Cartografías del Instante| Metamorfosis

Metamorfosis

Por Anyela Botina

Frente al espejo, veo reflejados los rostros de todas las que he sido. A veces, me cuesta encontrar a la que soy ahora. Quizás, porque estar aquí, frente a mí misma, exige una honestidad implacable. Me gustaría estar frente a la hoja en blanco, como estoy ahora frente al espejo, y escribir en ella siendo honesta, diciendo mi verdad, con todo lo que duele, avergüenza o culpa. Quizás eso signifique ser libre: decir la verdad.

Mamá solía decir que nací hablando, que siempre tuve demasiado que decir. Tanto, que debía callarme para que no la avergonzara en público. Pero, yo no conservo ningún recuerdo de esa época.

Lo que sí atesoro es la voz de mamá; siempre presente. La voz materna emana una vibración especial, un eco primigenio ligado a nuestro propio nombre. Ella decía que había nacido al mediodía, con todo el sol encima, y que mientras luchaba contra el dolor buscaba inútilmente una nube en el cielo.

“El día que naciste, el sol quería verte y despejó el cielo para ti”, decía.

Yo recuerdo que pasaba mucho tiempo en el patio buscando debajo de las macetas los caracoles que se pegaban a las paredes y jugando con los charcos que quedaban los días de lluvia. En ese patio descubrí que ser niña es herirse y desilusionarse mucho, y aun así seguir confiando.

La verdad debe tener un sonido, como lo tiene el nombre; la verdad debe tener una huella. La propia verdad debe ser muchos sonidos que bailan alrededor de una y que, de tanto escucharlos, te acostumbras, como el propio olor, como la intimidad.

¿Y mi propia verdad? La que no pertenece a los demás… No lo sé. Mamá tampoco lo sabía. Lo descubrí aquel día que llegué a casa llorando, después de enfrentarme a ti, de decirte que te fueras y no volvieras más, que yo nunca te había querido, que nos olvidaras, que no fueras tonto… que aquí nadie te extrañaría…

Las palabras se habían transformado en abismos, en cosas puestas al azar y no supe sostener mi corazón, se cayó a mis pies y sentí el dolor de ser incapaz de decir la verdad.

Te fuiste.

Mamá dijo que respirara hondo. Y cuando le pregunté por el dolor en el pecho, por la piedra que me asfixiaba, me respondió con incertidumbre: “No lo sé”.

Los días han pasado, y las palabras que salen de mi boca se desvanecen, como gotas que se secan antes de llegar a la tierra. Estar frente al espejo me devuelve a todas las palabras que fui, a todas las verdades que alguna vez pronuncié.

Siento mi boca endurecerse, fundirse con los huesos de mis pómulos. Y mi cabello… cada día más fino, más suave que parecen las plumas tiernas de un polluelo recién nacido.

Mamá pasa por aquí y dice: “De pronto, como de niña te llevabas jugando en ese patio, ahí te tragaste una piedra”. Y tal vez tenga razón. Tal vez… sea eso.

En la hoja en blanco, escribo las palabras que se me escapan de la boca, recogiéndolas una a una, como un ave que recupera el alpiste caído de su pico.

Y en lugar de decir amor, te extraño tanto y no te olvido, de mi garganta brota un silbido, un graznido que exhalo desde lo más profundo de mi pecho. Entonces soy libre para desplegar mis alas y elevarme sobre el patio de la casa, contemplándolo desde las alturas, entre las nubes. Vuelo hacia mis palabras, las que te llevaste tu, las que se llevaron otros, las que sepulte con piedras y barro, voy hacia el lugar donde está mi voz y anida mi verdad.

***

Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. Escribí dos libros que se titulan Desarraigos (2022) y Aucas (2024). También, puedes escucharme en los podcast Pola y Letra e Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí 👇

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Del horno | poemas


Por Azucena Martínez Lecona


Mientras reúno los ingredientes de las galletas y panques que debo hornear te tengo en mi mente, de nuevo como en estas últimas semanas.

Suena nuestra playlist de fondo, tarareo a Billie Holiday, mido, azúcar, harina, leche, cacao, recuerdo los besos de lavanda que nos dábamos.

