LA GENTILEZA CURA


Por Isa Hdez.

Todos los derechos de autor reservados
(Acróstico)


La luz iluminaba el arrebol de su cara de amapola
Adoraba su figura galante con esa prestancia que la enamoraba

Gratitud al edén por esa suerte de cruzarse en el camino
Entre ramas de romero, mirto y retamas se miraron
Nada ya los pudo separar en el tiempo que duró el paseo
Todo giraba alrededor de agradar a la princesa de sus quimeras
Imaginaba que los cielos se abrieron para encontrarse
La luna, las estrellas y el viento eran su universo entero
Entre las nubes algodonosas se abrazaban con ternura desmedida
Zafiros azules le regalaba cada vez que sellaba su boca
Amor, distinción y reverencia le brindaba en cada suspiro

Cuando despertaba, un mar de lágrimas anegaba sus mejillas
Una luz pálida se colaba por la rendija de la ventana
Rosas de esperanza se abrían en el jardín de sus sueños
Amaba con pasión a su príncipe galante, soñador y bello

                                                                                                


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Entre Caos Poético y textos perdidos| Sólo ellos pueden hacerlo


Por Elizabeth Vázquez Pérez


Todos hemos sido participes de conversaciones donde llegan a expresarse infinidad de comentarios, silencios también. En lo particular me llama la atención el porqué de ellos, tal vez sea el no tener nada qué decir o simplemente por no querer hacerlo dando una falsa impresión al de junto ya que cada persona sabe dentro de sí el motivo e intención.

Sin embargo, todo aquello que se dice en voz alta suele tener gran peso en los receptores de la misma conversación y es por ello que al ser confidentes de algún amigo, platicando de nuestras quejas e historias de situaciones cotidianas, se llega al punto exacto que hace interesante la conversación, en este caso quiero mencionar aquellas pláticas entre mujeres que en determinado momento suelen recalcar parte de su vida con frases que les dicen ,independientemente del contexto,  algo así como: “si tomas o fumas eres piruja”, “no salgas a bares si te ven, uff”,  “está muy corto” como si vistiendo de largo no te voltearan a ver, o de frases implícitas en los actos como el “yo voy a la fiesta con mis amigos, te apago el celular , no tengo señal”; y así muchas frases estúpidas hasta llegar a la frase letal de resignación “solo ellos pueden hacerlo, una no”. Para mí el utilizar esta frase sería ambivalente, entre rebeldía y resignación, aunque hay que indagar desde el origen del porque ese tipo de comportamiento. Se podría llegar a varias alternativas, como ver el lado bueno de las cosas mediando así la situación y aprender el arte de toda mujer, el hacerle creer que el otro tiene la razón.

Es cuestión de analizar y cambiar la perspectiva que se tienen de las personas a nuestro propio juicio sin cambiar la realidad en que se encuentran los que emiten ese tipo de acciones, porque real es solo lo que cada individuo vive y conceptualiza de su entorno para poder avanzar.

Todas las frases mencionadas se dicen siempre bajo una intención y lograr lo que se propone el otro, cuando entre emociones y sentimientos desequilibran el estado habitual de la persona se detona el mal comportamiento.

Primero que nada, pienso hay que quitarse la idea de que los hombres pueden hacer más cosas que las mujeres ubicándonos en que somos seres pensantes e inteligentes puesto que “el puedo hacer” se define en el núcleo de cada familia en la capacidad que se tiene para tomar decisiones, desempeñar un trabajo, manejar una maquina etc. Y es ahí mismo donde al ser educados, socializar y buscar una pareja surgen las pequeñas variaciones entre lo que se piensa que se puede hacer y lo que te impiden hacer al haber tomado el tren del compromiso con otra persona. Esto último me da la oportunidad de decir que el actuar en modo “si lo haces tú, lo puedo hacer yo” es un pensamiento absurdo y equivoco que se adopta estando en pareja, donde la persona más impulsiva suele perder en la mayoría de los casos por no controlar esos mismos pensamientos al no quitar la etiqueta al género.

Si pensara en lo que puede delimitarnos entre hombres y mujeres sería la capacidad de dar de cada persona, ya que puede haber un cierto vínculo con el poder hacer, siendo aquí donde los silencios y las voces cobran vida al tolerarse uno con otro.

