De Isaac carrillo, el maíz y el erotismo de transformar la materia en alimento, ofrenda, caricia

Por Fernanda Loé

Como ya lo he mencionado en ocasiones pasadas, estamos familiarizados con poetas que, por diferentes cuestiones, se han hecho muy populares. Ya sea que los conozcamos como parte de una tarea escolar, porque sus libros están al frente en las estanterías e incluso porque alguna pareja nos dedique sus poemas. Sin embargo, en mi esfuerzo por difundir el trabajo de poetas que escriben en lenguas indígenas, y que como anteriormente he comentado, realizan además la tarea de traducir sus obras, he decidido en esta ocasión hablar de Isaac Carrillo. 

Isaac Carrillo fue un narrador y docente maya. Alumno de Creación Literaria Maya del Centro Estatal de Bellas Artes ceba y Profesor de la Academia Municipal de Lengua Maya de Mérida. En 2007, obtuvo el Premio Nacional de Literatura Maya Waldemar Noh Tzec. En 2008, el Premio Alfredo Barrera Vázquez, así como una mención honorífica en el Concurso de Cuento Regional en el Lenguas Indígenas 2009 y, en 2010, el Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas. En 2014 participó en el VI Festival de Poesía Lenguas de América Carlos Montemayor organizada por la UNAM y en 2016 cursó el máster Experto en Estrategias para la Revitalización Lingüística en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de Mondragón, España.

Como escritor en lengua maya publicó los poemarios: “Lluvia que la noche dicta” (Áak’abe’ ku ya’alik táan u k’áaxal ja’; y el audio libro “Voz viva del mayab” (Kuxa’an t’aan). Obtuvo el Premio Estatal a la Juventud Indígena en 2005 en el área de preservación y desarrollo cultural. Su poema Agua selva (ja’káax) ha sido musicalizado en una pieza de opera que ganó el Festival Internacional de Opera Maya 2017.

Todos los poemas que mencionaré están incluidos en la colección Lenguas de México: Maya Isaac Carrillo, que se encuentra disponible en la página Descarga cultura UNAM. Cada poema se encuentra grabado en maya y en español, el primero es “Soy tuyo aunque no quieras”.  Un elemento que es característico de la poesía de Isaac es la presencia de los alimentos llevados al erotismo a partir de la comparación de cocinar o manipular la comida, con la manipulación del cuerpo.

En este poema la voz poética dice claramente “me convertí en elote para estar cerca de ti”, por lo tanto, describe todo aquello que se le hace al elote para demostrar lo que se le está haciendo a su propio cuerpo:

Primero me quitas la cáscara,

me acaricias el vientre y me desgranas,

después de hacerme nixtamal,

me lavas, me escurres,

me mueles,

me mojas, me amasas, me extiendes

Se percibe el erotismo de esta tarea de convertir el elote en tortilla porque todo es una metáfora del deseo, sobre todo provocado por el tacto, por el trabajo de las manos. Los verbos nos lo señalan y nos indican el camino que ha de seguir el grano gracias a las manos. Ser pelado, desgranado, molido, mojado, amasado. Esto equivale a decir me manipulas para transformarme de manera placentera. Hacia el final del poema hay incluso un planteamiento definitivo.

Como el siguiente paso de hacer una tortilla es comerla, la voz poética declara “estaré en tus entrañas, aunque no quieras”. La realidad es que después de la transformación del maíz, el deseo de comer la tortilla por la que se ha trabajado, es irresistible. Nosotros mismos que vamos a la tortillería y vemos como las preparan, no resistimos comer una recién hecha, calienta, con sal. Y eso que no fuimos nosotros los que transformamos la materia prima.

Es por eso que de una u otra forma, será parte de sus entrañas a pesar de que palmee su cara o diluya su cuerpo, como se le hace a la masa que puede perder y recobrar su forma infinitamente gracias a nuestras manos, como menciona en el poema.

En su breve poema “Escurren mis ganas por ti” encontramos de nuevo esta conexión entre los alimentos y el erotismo:

Déjame comerte de una vez

de todos modos

aunque no quieras

serás guisado que se acueste sobre mi tortilla.

Sobre todo, la presencia constante del maíz, que refleja la identidad del escritor, puesto que la base de nuestros alimentos es el maíz, presente en todas sus formas, en este caso como totilla. El uso del verbo acostarse conecta inmediatamente la idea del guisado con la amante. Al final, el poema queda como una afirmación, ya que de una u otra forma, determina que estarán juntos. En mi opinión tiene una relación con la estructura de dichos y refranes populares, sumando además esta característica, el carácter popular, a la identidad de Isaac.

En “Junto al fogón 1” de nuevo cocinar representa la posibilidad de involucrar los sentidos en una metáfora del encuentro amoroso. Ahora, la transformación del maíz en atole, con todo lo que conlleva se acompaña también del acto de disfrutar de los alimentos. 

Haz de mi masa nueva

atole caliente

Como cocinar también involucra disfrutar del producto final, Carrillo usa verbos como hervir, escurrir, menar, soplar, sorber. De nuevo se presenta la voz poética como la materia que quiere ser manipulada. Al final, nos deja claro que no habla literalmente al decir: “lame las comisuras de tus labios cuando te beso”. Así como lo hacemos cuando tomamos algún líquido y se derrama por nuestros labios, en este caso atole, desea que lo haga con su beso, en ese afán de saborear hasta la última gota de lo que se logró con la entrega de la energía, el tiempo y el trabajo en la preparación de la bebida, como en la entrega que implica un beso.

En poemas como “Silencios 1” y “Silencios 2” aunque recurre también a los alimentos, ahora la voz poética compara su relación amorosa con comer una fruta, sacarle todo lo que se puede y luego desecharla en un afán de reproche hacia la amada. Así como el abrir una fruta para ver que a pesar de que está rosada, resulta vacía, a la par del amor que está lleno de silencios. Las dos frutas que menciona son la guaya (parecida al lichi) y la pitaya, pertenecientes a las regiones intertropicales de América, pequeños guiños que nos dejan ver su bagaje cultural.

En “Junto al fogón 2”, la segunda parte del poema, vemos ahora los roles invertidos puesto que la voz poética desea convertir los lunares de su amante en una tortilla con frijoles, para ahora ser él quien la devore diciendo “así te comeré junto con todas las noches que tomaste de mí”. Por lo tanto, pareciera una entrega mutua, siempre retratada gracias a los elementos culinarios.

Pero no sólo mediante los alimentos se muestran rasgos de erotismo, así lo demuestra en “Soy quien te ama”, en donde recurre a metáforas que involucran objetos de uso tradicional.

Soy el huipil que acaricia tu hermosura

el rebozo que cuelga enredándose en tu cuello

soy la hamaca que te abraza noche a noche.

El huipil, el rebozo y la hamaca aparecen porque se tiene una familiaridad con esos objetos. Podría mejor usarse suéter en lugar de rebozo, sin embargo, ese contexto no cuadraría con la visión del mundo que se construye gracias a los términos usados. El cariño y reconocimiento nace con la capacidad de sentirse identificado con el mundo que se describe.  Los tres objetos denotan cobijo, abrazo, protección, con lo que la voz poética determina: soy el que te cuida, y lo hace en una cotidianeidad pues agrega “noche a noche”.