Mientras hundo las manos en la masa recuerdo las tuyas en mi cuerpo, hurgando y encontrando el punto exacto del éxtasis.

Que fortuito y afortunado conjunto de ingredientes entre tu esencia y la mía.

Ahuyento tu recuerdo como un mosquito y suena la alarma para sacar las galletas del horno.

Xanat. ML

D

Un amor que creció entre años, libros, clases, música, poemas, abrazos, amigos, audios y fotos.

Repetimos el ritual tantas veces, descubrimos nuestro cuerpo y lo compartimos, qué seguros y amados nos sentimos, seducidos por nuestra existencia.

Me siento abrumada al saber que ya no estás, no quise despedir tu cuerpo, tan tuyo, tan mío, se sentía tan ajeno al verte y que tus manos no me toquen, no poder besar tus labios, saberte inerte y frío.

La transformación del fuego fue brutal e implacable.

Me dueles, te lloro, no podía verte así, tú qué siempre eras tan cálido y me confortabas como el sol matutino.

Te extraño.


Sobre la autora

Azucena Martínez Lecona originaria del estado de Puebla, México.

Xanat.ML

De recuerdos, aventuras y reflexiones|Sin razones suficientes

Por Tania Farias

En la casa reina el silencio, solo las luces encendidas esperan mi regreso. Después de una velada con amigas me siento relajada. Me quito los zapatos y conforme avanzo hacia las habitaciones voy apagando los interruptores de luz. 

En mi cama hay una bella sorpresa: mi niño debió haber pedido a su papá que le dejara su lugar y sueña plácidamente sobre ella.  

Antes de acostarme voy a despedirme de mi marido quien duerme en la habitación de al lado. Después, me meto bajo las sábanas, miro a mi niño y una sonrisa se dibuja en mi rostro, a la vez que se expande un calorcito agradable en mi pecho. Pero, casi enseguida, siento una punzada de desagrado, dolorosa. 

Fijo la mirada en el techo blanco de la habitación el cual se torna en una pantalla de cine donde se proyectan los eventos de esa tarde cuando mi hijo me anunció, por segunda vez en la semana, que había olvidado en el salón de clases los ejercicios que debía finalizar como parte de su tarea. Puedo ver como mi rostro se crispó y en un segundo, el enojo se me había subido a la cabeza y se me nubló el razonamiento. No tardé nada en comenzar una letanía de remarcas por su falta de responsabilidad y de atención. Con voz aguda y golpeada, lanzaba palabras y palabras que le causaron el llanto; en lugar de callarme mi frustración crecía. Los reclamos internos también empezaron y una vocecita burlona me decía que estaba fallando en la tarea más importante que tengo que es la de hacer de él un hombre independiente y responsable de sus propias acciones y de sus deberes. El coraje me hacía decir que no me importaba que obtuviera una mala nota en la escuela y que él, solo, tenía que asumir su falta de organización. Por supuesto, en ningún momento me detuve a escuchar sus razones, pues a mí coraje no le parecían válidas. 

Después de un rato, finalmente el enojo empezó a disminuir y aunque le había casi jurado que no me importaba si se ganaba un regaño de la profesora, pedí la tarea en el grupo de WhatsApp de padres de familia.

Al final, el asunto no era tan grave y mi hijo solo tuvo que trabajar un poco más; necesitó copiar los ejércitos antes de responderlos. Al final, las cosas se resolvieron.

Me siento acongojada, culpable por una reacción tan intensa y me pregunto si era necesario. Agarro mi teléfono y una noticia me impacta: una madre mató a golpes a su hijo por no haber terminado la tarea. El aire se me corta y el llanto empieza a fluir. 

En la calma de la noche, con mi pequeño al costado, solo puedo decirme que en este tipo de circunstancias las únicas razones que no eran suficientes para permitir que la ira creciera en ese grado eran las mías.

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Agua es agua

Carmen Asceneth Castañeda

Soy la nube plena

que estalla en lluvia

contigo adentro.

A los cincuenta

busco

el placer culposo del

agua hirviendo

bajo la regadera.