El dar resulta no tan fácil. Y no lo menciono por conceder el permiso para poder realizar nuestros actos, sino porque depende de ello para establecer un común acuerdo con el otro, la disposición para aceptar lo que sea necesario para seguir adelante. No es como las madres dirían “tú lo elegiste, pues ahora te chingas”, y por más frívola que suene no va por ahí. La pauta está en la capacidad de tomar decisiones para hacer lo que nos plazca y en el cómo llevarla a cabo. Esto suena como una maña elaborada, sin embargo, es razonar. Hacerle creer al otro que tiene la razón es aceptar que no se puede cambiar al otro, es ser falso por momentos, pero funciona como ejercicio para sobrellevar en conjunto.

Entonces todos como seres capaces hay que pensar más y sentir por separado

Todos podemos hacer lo que nos venga en gana, la manera en cómo llevarlo a cabo es vital para que funcione, siendo capaces hay que aprender a razonar sin mezclar emociones, dar oportunidad al que vemos a diario de frente y al espejo para romperle la madre a su ego.

                                                                                                

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo "Solo ellos pueden hacerlo" , relato " Dos por un cuarto de hora", 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista "El Cisne"(poesía) Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI VOLUNTAD
. Actualmente estudia un diplomado de Mediación Lectora , Fomento a la lectura en FCE 
.
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de reto
s

Puedes encontrarla en :

    Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Sirena Otoñal.

    Arizbell Morel Díaz.

    Tengo una flor de cempásuchitl seca en una maceta que me mira todas las mañanas al despertar. 

    Pétalo a pétalo se ha deshojado por completo ya.

    Ojalá fuera de primavera, para que volviera a retoñar.

    Pero ella necesita del frío, como yo del caminar…

    Dicen que las sirenas solo pueden cantar, pero a mí me gusta bailar.

    Con mis escamas anaranjadas y mi jarana me encamino a la mar. 

    Petenera, petenera, me gritan las marinas al pasar. 

    Y sus cantos me persiguen, del do al mi al fa, sol, si, la…

    No las puedo evitar,

    no las puedo ignorar más.

    Yo soy una sirena otoñal…

    …Y el agua me persigue a dónde quiera que me llego a parar….

    Si un día ves un río salir de una casa, ten la seguridad de que he pasado ya.

    Los azulejos húmedos por mi caminar, las baldosas mojadas quiero dejar…

    Sirena otoñal, me gusta más el cielo observar…

    Y ver el mar de constelaciones que se forma en el ámbito estelar.

    Contar las caras de la luna, aunque me las sepa ya. 

    Nunca me canso de improvisar. 

    Entre cuartas y redondas, me gusta transitar.

    Con mariposas blancas mis cabellos adornar. 

    Y a veces quiero escapar, ponerme a volar….

    Pero no nací hada, ni ángel ni bruja para poderlo realizar….

    Tal vez tú si lo seas, tal vez tú puedas escapar…

    …de esta mi canción, sonata de un octubre lunar…

    Dicen que suena a hojarasca, a pedazos de árboles sin secar…

    Dicen que se oye como ventisca, golpeteando contra un cristal.

    Pero yo creo que tiene el timbre de las baldosas al saltar,

    de las tazas de café por finalizar, las bufandas que me tejió en algún momento mi mamá…

    Yo creo que sabe a tejocote, a incienso bañado en copal…

    Yo creo que se deleita como una ofrenda por la que se puede transitar…

    Creo que toda mi canción, te cabe en un huacal. 

    Arizbell Morel Díaz.

    Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” desde el ciclo 2021-2022 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). 

    Ha dirigido “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida. 

    Ha escrito narrativa y ensayo. Entre sus textos publicados por La Coyolxauhqui se encuentran “Bitácora de una planta en resistencia” (2020), “Tetera conoce a cafetera”, “Barista”, “La máquina que todo lo escribe” y “El color de tus ojos al ver las hojas caer” (2021).

    Piezas de un alma simple

    Noches de noviembre

    Escrito por: Alondra Grande

    No puedo recordar tu voz,
    el sonido de tu risa es una brisa lejana
    que empapa los recuerdos cada vez más apagados.

