Cartografías del Instante| Pintar con Agua

Pintar con Agua

Por Anyela Botina

No crearás: no matarás[..]

Matarás: pero te dolerá para siempre

porque el asesinato sin culpa es sólo privilegio de los dioses.

Monica Ojeda

Dibujo tus zapatos y un rastro de huellas que conducen hacia ti; doy toquecitos de tinta y tu rostro se mancha. Este dibujo es un gesto, un intento de repasar las líneas; un intento desesperado.

Tú, frente al espejo, con el rostro manchado de tinta: un epitafio inútil. ¿Y el amor? el amor, también.

Con el pincel repaso, una y otra vez, la mancha de tinta. Busco tu rostro en la espesura, un indicio, una ultima palabra, un minuto de silencio. El papel se abre, es un abismo, una fisura por la que puedo ver nuestro pasado.

Se te va de las manos y no te das cuenta.

Podría seguir frente al espejo repasando con el pincel esta gran mancha de tinta que soy, contarme una historia, mientras acerco mi dedo índice a esa fisura y esculco algún rastro de vida. Pero, mis manos no pueden alcanzar el tiempo. Mis manos son dos espinas que arden perdidas en medio de la niebla.

El tiempo devoro tu rostro y yo he tomado tus huesos para incrustarlos en mí. Este dibujo es un gesto vacío, un adiós entre dientes. Tu cadáver se pudre en la tierra .

¿Y el amor? el amor es una fuerza que migra, que nace en todas las cosas, que muere en todas las cosas y solo eso.

***

Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. También, puedes escucharme en Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí👇

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Entre calles y páginas | Extrañar algo que no fue tuyo

Por Ángeles Serna

Recuerdo con nostalgia momentos que nunca viví. A veces, mis temas de conversación giran en torno a sucesos en los que no estuve presente, descripciones de personas a quienes no conocí y muestro fotografías que no tomé. No pensaba nombrar ese sentimiento como nostalgia, porque la definición más directa y sin tantas tonalidades  es “el recuerdo de una pérdida”. Eso significa que en el pasado algo fue mío y, ahora, en el presente ya no lo es más. 

Esos momentos de los que hablo; no fueron míos ni yo de ellos, porque el único contacto que tengo es por medio de fotografías que resguardan parte de la memoria de un lugar, un lugar que se transformó con el paso del tiempo. Hasta puedo decir que me parece más familiar esa calle que veo en las imágenes de los libros, que transitar por ella. Durante estos meses, he leído sobre la presencia del teatro en Nuevo León. Mi punto de partida es la inauguración del Teatro el Progreso, el 8 de septiembre de 1857. 

Fue aquí donde la puesta en escena comenzó a cambiar porque ya había un espacio físico en donde presentar las obras. Algunos historiadores y críticos mencionan que la sociedad neolonesa busca el espectáculo. Incluso, desde mucho antes de la consolidación del Estado. Luis Martín menciona en su libro El Teatro del Progreso, 1857-1896: Esplendor cultural en Monterrey, que este interés particular por la escena y el espectáculo se vio reflejado desde cuando Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila y parte de Texas todavía se les llamaba las Provincias Internas de Oriente.  

Estas puestas en escena, se presentaban en casas particulares y patios residenciales, abordando el tema sobre el nacimiento de Cristo. Sin embargo, con la construcción del Teatro el Progreso comienza una etapa de crecimiento cultural, debido a que las compañías teatrales les interesaba presentarse en él, como también detonó el nacimiento de más compañías y artistas a nivel local. 

Cuando se habla del teatro en Nuevo León es inevitable no abordar la manera en cómo terminaron, ya que varios teatros que fueron construidos a lo largo de los siglos XIX y XX sufrieron incendios. Son pocas las imágenes que he visto de estos sucesos, pero imagino el simbolismo que fue para las personas de esa época. Ver en ruinas un espacio donde la convivencia era distinta, ver acciones vivas y ser parte de ellas. Al menos así lo explica Rosalina Perales a través de los textos de Enrique Buenaventura, quien señala que “es el momento efímero en el cual se produce una relación entre actores y espectadores”.

Ese diálogo entre el espectador y la obra que muchas veces pasa por implícito, cuando de verdad es la convivencia humana, porque se escuchan los diferentes tonos de voces de actores y actrices, se aprecia el movimiento y se está atento a la historia que están contando. Bajo este panorama, a lo largo de mis lecturas encontré fotografías que enmarcan el recorrido de la actividad teatral en Nuevo León. 

