Serena en el mar y la arena | Quérido amigo

Por Anel Solis

Mi querido amigo…

Mi fiel compañero que me acompaña de noche y madrugada.

Mi fiel amigo que duerme conmigo 

hasta que desvanezca la mirada a la jornada cotidiana.

Mi fiel confidente que me consuela 

con tan solo su profunda mirada llena de amor y esperanza.

Vigilas mi sueño, lo cuidas, y mis tristezas las cura con tu amor incondicional.

Iluminas mi vida cómo el sol al alba y la luna en la dulce velada. 

Amigo…

  Juro al tiempo lo que desee para que conmigo siempre estés.

  Aprecio cada día de tu existencia cómo el primer día de tu presencia. 

¿Cómo aprenderé a vivir sin ti?

 ¡O amigo mío! ¿Porqué no eres eterno? irónicamente un día a tu lado 

  Basta para sentir la paz que quiero eternamente en mi vida. 

Me quedo con ese pensamiento y ese sentimiento perpetuamente.

Ser hermoso de luz mientras sigas a mi lado todo mi amor será para vos.

Con amor Serena en el mar y la arena.

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Versátil : La libertad de pensar | Sueños fúnebres

Osmara Rodriguez


Mi respiración fluye lentamente, mientras mis párpados comienzan a pesar.
Una sonrisa serena adorna mi rostro.
Dispuesta a perecer, cayendo hacia una pacífica muerte.
Entonces, tu voz interrumpe mi sueño fúnebre.
Tú cuestionas sobre las divagaciones de mi mente y yo llena de sentimientos, solo enmudezco.

No sé cómo expresar la magnitud de mi amor,
no conocía esta clase de amor.
Anhelo ser uno, pero a la vez dos;
dos almas amantes.

Oh, mi amado, no sé cómo decirte que si mi corazón dejara de latir en este instante, mi alma encontraría consuelo, pues nunca conocí esta clase de paz y felicidad.
Temo que la dicha que siento
se acabará y que el destino nos separará.

Oh, mi amado, morir estando en tus brazos sería la más hermosa dicha que mi melancólico corazón podría conocer.

ESCRIBIR NOS LIBERA: «ESCRIBIR PARA TI», ES NECESARIO

Una de las libretas más bellas que tengo, regalo de mi amiga Majo una amante de la lectura. En esta libreta me he permitido escribir sólo para mí.

Por Aimeé Miranda Montiel

Pensamos muchas veces que escribimos sólo porque queremos ser escritorxs o porque queremos publicar nuestros textos algún día, pero hace unos días un amigo me dijo “…escribe para ti” y esas tres palabras me movieron muchísimo; porque muchas veces escribimos pensando si el texto será lo suficientemente bueno para que alguien nos lea, o si será estructuralmente correcto, o si va a funcionar la historia para que atrape a nuestrxs lectores, pero de verdad que se nos olvida escribir para nosotrxs, por el gusto de escribir nomás.

Y es que escribir en muchas ocasiones va cargado de un propósito, de un fin o de una expectativa, pero para mí lo más grandioso de escribir y que va mucho más allá de “contar historias” o de “crear una narrativa”, es poder conectar con esa parte de ti que no le compartes a nadie -incluso a veces tampoco a ti mismx-, unir esas piezas de ti que están dispersas para encontrarles un sentido, escribir te permite saber dónde estás paradx para saber a dónde quieres ir, escribir es sobre todo un ejercicio de intimidad y conexión, por eso hoy la invitación es: ESCRIBE PARA TI.

Chance en este momento te estás preguntando ¿cómo escribo para mí?, en principio pudieras pensar que las #morningpages (práctica que te recomendé en la columna de la semana pasada, que si no la has leído, hazlo aquí) son una forma de hacerlo, pero no tanto en mi opinión, si bien esas primeras páginas del día te harán sacar mucho de lo que traes dentro, lo cierto es que sirven más como un desahogo, una especie de “vómito mental”; pero escribir para ti, es poder conectar con tu magia interna y tu creatividad.

Para de verdad «escribir para ti», algo que puedes hacer, es escribir en cualquier momento que te venga la inspiración, si es una frase que te llegó, escríbela, si viste un árbol y quieres describir su belleza o lo que te hizo sentir, escríbelo, si es un haiku, dale, si es un recuerdo, escríbelo también, en resumen: ESCRIBE TODO LO QUE LLEGUE A TI, POR EL MERO GUSTO DE ESCRIBIR PARA TI.