    Vives en la memoria de una naufraga
    que busca con desespero una isla donde varar.
    Los días después del día fueron cada vez más apagados
    Hasta que abrí las cortinas y vi director al sol…

    No puedo recordar tu voz
    Ni el sonido de tu risa.
    Pero recuerdo tu presencia
    y lo que sentía cuando te tenía.

    Te recuerdo a ti y eso parece suficiente
    para aferrarme y poder seguir
    hacia un nuevo día.


    C:\Users\Danajil\Downloads\WhatsApp Image 2020-11-09 at 11.54.05 AM.jpegSoy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico. Tengo 22 años de edad, estudianta de psicología, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel. 

    Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Un altar para dos.

    Por Arizbell Morel Díaz.

    Era inevitable, la música del rock le recordaba a sus días de juventud temprana en una colonia de tercera dentro del ombligo del mundo. 

    Las calles plagadas de vírgenes de Guadalupe, el olor que no era incienso, el tráfico, el clima, el metro y los payasos de semáforo sobre al asfalto rodaban por su memoria como las vías del tren en una vieja novela policíaca de esas que todo mundo dice que acaba de leer. 

    Y es que los libros que crees conocer (aunque solo sea como colección de portada) llevan un lugar especial en el corazón. 

    Ahí, junto a Ana Karenina y el Quijote soñador se encontraban las baladas que nada tenían que ver con Bunbury, las melodías para barítonos desafinados, la rebeldía estereotípicamente juvenil que apesta a un espíritu a punto de pudrirse. 

    Y es que ella sabía de los amores perdidos en un par de compases desentonados, sobre todo en Día de Muertos.

    Este año, pleno 2022 post-pandémico, la festividad estaba plagada de nostalgia por sus veintes que se habían gastado en cuatro paredes y una pantalla.

    El rock y el culto a la muerte eran como gasolina en medio de una fogata para su ser; siendo tan joven había nacido con una herida mortal, con un perpetuo anhelo por subsistir entre la podredumbre. 

    Su corazón era como un camote: duro en apariencia, salado y dulzón, redondo, absolutamente redondo, poroso, lleno de pliegues y marcas, de cicatrices de la ansiedad que la perseguían. 

    Y también retoñaba en octubre, con las flores de cempásuchitl y las nubes color hueso que acompañan a las ánimas en su regreso por la tierra. 

    La música que escuchaba sabía a cosecha, a ceniza fresca, canto cardenche* al unísono de cuatro voces. Era la voz de una generación atormentada por el desánimo continuo que causa la indiferencia ante el mérito. 

    Nada la emocionaba, nada la impresionaba…

    …salvo poner un altar para dos: la que había sido y la que sería.

    Es decir, para sus dos personas favoritas. 

    Quiénes eran, no importa en estos momentos. Éste no es un relato sobre las muertas, es la historia de una chica quien con una banda de rock en el fondo buscaba convocar al más allá gracias al do mi sol. 

    Llegó entonces el día de colocar el altar para dos…

    Todo estaba listo…

    El papel picado, las mandarinas, el camote, los retratos en tono sepia, el incienso, el copal…

    Velas, porque una ofrenda es una invocación.

    Comenzó el acomodo al ritmo del cuatro cuartos y la voz de Freddie resonando con una pasión por la vida terrenal que lo habían llevado al más allá…

    Pronto se dio cuenta de que sus esfuerzos eran inútiles (tan inútiles como la vida misma) y desistió.

    Recostada sobre los veinte mil pétalos de cempásuchitl dejó que en sus huesos resonaran los intervalos irregulares del vocalista…

    Irara…Boo, boom, ba, bay….

    Rítmica constante sin sentido que en su sonoridad atrapaba una época.

    Another one gone, and another gone…

    Mercury comprendía (como nadie podría) el desazón de saberse viva, de la lucha constante por subsistir cuando la existencia te ahoga el cuello, te hiela la sangre y evita que el corazón comience a latir…

    Una vez más, tomó los adornos para crear una composición con sus formas y texturas. 

    Pero algo siempre faltaba.

    No se parecían en nada a las hojas amarillas a punto de caer sobre los árboles de la Avenida Reforma. 

    Les faltaba la magia de la estética, carecían de la ternura de aquello que es bello y que reconocemos porque nos obliga a mirarlo de frente y sin dilataciones.

    Es decir, no era especial, era una ofrenda como cualquier otra que ha existido en este planeta.

