Sólo conmigo


Por Quenimo

Sábado en la tarde, como últimamente lo hago, hoy me toca consentirme. Día de ir al baño de vapor; tradición ancestral, antes era el temazcal. Toda la semana preparo minuciosamente las cosas para disfrutarlo al máximo: hierbas, jabones, estropajos, mantas, champú, mascarillas, toallas y demás artículos. Son las 3 de la tarde, todo listo. Entro al vestidor, me desnudo lentamente. A mi nariz llega el sutil aroma de la combinación de hierbas en ebullición: menta, romero, té limón, lavanda, albahaca, que escogí para este día. Oigo el agua, el vapor; a lo lejos se oyen las estrofas de «Love Myself» de Hailee Steinfeld. Desde aquí empieza mi disfrute.

Me veo frente al espejo, ya el tiempo se ve reflejado en mi cuerpo; me gusta, me gusta mi imagen. Entro al cuarto de vapor. Me acuesto en la plancha de granito, descanso y a la vez mi cuerpo empieza a relajarse.

Ante todo, la limpieza es el motor de hacer este hermoso ritual. Empiezo en mi pie izquierdo, lo froto suavemente para retirar células muertas, sigo hacia arriba en la pantorrilla, a la pierna y llego a mis muslos. Del lado derecho es lo mismo.

Recorro mis manos, codos, brazos. Mi torso, mis senos, mi bajo vientre, mi espalda. Enjuago, repito la frotación, vuelvo a enjuagar. Es hora de aplicar la deliciosa mascarilla: miel y yogur. Nuevamente recorro todo mi cuerpo, todo mi ser. Siento todos los recovecos que existen en mí. Este es mi momento de acariciarme, de consentirme, de sentirme, de quererme, de amarme.

Derechos reservados a su autora

Deseo por ti


Por Madelaine Bernal


No me puedes pedir que no sienta algo por ti…

Ya que todo esto ha sido culpa tuya, te dejaste llevar y me complaces en todo lo que me gusta.

Cuando te volteo a ver y se encuentran nuestras miradas, comienzo a sentir una pasión desenfrenada que con nadie más me ha pasado. Y algunas veces cuando me besas, mi cabeza comienza a volar.

Solo está en espera para que podamos estar a solas…

Y en ese instante donde nadie más nos puede ver, comienzas metiendo tu mano por debajo de mi vestido; empiezo a enloquecer, cuando tus dedos comienzan acariciando mi sexo de poco a poco y al mismo tiempo que tu boca toca la mía para ahogarme con ese dulce néctar que emanas de tus labios dulces y carnosos.

 Tu boca que va por caminos intermitentes, de mi boca al cuello y de mi cuello a esos dos montes que se erizan entre cada mordida y evitan que salga mi corazón con tanto latir.

Nos quitamos la ropa rápidamente nos urge empezar a sentirnos cuerpo a cuerpo, piel con piel.

En ese momento que se encuentran nuestros cuerpos desnudos empiezan a desatar una pasión insostenible, tus manos que van recorriendo cada parte de todo mi cuerpo, cuerpo que es solo es tuyo y de nadie más. Solo tú lo enciendes, solo tú lo quemas.

Tu cuerpo, tan varonil, tan cálido, tu aroma que me enloquece al igual que tus gemidos que escucho al poner mi oído junto a tus labios.

 Mi cuerpo tan deseoso de ti entra en un trance; entonces mis manos recorren tu piel morena y ardiente. En ese instante que comienzo a pasar mi mano por tu falo al que deseo dentro de mí, no sin antes de ponerlo en mi boca y juguetearlo con mi lengua.

Él se pone más erguido, más venoso y quiere explotar al sentir ese cálido líquido que sale gota a gota de entre mis piernas.

Cuando siento tu cuerpo encima del mío. Con esos movimientos tan tiernos, pero a su vez tan fuertes que me hacen sentir al hombre que tengo encima de mí entre cada penetración, con ese placer de quiero más y mucho más.

