Derechos y Colores| SheHulk y las apps de citas

Por Natalia Mendoza Servín

Imagen recuperada de https://www.fotogramas.es/series-tv-noticias/a41071468/she-hulk-eternals-celestiales-referencia/

Derechos y Colores| SheHulk en las apps de citas

Por Natalia Mendoza Servín

Alguna vez una gran amiga dijo que nuestras historias personales a nadie le importan; lo que importa es lograr sacar de dicha historia el común denominador de aquello que nos pasa, vivimos y sentimos por el simple hecho de ser seres humanos, y me parece que tiene algo de razón. La cultura popular, las y los grandes escritores ponen énfasis en aquello que nos hace conectar con nuestra humanidad, incluso sin importar a veces, los periodos generacionales. Somos y seremos en esencia.

A título de celebración y reflexión en el mes del amor y la amistad (al menos en México), me parece importante hablar de uno de los capítulos de la serie de SheHulk, una abogada experta en materia de derecho y súper humanos. Antes de hablar de la trama, es importante decir que Jennifer o SheHulk es una mujer con dos identidades físicas, una humana y otra de súper humana. En las dos es inteligente, talentosa, apasionada, graciosa y fuerte… y muy hermosa en ambas facetas, aunque sean abismalmente distintas. Lo que sí debe mencionarse es que sin duda, cuando se convierte en heroína, su cuerpo es hipersexualizado, como en muchos otros temas en el que el capitalismo únicamente ve la posibilidad de mostrarnos así a las mujeres.

Bien, pues Jennifer, en su versión de heroína o de SheHulk, decide abrir una cuenta en una aplicación de citas, donde conoce a un chico con el que la pasa increíble en diversos planos de una relación amorosa, sin embargo, cuando él descubre que también existe una versión de ella misma con otro cuerpo, decide que no es ella la persona con la que quiere estar.

Más adelante y por azares del destino, SheHulk es acusada por el uso de una marca registrada relacionada con su versión súper humana, pero que, sin duda, ella ostentó desde siempre, pero le ganaron el registro. Para su defensa, su abogada consideró llamar a este hombre para que testificara que, desde antes del registro de la marca, ella se ostentó como SheHulk

El tipo dio la información que la abogada necesitaba, pero reiteró que a él le gustaba SheHulk y no Jennifer. SheHulk salió del Tribunal ganando su juicio, sin embargo, una felicidad tan grande como como ganar un asunto legal, se vio opacada por el comentario del hombre con el que había salido. Ella le comentó a su abogada, palabras más, palabras menos: ganamos el juicio, aunque sin duda, tendré que ir a terapia.

A lo que su abogada contestó: hay mejores hombres que ese y te los mereces. Ahora resulta que un tipo que solo cuenta con acceso a Internet y que ha encontrado por mera fortuna a una mujer que incluso tiene súper poderes, cree que podrá encontrar a alguien mejor que tú.

Sin duda, todo mundo tiene derecho a elegir qué quiere y qué no en una relación de pareja, pero la cultura popular trata de visibilizar el problema desde un común denominador: es frecuente que en las apps de citas haya hombres sin ganas de un compromiso y que llegan a actitudes como la que muestra la serie, pero no nos centraremos en eso, sino en el sentimiento que desarrollan grandes mujeres al sentirse rechazadas y no elegidas.

Como también se ha reflejado en algunas otras expresiones de la cultura popular, es difícil ser mujer, porque se espera una perfección casi imposible de cumplir. Entonces, nos topamos con una chica que lo tiene todo en exageración, hasta súper poderes. En resumen, es maravillosa. Pero ella no lo sabe, se siente insuficiente. No basta ser SheHulk porque no fue elegida. ¿Nos suena familiar? El hombre de la serie, aunque con sus muchas posibles virtudes, no está para nada cerca de todo lo que Jennifer es y ha logrado tanto en su versión humana como de heroína. ¿Por qué debería sentirse así? Parece ser que por el contrario, ella podría optar por un hombre grande como ella, pero cree que no basta con ser todo lo que ella es, y que dicho sea de paso, no es poco.

SheHulk es una serie interesante porque además de la trama de héroes de Marvel, conecta con esa parte humana de una mujer excepcional, con talento y futuro prometedor a raudales, pero llena de inseguridades. ¿Cuántas SheHulks no hemos conocido en nuestras vidas? ¿Cuántas mujeres grandes se habrán quedado con opciones pequeñas por no sentirse merecedoras?