Una de las imágenes que más llamó mi atención fue la del vestíbulo del Teatro Independencia. En ella se ve el techo alto adornado con molduras alrededor de los bordes y detalles con relieve en el centro. También tiene una serie de arcos que dividen el espacio y cada uno de ellos está decorado con las mismas molduras. Las puertas son de madera y –al menos lo que alcanzo a ver en la imagen– tienen vitrales incrustados. Imagino ese lugar lleno de personas esperando a entrar a sala, el sonido de los tacones de las mujeres, las pláticas entre los acompañantes, el sonido de la madera de las puertas, esa emoción que se tiene por escoger el asiento y que comience la obra. 

Vestíbulo del Teatro Independencia. Imagen obtenida de la Biblioteca de las Artes de Nuevo León Tomo II Artes Escénicas (2013).

Ir al teatro como espectador va mucho más allá de la observación. Es ser parte de una dinámica en la que participa un grupo de personas que busca adentrarse en una historia. Es una experiencia sensorial, donde se tratan de integrar los sentidos. Recorro mis recuerdos de las verdaderas visitas al teatro que he tenido a lo largo de los años y encuentro experiencias únicas, desde cuando mis papás me llevaban a ver las obras de temporada, hasta mis idas al teatro sola. 

Creo que el sentimiento que describo al inicio, lo encuentro en un vaivén entre el deseo y la nostalgia. El deseo de ir a presenciar una obra de Virginia Fábregas como La enemiga de Darío Nicodemi o Marianela de Benito Pérez Galdós. Y, la nostalgia de ver las fotografías, leer los textos y saber que esa parte de mi memoria está construida por imágenes y experiencias de otras personas. Un poco como menciona Walter Benjamin “La naturaleza que habla a la cámara es distinta a la que habla a los ojos”. 

Marianela de Benito Pérez Galdós presentada en el Teatro Independencia en 1941. Imagen obtenida de la Biblioteca de las Artes de Nuevo León Tomo II Artes Escénicas (2013).

Sé que esto lo podría decir de cualquier otro lugar, como que nadie en la actualidad alcanzó a visitar la Biblioteca de Alejandría o a leer algunos manuscritos mayas, pero creo que la presencia de varios teatros en un espacio como lo es Nuevo León, afecta y, al mismo tiempo, enmarca parte de las identidades que se construyen en este lugar. Dar una mirada al pasado y observar cómo se transforma la ciudad que habitamos.  

Revisar algunos registros de archivo y memoria del teatro, no solo guardan la actividad cultural del estado, sino también parte de las identidades de los ciudadanos. Tal vez sí tenga un poco de nostalgia por la historia del estado; tal vez con la Historia quiero explicar cosas del presente como las diferentes identidades, algunos temas de clase social o la misma división entre los municipios; o, tal vez solo es curiosidad.  

Al final, como en la mayoría de los aspectos que construyen a una comunidad, se debe de tener el archivo, como en este caso que he tomado las fotografías para alimentar ese vaivén entre el deseo y la nostalgia. El registro de la escena y el recuerdo de la misma es la traducción entre el lenguaje de las sociedades del pasado y del presente. Son realidades que dialogan entre ellas a través de la memoria del archivo. Tal vez, al recordar y resignificar estos lugares y momentos, podamos reconocernos desde las distintas identidades. 

Ángeles Stefanya Serna Moreno
Ángeles Stefanya Serna Moreno (Monterrey, Nuevo León) es egresada de la licenciatura en Letras Hispánicas de la UANL, en donde obtuvo el primer lugar de generación. Fue becaria en el Centro de Estudios Humanísticos (2020) y el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (2021-2022). También fue la primera residencia universitaria en el Centro de Escritores de Nuevo León (2022). Colaboró en sitio oficial de noticias de la UANL, Punto U, con notas periodísticas sobre Arte y Cultura. Además, ha sido ponente en diversos congresos a nivel nacional e internacional en las áreas de literatura, teatro y sociología.

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Una imperiosa necesidad por Jeanne Karen en La máquina verde

Los días pasan entre lo que debemos hacer y lo que necesitamos hacer. El deber pesa, la necesidad llama. La necesidad es el impulso, el deseo, las ganas de seguir explorando, por ejemplo, un gusto, una pasión, una vocación. El deber es lo que tienes que realizar cada día, independientemente de cómo te encuentras, si estás tranquila, si estás feliz o no.