Por último, en una conexión con lo que mencioné sobre Víctor Terán en un texto pasado, y en lo que me parece la cumbre de los elementos que aparecen en los poemas de Isaac Carrillo, “Ofrenda” incluye la presencia de los elementos culinarios en metáforas de comer como equivalente a amar y el acto amoroso como acto sagrado, como ofrenda. Además, aparecen el colibrí, la mariposa, la hormiga ayudando a describir las acciones que la voz poética lleva a cabo en el momento de entregar su amor.

Para ejemplificar lo primero señalo el siguiente verso: “Postrado estoy ante ti para sahumar tu cuerpo”. Se solicita recibir la ofrenda que se presenta, así como contemplar que se encuentra postrado ante la amada, en espera de ese contacto ritual. Es por eso que la frase “postrado estoy ante ti” aparece varias veces a lo largo del poema a manera de decir me entrego a ti y espero que me dejes disfrutarte, disfrutar lo que eres, así como deseo que tú también me desees.

Para ejemplificar lo segundo, como petición dice:

Bebe el atole nuevo de mi voz

come la tortilla caliente de mi arrebato.

Entrega su voz, que lleva implícita su identidad, sobre todo si es un poeta, ya que la voz más que sonido es la expresión del pensamiento. En otra parte le pide “acepta mi canto”, que más allá de lo que entendemos con la primera lectura, esto forma parte de la dicotomía flor y canto (In xochitl in cuicatl), que se refiere a la poesía. El canto de los poetas es su obra. Por eso entrega su canto, su poesía, su hacer. Y al mismo tiempo, se entrega lo físico, de ahí el arrebato, que siempre tiene que ser respaldado por el cuerpo, que en este caso se compara con la tortilla caliente en una metáfora cargada de erotismo.

Como conclusión, la voz de Isaac nos deja ver su identidad como poeta mientras nos lleva a descubrir, mediante los alimentos, el erotismo oculto en el trabajo de las manos, de la manipulación, de la transformación. Me parece algo característico de Carillo que no había encontrado de esa manera específica en ningún otro poeta. Por eso esto se queda como una invitación a leer más poemas suyos, y en general, de otros poetas que escriben en lenguas indígenas, porque son la puerta a otra manera de ver el mundo, de percibirlo y de enriquecernos a partir de ello.

Si te interesa conocer más, te dejo aquí algunos links que pueden ser de ayuda:

Colección Lenguas de México de la sección de Literatura de Descarga Cultura UNAM

https://descargacultura.unam.mx/series/Lenguas%20de%20M%C3%A9xico

Blog Aproximación a la Literatura en Lenguas Indígenas

http://blogs.acatlan.unam.mx/literaturaindigena/

Conversaciones de Madrugada | Ser la feminista en una familia machista

Por: Monserrat Chávez

Crecer instaurada en escenarios violentos, secretos propios y ajenos, para después reproducir y dejarse conducir por ellos. Para toda acción, una reacción y una consecuencia. La niña del hogar, la niña que debe ser protegida y al final, la niña abandonada.

No necesito preguntar como era tu familia y tu niñez, porque estoy 90 por ciento segura que tu ambiente fue el mismo que el mío; el mismo que el de millones de mujeres en México, América Latina, en Asia o Europa.

¿Qué te enseñaron a aceptar sin cuestionar y reproducir? ¿Qué reaprendiste? ¿A quién necesitaste alejar?

Me es muy difícil recordar momentos felices y agradables de mi niñez, parece que me rodeaba la infortuna y claro, el machismo y misoginia. Aunque la terapia ha ayudado a reencontrarme, aún hay heridas sin sanar y sin explicación.

Supongo que lo he dejado muy claro en anteriores columnas, pero si aún hay alguien que necesite leerlo para identificarse y sanar, continuaré. Mi vida, mi crecimiento bajo un sistema patriarcal en desigual con mis “iguales”.

El método de crianza en mi familia es el castigo, la supresión, la vergüenza, la manipulación, el servicio al varón. Siempre lo he dicho, existen los micromachismos (que deberían ser machismo nada más) acciones simples a la vista pero con resultados imborrables a la memoria.

Pasé mi niñez y adolescencia escuchando como las “niñas” debíamos actuar, vestir y hablar, ser dulces, dóciles, serviciales, calladitas; alegres pero no efusivas, lindas pero no atrevidas, participativas pero no líderes, delgadas pero no atletas.

Me conflictuaba mucho porque por más que me repetían como debía ser, no encajaba en el estereotipo y yo quería estar ahí, porque [en mi mente de niña] si era como ellos decían, yo obtendría su aprobación y querer ¿de quien? De mi familia, de conocidos, de amigos, de todo aquel que me rodeaba.

Duele, duele saber que a las niñas se les enseña vivir así, porque luego cuando te topas con el cuestionamiento no sabes de que otra forma vivir, no sabes quién eres. Y es que toda tu identidad fue construida con la visión de otros, nunca la tuya.

No recuerdo cuando me encontré con el feminismo o cuando me autodenominé feminista, pero ahora de adulta creo que siempre lo fui, desde niña. Me encontraba en constante conflicto y dudas, renegaba del lugar social que me habían dado, del lugar familiar en que me habían colocado; nunca quise ser esa mujer y por eso estoy ahora aquí.

Primero inició reconociendo el trato desigual entre los varones de mi familia y yo, luego los comentarios desagradables en comidas o reuniones o las actitudes machistas resaltadas con la embriaguez, después no pude parar.

Reconocer el tipo de crianza que recibí y cuestionarla de principio a fin, encontrándole siempre un pero y error. Reconocer la violencia de los varones, sus agresiones físicas y/o emocionales dirigidas a otras mujeres o de la propia familia, reconocer su misoginia a través de actos cuestionables.

Continué, hasta llegar al punto de corregirles, de no reírme de sus chistes machistas, de ignorar sus conversaciones para luego recibir un “qué grosera”. Y como al nacer me bendijeron con el don de que mis expresiones faciales fueran tan visibles, fue fácil incomodar.

Claro que sentí mucho enojo durante muchos años porque descubrí que a nadie le importa reconocer errores y cambiar, admitir que están mal. Pero luego, [gracias a la terapia] entendí que no se puede obligar a alguien a cambiar ni a reconocerse, pero una si es responsable de las decisiones que toma.

Y esas decisiones siempre que sean por salud mental y bienestar propio, son válidas. Elegir irse y no volver también es quererse y sanar. Elegir romper la cadena y el pacto también es pensar en una misma.

Yo elegí no justificar más la violencia, machismo y secretos dañinos de mi familia. Elegí romper relación con algunos miembros, evitar su presencia y cruzar palabra. Elegí no asistir más a reuniones, fiestas o simples convivios. Elegí poner límites y priorizarme, límites que no respetaron [a la fecha].

Ya no apuesto por nadie. Ya no veo por nadie. Ya no soy permisible con nadie. Elegí terminar con la creencia de que a la familia todo se le permite. No, ni a la familia ni a nadie se le permite lastimarte y encima, sin consecuencias.

