Extraño Cotidiano | Ríos de miel derramada. La inundación de Pachuca en 1949


Por Susana Argueta



Mi abuela Elvira nos contó una historia con moraleja. Una campesina iba camino al mercado con un cántaro en la cabeza, lleno de miel recién cosechada. Muy contenta, quería venderla e imaginaba todo lo que podía comprar con la ganancia. Se compraría muchos vestidos bonitos, iría a bailar, conocería jóvenes guapos y ricos. Se casaría, tendría una casa muy grande, hijos, amigos y sería feliz. Soñando así, no se fijó en sus pasos y tropezó con una piedra; el cántaro se resbaló de su cabeza, rompiéndose en mil pedazos y derramando toda la miel. El sueño se esfumó. Moraleja anticipada: no debemos soñar antes de tener las cosas seguras.

Elvira quedó viuda muy joven. El abuelo Félix era perforista en La Rica, una de las minas más importantes de Real del Monte en 1947, el año de su muerte. En esa época, las condiciones de trabajo de los mineros no eran buenas. Aun conociendo los riesgos, no se utilizaba equipo adecuado para evitar la inhalación de polvo de sílice; al paso de los años se irritan los bronquios y se producen pequeñas lesiones que cicatrizan y se acumulan. Esto es la silicosis, enfermedad incurable y mortal. Así murió mi abuelo, a los 38 años dejando a Elvira viuda a los 28. Sólo había estudiado hasta el segundo grado de primaria y aunque a ella le gustaba la escuela, no la habían dejado estudiar sólo por ser mujer. Su opción para mantener a sus hijas era el trabajo doméstico. Se pasaba los días en el lavadero y con la plancha hasta le prestaron un puesto de verduras en el mercado. Era algo diferente, una actividad menos agotadora y con un poco de mayor remuneración. Sólo era necesario ir dos veces a la semana a Pachuca a traer la mercancía. Iba directamente a las hortalizas y llenaba sus costales con la verdura que ella misma escogía y cortaba. Las hijas podían quedarse con ella en el puesto y ayudarla. Así, también ellas aprenderían y, con el tiempo, podrían tener cada una su propio puesto. Esa era su ollita de miel. 

Era el viernes 24 de junio de 1949, día dedicado a San Juan Bautista. Como todo inicio de verano, se esperaban fuertes lluvias y ese año no fue la excepción; para Elvira era el día de ir del Real a Pachuca a traer la verdura para la venta de sábado y domingo, los días de mayor afluencia en el mercado. No llevaría con ella a sus hijas, la mayor ya tenía catorce años y podía cuidar a las otras dos, de cinco y siete. Se iba temprano y volvía por la tarde, pero ese día se retrasó. A las cuatro, todavía estaba en Pachuca. El cielo comenzaba a nublarse. 

Con sus costales llenos y la lluvia empecinándose, Elvira esperaba el camión de regreso al Real. Estaba verdaderamente angustiada. Las calles se convertían rápidamente en ríos caudalosos que arrastraban a su paso autos, cajas, gente. No había manera de regresar, el camión ya no pasaría. Milagrosamente, un desconocido pasó junto a ella a bordo de un carrito de paletas. Llevaban el mismo rumbo y se ofreció a llevarla junto con sus bultos. 

En el camino, Elvira pudo ver cómo un señor se ahogaba al tratar de salvar un fajo de billetes y cómo el agua que entraba al mercado Benito Juárez, salía con latas y cajas de comida. La providencia quiso que toda esta mercancía quedara atorada entre la malla de alambre de una casa cercana. Esto pareció beneficiar al dueño, pues días después de la inundación su situación económica mejoró notablemente. O al menos eso dijeron. En la cárcel local, nueve presos quedaron atrapados y se ahogaron. En las escuelas los niños fueron subidos a las azoteas para salvarlos del agua.

Todo fue muy rápido. La torrencial lluvia se desplomó sobre la ciudad y, en cuestión de minutos, se convirtió en una tromba con granizo del tamaño de huevos de paloma, desbordando el río de las Avenidas e inundando las calles principales. 

El saldo de la inundación  fue de 40 muertos y 200 desaparecidos.