El deber es levantarte de manera puntual, para hacer determinada actividad, de la cual no nada más dependes tú, sino varias personas, puede ser el trabajo, los cuidados, las labores. Es cierto que el deber siempre llama, pero la necesidad no, simplemente aparece.

Pienso en lo que necesito hacer, en lo que es más cercano, en esa actividad única que tiene su momento y que nadie más puede hacerla por mí: leer y escribir.

Puedo pasar tiempo sin explorar un tema, sin dirigir mi energía a un texto, pero una vez que comienzo, tengo que terminar. Al contrario de la lectura, que suelo dejarla en pausa, a veces hasta leo de forma desordenada un par de libros o quizá más, al momento de escribir, se conjuntan tanto mi atención como mis ganas, soy yo con el teclado o la libreta, según sea el caso.

Cuando escribo en la libreta lo hago por una razón: debo crear un texto de forma inmediata, no preciso de estar pensando demasiado, son ideas, palabras que ya están ahí, que parecían haber habitado siempre la hoja. En cambio, cuando escribo en la computadora, son páginas que necesitan ser revisadas una o más veces, debo leerlas, recorrer una a una las frases, las palabras, para estar segura de que he terminado.

Hay veces que una no necesita nada, la vida va, sucede, sigue, entre un deber y otro. Una lista interminable de tareas por realizar, ir de un sitio de la ciudad a otro, de un compromiso a otro. Por eso es que gozo cuando leo y cuando escribo, es una manera de caminar entre la bruma.

Cuando encuentro libros que me llevan a salir de mí, de mi rutina, de esa hoja implacable de deberes, lo agradezco. Me ha pasado, hace un par de semanas un amigo escritor me envió sus libros. Cuando llego por primera vez al trabajo de un creador, voy con cautela, no sé qué esperar, no pienso en nada, lo único que deseo es entrar en el gozo mismo de la lectura.

Sucede que hay libros que llegan como ráfagas de aire, como una sacudida. Cuando eso pasa, me gusta hacer reseñas, por eso tengo un espacio especial en internet, donde exploro el tema de las diferentes lecturas, creo que es importante para una escritora leer y además analizar lo que se lee, de esa forma se mantiene fresca nuestra actividad, no es lo mismo ir y venir sobre nuestros propios pasos, nuestros libros, que sobre la obra de los demás, siempre será mucho más interesante. Entre más variedad exista en los materiales de lectura, por lo menos para mí, el ejercicio como lectura será más satisfactorio y es algo que siempre entrara dentro de lo que necesito hacer. Entre más cosas leemos, seremos capaces de tener una diversidad de visiones sobre la vida y la literatura, ¿son lo mismo? Se dice que la realidad supera la ficción, pero en el caso de la poesía, ¿qué ocurre?, ¿cuánto hay del mundo real en un libro de poemas?

A veces solamente es mejor seguir leyendo: nos podemos topar con libros de poesía que en sus páginas recogen solamente destellos de una realidad plana, y otros que tienen líneas alteradas de la misma, codificadas, escritas en un lenguaje que pareciera ser a prueba de todas las miradas, de todos los lectores; en lo personal esos libros son mis favoritos, me gusta entrar, tratar de descifrar, maravillarme con su plasticidad, descubrir una nueva forma de escribir, de decir, de vivir. En otra entrega les estaré contando sobre esas poéticas a explorar, seguramente van a encontrar alguna que llame su atención, algo que los lleve a darse cuenta que hay otras formas de describir el mundo y espero que surja en ustedes la necesidad de abrir un libro, de compartir sus lecturas, de difundir la palabra escrita.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

El ojo de Lya | Mentiras europeas & una vibrante novela oaxaqueña

En la pasada edición Nº 44 de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca, tuve el gusto de ser parte del panel de presentación de la novela, y comparto los comentarios sobre esta obra que irrumpe el arte en Oaxaca:

TITULO: “Mentiras europeas y cinco cuadros robados”

AUTOR: Alonso Aguilar Orihuela

EDICIÓN: Primera, 2024

EDITOR: Omar Fabián Rivera

SELLO: FR Editor.

En la jerga literaria decimos «vertiginoso», «trepidante». En términos de nuestro lenguaje ordinario decimos «qué chingón está escrito este libro, porque desde que lo empecé no pude dejar de leerlo».

