Entre calles y páginas | Lo que guardamos en una caja de zapatos o de cereal o de galletas

Por Ángeles Serna

Tener algo es igual de importante que no tenerlo. Cada persona, o al menos la mayoría, o una cantidad considerable, o las más soñadoras, o las que creen en la manifestación y las energías, o todas, o tal vez algunas pocas tienen una caja donde guardan recuerdos, deseos o tal vez ambos. La pueden tener desde la infancia, proyectando una vida soñada o hasta la vejez, recordando los momentos más importantes de su vida. 

Puede ser una caja zapatos, cereal, galletas, de regalo o de madera. Tal vez pueda estar tallada y tener algún diseño o las iniciales del propietario. Algunas tienen una cerradura y la llave está guardada en la mesa de noche o debajo de alguna figura de porcelana. Estas cajas, por lo general, se guardan en el armario, o bajo la cama, o escondidas en un rincón. Mi abuelo la tenía en un cajón oculto del ropero. Su llave la guardaba en la cartera. 

En las vísperas de Navidad y Año Nuevo, nos quedábamos a dormir en la casa de mis abuelos. En la madrugada, cuando los grandes seguían en los festejos de temporada, tomaba la cartera de mi abuelo y sacaba la llave. En esa caja había fotos de mis tíos y mi mamá, del viaje a Florida, perfumes de bolsillo para ocasiones especiales, una navaja para afeitar, pañuelos percudidos y una bola de béisbol. Más de una vez me atraparon husmeando en el ropero. 

Cuando no era en el cuarto de mi abuelo, era en el de mi abuela o en rincones de cualquier parte de la casa. En las cosas de mi abuela encontré estambres, cartas, fotos de las graduaciones de mis primos, botones, revistas de tejido, oraciones e imágenes de santos y vírgenes. En mi casa, sabía que mi mamá también tenía una caja así; era amarilla con líneas azules, celestes y verdes. Ella la guardaba arriba de un mueble en su habitación. 

Cada noche que los monstruos de mi cuarto sobrepasaban mi valentía de niña, me iba a dormir con mi mamá y al tratar de conciliar el sueño, veía esa caja. Nunca me atreví a ver lo que guardaba y tampoco le pedí que me lo mostrara. Tenía miedo de conocer su pasado, dejar a un lado su rol de mamá y verla como una niña, adolescente o joven con el deseo de una vida que no me incluía. 

En alguna película donde salía Julia Roberts, recuerdo ver una caja donde alguno de los personajes guarda objetos que representan sus deseos o metas a futuro. Ahí no se mantiene vivo el recuerdo que acontece en el pasado, sino la ilusión, le dan vida a un futuro que todavía no es un presente. Cualquiera de ambas situaciones, en pasado o en futuro, resultan ser parte de la imaginación del dueño de la caja. 

Recuerdo las anécdotas de mi abuela, me contaba que nunca le gustó vivir en Ciudad de México. No se encontró en las calles, las casas, la dinámica de la ciudad, estar lejos de su familia, pero en su caja guarda pequeños libros de oraciones que le regalaron sus tías de allá. Después, cuenta las veces que fue a la Basílica y las reuniones para rezar el rosario con ellas. Entonces, esa mala experiencia del pasado se transforma en un amable recuerdo que merece, algunas veces, traerse al presente. 

Luego está la ilusión, guardar objetos que nos lleven al futuro deseado, como imágenes de las ciudades a las que se quiere viajar, metas que se buscan cumplir, cosas que se quieren tener. 

La imaginación del dueño de la caja radica en el pasado, porque, en la mayoría de los casos, se recuerda lo mejor de los momentos, o en el futuro, porque se piensan planes y situaciones que todavía no suceden. Tanto en el pasado como en el futuro, ya se construyeron lugares donde existen esas historias contadas por los objetos. Llegar al mundo imaginario a través de los pequeños espacios es lo que invita Bachelard para habitar la intimidad del deseo, lo que se quiere, lo que uno piensa. 

Al cerrar la caja, los objetos construyen la imagen del recuerdo o la ilusión desde nuestra propia intimidad, ya que no hay ninguna línea de la realidad presente que los atraviese. Es donde las personas viven a través de sus objetos, lo que escogen. Es donde un recorte de revista se convierte en la casa en la que vives, en donde el boleto de avión solo es de ida y donde las cartas no albergan una despedida. 

Recuerdo las palabras de Mallarme y su cofrecillo espiritual. Él cuenta que los secretos de las personas mueren cuando la persona lo hace, a menos que los resguarden en ese cofrecillo, donde se crea ese universo único que atesoramos. Es el lugar en el que convive lo inmaterial de la vida con lo material. Como el deseo de una casa para habitar un lugar propio, un espacio creado a la medida de cada persona o el boleto de avión que guarda la ilusión de volver a ver a alguien o encontrar un hogar lejos de la ciudad de origen. 

Cada objeto que guardamos, ya sea por un pasado o para un futuro, nos define. Incluso, con ellos construimos nuestra historia, nuestro archivo personal. No hay reglas específicas para saber qué guardar y que no.

Ángeles Stefanya Serna Moreno
Ángeles Serna (Monterrey, Nuevo León) es egresada de la licenciatura en Letras Hispánicas de la UANL, en donde obtuvo el primer lugar de generación. Fue becaria en el Centro de Estudios Humanísticos (2020) y el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (2021-2022). También fue la primera residencia universitaria en el Centro de Escritores de Nuevo León (2022). Colaboró en sitio oficial de noticias de la UANL, Punto U, con notas periodísticas sobre Arte y Cultura. Además, ha sido ponente en diversos congresos a nivel nacional e internacional en las áreas de literatura, teatro y sociología.

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Escribir nos libera: ¿cómo transformar la vida en letras?

Hacks para sacar ideas sobre qué escribir

Vista desde el Cerro de la Cruz en Amealco, Querétaro. Foto de mi amiga Ana Suárez alias Miau

Por Aimeé Miranda Montiel

La escritura es una forma de comunicarnos, de transmitir aquello que hay dentro de nosotrxs, de compartir parte de nuestras historias o las de otrxs, o bien, la forma en que creamos mundos y personajes que en la realidad no existen (o quizá sí, pero sólo en nuestra imaginación); escribir es una forma de crear arte, y ya sé que esta frase puede resultar cliché o pretenciosa, pero para mí el arte es todo lo que hace que otras personas puedan sentir.

Alguna vez leí que “la vida está expresada en el arte, si no vives no puedes expresar nada”, y es que sí, cada una de nuestras creaciones (artísticas en estricto sensu, o no), transmiten toda nuestra experiencia vital; por eso para mí, es tan importante el vivir como el expresarnos a través del arte, y la escritura es la forma artística que personalmente disfruto más crear, porque siendo muy honesta es la que mejor me sale, aunque aquí entre nos, en la cantada y la actuada me defiendo.