Este 14 de febrero, les deseo a todas las SheHulks del mundo mucho amor propio, reconocerse como personas merecedoras de todo lo bueno, sentirse orgullosas de ellas y de lo que son, pero sobre todo, deseo que se miren al espejo, reconozcan su grandeza y se sepan completas. El amor comienza adentro.

¡Feliz mes del amor y la amistad!

Contacto en X: @NataliaMese

Natalia Mendoza Servín es abogada y maestra en transparencia por la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a temas relacionados con transparencia, acceso a la información y privacidad, pero desde el año 2020 ha decido decirle al mundo que ama la causa de las mujeres, así que también es especialista en Estudios de Género por la Universidad Pedagógica Nacional, y ha combinado lo que le apasiona con el feminismo desde entonces. Le gusta hacer análisis jurídico y feminista de las expresiones artísticas, y lo comparte, porque nunca se sabe cuándo esas reflexiones pueden ser útiles para alguien.

Doritos y Coca | Sin título 2024

La sangre dice el futuro y a mí se me caerá la cabeza.

Mónica Ojeda

Por Silvia Santaolalla


¿No es el duelo una emoción invisible? Yo quisiera ahora quitarme los zapatos y salir a la calle descalza. Ser niña de nuevo y comerme la masa con la que cocinabas. Ser adolescente de nuevo y que me trenzaras el cabello. ¿No es el duelo una locura personal? Poética, caótica, primitiva.

En 1991, Félix González Torres llenó Nueva York con la imagen de una cama vacía. La cama que compartió ocho años con su pareja Ross Laycock. El duelo es esa emoción invisible que permite que mientras el cubano conmemoraba la muerte de su amor, la gente paseaba indiferente a la imagen de una cama vacía. ¿No es eso el duelo? Que mientras yo escribo esto en las escaleras de la casa en la que crecí, la vida sigue para todos los que son ajenos a lo que te pasó. Los problemas cotidianos siguen, los misiles estallan en otras partes del mundo, la gente llega cansada a sus casas, los mensajes se me acumulan, los memes llenan las redes. El duelo es esa niebla que solo es visible para los que perdemos a alguien. Mientras nosotros lloramos y nos abrazamos pensando en ti, allá afuera la vida es indiferente a la muerte.

Al duelo se le gana con algo pequeño a la vez. Levantarse de la cama, comer algo, lavarse los dientes. Pero yo tengo ganas de gestos grandes, como abrirme la piel. O arrancarme el cabello. Hundirme las uñas en la carne. El duelo es una emoción invisible pero también egoísta. Porque yo quisiera que tú estuvieras aquí y nada me doliera. O en su defecto, que a todos les doliera el alma como a mí. Una locura, porque yo he reído cuando otros sufren. Y porque tú en vida decías hija pon música, hija cuéntame un chiste, hija te voy a contar una historia.

Hace un par de meses que no podía escribir. Yo sabía que era la ansiedad de que tú morías y yo llenaba páginas enteras de palabras sin sentido. También supe que no iba a poder hilar una sola frase hasta que todo terminara. Jamás te había escrito algo en la vida, nunca supe atravesar tus ojos verdes a veces traviesos, a veces tristísimos. Al final tu cara ya no era la de la mujer de mi infancia que nos preparaba café bien caliente y bien cargado para que remojáramos galletas dulces.

El duelo es eso que pasa cuando tú ya no estás pero yo sí. Y solo me quedo deseando que veas a Héctor, que veas a mi abuelo, que un día seamos hogar otra vez.

Silvia Santaolalla, habladora, malcriada y rebelde. Escritora y artista visual. La primera de las dos ñañas siamesas. Su trabajo aborda temas como: el género, la sexualidad y el cuerpo. Ha sido publicada en las revistas: Marabunta (2018), Gata que ladra (2019), Punto de Partida UNAM (2022, 2023), Página Salmón (2022), Especulativas (2022).

Los relojes de la casa por Jeanne Karen en La máquina verde

Hay días en los que no se antoja nada, ni escribir, ni dormir, ni levantarse, días en los que todo parece eterno, pero eterno estático, hasta las ráfagas de viento son repeticiones de otras ráfagas, de otros años, de otro tiempo. Mañanas en las que sale el sol para anunciar un triste comienzo, el terrible inicio del primer acto, el cero, la simpleza del todo.