La trama arranca en una ambientada exposición de arte, que transcurre en el Museo de Artistas Contemporáneos de Oaxaca. Desde las primeras páginas, Alonso y su pluma narrativa nos engancha a los personajes y personajas que discurrirán en su obra. Sin embargo, antes de llegar a las página 30, el autor ya ha matado a uno de los personajes centrales: Leandro Helguera, el pintor, el artista, aquel por el qué se detona el conflicto. Leandro es el epítome de un artista Contemporáneo nacido en Oaxaca, que tocó los laureles de las musas en Europa y vuelve triunfante a la tierra que lo vio nacer.

Regresa con el ego desbordado en su pecho por las innumerables elogios a su trabajo, a pesar de su talento permanece aún escondido en los bolsillos de su refinada chaqueta, ahí junto a la bolsita de coca.  Por desgracia, la parafernalia poco le dura, ha muerto inesperadamente, «de un paro cardíaco fulminante» dicen los titulares en los medios impresos de la ciudad. La realidad es que alguien lo ha envenenado. Y corresponde a Joaquín, protagonista de la novela, el que a través de sus ojos nos guiará a descubrir quién y qué motivos tuvo.

Alonso escribe con maestría un camino de migajas creativas que las y los lectores seguimos con ansiedad porque junto con Joaquín deseamos encarar al culpable. Me descubrí a mí misma diciendo «este es el culpable» y páginas posteriores cambiar de perspectiva. Todos tienen motivos, de todos se sospecha y en eso concordaremos cuando ustedes lean la novela, pero no se confíen la magnífica trama arroja por la borda nuestras conjeturas. El mismo Alonso escribe y cito: «Ella tenía motivos, pero no creo que fuera su intención, aunque también se mata sin intención».

Considero que cuando una novela está bien escrita es como la vida misma. Transita por la colorida gama de emociones, experiencias y sensaciones humanas. Todo esto tiene cabida en las letras de «Mentiras europeas y cinco cuadros robados». 

Desde el anhelo a la posteridad, a ser inmortales a través del arte, aunque la propia vida se nos vaya. Hasta esa grotesca perversión inherente a toda sociedad, política se llama, por algo en el libro se encuentra esta frase: «los políticos y los artistas siempre hacen negocios raros». 

También la narrativa de Alonso hace espacio para el sublime placer del sexo, que se comparte en el baño de un museo, hasta una musicalizada orgía en un antro  undergroud de la central de abastos. Por supuesto que el libro no se prescinde del arte, la música, la armonía de la estética y mucho mezcal, que orgullosamente corre en las venas oaxaqueñas del autor y de la mayoría que estamos aquí.

«Mentiras europeas y cinco cuadros robados» es de los pocos libros que al terminar de leerlo me han dejado con las emociones desbordantes que de inmediato sentí la necesidad  de releer. Alonso logra que todos los elementos de la narrativa sean tan bien estructurados que no da pie a las y los lectores al aburrimiento o cuestionamiento. 

El universo de personajes y personajas son construidos en una complejidad humana que nos hace sentir cercanos a ellos y ellas. La ambientación es el Oaxaca que transitamos con ordinariedad. Las cantinas que combinan el olor a mezcal, orines y las miradas de los niños que suplican se les compre un dulce o un cigarro. 

A través de las páginas caminamos en las calles empedradas y glamurosas de un barrio gentrificado, pisamos la fruta podrida que parece alfombra en los laberintos de la central de abastos. Es decir esta ciudad que permanece en hastío ante nuestros ojos, pero que al encontrarla en las páginas de este libro nos acalora de emoción. 

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Sobre el Arco narrativo puedo decir que logra un equilibrio entre la tensión, adrenalina, nostalgia, lujuria y esos inesperados giros de tuercas. Al final no importa quién es el culpable y qué motivación tuvo, porque la novela nos brinda la satisfacción de un viaje a través del arte, del ego, la ambición, el dolor humano, la codicia y el desamor, enmarcado en la dualidad de la belleza de Oaxaca.

Ya para finalizar quiero comentar que ser artista en esta ciudad es difícil, ser artista rentable lo es aún más. La producción de libros que se escriben en, por, para y desde Oaxaca es cada vez más creciente, por tanto hay una variedad de voces, temas e ideologías que merecen ser leídas.