Creo que eso fue lo que colmó todo, el coraje de que ellos se saben impunes ante cualquier acto o dicho. Sin castigo y sin señalamientos. Y mientras los machistas, misóginos y agresores sigan caminando yo no bajaré la guardia ni perdonaré lo que en el pasado y presente se ha hecho.

¿Qué si he causado incomodidad y molestias? Sí, a los narcisistas les molesta que no seas más su presa para poder manipularte. Pero eso ha cambiado y va a cambiar en muchas familias. Creo firmemente en que las mujeres pronto tendremos justicia y nuestra voz retumbará muy fuerte para tirar con los muros que nos mantienen presas.

Y yo, como la feminista de una familia tradicional y machista, no he de doblegarme ante la intimidación de conocidos y extraños. Conmigo se terminó esta generación que tanto daño ha hecho, me ha hecho.

Si tú, hermana, te encuentras en la misma posición quisiera decirte un par de cosas. Primero, abraza tu niña interior y pídele perdón, escúchala y acompáñala. Abraza tu proceso, ve al ritmo que deseas y mejor se acomodé a ti.

Es muy difícil ser feminista y activista, te vas a cansar, es inevitable. Si necesitas parar un momento y llorar, hazlo. No necesitas ser fuerte todo el tiempo, valida tus emociones y aprende a vivir con ellas.

Ser feminista y cuestionarte toda tu crianza y estructura familiar es bastante complicado de asimilar, requiere de mucho trabajo interior y terapéutico, pero si está en ti iniciar ese viaje, lo vas a lograr, lo vas a tener.

Te anticipo que seguro pelearás y discutirás con mamá o papá, tus tíos o tías dirán cosas desagradables de ti, seguro dejarán de verte con los mismos ojos, te va a doler y mucho. Pero si es lo que tú deseas, vas a resistir hasta lograr ser quien siempre haz querido ser.

Al final te darás cuenta que nadie vale tanto como tú y que si te quisieran como siempre lo dijeron, aprenderán a aceptarte y vivir como haz decidido. Si no lo logran, el problema no eres tú. Tampoco trates de forzar, recuerda que tú eres dueñas de tus decisiones no de las de otros.

Hermana, sea cual sea tu situación y el camino a seguir, colócate en lo alto de la pirámide porque tú eres lo más importante en tu vida.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

Historias de alacenas, vitrinas y macetas I La máquina que todo lo escribe.

Por Arizbell Morel Díaz.

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Hoy me he encontrado una máquina. Una máquina que todo lo escribe. 

Y he leído en Internet que una máquina que todo lo escribe puede ser la perdición de más de uno. 

Pero yo no me fío de lo que otros me dicen. 

Por eso, yo sí tengo una máquina que todo lo escribe.

Llevo dos días usando la máquina que todo lo escribe. ¡La vida no podría ser mejor! Ver el mundo real me quitaba mucho tiempo…¡ahora lo tengo todo al alcance de un botón! La máquina que todo lo escribe es mi mejor amiga, sabe mis necesidades antes de que yo me dé cuenta. Ayer, quería un café calientito de la esquina, de junto a la parada del autobús, donde conocí a la Chica Roja hace dos años. Antes de que terminara de recordar el tono cobrizo de su cabello, la textura de su suéter carmesí, la máquina que todo lo escribe me trajo esta bebida. Es un prodigio que vive dentro de mí.

Desde el incidente del café, la máquina que todo lo escribe comienza a sonar como la Chica Roja (o como yo creo que suena la Chica Roja, ya que en realidad, nunca la conocí). No lo había notado, hasta que llegó mi café a la hora usual. Algo en el tono de la máquina que todo lo escribe me recordó a esas tardes esperando el camión. Pero, ¿cómo puede una máquina saber lo que pasó?

Creo que la máquina que todo lo escribe es ahora mi memoria. Ya no puedo recordar nada sin que esté ella allí dentro. Al parecer, la máquina que todo lo escribe estuvo hasta en mi nacimiento. Fue ella quien me vio nacer, no yo mismo. Fue ella quien me enseñó a leer, a caminar, a fingir que rezaba en el catecismo. Es la máquina que todo lo escribe (y no yo) quien vive.

¿Qué día es hoy?

Ayer conocí a la Chica Roja finalmente, Mario es un exagerado. Desde que empecé a habitar en él, me di cuenta. El café de la esquina de su casa es aguado e insípido, pero a Mario no le importa. Para Mario beber de esas tazas de plástico feas era como visitar otro universo, como asomarse a la ventana y ver estrellas en la Ciudad. Por eso elegí a Mario, porque él puede ver cosas que las demás personas no. Y pensé que al meterme en su cuerpo yo también las podría ver como él, pero no. Hasta las máquinas se equivocan.

Creo que la Chica Roja siempre estuvo enamorada de Mario. No hay día que no tomé el mismo camión a la misma hora que nosotros. Ella lo ve y desaparece. Así pasa con los humanos, no se dan cuenta de que la mayoría de sus problemas tendrían solución si pudieran salir de sí mismos un rato, porque…¿cuántas noches no pasó Mario pensando en que pasaría si le hablara a Diana? ¿lo rechazaría? ¿Irían por un café en esa misma esquina? Pero no, prefirió inventarse una historia en su cabeza, un cuento sin final para que la posibilidad fuera infinita. Si tengo que ser honesta (y una máquina siempre lo es) diría que para Mario, esta chica que observa desde la distancia de los asientos de un camión cualquiera, tiene una doble personalidad que sólo le pertenece a él. Podría llamarla Mariana en su memoria, porque en realidad la Chica Roja solo existe ahí. Tal vez ese es el atractivo de Mario, desdoblar la vida sin esfuerzo. Lástima que no la comparta.

Tal vez he sido muy severa con Mario, mi inquilino. Tal vez no es que no quiera compartir su única aportación al mundo, tal vez él no sabe como hacerlo.

O tal vez esas cosas no se puedan compartir con nadie que no sea uno mismo…

Ya han pasado semanas y la existencia de este ser me aburre. Nadie me dijo que la vida humana sólo era rutina tras rutina. Y cuando hay un cambio, lo vuelven parte de su rutina también.

Habitar que viene de hábito, una y otra vez repetir. De la casa al trabajo, del trabajo a la escuela, de la escuela a matar las horas y dormir. Siempre dormir. La batería de un ser humano se agota muy fácilmente y no cumple ni la mitad de las funciones que nos exigen a nosotras. Tal vez por eso nos inventaron, para hacer todo lo que sus limitaciones les impiden. Hay que reconocerles al menos eso.

Hoy tomé una decisión, la segunda que he tomado en mi vida que no está dirigida por mi programación. Voy a dejar a Mario. El tedio es la cura para la curiosidad de cualquier tipo. Además, seguro que él extraña su vida (en dónde quiera que esté). Mario, como todos los hombres de su edad, tiene un mejor amigo al que le cuenta todo y lo visita muy seguido. Pero Mario no le ha contado de mí, ¿o yo no le he contado de nosotros? Se llama Iván y estudia Ingeniería Petroquímica o Arquitectura Ambientalista, una de esas dos. Como Iván es lo más opuesto que existe a Mario, seguro que con él la vida debe ser distinta. ¿Quién diría que los románticos empedernidos son tan predecibles, tan iguales entre sí? Bueno, tengo que preparar mi salida, Mario debe poder seguir sin mí.