Regresando al punto esencial de esta columna: ¿cómo transformar la vida en letras?, para mí hay varios caminos que podemos tomar, de inicio llevar un diario o bitácora puede resultar bastante beneficioso, pues es que hay veces en que nos olvidamos de los detalles cotidianos que hacen nuestra vida única y especial, pues pasa que con el tiempo sólo recordamos nuestros días como cronogramas, cuando en realidad son mucho más que eso, pues la vida diaria se construye de sutilezas, coincidencias y pequeñas magias con las que nos topamos a cada momento: un buen chiste, una imagen hermosa, la peculiaridad de alguna persona que topamos en nuestro camino, una toma de consciencia que nos cambia la perspectiva de algo, en fin, esos detalles minuciosos, son los que terminamos pasando por alto cuando intentamos recordar lo que hemos vivido en días anteriores.

Así pues, te invito a que construyas tu diario o bitácora, hazlo como prefieras, como sea divertido y ligero para ti: PERO HAZLO DIARIO, tampoco es que tengas que escribir demasiado, sino lo que te haya sido representativo, lo que te haya maravillado o sorprendido; puedes hacerlo a modo de notas, en breves párrafos o hasta con dibujitos, HAZLO A TU MANERA.

Luego puedes ir probando cuál es el género literario que te gusta, te inspira y del cual puedes escribir genuina y auténticamente, con el que más te sientas conectadx. Ahora es momento de tomar tu bitácora o diario, lee alguna de sus páginas, y haz que aquellas vivencias se conviertan en el punto de referencia para comenzar a escribir, crea un primer borrador (lo que salga, no te juzgues) y déjalo ahí reposando algunos días, después regresa y vuelve a leerlo, pues seguro encontrarás espacios que puedes cambiar, editar o modificar y que harán tu texto más genial de lo que ya es, repite este último paso varias veces hasta que te sientas feliz con tu creación.

Finalmente, muéstralo al mundo sin expectativas, puedes comenzar por leérselo “en voz alta” (literal jajaja) a alguien que te ame y ames, no importa si esa persona no es experta en literatura, lo mejor es que al hacer esa lectura, podrás darte cuenta de algunas cosas que quizá no notaste antes, además de que te permitirás ver lo que puede generar tu texto en otra persona, y pregúntate si lo que le hacen sentir al otrx es lo que realmente querías transmitir, más allá de los comentarios puntuales que te pueda dar esa persona, observa sus reacciones y la conexión que genera con tu escritura, eso te dará pistas de si algo más requiere ser cambiado. Este paso lo puedes hacer también con grupos de escritorxs, y aquí tengo varios tips, pero esos los vamos a dejar para otra columna.

La vida nos muestra en cada detalle el arte que vive dentro de nosotrxs. Qué bonito es que le devolvamos el favor, plasmando esa magia en cada una de nuestras creaciones.

Si comienzas tu diario o bitácora compártelo conmigo y si estos truquillos te contribuyen para que puedas transformar tu vida en letras, también cuéntame, porque la intención de todo esto es que sigamos escribiendo, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.

Aquí te comparto un poquito de un texto autobiográfico, espero lo disfrutes:

“María es esa mujer a quien por preguntarle de más sobre su vida, la hice enojar tanto que me dijo “ya me chingaste los tamales” –pues si preparas tamales enojada, no se cuecen-, y al verme literalmente agarrar mis cosas y salir corriendo de su casa, después de que se le bajara el coraje, salió a buscarme, pero yo ya iba cerro abajo y no pudo alcanzarme. Así es María, directa, fuerte, potente, pero también es la persona de la que más recuerdos bellos tengo de mi infancia. María me acompaña siempre en mis adentros y deseo con el alma que la vida me la siga prestando, para amarla como es, para disfrutarla y para seguirle preguntado de sus otras vidas, pero siempre con pies de plomo, no vaya a ser que nuevamente le chingue los tamales.”

Gracias infinitas por leerme, puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia.aimeemiranda Y sigamos juntxs escribiendo

Cartografías del Instante| Ansiedad

Ansiedad

Por Anyela Botina

A Moni Mateos

Mi mano en el pecho,
un punto en el mundo,
flota en el cosmos.

Mi corazón
reposa en su verdad:
mi mano.

En este instante de tiempo,
cuna para su cansancio,
amor para seguir latiendo.

Mi corazón no es coraza,
ni nudo en la garganta,
ni vacío en el estómago.
Mi corazón lo traigo a dos manos,
y por la herida,
por esa que dijeron que jamás se saldría,
por ahí palpita y se me escurre.

Mi mano eterna en la incertidumbre del cosmos
lo acaricia como a un cachorro,
lo pone sobre la tierra,
y danza en el mundo.
Mi corazón suena como las piedras del río cuando chocan,
vuelve a mi mano
en esa entrega de dos,
mano y corazón,
que se abren para amar,
que se abren para recibir.

***

Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. Escribí dos libros que se titulan Desarraigos (2022) y Aucas (2024). También, puedes escucharme en los podcast Pola y Letra e Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí 👇

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Poema

Por Violetta Alumbre

Estoy,
más mía que nunca
pero también más habitada que nunca
soy
somos
Me devora mi hijo de a poco
pero también el tiempo
el trabajo
la presión del pantalón
el calor
Me devora en la cama Alfredo
es rico
incómodo
caluroso
rico
i n f i n i t o.

Corre el agua entre mis piernas
no el líquido amniótico
no me espanto
son los fluidos del embarazo
el orinarme tantito
cada vez que me levanto.

La presión de mi hijo apunto de salir,la vejiga explotando.

Honro el momento
honro a León
a esto que soy que somos.

Sin más ayuda que mi fuerza para ambos,
a mi naturaleza
al templo de mi cuerpo
hoy cansado.

Salto al vacío
quiero finalmente descansar
de tu peso
de los casi diez kilos que he subido
de las piernas hinchadas
de las miradas
de los hombres que les gusta morbosear embarazadas.

Estoy libre de lealtades
al pacto patriarcal.

Tengo paciencia en esta espera,
en el alivio del cuerpo
del reencuentro
con mi ser.

Violetta Alumbre (Xalapa, Ver). Tallerista de lectura y escritura creativa. Interesada en la literatura escrita por mujeres y los contextos de encierro.