    Sus anhelos de grandeza la iban a aplastar, tarde o temprano y lo sabía.

    Pero antes quería terminar su altar para dos.

    En las velas estaba la clave…

    El tono de todo lo daban los candelabros faltantes y no las calaveras de azúcar que había olvidado comprar. 

    Al lado, los camotes y la promesa del cambio temprano. 

    Afuera, el viento que no puede dejar de soplar en un relato otoñal. 

    Y alrededor, las vueltas a la melodía contra el hastío.

    Un altar para dos sin ton ni son.

    Fotografía: Shu Villegas.

    Arizbell Morel Díaz.

    Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” en el ciclo 2021-2022 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). 

    Actualmente dirige “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida. 

    Ha escrito narrativa y ensayo. Entre sus textos publicados por La Coyolxauhqui se encuentran “Bitácora de una planta en resistencia” (2020), “Tetera conoce a cafetera”, “Barista”, “La máquina que todo lo escribe” y “El color de tus ojos al ver las hojas caer” (2021).

    No era bonita hasta que…

    por Brenda Garrido Hernández

    Tal vez resulte extraño para los estándares actuales, pero, durante décadas (a veces de maneras más marcadas que otras) existió un tropo narrativo muy común que bien podríamos comparar a lo sucedido en el cuento del patito feo, este casi siempre era aplicado a algún personaje femenino y a mí me gusta llamarlo “No era bonita hasta que…”

    En películas, series, novelas e incluso dibujos animados, era bastante común que algunos personajes fueran considerados por todos como canónicamente feos. Casi siempre de cabello encrespado y sin forma, grandes anteojos, frenos, poco sentido de la moda, a veces pasado de peso, acné, y una actitud un tanto… extravagante, aunque claro la actitud siempre es lo menos importante.

    En producciones como She´s all that, clueless, el diario de la princesa, el manual de supervivencia escolar de Ned y la muy famosa Betty la fea, etc. Existen personajes, que a ojos de todos aquellos que la rodean son feos hasta que se hacen un cambio de imagen completo.
    De repente, quitarse los lentes, alisarse el cabello, bajar de peso y una capa de maquillaje son el remedio definitivo para su fealdad. La chica deja de ser fea y de repente todo el mundo se da cuenta que siempre fue bella, pero todos eran demasiado superficiales para verlo y se arrepienten de haberla marginado por su apariencia.

    Pero, lo curioso aquí es que si lo analizamos… ninguno de los personajes que la rodean dejan realmente de ser superficiales, al contrario, reafirman que lo son cuando admiten sus errores solo al ser conscientes del cambio. Solo la notan realmente, cuando la consideran hermosa
    y ¿si nunca hubiese cambiado? ¿Alguien se hubiese dado cuenta de cuánto de lo estupenda que era?

    Este tropo es extraño por muchas razones, pero también es descorazonador para las chicas que crecimos viéndolo, inundando nuestras pantallas cada dos por tres. Era una puñalada constante que nos decía, una y otra vez que si no cumplíamos ciertos estándares no éramos bonitas, no merecíamos ser miradas, ni escuchadas, ni ser tomadas en serio.

    Y así aprendimos a odiarnos un poco, lo fuimos perfeccionando, nos casamos con la idea de que el amor no es una posibilidad hasta que hiciéramos un cambio tan radical que a penas nos reconociéramos nosotras mismas.

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    Entre caos poético y textos perdidos | No sé. Si saber es correcto.


    Por Elizabeth Vázquez Pérez

    No sé.
    Si saber es lo correcto.
    
    El cómo tocar los sentimientos
    de los momentos más bellos, 
    porque cuando se nos van de las manos 
    la agonía en punta de la garganta 
    se vuelve etérea e infame,
    en voz de la memoria que no absuelve, es justa. 
    
    Una mujer.
    ¡Qué extraño! 
    Se hizo querer de una forma tenue, 
    cálida como brisa a media tarde  
    que ahora llora su sonrisa y 
    su alegría por la vida.
     
    Llueve y teje su legado, 
    llora mi alma, 
    mis ojos duelen pero
    No sé. 
    Si saber es lo correcto. 
    