Y como cada semana, aquí te comparto algo que escribí para mí, disfrútalo y ojalá te inspire a ESCRIBIR PARA TI:

Y si me pierdo, tal vez me encuentro,

Tal vez me reinvento,

O quizá sólo sigo flotando en el sueño.

Gracias infinitas por leerme, puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia_eclecticaheal.

Y sigamos juntxs escribiendo, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.

Entre calles y páginas | Un espacio propio también necesita flores

Por Ángeles Serna

Bloom – is Result– to meet a Flower

And casually glance

 Would scarcely cause one to suspect

 The minor Circumstance

 –Emily Dickinson

Hace unos días, platicaba con un amigo sobre Envía Flores, reconozco que, por un tiempo, me salvó de algunos compromisos. Gracias a ese uso recibo los típicos correos de descuentos, promociones y las fechas “importantes” para enviar algún detalle. En esa conversación, recomendé el servicio, seguido de la pregunta “¿le has enviado flores a alguien?”, su respuesta fue que sí, específicamente a sus parejas –o exparejas–. Después de esa tarde me quede pensando en la acción de dar flores.

Este año, también he visto en redes sociales fechas especiales –no sé si nuevas o visibilizadas– para regalar flores de cierto tipo, esto se suma a la cantidad y costo de las mismas. Mientras más caro y grande el ramo hay más compromiso y mejores sentimientos –o simplemente más reacciones en Instagram o Facebook–. El tema de regalar flores me ha perseguido por varios días. Creo que a diferencia de estas situaciones que acabo de describir, nunca he esperado flores de alguna pareja o por una situación en particular.

Desde siempre, en mi casa, se ha acostumbrado a tener jarrones llenos de flores. Recuerdo que mi mamá me llevaba a comprar los ramos de rosas y tulipanes a unas florerías que están en Venustiano Carranza una avenida del centro de Monterrey. No esperábamos un motivo especial, sólo mi mamá tenía el gusto porque tuviéramos flores en casa. Esto se me hizo costumbre y, aunque, ya no voy hasta el centro de la ciudad a conseguir mis flores, sí es algo que está en la lista del súper de cada quincena.

A inicios de este mes, una amiga me acompañó a surtir mi despensa y vio que llevaba mi respectivo ramo de flores, me preguntó “¿por qué no esperas a que te las regalen?”. Entonces pensé “¿por qué esperar a que otra persona me dé algo que quiero?”. Sé que la idea, o mejor dicho, tradición de regalar rosas viene desde la mitología griega, según esto, regalarlas simboliza la conquista. Considero que, a pesar de tradiciones, leyendas y estas prácticas sociales, comprarse flores representa parte de la independencia emocional y económica de una persona, específicamente, de las mujeres.

Esto me hizo pensar en varias obras como Una habitación propia (1929) de Virginia Woolf, La mujer habitada (1988) de Gioconda Belli y Una carta a escritoras tercermundistas (1980) de Gloria Anzaldúa. En cada uno de estos textos se destaca la autonomía de la mujer desde la importancia de tener un espacio propio hasta el manejo del tiempo para realizar actividades de interés como escribir –pero puede ser cualquier otra–. Además, en estas obras se presenta la relevancia de independencia económica, sin embargo, también se expone algunas de las dificultades –y desigualdades– a las que nos enfrentamos las mujeres para lograr esa independencia. Gloria cuestiona “¿quién tiene el tiempo o la energía para escribir después de cuidar al marido o al amante, los hijos, y casi siempre otro trabajo fuera de casa?”.

El ingreso económico y el tiempo son retos con los que las mujeres lidiamos cada día. Pero que hemos sabido superarlos para encontrar espacios en nuestra agenda para familia, amigos y, lo más importante, nosotras mismas. También hemos conseguido el desarrollo profesional y laboral, a pesar de la brecha salarial por género. A lo que voy con todo esto, es que las mujeres hemos conseguido apropiarnos de espacios desde lo personal hasta lo colectivo. Incluso, hay un término muy utilizado en estos temas que es empoderamiento (el término original en inglés es empowerment), Brígida García lo define como “ampliación de las capacidades individuales, pero también con el acceso a las fuentes de poder” (2002, p. 222).

