Escribir nos libera: «Soltar la mano» y la práctica que te hará escribir sí o sí

Por Aimeé Miranda Montiel

Así se mira a veces mi mesa para escribir en las mañanas, esto no ocurre siempre, hay veces que escribo en la cama, tirada en el piso o donde sea

¿Qué carajos es eso de “soltar la mano”? En los bajos mundos de la escritura -puro choro, eso ni existe-, se dice que hay que soltar la mano, cuando no estamos acostumbradxs a escribir… y entonces surge la pregunta del millón: ¿y cómo logro eso? Pues escribiendo, sé que es casi obvio, pero la neta es que muchas veces evadimos esa parte…

Por eso te voy a contar lo que muchas veces pasa, una historia entre terror y eterno suspenso:

Un día (o varios), te despiertas con la firme convicción de que quieres escribir, que quieres ser escritorx, y que si no has cumplido ese sueño es por todas las razones habidas y por haber: que tus papás te dijeron que te ibas a morir de hambre, que no te dejaron estudiar lenguas, que tienes un trabajo absorbente, corporativo u horrible que te drena la energía a tal punto que no tienes ganas de ponerte a escribir aunque sea tu sueño, que no tienes tiempo -no te hagas, esa excusa la usas para todo-, que no sabes cómo hacerlo, y la lista sigue, pero lo cierto es: QUE NO TE PONES A ESCRIBIR.

A ver, quizá has asistido a algún taller de escritura, puede que te hayas comprado una libreta o una pluma especial para tal efecto, o bien incluso pienses que para ser escritorx-contemporánex-plus-ultra tienes que tener una Mac (porque así nos lo han vendido, como si con la bendita maquinita viniera incluido el “don de la escribición”); pero todo eso, no te está haciendo escribir realmente. Estás fingiendo que quieres escribir, pero no te estás poniendo a hacerlo, chance crees que la novela te va a llegar un día y la vas a escribir “de jalón” (puede que sí, no hay que cerrarnos posibilidades), pero para no seguirle haciendo al cuento, dime: ¿cuántas horas a la semana le dedicas a escribir (no a pensar que quieres escribir)?

Misterio resuelto: escribimos poco y pensamos un chingo en querer hacerlo.

Pero no todo está perdido, y esto no es regaño, por eso te propongo algo muy simple, pero súper mágico que ha hecho que “suelte la mano”, quisiera decirte que yo inventé esta práctica, pero fue Julia Cameron, la autora del libro “El camino del artista”, el cual por cierto, te recomiendo 1000%; pero regresando a lo de práctica, consiste en escribir tres páginas recién te despiertas (en la medida de lo posible, y sino cuando tengas chance), en las cuales escribas todo lo que tengas en tu cabeza, todas esas cosas que te preocupan, todas esas cosas a las que les estás dando vuelta, o lo que sea que te salga en ese momento, incluso la autora propone que si “no tienes nada que escribir” simplemente escribas: “no sé qué escribir en estas tres páginas”, pero el punto es llenar las 3 páginas por completo.

En resumen, esta práctica se conoce como “morning pages”, así que te invito a que lo hagas y me cuentes qué tal te va. Lo importante es: 1. Tratar de hacerlo recién despiertas, 2. Llenar las 3 páginas completitas y 3. Hacerlo todos los días.

“¿Aimeé y ya con eso me voy a convertir en escritorx?”, chance y sí, porque a través de esta práctica “soltarás la mano”, escribirás (realmente y no de a “mentis” como en la historia que te conté al principio), despejarás tu mente y tus miedos que es lo que más suele bloquear la escritura, y escribir se volverá parte de tu vida.

Así que fin del comunicado, escribe esas #morningpages y me cuentas cómo te va, porque aquí LO MÁS IMPORTANTE ES: ESCRIBIR, PORQUE ESCRIBIR NOS LIBERA.

Y como todas las semanas, aquí te dejo una muestra de algo que estoy escribiendo, es un pedacito de un poema que se llama “La ira de la despedida” (está todavía en borrador, no sé si será el título oficial), pero aquí te va un verso:

Pero ¿qué pasa cuando es momento de irse?