Es calor que inunda

que solo se corre

como un golpe

de adentro hacia afuera.



Agua es agua

y no sabe

si es claro manantial

río caudaloso

mar embravecido

o desagüe citadino.


Agua es agua

y brisa al viento,

luz que se refracta

sobre sábanas

que acunan

mi vejez recién nacida.


Se da al sol

a los ojos

y llueve

a todo ritmo.


Agua es agua

también mis lágrimas

mis ganas y mi saliva.


Agua es agua

también mi climaterio

y

tampoco lo sabe.

El ojo de Lya | FLOW: La melancolía de fluir 

A finales del 2024 descargué una película animada que captó atención por su portada: un gato negro de brillantes ojos dorados. La sinopsis: «Un gato se despierta en un mundo cubierto de agua, donde toda la humanidad parece haber desaparecido”. La animación es simple, pero no le resta belleza; pero la trama desembocó una angustia que me hizo abandonar la película antes de la mitad. Sin embargo, por el reciente auge de que la película empezó a proyectarse en cines, volví a darme una oportunidad.

Título original & dirección: Flow – Gints Zilba

País, año, idioma original: Letonia – Bélgica – Francia. 2024. Sin diálogos. 

Duración: 84 minutos. 

Arco narrativo: Un gato junto con otros animales, un capibara, un lémur, un ave secretario y un perro labrador enfrentan una catástrofe que parece haber terminado la vida humana. El agua, que continúa creciendo, es lo único que vislumbra en el horizonte. Es en un velero en donde estos animales se unen y viajan. Más allá de ahondar en el arco narrativo de los conflictos y problemas que enfrentan, son las metáforas que el filme emplea para empatizar con los espectadores; el capibara que afronta el futuro con despreocupación y tratando de apoyar a los demás, un lémur apegado a sus posesiones materiales, un ave que desafía a su familia en defensa de sus ideas o un simple gato que enfrenta el miedo a lo desconocido para  poder ponerse a salvo.

Conflicto: Ocurren varios conflictos durante la película, el principal es sobrevivir. El gato es capturado por un ave, luego cae al mar y antes de ahogarse sale a flote por una ballena. En un momento el agua empieza a descender de forma drástica y el velero queda varado en un árbol, entre todos los animales ayudan a rescatar al capibara que quedó adentro. 

Desenlace: Con el nivel del agua más bajo y el velero destruido, el grupo de animales quedan expectantes a mitad de un bosque, el gato olfatea algo y corre para encontrar a la ballena en el suelo intentando sobrevivir. Sin embargo, en una escena post-créditos, se ve el paisaje de un atardecer y aparece la ballena nadando.

Protagonista: Un gato negro que por el creciente nivel de agua tiene que dejar su hogar. Salta a un velero donde viaja un capibara, que funge de mediador y brinda armonía con los demás animales que se integran. Un lémur que gusta de recoger cosas y llevarlas en una canasta.

Protagonista: De una parvada de aves secretario uno de estos es dejado atrás, herido, y se une con el velero; de igual forma un perro labrador que al inicio está en manada con otros perros, se une al grupo del velero.

Reflexión: Si pudiera resumir esta película en una única palabra sería: angustia. Como fanática de los gatos, desde las primeras secuencias del gatito escapando de los perros, luego cuando se encuentra rodeado de agua, y fue un sentir que perdura durante toda la película. Sin embargo, como he mencionado, uno de los objetivos del arte es evocar un sentimiento, esta película logra este cometido. De nuevo estamos ante una película animada, sin diálogos, repleta de simbolismos, que nos permiten encontrar aprendizajes, aclaro, estos los señalo a modo personal, ya que al ser un filme tan emocional, cada espectador puede evocar diversas reflexiones.

  • A veces la vida nos va a poner ante situaciones que nos obligan a dar un salto y es necesario perder el miedo.
  • Esta vida es intempestiva e inesperada, pero ayuda ser optimista y mantener en calma la ansiedad.
  • Para sobrevivir es indispensable observar y aprender en un proceso continuo. 
  • Nuestras posesiones materiales no son intrínsecas a nuestra existencia, puede que en algún momento debamos dejarlas.
  • Lo fundamental es aprender a confiar y saber apoyarnos en otrxs, para navegar en la vida; sin embargo, es importante no olvidar nuestro espíritu de independencia.
  • A través del tiempo será inevitable perder a nuestros compañeros de viaje.
  • En algunos casos nuestra familia de sangre no compartirá nuestra filosofía y/o dejará de ser un lugar seguro.