Es preciso recordar, desde palabras de Foucault, que el poder está inmerso en las relaciones sociales y determina el acceso y control de diferentes recursos. Actualmente, las mujeres podemos ser propietarias de bienes materiales, trabajar y conseguir ingresos propios. Se podría decir – y con muchas excepciones– que la mujer contemporánea tiene la opción de ser independiente. Sin embargo, existen otros factores relacionados a las interacciones sociales desde el poder de los actores. El modelo de empoderamiento de la mujer que plantea Jo Rowlands (1997) consiste en tres dimensiones:

La personal (desarrollo del sentido de ser, de la confianza y de la capacidad individual), la referente a las relaciones cercanas (habilidad para negociar la naturaleza de la relación y las decisiones que se toman en su interior), y la colectiva (participación en estructuras políticas locales o informales, internacionales o formales; acción fundamentada en un modelo cooperativo y no competitivo).

(García, 2002, p. 227).

A pesar de que el cuestionamiento inicial del texto es ¿por qué esperar a que alguien más nos regale flores? Considero que la reflexión va más allá del poder comprarse o no cualquier objeto. Primero presento la importancia de la independencia económica y, después, lo relaciono con las dos primeras dimensiones de empoderamiento de Rowlands, ya que se encuentra la capacidad individual y la toma de decisiones, porque no sólo basta con tener los recursos y las herramientas, sino también tener esa independencia emocional para concebirnos como seres autónomos. Mi objetivo con este texto no es demeritar la acción de regalar flores, al contrario, es revisar y cuestionar el por qué las damos y por qué las esperamos.  Además, así como hemos creado nuestros espacios, sean casas, cuartos, cocinas, salones, bibliotecas, en dónde hayamos encontrado un espacio para nuestro desarrollo personal, también es responsabilidad de nosotras habitarlo con lo que nos representa.

García, Brígida. (2002). Empoderamiento y autonomía de las mujeres en la investigación sociodemográfica actual. https://estudiosdemograficosyurbanos.colmex.mx/index.php/edu/article/view/1162

Angeles Stefanya Serna Moreno

Angeles Stefanya Serna Moreno (Monterrey, Nuevo León) es egresada de la licenciatura en Letras Hispánicas de la UANL, en donde obtuvo el primer lugar de generación. Fue becaria en el Centro de Estudios Humanísticos (2020) y el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (2021-2022). También fue la primera residencia universitaria en el Centro de Escritores de Nuevo León (2022). Colaboró en sitio oficial de noticias de la UANL, Punto U, con notas periodísticas sobre Arte y Cultura. Además, ha sido ponente en diversos congresos a nivel nacional e internacional en las áreas de literatura, teatro y sociología.

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Las redes sociales y la creación literaria por Jeanne Karen en La máquina verde

Prendí el celular para publicar algunas fotos en mi cuenta de Instagram, a veces guardo ahí las cosas que me gustan, pueden ser lugares, fiestas, situaciones, lo que sea, pero que de alguna manera me lleve a un recuerdo o a un pensamiento agradable, imágenes de las cuales, de alguna pueda tener la intención de escribir algo. Estaba en mi tarea, cuando de pronto sale ante mi vista un meme, que más que causarme gracia, me hizo pensar en una situación que para mí es rara. El meme en cuestión, trata de una forma ligera la idea de que ahora existen muchas personas que quieren ser escritores, pero no desean escribir o no escriben, lo que me parece fascinante, de verdad sería un buen tema de estudio. Lo señalo porque cuando era joven, no soy vieja todavía, pero digamos que cuando era más joven, la simple idea de soñar con ser escritores, desde luego implicaba en primer lugar escribir y no solamente escribir cualquier cosa, no, se tenía que trabajar sobre lo ya escrito; trabajar y trabajar sobre los textos que más o menos considerábamos que podrían servir para algo; no se diga en el caso del texto literario, que siempre necesitó de toda la atención, además de horas en la tarea de edición y la segunda cuestión, de igual importancia era la lectura, pero ese es otro tema.

 Por lo que me enteré a través de ese sorpresivo meme, ahora las personas desean ser escritores, pero no escriben, no sé, imagino que en sus perfiles de las más conocidas redes sociales, suben algún tipo de frases, escritos, pensamientos o no sé qué otros nombres les den a las cadenas de palabras que publican, muchas veces son copias de autores, que en realidad se esforzaron por darnos algo propio.

Entonces, tengo la sensación de que lo que importa ahora no es la calidad de lo escrito, sino más bien la cantidad de likes, vistas, corazones, reacciones y todo lo que implica subir material a una red social, no sé si es bueno o malo, simplemente es lo nuevo.