¿Nos despedimos porque queremos o porque ya es tiempo?

¿Nos despedimos porque ya no es nuestro lugar o porque nos corren?

¿Nos despedimos porque vamos contra reloj o porque queremos ir hacia otro lugar?

¿Nos despedimos o nos forzamos a irnos?…

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Y sigamos juntxs escribiendo, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.

El ojo de Lya | «Caballo Fantasma» Maternidad ausente

Maternidad ausente, apuntes sobre “Caballo fantasma” de Karina Sosa

Por: Liana Pacheco

Forma y lugares de mi cuerpo por Jeanne Karen en La máquina verde

No es siempre, pero hay días en que uno siente que no tiene un lugar en el mundo. Como si el único rincón para estar de pronto se hubiera cerrado o peor aún, como si alguien deliberadamente lo cerrara para nosotros y no quedara más que ser alguien con un cuerpo, alguien en busca de un espacio. Y de pronto somos en realidad el cuerpo que contiene un vacío todavía más grande, descrito apenas con las palabras que tenemos a la mano, las que conocemos. La pesadez es tan grande que nos impide buscar otras palabras, llegar a la computadora o al diccionario. Nos tenemos que conformar con decir vacío, lugar, silencio.

Allí están los ideales, el tiempo presente, las preocupaciones, las convicciones y los conocemos, pero no logramos adherirlos a nuestro propio pensamiento, a nuestras constantes, quizá porque son luchas que ya vivimos hace tanto, que ya pasaron sobre nuestros cuerpos como pasa la apisonadora por una calle nueva. Quizá ya somos el resumen de todo. Tal vez nuestros sueños ya son otros y nuestras carencias. Tal vez ya nada nos es suficiente.

A veces siento que lo que pasa por mi cabeza, poco tiene que ver con mi propia percepción del cuerpo, no le doy demasiada importancia, a ese cuerpo físico, a menos que no esté funcionando bien, que algún dolor insistente interrumpa mis días, entonces trato de resolver el problema; de otra forma es solamente el vehículo de una mente que necesita mucha atención, trabajo, lucha, para expresarse. Así lo veo, un cuerpo eficiente, que mientras funcione de forma adecuada, me mantiene trabajando. Sin embargo, algunas veces no logro llegar a una definición o a un propósito. No sé si ese malestar tiene que ver con algo en particular. La realidad es diferente. Tanto se ha escrito sobre el cuerpo, tanto sobre no encontrar ese lugar, ese sitio que debería ser nuestro por derecho, pero que cada vez más parece que hay que ganarlo o hay que crear uno y cada día se ve más lejana esa tarea.

Recuerdo las primeras lecturas sobre el cuerpo, por ejemplo el valioso apartado que aparece en Discurso a los cirujanos, de Paul Valéry, donde él mismo trata de dilucidar la materia que nos ocupa, de cuántos cuerpos está constituido el ser humano. En Reflexiones sencillas sobre el cuerpo, el poeta y ensayista francés, nos dice que en nosotros están contenidos tres diferentes cuerpos. El primero, a mi entender, es el cuerpo biológico, lo que está vivo; el segundo cuerpo al que se refiere Valéry es el cuerpo que los demás perciben de nuestro propio cuerpo físico, lo que los demás ven, lo que los otros perciben que somos; el tercero es a mi entender, la mente. Pero nos habla de un posible cuarto cuerpo, que podría ser el espíritu. Aunque no aborda largamente el tema del último en su ensayo, creo que queda lo suficientemente claro como para que nosotros como lectores lleguemos a esa conclusión.