Y sus tardes, tardes en que ni el polvo de las calles se levanta, tardes en las que los gatos no mueven sus tupidas pestañas ni abren los ojos como la metáfora de una espesa oscuridad que viene de cada rincón, de cada entraña. Tardes en las que el hambre no aprieta, ni aparece, que ni siquiera le importa ya, si tenemos o no tenemos alimento; hambre que es como el miedo, se mueve, comienza haciendo un hueco en el estómago y no es derrotado, sube por todo el cuerpo, es el viaje de la sangre o el instante en que cae un párpado. Tardes para no hacer nada, más que sostener un teléfono celular en la mano, un libro o una taza de té. Tardes para recordar y caminar sobre nuestros pasos, rumiar la rabia. Tardes para caer sobre el sofá de la sala mientras se acerca el último vendaval. Tardes que no se detienen, los relojes que no paran, la mayor tristeza de Auden. Tardes como el eco de los chorros de agua, la no presencia de algo. Un sonido, un frío que recorre la piel mientras el sol está tieso sobre un cielo deslucido; el sol, casi imperceptible con su traje de color plata entre nubes grises y negras. Tardes en que nada cae, tardes ausentes del ocaso en tonos dorados, tardes para quedarnos como las moscas, pegados a un vidrio de la ventana y la luz que no se va.

Y las noches, ruido que revienta en la sien, venas delgadas que se alteran, ojos que quieren con una mirada, descifrar todo lo que se rompe. Noches de gloria, noches para no dormir, para iniciar un viaje o noches para la poesía. Las de la premonición, las noches de la locura. Noches para morir de sed y que la boca seca nos levante de donde estamos para contemplar la larga y oscura cabellera del firmamento, porque ni una estrella se ha atrevido a asomarse, por temor, por venganza, no lo sé. Noches en las que cada pequeño ruido es una emboscada, un enemigo que viene a sorprendernos.

Las horas simplemente no terminan, planas en el final de los tiempos, desierto que nunca se cierra. Por último, el tiempo se revela como él mismo o como ella misma; quizá sea ella, con una carcajada, ella con el destino en la palma de su mano, ella con sus piernas para el baile en la pista del infierno, ella como la relojera perfecta de mil ojos y sus hijas que no se mueven. Horas como la ansiedad de un grito pero sin escándalo. Horas vacías.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además uno libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

El ojo de Lya | Sangre de matón

Hoy, 31 de enero, se cumplen 2 años que mi abuela partió del plano terrenal. Ella compartía sus recuerdos y vivencia, el siguiente cuento fue inspirado en uno de ellos.

—¡Bernarda! ¿Qué estás haciendo? Ya te dije que te vayas.

—Pero no tengo a dónde.

—Yo qué sé. Vete antes de que el papá de ese chamaco regrese. —Mi mamá señaló a Argelio, que dormía sin saber que nuestra suerte era más oscura que el tizne del comal—. ¿Crees que yo estoy bien? Mataron a mi hijo y a mi marido. 

—Ya le dije que no fue mi culpa —contesté—. No sabía lo que el “Chepo” hizo.

—Pues es tu culpa por casarte con un matón. Ese chamaco tiene sangre de matón. Mejor fuera que lo dejes tirado en el cerro, que sirva, aunque sea de comida a los coyotes. 

Por ahí nos encaminamos, en la vereda que llevaba al pueblo, con el morral donde metí mis cosas: dos tortillas tiesas, trapos para usar de pañal, ¿ropa? La que traíamos puesta, nada más. A medio camino pensé en ir a casa de mi madrina Cándida; ella, que con tanta emoción aceptó amadrinar nuestra boda.

Poco me duró la emoción de casarme con José Ponciano o “Chepo”, como le decían. Apenas dos noches antes los policías rompieron la puerta de tejamanil del jacal, buscándolo. Al no encontrarlo, nos llevaron a mi chamaco y a mí. Fue en la celda que me enteré que mi marido mató de un machetazo a mi papá y mi hermano. Lo peor es que ni al entierro me dejaron ir. Mis demás hermanos, igual que mi madre, dijeron que yo sabía dónde estaba el “Chepo” y me reprocharon por casarme con él. Hasta eso me negaron, el desahogo de llorar y despedirme de mi papá y mi hermano.

Cuando llegué a la casa de Cándida la vi en el patio, dormida en una silla de madera que crujía con cada respiro que daba. No tuvo hijos, pero sí muchos ahijados.