    El hilvanar del querer, 
    regresar al tiempo, 
    todo es batalla contra él 
    puesto que es sabio  en vida; 
    llena de momentos, los arranca, 
    me prestó la ternura de una mujer entera, 
    de mirada asustadiza, 
    sumergida en un silencio.
    
    Soledad  ahora me envuelve 
    porque el saber no siempre es bueno, 
    aceptar, mucho menos .  
    Lo siento en su rostro, lo veo. 
    Pero me siento feliz 
    porque sé que decidir dar instantes es el preciso momento, 
    delimita la marcha en contra del destino incierto, 
    se da, se absorbe y refleja en su aliento, 
    brindando la satisfacción del no retroceso.
    
    Para Josefina M 
    
    
    

    «la poesía es el mejor nutrimento de los momentos»

    Lizzie Vp

    Galería

    Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
    Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo "Solo ellos pueden hacerlo" , relato " Dos por un cuarto de hora", 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista "El Cisne"(poesía) Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI VOLUNTAD
    . Actualmente estudia un diplomado de Mediación Lectora , Fomento a la lectura en FCE .
    Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de reto
    s

    Puedes encontrarla en :

    Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Una corona de rosas.

    Por Arizbell Morel Díaz.

    Rusalka @arizbellmorel

    pensar que estar es ser
    ser es hacer en pensar que es estar…

    Sobre mis hombros pesa una corona de rosas lilas que no he decidido llevar. Como todo lo que es impuesto, me molesta, me la quiero quitar.
    Esta corona se ha pegado a mi frente como se pega una babosa de mar a una estrella. Improbable, inimaginable, pero indudablemente unidas por la casualidad.

    Bajo las escaleras que he recorrido toda mi vida, ahora con el olor de las rosas infectando a mi nariz. Si me pudiera dar gripa del perfume, no volvería a sentir placer en la vida. El murmullo de las abejas mudas de Isabel me persigue. Soy como una jacaranda, al caer mis lágrimas como rosas de mayo los insectos se amontonan a inspeccionarlas.

    Pero nadie se queda.
    Nadie permanece mucho tiempo en ellas.


    Todos ven las aguas saladas que brotaron de mis ventanas al alma y siguen de largo.
    Aunque recorren de flor en flor, la sensación de abandono y soledad es la misma cada vez que decido callar y soltar a mis hijas vegetales sobre el suelo.


    Soy un árbol de rosas (sí eso existe) en el inmenso jardín con fresas que rodea las colinas de la existencia.

    Soy sola yo y no me lo puedo sacudir de las entrañas, de mis costillas de las que no brota vida por más que los libros sagrados digan que así fue en una primavera perenne que demostró que el ser eterna es más castigo que milagro, que las manzanas y los frutos están prohibidos como la fertilidad de las ideas de crear.


    Toda yo, sumergida en mí misma como en un pozo finito que ya he navegado en ocasiones anteriores. Nada nuevo. Atrapada en esta jaula que soy yo, en la carroza de calabaza que Cenicienta alguna vez usó, las horas son más lentas que un cuenta gotas en medio de la enfermedad.

    La vida no debería de ser así; existir por goteos es una tortura porque revela la incertidumbre de la duración que espera.
    Incertidumbre y angustia que desea no serlo sin poder evitar su destino.


    Soy el principio y el fin de mis dolencias.

    Soy la emperatriz de mis ideas.

    Las cartas del tarot ya no me las lean, ya las conozco.

    Soy oruboros que se devora a sí misma para existir.

    Ver las estrellas a veces me funciona; a veces encontrar figuras en el manto de la Luna me da consuelo. Pero eso solo pasa a veces…
    Pero la mayoría de las ocasiones mi anhelo es salir de este círculo sin fin.

    Deseo (como no sabía que podía hacerlo) estar y ser más allá de mí misma.

    Por instantes, lo he logrado.
    Por fugacidades del tiempo he podido levantar la cabeza, salir del agua y respirar las alteridades que me rodean.


    Aunque nunca dura lo suficiente…


    Es siempre tan pequeña la eternidad que no la alcanzo a ver en la palma de mis manos, ni siquiera con la ayuda de mil estrellas alumbrando mi camino por la existencia.


    La corona de rosas pesa mucho y los pedestales en los que me han colocado me aíslan demasiado de aquello que he llegado a conocer.


    ¿Dónde quedan las horas fuera del jardín en lo salvaje, en lo caótico de existir?