En mi caso, la mente es el cuerpo más exigente, es el que requiere de casi toda mi energía, de mi atención y de mis días. El segundo cuerpo, que es el de la forma, (así lo veo), no ha ocupado un sitio privilegiado dentro de mis inquietudes, pero sí puedo darme cuenta que en la actualidad ocupa millones de textos, fotos, revistas, diarios, programas, es una constante presencia en redes sociales. Es el que más nos asalta como seres humanos modernos, requiere la mirada de todos. Por lo que siempre valdrá la pena ahondar más en su existencia, en su naturaleza, apartarlo un poco de los otros para verlo con detenimiento, con cuidado. Es necesario el estudio y la lectura de lo que se llegue a escribir sobre su preponderancia en nuestra historia. Y creo saber por qué es el más importante ahora, pero no lo diré, porque considero que cada persona debe tener su opinión y conclusiones. Aunque sí, definitivamente alguna vez le dedicaré un amplio texto, quiero decir, únicamente al mío, porque es el que más he llegado a conocer, a través de la mirada de los demás, pero al final, ojalá pueda tener mi tesis, mi propia y única definición.  

El cuerpo que siempre me aqueja es el tercero, como les contaba, esa cosa maravillosa a la que llamamos mente, a la que el poeta llama el cuerpo de los científicos. El cuerpo que indaga, crea, reflexiona.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además uno libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Polilla en Versos | Las Ciudades (No) Visibles. Parte I

Por Paola Rodríguez

Santa María Guadaña


El pueblo de Santa María Guadaña está lleno de cadáveres, muertos que se ven esparcidos por todos los rincones, en los lugares más insólitos . Algunos son relativamente nuevos, y conservan sus facciones, otros tantos están comenzando el proceso de descomposición e incluso hay un par que han quedado reducidos a sus huesos. A veces los ves a mitad de la avenida principal y parece que toman el sol, también puedes encontrarlos sobre las lavandas que plantaron alrededor de la alcaldía con la idea de disimular el olor. Recuerdo que hay un par en las últimas bancas de la parroquia, también están en la sección de carnes frías del supermercado y si te descuidas, los encontrarás sentados cómodamente en el sofá de tu casa.

Cuando comenzó,  sus rostros rondaban los noticieros esperando que sus familias los reconocieran o algún buen samaritano les diera sepultura, la gente los miraba buscando algún rastro de familiaridad que les recordara quienes eran y temiendo que se tratara de algún conocido que estimaron, incluso se encendieron algunas velas y les rezaba un par de días, para que sus almas tuvieran el descanso eterno. Es de suponer  que todo cambió cuando el número de muertos rebasó el de los vivos. Poco a poco se dejaron de mirar los rostros, se apagaron las velas y cesaron los rezos, quizá hasta sus almas terminaron por irse.

Ya no se escucha a nadie preguntar quiénes eran o cómo llegaron ahí, se volvieron  tantos que simplemente se ha aprendido a vivir con ellos. Algunos ciudadanos les han buscado una utilidad, los entierran en los jardines para que fertilicen sus rosales, la Escuela de Medicina tomó varios cuerpos para las prácticas de los novatos y otros han acabado como piezas de arte moderno en el museo de la ciudad… pero no importa cuántos usen, siempre aparecen más.


Biografía del autor. Paola Lizbeth Rodríguez Gómez (Tepatitlán de Morelos, 1999) Egresada de la Licenciatura de Escritura Creativa de la Universidad de Guadalajara. Algunos de sus textos narrativos han sido publicados en la revista de literatura Al Margen, además de otras pequeñas colaboraciones en revistas independientes y fanzines. También disfruta de la poesía visual y el art-journal.

Voces Tejidas | Pernicioso

Por Leslie Urbina

Cuando reproduzco la música de nosotros,

percibo tu amor en susurros,

entonces mis lágrimas rebotan

y un sonido hueco se forma

porque ya te has ido,

y no queda más que una casa sola, inhabitada,

con ecos de nuestras risas

y gritos estruendosos de mí

pidiéndote que regreses.

Leslie Urbina

Licenciada en Letras Españolas por la Universidad Autónoma de Coahuila. Cursó un Diplomado de Literaturas Mexicanas en Lenguas Indígenas, por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

Tallerista y promotora de lecto-escritura para la Dirección General de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura. Colaboró en la escritura de “Voces Translúcidas” (2019), obra publicada como proyecto universitario en la Facultad de Ciencia, Educación y Humanidades (UAdeC). Participó en el segundo número del suplemento literario “Letras Libres”, publicado en la ciudad de Saltillo.

Motivada por su pasión literaria, actualmente se dedica a la docencia.