—¡Madrina! —grité y la sacudí para despertarla.

—¿Quién chingados…? —Me miró y se levantó. Ahí apretada entre sus brazos y su aliento a mezcal, me solté a llorar—. ¡Ay, Bernarda! Sí que la tienes difícil. Sin marido, sin padre. Con una familia en tu contra y encima con un escuincle de brazos.

Adentro extendió cerca del brasero un petate, ahí puse a dormir a Argelio. 

—Pobre chamaco. Mejor deberías dejarlo morir, ni un año ha cumplido y ya lleva en la sangre el estigma de la muerte.

—¿Usted también, madrina?

—Era solo un comentario, no te encabrites, chamaca. 

Me ofreció una taza de atole, yo preferí una copa de mezcal. Al poco rato me agarró el sueño. Ahí vi a mi papá y mi hermano, cuando era pequeña y los ayudaba a hornear el pan. Deseé quedarme en ese lugar donde aún estaban vivos y olvidarme de todo, hasta de mí. De repente, un susurró gritaba mi nombre, era una voz como sacudida por el viento y que, en cuanto se acercó, me arrastró con ella a la realidad.

—¡Bernarda! Ese chamaco y tú no han comido en varios días. ¿No tienes hambre?

—No, madrina. Ni hambre, ni ganas de vivir, ya ni miedo tengo de morirme.

—Bernarda, dale tiempo a la vida, el corazón decide cuándo volver a ser feliz. Pero no digas eso, porque si uno ya no tiene miedo a la muerte, ni el Santísimo puede ayudarnos.

Cándida salió al patio y trajo unos ramos de malacatillo, unas flores coloradas y de tallos largos. Me dijo que fuera al río, frotara mi cuerpo con ellas y luego las aventara al agua.

—Si no te cura el espíritu, de algo servirá. ¡Apúrale, Bernarda! Antes de que caiga la noche. 

Agarré a mi chamaco y me fui hacia el río. Hice lo que mi madrina me indicó y luego me senté en el suelo a ver cómo la corriente se llevaba las flores, mas no mi tristeza. Deseé que los años volvieran al día que ese mismo río me arrastró, ahí hubiera preferido morirme. Pero el llanto de mi Argelio me hizo volver el pensamiento. 

De lo distraída que andaba lo puse junto a un nido de hormigas, de su piel escurrían hilitos de sangre que salían de las grietas que picaron las arrieras. Eso no fue lo que me horrorizó, sino ver que su sangre no era roja, sino verde como el matorral.

—La sangre de matón —dijo mi madrina—. Ese chamaco nació con mala estrella.

—¡Ayúdeme, madrina! Usted sabe de curaciones. 

—No, Bernarda. No quiero problemas. —Su mirada perdió la calidez con la que me abrazó apenas unos días antes—. Te andan buscando los topiles. Tu hermana Justina asegura que estás escondiendo a tu marido y que, si él no va a la cárcel, tú sí. 

Lo único que le agradezco a mi madrina es que no me delatara. Ya no me interesa lo que Cándida, mi mamá o la gente del pueblo piense. Incluso si la muerte misma anda detrás de mis pasos, no me importa; que venga, voy a enrollar a mi chamaco en un rebozo y lo amarraré a mi espalda, aun así, podré ir más rápido que ella. 

La verdad es que tengo miedo, pero creo que eso es bueno; sentir el golpeteo del alma dentro del pecho. A lo mejor mañana o pasado mañana ya vuelvo a tener el anhelo de vivir.

Cuento publicado en la antología: Dualidad de Caos. Premio Literario Parajes 2020.

Letras que ab (sorben/sortan) | Una cena, una muerte

Maleni Cervantes

El otro día me puse a reflexionar un poco acerca de lo que escribo en mis columnas y, como era de esperarse, me di cuenta de que en ocasiones hablo desde el estrés y la frustración.

Por otro lado, también concluí que siempre que me doy a la tarea de escribir una nueva columna choco con una muralla que me imposibilita a comunicarme desde lo mundano y lo sencillo, o al menos, así lo percibo de una u otra manera.

Siempre me esfuerzo por traer una lectura con semejante peso que pueda impactar en ustedes desde el primer momento como una piedra lanzada por una resortera a un objetivo certero. Una lectura que pueda causar un antes y un después como lo han causado en mí.