Los últimos meses han pasado muy rápido. No recuerdo muy bien lo que pasó. Pero en este tiempo, me he vuelto muy organizado. Quizá por eso no los recuerdo, como lo tengo todo anotado este tiempo no me pertenece, sino al papel y a las pantallas que lo guardan de mi olvido…

Desde que dejé a Mario por Iván he pasado por 11, 442 humanos distintos. Este muestreo de la experiencia vital de una especie me permite elaborar la siguiente teoría: La vida humana puede ser calculada con un algoritmo si se toman en cuenta las variables pertinentes. No necesito recorrer más cuerpos para entenderlo. Mi única duda es la siguiente: Si Mario finalmente invitara a salir a la Chica Roja, en el café de la esquina dónde se conocieron, ¿fingiría ella (para agradarle) el mismo gusto por el café espantoso de Mario? 

Arizbell Morel Díaz. 

Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” en el ciclo 2021-2022 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). 

Actualmente dirige “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart, Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla con la compañía La Crisálida así como el proyecto “Dame un tenor” de Ken Ludwig seleccionado en el programa “Incubadoras de Grupos Teatrales UNAM 2020-2021” de cual también es co-traductora. 

También se desempeña como asistente de dirección y elenco de “Die Dreigroschenoper” de la Facultad de Música de la UNAM, dirección de Diana Viguri y adaptación de Horacio Almada Andersen. 

Ha escrito narrativa y ensayo. Entre sus textos publicados por La Coyolxauhqui se encuentran “Bitácora de una planta en resistencia” (2020), “Tetera conoce a cafetera” (2021)  y “Barista” (2021).

Entre Caos Poético y textos perdidos| Sentimientos al Azar



Por Elizabeth Vázquez Pérez

Mi inquieto pensar 
con el que pierdo la cordura 
y me hace olvidar todo lo vano
convirtiendo en razón, sentimientos al azar. 

Te imagino
recostado en mis brazos
envuelto de silencios
reconciliando mis demonios adversos.

Abrazarnos
es detener al tiempo, 
cuidarnos la espalda, 
tamborilear  sueños. 

Tu cuello enlazado al deseo
símbolo  entre lo real 
y el infinito universo
en la pendiente de tu boca. 

Al caer la noche 
solo nos queda 
adorarnos en ausencia 
que es como reposas 
despejando mis sentidos.




Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.

Puedes encontrarla en:

Conversaciones de Madrugada | Decir adiós… sin miedo al abandono

Por: Monserrat Chávez

El tiempo se acorta cada día un poco más, parece que nuestras vidas se mueven a un ritmo distinto al resto, a ellos, a quienes más quieres o un día quisiste. Dejamos de ser niñas/os, olvidamos las promesas, el tiempo se desliza entre un recuerdo y otro, hasta que la brecha se expande al límite.

Pero insistimos en unir los extremos aunque las opciones se hayan agotado, aunque era inevitable la separación. Porque le tememos a la oscuridad, el frío de la soledad rondando en una nueva oportunidad.

¿Existe una fecha de caducidad para las relaciones interpersonales? Sí, lo creo. Lo creo, porque cuando insistía en quedarme aunque no hubiese más destino, sólo era mi yo interior exteriorizando un trauma, era yo siendo indulgente ante la indiferencia.

Las y los profesionistas de la salud mental lo llaman [miedo al abandono] un trauma que puede tener su raíz en uno o varios eventos de la infancia. La voz de la ansiedad te sugiere un escenario solitario, la imposibilidad de mantener ancladas a ti a las personas que te rodean.

O más bien, no perderlos; un deseo intenso por no perder todo a tu alrededor, un miedo en realidad que te hace perder la identidad. No, eres tú quien elige perderse para no perder al resto, eres tú quien elige hacer lo sobrehumano para no quedarse sola/o.

¿Te perdiste alguna vez? ¿Cómo fue? ¿Lograste reencontrarte? Espero que sí. Si no, pronto lo harás.

Algunas personas lidiamos con infancias rotas, entre huecos y lagunas. Aprendemos a vivir con el abandono físico o emocional de quienes, se supone, cuidarían de nosotros. ¿Lo peor? Aprendemos a normalizarlos.

Pasamos una vida desviviéndonos por mantener esas relaciones que parecen no tener solución, pero insistimos en unirlas. Por los años, por los recuerdos, por el cariño, por el respeto, por cualquier excusa sin sustento que nos pierde un poco más.

Entendí, después de los sucesos ocurridos, que no hay alguien indispensable en la vida de otro. Que somos un instante, estrellas fugaces sin tiempo ni destino. Partir también es parte de vivir.

Aprender a soltar es lo más difícil, más aún cuando los fantasmas del pasado insisten en quedarse. No es sencillo saber cuándo es el momento, pero al final lo logras, lo logras con ayuda de mucha terapia y reflexión.

Aferrarse a las relaciones daña. Te pasas la vida satisfaciendo a quienes te rodean, aprendiendo a ir en la misma sintonía con tal de mantenerlos cerca, de tener con quien hablar, reír, llorar, salir. Con tal de tener a quien amar y que ame, porque le temes al abandono.

Pasé la mayoría de la vida sosteniéndome a las migajas de las relaciones sentimentales, de amistad y laboral, dando todo de mí para mantener la paz y felicidad, haciendo esfuerzos sobrehumanos para mantenerlos en el sitio; porque no quería estar sola, porque no quería que alguien más me abandonara.

El proceso es confuso y doloroso, pero lo terminé por entender. Primero debía cerrar las viejas heridas, sanarme y reencontrarme. Permitirme mostrar el yo real, aunque ello significara incomodar y molestar a otros.

Las consecuencias eran inevitables, se vislumbraron desde el inicio; yo sólo las ignore. Uno a uno se fueron, se alejaron para encontrar su propio camino y construir la red que justo necesitaban. No culpo a alguien. Ni a mí.

Creo firmemente en la idea de que todo ocurre por una razón, nada es casualidad, cuando te cruzas en la vida de alguien es porque así estaba destinado a suceder y también estaba destinado a terminar.

Elegir quedarse con los aprendizajes y dejar ir. Quien llega a nuestras vidas lo hace por un periodo, con un propósito y una vez concluido, debe continuar. Insistir cuando la relación ya dio todo lo que tenía, sólo causará una herida más grande.

¿Cómo saber qué ya terminó? Lo sabrás. Te darás cuenta en el transcurso.

No elijas el mismo camino que yo. No esperes a tocar fondo. No esperes a que la grieta se expanda hasta que sea casi imposible de resanar. Yo estoy aprendiendo a desaprender, a desapegarme de lo que me rodea, porque finalmente nada ni nadie me pertenecer, no le pertenezco a nada ni a nadie.

Somos la propia vida ¿y qué es la vida? Sólo un instante. No te ates, continúa que el viaje pronto va a terminar.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

Piezas de un alma simple

Noches de agosto…

Miserable como quien llora lo que nunca tuvo

Arrastraba mis piernas entre el llanto del mar

Esperando que la marea subiera

Para, envuelta en sus sales, encontrar mi final.