Elvira siempre agradeció el haberse salvado. Contaba esta historia viviendo de nuevo la angustia de haber podido sin padre ni madre a sus pequeñas hijas. Ella murió mucho tiempo después, a los 92 años, con cuatro hijos, diecisiete nietos, treinta bisnietos y dos tataranietos.

Susana Argueta

Cd. de México, 22 de enero de 1967. Buscadora de la palabra para crear nuevos mundos. Es también fotógrafa y artista visual. Ha participado en diversos escenarios como maestra, locutora de radio y productora de televisión, editora, autora de libros de texto, poeta, cronista, escritora. Recientemente diplomada en Creación Literaria por el INBAL. Ha sido merecedora del Premio Ariadna de Poesía 2022 y con mención honorífica en el Premio Ariadna de Cuento 2022. También ganó el segundo lugar del concurso de crónica “Historia de mi colonia” en 2022, convocado por el Archivo Histórico de Iztapalapa.

Doritos y Coca | Tetasss, tetasss, tetassss.


Por Silvia Santaolalla



Tokischa se describió a sí misma para Vogue Latinoamérica como una dominicana de barrio en París. El pasado junio la rapera, reguetonera y denbowsera dominicana fue invitada a lucir un look de Jean Paul Gaultier en la semana de la moda en París. “Allá en el barrio de donde yo vengo no hay revista Vogue. Entonces estar hoy en Vogue es muy especial pa mí. Se lo dedico a mi mami” cuenta a la cámara mientras le trenzan el cabello. La colección de este año estuvo a cargo de Julien Dossena, quien reinterpretó piezas anteriores de Gaultier imprimiéndole su propio sello. Sin embargo, este no es un texto sobre alta costura, la moda ni las grandes influencias francesas de Gaultier o Dossena. Este es un texto sobre lo que sucedió cuando el desfile terminó y Tokischa subió fotos topless en su hotel parisino. 

Esa noche, Tokischa incendió Twitter con cuatro fotos, dos con el atuendo de la pasarela y dos sin el top, y la descripción “Tetasss tetasss tetassss”. En minutos el post se llenó de comentarios ofensivos acerca de los pechos de Tokischa. “Ta duro ese calor, mira como se le están derritiendo las tetas…” “Pero esa teta parecen de 60 años” “mi autoestima está más arriba que eso”. Y aunque la mayoría de los tweets pertenecían a hombres, por supuesto que existieron críticas de mujeres que afirmaban tener mejores tetas, que cuestionaban porque había subido las fotos, que “no lo decían por criticar” pero le preguntaban porque sus senos estaban tan caídos. Sin embargo, muchas de las fans de Tokischa la llamaron diosa y se unieron para llenar el hilo con fotos de sus propias tetas. Decenas de pechos de diversas formas, tamaños y colores para sepultar las críticas. 

En un primer momento me pareció que las reacciones negativas respondían a una postura machista, hombres enfrentándose a pechos no hegemónicos. Pero fue cuando alguien comparó el atuendo de Tokischa con el que hizo Gaultier para Madonna en los noventa cuando reafirmé que el problema del sistema es que la opresión no es solo una. El sistema no es patriarcal sin ser racista. Para ponerlo en palabras de Yasnayá Gil: “A veces se nos olvida que patriarcado, colonialismo y capitalismo son, como la santísima trinidad, caras del mismo monstruo”. Así que, permítanme utilizar la alta moda para explicar esto. 

En 1992 Gaultier organizó una gala de beneficencia para la Fundación Americana para la Investigación del SIDA en honor a su novio y socio Francis Menuge, quien murió de una enfermedad relacionada con el SIDA dos años antes. Para el cierre de la pasarela, Gaultier salió acompañado de Madonna, quien al quitarse el saco que portaba dejó al descubierto sus pechos. El diseño de Gaultier era una falda de talle alto con un sujetador estilo arnés que dejaba expuestos los senos de Madonna. Este momento fue nombrado como icónico en la moda de los noventa. Como mencioné antes, la pasarela de este año a cargo de Dossena estaba inspirada en los momentos clave de Gaultier, por lo que diseñó para Tokischa una pieza similar a la de Madonna. Sin embargo, el sujetador de la dominicana tenía unos pechos falsos y blancos que remitían a los de la cantante estadounidense. A todos les pareció bien el atuendo, lo suficientemente provocador sin llegar a perturbar la norma. Pero cuando Tokischa mostró sus propios pechos, de repente su cuerpo no estaba a la altura para ser icónica, provocadora o irreverente como la reina del pop. “Si pero Madonna las tenía lindas no como 2 huevos fritos”. 