Letras que ab (sorben/sortan) | ¿Y qué onda con la brujería?

Por Maleni Cervantes

El otro día por la tarde me dispuse a tomar un descanso y, qué mejor que ir a mi cafetería preferida por una malteada de fresa. Todo transcurrió normal, como la típica rutina de un domingo no laboral en un pueblito de los altos de Jalisco, hasta que escuché algo que me llamó la atención, a la hija de doña Juana «N» le habían hecho un trabajito y, solo por eso, nomás no podía quedar embarazada.

A lo que sabían las señoras del café, esto había sido porque la muchacha que anteriormente era la novia del marido de la hija de doña Juana no le agradó la idea de ver al muchacho con otra que no fuera ella. Entonces, ¿qué más le daba hacerle un trabajito que habría de enterrar en el cementerio cerca de la última tumba? Y la cosa iba tan en serio que encontraron una foto de la hija de doña Juana amarrada a un crucifijo de paja bañado en sangre, de lo que creían que era un gato negro, y con pizcas de sal y unos cuantos clavos. Sin contar las velas negras que estaban casi carcomidas.

Según una de las señoras eso significaba que la pobre muchacha nunca iba a poder tener hijos, mucho menos encontrar un trabajo digno. En palabras de la mujer «esa pobre chica ya quedó marcada, pero con la cruz del diablo. Ya no le irá bien en la vida y será muy difícil quitarle el maleficio”.

Ustedes se preguntarán, ¿y para qué o por qué nos cuentas todo esto? La respuesta es sencilla: quedé sorprendida. Todo parecía sacado de una película de terror. Y, ustedes, queridos lectores, quedarán más sorprendidos cuando se enteren de que todo lo que acaban de leer son un montón de mentiras sin pies ni cabeza, porque ni el domingo salí al café por una malteada de fresa (no me gustan las malteadas), ni mucho menos conozco a una doña Juana.

No obstante, aquí tenemos un concepto realmente asombroso que es base (en parte) de la cultura mexicana. Les estoy hablando del «rumor» que no es otra cosa que el decir algo sobre alguien o algo que puede ser o no ser verdad (en la mayoría de los casos no lo es) y que se va pasando de boca en boca al grado de que se va deformando la información, mas no la base de la historia. Sí, lo sé, para qué usar palabras tan redundantes, si en el barrio a ese concepto lo conocemos como el famoso «chisme».

Ahora, bien, ¿cuántos de nosotros no hemos escuchado uno que otro chisme de algún conocido nuestro? La verdad es que, el chisme puede ser el pilar de una buena novela tanto rosa como negra. Y muchos de nosotros nos intrigamos tanto al grado de que, como dicen los memes, terminamos estudiando una licenciatura en letras sólo para saber más chismes, aunque sean de personajes ficticios, que después podemos ir contando por el mundo como si fueran reales y así las personas los creen y los difunden con sus allegados y así sucesivamente como si en verdad conocieran a los implicados.

En este punto extremo, luego del estudio de una licenciatura en letras, encontramos la recomendación lectora del día de hoy, donde Fernanda Melchor en su novela Temporada de huracanes nos presenta la historia de una chava conocida como la Bruja quien fue asesinada. Y el misterio por resolver es: ¿quién o por qué mataron a la Bruja?

Lo interesante aquí es que, como buena novela mexicana, conoceremos la respuesta a través del chisme y la perspectiva de cada uno de los personajes involucrados. Es decir, no es una novela que hable solo de una trama lineal, sino que es un retrato cruel y realista de la vida de un pueblo a través de las voces de los involucrados.

En esta novela veremos una combinación entre lo fantástico, casi con el límite de lo increíble, y lo que realmente podemos observar en un pueblo de México. Donde no todo es color de rosas. La atmósfera del texto es algo cruda ya que trata temas desde pornografía, prostitución, consumo de drogas, pedofilia y demás.

No obstante, cuando mezclamos todo esto en exactas cantidades en un caldero que está por explotar, nos daremos cuenta de que es una de las mejores obras de la literatura mexicana contemporánea. Un texto que te deja empicado y aturdido. De esas experiencias en la vida donde queremos saber un poco más, pero al mismo tiempo queremos cerrar los ojos para volverlos a abrir y comprobar de nuevo lo que acabamos de ver.