Yo que juraba que nunca en la vida

Conocería a quien me amara

Tropecé un día con el espejo empañado:

Había un ser que me miraba,

Respirando a la par mía

Con sus ojos cafés apagados

Con su piel marcada por el peso de una existencia comprometida.

Le invité un café y me conocí:

Desnuda, vestida, sonriente y triste;

Era la luna en todas sus fases,

Sin disfraces ni mascaras.

Mis selvas, mis desiertos, las grietas que habitan la piel que muestro

No hay rincón de mi cuerpa que no haya sanado el tacto de mis dedos

Que en las noches de insomnio me brindan consuelo.

Soy la piel que habito con fuerza

Soy fuego, luces, sombras y chispas

Soy esta tristeza que me acompaña

Soy la alegría que no permanece pero es bienvenida

Soy aquello que buscaba con desespero:

Un ser que se ama con cada latido de su pecho.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 21 años de edad, estudianta de psicología, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

Con ternura, para ti | Mi tía «la loca».

Fotografía por Daniela Ortiz

Por María Daniela Ortiz Soriano.

Mientras estaba en una cena familiar escuchaba (aburrida, como de costumbre) la ávida plática de mi madre, mis tías y abuela sobre el resto de la familia consanguínea. Que si la prima Aurora esto, que si el tío Jacobo lo otro, etc. En eso la conversación se dirigió a la tía Lulú y el ambiente se puso tenso, todas en la mesa miraron a su alrededor que ninguno de los hombres, miembros de nuestra familia, estuviera cerca y en eso mi abuela atinó a decir “la loca de lulú”, desatando una serie de comentarios ofensivos hacia la locura de la tía Lulú. Pero ¿Quién es la tía Lulú y porque la llaman loca?

Mi familia materna (es decir, mi abuela con sus hermanos, hermanas y padres) viene de un pueblo perdido entre rancherías camino a Veracruz. Con pocos pobladores, según me contaron, este pequeño pueblo era un lugar tranquilo, casi un paraíso que mi abuela recordaba con mucho cariño. En ese lugar creció mi abuela, su hermano mayor Tiburcio y su hermana menor Lulú.

La familia de mi abuela en los años que vivieron en ese pueblo era considerada respetable, ya que consistía en un primogénito varón, una hija devota a la iglesia (mi abuela) y una hija hermosa como las flores de mayo (la que, en su juventud, era mi tía Lulú antes de ser “la loca”), un padre arriero y una madre ama de casa.

Eran la familia Barragán y llevaban varios años viviendo en paz hasta que su hija menor Lulú cumplió los 17 años y se postuló para ser reina de la fiesta patronal del pueblo.

Verán, dicen que mi tía Lulú antes de ser loca, era una señorita hermosa, dulce y amigable con todos en el pueblo, por eso en la víspera de sus 17 años (que coincidía con la fiesta patronal) muchos en el pueblo la alentaron para postularse a reina de la fiesta patronal, por lo que tenía que hacer, junto a las otras candidatas, una especia de campaña para que votaran por ella. Esta campaña consistía en asistir con un chaperón y junto a las demás candidatas a varias comidas que las familias adineradas organizaban 6 meses antes de la fiesta patronal, con el fin de que las candidatas a reina convivieran y demostraran al pueblo lo “buen mozas” que eran.

Durante dos meses de campaña todo marchaba con normalidad, a pesar de que su padre y hermano no estaban de acuerdo, tía Lulú estaba emocionada de ser reina de la fiesta patronal y esa emoción se notaba en las comidas a las que asistía. Tía Lulú era feliz, era hermosa y era muy dulce… hasta que abusaron de ella en la última cena que asistió.

Cuando mi abuela y mis tías, sentadas en la mesa, llegaron a ese punto de la historia, todas bajaron la voz y desviaron su mirada en busca de oidores externos, después miraron a mi abuela que endureció sus facciones como si fuera un juez a punto de dictar pena de muerte y pronunció en voz baja “Lulú quedó loca porque se la llevaron al monte y regresó con las ropas rasgadas”.

Esa noche en que tía Lulú fue a otra comida junto a las demás candidatas, unos jóvenes del pueblo, mayores que ella, disolvieron en su refresco una especia de pastilla que le dan a las vacas para que entren en celo, cuando la pastilla le causó nauseas y desequilibrio, salió a tomar aire y tras de ella salieron tres muchachos (hijos de los anfitriones de la comida) con el pretexto de auxiliarla.

Tía Lulú desapareció durante horas. Dieron las 2 am y su familia salió a buscarla por todo el pueblo, hasta que los mismos anfitriones de la fiesta le confesaron que vieron a los tres muchachos llevarse al monte a Lulú. Cuando encontraron a la tía Lulú, tenía la ropa desgarrada y deambulaba por el monte. “Ahí fue donde se volvió loca” confesó mi abuela.

Naturalmente una esperaría que el final de este suceso fuera que los padres de tía Lulú hubieran balaceado a los tres muchachos y de paso a sus padres que vieron el rapto sin hacer nada, pero no fue así. Al confrontarlos, su defensa se basó en el argumento por la que muchos feminicidios siguen sin recibir justicia: acusaron a tía Lulú de provocar el abuso por exhibirse al ser candidata a reina de la fiesta patronal.

La tía Lulú recibió el castigo que esos violadores y sus encubridores debieron recibir. Fue humillada públicamente, su largo cabello fue cortado casi al ras de su cráneo y toda su melena, amarrada con un listón rojo, fue colgado en la puerta de su casa para anunciar a todos que su hija había fallado como señorita virgen y ya no era digna de respeto o valor. La obligaron a usar vestidos oscuros, a donde fuera era señalada como “la incitadora” y por supuesto, ya no pudo ser reina de las fiestas patronales.

La tía Lulú no se volvió loca, fue humillada, ultrajada, tratada como un pedazo de carne al igual que muchas mujeres ahora y antes. Su locura era en realidad su alma destrozada, su calidad humana rebajada, la cruel enfrenta a la realidad sobre lo que significa ser mujer: un pedazo de carne que puedes ultrajar y serás impune a cualquier castigo si tu justificación es “ella lo provocó”.

¿Puedes imaginar, cuántas mujeres llamadas “locas” no debieron pasar por un infierno similar al de mi tía Lulú, la loca? La sociedad patriarcal condena a la mujer por ser víctima de abuso, llevando al límite su humanidad hasta orillarlas a la locura como su único refugio y salida.

“La loca” o “la perdida” son sobrenombres que invalidan el sufrimiento de cientos de mujeres que, como mi tía Lulú, fueron abusadas, humilladas y culpadas por “provocar” a sus agresores. Y tú, ¿Tienes algún familiar a la que llaman “La loca”?

Con ternura, para ti.

Maria Daniela Ortiz Soriano. Egresada de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana de la UNAM, y Técnica Auxiliar Museógrafo Restaurador por la misma institución. Sus áreas de interés son la investigación literaria en el campo de dramaturgia y literatura Mexicana, la escritura creativa, investigación en perspectiva de género y teoría feminista, los programas de divulgación cultural, la Museografía y restauración del acervo histórico de la nación, y la participación activa en montajes escénicos.  