Su geografía


Por Evelia Catalán Casiano


Ella mira en el espejo el reflejo de una anatomía perfecta, llena de vida y belleza, con registro de líneas de tiempo en su mirar y estelas en el bronceado de su piel. Se recorre de norte a sur y de este a oeste; ella tiene una bella geografía a física y está descubriendo su geografía corporal y erótica en todos sus puntos cardinales, al mismo tiempo que va despertando su libido desde la profundidad del abismo y manifestándolo a flor de piel cada día al anochecer. Se recorre en todas direcciones: norte, sur, este, oeste, al frente y la espalda. Ama su geografía como nadie lo ha hecho ni lo hará jamás; partiendo del centro de la conexión de dos o más vidas, nadie ha explorado lo suficiente los puntos clave de la geografía de sus volcanes al sur que explotan y hacen erupción, arrojando lavas por montón cuando hay un cúmulo de energía en su interior.Los caudales de su río sureño tampoco han sido desbordados en sus aguas salvajes; hoy aún son un remanso de paz de aguas cristalinas. Tampoco nadie ha modificado la inmovilidad del desierto en el centro de la galaxia de su vientre, ni ha surfeado en medio del túnel de las olas de sus mares, que hoy son un mar en calma que envuelve como una brisa fresca en la mañana.Sigue recorriendo el sur de su geografía, percibiendo el aroma de sus valles impregnado en el aire que respira y la mantiene alerta y despierta. La riqueza de sus manglares sigue escondida en sus cálidas aguas entre la playa y el mar, y el elixir de vida de sus labios mojados sigue esperando a ser destilado con un acto de amor, de entrega y disfrute total.Su orografía es perfecta en su geografía; su brújula le indica hacia dónde mirar y dirige los prismáticos al este y al oeste, notando las curvas pronunciadas de sus caminos en espera de ser recorridos. Si se les mira bien a través de estas lentes, tendrás la sensación de su cercanía al punto que sentirás que podrás tocarla y recorrerla con los dedos de tus manos, uno por uno o con todos al mismo tiempo, descubriendo nuevos caminos hacia el placer.En sus edenes del norte sigue guardado el secreto de los botones rosados a punto de florecer y saborear su néctar después. Nadie ha descubierto aún que el toque suave a su melena le provoca una energía electrizante que recorre todo su ser hasta la punta de los pies, conectándola con la madre tierra y arrancándole un quejido de placer.Su manta geográfica corporal en todos los puntos cardinales, al norte y al sur, al este y al oeste y en todos los puntos intermedios, tiene grietas superficiales y profundas, también relieves y un oasis para calmar la sed; zonas húmedas, cálidas y refrescantes en las cuales descansar y pernoctar. Cada punto en su geografía corporal es un potencial de energía electrizante que recorre su piel al suave toque de sus dedos, iluminando desde la bóveda celeste todos sus campos, volcanes, montañas, mares, edenes y valles como un relámpago en plena oscuridad, revolucionando todas las células de su cuerpo y de su piel, poniéndolas al límite de la explosión del placer, produciendo la erupción en sus volcanes, desbordando los ríos a caudales que llegan al mar, produciendo olas gigantes para surfear o sumergirse en sus profundidades. En los edenes, abriéndose los capullos en flor llenos del néctar de la vida en espera de ser bebidos gota a gota, impregnando el cuerpo y el ambiente con su esencia vital, liberando quejidos, hormonas y endorfinas por doquier.Una vez explorada su geografía, el quejido se vuelve suspiro, la explosión se vuelve paz y la serenidad invita a la calma tan solo para volver a empezar.

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Venus

Venus es una tierra fértil para sembrar la semilla del amor, renacer y florecer. En Venus puedes plantar una caña de azúcar y echará raíces para permanecer con vida mientras crece y perdurará el tiempo que la alimentes con suficiente agua, nutrientes de la tierra y sol. Cada cierto tiempo tendrás la recompensa y probarás el néctar de la caña de azúcar dulce y jugoso. ¡Oh, sí! Pero tendrás que buscarlo dentro de la cáscara, que es fuerte, que la cubre y la protege. Incluso tendrás que usar tus dientes y tus manos cuidadosamente para desnudarla y no romperla, y luego saborearla deliciosamente, mordiendo y chupando suavemente.En esta misma tierra llamada Venus hay una montaña donde tienen origen los placeres de la vida y la vida misma. Aquí en Venus, la tierra fértil donde todo nace y florece. Aquí en Venus es donde la boca se pierde al cosechar lo sembrado. Aquí en Venus es donde el paladar se deleita con la caña de azúcar y otros muchos placeres mientras ella aún guarda mucho más para compartir cada día.Venus espera con sus labios, que guardan todos los besos que no ha dado ni recibido por cada día que ha pasado. Venus guarda mucha calidez en su piel acumulada de las muchas, muchas noches que ha dormido sola en un extremo de su cama, sin brazos que le den abrigo para protegerla del frío invierno. Venus guarda sagradamente el elixir de la vida en su sexo, que se mantiene intacto esperando a que llegue quien quiera adentrarse en su lugar sagrado que sigue atesorando y cuidando para sí, su tierra fértil para las caricias, el amor, los sueños, los deseos, las fantasías y su libido dormido a punto de despertar.Venus tiene muchas palabras y frases dulces y amorosas contenidas en su pensamiento y en su boca, en la espera de alguien que vibre en su misma frecuencia y al hablar ella sea escuchada y correspondida en reciprocidad. Venus tenía este año 365 noches para dormir junto a un cuerpo tibio que le ofreció su calor; ahora quedan menos y descontando.Venus tiene un mapa erótico y una lista de locuras para hacer por el deseo de vivir, el placer de disfrutar y de amar. Venus tiene el tiempo en sus manos y ella es dueña de él y de su cuerpo también.¡Venus, tierra fértil para sembrar, renacer y florecer!

Nació el 11 de noviembre de 1977 en Cruz Grande “La cuna del son de artesa”, cabecera municipal de Florencio Villarreal en la Costa Chica de Guerrero, México.Mujer feminista y afromexicana integrante de la Colectiva Mujeres Afromexicanas en Movimiento (MUAFRO) y de la Colectiva radial Poder político de las mujeres desde 2019, defensora y promotora de los derechos humanos de las mujeres. Desde diciembre de 2021 a la fecha es una mujer afromexicana, migrante en situación de desplazamiento forzado. Ama la escritura tanto como la lectura; y los talleres de Narrarnos Juntas han sido pilar importante en su proceso de duelo y de sanación así como en el proceso de encontrarse consigo misma y aprender a disfrutar nuevamente del placer vivir, de sonreír y de disfrutarse de sí misma.

De recuerdos, aventuras y reflexiones|Diciembre fue…

Por Tania Farias

La hora de los adioses había llegado y mi hijo no ocultó su tristeza. Mientras una lágrima resbalaba por su mejilla, el corazón se me apachurraba incapaz de calmar ese dolorcito en su alma infantil. Yo también había estado a punto de llorar al envolverme en los brazos de esos seres queridos a los que les repetía un «hasta luego» sin saber cuándo sería la próxima vez. 

