Por Aimeé Miranda Montiel

¿Qué carajos es eso de “soltar la mano”? En los bajos mundos de la escritura -puro choro, eso ni existe-, se dice que hay que soltar la mano, cuando no estamos acostumbradxs a escribir… y entonces surge la pregunta del millón: ¿y cómo logro eso? Pues escribiendo, sé que es casi obvio, pero la neta es que muchas veces evadimos esa parte…
Por eso te voy a contar lo que muchas veces pasa, una historia entre terror y eterno suspenso:
Un día (o varios), te despiertas con la firme convicción de que quieres escribir, que quieres ser escritorx, y que si no has cumplido ese sueño es por todas las razones habidas y por haber: que tus papás te dijeron que te ibas a morir de hambre, que no te dejaron estudiar lenguas, que tienes un trabajo absorbente, corporativo u horrible que te drena la energía a tal punto que no tienes ganas de ponerte a escribir aunque sea tu sueño, que no tienes tiempo -no te hagas, esa excusa la usas para todo-, que no sabes cómo hacerlo, y la lista sigue, pero lo cierto es: QUE NO TE PONES A ESCRIBIR.
A ver, quizá has asistido a algún taller de escritura, puede que te hayas comprado una libreta o una pluma especial para tal efecto, o bien incluso pienses que para ser escritorx-contemporánex-plus-ultra tienes que tener una Mac (porque así nos lo han vendido, como si con la bendita maquinita viniera incluido el “don de la escribición”); pero todo eso, no te está haciendo escribir realmente. Estás fingiendo que quieres escribir, pero no te estás poniendo a hacerlo, chance crees que la novela te va a llegar un día y la vas a escribir “de jalón” (puede que sí, no hay que cerrarnos posibilidades), pero para no seguirle haciendo al cuento, dime: ¿cuántas horas a la semana le dedicas a escribir (no a pensar que quieres escribir)?
Misterio resuelto: escribimos poco y pensamos un chingo en querer hacerlo.
Pero no todo está perdido, y esto no es regaño, por eso te propongo algo muy simple, pero súper mágico que ha hecho que “suelte la mano”, quisiera decirte que yo inventé esta práctica, pero fue Julia Cameron, la autora del libro “El camino del artista”, el cual por cierto, te recomiendo 1000%; pero regresando a lo de práctica, consiste en escribir tres páginas recién te despiertas (en la medida de lo posible, y sino cuando tengas chance), en las cuales escribas todo lo que tengas en tu cabeza, todas esas cosas que te preocupan, todas esas cosas a las que les estás dando vuelta, o lo que sea que te salga en ese momento, incluso la autora propone que si “no tienes nada que escribir” simplemente escribas: “no sé qué escribir en estas tres páginas”, pero el punto es llenar las 3 páginas por completo.
En resumen, esta práctica se conoce como “morning pages”, así que te invito a que lo hagas y me cuentes qué tal te va. Lo importante es: 1. Tratar de hacerlo recién despiertas, 2. Llenar las 3 páginas completitas y 3. Hacerlo todos los días.
“¿Aimeé y ya con eso me voy a convertir en escritorx?”, chance y sí, porque a través de esta práctica “soltarás la mano”, escribirás (realmente y no de a “mentis” como en la historia que te conté al principio), despejarás tu mente y tus miedos que es lo que más suele bloquear la escritura, y escribir se volverá parte de tu vida.
Así que fin del comunicado, escribe esas #morningpages y me cuentas cómo te va, porque aquí LO MÁS IMPORTANTE ES: ESCRIBIR, PORQUE ESCRIBIR NOS LIBERA.
Y como todas las semanas, aquí te dejo una muestra de algo que estoy escribiendo, es un pedacito de un poema que se llama “La ira de la despedida” (está todavía en borrador, no sé si será el título oficial), pero aquí te va un verso:
Pero ¿qué pasa cuando es momento de irse?
¿Nos despedimos porque queremos o porque ya es tiempo?
¿Nos despedimos porque ya no es nuestro lugar o porque nos corren?
¿Nos despedimos porque vamos contra reloj o porque queremos ir hacia otro lugar?
¿Nos despedimos o nos forzamos a irnos?…
Gracias infinitas por leerme, puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia_eclecticaheal.
Y sigamos juntxs escribiendo, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.