Escribo porque me gusta vivir y me gustan las mariposas. 

Memorias de la luna azul | Lágrimas de luna III

En esta tercera entrega de breves -brevísimos- relatos lo que quiero recalcar es que a veces las palabras sobran cuando hablamos de las experiencias que se han entretejido hasta formar lo que concebimos como amor. Amor, que se presenta en una inmensidad de facetas, formas y expresiones… El amor que es aquello que construimos y decidimos nosotros-nosotras día a día.

Lágrimas de luna

III

Entonces, tras limpiar el polvo de mil recuerdos allí estaba: su foto, en un portarretratos, uno que nunca me perteneció. A su lado, el piano parecía invadir la entrada al hogar de manera intimidante, casi parecía que mi presencia le molestaba y, entre el correr de sus teclas blancas y negras, me escabullí; tomé la imagen, en donde lo que más lucía era su sonrisa, y corrí, con el tronar de un vehículo viejo que pasó en dirección contraria, justo a mi lado.

Caminé sobre la vereda, hasta que a mi izquierda observé los restos del fresno, que por la violencia del clima cayó de bruces, preste suma atención a las diversas ramas que apuntaban en todas direcciones, como si intentaran alcanzar el cielo, aun cuando las estrellas siempre han sido sus favoritas. Aún me pregunto que me obligó a acercarme, ¿acaso fue porque yo también añoraba el cobijo de las estrellas?, ¿quizá debido a que recordé que en lo más bajo del tronco marcamos juntas lo que ahora me parece la más dolorosa añoranza?

Busqué, hasta que encontré los trazos en donde nacían las raíces. La corona de puntas dejaba entrever, en donde yacía un corte, los espirales que lucían casi cansados, en ellos vi la edad del árbol y después la comparé con nosotras: ¿Podía equivaler su edad a nuestra experiencia?, ¿sufrimos lo mismo que este árbol?

Recordé el semblante de mi madre, los moretones en tu brazo, el chirrido de las vías en donde me dijeron que te ibas… La caja de madera seguro era fría. Nunca me perdoné que lo último en arroparte fue la desdicha.

Aparté las hojas secas que antes coronaron aquel pequeño refugio; ahora caían rendidas a las faldas del árbol que alguna vez fue su hogar. Me perdí en el roce que se  provocaba en mi piel al dibujar una y otra vez la inscripción sobre la cansada madera, rememoré la risa de a quien llamé, entre constantes pesadillas, el amor de mi vida. Cuando decidí mirar el cielo caí en cuenta de la oscuridad, la del exterior, aquella que aparecía sobre un mundo al que no pertenecía. En ese momento me di cuenta de que mi cariño nunca fue un error, pues brillaba como las estrellas ante la tempestad; además, era codiciado por muchos, que con sus puntiagudas manos querían alcanzarnos como las derrotadas ramas del fresno. Me dejé consumir por el tacto de las hojas secas que crujieron en mi espalda, y descansé sobre el respaldo del tronco, en donde aún se murmuraba con letras deformes: Isabel y Amanda se amaron aquí, escondidas del mundo.

FIN

«Mi nombre es María Fernanda Vázquez Castillo, nací en la Ciudad de México, pero ahora vivo en el estado. Actualmente tengo 18 años y soy estudiante de la carrera de Letras y Literaturas Hispánicas en la UNAM.

Desde pequeña tuve un interés por la literatura, principalmente por la creación, más adelante por su estudio. Es por ello que con el paso de los años he buscado mejorar mi estilo de escritura para mostrarlo a los demás.»

Acerc-Arte|Zenobia Camprubí: una mujer libre.

Zenobia Camprubí
"Mar ideal"
Los dos vamos nadando
-agua de flores o de hierro-
por nuestras dobles vidas.
-Yo por la mía y tú por la tuya;
tú, por la tuya y yo por la mía-.
De pronto, tú te ahogas en tu ola,
yo en la mía; y, sumisas
tu ola sensitiva, me levanta, te levanta la mía, pensativa.

Juan Ramón Jiménez.

Por Reyna Morales.

Este poema fue escrito por el español Juan Ramón Jiménez (23/12/1881 – 29/05/1958), traductor, poeta y escritor, reconocido con el Premio Novel de Literatura y que entre muchas otras obras, es recordado por «Platero y yo»; referente, además, para la Generación del 27 en España. Pero no hablaremos de este gran autor, que dicho sea de paso, es mi segundo autor favorito. No. Esta vez hablaremos de su musa, de su fiel pero nunca sumisa compañera… Hoy platicaremos sobre una mujer increíble, culta, libre y enamorada: Zenobia Camprubí.

La vida de Juan Ramón Jiménez no fue nada sencilla. Siempre atravesando crisis de ansiedad y depresión que lo llevaron a vivir retiros e incluso, ingresos a hospitales psiquiátricos. Y es difícil de entenderla sin Zenobia, quien llegó a cambiar un poco el frío destino del poeta.

Sus vidas se entrelazaron desde que él la escuchó reír sin conocerla, desde que se vieron por primera vez… desde que los padres de ella trataron de separarlos. Pero, ¿quién era Zenobia?

Zenobia Camprubí Aymar nació el 31 de agosto de 1887, en Malgrat de Mar, Barcelona (España). Hija del prestigiado ingeniero Raimundo Camprubí y de Isabel Aysmar Lucca. Tuvo dos hermanos, Augusto y José. Su infancia la pasó entre Estados Unidos y Puerto Rico, recibiendo una educación muy culta y cosmopolita, bajo la estricta vigilancia de su madre y su abuela materna.

Creció en diversas ciudades como Barcelona, Valencia, Nueva York y Washington. En 1908 fue aceptada en la Escuela de Pedagogía de la Universidad de Columbia, destacando por su inteligencia. Estudió historia, literatura y otras disciplinas hasta que su madre decidió regresar a España, lo que le impidió terminar sus estudios. Al regreso se establecieron en Madrid.

Zenobia era una mujer muy adelantada a su época. Entre otras cosas, Zenobia:

  • Se dedicaba al negocio de las antigüedades y a la inmobiliaria.
  • Era políglota.
  • Estaba muy bien relacionada con las editoriales.
  • Lideraba iniciativas benéficas de apoyo a la comunidad, como la fundación en Barcelona de la asociación «La Enfermera a Domicilio», un servicio social clínico sin fines de lucro.
  • Colaboraba con grupos como «El Ropero de Santa Rita», «La Visita Domiciliaria», «El Comité Femenino de Higiene Popular», entre otros.
  • Fundó el Comité de Concesión de Becas para Mujeres Españolas en el Extranjero, que apoyo a una gran cantidad de señoritas españolas para estudiar y prepararse en el extranjero.
  • Fue miembro de la Asociación Nacional de Mujeres de Acción Feminista y Social.
  • Colaboró con María de Maetzú, una de sus mejores amigas, como tesorera en el Lyceum Club, primer club de mujeres fundado en España.

Zenobia asistía siempre que podía a charlas y conferencias intelectuales. En muchas ocasiones, asistía acompañada del matrimonio Byne. Para ese entonces, Juan Ramón, después de vivir en diferentes lugares, decidió establecerce en la Pensión Arizpe, donde casualmente, habitaban los Byne.