    Tal vez algún día logre destejer estas flores que me aprisionan y me rodean. Tal vez, alguna hora, puedan mis pies tocar el suelo frío aunque se encuentren llenos de llagas por el sol sobre el que han vivido. Quizá mis manos puedan tocar la redondez del mundo (que ya no es plano) acompañadas de algún emisario de quien me ha aprisionado.


    Solo los pájaros saben lo mucho que he llorado.
    Solamente estos seres han escuchado mis lamentos silenciosos en medio de la belleza en la que se me ha colocado.


    Acaso alguien se detuviera a comprender sus canciones sabrían dónde me hallo.


    Ojalá que las personas recuperen el tiempo perdido observando su entorno. Quiera aquello que llamamos La Providencia mostrar piedad de las humanidades y acariciarlos con el don de la contemplación que les ha vedado los últimos siglos.

    Mientras eso ocurra, yo estaré aquí, en mi pozo con fin.

    Sin finitud no se podría existir.

    Arizbell Morel Díaz.

    Fotografía: Shu Villegas.

    Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Becaria por Teatro UNAM para el “ 2do. Diplomado: Escritura Dramática para jóvenes audiencias” del Centro Cultural La Titería A.C., Cultura UNAM y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” desde el ciclo 2021-2022 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). 
    Actualmente dirige “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart (ENARTES 2021,Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla) con la compañía La Crisálida. 
    Ha escrito narrativa y ensayo. Entre sus textos publicados por La Coyolxauhqui se encuentran “Bitácora de una planta en resistencia” (2020), “Tetera conoce a cafetera”, “Barista”, “La máquina que todo lo escribe” y “El color de tus ojos al ver las hojas caer” (2021).

    PIEZAS DE UN ALMA SIMPLE

    Paloma

    Escrito por: Alondra Grande

    Tengo una paloma presa en esta jaula que llaman corazón
    Le canta a un palomo negro que nunca existió
    Sueña con volver a su lado, libre como el sol
    Y que sus notas no quebranten su triste corazón.

    Ay de mi paloma, paloma querida
    Si tan solo te vieras como te mira el cuervo,
    Desesperado canta imitando a quien tus sueños robó.

    Ay paloma, paloma bendita
    Que malgasta su llanto
    Que agrita su voz
    Esperando tan cansada a quien nunca existió.

    Y el cuervo, libre, que te canta
    Endulzando con miel de rosas su voz
    Lo condenas, paloma querida
    Al olvido que él te condenó.

    Triste cual cielo sin luna
    Parte más allá de la razón
    Esperando con esperanza nula
    Decirte adiós.

    Es pecado, paloma mía,
    Romperte el corazón pensando en lo que no pasó


    C:\Users\Danajil\Downloads\WhatsApp Image 2020-11-09 at 11.54.05 AM.jpegSoy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 22 años de edad, estudianta de psicología, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel. 

    Presagios

    Vengo

    caminando descalza

    fango / luz

    desde los límites del tiempo.

    Vengo

    cargando los huesos

    de mis abuelas / de mi madre / de mi hija.

    Con las manos de las abuelas

    tejí cada muro de mi casa

    construí paredes de maíz

    y techos de estrellas

    hice del viento nuestra voz

    y con cada piedra que nos sangraba

    regué humilde el sendero de los dioses.

    Con el cuerpo de mi madre parí

    labradores / poetas / guerreros

    que cada noche y cada día

    trabajan / lloran / cantan.

    Con mi boca grité

    necia

    toda su sangre bebí

    que el mar más grande fui

    que más allá del cielo llegué

    que del águila el vuelo más alto di

    que del calor del fuego me apoderé.

    Y cuando los destrozos de tanta soberbia vi

    desesperada / sola / confundida

    de los dioses el perdón pedí.

    Con los ojos de mi hija veo

    si más allá todavía

    flores / aves / planetas

    podrán existir

    si sol / cielo / tierra

    podrán producir

    si hermandad / respeto / alabanzas

    podrán coexistir

    por sus lágrimas vengo

    riego / lluevo / inundo

    por su fuerza vengo

    siembro / trabajo / construyo

    por su fe vengo

    pido / suplico / imploro

    por su perdón vengo

    hasta los límites del tiempo.

    Arte: La Mujer Lunar