La traducción del título es “Fluir”, un modo con el que pocas veces vivimos, nos agobia el estrés o ansiedad por la incertidumbre del futuro; pero siempre pienso que al final, la realidad ocurre en forma menos catastrófica de lo que nuestra mente imaginó; no olvidemos que lo único constante en la vida es el cambio. Es decir, que tendremos etapas con la misma calma de un gato que duerme en el mástil de un barco y otras, en las que sin aviso, el caos irrumpirá en esa calma, y será llevadero cuando sepamos a quien subir al barco de nuestra vida. 

Recomendación: ¡Por supuesto! La película es emotiva y el arco narrativo deviene, sin aludir al positivismo tóxico, en un mensaje de aprender a perder el miedo al cambio, tener optimismo y calma antes el caótico e incierto futuro. Hay secuencias que me parecen destacables, como la manada de ciervos andando en círculos, enmedio el gato negro asustado, el agua irrumpiendo con furia y de repente vemos que era un sueño del protagonista; otra escena conmovedora es el ave trascendiendo, volviéndose uno con el universo, abajo, un pequeño gato que le maulla en despedida o congoja por verlo partir. Flow es muy oportuna para desconectar la rutina y poder conectar en nuestro sentir. 

Nota al pie: Con la escena post-crédito se entiende que el agua volvió a inundar todo, y nos cuestionamos en qué ocurrió con los animales ya sin velero. Me quedo con el comentario que el director dijo: “Es un final esperanzador. Ya que el gatito aprendió a superar sus miedos y ahora tiene amigos que lo ayudarán a afrontar cualquier situación”.

Vaciar una montaña | Emilia Pérez o el peligro de una sola historia

Por: Samia Badillo

Hace tiempo vi una charla de Chimamanda Adichie llamada “El peligro de una sola historia”. En ella, la escritora africana trata, entre otras cosas, sus primeras experiencias de lectura: ella, una niña negra que vivía en Nigeria, se imaginaba que todos los libros trataban de personajes blancos que hablaban de la nieve y comían manzanas. Cuando comenzó a escribir, a los siete años, sus personajes también eran blancos y hablaban de lo mismo, a pesar de que en Nigeria no nevaba y las frutas que ella comía eran mangos. No fue hasta que encontró autores como Chinua Achebe y Camara Laye que se empezó a sentir representada y comenzó a escribir sobre personas con piel color chocolate, pelo rizado y experiencias afines. Ella está agradecida con los libros británicos y estadounidenses, por permitirle imaginar, pero, expresa con determinación: “el descubrimiento de los escritores africanos hizo esto por mí: me salvó de conocer solo un relato de lo que son los libros.” Es decir: hasta ese momento, ella sólo había leído el punto de vista de una cultura. Ese referente, era su mundo literario. Pero, claramente, no era el mundo.  



Chimamanda en su relato expresa que esa “sola historia” también apareció en otros ámbitos de su vida. Por ejemplo cuando, acostumbrada a oír la conmiseración que sentían algunos miembros de su familia por familias pobres, se sorprendió de que Fide, el hijo de la empleada doméstica de la familia, hizo con gran maestría una cesta hermosa. “No se me había ocurrido que alguien de su familia supiera hacer algo. Lo único que oía de ellos era lo pobres que eran, de modo que me resultaba imposible verlos como algo más que pobres. Su pobreza era mi relato único sobre ellos.”

Ella misma vivió esa “sola historia” cuando, en la universidad, su compañera de piso pensó que no sabía usar la cocina ni hablar bien inglés. “Mi compañera de habitación conocía una única historia sobre África, un relato único de catástrofes. En esa historia no cabía la posibilidad de que los africanos se le parecieran en nada, no había lugar para sentimientos más complejos que la pena ni posibilidad de conexión entre iguales.” 