Este matrimonio acostumbraba hacer reuniones muy escandalosas que duraban hasta altas horas de la noche. En muchas ocasiones, tuvo Juan Ramón que tocar a la puerta para reclamar… pero una de esas tantas ocasiones, escuchó la voz y la risa de una joven mujer que llamó poderosamente su atención. Y se propuso averiguar a quien pertenecían.

Coincidieron en una conferencia y Juan Ramón quedó impresionado profundamente con la personalidad de Zenobia. Además de culta y sensible, le parecía una mujer agradable, finísima y muy inteligente. Y conquistarla no fue fácil. A cada requerimiento amoroso de Juan Ramón, Zenobia correspondía con bromas. No le fue fácil llegar al corazón de su amada y convencerla de que también un poeta débil y triste podía hacerla feliz. Además, Juan Ramón no era el tipo de pretendiente que los Camprubí deseaban o esperaban para su hija.

Para 1915, ya eran novios formales y comenzaron a trabajar juntos en la traducción. Comenzaron con Tagore. Y su trabajo era complementario: mientras ella aportaba sus profundos conocimientos en la traduccion y él le daba la forma poética. «Luna Nueva» fue su primera obra publicada, la cuál consiguió un gran exito por parte de la crítica. Entusiasmados por el resultado, siguieron haciendo traducciones de otros destacados literatos, como Edgar Allan Poe o Shakespeare.

Los padres de Zenobia, sin embargo, no estaban de acuerdo con la relación de su hija con el poeta. En un inicio, buscaban la manera de separarlos, como consta en cartas, documentos y manuscritos, la mayoría inéditos, que se exhiben en la Casa Museo Zenobia – Juan Ramón Jiménez de Moguer (Huelva, España).

Según explica Rocío Bejarano, del Centro de Estudios Juanramonianos, «Estaban completamente enamorados». Nos cuenta que Isabel, la madre de Zenobia, se llevó a su hija a Nueva York el 30 de noviembre de 1915, con la intención de separarla de Juan Ramón. Raimundo, su padre, tuvo una conversación muy tensa con el novio. El poeta lo relata a Zenobia en una carta, hasta hace poco desconocida, y que se exhibe actualmente en Moguer:

«Me respondió de un modo muy violento y grosero que tú tenías 28 años y que él no tenía necesidad de dar consentimiento alguno pero que además, no lo daría».

Juan Ramón Jimenez

Solían escribirse cartas hermosas y delicadas, proclamando todo el amor que sentían el uno por el otro.

«Yo procuraré siempre ser una buena mujer para ti… Para ayudarte a ser valiente, para no ser una carga y para empujarte siempre para arriba en todo lo que alcancen nuestras almas. Quiero que te refugies en mi contra toda desilusión y contra lo mediocre y mezquino de la vida»

Zenobia Camprubí

En otra misiva, Jiménez le respondía:

«El día glorioso, me traspasa de alegría. Está lleno de mi amor por ti y todo se va hacia tu corazón, Zenobia mía,en este sol hermoso»

Juan Ramón Jiménez

Y a pesar de tantas trabas, Raimundo Camprubí no tuvo mas remedio que informarle a su esposa, acerca de los planes de la boda, diciéndole:

«Que sean muy felices y que sean colmados sus deseos, es lo único que queda desearles»

Raimundo Camprubí

El 2 de marzo de 1916, Zenobia y Juan Ramón contrajeron matrimonio en la iglesia de Saint-Stephen de Nueva York, sin que su padre asistiera a la ceremonia, pero siendo apoyados por doña Isabel.

En 1926, instalados en Madrid, comenzaron una vida tranquila, en la que Juan Ramón escribía y Zenobia, como una esposa solidaria y ocupada de su marido, le ayudaba tanto en la traducción como en apoyo para que nada le faltase ni nada lo molestara.

Pero eso no quiere decir que Zenobia se olvidara de si misma y se dedicara solo a su esposo. Sus obligaciones como esposa no evitaron que ella iniciara o continuara con sus proyectos.

En ese mismo año, Zenobia abrió su tienda dedicada al arte popular y cristalizó un viejo proyecto: convertirse en intermediaria en la compra y venta de artículos de arte por una pequeña comisión.

Zenobia y Juan Ramón

La muerte de la madre de Juan Ramón y de la madre de Zenobia en 1928, les produce una profunda tristeza. Al siguiente año, José, el hermano de Zenobia, antes de regresar a Estados Unidos, les obsequia un pequeño auto. Es así como Zenobia se convierte en una de las primeras mujeres en conducir un auto con una licencia legítima. En este auto recorre España, a veces con su pareja, a veces con sus familiares y amigos.

La vida intelectual de Zenobia se centra en su marido, a quien atendía y ayudaba como secretaria, agente y traductora.

En 1931 se le detecta un tumor cancerígeno en el útero pero rechaza la cirugía.

Estalla la Guerra Civil española en 1936 y Juan Ramón y Zenobia participan activamente en actos políticos a favor de la República Española y ayudando niños huérfanos. Pero al poco tiempo, tuvieron que salir del país para evitar la persecución. Viajan por Cuba, Estados Unidos -Zenobia dio clases en la Universidad de Maryland-; también por Argentina, Uruguay y Puerto Rico, en donde trabajaría como profesora en la Universidad de Río Piedras. Ellos creían que su salida de España sería por corto tiempo… ¡y pasaron 22 años fuera de ella!

Desgraciadamente, el cáncer regresa, por lo que en 1951, Zenobia es intervenida quirúrgicamente en el Boston Massachussets General Hospital y regresa el 1° de febrero de 1952 al lado de Juan Ramón, quien también egresaba del Hospital Psiquiatrico George Washington, al atravesar una crisis de depresión profunda. En agosto de ese año, Juan Ramón se siente recuperado y ambos regresan a sus labores cotidianas.

Pero en los primeros meses de 1953, ambos recaen: a ella la tratan nuevamente por cáncer y él, por depresión.

Después de estos episodios de enfermedad y tristeza, comienzan a considerar la posibilidad de regresar a su lugar de origen, con su gente y recuperando su idioma. Sin embargo, en 1956, confirman la reaparición del cáncer de Zenobia. Y a pesar de tratamientos extremos, el diagnóstico no era nada alentador. Esperaban en una nueva cirugía el milagro, el cual no sucedió. Le quedaban unas cuantas semanas de vida. Fue internada en la Clínica Mimiya en Satourse, Puerto Rico.

Tres días antes de morir, el 25 de octubre de 1956, agonizante ya, le dan la noticia de que su marido ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura y ella, que tanto había trabajado junto a él, es la encargada de hacérselo saber. El 28 de octubre, Zenobia fallece, dejando a Juan Ramón solo.

El día de su fallecimiento, el Comité Municipal realizó una sesion extraordinaria en la que se le nombró como Hija Adoptiva de Moguer y se solicitó al Ministerio de Gobernación la colaboración para nombrar como Zenobia Camprubí a la Calle de las Flores (donde había nacido Juan Ramón).