Me gustaría hacer las mejores recomendaciones, o hacer miles de ellas, llevarlos por el camino de una lectura guiada que les parezca cuan lo menos placentera y emocionante. Algo que los motive a adentrarse en el mundo de las letras, como cuando un niño recién explora el sabor de un chocolate con sus papilas extasiadas queriendo más y un poco más.

Pero me pregunto, ¿cuántas veces realmente logro mi objetivo? A lo mejor por querer decir mucho termino por decir poco y de una manera tan insulsa que hace que todos los textos que les recomiendo carezcan de sentido y belleza. Aunado a eso, tal vez no todo el tiempo nos apetece una lectura larga y reflexiva, como las que acostumbro a tratar de desglosar ante sus ojos. Quizá es el momento de dar un giro y mirar a otros horizontes.

De esta manera, en busca de unos minutos de descanso luego de una tarde exhaustiva de trabajo, me encontré con un texto que cambió mi ánimo y que logró que saliera del dilema de «¿qué lectura habré de recomendar esta vez?».

Imagínense que por una vez en su vida se dan cuenta de la ironía que se esconde en una acción tan rutinaria como una cena con sus amigos.

Sus pensamientos se presentan sin filtros al igual que las impresiones de los que les rodean, al menos aquellas que tienen sobre ellos y sobre ese instante en específico.

Es como si de un de repente se dieran cuenta de que hay momentos en los que el egoísmo y el yo están por encima de cualquier otra situación de emergencia. Por lo que, concluyen que en una situación trágica conocen a los que les rodean.

Fingen para luego dejar de hacerlo, se lamentan cuando en el fondo saben que no quieren aparentar una tristeza falsa, ya que realmente sienten una paz y tranquilidad tan placenteras que prefieren poner un punto y aparte entre lo que los une con cierto grupo de personas que creían allegadas a ustedes.

Ahora, piensen que todo eso se une gracias a la muerte y a la comida, y finalizan por reflexionar en una cuestión, ¿qué delimita lo perfecto, lo hipócrita y lo íntimo? O en palabras más certeras: «¿qué tanto tengo de la persona en mis relaciones cercanas que en momentos difíciles reluce mi sombra?”**

Más, a esto agreguen que la lectura de esta ocasión es un cuento que no les lleva ni diez minutos por leer y lo pueden encontrar fácilmente dentro del material de lectura gratuito que tiene la UNAM de manera digital***.

Ana García Bergua es una escritora que todos deberían de conocer. Una mujer que tiene la habilidad de hacernos reflexionar y reír al mismo tiempo. Te lleva a cuestionar la ironía en actos tan comunes como en el caso de Andrés que no es más que el relato de un joven que está conviviendo con sus amigos y fallece durante la cena y cómo estos actúan de acuerdo al momento que se les presenta.

Sin duda alguna, esta escritora me maravilló con su sencillez para demostrar el verdadero rostro humano como si se tratase de un espejo que nos refleja con nuestros desperfectos más comunes.

Por último, solo me gustaría dejarles la invitación a leer este breve cuento y si les gusta (que casi les apuesto un refresco a que sí) a seguir leyendo e investigando a la autora, así como yo comencé a adentrarme dentro de sus cuentos. Es hora de cuestionarnos a partir de la acción más sutil que nos alberga.

**La teoría que habla de los conceptos de la sombra y la persona corresponde a Jung. Donde el menciona que la sombra es nuestro lado oscuro como personas, la parte que dominamos y escondemos para poder encajar en la sociedad. Mientras que la persona es la parte de nosotros con la que convivimos con los demás y, que, por lo tanto hace uso de las normas, reglamentos y estatutos sociales de lo correcto y no correcto. Si desean conocer un poquito más acerca de la teoría les recomiendo el libro de Teorías de la personalidad de la autora Susan C. Cloninger, o directamente leer los libros y textos de Jung.

***Si deseas consultar el material de lectura de la UNAM con respecto a Ana García Bergua, en el cuál se encuentra el cuento, recién descrito, «Andrés», te dejo el link: https://materialdelectura.unam.mx/cuento-contemporaneo/13-cuento-contemporaneo-cat/381-128-ana-garcia-bergua

Entre Caos Poético y textos perdidos | Tetzahupapalotl ꪑ


Por Elizabeth Vázquez Pérez


Es el décimo mes  ancestral de leyendas urbanas macabras, tetzahupapalotl  se apropia sobre un escenario resplandeciente. 

