poseía, también. Mi madre era coqueta, mucho más de lo que yo jamás he sido. Ella utilizaba tacones y vestidos, yo he vivido la mayor parte de mi vida en total comodidad con tenis o sandalias de piso y pantalones de mezclilla. Con esos antecedentes, concluyo que si mamá viviera sería una viejita muy coqueta y encantadora.

¿Cómo olería si me recostara en su pecho? Recuerdo un perfume que ella utilizaba, era suave y dulzoso. La marca se quedó grabada en mi memoria más no el nombre de la fragancia. Alguna vez vi la misma marca que ella solía utilizar en una perfumería, pero el olor que ese frasco despidió no logró despertarme ningún recuerdo. No era el olor de mamá. Pienso que tal vez su fragancia ha sido descontinuada, por lo cual, si mamá viviera, ya no podría oler igual.

¿Cómo hubiera sido sentir la mano de mamá sobre mi vientre cuando estaba embarazada?, ¿cómo hubiera abrazado a su nieto?, ¿cómo habría cuidado de él?, ¿lo consentiría en sus caprichos, en sus gustos? Por lo poco que recuerdo de ella y lo mucho que me han contado aquellos que tuvieron la fortuna de conocerla mejor que yo, supongo que habría sido la abuelita más consentidora y yo habría tenido que estar interviniendo todo el tiempo para controlar los excesos.

¿Cómo la hubiera llamado mi hijo? En mi familia se utilizaba llamar a las abuelitas con el “mamá” por delante, seguido de su nombre en diminutivo o el apodo puesto por el primer nieto, que los demás seguimos. En ese caso, mi hijo podría haberla llamado mamá Paz. O quizás, un dejo de creatividad se habría asomado y ella habría llevado un nombre muy particular. Jamás lo sabré, pues mi mamá es un ente que ronda la mente de mi hijo de manera muy sutil, casi ajena a él y al que solo le pone un rostro por las viejas fotografías en mis álbumes.

El hubiera no existe, se suele decir, y aunque hoy pienso tanto en ella y en lo que hubiera sido si no se hubiera muerto tan pronto, estoy consciente de que todas esas preguntas se quedarán sin respuesta. No obstante, una vez más me doy cuenta de que no importa el tiempo desde su partida, su ausencia jamás podrá ser reemplazada. Me doy cuenta de que su recuerdo, aún vago, difuso, como viejas fotografías frente a mis ojos, seguirá vivo en mi corazón deseando que nunca se hubiera ido y que, este día, en lugar de recordar su aniversario luctuoso hubiera sido un día común y corriente en el que pudiera coger el teléfono, llamarla y decirle: !Hola!, mamita ¿Cómo estás?

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Aguanten las que crían | Colaboración

Por Paola Pérez Zamora

Aguanten las que crían

Las que cuidan

Las que maternan

Aguanten las que abortan

Arriba las profes

La emprendedora

La feriante

La artista y la artesana

La lucha es por ti, por mí

Por la madre, la hija, la abuela y la hermana

Lucha mujer y no pares de luchar

Por todas las que vienen y vendrán

Justicia a la maltratada

A la abandonada

La violada

Y la asesinada

Y valor

Porque no es tu culpa

Te van a tratar de convencer

Pero grita conmigo, NO ES MI CULPA

TODAS, NO ES MI CULPA

Y estamos cansadas de repetirlo

Pero más cansadas estamos

De vivir a diario la violencia

La amenaza constante del patriarcado

Porque tristemente

Si hay algo que nos une a las mujeres

Es el ser siempre blancos del maltrato

Y estamos aburridas

Estamos hartas

Invito, aquí y ahora

A gritar, a volvernos ruidosas

A tomarnos las manos

Y jurar cuidarnos entre todas

A mirar a la amiga a tu lado

Y decirle que nunca más estará sola

El tiempo en que ser mujer sonaba a maldición acabó

Porque hoy, al fin, ¡nos abrazamos nosotras!

No soy tu flor, soy maleza

Crezco libre y porfiada

Las malezas eres tú, soy yo, ¡y las malezas RESISTEN!

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Paola Pérez Zamora (Valparaiso, 1990). O Amapola, porque siempre le dijeron que mala hierba nunca muere y la famosa flor roja es precisamente una maleza y, como ella, las malezas resisten. Fotógrafa de profesion, activista feminista de corazón, escritora porque la vida no le dejo otra opción. Diplomada en estética, feminismo y crítica Uc, en 2019 retoma la poesía, participando en concursos, publicaciones colectivas, colaboraciones y grupos de lectura. Ese año ve la luz el plaquette Todo da lo mismo (Escafandra Ediciones). Sobre la serotonina y otros venenos (Editorial Camino, 2022) es su primer libro – poemario. Actualmente reside en Quillota y dedica su tiempo a su proyecto #serotoninatkm, microeditorial de fanzines.

Desde el naranjo | Colaboración

Por Marlene Palma Vieyra.