Pero los exhorto a aventurarse en las páginas de «Mentiras europeas y cinco cuadros robados», por lo motivos ya expuestos, más los que los nuevos lectores puedan encontrar; y además porque ser escritor o escritora en estos tiempos, no es por arrogancia, sino por rebeldía, como el mismo Alonso nos dice en sus palabras: “Oaxaca es pequeño e infernal, pero el mundillo del arte lo es aún más”.

El ojo de Lya | La Sustancia

Cuando era adolescente, me sorprendía mirando infomerciales en tele abierta, mis favoritos eran aquellos de los productos «milagro» para perder peso, en uno de esos comerciales dijeron una frase que nunca olvidaré: «dentro de ti vive una persona delgada», siempre anhelé que la persona delgada que vivía en mí, tomará el control para así ser feliz.  

En 2023 las pantallas de cine se invadieron con el despliegue del color rosa Barbie y el universo creado por y para mujeres. En este 2024 en la pantalla vuelve a desembocar el color rosa fushia con La Sustancia, un universo cinematográfico que presenta una sociedad ordinaria: hombres en altos mandos y mujeres que les circundan como objeto de consumo para ellos. ¿Es «La Sustancia» la película feminista que este 2024 critica al patriarcado, edadismo, hipersexualización, gordofobia y todos esos constructos que deseamos erradicar? 

Título original & dirección: The Substance; Coralie Fargeat.

País, año, idioma original: Reino Unido – Francia. 2024. Inglés

Duración: 141 minutos. 

Arco narrativo: Ambientada en un soleado Hollywood de la época actual, conocemos a Elisabeth Sparkle, que en su juventud tuvo éxito, reconocimiento y una estrella en el paseo de la fama, pero que hoy nadie la recuerda. Ella es una mujer madura y es la conductora de un programa matutino de ejercicios. La trama arranca con Elisabeth cumpliendo 50 años y siendo despedida. Lo que desemboca a un accidente vial que lleva a conocer a un enfermero que coloca una USB en su gabardina. Así conoce los beneficios de la Sustancia, un líquido que ofrece la posibilidad de crear, a partir del propio cuerpo, un cuerpo joven y revitalizado. De la misma protagonista vemos salir, literal, a Sue, que disfruta la vida con la energía y sensualidad que para Elisabeth ha quedado a la distancia de la edad.

Conflicto: A mi parecer el conflicto crucial es el hecho de envejecer, es decir, en la sociedad que plantea la película una mujer pierde valor conforme el paso natural del tiempo hace estragos en la firmeza de su piel. El otro conflicto es sobre la sustancia; sus beneficios implican una serie de reglas, bien explicadas y detalladas, si se incumplen. La principal es respetar el equilibrio: siete días vive Elisabeth, otros siete corresponden a Sue, pero es ella, que encandilada por todas la pleitesía que su juventud y belleza le otorgan que rompe este equilibrio, y las consecuencias recaen en el cuerpo de Elisabeth. 

Desenlace: En el tercer acto Elisabeth y Sue se enfrentan. La joven aniquila a la mujer mayor, pensando que así tomará control de una única existencia, pero en el proceso, su cuerpo lo resiente. Exasperada recurre a inyectarse la sustancia, la que promete una versión renovada, y sí emerge un nuevo cuerpo, pero no precisamente una Sue mas bonita y joven. 

Protagonista: Elisabeth Sparkle «interpretada por Demi Moore». Actriz veterana que al cumplir 50 años ve derrumbarse todo aquello que compone su existencia, su programa, su fama, su belleza. Es por medio de la sustancia que se le presenta la oportunidad de vivir una versión más joven.

Protagonista: Sue «interpretada por Margaret Qualley». Es el cuerpo joven y fuerte que emerge de la entrañas de Elisabeth. Y que sucumbe al encanto de la fama.

Personaje secundario: Harvey «interpretado por Dennis Quaid». Directivo de la cadena de televisión que desea renovar la imagen del programa. Despide a Elisabeth y así llega Sue que lo impacta y la lleva al punto más alto de la fama. 

Ambientación musical: Pump It Up. By Endor.