Para así después mezclar de poco en poco nuestro sudor, nuestros gemidos llenos de placer, que me transportan a otro lugar, donde no existe nada más que nosotros en una entrega de pasión, deseo y placer.

Nos acicalamos, nos seguimos deseando, hasta llegar a esa explosión de tu miembro dentro de mí.

Hacemos diferentes posiciones y con cada una de ellas siento diferente placer, mi favorita es yo encima de ti, porque puedo controlar cada movimiento, lento, rápido, suave o fuerte, pero cualquiera de ellas me lleva a lo mismo, dejar mis sabanas mojadas.

Mi cuerpo pareciera apagado después de tanto sentir y tanto gemir. Pero no es así; el empieza a pedir más, cada vez más… Quiere volver a sentir esa sensación de explotar en una tibia cascada que deja sobre tu cuerpo cansado, sudado y satisfecho.

No solo llenas mi corazón, también lo haces con mi cuerpo y la razón.

Tú eres el culpable de todo esto. Yo no lo tenía premeditado e inconscientemente me deje llevar en ese vaivén de pasión desenfrenada.

Y lo confieso, ya no sé si es solo deseo, pasión o amor.

De lo que estoy segura, es que te necesito dentro de mi cuerpo y mi mente. Para perder la razón.

De profesión optometrista de carácter fuerte y servicial, muy loca y soñadora. Amante de los museos y diversas exposiciones. Escritora amateur de pequeños pensamientos y poemas inspirados en mi dia a dia con lo cual quedan plasmadas las vivencias.
Pertenezco a 3 diferentes Salas de lectura de diversos estados de la república; Ciudad de  México, Puebla, Mérida. Asistiendo de manera virtual.
Formando mi propia tertulia,  Sala de Lectura “Las Historias Fugaces” y soy columnista en la revista digital “La Coyol Revista Literaria”

Dónde todo cabe


Por Diana Didó

“Todo nos viene de los otros…Ser es pertenecer a alguien”

Jean Paul Sartre

Me honra como mujer mayor
sentir aquí y ahora atracción por tu persona,
poderosa, insistente, ¡inesperada!
Acudo a mi naturaleza femenina
sin edad, canas ni miedos.
¡Estoy dispuesta a saltar al vacío contigo!

Tus miradas dicen más que tus labios;
me gritan que no tienes lealtades con nadie.
Somos tú y yo.

Tenemos esa infinita paciencia;
paz y ciencia
Dónde todo cabe.

Amo, escribo y soy...
Sigo el camino tomada de tu mano.



@Vivianne Thirion la que cuenta
Llega al mundo en Durango, México, bajo el signo de Escorpión.La mayor de siete hermanos pasa una infancia feliz y juguetona, llena de cariño por parte de sus familiares. En esa ciudad norteña aprende sus primeras letras y respira la vida tranquila de provincia que nunca la abandonará.Su abuela Cuquita les contaba cuentos e historias de la Revolución mexicana a los hermanos y fue una gran influencia para que Vivianne con el tiempo, se dedicara a este arte comunicativo que viene de lejos e hiciera una amplia trayectoria nacional e internacional. Organiza también el festival de oralidad artística anual HABLAPALABRA-México que cumplió ya las 30 emisiones.Desde pequeña su padre la motivó a ser lectora de obras literarias; por lo que se dedica a la capacitación del fomento lector y coordina como voluntaria, la Sala de Lectura “El Juglar” para adultas mayores desde 1996 en CDMX. Ha recorrido varias veces el territorio nacional sembrando palabras con entusiasmo y cosechando lectores para México. Le gusta viajar dentro y fuera del país, leer todo el tiempo posible y tener aventuras virtuales vía el lenguaje. Disfruta comer helados de sabores exóticos. Tiene dos talentosos hijos músicos, con quienes combina en ocasiones los cuentos para grandes y chicos. Siempre quiso ser bailarina y acabó bailando rock and roll en sus años mozos. Ama profundamente la naturaleza y disfruta el arte en todas sus manifestaciones.