Deseaba saltar. En eso pensaba ella, posada en un árbol. Siempre, al subir, le impregnaba el deseo. ¡Qué aroma delicioso! Aurora extrañaba el aroma a naranja cuando bajaba de allí. Los momentos más lúcidos y nítidos fueron entre naranjas.

La primavera tornaba granada sus tersas mejillas, corría debajo de los árboles junto a algunos niños, aún sin poder distinguir con claridad sus facciones, ella les sonreía. Una mañana, los niños llegaron cuando todavía estaba posada en su rama, murmuraron bajo el árbol: “Ya no quiero que esté con nosotros” “Tampoco yo, habla todo el tiempo de cosas extrañas” “¿Han escuchado las tonterías que dice?” “Sí, siempre con cara de perplejidad, viendo a las aves o cualquier estupidez que se atraviese” «Dice que somos iguales». Todos reían. La niña contempló el momento en el que ellos se marchaban, la hierba lucía esplendorosa, la expresión en la cara de los niños era clara.

El río no era más transparente que ella, adoraba sus pies, acariciaba su cabello con dulzor para aliviar el manto ardiente del verano. Planeó acercarse a su árbol, contraer el tiempo entre ambos; caminó de un lado a otro en el lugar que había destinado para ello, pero no pudo determinar el tamaño de cada espacio ni el aspecto exterior, todo parecía desproporcionado desde allí. Subió al árbol –desde aquella clara mañana que vio partir a los niños ya no lo hacía con la misma frecuencia, temía ver a las personas a través de sus palabras–, una extraña sensación flotaba allí como el aroma a naranja. Desde allí creó su hogar.

Aurora amaba su soledad. El entorno satisfacía sus sentidos y la colmaba de ensoñación: posar en la rama de su árbol y disfrutar el aroma cítrico mezclado con otros todavía indescifrables. La hacía dueña del espacio y el tiempo, inmaculados néctares que extasían con sabor a libertad. La brisa de la tarde bronce y dorada humedecía su piel, las gotas permanecían en sus labios carmesí, el viento ondeaba su cabello cada vez más frío, pues la noche se acercaba.

Sin conocer aún la naturaleza de un nuevo sentimiento, llegó éste, poco a poco, hasta que comenzó a deteriorarse otra vez la vista de Aurora. El calor del brazo humano rodeó su cuello, la oprimió un estremecimiento al sentir que una mano tomó la suya.

No podía ver el rostro de él. Sus ojos enfermaron pero oía bien, emprendió cada paso y decisión de acuerdo a lo que escuchaba.

Los días fueron invariables, Aurora no subía al árbol. La mano que la acariciaba la retenía y la mantenía abajo mediante discursos ingeniosos. La boca púrpura de Aurora temblaba, la noche silenciosa apagó el brío en su semblante. Salió a beber la luna, intentando ver el reflejo de ayer; él no estaba, así que la mujer subió al naranjo. Lo vio llegar, fue la primera vez que lo observó desde allí: cada detalle de su rostro se reveló, a través de los ojos vacíos mostró su interior. Aurora aspiró el aroma del jugoso elixir, se dio cuenta de que ella estaba en la rama y él abajo. Él no trataría de subir al árbol, le parecía alto así como innecesario llegar ahí, las naranjas no le apetecían.

Mejoró la vista de Aurora ¿Abandonar la rama en la que bebe el verde fresco de la hierba o a las flores radiantes, dejar de admirar su florecimiento al igual que su muerte, para permanecer en la sombra de los muros en la tierra? ¿No era puramente hermosa la interacción gravitatoria que había entre ella y la materia de su contemplación? Tenía dos opciones, una convicción: decidió permanecer en el árbol toda la noche. Esta vez osó arrancar una naranja, pero antes, contempló el entorno, lo saboreó, lo vio distinto, apreció todos los aromas a la vez: la hierba, las flores, la madera, la tierra. Las aves trinaron, el rocío malva permeó su esencia, a la orilla de la frágil rama estiró la mano para arrancar el fruto, simultáneamente extendió los brazos para ascender.

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Marlene Palma Vieyra

Nacionalidad: Mexicana

Correo electrónico: euathluseuathlus@gmail.com

Fecha y lugar de nacimiento: 13-01-1989 Estado de México, México.

Estudios: Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas, UNAM.

Las dos artes que más amo son la música y la literatura. De la última he hecho un poco: 

Publicaciones

Editados y difundidos por el INPI en formato digital: 

Cuentos «Voces del Volcán»; Romances “El camino de cempasúchil” y cuatro sonetos “Cielo y Tierra”.

Editorial Alas de Cuervo: 

Cuento Rectángulo en la noche, de la antología «Relatos Fúnebres” y Regresaré a buscar la llave, de la antología “Criaturas nocturnas II”.

Revista “Las Vetas del Azogue” Edición OTOÑO 2024: 

Cuento La puerta perdida.