Lejos estamos del tiempo en que temblorosos nos presentábamos en cuanto taller era posible, con un par de poemas en la mano para realizar un verdadero ejercicio de lectura que iba más allá de la simple comprensión, de verdad se hacía de manera profunda y respetuosa, aunque nunca faltaban los desacuerdos, pero al final siempre, siempre, salíamos con un texto digno de ser leído y compartido; lo más importante, ahora que lo veo, salíamos con un poema que bien o mal, había sido creado por nuestro propio pulso, había nacido de nuestra visión de la vida y de la naturaleza de las cosas, no era un copia y pega divino, con alitas de ángel o de mariposa, purpurina de colores, palabras que se mueven al unísono con alguna tonada pegajosa de fondo.

La literatura era otra cosa, nuestros maestros nos exigían esa novedad del lenguaje, de la que habla Bachelard en la Poética del Espacio; tal vez ahora vamos a exigir también esa novedad pero a través de las infinitas modificaciones de alguna aplicación. Veamos a qué nos lleva, hacia dónde va la tecnología, qué pasará con los textos desnudos, con esos que son solamente palabras, una tras otra, que han salido de la mente creativa de un escritor de este siglo, ¿se van a perder, dará pereza leerlos porque no tienen sapitos y unicornios o siguen la tendencia de moda?

 Tal vez las escritoras como yo tendremos que dejar a un lado la vieja computadora portátil para instalarnos de manera definitiva en nuestra diminuta oficina de bolsillo, el celular, la Tablet o alguna otra cosa inteligente y comenzar a crear videos, bailar y escribir al ritmo de algún tono simpático, ponerle cuanto tamiz se nos ocurra a lo que tomamos de otro perfil y subirlo como propio, ya intervenido, con infinidad de estrellitas.  

¿En algunos años, todavía habrá quién escriba poemas o tal vez estamos destinados a ver repeticiones con nuevos filtros, más llamativos, más luminosos, únicos por un momento?

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además uno libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Extraño Cotidiano | Finisterrae II

Susana Argueta

Escribir nos libera: «Soltar la mano» y la práctica que te hará escribir sí o sí

Por Aimeé Miranda Montiel

Así se mira a veces mi mesa para escribir en las mañanas, esto no ocurre siempre, hay veces que escribo en la cama, tirada en el piso o donde sea

¿Qué carajos es eso de “soltar la mano”? En los bajos mundos de la escritura -puro choro, eso ni existe-, se dice que hay que soltar la mano, cuando no estamos acostumbradxs a escribir… y entonces surge la pregunta del millón: ¿y cómo logro eso? Pues escribiendo, sé que es casi obvio, pero la neta es que muchas veces evadimos esa parte…

Por eso te voy a contar lo que muchas veces pasa, una historia entre terror y eterno suspenso:

Un día (o varios), te despiertas con la firme convicción de que quieres escribir, que quieres ser escritorx, y que si no has cumplido ese sueño es por todas las razones habidas y por haber: que tus papás te dijeron que te ibas a morir de hambre, que no te dejaron estudiar lenguas, que tienes un trabajo absorbente, corporativo u horrible que te drena la energía a tal punto que no tienes ganas de ponerte a escribir aunque sea tu sueño, que no tienes tiempo -no te hagas, esa excusa la usas para todo-, que no sabes cómo hacerlo, y la lista sigue, pero lo cierto es: QUE NO TE PONES A ESCRIBIR.

A ver, quizá has asistido a algún taller de escritura, puede que te hayas comprado una libreta o una pluma especial para tal efecto, o bien incluso pienses que para ser escritorx-contemporánex-plus-ultra tienes que tener una Mac (porque así nos lo han vendido, como si con la bendita maquinita viniera incluido el “don de la escribición”); pero todo eso, no te está haciendo escribir realmente. Estás fingiendo que quieres escribir, pero no te estás poniendo a hacerlo, chance crees que la novela te va a llegar un día y la vas a escribir “de jalón” (puede que sí, no hay que cerrarnos posibilidades), pero para no seguirle haciendo al cuento, dime: ¿cuántas horas a la semana le dedicas a escribir (no a pensar que quieres escribir)?

Misterio resuelto: escribimos poco y pensamos un chingo en querer hacerlo.