Chimamanda cita varios ejemplos más, pero creo que entendemos el punto. He recordado mucho esta plática por la polémica que ha habido en redes sobre la película Emilia Pérez (Jacques Audiard, 2024). El film relata la historia de un narco mexicano que contrata a una abogada famosa para que la ayude a hacer su transición a mujer y borrar las huellas de su antiguo yo. Con ello, no solo hay un cambio físico, sino también un cambio moral, pues el narco que otrora fue un sanguinario, se redime y ayuda a las familias de desaparecidos en México. La premisa, sin duda, suena interesante. Lo es. Pero…¿Por qué gran parte de la sociedad mexicana está tan enojada con la película? Si es tan mala como varias personas dicen, ¿Por qué cosechó premios y se perfila como la gran ganadora de los Oscars 2025? ¿Por qué Guillermo del Toro, nuestro Guillermo del Toro, la elogió? ¿Es la sociedad mexicana la más resentida? ¿Es que acaso el norte global se perdió de algo en la conversación? y por último y no menos importante: ¿Se lexicalizará la expresión “Me duele la pinche vulva nada más de acordarme de ti” o sólo será un meme pasajero? 

Está bien. Creo que he sucumbido con esta última parte al tren de sarcasmo de las redes sociales. Y esto es claramente porque no soy neutral, ya que el contexto en el que se da la conversación de la película, me interpela. 

Mi percepción es que la gente está enojada -estamos enojadas-  porque un director extranjero trató la situación de la violencia y la desaparición forzada en México, un tema doloroso para nuestro país, sin mostrar sensibilidad para mostrarlo. ¿Por qué? bueno, el mismo Audiard no tuvo interés por conocer la cultura mexicana (él mismo afirmó en una entrevista que no se le ocurrió investigar sobre México porque no lo creyó necesario); no filmó la mayor parte de la película en México (construyó sets en Francia) y la directora de casting consideró que para los papeles no era necesario contar con elenco mexicano. El director, además, escogió contar la historia a través de un musical, algo que  muchas personas interpretaron como una falta de respeto también, porque un musical se asocia más con un tono alegre, festivo. No con la violencia, los desaparecidos y la muerte. 

Pero…¿Acaso un extranjero no puede hablar en su arte de algo que no conoce o que no tiene que ver con su cultura? no me atrevería afirmar algo así. Pero sin duda, hay aproximaciones a aproximaciones. Pensemos, por ejemplo, el gran recibimiento que tuvo Coco (Lee Unkrich, Adrián Molina), de Pixar. Un estudio extranjero toma una historia que transcurre en el día de muertos, pero investiga de qué se trata la tradición, cómo interpela a la población mexicana y cuáles son los símbolos en los que podríamos reconocernos. Además, en cierto sentido, aprovecha el vínculo profundo que esa fecha genera con nuestra propia afectividad (recordar a seres queridos y honrarlos ese día), para lograr esa conexión emocional. Hay, desde mi punto de vista, un interés por “quién es el otro”. Por eso Coco, “se ganó” a los mexicanos. 

Hay otro gran ejemplo de cómo un director extranjero (español) pudo hablar de un tema doloroso para un país latinoamericano (Uruguay), con profundo respeto. Se trata de La Sociedad de la Nieve (2023), de Juan Antonio Bayona. El director cuenta que desde que conoció el libro, donde varios supervivientes relatan sus vivencias, se sintió interpelado por la historia y que sabía que, para poder dar una visión que conservara el espíritu, las implicaciones emocionales y lo trascendente del hito, tenía que realiza su película en español. «Era muy importante entender el contexto, y para entender el contexto, había que rodar la historia desde dentro»

Con ello, Bayona sabía que, hasta cierto punto, se cerraría las puertas a varios recursos (no solo financiamiento, sino también en la industria) pero, a pesar de ser un director que había debutado en Hollywood, no renunció a su apuesta creativa. Netflix le abrió las arcas y así nació, lo que para mí respecta, una superproducción. ¿Por qué este film, con tanto nivel en dirección, efectos especiales, nivel técnico, no estuvo nominada a 13 oscars? Porque no está hablada en inglés. Porque no es una historia estadounidense que toma la situación de los supervivientes como pretexto para contar una aventura del clásico héroe gringo (como sí lo hizo, por ejemplo, Alive, Frank Marshall , 1974). Porque Bayona se interesó profundamente en representar en pantalla la épica trágica de los supervivientes, con sus propias pérdidas. Varios supervivientes hacen cameos en la película y los actores (uruguayos y argentinos) los conocieron para crear un puente con la obra. 