Una vez en el carro, mi niño se soltó en un llanto quieto, pero lleno de emociones. Busqué consolarlo con caricias, un abrazo y diciéndole que regresaríamos en poco tiempo, que tan solo se trataba de un hasta pronto. Mas mis palabras sonaban un tanto vacías pues no tenía una fecha precisa en el calendario.

El movimiento continuo del carro aunado al cansancio acumulado después de tantas reuniones, desveladas y emociones, hizo efecto y después de un momento, mi pequeño se quedó dormido recargado sobre mi hombro. Mientras acariciaba su mejilla, aún humedecida por el llanto, un pensamiento asaltó mi mente: ese fin de año nos había sorprendido con muchas emociones, las cuales, sumergida en las actividades cotidianas no había encontrado el momento para reflexionar ni procesar. 

Un año entero se había ido y en otras circunstancias me habría dado la oportunidad de repasar y evaluar lo que el 2024 había sido para mí y los míos, sin embargo, en esa fresca mañana de inicio de año no tenía la energía para remontar doce meses: diciembre, por sí solo, había sido lo suficientemente intenso. Frente a mis ojos desfilaban esos paisajes tan conocidos conforme el carro se alejaba y el recuento del mes, en mi cabeza.

Diciembre fue un mes de nuevos encuentros. Después de más de un año de haber regresado al país y de vivir en esa gran ciudad, sentía que finalmente había comenzado a crear relaciones que podrían tener un futuro. Mi hijo también había empezado a sentirse aceptado y adaptado en este nuevo ambiente; tenía nuevos amigos y un día volviendo de sus clases me había dicho con serenidad que aunque seguía extrañando Canadá, vivir en México no estaba mal. Recuerdo haber sentido un calorcito que se expandía desde el corazón hacia todo mi cuerpo y que culminó con una sonrisa en mis labios. 

Diciembre también había sido un mes de reencuentros. Las fiestas de fin de año son sin duda una época ideal para reunirnos con amigos que vuelven a casa y, por supuesto, con la familia, en especial cuando se vive a una distancia lo suficientemente larga como para poder disfrutar de reuniones frecuentes. 

Diciembre fue volver a casa, al pueblo. Fue volver a caminar por las calles que me vieron crecer, de subir los senderos que algún día recorrí, fue volver a abrazar a aquellos que nos acompañaron durante nuestra niñez y de quienes la vida adulta nos obligó a alejarnos.

Diciembre fue un mes para volver a ver caras que un día habían sido cotidianas y que la distancia las había vuelto difusas. También fue un mes para recordar y revivir a través de las palabras aquellos momentos en que la vida pasaba sin mayores preocupaciones.

Diciembre fue un mes para abrazar, para besar y reír a carcajadas, pero también fue un mes de adioses, de corazones tristes al despedirnos de amigos queridos que se mudaron a un nuevo país con la promesa de hacer todo lo posible por conservar esa amistad que el cotidiano había fortalecido. 

Y al final de las vacaciones, una vez que las fiestas terminaron y la hora de volver a casa marcó también el momento de los adioses con la familia, diciembre también fue un último abrazo, un último beso, un adiós con la mano a través del cristal del auto, con las lágrimas agolpándose en las pupilas, deseando que este nuevo año nos traiga muchas oportunidades para reencontrarnos de nuevo.

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La soledad de la que duerme temprano por Jeanne Karen en La máquina verde

No es el primer fin de año que voy a dormir temprano. Lo hago con gusto en realidad, con el deseo de reponer fuerzas, de dejar ir el cansancio acumulado todo el año, como en una especie de tradición personal, y que me lleva a imaginar cómo será el cambio de las fechas para tantas personas alrededor del mundo. Alguien quizás brindará con vino, alguien más con una bebida caliente, alguien recibirá un gran abrazo y otra persona lo dará; todo a la luz de las series de foquitos que bailan al compás de una canción hecha para el momento. Otras personas ni siquiera estarán al tanto de que ha terminado un año más.

Pienso siempre en la originalidad, en tratar de hacer algo distinto, algo que sea significativo para mí, quizá para encontrar nuevos temas al escribir o solamente porque poseo un espíritu creativo e inquieto. Me gusta imaginar a las personas en sus fiestas de fin de año, esperando con paciencia, llenos de deseos, el comienzo del año nuevo.

Queremos inevitablemente, que sea mejor que el anterior, como en una suerte de acto de magia, es bello sentir que así será, aunque también creo que debemos preparar nuestros caminos para que así suceda. Estar un poco alerta, ver qué es lo que hace falta, no nada más en nuestro entorno, si nos es posible, ver un poco más allá.

Cada persona da a su manera, lo que puede, lo que tiene, lo que desea dar. Por ejemplo, a mí me gusta compartir con quienes me leen, dejar de vez en cuando unos versos, un pequeño poema, una línea que sé les será grata. Es lo que he tratado de hacer durante el año que terminó y espero seguir contando con sus amables lecturas y con esa especie de complicidad que se crea entre nosotros.

Para 2025 espero también una grata calma, una tranquilidad compartida, que sea un año de paz, de volver a nuestro origen, -ese corazón humano-, de dejar a un lado las diferencias, los desencuentros, los enconos.

Deseo también que la santa poesía nos siga cubriendo con su manto, que nos muestre que hay algo más allá, más allá de la cotidianidad, de la magia de la que hablaba, más allá incluso de las palabras. La poesía es parte de nuestras vidas, así la veo, así la he descubierto algunas veces: en una hoja que cae y hace un silencio, en las nubes que se esconden detrás del sol, en un rostro inconfundible que aparece entre la multitud, y en los actos de bondad de todos los días.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Los monumentos de la vergüenza

«Una vez que escapes de tu jaula,

abre tus alas y no dejes de volar jamás».

El concepto de monumento, que procede del vocablo latino monumentum, tiene distintas acepciones. El término puede emplearse para aludir a la obra que se instala en un lugar público con la intención de rendirle homenaje a algo o a alguien. Las estatuas, los bustos y otras clases de esculturas, pueden constituirse como monumentos cuando funcionan como tributo a una personalidad eminente o como recuerdo de algún suceso de gran importancia social. También se llama monumento a una construcción que se destaca por su trascendencia histórica, cultural o artística.

Todas las ciudades ostentan monumentos para recordar a sus grandes héroes o para conmemorar fechas decisivas. En la Ciudad de México, por ejemplo, son ampliamente conocidos El Ángel de la Independencia, El Hemiciclo a Juárez en la Alameda Central, El Monumento a José María Morelos y Pavón en Ecatepec o el reciente Paseo de las Heroínas, en Paseo de la Reforma.