Entonces, ¿por qué no tomar una taza de café y darle una oportunidad a una quemadura en la garganta de un texto tan ardiente como exquisito? Porque eso que olemos, no es otra cosa que el aroma de una literatura que recién como ha llegado, habrá de quedarse como un pensamiento de media noche que nos quitará el sueño en varias ocasiones para ir y regresar a ese punto de lectura.

Referencias

Melchor, F. (2017). Temporada de huracanes. México: Penguin Random House Grupo Editorial.

Maleni Cervantes (1997) nació en Yahualica, Jalisco. Actualmente, es egresada de la Licenciatura en Letras Hispánicas por parte de la Universidad de Guadalajara. Como autora ha participado en distintos proyectos, entre los más destacados se encuentra su columna de opinión “Vagando por las calles” en la revista de Engarce donde trata temas de cultura mexicana. Por otro lado, ha publicado cuentos en diversas plataformas, por ejemplo, en el libro Bajo el paraguas o en la revista electrónica Letralia. Además, ha sido tallerista de escritura creativa para estudiantes de preparatoria por parte de Luvina, la revista literaria de la UdeG. 

Escribir nos libera: El miedo a escribir y la «hoja en blanco»

Notas hechas por mi amigue y poeta Pavel: tallerear tu escritura, siempre es una gran idea

Por Aimeé Miranda Montiel

Tomar la pluma o la computadora, puede ser ¿intimidante, quizá?, o ¿será que nos han dicho que crear “desde cero” sólo es para genios, que la “hoja en blanco” es un monstruo enorme al que hay que temerle y que es tan imponente que sólo los “tocados por hadas” o los que gozan de un talento superior pueden lograr vencerla?; yo también me he creído esas historias, me las he comprado, e incluso hoy escribiendo esto para ti, me pregunto: ¿será lo suficientemente bueno?, ¿valdrá la pena escribirlo?, ¿será relevante para que otrxs ocupen su tiempo en leerme?

Y pues no sé si este texto sea “bueno” para todxs, porque en principio “no soy para todxs”, habrá quienes compartan mi visión, mi estilo para escribir, y habrá quienes piensen que esto es una reverenda mierda, o sin ponerme dramática, quizá sólo piensen que es irrelevante o que es “más de lo mismo”, o que esto ya lo dijo “quiensabequien”, y ¿sabes qué?, eso da igual, lo escribo porque me libero de este miedo que a veces se apodera de mí, que me impide satisfacer la necesidad de sacar lo que traigo dentro.

Escribir, escribirte esto, lo hago con toda la intención de que te contribuya a ti, y de que pases unos minutos leyendo algo que con suerte, despierte en ti tus ganas de escribir también.

Respecto a que si “valdrá la pena” o no, el escribir esto, pues yo diría que ya se cumplió esa “pena”, -que para mí en realidad es gozo-, porque amo poder aterrizar tantos pensamientos, en este leguaje que compartimos tú y yo: el de las letras, el de las palabras escritas, el de los textos íntimos que despiertan algo dentro de nosotrxs. Aunque no puedo “hablar por todxs”, quizá alguien piense lo opuesto, y eso también está bien, reitero: no soy para todxs.

Y sobre si merece tu tiempo la lectura de este texto, bueno pues ahí sí “cada quien”, pero mi deseo es que leer estas líneas, te permita germinar esas ganas de escribir que yacen dentro de ti, que refuercen tu vena de escritorx, o que con mayor frecuencia te atrevas a escribir, sin alguna expectativa en particular, sólo “porque sí”, PORQUE ESCRIBIR NOS LIBERA.

Por eso hoy, es más… ahorita mismo, agarra la pluma o la compu y comienza a escribir, recuerda que no tiene que ser perfecto, ni siquiera “tienes” que saber qué saldrá: un cuento, un poema, un microrrelato o un haiku; eso no es importante, igual y te sale escribir una carta, tal vez, una crónica de un recuerdo, o igual y empiezas tu primera novela, eso no es trascendente, lo único realmente importante es que ESCRIBAS y que TE LIBERES.