Avispero


Por Claudia Canseco


Llevé mi cuerpo a vivir al avispero, una ciudad remota donde la muerte bate las alas a través de ríos y montañas; inoculando veneno que hace agonizar a todo un pueblo. Ponzoña de violencia y destrucción. 

Escapé del sitio caótico y con brío. La ciudad del origen que grita, contamina, recibe; pero también desecha. El lugar del parto y del corazón que late. El sentido no se cura y enfermo anhela el lugar de la cuna.

Mi mente infinita revolotea, observa al cuerpo que sucumbe ante el ascenso de temperatura. Se esconde en grietas y hendiduras, intenta sobrevivir. Hibernar en sus montañas, el avispero anida ahí.

Mi cuerpo se encuentra en un estado larvario, necesita mudarse hasta los huesos. No es un visitante que agobia, sino quien traza en silencio el sentido de este lugar. Desea un cuerpo sin memoria y una mente que formar. 

Basta de esa vorágine del cuerpo que vive entre mudas, larvas y heridas. Buscan el cuerpo y la mente pertenecer. La caricia de las alas de quienes ligeros viajan y el arraigo de los que en celdas hexagonales anidan.

A casi dos años de vivir en Chilpancingo, Guerrero, escribo sobre el transitar del origen al destino. La palabra Chilpancingo es de origen Náhuatl y su significado es “Lugar de Avispas”.

Preocupada y ocupada por la educación en México soy profesora e investigadora. Además de tener intereses por el arte en manifestaciones como la pintura y la literatura pienso que escribir es «un acto revelador de la mente” y me pregunto ¿Cómo representar el conocimiento? Pinto, escribo, danzo y canto, el imaginario mental es el instrumento.

Desde el filo por Jeanne Karen en La máquina verde

En un mundo lleno de estímulos como en el que vivimos, realmente es difícil quedarnos sin temas, ya sea para escribir, para leer, para reflexionar o simplemente para ampliar nuestros conocimientos.

Estaba sumida en eso, en la tarea incesante de pensar, de sentir, de anotar; sin embargo alrededor se gestaba algo mucho más importante: el impacto de la naturaleza, por lo menos el que tiene en la zona geográfica donde está mi hogar. Al ser un lugar árido, casi desértico, es poco común por ejemplo una nevada, pero no es raro un clima extremoso.

En fin, casi llegaba a la página en blanco, cuando de la nada surgen unas increíbles ráfagas de viento y levantaron la sombra que protege mis plantas del sol del mediodía, ese que está más alto y que todo lo toca, todo lo seca.

Salí al pequeño patio de mi casa, quería saber exactamente qué estaba sucediendo, cuando me asomé por la barda y ahí estaba la palmera del jardín comunitario, envuelta en la sombra parecía una altísima mujer despeinada con un vestido de noche; me llegó el asombro, luego la preocupación, aunque en ese momento ya casi oscurecía, me imaginé el problema que sería al día siguiente, sin la protección que brinda esa sombra a mis plantas, que para ser justa debo decir que son una parte fundamental de mi vida: me dan tiempo a solas, frescura, aromas, belleza y tanta paz y tranquilidad.

Después de pensarlo, por fin pude darme a la tarea de resolver el asunto, comencé por subirme a una mesa y luego a una silla, para por fin alcanzar las escaleras que van a la azotea y poder trepar por la barda. Ya en el lugar, llegó la duda, siempre cruel y puntual, no sabía si finalmente tendría la fuerza para arrancar la malla del tronco, las espinas gruesas, cada vez las veía más filosas y terribles, esas hojas muertas eran como los hocicos abiertos de los caimanes.

Parada en el filo de la barda, una que apenas mide unos quince centímetros de ancho, a lo sumo, una nueva pasada de aire me sacudió de tal forma que ahí estaba yo, casi colgando de la sombra, con una fuerza que me sorprendió, y fue inevitable la sonrisa, esa sonrisa chueca que tengo cuando estoy naufragando. Dejé de ser para mí misma la imagen de una mujer o más bien de una mujer frágil, para convertirme en una especie de capitana, dirigiendo las velas, tomando amarras, soportando la violencia.