¿Reconocimiento a la otredad? Sí. Y no sólo eso: una apuesta por contar otra historia. No cayendo en el peligro de solo quedarnos con una (o con usa sola visión hegemónica: la de Hollywood).

Es posible que Emilia Pérez a nivel técnico sea sorprendente. Es posible que la propuesta cinematográfica sea innovadora y que realmente, a nivel narrativo sea una obra interesante. Pero no quiere decir que realmente retrate el dolor, la muerte, la pérdida que significa la crisis de violencia que vive hoy México. Porque nada de eso le interesó al director, ni al equipo creativo. Por eso estamos enojadas. Porque estamos viendo cómo, masivamente, el punto ciego de la hegemonía (Francia, como parte de la hegemonía cultural) no registra a la otredad (latinoamericana) y sólo utiliza sus paisajes, sus historias y sus dolores, como escenario para contar “su historia”, no la nuestra. 

Que nuestro dolor sea el recurso para el entretenimiento (no para la empatía, no para el cuestionamiento, aún a nuestras propias responsabilidades, sino simple y llano entretenimiento), es lo que nos emperra. 

El cine, como bien lo apunta Raquel Maganda, no es inocente. Es un producto cultural que nace de un punto de vista, con intenciones e implicaciones sociales. Estamos enojadas por la instrumentalización. Porque estamos hartas de escuchar y leer las mismas historias. Hartas de que los extranjeros, con su despliegue de recursos, impongan su visión, incluso, de nosotras mismas, como sociedades latinoamericanas. 

Emilia Pérez está cosechando tantos premios porque quien premia tiene también ese punto ciego. Not all members of the film academy, but definitely several members.

¿Deberían esas cadenas de producción cultural (cine, literatura, música, streaming) acercarse a nuestras historias? creo que sería un mundo con mucho mayor riqueza cultural, definitivamente, si así fuera. Pero creo que esta coyuntura, lo que puede poner de manifiesto, es preguntarnos a nosotras como latinoamericanas, si queremos seguir abrevando de las mismas fuentes para recibir historias. 

¿Quiénes son las voces que, como a Chimamanda Adichie, nos harán percatarnos de que hemos visto, por mucho tiempo, las historias del mundo desde uno o dos lentes, pero que esa no es la única historia? 

Emilia Pérez unió a muchas, muches, en la protesta en redes sociales y en las respuestas creativas (la rabia inspiró, por ejemplo, un cortometraje parodiando la película, Johanne Sacreblu, Camila Aurora, 2025). Creo que un ejercicio interesante será preguntarnos ¿qué hacemos con eso? Si Emilia Pérez no nos representó, ¿qué sí? 

¿Dónde están las miradas que, aunque nos confrontan, nos hacen replantearnos nuestros puntos ciegos, para crecer, para dolernos, reponsabilizarnos o enojarnos con otras cosas y de nuevas maneras? 

Los oscars pasarán y en redes sociales saldrá una polémica nueva. Pero lo valioso que trae esta coyuntura es esa voz que revolotea en nosotras y nos dice: allá afuera hay otras historias y otras visiones de las historias ¿Queremos quedarnos realmente sólo con una? 

Mediadora de lectura, narradora y creadora de contenido digital. Su trabajo ha estado ligado al acompañamiento de grupos, la creación literaria y la investigación de la Literatura de tradición oral en México y sus vínculos comunitarios. Actualmente se desempeña como consultora en el área de diseño y comunicación en equipos de UX (User Experience).

La violencia permanece en nuestros corazones

Por Lorena Piedad

Aviso del editor: este texto contiene narraciones de violencia doméstica y abuso que pueden ser detonantes para algunos lectores.