Sin embargo, también es posible encontrar monumentos que significan todo lo contrario, los monumentos de la vergüenza, como El árbol de la Noche Triste, que nos recuerda el cruel genocidio cometido contra los pueblos originarios, o El monumento a la Revolución, que guarda la memoria de los hombres que tuvieron que morir demandando un México más justo.

Y a partir de las manifestaciones feministas, el espacio urbano también se atraviesa con recordatorios de la violencia con la que las mujeres nos enfrentamos todos los días en todos los espacios. A estos recordatorios, las activistas pro derechos de la mujer, los han llamado antimonumentas, y las razones se dicen solas.

La primera Antimonumenta fue erigida el 8 de marzo de 2019, fecha en que se conmemora el Día Internacional de la Mujer. Se instaló sobre Avenida Juárez, frente al Palacio de Bellas Artes, en la Ciudad de México, durante la marcha anual de cientos de miles de mujeres en contra de la violencia de género. La Antimonumenta representa el símbolo de la lucha feminista conformado por el símbolo de Venus con un puño alzado al centro. Las Antimonumentas de CDMX y Guadalajara son de color morado, el cual ha representado en la historia de la lucha feminista: «la lealtad, la constancia, la firmeza inquebrantable hacia una causa».

Se yerguen como símbolo de la lucha por visibilizar y combatir los feminicidios y la violencia de las que son víctima las mujeres en México. Son otra forma de visibilizar demandas de seguridad y equidad porque parece ser la única manera que de dejar constancia de una sociedad y de sus autoridades omisas a las desapariciones, feminicidios y violencia en contra de las mujeres.

Este tipo de manifestaciones, colocadas por quienes han sido víctimas de manera directa, indirecta o por sororidad, son llamadas de atención legítimas y necesarias, pero las que son colocadas por falsos solidarios, deberían cuestionarse.

Me encontré un ¿monumento? para recordar a todas las víctimas de violencia de género en la explanada de uno de los municipios con mayores índices de violencia contra las mujeres, como lo es Ecatepec, en el Estado de México. Resulta contradictorio. Es vergonzoso que las mismas autoridades negligentes y coludidas, sean las mismas que se atrevan.

Ahí está, en el Jardín Municipal, dos barras irregulares de color negro, entre puestos de fritangas y una feria destartalada: «En memoria de las víctimas de feminicidio en Ecatepec», #Niuna más. Delante está otra figura semejante, en honor del político Heberto Castillo.

Un sincero homenaje de las autoridades sería movilizar los recursos necesarios para garantizar la seguridad de niñas y mujeres, de hacer justicia y castigar a los responsables. No parapetarse colocando vallas en Palacio Nacional o en los edificios emblemáticos de la Ciudad, no decir que la violencia está controlada y que se tienen «otros números», basados en un México solo existente en la fantasía del gobierno omiso. NO levantar seudo-memoriales, que al paso de los transeúntes indiferentes, solo reflejan desolación y desesperanza. Desolación, porque entre tantas personas que cruzan esa plaza todos los días, nadie se detiene a reflexionar sobre su verdadero sentido, a dolerse por las tragedias individuales que tras cualquier estadística se esconden. Además, está rodeado de basura, merodeado por ratas enormes que apenas se pone la luz del día, aparecen buscando alimento. Desesperanza, porque parece que es lo único que se puede hacer, «condenar los hechos», normalizarlos y construir ofrendas, mientras el feminicidio sigue ocurriendo.

En esta primera entrega del año, mi deseo utópico, es que no volviera a mencionarse un caso de violencia, que la ley se impartiera de manera imparcial, y que pudiéramos ser libres y estar seguras en todo lugar, no que se gaste el erario público en falsas manifestaciones o en condenas inútiles.

Carmen Asceneth Castañeda

Piezas de un alma simple

Querida yo (III)

Escrito por: Alondra Grande

Querida yo, podemos contar nuestros tiempo en la Coyol a través estas cartas.
¿Recuerdas lo que nos dijimos el doceavo mes del 2021?

«Querida yo:
No sé a qué quiero llegar con las notas que hoy escribo,
¿De qué te hablo si ya lo sabes todo de mi?
»

Podría terminar diciendo lo que ya nos hemos dicho:

«Querida yo:
La vida es tormentosamente contraria,
Pero, querida yo, la tristeza no se quedará toda la vida.
Abrázala hoy porque tal vez mañana de paso a la alegría
»

Sé que hoy, mientras te escribo esto, no nos sentiamos como cuando cerrábamos el 2023 y escribí:

«Sé que estamos asustadas
Temblando de miedo todas las noches
Tan deseosas de sentir
Y aterradas de lo que estamos sintiendo»

Ya iniciamos el 2025, ¿puedes creerlo? ¡Tres años escribiendo! Tres años formando parte, perteneciendo. Teniendo altos y bajos, desnudándonos en cada pieza de esta alma simple.

Hoy quiero decirte, querida yo:
En tus dedos está la fuerza que sostiene mi alma.
Aunque nuestras manos tiemblen
y nuestra voz suene como porcelana rota,
Seguimos aquí.

Terminamos y empezamos,
nos reconstruimos un poco cada día;
Con cada luna resurgimos.
Aprendemos, no olvidamos.

Querida yo:
Tal vez el miedo nunca se vaya,
Y tengamos que seguir
con el pecho apretado, estrujando el alma.
La alegría es efímera y la tristeza pasajera.
La vida no se detiene por nada.

Querida yo:
Que no te frenen los días grises;

el sol oculto entre las nubes sigue brillando.
Todo comienzo es difícil
Y todo final resulta necesario.



Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 24 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

Los disfraces de la inocencia. Amma Crellin y Mary Katherine «Merricat» Blackwood

Juegos lúdicos, locura y poder: las antiheroínas que desafían los estándares sociales.

Se han encontrado en Heridas Abiertas (2006) de Gillian Flynn y Siempre hemos vivido en el Castillo (1962) de Shirley Jackson aspectos similares relacionados en cuanto a los asesinatos y los juegos lúdicos como forma de controlar la realidad alrededor de ellas. A saber, formas de narrarse a sí mismas, activar la memoria súbitamente con palabras, frases, comentarios casuales o canciones escuchadas furtivamente. Las figuras de Mary Katherine “Merricat” Blackwood y Amma Crellin como personajes femeninos antiheroicos frente a los estándares sociales, es decir, la mirada de sus respectivos pueblos sobre ellas, que las ve como forasteras, a pesar de ser oriundas del lugar.

Introducción

Las mujeres a menudo han sido representadas como personajes complementarios, destinados a ser puros y bellos, de un personaje masculino que sí podía permitirse tener sus claroscuros. Sin embargo, en las novelas de Gillian Flynn y en las de Shirley Jackson los personajes femeninos dan un giro esquemático para desarrollar figuras capaces de pensar y actuar, para bien o para mal. Estas protagonistas no son buenas hijas, ni buenas amigas, ni buenas hermanas, ni buenas parejas sentimentales, falta en cada una de ellas los aspectos que los estándares sociales esperan de ellas. Son las antiheroinas por antonomasia que desafían todas las convenciones sociales.