Cuando todo se calmó y pude poner los pies en tierra de nuevo, miré hacia arriba, preguntándome una y otra vez cómo hice en realidad para trepar así, para sostener una extensión tan grande de tela y doblegar la naturaleza solamente con mis manos.

Así pasa cuando escribo: tomo lo que hay, pero con todas mis fuerzas y con toda la voluntad, extiendo mi mente y domino las palabras, ¿ustedes cómo lo hacen?

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Piezas de un alma simple

Escrito por: Alondra Grande

Llora un poquito

Deja que tu cara se lave en lágrimas,
Que fluyan de tus ojos los ríos
Hasta que el alma se sienta ligera
Y tu corazón no guarde más frío.

Llora lo que tengas que llorar,
Quizá un poco hoy
Y mañana otro poquito.
Lo que sientes, está bien sentirlo.

Busca un poema que te abrace por las noches;
Arropada entre sus brazos,
Tal vez la vida no pese tanto.
Deja que las letras lloren contigo.

No existe el «para siempre»,
Ni en los cuentos de hadas
Ni en los dolores del alma.
Lo que hoy aqueja,
Tal vez mañana nos dé calma.

Después del llanto,
Cuanto tus ojos se hayan secado
Y tu cabeza deje de gritar,
Empieza de nuevo
Sin volver la vista atrás.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 24 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

PEQUEÑA

Por Madelaine BO

Algunas veces las cosas no son nada fáciles, la vida se encarga de tener a la perfección una parte de nuestra vida y la otra pequeña parte le pone obstáculos un poco o un mucho complicados de poder superar.

Pero yo siempre estoy aquí para ti, para cuando tú lo consideres prudente, lo sé… muchas veces parezco ausente encerrada en mi propio círculo. Pero no es así; te observo y veo lo que te pasa. No sabes lo mucho que te quiero, se que a menudo no lo digo pero agradezco todo lo que haces por mí, no te cambiaria por nada del mundo, eres una persona sana, inteligente, fantástica capaz de hacer cosas grandes por tí misma.

Nunca dudes de tus capacidades y se que vienen cosas extraordinarias para tí, todo llegará a su debido tiempo si así lo tiene deparado tú destino. Solo debes ser un poco más paciente y relajada.

No importando que muchas veces diferimos en nuestros pensamientos, se que estamos una para la otra, gracias por ser mi compinche, mi compañera, mi guarda secretos por ese apoyo que te tengo de tí.

Espero de corazón que sigas brillando con el Sol, esa forma tan tuya de humor amargo y dulce al mismo tiempo, quiero que el universo escuche todo lo que reclama tú corazón.

Se la persona más feliz de este mundo y nunca cambies, recuerda que yo voy tras de tí.

Para mi hermana la más chiquita y bonita… Paola.

Escribiendo sobre lo que nació para ser escrito | Ecos de Risas: Recuerdos de un ángel.

Por Dayane Ortiz.

En esos días donde levantarte de la cama parece la tarea más difícil de toda tu vida, donde el agua no te refresca y donde la piel te duele hasta por el roce del viento, le escribí:

Querida, sé que desde que lo tienes contigo, eres más feliz. Estoy segura de que su compañía te alegra hasta el respirar y que verlo lanzar cosas hacia ti mientras estás entretenida realizando alguna tarea te hace sentir viva. Lo sé porque, desde que el universo lo llevó contigo, mi alma extraña cada parte de eso; extraña sentirse tan viva. Desde que el universo lo puso en tu camino, te pienso a diario y en ninguno de esos pensamientos te entiendo. Discúlpame si te parezco una mujer caprichosa y tal vez una grosera desmedida, pero permíteme contarte una historia, una que tal vez me permita ser comprendida por ti, una que me permita ser leída por él, como siempre lo ha hecho.