Cuando Sara Ahmed habla de la repugnancia en su libro La política cultural de las emociones se pregunta “¿Por qué es tan crucial la repugnancia para el poder?” Prosigue afirmando que la relación entre repugnancia y poder es evidente en la jerarquización de los cuerpos. La repugnancia establece límites y pone a ciertos cuerpos sobre otros. Entonces cuando alguien va a Twitter y escribe “Que perro asco maldita sea” sobre el cuerpo de alguien más, hace dos cosas al mismo tiempo. En primera establece una jerarquía entre los cuerpos aceptables y los que no lo son. Mientras que marca un límite entre el cuerpo que le asquea y el propio. En palabras de Ahmed: “quien está asqueado es quien siente repugnancia, la posición en la que se “está arriba” se sostiene con el costo de cierta vulnerabilidad”. Así que hablar del cuerpo ajeno tiene una función social para separarte de aquellos que no cumplen con la hegemonía, aquellos que no “sirven” para el sistema, aquellos que deben excluirse para que exista una hegemonía.

Así que, el problema no son las críticas, entiendo que todas las personas que exponemos de manera pública nuestros sentires, cuerpos y vivencias estamos expuestos a comentarios. Lo importante aquí es lo que encierran las palabras de quienes señalan. La manifestación de la hegemonía a través de comentarios que «no buscan criticar, solo dar su opinión». Opiniones formadas por un sistema patriarcal, racista y colonialista. Un sistema que perpetúa la superioridad de algunos, y que nos utiliza para normar a los demás, convirtiéndonos en policías unos de otros para señalar quien si puede pertenecer y quien no está “a la altura”. A fin de cuentas, ¿no son los mismos comentarios a los que se enfrentó Karol G cuando reclamó el Photoshop de su portada en GQ? ó ¿ Yalitza Aparicio cuando tuvo una portada en Vogue? Porque como escribió Anzaldúa: “Es más fácil repetir los modelos y actitudes raciales que resistirlos, especialmente los que hemos heredado por miedo y prejuicio”. Es más fácil pensar que el asco que siento por el cuerpo ajeno es natural, que aceptar que es algo aprendido.

Silvia Santaolalla, mexicana, escritora y artista audiovisual. Su trabajo aborda temas como: el género, la
sexualidad y el cuerpo. Ha sido publicada en las revistas: Marabunta (2018), Gata que ladra (2019), Punto
de Partida UNAM (2022), Página Salmón (2022), Especulativas (2022).

Insurrecciones Estéticas | Estética feminista y el arte otro: una invitación a ser insurrectas


Por Selvia V. Kotasek



El deseo de presencia, de estética subvertidora, es el de ver en el cine nuestro cuerpo, leerlo en la literatura, gozarlo en la cotidianidad, defenderlo políticamente.

Francesca Gargallo

En ocasiones nos han hecho creer que el Arte es asunto de unas cuantas personas (en su mayoría hombres) que tienen formación, talento y “buen gusto”. Y sí, hay un Arte (así, con mayúscula) que efectivamente les pertenece a unos cuantos (hombres ricos y blancos, para ser más exactas). 

Afortunadamente siempre ha habido un arte otro. Un arte, así, con minúscula, que no intenta mantenerse en la neutralidad política y la imposible objetividad, al contrario, se posiciona desde un lugar alterno y produce obras y prácticas artísticas que muestran otras posibilidades de representación que no intentan encajar en cánones universales (ósea, masculinos) clasistas, sexistas y racistas. 

Aquí, quisiera enfocarme en ese arte otro, rebelde y desobediente. Especialmente aquél producido por mujeres. Porque no hay nada más insurrecto que quitarte la imposición de ser musa y objeto de representación para develarte como creadora y artista.

Y para estar a la altura, hablaremos de otra estética. Tradicionalmente esta disciplina es concebida como la encargada de estudiar el Arte, pero aquí, no seremos de tradiciones. 