Reflexión: Quiero iniciar recalcando la asombrosa interpretación de Demi Moore, sin caer en la doble moral de señalar que a la edad de 61 años mantiene el ímpetu y belleza de su juventud. En el primer acto de la película son pocos los diálogos, las escenas, gesticulaciones, primeros planos de cámara son lo que sostienen la trama. El personaje de Harvey es el que tiene los close up más incómodos «por no decir grotescos» , el espectador puede ver de cerca el rostro sudoroso, migajas de comida en sus dientes y dedos, la morbosa mirada que no se despega del cuerpo femenino. En una analogía muy personal, Harvey representa el conjunto de estereotipos, violencias e ideologías que escudriñan y rigen la vida de las mujeres; en redes escuché hace poco la «Teoría del muro» que argumenta que las mujeres dejamos de ser atractivas luego de cumplir 30 años, e insta a los hombre a no casarse con una de esta edad o más; en la película los 50 años son el muro para la carrera de Elisabeth Sparkle. Luego aparece Sue, deslumbrando la pantalla en un destello de luz rosa fushia al pegajoso ritmo electrónico de su rutina de ejercicios. Ella es la hegemonía de lo bien visto en el showroom del escenario, Sue se vuelve adicta al sabor de la fama, los reflectores lo que termina pervirtiendo sus acciones. 

Ambas personajas son el centro de la mirada patriarcal, por un lado los acercamientos al cuerpo tonificado, los pliegues de piel firme para destacar el objeto de deseo en que se convierte la versión joven; en contraste, el cuerpo, el rostro que sucumbe a los estragos de la edad y los efectos emocionales en Elisabeth, para incomodar al espectador y empatizar con muchas mujeres. Impacta la escena frente al espejo en que ella vuelve una y otra vez para mejorar su apariencia, pero termina en un quiebre de humanidad femenina. Dicha secuencia ha sido recurrente en películas: primer plano del rostro de una mujer, una sonrisa rota, un rostro demacrado y el control irascible por evitar que las lágrimas broten, espero no se vuelva cliché.

«Las chicas bonitas siempre deben sonreír», dice el personaje de Harvey, como si no basáramos nuestra existencia en cumplir los mandatos patriarcales de cómo lucir y comportarnos. 

Recomendación: ¡Por supuesto! Aunque con la aclaración de que contiene imágenes muy explícitas. ¿Alguna vez han experimentado ese cosquilleo cuando ven una herida? En esta película tendrán esa sensación al límite. También recomiendo que no la vean a la hora de comer, de preferencia luego de haber llegado al tiempo del postre.

Nota al pie: El mismo desarrollo del guión no da pie a interrogantes por parte del espectador, simplemente seguimos la historia tomando como certero lo que nos explican. Sin embargo, a modo personal, me quedé con varias interrogantes: si la versión mejorada era una persona con conciencia independiente, ¿qué caso tenía la matriz de querer emplear la sustancia? La trama tiene lugar en un mundo moderno, donde hay uso de celulares, ¿nadie indaga sobre el origen familiar de Sue?, o ¿ésta no tenía agente que controlara su carrera? Pero son interrogantes que nada afectan la experiencia de la extravagante película The Substance.

La nada en la Máquina verde por Jeanne Karen

Me desperté pensando en una frase de Marco Aurelio, entre sueños, quizás algo parecido a un recuerdo de una lectura, a una página que alguna vez subrayé como tantos y tantos lectores por el mundo para después olvidar o casi olvidar; hasta que un día de la nada salta de nuevo a nuestras ya de por sí confundidas mentes como si fuera un luminoso letrero en la carretera de la vida.

Y allí estaban las palabras del gran Marco Aurelio, casi podía tocarlas de tan ciertas, de tan vivas: “Nada viene de la nada”, que para que llegue a comprenderlas falta todavía un largo camino.

Puedo pensar en mil cosas, en la materia, en la energía, en las metáforas, en la realidad, en las ideas, en el lenguaje, hasta en la poesía y aun así no encontraría una sola respuesta, una satisfactoria, y no encontraría una respuesta a algo que no plantea en realidad una pregunta o que no genera siquiera una duda, más bien pareciera afirmar, hacer evidente algo, pero, aquí sí hay una pregunta, ¿qué es ese algo, ese algo maravilloso que además parece venir inequívocamente de otro algo, porque si nada viene de la nada, en contraparte ese algo salió de otro algo, de alguna parte, de un lugar, de un cuerpo, de un ojo, de un huevo, de una explosión, de una boca, de un parpadeo, de un extraño acomodo de las cosas del universo, de las situaciones significantes y de las que no lo son, de las partículas que habitan lo diminuto o de esos cuerpos enormes que habitan lo inabarcable.