Pero no todo está perdido, y esto no es regaño, por eso te propongo algo muy simple, pero súper mágico que ha hecho que “suelte la mano”, quisiera decirte que yo inventé esta práctica, pero fue Julia Cameron, la autora del libro “El camino del artista”, el cual por cierto, te recomiendo 1000%; pero regresando a lo de práctica, consiste en escribir tres páginas recién te despiertas (en la medida de lo posible, y sino cuando tengas chance), en las cuales escribas todo lo que tengas en tu cabeza, todas esas cosas que te preocupan, todas esas cosas a las que les estás dando vuelta, o lo que sea que te salga en ese momento, incluso la autora propone que si “no tienes nada que escribir” simplemente escribas: “no sé qué escribir en estas tres páginas”, pero el punto es llenar las 3 páginas por completo.

En resumen, esta práctica se conoce como “morning pages”, así que te invito a que lo hagas y me cuentes qué tal te va. Lo importante es: 1. Tratar de hacerlo recién despiertas, 2. Llenar las 3 páginas completitas y 3. Hacerlo todos los días.

“¿Aimeé y ya con eso me voy a convertir en escritorx?”, chance y sí, porque a través de esta práctica “soltarás la mano”, escribirás (realmente y no de a “mentis” como en la historia que te conté al principio), despejarás tu mente y tus miedos que es lo que más suele bloquear la escritura, y escribir se volverá parte de tu vida.

Así que fin del comunicado, escribe esas #morningpages y me cuentas cómo te va, porque aquí LO MÁS IMPORTANTE ES: ESCRIBIR, PORQUE ESCRIBIR NOS LIBERA.

Y como todas las semanas, aquí te dejo una muestra de algo que estoy escribiendo, es un pedacito de un poema que se llama “La ira de la despedida” (está todavía en borrador, no sé si será el título oficial), pero aquí te va un verso:

Pero ¿qué pasa cuando es momento de irse?

¿Nos despedimos porque queremos o porque ya es tiempo?

¿Nos despedimos porque ya no es nuestro lugar o porque nos corren?

¿Nos despedimos porque vamos contra reloj o porque queremos ir hacia otro lugar?

¿Nos despedimos o nos forzamos a irnos?…

Gracias infinitas por leerme, puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia_eclecticaheal.

Y sigamos juntxs escribiendo, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.

El ojo de Lya | Maternidad ausente

Maternidad ausente, apuntes sobre “Caballo fantasma” de Karina Sosa

Por: Liana Pacheco

Forma y lugares de mi cuerpo por Jeanne Karen en La máquina verde

No es siempre, pero hay días en que uno siente que no tiene un lugar en el mundo. Como si el único rincón para estar de pronto se hubiera cerrado o peor aún, como si alguien deliberadamente lo cerrara para nosotros y no quedara más que ser alguien con un cuerpo, alguien en busca de un espacio. Y de pronto somos en realidad el cuerpo que contiene un vacío todavía más grande, descrito apenas con las palabras que tenemos a la mano, las que conocemos. La pesadez es tan grande que nos impide buscar otras palabras, llegar a la computadora o al diccionario. Nos tenemos que conformar con decir vacío, lugar, silencio.

Allí están los ideales, el tiempo presente, las preocupaciones, las convicciones y los conocemos, pero no logramos adherirlos a nuestro propio pensamiento, a nuestras constantes, quizá porque son luchas que ya vivimos hace tanto, que ya pasaron sobre nuestros cuerpos como pasa la apisonadora por una calle nueva. Quizá ya somos el resumen de todo. Tal vez nuestros sueños ya son otros y nuestras carencias. Tal vez ya nada nos es suficiente.

A veces siento que lo que pasa por mi cabeza, poco tiene que ver con mi propia percepción del cuerpo, no le doy demasiada importancia, a ese cuerpo físico, a menos que no esté funcionando bien, que algún dolor insistente interrumpa mis días, entonces trato de resolver el problema; de otra forma es solamente el vehículo de una mente que necesita mucha atención, trabajo, lucha, para expresarse. Así lo veo, un cuerpo eficiente, que mientras funcione de forma adecuada, me mantiene trabajando. Sin embargo, algunas veces no logro llegar a una definición o a un propósito. No sé si ese malestar tiene que ver con algo en particular. La realidad es diferente. Tanto se ha escrito sobre el cuerpo, tanto sobre no encontrar ese lugar, ese sitio que debería ser nuestro por derecho, pero que cada vez más parece que hay que ganarlo o hay que crear uno y cada día se ve más lejana esa tarea.