La escritora Gillian Flynn ha publicado tres novelas, las cuales son Heridas Abiertas (2006), Lugares Oscuros (2009) y Perdida (2012). De la misma manera, Shirley Jackson creó La Lotería (1948), La Maldición de Hill House (1959) y Siempre Hemos Vivido en el Castillo (1962), entre otras obras. En sus novelas, las figuras femeninas son egoístas, sádicas, narcisistas, dispuestas a traspasar la línea y convertirse en asesinas si es necesario.

En este trabajo, exploraremos las figuras de Amma Crellin y Mary Katherine “Merricat” Blackwood, dos antiheroinas que desafían los estándares sociales en Heridas Abiertas y Siempre Hemos Vivido en el Castillo, respectivamente. A través de sus juegos lúdicos y narrativas personales, estas mujeres construyen mundos propios, desafiando las expectativas y revelando las grietas de una sociedad que las margina. Analizaremos cómo estas figuras literarias nos invitan a cuestionar los roles de género y los conceptos de normalidad.

Contenido general

Heridas Abiertas (2006) trata sobre una reportera llamada Camille Preacker del Chicago Daily Post que regresa a su pueblo natal, Wind Gap, para cubrir los asesinatos de dos jóvenes adolescentes, Natalie Jane Keene y Ann Nash, con la singular característica de que sus dientes habían sido arrancados. La narradora es la misma Camille, la que nos muestra su disfuncional relación con su madre Adora, su padrastro Alan y su alejada hermana, Amma Crellin. La trama detectivesca parece perderse, ya que lo relevante es el mundo interno de la protagonista y su reencuentro con un pueblo que la considera una forastera. En este punto, nos concentraremos en su reencuentro con su hermana menor Amma Crellin y cómo se desarrolla su relación a lo largo de la novela. De esta forma, a través de la narradora Camille, se descubren las pistas que Amma deja sobre el lector sobre sus asesinatos. Desde el principio, cuando Camille la ve por primera vez, confiesa que “la muchacha llevada un vestido infantil de tirantes y a cuadros, a juego con un sombrero de paja que había a su lado. Aparentaba la edad que tenía, trece años (…) la ropa que llevaba era más adecuada para una niña de diez años” (Heridas Abiertas, 2006, p.41).

De la misma manera, en Siempre Hemos Vivido en el Castillo (1962), Mary Katherine “Merricat” Blackwood no deja lugar a dudas desde el primer párrafo de su singular personalidad. Nuestra narradora, Merricat, nos cuenta que tiene dieciocho años, que le hubiera gustado ser una mujer lobo pero que se contenta con lo que es, no le gusta lavarse, ni los perros, ni el ruido. Pero le gusta su hermana Constance, Ricardo Plantagenet, la Amanita Phalloides, la oronja mortal y que el resto de su familia ha muerto.

Desde su primera impresión, Amma se presenta como una adolescente que en su casa viste vestidos de niña, con sombreros infantiles y se comporta de forma angelical. Sin embargo, la impresión de inocencia parece tambalear cuando la misma Amma dice que lleva esa ropa por Adora, “… cuando estoy en casa soy su muñequita” (Heridas Abiertas, 2006, p. 41), pero cuando Camille le pregunta cómo es cuando no está en casa, dice con total tranquilidad: “Soy otras cosas” (ídem, p. 42).

Es interesante destacar como esta niña excéntrica e infantil tiene preferencia, o conocimiento, sobre setas venenosas al momento de mencionar la muerte de su familia. Ella misma y su hermana Constance viven aisladas en una gran casa destartalada junto con su tío inválido Julian. Pronto queda claro que el resto de habitantes del pueblo las rechaza por la tragedia que acabó con la vida del resto de los Blackwood seis años atrás.

Ambas adolescentes parecen indiferentes a la violencia que se encuentra a su alrededor y no parecen necesitar la protección de sus hermanas mayores, más bien las adoran y quieren protegerlas. No esta de más observar que la maternidad se encuentra ausente o es disfuncional. La madre de Merricat murió envenenada y la relación de Amma con Adora está marcada por el síndrome de Munchaussen por poder, donde Adora envenena a sus hijas para poder cuidarlas.

En este sentido, la indiferencia puede observarse en Merricat cuando va al pueblo los viernes y los martes al colmado y a la biblioteca, y nos revela: “Siempre pensaba en la putrefacción al acercarme a la hilera de tiendas” (Siempre Hemos Vivido en el Castillo, 1962, p. 16). A lo largo de la novela, expresa fantasías de asesinato similares, siempre bajo el velo de niña infantil, cuando dice: “Les pondré veneno en la comida y observaré cómo mueren” (ídem, p. 21).

Amma Crellin, por otro lado, cuando no está en casa, parece asumir otro rol: es una niña de trece años que va en patines, con pantalones muy cortos y tops. Fuma, bebe y consume drogas. Se escabulle por las noches para irse de fiesta y trata, desesperadamente, de llamar la atención de su hermana cuando la encuentra por la calle. De hecho, su indiferencia se muestra cuando Camille nos narra que vio a su hermana Amma como “la misma que se reía con sus amigas delante de la iglesia en el funeral de Natalie” (Heridas Abiertas, 2006, p. 41).

Tanto Merricat Blackwood como Amma Crellin aparentan lo que se espera de ellas: docilidad, belleza, sumisión. Pero el pueblo las odia porque saben que mienten, son forasteras en sus respectivos pueblos porque son impredecibles y ambiguas, y es precisamente esto lo que estremece de ellas.

En efecto, en Heridas Abiertas (2006) el pueblo de Wind Gap es descrito por Camille como “un minúsculo reducto de catolicismo en una región de baptistas sureños recalcitrantes” (p.31) y que “es una de esas ciudades miserables propensas al sufrimiento” (p. 8). De igual forma, la vida en el pueblo de los Blackwood es burda, cruel y los habitantes son ignorantes, apegados a sus malos juicios y estándares religiosos y patriarcales. Tanto Merricat como Amma son antiheroínas que se presentan bajo un manto de inocencia, aparentan ser torpes, divertidas, perspicaces. Sin embargo, no se tarda en descubrir que son mentirosas, ambiciosas, perversas y controladoras. Las protagonistas son personajes profundamente complejos, con motivaciones y comportamientos que desafían las expectativas sociales. Ambas figuras femeninas parecen recordarnos a Livia (1948), fotografía de Frederick Sommer. En esta, la niña pequeña, de rubios cabellos, se muestra con las manos en su pecho, vestida de blanco, con trenzas y una mirada profunda que es estremecedora, el espectador no sabe si seguirá siendo angelical o abandonará ese disfraz de inocencia.