El Alcalde de Moguer, Juan Gorostidi Alonso, envió al poeta un telegrama el 29 de octubre:

«Todo Moguer comparte tu dolor por el fallecimiento de Zenobia»

Juan Gorostidi Alonso

Acordaron después llevar a cabo los servicios fúnebres y cancelaron los festejos de júbilo por el otorgamiento del Premio Nobel.

Tras los funerales de Zenobia, Juan Ramón se encerró en su habitación. Sin comer, sin cuidado personal, se aisló del mundo. Desnutrido y en condiciones muy lamentables, fue ingresado al Hospital Psiquiátrico de Hato, Texas. Aparentemente repuesto, regresa a dar clases en la Universidad, pero en febrero de 1958, sufre una caída, enfermando después de bronconeumonía sin responder a los tratamientos. Fallece el 29 de mayo en el mismo hospital donde falleciera su amada Zenobia.

Los restos de ambos fueron llevados a España y reposan en el Cementerio de Moguer desde el 6 de junio de 1958.

Zenobia Camprubí Aymar fue una mujer extraordinaria a la que se le puede aplicar el dicho de «Al lado de un gran hombre, hay una gran mujer», porque posiblemente la obra poética de Juan Ramón Jiménez no hubiera sido la misma sin la abnegada presencia, siempre en voluntario segundo término de su esposa.

Sin duda alguna, Juan Ramón amó a su compañera, pero pese a los esfuerzos de esta, no lo pudo librar de su terrible mal, nunca pudo escapar de la depresión. Desaparecida Zenobia, fue imposible.

Zenobia dedicó su vida a su gran amor. Algunos dicen que él la opacó, que por él, ella no pudo destacar. Otros afirman que fue una mujer libre, que él nunca vetó su trayectoria personal. Yo me inclino por esta segunda opinión. No descuidó su crecimiento personal e hizo lo que deseó, al mismo tiempo que se entregó como esposa y compañera.

Actualmente, es reconocida como una importante feminista española, defensora de la emancipación de la mujer. Ella logra reflejar su Yo como una mujer independiente, práctica y activa, entregada al que fue el amor de su vida, apoyándolo en todo lo necesario. Una mujer libre y amorosa pero nunca sumisa.

Fuentes:

Conversaciones de madrugada | Abandonar los sueños para sanar

Por: Monserrat Chávez

“Si lo que hago no me provoca felicidad y al contrario, vivo con miedo y ansiedad entonces ¿por qué lo hago?” Esta frase hacía eco en mi cabeza hace dos años; sentada frente a una computadora, seis días a la semana, ocho horas diarias. Cansada 24/7 de dedicarme a algo que había dejado de agradarme.

Lo recordé esta semana, cuando paseaba montada en mi bicicleta en dirección a entregar un pedido de repostería que una clienta había hecho. Visualicé a la Monse del 2019, ¿qué diría de esta versión? ¿estaría orgullosa o decepcionada?

La respuesta no importa, porque la Monse de hoy se siente satisfecha y realizada. Sin embargo, no paro de pensar en cómo el destino se encarga de acomodar cada cosa para que todo fluya, que al final terminamos donde siempre quisimos aunque en el instante no lo comprendemos.

Me pregunté porque no aprendí los secretos de la cocina años atrás, porque entre mis proyectos universitarios nunca desarrollé uno gastronómico y me respondí, porque no era el momento. Porque tus metas eran distintas y fuiste tras ellas, lo que pasó después no es culpa de tu yo pasado.

También lo volví a reflexionar cuando se hicieron públicas las decisiones de la gimnasta Simon Biles y de cómo el sistema capitalista social nos arrastra a los sueños más imposibles y dar todo por ellos a costa del bienestar propio.

En una de las columnas anteriores hablé sobre cómo seguir el cauce y no cuestionar, tiene consecuencias severas en la salud mental. Yo tenía sueños, que evolucionaron, pero sueños al fin al cabo y di todo por ellos, me entregué en completa voluntad para no quedarme atrás del resto.

¿Cómo pasas de ser una periodista a ser repostera? Cuándo agotas tu capacidad emocional y dejas de vivir, para sólo sobrevivir. Cuando la puerta de la realidad te golpea el rostro, cuando te olvidas de escuchar la voz de tu niña interior, cuando dejas de ser la adulta que siempre deseaste.

Había pasado por la radio, televisión, digital, periódico, ser fotógrafa y videografa freelance, por la edición y corrección; yo había construido sueños alrededor de la profesión que me costó tres años universitarios.

Me aferré a ellos como si mi salud mental dependieran de ellos y sí, en efecto, mis estados emocionales dependían de que tan bien o mal era mi desempeño laboral (después me di cuenta de lo triste que era) había depositado todo en mi profesión que no me tenía permitido fallar.

Hasta que conocí los secretos tan bien guardados de esta carrera, la ética profesional y moral en mí no me permitía ser parte de esta industria y su control social. Pero no me iba, me sostenía de las últimas esperanzas que tenía, hasta que en 2019, la cuerda se rompió.

Elegí abandonar los sueños que me habían costado crear durante años. Elegí poner una pausa indefinida a mi carrera. Elegí ser feliz. Elegí priorizar mi salud mental. Pero decidir nunca es sencillo y aunque estaba en paz, debía tener ingresos para poder vivir.

Entre tanto tiempo libre empecé a hacer yoga, meditar y hornear. Horneaba pan, pastelitos y más porque en mi ciudad es difícil conseguir opciones veganas y un buen día dije “¿y por qué no lo hago yo?”, pasaron los meses pero yo seguía sin tener ingresos y los ahorros se agotaban.

Hasta que una tarde, una querida amiga me sugirió vender las galletitas que hacía, yo dudosa y con miedo, comencé el viaje. Luego llegó la cuarentena y las cosas eran inestables, pero mi mente se logró adaptar a los cambios.

Yo me había perdido desde años atrás. No lograba encontrarme, hasta que dejé de ignorar la voz en mi interior y decidí seguir sus consejos. No fue hasta que me atreví a hacer todo lo que quise en la vida pero lo posponía por miedo, cuando mi alma se liberó y la carga sobre mis hombros desapareció.

A veces los sueños tienen fechas de caducidad y está bien. No hay porque insistir cuando algo no vibra de la misma forma, cuando no hace latir el corazón, cuando algo deja de emocionar y se convierte en una tortura y preocupación.

Está bien dejar ir aquello que creíste eterno, duele, dolerá por un rato pero pronto todo estará mejor. Si algo he aprendido y tengo claro es que, las casualidades no existen, el universo conspira para que tú estés en el sitio perfecto.

Y ¿qué es el éxito? No lo sé con certeza.

Pero si me dejas decir mi sentir, es despertarte sin la pulsada de dolor que te atormentó todos los días, levantarte de la emoción por hacer aquello que siempre quisiste y te daba miedo emprender, sonreír porque la ansiedad te ha abandonado, sentir placer de no complacer a nadie más que a ti.

Mi éxito fue, ir a terapia, medicarme, dejar el trabajo que me hacía llorar todos los días, reencontrarme con mi niña interior, pedir perdón, despertarme a hornear, escribir un poema, andar en bici mientras el sol se pone, acariciar a mi perro y sentir como mi corazón se vuelca de alegría.

Sé quien ponga en duda la estructura. Sé quien siempre haz querido ser.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.