Y para compartirte un poco de lo que he escrito últimamente, te dejo este versito que me pidieron escribir para un recital de viola y piano en el que participé recitando estas palabras alusivas a las cartas de La Lotería…

Corre y se va corriendo:

15. La sirena

Divina belleza te miras al salir,

Brillando radiante,

Anuncias siempre tu existir,

Pues la mar y la tierra se encarnan en ti.

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El desborde. Relatos del mundo que habito | Consejo de Sabias


Por: Ximena Moranchel


Las que te mandan por mensaje un “¿Cómo estás?” justo en el momento en el que todo está mal, como si lo intuyeran y supieran lo mucho que necesitas su pregunta para poder decirlo. Las que comparten contigo su ropa, pero nunca pierden la oportunidad de culparte cuando no encuentran algún suéter o un vestido. Las que días después de decir “No creo que eso sea lo mejor, pero igual vas a hacer lo que quieras”, aparecen pa’ curarte las heridas que te hiciste en el camino turbulento que elegiste tomar. Las que viven en la otra punta del mundo con una hora distinta y una rutina diferente, pero siempre se hacen el espacio para una videollamada que es mitad: “Ya no te oigo, a ver, espera, ahora sí, ¿tú me ves?», y mitad: “Te extraño y ojalá estuvieras aquí”. Las que te ayudan a elegir qué foto subir y después te comentan o reaccionan como si nunca la hubieran visto. Las que se emborrachan contigo cuando alguien te ha roto el corazón, aun sabiendo que ese ratito de felicidad durará solamente esa noche, y al día siguiente, además de triste estarás cruda. Las que en ese siguiente día te abrazan, te preparan una michelada y entre bromas te regañan por estar llorando por ese ser idiota que no supo valorarte como la diosa que eres. Las que han estado ahí, desde siempre, desde niñas, con una capacidad asombrosa de adaptarse a los cambios permanentes de la vida. Las que siguen de cerquita todo tu drama familiar con nombres, fechas y hasta fotos. Las que proponen viajes, actividades, pijamadas y cenas recordándote lo mucho que disfrutan de tu compañía. Las que se saben de memoria tu historial amoroso y sexual y hasta chistes internos tienen sobre ello. Las que te prestan dinero porque usaste tu tarjeta de crédito como si tuvieras el sueldo de una artista famosa y a las semanas son ellas las que te piden plata, porque también por un momento tuvieron la percepción de su realidad alterada. Las que te explican por primera vez cómo usar un tampón, cuál es la mejor forma de ahorrar, cómo se siente tener un orgasmo, cómo se saca una cita en el SAT, el paso a paso para hacer una pasta, cómo se usa un vibrador y hasta qué tienes que hacer si te encuentras un tiburón cara a cara. Las que deciden ser madres y gracias a eso te dan el mejor regalo del mundo; un ser pequeñito que se adueña por completo de tu corazón. Las que te apoyan compartiendo tus proyectos laborales y con palabras de orgullo te recomiendan constantemente. Las que te regalan noches y madrugadas llenas de botellas de vino, conversaciones profundas, anécdotas repetidas y carcajadas que te reinician la vida. Las que incluso en la cotidianidad del día a día te convidan de su buen humor. Las que bailan contigo hasta el amanecer y cada tanto voltean a verte con una sonrisa en la cara confirmando lo mucho que sus cuerpos y almas lo necesitaban. Las que además se convierten en las mejores compañeras de casa. Las que te escuchan sin juzgarte. Las que te escuchan y aunque no te juzgan, te hacen todas esas preguntas y comentarios que no quieres oír, pero que sabes que necesitas y por eso mismo es que estás ahí, exponiendo tu caso frente al mayor tribunal y consejo de sabias. Las que en cada encuentro te recuerdan lo mucho que te aman, llenándote de palabras tiernas y múltiples halagos para que al final de la noche mientras estás volviendo a casa te sientas la mujer más hermosa, inteligente, divertida e interesante del puto mundo. Las que alguna vez estuvieron, te dieron su amor y lindos recuerdos y aunque sus caminos ya no coinciden más, siempre formarán parte de tu historia. Las que te sostienen el corazón cuando estás lejos de casa porque decidiste migrar y el mundo se te está viniendo encima. Las que te apapachan el día de tu cumpleaños con palabras y regalos bonitos. Las que te han visto crecer, cambiar, atravesar distintas etapas, y no sólo no se han ido, sino que no serías quién eres sin ellas a tu lado. Las que con una tarde tomando sol en tetas te curan 30 años de complejos patriarcales y absurdos. Las que te cocinan algo delicioso porque llevan el sabor en las manos. Las que te bancan en cada decisión que tomas aunque no estén de acuerdo porque lo único que desean es que seas feliz. Las que no ves tan seguido como quisieras, pero cuando se juntan es como si el tiempo nunca hubiera pasado. Las que siempre que volteas están a tu ladito, no importa la distancia. Las que siempre tienen las puertas de su casa abierta para ti, haciéndote sentir que también es tu hogar. Las que te hacen el aguante cuando te enfermas compartiendo sus mejores remedios y dándote su mano pa´ lo que necesitas. Las que te apoyan cuando te embarcas en la inevitable y tortuosa tarea de mudarte de casa. Las que se convierten en tu estilista personal, cortándote y pintándote el cabello y hasta ayudándote a eliminar la comunidad de piojos que decidió invadir tu cabeza. Las que siempre están para ayudarte a resolver tus dudas existenciales. Las que se cagan de risa contigo, después de compartir un porro mientras escuchan a Cerati. Las que te dicen “Avisa cuando llegues” y si por algo te olvidas de hacerlo, te llaman hasta que les aseguras que estás a salvó en tu casa, y te cuelgan sólo después de gritarte por qué carajos no respondes. Las que se emocionan por tus logros y los celebran como si fueran también suyos. Las que te recuerdan que no hay que tomarse la vida tan en serio y que se vale equivocarse. Las que todo el tiempo están en tu cabeza debatiendo y opinando, antes incluso de contarles cualquier cosa. Las que son familia, tu lugar seguro y al que perteneces. Qué ganas de poder verme aunque sea por un instante con los ojos que ellas me ven. Quien dice que la magia y el amor verdadero no existen no conoce a mis amigas.