De  pronto una voz:

–¡Mala suerte, sáquenla de casa! 
«Tetz» huye como si se liberara de cargar el peso de una historia, deja su polen impregnado de  rupestre sensación, libre de ataduras.

Microcuento

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros, facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Cuenta con un Diplomado de ensayo literario avalado por la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado de Puebla con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo "Solo ellos pueden hacerlo" , relato " Dos por un cuarto de hora", 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista "El Cisne"(poesía)Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI Voluntad
.

Cuenta con un Diplomado de Mediación Lectora , Fomento a la lectura en FCE .(2023).Su Club de lectura llamado Lectores A marte, ida y regreso el cual pertenece a Clubes de lectura ciudadanos, FCE.

Puedes encontrarla en :

ESCRIBIR NOS LIBERA: ¿CREAS TU ESPACIO PARA ESCRIBIR?

Por Aimeé Miranda Montiel

Mi deseo de hoy: que nuestro arte encuentre su lugar, y que tú y yo asumamos nuestro lugar de creadorxs

Muchas veces pensamos que la escritura (y casi cualquier arte) llega por inspiración divina, y algo hay de eso, pero esa es otra historia; sin embargo, al arte hay que darle tiempo, hay que darle importancia, hay que darle espacio en nuestras vidas; no el que nos sobre, sino el que nos interese darle para que crezca, para que nazca, para que se expanda.

Y en ese punto quiero que seas honestx contigo, que de verdad te preguntes ¿cuándo me doy permiso de crear?, ¿qué intención le doy a mis creaciones?, ¿qué oportunidades traerá a mi vida crear?, hazte estas preguntas y otras más que vengan a ti, y respóndete con profunda verdad, no con realismo, sino con esa brújula interna que vive en ti, porque muy en el fondo sabes qué quieres de tu arte sea cual sea (y por favor no menosprecies tus creaciones, todo es relevante).

Para mí ha llegado ese punto de hablarme con la verdad y de decidir cuál es mi siguiente paso, qué quiero y por qué lo quiero, pues en múltiples ocasiones siento que voy creando sin ton ni son, me veo aventando creaciones difusas, inconclusas, una tras otra, y eso a veces me da la sensación de que estoy haciendo algo por mi arte, pero en realidad sólo voy dejando pedacitos de mí regados por todos lados, que al quedarse a medias me van dejando con un sentido de desánimo, de fracaso, de que no soy capaz de llevar a término mi deseo.

Por eso es que hoy te propongo tomarte enserio a ti y a tu arte, comienza a crear ese espacio para escribir, para pintar, para tejer, para cantar, para bailar, para aprender una nueva técnica que le contribuya a tus creaciones, CREA EL ESPACIO PARA CREAR, y no se trata de que pongas un spot tipo Pinterest, donde todo se vea perfecto, para que ahora sí te sientes a crear, si quieres hacerlo y está en tus posibilidades, hazte ese regalo; pero lo más importante, es que asignes un tiempo cada día o un espacio cada semana con el propósito de crear.

Al principio quizá pueda parecer desafiante ¿y ahora qué hago?, pero por más temor que sientas, llega a esa cita, no la sabotees, no la minimices, aparécete y si no tienes algo nuevo qué empezar, simplemente comienza a revisar tus trabajos anteriores, tal vez alguno necesite toques finales, o quizá sólo te sorprenda lo que eres capaz de crear, o con suerte eso te inspirará a crear algo nuevo en este tiempo; sin expectativa la primera vez, simplemente preséntate y crea.

Sé que conforme acudas a este espacio para crear, para escribir, todo irá encontrando su cauce, y sabrás qué creación requiere tu tiempo y atención para que se lo dediques a la próxima. No seas exigente, sólo sé constante y permítete sorprenderte con lo que pase en ese espacio.

Dale rienda suelta a tu creatividad, a tus dones y talentos, dale el espacio en tu vida a lo que de verdad prende tu alma. Y si lo tuyo es escribir, pues escribe, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.

Yo confío en ti, yo quiero ver tus creaciones existiendo y encontrando su lugar, yo sé que lo estás buscando y ya es momento: ELÍGELO.

Aquí te dejo un pedacito de unos versos que escribí hace unos días:

En el momento menos esperado,

con esa mirada me desnudaste,

y me sentí nacer de nuevo ante tus ojos…

Supe que todo lo que había inventado no tenía sentido,

que ante la intrepidez de tu existir, no podía fingir…

Gracias infinitas por leerme, puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia_eclecticaheal.