Eran las 3:00 a.m. de qué día no sé y por qué motivo tampoco lo sé, cuando, mientras papá conducía al mismo destino de siempre a una velocidad indescriptible y mientras mis ojos se perdían entre las luces de los carros y el agua que escurría de ellos me inundaba las mejillas. Recordé aquella noche en Banderilla; ya era tarde, tan tarde que la luna ya salía, las nubes habían decidido cubrir el pueblo hasta el último rincón de su tierra, y hacía uno de esos fríos que acostumbran teñirte la nariz de rojo y congelarte las manos hasta ya no sentirlas más.

Y aunque tal vez lo que pareciera más notable de esta historia es que a la orilla de unas vías del tren se podían observar salir de entre las nubes unos faros blancos, bien penetrantes a los ojos de quien se les cruzara enfrente, no quiero hablarte de ellos. Quiero platicarte que lo que le da vida a mi historia son los sonidos; sonidos que quedaron impregnados en aquellas nubes, en mi memoria y hoy en mis letras. Ese sonido tan penetrante del que te hablo consistía en dos risas muy ruidosas; una tenía la ternura angelical de una niña de quince años al volante de una camioneta Chevrolet roja, tal vez más vieja que el mismo tiempo y más ruidosa que el mismo ruido. La otra era una risa fuerte, más grave, que se entrecortaba por la falta de aire debido a su intensidad. La niña con la cara más pálida de lo normal y los brazos más lánguidos que fideos llevaba una mano en la palanca y la otra en el volante; unas chanclas dejaban ver sus dedos y sus ojos estaban bien puestos enfrente. El hombre, sin transmitir ningún tipo de premura o estrés, recargaba un brazo en el cristal y el otro en el asiento que los dividía mientras repetía: “Si tú tienes miedo, me vas a pegar tu miedo; maneja como si toda tu vida lo hubieras hecho; maneja como si estuvieras escribiendo”. Ante aquel cumplido y después de esa muestra de confianza, ella sonrió ligeramente y, como por poder divino, la camioneta avanzó lentamente. Aquél hombre soltó un grito de alegría, uno que la asustó y la obligó a levantar el pie del clutch; la camioneta se apagó. Ante la mirada de vergüenza de ella y su clara falta de experiencia al volante, él decidió sonreír y hacer una broma; una broma que los hizo reír como locos, una broma que mezcló sus risas. Las carcajadas de aquellos seres no les permitían vivir algo más y el motor de la camioneta les pedía avanzar; avanzar tanto como si necesitaran vivir a prisa, como si tuvieran toda la vida para verse.

¿Has escuchado que las primeras veces no se olvidan? Pues esta es una mía: esta es mi primera vez al volante y resulta que esa niña lánguida y nerviosa era yo; ese hombre sereno y creyente en mí era mi tío, querida muerte.

Un recuerdo que me enterraste a cincuenta metros bajo tierra y uno que día con día quiero seguir desenterrando.

Hace poco alguien me preguntó por qué no escribía sobre ti, por qué no escribía sobre la muerte. Intenté por días escribirte pero mis letras eran vacías; sabía que no me habías de leer pues aquellas letras tan huecas que te estaba dedicando no transmitían nada. Pero hoy sé que no solo me lees; sé que también me sientes y sé que el ángel que tienes a tu lado te hará entender que el destino de mis letras siempre será ser leídas para quienes fueron escritas, así como siempre me lo dijo.

El reloj marcó las 11:50 p.m. y me habías arrebatado a mi compañero de aventuras, a mi cómplice de viajes y a un hombre valiente; uno que hasta el último día de su vida nos sacó una sonrisa. Y como buena escritora, déjame contarte un poquito sobre quién es aquel hombre que tienes hoy a tu lado; sé que a él le encantaría que yo te lo describiera.

David Vásquez Callejas nació un 10 de mayo de 1992 en Xalapa, Veracruz, o como él le decía: en la ciudad de las flores. Creció junto a sus dos padres y sus cuatro hermanos; una de ellas no era tanto su hermana sino su segunda mamá; así que corrijo: creció junto a sus tres padres. Fue padre de una maravillosa niña y un jefe de familia excelente. Toda su vida se dedicó a ayudar a la gente y a ser feliz; buscaba dar un poco de lo que tenía a cualquiera que lo rodeara sin excepción.