Aquí, retomaremos la estética que se ocupa sí, del arte, pero también de la liberación de las mujeres. Porque desde este lugar alterno e indisciplinado, la estética y la liberación no son cosas aparte. Estaremos hablando, pues, de estética feminista.

No son pocas las teóricas y artistas que se han apropiado de ámbitos artísticos históricamente negados a las mujeres, produciendo obras y referentes teóricos feministas. Francesca Gargallo, gran filósofa, escritora y activista feminista autónoma, fue una de ellas y es a quien invoco para retomar su propuesta sobre una estética feminista que, al rechazar la mirada y el juicio masculinos sobre el quehacer de las mujeres, postula, entre otras cosas, modos diferentes de experimentar las emociones vitales, la percepción de la realidad y la producción de la imagen de sí y de la otredad y sostiene, por lo tanto, no sólo la percepción de lo que se ha dado en llamar arte, sino también percepciones íntimas, acciones y memorias.

Así pues, la estética no será aquí, un asunto de señoros diciéndonos cuál y cómo es el buen Arte, sino una forma de mirar nuestra liberación de cánones opresivos y ajenos que nos dictan cómo debemos vernos, actuar y hablar. La estética aquí será esa que mira no sólo las obras, sino su contexto, y que concibe a las mujeres como sujet(a)s creadoras de cultura. 

Aquí hablaremos de arte en el sentido más amplio de la palabra, por lo tanto, no nos acotaremos a los lugares convencionales. Aquí, nos convoca el arte otro. El de nosotrAs, así, con mayúscula para resaltar lo subversivo y provocar a los guardianes de la buena lengua. 

Aquí seremos estetas para subvertir la Cultura y el Arte hegemónicos y reconocer producciones estéticas que, en palabras de Gargallo, son capaces de desplazar los valores estéticos que guían el comportamiento y los juicios desde las imposiciones del poder; es decir, que contribuyen directamente a la creación de nuevos imaginarios, más liberadores, más nuestros. 

Aquí, la apuesta será buscar atisbos (o montones) de representaciones explícitamente feministas o no, que nos permiten vernos representadas con la esperanza de inspirarnos lo suficiente y no ser únicamente espectadoras, sino también creadoras de nuestra cultura. 

La apuesta es encontrar propuestas estéticas feministas que no sólo adornen, sino posibiliten nuestra liberación. La invitación es, pues, a ser insurrectas. Bienvenidas. 

Defeña de nacimiento y habitante de la ahora CDMX. Psicóloga social que mira al mundo con
permanente sospecha. Feminista que se reencontró con sus ancestras, aprendió a alzar la voz, y busca
formas de habitar y resistir principalmente desde la cultura y el arte de mujeres. Reciente maestra en
Estudios de la Mujer que se (des)encontró con la academia y diplomada en prácticas narrativas.
Consultora en temas de género, educación y derechos humanos. Con una constante tendencia a la
nostalgia, es escritora de sus historias preferidas y dibujanta que se reencuentra con la niña que fue.

Un Lago Envenenado| El gadget precioso próximamente robará tus avestruces


Por Saori García



“Muévete, Márgara, ¿qué no ves que un gadget precioso próximamente robará nuestros avestruces?”, me dice mi nana mientras vacía frenéticamente los cajones buscando algo que le sirva. No estoy segura para qué. No es como que podamos ganarle a un artefacto alienígena del que no sabemos nada. ¿Cómo se pelea contra tecnología extraterrestre? ¿Bastará con golpear la carcasa del aparato con martillos y cazuelas hasta que se rompa?, o ¿será que si escondemos nuestros pájaros en un bunker subterráneo se harte y se vaya para siempre? Por supuesto que no: a los alienígenas les sobra y les basta presupuesto como para hacer un berrinche de escala monumental tan alocado como este.