Y sigamos juntxs escribiendo, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.

Contemplar el mismo cielo por Jeanne Karen en La máquina verde

Crecí en el campo, todavía tengo en mi memoria los días de sol, las interminables tardes, el crepúsculo que era el mejor espectáculo del verano, el cielo despejado y las luces naranjas y rojas que se extendían con toda su fuerza sobre un lienzo azulísimo.

Cuando llegué a la ciudad mi horizonte cambió, el real y el metafórico, de pronto a la misma hora, subía a la azotea para contemplar el cuadro, pero todo era distinto, los edificios proyectaban largas sombras sobre las hileras de casas, las aceras estaban atestadas de gente, las calles con autos dirigiéndose hacia todas las direcciones posibles, aplastaban mi felicidad.

En mi existencia, se difuminaba lentamente la idea de la tierra apretada, los días extremadamente calurosos, las noches de lluvia interminable, el matiz de las cebollas.

Ahora con el paso de los años, anhelo volver a andar entre las frondas, mirar los parajes donde los pinos crecen a su máxima capacidad, gigantes y de un verde profundo, por las noches parecen mecerse con el viento de mi pueblo. El canto de los grillos renace, lo entiendo, ese idioma de lo oscuro.

Irse es difícil, porque partir es guardar en un lugar todo lo que se ama, los momentos, la gente, innumerables días y sus noches de fiesta, de dolor, de vida. Tomar una caja tras otra, vaciar en su interior las intenciones, los sueños, el deseo del descanso.

Encontrar de nuevo la paz donde antes la vi dibujarse en el agua quieta de una laguna, pero no sé si permanece en el lugar o si la tengo conmigo; la incertidumbre se apodera de mí, es mi madreselva.

 Lo desconocido es abrir los ojos, justo en medio del bosque, ir a tientas.

Tener la fuerza y decidir, quizá me tome otros treinta años o solamente estaré soñando, dando vueltas eternamente por la pérgola de la infancia, en mi bici roja y me quedaré con una tristeza vacía, una melancolía que no tiene nombre y que a nada se parece, algo que no puedo comparar, que no se ha podido advertir a la distancia o justo en mi rostro.

Dejar lo que conozco y estremecer al mundo desde otra parte, mirarlo por una nueva ventana, más alta, más luminosa.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además uno libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

En honor a tu ausencia

Versátil : La libertad de pensar


En honor a tu ausencia aún usó tus frases,

recuerdo tu risa y tus abrazos .

Se porque tienes esa cicatriz en el rostro ,

se cuál es tu color favorito y ese miedo que no compartes con nadie.

Cuando las reminiscencias vienen a mi no importa que hayan pasado meses,

Yo te siento parte de mi.

Aunque es doloroso saber que en algún lugar ahora estas con alguien contándole sobre tu día, haciendo tus clásicos chistes y viviendo sin pensar en mí.

La separación de una amistad con frecuencia es minimizada , pues en mi experiencia , puede resultar más dolorosa que una amorosa.

Solo espero que a pesar de la distancia que nos separa ,cumplas cada sueño que en noches de desvelo me contaste.

Sí algún día me vuelves a ver , solo pido que no finjamos ser desconocidos pues es tan grande mi apego a tu recuerdo que con tu abrazo me bastará.

Piezas de un alma simple

Escrito por: Alondra Grande

Enero

Enero es una hoja en blanco
Salpicada por los recuerdos del año anterior
Un barco a la deriva intentando
Mantener la calma entre la tormenta.

Un murmullo de propósitos
Que se diluyen mientra el reloj avanza
Mientras los días pasan
El entusiasmo se acaba.

Enero dura una enternidad de días grises
Donde florecen las jacarandas
Y nada parece ir como debería de marchar.

Una vez que comienza la rueda a girar
No se detendrá por nadie.
¿Será que en primavera broten nuevas esperanzas?
Cuando vuelva la vista en septiembre,
¿Habré perdido o habré ganado?
¿El invierno durará más de lo que pueda soportar?

Enero es la introducción de una serie que no puedes saltar
Donde el peso de lo efímero parece abarcarlo todo
Donde nada se mantiene estático,
Las cosas parecen ir encontrando su lugar.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 23 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.