“Los muertos llegan 
como una mariposa”
Ulises González Ventura

Rocío cerró el consultorio cansada y confundida, su última paciente le trajo recuerdos a la memoria oculta, la puerta que nunca abre, los golpes, las humillaciones, los ataques de ira, las heridas emocionales imborrables, las preguntas sin responder, ¿por qué yo?

Manejó rumbo a la casa del pasado, justo en el corazón de la ciudad, tuvo miedo de quedar atrapada en esos años violentos, detuvo el auto y observó la fachada de ese lugar que ahora le pertenecía a quien sabe quién; los gritos, “eres una estúpida”, los puños en su rostro, las taquicardias. 

Al llegar a su verdadero hogar, por el que tanto luchó, abrió el armario y bajó una caja de zapatos repleta de sus diarios, “no sé cómo sucedió, estaba de buen humor, pero repentinamente todo se volvió oscuro, me invadió la ira y de nuevo comencé a ofender, ¿soy acaso un monstruo?”

“3 de octubre de 2014. La psicóloga me dijo que debo respirar, pero cuando vienen los ataques de ira, en lo que menos pienso es en buscar la paz, le dije a José Luis ‘pobre fracasado, crees que puedes controlarme, no eres más que un estúpido imbécil’. Y se fue para no volver, cancelamos la boda y un nombre más a la lista. ¿Mi destino es estar sola”.

Rocío lloró, no le gustaban esos recuerdos, aunque ser psicóloga es recordar constantemente mediante el dolor de otras y otros, “una cosa es ser valiente y otra muy diferente ser hiriente”, le decía su mamá cada vez que tenía esos episodios de ira incontrolables. 

Cuando sales de la profundidad de un hogar violento, las personas piensan que es suficiente respirar y llegar a tierra firme, pero olvidan el daño en sus pulmones por resistir tanto tiempo bajo esa agua fría y turbia, eso nunca es eliminado, permanece en nuestros corazones, oculto o a flote, pero permanece, escribió en su diario con fecha 7 de octubre de 2024. 

La psicóloga Rocío Paredes Olguín era la misma niña fotografiada por un reportero que ganó la primera plana del 23 de marzo de 1994 con su título “Padre casi mata a sus hijos”, en la imagen aparecía ella ensangrentada de la cara y a su lado su hermano Javier con un rostro de terror; después de unos días, las personas olvidaron la noticia, menos ella, menos Javier que ahora era un preso por robo con violencia. Violencia, violencia y más violencia. 

Rocío pasó su adolescencia y parte de su juventud aislada porque descubrió que esa rabia con la que su padre la golpeaba se había insertado dentro de ella como un demonio al acecho, listo para atacar a la menor provocación, llevó consigo la etiqueta escolar de “niña problema”. 

Su vida dio un giro cuando conoció a la psicóloga Karla García, entonces supo que no tenía un demonio dentro sino dolor, traumas que son difíciles de cerrar, pero Rocío se aferró a la posibilidad de salir a flote, de nadar y nadar hacia la superficie hasta que logró convertirse en una mejor versión de sí misma. “Los muertos no sólo permanecen en los panteones, también están en nuestro pasado, esas personas que fuimos y decidimos enterrar para crear una versión alterna de nosotras mismas, mejor o peor, es decisión personal. Los muertos llegan como una mariposa a nuestro presente para recordarnos quienes fuimos, quienes somos y hacia donde vamos”, escribió aquella noche.

Por Lorena Piedad

Cuando Mercedes se fue, y otros poemas de Samantha Caroline

Por Samantha Caroline Torres Hernández

Cuando Mercedes se fue

Siempre te supe mar
en el cielo:
zafiro traducido mujer
que ya no está,
pero tu cuerpo no abandona.
El calor no se va:
Mer habita las flores amarillas,
pequeñitas, siempre
jugando a ser dientes de león.

Las constelaciones te llamaron
y nunca viste como hoy los astros.
Mer, caricias de sol:
te zurcieron el pecho al final,
protegiendo tu corazón.
Ahora no hay temor,
porque nunca más estará expuesto.