Ya te digo yo que no sabía lo mucho que importaban los avestruces. Cuando los alienígenas nos dijeron que se iban a robar todas y cada una de ellas, la gente se volvió verdaderamente loca. Los presidentes empezaron a tener juntas a cada rato, y la gente salía a marchar porque temía que empezaran una guerra accidentada, por miedo a los alienígenas, y (claro) por miedo a perder sus avestruces. Nosotros, como buena familia de rancho, no nos quedamos atrás. Nos pusimos a protestar con letreros que decían: “No más secuestros”, “No más terrorismo extraterrestre” y “Mejor llévense a los pingüinos”. Empezamos bien, pero después de algunas horas nos jactamos de lo idiotas que nos veíamos con carteles como aquellos. Si el gobierno no prestaba atención a causas feministas con décadas de antigüedad, ¿qué posibilidad teníamos nosotros, los granjeros de avestruces? Teníamos que encargarnos del asunto con nuestras propias manos. Seguro que los políticos no entendían las implicaciones de tener un establo(diagonal)gallinero con criaturas anatómicamente anormales y prácticamente inservibles.

Y podrías cuestionarme, ¿cuál es el caso de tener animales tan inútiles como esos en una granja? Y yo podría responderte que ninguno. Cero. Siempre que le preguntaba a mi nana cómo es que ganaban dinero para la familia, ella volteaba a ver a tata Marco con incomodidad. Ninguno tenía forma de responder. “Vendemos sus huevos”, decían, y sonreían con una curva forzada en los labios. “A-já”, y ya mejor no les pregunté nada.

Pienso más bien que estaban metidos en cosas más turbias, a lo mejor traficando avestruces o vendiendo carne de “alta calidad” al menor precio. Fuera como fuese, esos pájaros inútiles pagaban mucho, mucho dinero; y el dinero, en tiempos tan terribles como los nuestros, es algo que debe defenderse como se pueda. Por eso ahora tenemos a nuestras fuentes de ingresos como en caja fuerte, escondidas en el ático de la casa. Y podrían pensar que es algo estúpido, pero uno nunca sabe qué pueda servir y qué no en casos como este.

No tenemos idea de cuándo llegará el gadget precioso a robar nuestros avestruces, sólo sabemos que pasará pronto. Como no podemos hacer mucho, terminamos recurriendo a las mismas opciones que mencioné al comienzo: escondimos nuestros pájaros y reunimos todas las armas potenciales en la cocina, e hicimos una defensa exterior con vallas puntiagudas con la esperanza de que estos alienígenas sean tan malos para encontrar, como nosotros somos para esconder.

Pensamos que, tal vez, ellos vendrán y no encontrarán lo que buscan y se irán como llegaron, o que entrarán y verán nuestra barricada y a una niña y dos ancianos con sartenes y herramientas en mano listos para defender lo que es suyo, y notarán que se trata de una familia que no les tiene miedo y se acobardarán ante la idea de combatir a criaturas tan anormales como nosotros. Pensamos que pensarán que somos raros y temerán que dañemos su precioso gadget, o que lo infectemos con algún mal desconocido del que no encontrarán cura. Porque cuando el resto de las personas se esté ocultando de los extraterrestres, nosotros les diremos que no nos dan miedo y seguiremos en pie defendiendo a animales tan raros, tan mediocres (o, si prefieren, tan inútiles) como nosotros. Y se asustarán de todas las demás personas porque no sabrán cuántas estarán tan mal de la cabeza como para hacer algo fuera de su alcance, y que pelearán y seguirán peleando por un motivo que supera a un berrinche tan descabellado como ese.

Saori Scarlet García Palacio. De Guasave, Sinaloa, 2003. Estudiante de la Licenciatura
en Escritura Creativa de la Universidad de Guadalajara. Participante en talleres de
lectura como “El cuento es un parpadeo perpetuo” y “5 maestros del terror”, por Alfonso
Orejel Soria; y del “Taller de cuento” junio-julio 2023, impartido por el autor Alfredo
Núñez y organizado por la Coordinación Nacional de Literatura (CNL). Creadora de
contenido en “Tántalo Envenenado”, página de arte y poesía en Instagram. Escritora
novel, con gran interés en la producción, traducción y análisis literarios, especialmente
el ensayo y la poesía.

Versátil . La libertad de pensar

Osmara Rodríguez



Pensando en las dudas que roban el sueño 

Hablando a solas contándote mentiras para calmarte, 

Ilusa niña inocente creyendo que otros tendrán respuestas para tus dudas. 