Recuerdo las primeras lecturas sobre el cuerpo, por ejemplo el valioso apartado que aparece en Discurso a los cirujanos, de Paul Valéry, donde él mismo trata de dilucidar la materia que nos ocupa, de cuántos cuerpos está constituido el ser humano. En Reflexiones sencillas sobre el cuerpo, el poeta y ensayista francés, nos dice que en nosotros están contenidos tres diferentes cuerpos. El primero, a mi entender, es el cuerpo biológico, lo que está vivo; el segundo cuerpo al que se refiere Valéry es el cuerpo que los demás perciben de nuestro propio cuerpo físico, lo que los demás ven, lo que los otros perciben que somos; el tercero es a mi entender, la mente. Pero nos habla de un posible cuarto cuerpo, que podría ser el espíritu. Aunque no aborda largamente el tema del último en su ensayo, creo que queda lo suficientemente claro como para que nosotros como lectores lleguemos a esa conclusión.

En mi caso, la mente es el cuerpo más exigente, es el que requiere de casi toda mi energía, de mi atención y de mis días. El segundo cuerpo, que es el de la forma, (así lo veo), no ha ocupado un sitio privilegiado dentro de mis inquietudes, pero sí puedo darme cuenta que en la actualidad ocupa millones de textos, fotos, revistas, diarios, programas, es una constante presencia en redes sociales. Es el que más nos asalta como seres humanos modernos, requiere la mirada de todos. Por lo que siempre valdrá la pena ahondar más en su existencia, en su naturaleza, apartarlo un poco de los otros para verlo con detenimiento, con cuidado. Es necesario el estudio y la lectura de lo que se llegue a escribir sobre su preponderancia en nuestra historia. Y creo saber por qué es el más importante ahora, pero no lo diré, porque considero que cada persona debe tener su opinión y conclusiones. Aunque sí, definitivamente alguna vez le dedicaré un amplio texto, quiero decir, únicamente al mío, porque es el que más he llegado a conocer, a través de la mirada de los demás, pero al final, ojalá pueda tener mi tesis, mi propia y única definición.  

El cuerpo que siempre me aqueja es el tercero, como les contaba, esa cosa maravillosa a la que llamamos mente, a la que el poeta llama el cuerpo de los científicos. El cuerpo que indaga, crea, reflexiona.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además uno libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Polilla en Versos | Las Ciudades (No) Visibles. Parte I

Por Paola Rodríguez

Santa María Guadaña


El pueblo de Santa María Guadaña está lleno de cadáveres, muertos que se ven esparcidos por todos los rincones, en los lugares más insólitos . Algunos son relativamente nuevos, y conservan sus facciones, otros tantos están comenzando el proceso de descomposición e incluso hay un par que han quedado reducidos a sus huesos. A veces los ves a mitad de la avenida principal y parece que toman el sol, también puedes encontrarlos sobre las lavandas que plantaron alrededor de la alcaldía con la idea de disimular el olor. Recuerdo que hay un par en las últimas bancas de la parroquia, también están en la sección de carnes frías del supermercado y si te descuidas, los encontrarás sentados cómodamente en el sofá de tu casa.

Cuando comenzó,  sus rostros rondaban los noticieros esperando que sus familias los reconocieran o algún buen samaritano les diera sepultura, la gente los miraba buscando algún rastro de familiaridad que les recordara quienes eran y temiendo que se tratara de algún conocido que estimaron, incluso se encendieron algunas velas y les rezaba un par de días, para que sus almas tuvieran el descanso eterno. Es de suponer  que todo cambió cuando el número de muertos rebasó el de los vivos. Poco a poco se dejaron de mirar los rostros, se apagaron las velas y cesaron los rezos, quizá hasta sus almas terminaron por irse.

Ya no se escucha a nadie preguntar quiénes eran o cómo llegaron ahí, se volvieron  tantos que simplemente se ha aprendido a vivir con ellos. Algunos ciudadanos les han buscado una utilidad, los entierran en los jardines para que fertilicen sus rosales, la Escuela de Medicina tomó varios cuerpos para las prácticas de los novatos y otros han acabado como piezas de arte moderno en el museo de la ciudad… pero no importa cuántos usen, siempre aparecen más.


Biografía del autor. Paola Lizbeth Rodríguez Gómez (Tepatitlán de Morelos, 1999) Egresada de la Licenciatura de Escritura Creativa de la Universidad de Guadalajara. Algunos de sus textos narrativos han sido publicados en la revista de literatura Al Margen, además de otras pequeñas colaboraciones en revistas independientes y fanzines. También disfruta de la poesía visual y el art-journal.