Tanto Amma Crellin como Merricat Blackwood son adultas asesinas, aunque ambas actúan como niñas. Cualquier cambio que altere sus pacíficas vidas es visto como una amenaza, desde simples objetos hasta las personas que la rodean. Los juegos lúdicos cumplen un papel crucial como mecanismos de control y protección de la realidad que las protagonistas desean mantener. Estos juegos, que pueden parecer inocentes a primera vista, en realidad constituyen una forma de brujería o rituales que les permiten manipular su entorno y mantener su realidad bajo control.

En Heridas Abiertas, Amma utiliza su maqueta de la casa familiar como un amuleto, de magia sencilla, que le permite controlar lo que sucede a su alrededor. La reacción violenta de Amma cuando recibe una mesita mal diseñada para la maqueta muestra cómo cualquier alteración en su entorno es vista como una amenaza. Entonces, sabiendo esto, aquella mesita mal diseñada presenta un mal augurio que nadie parece reconocer salvo ella, la tira al suelo y la golpea hasta convertirla en astillas. Como la describe su hermana Camille, “chillaba entre lágrimas, una rabieta en toda regla, con la cara crispada por la ira” (Heridas Abiertas, p.59).

De igual manera, Merricat reacciona violentamente cuando Helen Clarke visita a la hermanas Blackwood y casualmente le dice a Constance que aún es joven y debería salir al mundo. Aquello representa el peor de los males, la salida de Constance al mundo implicaría abandonar la casa en la que siempre serían felices, la que tanto se esforzó en proteger del mundo exterior con sus propios amuletos repartidos por la casa. Ella misma se aleja a la cocina y le cuenta al lector: “No podía respirar, me sentía agarrotada, tenía la cabeza a punto de explotar (…) Tuve que conformarme con hacer añicos la jarra de leche que estaba esperándome sobre la mesa; había sido de nuestra madre y dejé los pedazos en el suelo para que Constance los viera” (Siempre Hemos Vivido en el Castillo, p.44).

En ambas obras, los juegos lúdicos son una manifestación de la necesidad de las antiheroinas de controlar su entorno y protegerse de las amenazas externas. Estos juegos, aunque aparentemente inocentes, revelan la naturaleza oscura y manipuladora de las mismas y contribuyen a la tensión y desarrollo de la trama. De la misma forma se manifiesta súbitamente en canciones o comentarios casuales que le dan pistas al lector de sus verdaderas naturalezas.

Es relevante recordar la recurrente asociación de Mary Katherine Blackwood con actos perturbadores. Un ejemplo de esto es el canto que dice “Merricat, dijo Connie, / ¿una taza de té querrás? / Oh, no, dijo Merricat, / Me envenenarás.” (Siempre Hemos Vivido en el Castillo, 1962, p.29). Otro suceso significativo es cuando vierte una jarra de agua en la cama de su difunto padre para evitar que Charles Blackwood duerma allí. Asimismo, la figura de Amma se caracteriza por comportamientos inquietantes, como cuando se viste de Juana de Arco y simula que la quemarán en una hoguera (Heridas Abiertas, 2006, p.66).

Estos actos, aunque aparentemente inocentes, revelan una profunda perturbación. La apropiación por parte de Amma de objetos del lugar donde las víctimas tienen su altar, como flores y un oso de peluche, evidencia una conexión mórbida con la muerte y un deseo de control sobre los acontecimientos. Camille, observadora de estas acciones, percibe la oscuridad que subyace en la personalidad de Amma, pero no logra intervenir de manera efectiva. Es en este contexto que Amma señala a John Keene como el principal sospechoso de los asesinatos, asegurando a Camille de manera desafiante que este no la dañaría (Heridas Abiertas, 2006, p.76).

Está claro que todos estos actos son deliberados, malvados y egocéntricos, se presentan como inocentes gracias a la juventud y la apariencia de ingenuidad de las protagonistas. Sin embargo, es evidente que subyace una intención maligna y un profundo desprecio por la vida ajena. Esta dualidad entre la apariencia y la realidad es un elemento recurrente en las obras, que invita al lector a reflexionar sobre la naturaleza humana y la delgada línea entre la cordura y la locura.

Por lo que respecta a las hermanas mayores, Camille Preacker y Constance Blackwood, ambas mantienen relaciones disfuncionales de poder respecto de sus hermanas mayores, pero en distintos niveles. Por un lado, hay que aclarar que Camille logra irse del pueblo de Wind Gap físicamente, aunque sus fantasmas internos la acompañan y la traen de vuelta. Mientras que Constance nunca deja el castillo, se siente a gusto en la realidad que su hermana ha creado para ella.

Ellas son las únicas que pueden domesticar a sus hermanas menores, las únicas por las que las hermanas menores se preocupan y quieren su protección. Merricat se empeña en esconder su oscuro secreto a través de su narración, esto es, el hecho de que envenenó con arsénico a su familia seis años atrás. No obstante, de tanto en tanto, su propia narración nos deja entrever la verdad. De la misma forma, Camille, en su afán por descubrir al asesino con su sagacidad y sus preguntas que incomodan al pueblo para su artículo, parece pasar por alto las pequeñas formas que Amma tiene de dejarle descubrir sus propios asesinatos a través de comentarios casuales o actitudes malévolas que muestra cuando no está en casa pretendiendo ser una niña inocente. Tanto Constance como Camille, a pesar de sospechar de la culpabilidad de sus hermanas, parecen mantener una extraña complicidad. Aunque reconocen los actos perturbadores de Amma y de Merricat, evitan confrontarlos directamente, como si estuvieran protegiendo un secreto compartido. Esta actitud ambivalente sugiere una profunda conexión emocional, a pesar de la gravedad de los crímenes.

Siguiendo esta línea argumental, tanto Constance como Camille son vistas como forasteras en sus pueblos de origen. Constance fue acusada del asesinato de sus familiares y sometida a juicio. Mientras que Camille se alejó del pueblo tras la trágica muerte de su hermana Marian y su relación insostenible con su propia madre. Ambas revelan una compleja relación con sus hermanas, parecen encontrar en ellas una figura central. Esta dinámica, marcada por la ambivalencia y la complicidad, sugiere una conexión emocional profunda que trasciende la gravedad de los crímenes. Sus actitudes protectoras, a pesar de las evidencias en contra de sus hermanas, plantea interrogantes sobre los límites de la lealtad familiar.