Si has nacido humana abandona toda idea de sentido, 

Porque quizá no te lo han dicho pero el camino de la incertidumbre es el camino de los hombres 

Soy hija de la tierra y los tonos de mi madre están en mi piel y en mi voz que no se doblega está el fuego que se revela.

Derechos y Colores| Come on, Barbie, Let´s go party (Léase cantando: Ah, Ah, Ah, Yeah)


Por Natalia Mendoza Servín



La cultura popular es sumamente importante porque refleja cómo las personas comprenden problemas sociales “complejos” y de dedicación “exclusiva” de ciertas profesiones. Por ejemplo, el derecho, que debería ser una materia de comprensión ciudadana para la defensa de nuestros derechos, es sumamente compleja sino se contrata a una persona profesional en la materia, sin embargo, eso no significa que miles de películas, canciones o poesías no se hayan pronunciado respecto a la ciencia jurídica de una forma más sensible y humana que el derecho mismo, que dicho sea de paso, se ha vuelto frío para quienes necesitamos de él.

Hoy quiero compartir o hacer alusión al pensamiento de Simone de Beauvoir plasmado en su obra El Segundo Sexo y que pudiera tener sentido en uno de los párrafos de la canción de Barbie, que ahora ha sonado más gracias al estreno de la película. Para ello, invitaría a situarnos en esta breve historia:

Decides casarte, y al hacerlo, como una de tus funciones estereotípicas de mujer, debes quedarte en el hogar, porque eso es “lo que te corresponde”. La mujer es de la casa, de la vida privada y el hombre, es quien provee, el de la vida pública. O eso dictan los estereotipos. Estar en esa posición, pudiera llegar a representar el aniquilamiento del ser, en el sentido de que esa mujer pierde la posibilidad de ser lo que quiso ser (siguiendo la insignia de Barbie), porque ahora tiene que dedicar su existencia a esa labor y olvidarse de algunos sueños a los que ya no podrá dedicar más tiempo. ¿Qué pedirías tú a cambio de aniquilarte?

He hecho esta pregunta a algunas personas y la respuesta más común suele ser “no sé”. La que más me ha llamado la atención es “¡Nada! ¡Es que eso no podría entregarse y mucho menos negociarse!”. Lo cierto es que sí se otorga y sí tiene un precio, que de acuerdo a Beauvoir, es la entrega total del alma del otro, es decir, se espera que al dejar de ser por ti, tú seas absolutamente mío. En otras palabras, casarse puede implicar un contrato en el que la mujer acepta renunciar a sus sueños e ideales, siempre y cuando, el hombre sea de tiempo completo para ella. Esta reflexión de unos renglones forma parte de la obra del Segundo Sexo, pero tal vez, algo que la representa con sencillez, es la canción de Barbie cuando ésta canta:

“You can touch

You can play

If you say, «I’m always yours»

Barbie le dice a Ken: puedes tocarme, puedes jugar, si tu me dices “soy solo tuyo”. Acaso, ¿esto no representa el pensamiento de Beauvoir? No sé si el grupo Aqua que creó esta canción alguna vez leyó el Segundo Sexo o si simplemente, desde la cultura popular; desde su música, desde lo que se observa en sociedad, advirtió que esto es una situación que ocurre. Algunas mujeres se aniquilan a cambio de creer que se posee al otro, ello sin considerar que el resto de la letra es profundamente machista.

La canción fue un éxito rotundo, y tuvo muchas críticas positivas como negativas. Para efectos de este tema, destaca la opinión de Larry Flick, que según algunas notas de Internet, mencionó que la canción contiene “muchas de las cosas retorcidas que la gente hace en secreto con la muñeca». Pareciera que estas cosas retorcidas, lamentablemente, son verdades en las vidas de algunas mujeres, pero en un secreto que ya no lo es tanto, que se reproduce en el seno de varias parejas, y que incluso, ya fue advertido en la cultura popular, en una canción como la de Aqua. 

Esperemos pronto la cultura popular y grandes filósofas vayan identificando otras historias más amables en las que las parejas puedan vivir en entornos de respeto, igualdad y compromiso. Ojalá suenen nuevas canciones, otras voces, otras alternativas para nosotras.