Ximena Moranchel Gutiérrez. Licenciada en Psicología Clínica por la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Cursó un semestre de la licenciatura en la Universidad de Buenos Aires. (UBA). Ha participado en diversos talleres entre ellos en el curso de Psicoanálisis y Género impartido por Ñandutí. Actualmente trabaja de manera independiente, dando terapia en línea en su mayoría a migrantes hispanohablantes. En el 2016 migró a Buenos Aires y desde entonces su corazón está dividido entre dos lugares; México y Argentina. Feminista, viajera y nostálgica a tiempo completo. Escribe para no asfixiarse y lee para poder respirar. 

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Agenda diaria por Jeanne Karen en La máquina verde

Agenda diaria

Un mes cualquiera y los apuntes importantes estaban ya sobre mi escritorio, un poco revueltos por el paso de los días y las cosas por hacer, pero siempre ahí, en hojas sueltas, en notas, en trozos de papel que apenas alcanzaba a guardar antes de que el viento del otoño pudiera colarse por completo por la ventana para dispersarlos a través de la pequeña habitación. Luego pasé a la libreta de instrucciones, algo así como una lista semanal de actividades, a veces la olvidaba y luego la volvía a retomar, era una belleza llena de recortes, flores secas, dibujos y hasta fotos del paso de mi vida, no me gusta decir que el paso de los días, porque vamos a ser honestos, lo que va pasando es nuestra vida en sí.

Ya con los años y a fuerza del olvido, el descuido y la falta de concentración, tuve que tomar definitivamente una agenda diaria, una encuadernada y de pasta gruesa, con las columnas perfectamente marcadas para definir todo tipo de grandes y pequeños acontecimientos, pero ¿por qué llegué a ella?