Mer, luciérnagas de noche:
cuando te bajaron al surco,
rodeada de tierra,
supe que eras más mar.
Al sembrarte, el viento soplará,
y en virilo recorrerás
todo el mar que ahora nos dejas.

Arriba, mi espejo

El cielo se equivoca
cada vez que veo 
el pasto crecer bajo mis dedos
desde que no estás
Dios se esconde
entre las nubes
negándome tus brazos,
tu amor
cala en los profundos huecos
de mi ser.
De nada sirven mis súplicas
el llanto de mi madre
al verme perecer
en estos versos 
porque soy un chiste
interminable
que mi padre usa de trofeo
al dejarme respirar
y mirar el cielo
con un sol jugueteando 
de entre las nubes:
y en mi soñar
oculto
el calor 
que antes gozaba porque
ahora es sólo el recuerdo
de tu partida.

Vuelo

Te fuiste
y los cuentos
dejaron de escribirme.

Escuché gorriones 
guardar silencio
al compás de llanto
las vi arrojar mi llanto 
en una caja de plástico
y las supe burlonas 
al leer tus cartas.

No hay más que letras 
después de la muerte 
no hay vida
sólo verbos en verso.

Samantha Caroline Torres Hernández (Guadalajara, Jalisco, 1996) Estudiante de la Lic. En Letras Hispánicas del CUSur. Fue premiada en el XV nacional de cuento Elena Ponitowska de la UAA. Finalista del concurso Guadalajara en sus jóvenes escritores. Aparece en Ahora: Los nuevos escritores del sur de Jalisco. Ha sido publicada em diversas revistas nacionales e internacionales

Mariposa Roja

Por Sophia Mishelle

Los escuché llamarte diosa 
cuando te declaraste humana. 
Te ví mirarte al espejo 
y desear ser más como las otras 
Sin poder mirarte bonita como sólo tú lo has sido, 
Opacar los miles de colores 
que la luz de la luna refleja 
y nubla los ojos de todas 
los que te buscamos. 

Perderte en ti misma, 
y buscar lo que no puedes ser 
No te aferres a ello, 
no te aferres a otras 
y mucho menos a amores ajenos. 
No pierdas tus alas, 
por sostenerte en la tierra de deseos ajenos. 

Mejores sonrisas has sido, 
de las que te han dado. 
Mejores memorias has dejado, 
de las que has recibido. 

Sostente de quien te quiere y vuela, 
vuela siendo tú misma, 
y no te dejes atrapar por nadie. 
Pues quien dice quererte no te encierra ni te retiene por sentir o por ser. 

Sé mejor como tú misma, 
inicia la búsqueda de lo que puedes ser 
y no de lo que otros te quieren, 
no de lo que otros aman, 
Amores has perdido, 
por querer buscar el de otros, 
por creer que ese afecto ajeno es importante. 
y no el que te vuelve diferente a todas. 

El amor que sólo tú puedes darte, 
y el que pides que te demos.
Vuela y déjanos libres, 
no te aferres a otros, 
y te desearé suerte en tu viaje, 
amiga perdida 
en la travesía de encontrarse a sí misma. 

Dejanos si es necesario, 
pero llévate lo que te da sueños y felicidad.
Elévate sobre las estrellas, 
elévate sobre tus errores y tus detalles entonces
podrás encontrarte a ti misma, como la diosa
que libró sus batallas y demonios, la guerrera
que todas buscamos ser, en nuestra propia
lucha. 

Recuérdate por lo que has logrado, 
mereces mucho más que el mundo terrenal.

Nacida en la Ciudad de México el 6 de Julio de 2001, ha mostrado gozo y disciplina por las artes desde que era una niña. Lo que la llevó a graduarse en artes y humanidades con especialidad en literatura por parte del INBAL a los 19 años. Publicó la revista escolar YEMA y posteriormente a partir del 2023, publicó de manera independiente la serie Historia Universal de la Mujer y el poemario Adoración Delírica. Al mismo tiempo, se dedica a la investigación del papel femenino en la historia, así como la participación en obras de teatro infantil de temporadas cortas.

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