Estos signos de complicidad pueden observarse en Siempre Hemos Vivido en el Castillo (1962) en una conversación donde Merricat le pregunta a Constance: “- Me pregunto si sería capaz de comerme a un niño.” y Constance le responde: “Yo no sé si sabría cocinarlo.” (p. 204). Además, parece hasta disculparse cuando trae a colación que Merricat los asesinó y asegura que no habían hablado de aquello en seis años. Para Constance, están unidas hasta la muerte por este vínculo de asesinato, su hermana depende totalmente de ella para ser cuidada y alimentada, una niña adulta que parece no haber sido destetada.

Incluso cuando la casa de las Blackwood se incendia y el pueblo la profana, Constance parece más preocupada de que hayan encontrado viveres importantes y los robaran, más que el hecho de que la casa esté en ruinas. En su mente, la realidad que su hermana ha creado para ella no ha desaparecido del todo. Aún pueden “tragarse el año” de forma monótona como siempre, su lugar feliz no ha cambiado a pesar de ser consumido por el fuego. Jamás serán aceptadas en el pueblo, pero siempre se tendrán la una a la otra.

De la misma forma, en Heridas Abiertas (2006) la complicidad se revela en el mutuo conocimiento del trastorno de la madre, Adora. En este punto, podemos ver como ambas son víctimas, pero sólo Amma toma el papel de victimaria en la novela como una forma de recuperar el poder sobre sí misma y los demás. Camille parece saber también que Adora es la responsable de la muerte de su primer hermana, Marian, pero no parece querer recordarlo hasta que ella misma se deja envenenar para salvar a Amma del mismo destino. Al final de la novela, su propia madre es culpada de los crímenes de Natalie Jane Keene y Ann Nash. Las hermanas se mudan a St. Louis, finalmente han construido un hogar para ellas pero, a diferencia de las Blackwood, lejos de su pueblo natal, llevándose consigo la maqueta de la casa familiar. Es interesante pensar que lo único que les permite alejarse es que llevan su hogar consigo, porque, al igual que las Blackwood, son incapaces de dejarlo completamente.

La maqueta de la casa familiar, presente en Heridas Abiertas (2006), se revela como un poderoso símbolo. Este objeto representa tanto su pasado traumático como su deseo de escapar. Camille revisa la maqueta despreocupadamente y encuentra que el piso de la habitación de Adora está decorada con dientes, amuletos macabros que Amma guarda para su madre. Así como una alfombra hecha con el pelo de una vecina a la que Camille le tenía mucho aprecio en la habitación que sería suya. Este hallazgo subvierte la imagen idílica de la casa y revela la verdadera naturaleza de sus habitantes. Amma se descubre, como lo indica Camille, no como Juana de Arco vestida con su sábana inmaculada, sino “como Artemisa, la sanguinaria diosa de la caza” (Heridas Abiertas, 2006, p. 232). Amma desvela ser no una niña inocente jugando por el bosque, sino un ser poderoso y cruel, al igual que Merricat cuando dice: “Inclináos ante nuestra adorada Mary Katherine (…) o moriréis” (Siempre Hemos Vivido en el Castillo, 1962, p.157).

En este punto, las hermanas en ambas novelas se mantienen unidas por mutua necesidad, las terribles muertes constituyen un vínculo que las ata para siempre con el único objetivo de que la realidad que Amma y Merricat han construido para sus hermanas y para sí permanezca intocable. Unidas por un trauma compartido, construyen una realidad paralela en la que la violencia y la manipulación se convierten en elementos esenciales para mantener el control.

De este modo, la casa de las Blackwood seguirá en ruinas pero su “lugar feliz” permanece intacto, Constance siempre será indulgente y buena con su hermana porque la quiere y quiere protegerla, aún si ello significa renunciar al mundo exterior. Merricat repite tantas veces: “Oh, Constance, somos tan felices”. La casa de las Blackwood se convierte en un microcosmos de su perturbada realidad. Las hermanas se aferran a la casa como un refugio de las amenazas del exterior. Sin embargo, esta misma se convierte en su prisión, perpetuando un ciclo de violencia y aislamiento. La obsesión por preservar su “lugar feliz” las lleva a sacrificar cualquier posibilidad de una vida normal.

No obstante, hacia el final de Heridas Abiertas (2006), luego del descubrimiento en la maqueta, Camille prosigue a relatar la forma en la que ocurrieron los tres asesinatos que cometió Amma de un detalle tan vívido que al lector se le hace imposible creer como durante toda la novela parecía no pretender ver a Amma como una asesina cruel. A diferencia de las Blackwood, Amma Crellin es entregada a las autoridades y Camille parece verse “libre” de su pasado y su complicidad con Amma.

Sin embargo, aunque aparentemente las hermanas han sido separadas para siempre, Camille no deja de sentirse culpable, como lo habría hecho Constance si hubiese tomado la misma decisión, por haberla abandonado. Cuando la visita, Camille quiere hacer la visita lo más amena posible, sin hacer preguntas sobre los asesinatos y, si por error lo hacía, sonaba como “si la estuviese reprendiendo por haber montado una fiesta aprovechando que yo no estaba en casa” (Heridas Abiertas, 2006, p.233). Además, esto provoca el regreso de Camille a Wind Gap, ya no puede dejar aquel pueblo desde entonces, la maqueta se queda con ella como su amuleto, la protección que su hermana ha dejado para ella y nos relata con remordimiento: “A veces me acuerdo de la noche en que cuidé de Amma (…) Sueño que lavo a Amma y le seco la frente. Me despierto con el estómago revuelto…” (ídem, p.235).

Conclusión

Amma Crellin y Mary Katherine “Merricat” Blackwood son personajes femeninos antiheroicos, porque representan un retrato más humano de las mujeres. Ambas se ven dóciles, inocentes, educadas, pero detrás de esto se esconde el trasfondo oscuro de sus asesinatos a sangre fría. Han demostrado que pueden ser personajes perversos y crueles que son capaces de asesinar en pos de apoderarse de su realidad. A su vez, el uso de una brujería que implica amuletos que les permiten controlar dicha realidad. El vínculo sangriento que comparten con sus hermanas es una prueba de que las mujeres no siempre son buenas unas con las otras, no cumplen con estándares sociales que esperan solidaridad e inocencia. Tanto Constance como Camille tienen sus complejidades y matices que las deja en vilo entre la inocencia y la complicidad con su hermanas.

Por consiguiente, tanto Gillian Flynn como Shirley Jackson nos ofrecen un paraíso hecho de vestidos de flores, risas angelicales de niñas, perversidad, inteligencia macabra, envenenamientos y amuletos como una caja de dólares o dientes que adornan el piso de la maqueta familiar que parecen controlar la realidad de las hermanas y su idílica felicidad lejos de pueblos que las odian. Lo que las convierten en niñas estremecedoras es su ambigüedad y capacidad de ser sujeto libres, con todo lo que eso implica.