Ya era imposible sostener el caos, la terrible cantidad de pensamientos, ideas, textos por terminar, acciones por comenzar, entonces tomé la decisión de dividir todo lo que escribo; la poesía va en una libreta que llevaré siempre a lo largo del año, más bien la uso únicamente para la poesía en prosa; luego, los archivos de Word que tengo abiertos, que son para los libros de poemas que deseo terminar de escribir algún día, para las novelas o el de cuentos, que están todos en la misma situación, los he comenzado pero no sé cómo seguir o más bien no he logrado acomodar el sinfín de imágenes que rondan por la cabeza.

Por último, llegamos a la querida agenda diaria, que es algo así donde va todo lo que debo realizar durante el día, pero que rigurosamente debo mantener fuera de la memoria, no necesito que ocupe un lugar dentro de tan apreciado espacio de mi cerebro. Entonces por las noches anoto con cuidado y en la mañana basta con echarle un ojo para saber cómo será mi día, claro que no cuentan los imprevistos, mi distracción o las ganas de ser totalmente espontánea e inventar algo después de las ocho de la mañana, que es la hora de la primera taza de café y el momento de pasar a revisión cada columna, cada hora, casi cada minuto, con el deseo de que entre tanto, no haya quedado sin resolver algo que era vital.

 A veces todo me hace ruido, los colores de la agenda, los renglones oscuros, las gruesas líneas que dividen los días. Pienso en eso, en esas líneas intensamente marcadas y de pronto caigo en la tristeza, siento que cuando sobrepase una, habré tenido que cumplir con cada objetivo anotado, que no podré pasar esa línea si no está mi vida en orden; luego viene la angustia, el deseo de alargar la llegada de la siguiente línea gruesa, como si existiera algún poder capaz de recorrerla hasta la orilla de la página y así dejarme completar en paz cada reto; pero no resulta y hay pendientes que van de un día a otro, de un lado de las líneas al otro, hasta convertirse en una especie de renglón que va calcándose y que pareciera remarcarse a sí mismo con el afán de recordarme o que los días son demasiado cortos o que al final hago muy poco; toda esa idea cae sobre mis hombros y me sobrepasa; sin embargo sigo adelante, con la convicción de que alguna vez veré la columna totalmente en blanco, una especie de zona desértica, un horizonte para mí sola, libre de todo, que me permita comenzar e inventar otra vez.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además uno libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Letras desarraigadas|Piku´unk matyakyë

Por Kiixy Miriam

Mi madre me acomoda,

en su espalada voy,

cómoda en el rebozo,

a ratos durmiendo

y en otros siento que vuelo.

Veo los árboles,

sus copas tan altas,

escucho el andar del agua,

Me vuelvo a dormir.

[…]

Se escuchan los instrumentos vibrar,

la gente rezando en ayuuk,

agradeciendo,

implorando.

Hemos llegado al santuario del señor de Alotepec.

La abuela nos llevó,

desde la madrugada emprendieron el viaje

y en la tarde nos recibió la música.

[…]

La abuelita lola pidió por todos,

agradeció a et naaxwiin1,

pasó la limosna sobre mi cuerpecito,

de sus labios surgieron rezos en ayuuk.

Intercedió por esta Piku´unk2,

deseándole un buen camino,

un destino “mejor”,

pidiendo que tenga fuerza,

para enfrentar la adversidad.

Que pueda conocer otros lugares,

otras maneras de vivir,

pero que no se olvide de su raíz,

que siempre regrese a su origen,

al lugar donde está su pu´utskj3.

1 Naturaleza

2 bebé

3 ombligo


Kiixy Miriam

Miriam J. Chimil es una mujer migrante ayuuk. Nació en San Juan Metaltepec, mixe, Oaxaca. Desde pequeña la separaron de su hogar y creció en la periferia de la ciudad de México. Ahí disfrutaba explorar y recorrer los vestigios de naturaleza. Eso la llevo a estudiar biología y a centrarse en la relación mujer- naturaleza. Su ombligo la regresó a su origen a estudiar las plantas y el conocimiento generado por sus ancestras. A través de la escritura recrea sus vivencias y reflexiona sobre la migración y su identidad al encontrarse en el limbo entre el campo y la ciudad.


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