David era una luz para aquel que lo tuviera enfrente. David era un ángel bajado del cielo a la tierra. David era el mejor amigo que podías pedir. David era el mejor mecánico, vendedor, carpintero y plomero que pudieras conocer. David fue un gran hijo, un gran hermano, un gran padre, un gran esposo, un gran cuñado; fue una gran persona pero sobre todo: David eres el mejor tío que el universo me pudo poner enfrente.

Sé que el universo nos va a poner enfrente de nuevo y ahí voy a poder contarle lo que viví en su ausencia; sé que voy a poder volverme a recostar en su panza para escuchar música y hablarle sobre un texto que probablemente no voy a escribir pero sobre todo sé que voy a llevarlo a mi lado por el resto de mi vida. Por lo mientras disfruta de su compañía; disfruta de las risas que te va a sacar, de las cosas que te va a enseñar y de lo feliz que te hará. Que yo me quedo en la tierra para ir contando por sus rincones quién fue él y lo maravilloso que era.

A manera de favor y como última petición: hazlo acordar de su piolín; permítele acordarse de DAyis; permítele acordarse de mí.

Y es que al fin y al cabo siempre tendremos toda la vida para mirarnos.

En memoria de David Vásquez Callejas

10/Mayo/1992-20 /Marzo/2024

Dayane Ortiz

Hola, me da mucho gusto que mis letras hayan llegado a ti. Soy Dayane, pero, me gusta que me digan DAyis, tengo 20 años y soy una
estudiante de medicina, aficionada con la luna y amante de las letras, pero sobre todo soy una mujer valiente, fuerte y resiliente.
Gracias por leerme, mi querido lector.

Onanismo


Por Beatriz Moreno Toscano


Noche de calor intenso; su alma sensible, de piel expuesta y dispuesta a sentir, hace que, inevitablemente y con placer, sus manos recorran la piel suave que se eriza al paso y roce sobre dos estrellas de su universo, reaccionando agradecidas, contrayendo el vientre y liberando su mente.

El ritual inicia. Camina decidida a la liberación total que ha descubierto bajo el torrente de agua que danza sobre sus hombros y la relaja. Da paso a una posición invertida y permite caer en los montículos de su pecho la danza de agua clara.

El onanismo ha iniciado; la mente se abre a imágenes de hermosas cavernas rosadas, en las cuales ríos inesperados fluyen a través del vientre, llegando a las bifurcaciones de largos y tensos muslos, preparados para sostener una descarga de energía generada por los direccionados y constantes chorros de agua que hace caer sobre los genitales, que protege y regula con sus dedos.

Los ríos subterráneos se aceleran, van con fuerza saliendo de las cavernas rosadas y explosionan llegando al éxtasis con gritos de placer ante la fuerza de la emoción palpitante de su existencia, como olas que se estrellan en acantilados, como la caída de agua de elevadas cascadas. Con ese estruendo y fuerza se encuentra con su propia naturaleza.

Los torrentes se calman al igual que su ritmo cardiaco; sus piernas ya no son tan fuertes, el calor se ha ido, un cuerpo fresco yace en cama con expresión placentera. En el ambiente hay un olor corporal, un olor a sexo, una delicada fragancia de genitales, sin mezclas, solo sustancia. ¡Duerme sin calor y duerme sin ganas!

Acróstico


Por Mailet García


Entró por los sentidos: su cálido color, su febril textura, su sutil aroma.

Recorrió rápidamente el trayecto hasta endurecer los pezones.

Oscilante, recorrió la espalda larga y erizada.

Titubeó y se detuvo en el ombligo para estremecer el cuerpo que habitaba.

Inquietante hormigueo suavizó las piernas al tiempo que se preguntó:

¿Son tantas sensaciones posibles de contenerse en una sola piel?

Mágicamente sucede. En el recorrido de cabeza a pies, la boca solo alcanzó a decir:

¡Oooooh!