Natalia Mendoza Servín es abogada y maestra en transparencia por la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a temas relacionados con transparencia, acceso a la información y privacidad, pero desde el año 2020 ha decido decirle al mundo que ama la causa de las mujeres, así que también es especialista en Estudios de Género por la Universidad Pedagógica Nacional, y ha combinado lo que le apasiona con el feminismo desde entonces. Le gusta hacer análisis jurídico y feminista de las expresiones artísticas, y lo comparte, porque nunca se sabe cuándo esas reflexiones pueden ser útiles para alguien.

Caleidoscopio de palabras | Quisiera volar

Por Mónica Benítez

Quisiera volar

abrir mis alas por los cielos

sobre rosas amarillas,

y entre la espesura de hojas muertas

sembrarme en la tierra

para dormir en las raíces,

y renacer en la mañana siguiente como oruga

encerrarme en un capullo y meditar un largo tiempo

hasta encontrar la respuesta.

Sufrir, sentir, rendirme, intentar una vez más

hasta salir, abrir mis alas y despegar como cometa.

Mónica Benítez

Mónica Paulina Benítez Castro (Puebla, Pue. 1998), escribe poesía y narrativa, pinta en sus tiempos libres y actualmente estudia la licenciatura en Lingüística y Literatura Hispánica en la BUAP.

Desplazarse con algo de poética | Notas sobre un extraño mar

Por Monica Tadeo

De tantos días y años mirando un paisaje azul,
veraniego de un sentir salado,
resulta a veces imposible no tocarlo con la piel
(de vez en cuando)
Resulta sentirlo extraño,
en esos días nublados,
con un viento inesperado,
esperando que se lleve todo
y deje solo lo necesario
¿Pero necesario para quién?
para ti
para mi
(o ambos)
Con cierto temor hay que evitar ver el oleaje,
ya que si miras demasiado,
te puede conducir a un lejano horizonte.
Y de tantos días extrañandolo,
es necesario regresar,
para sentir profundo de nuevo.

Monica Tadeo

Artista Visual procedente del sureste del país, cuando no observó a través de la cámara, lo
plasmó en palabras y en ocasiones estas se combinan. Con un interés por enunciar el sentir, cuestionarnos y replantearnos la vida en sí misma.

Letras desarraigadas | El origen

Por Kiixy Miriam

Mimi llegó,

entre neblina y cerros.

No quería dejar su primer hogar,

se aferraba a quedarse un ratito más.

Las palabras de la abuela la animaron a salir,

a conocer ese nuevo mundo.

Así mimi llegó envuelta,

y la abuelita la recibió

con amor y plegarias en ayuuk,

entre caricias y buenos augurios.

[…]

Su ombligo se lo llevó el río,

ahí lo dejó la abuela,

para que no olvide su raíz

y siempre regrese a su origen.

Su pu´utskj (ombligo) viajó y viajó,

desde el arroyo hasta el río grande

se fue impregnando de vida y naturaleza.

[…]

Eso explica el llamado que sientes,

de regresar a esas tierras y de re-encontrarte con la naturaleza que habita en ti.

Kiixy Miriam

Mujer migrante ayuuk. Nació entre los cerros de San Juan Metaltepec, mixe, Oaxaca. Desde pequeña la separaron de su hogar y creció en la periferia de la ciudad de México. Ahí disfrutaba explorar y recorrer los vestigios de naturaleza. Eso la llevo a estudiar biología y a centrarse en la relación mujer- naturaleza. Su ombligo la regresó a su origen a estudiar las plantas y todo ese conocimiento generado por sus ancestras. A través de la escritura recrea sus vivencias y reflexiona sobre la migración y su identidad al encontrarse en el limbo entre el campo y la ciudad.

«El día a día» | Amar sin amar

Por Madelaine Bo

Madelaine Bo

De profesión optometrista, soy de carácter fuerte y muy servicial, un poco loca y soñadora. Amante de los museos y exposiciones. Escritora amateur de pequeños poemas o pensamientos del día a día con lo cual quedan plasmadas las vivencias. Tengo mi propio club de lectura “Las historias Fugaces” dirigido a niños y adolescentes, también pertenezco a otro club “Nuestra tienda roja- Circulo de lectura para mujeres»