Si estoy en silencio, de mi nada particular puede surgir algo, pero enseguida pienso en que no puede ser, pues esa nada en realidad no puede moverse, no puede disfrazarse de un algo, de una puerta, de una ventana, de un conjuro que automáticamente genere el algo, esa cosa que no es posible.

¿Puede el lenguaje poético traer algo de la nada, hacerla desarrollar otra nada desde ella misma, desde su inmaterial designio? Y luego por capricho nombrar a lo nuevo: nada.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue ganadora en la Convocatoria al Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Blanco y negro por Clau clouds


Arribo puntual al final de actividades de la ciudad bajando del último camión proveniente del pueblo vecino, el segundo transporte que debía tomar ya terminó de prestar sus servicios. Aun así, a sabiendas de que no habría algún un chofer perdido en el tiempo me dirijo a la terminal y espero vanamente alrededor de trece minutos. Empiezo a caminar, trazo mi trayectoria, la recorro en mi mente y formulo atajos efectivos. 

Mi destino no es tan lejano e incluso de día siempre opto por caminar, pero ya ha caído la noche y la gente no abunda en las calles, pienso que aunque vaya rápido no puedo ignorar los posibles riesgos a los que estoy expuesta.

Comienzo adentrándome entre las callejuelas. Calculo los pasos y el tiempo que me tomará llegar allá a velocidad media y sin titubeos o distracciones. En mis audífonos suena “York” de Christian Löffler que me cautiva y me enfoca en la misión. Atravieso la zona ruidosa de los bares y ante mí se presenta el obstáculo más grande, un tramo solitario y latente de ocho cuadras.

Miro detalles de la calle, siento el frío de la noche y apresuró el paso. Me encuentro con un grupo de individuos que luchan por echar a andar una camioneta vieja. Siento sus miradas y no reparo de sus comentarios. Mi mente canaliza lo intimidada que me siento pero sigo avanzando. Al cabo de tres minutos me encuentro frente a una iglesia que hace margen al camino y saludo a mi sombra que gracias a la escasa iluminación de unas lámparas viejas, ya se ha hecho presente. Su presencia no es fácil de ignorar ya que somos las únicas por aquí a estas horas. Analizo mi postura reflejada en el concreto y me pregunto ¿Cuándo adopté ese caminar despreocupado? Un movimiento alternante de ambos brazos me entretienen y apaciguan. Mi sombra es mi guía, compañía y disfruta de mi plática. Jugueteamos, nos deformamos y vacilo con movimientos rápidos que imita perfectamente, no sin antes abrirme camino con esa inclinación adelantada que la caracteriza.
Ahora, esta decide llamar a otra sombra proveniente de la refracción de las distintas luces que me envuelven. Y ya somos tres. Esta escena vuelve más ameno mi trayecto, acompañada, valseando con más seguridad, olvidando la soledad de la que soy protagonista , teniendo el deseo de aunque sola, estar sin peligro.

Repentinamente una tercera sombra corre al otro lado de la acera. Me cuestiono si ya que nadie se encuentra aquí más que nosotras, siento una energía que me hace mover la cabeza de lado a lado, latente, asustada, llevándome a cubrir mi rostro con ambas manos y liberando mis ojos hacia el cielo.

Planto la mirada en la luna quien me coquetea y miro codiciosa sus destellos que inundan mi cabeza. Tal vez pensé en alguna sombra mía se dio la libertad de moverse sola por ahí buscando quebrantar mi mente en la lógica de las luces.

Llego a mi destino  y en el umbral de la puerta deseo que la locura de la noche no sea el espacio donde hagan caer a alguien y si esa locura lo hace, lo haga jugando y hablándole suavemente, no volviéndose sombra para siempre.

Autora: Claudia Itzel Muñoz

Poema en voz de: Vasthy Santoyo


Espejos vacíos 

Vengo de la tierra, lombriz de ojos atentos. 

En mi desnudo se encuentra tanta lluvia, 

Y dos mil años de musas mutiladas. 

He perdido, me busqué en otra parte; delirio. 

Serpentina de suelos, de dioses sonrientes

por los perros en agonía, hartos de espejos vacíos. 

Lombriz pequeña, sumida en el exilio

de un cielo avergonzado 

porque el paraíso prometido tenía grietas 

en todos los rincones. 

A rastras y a tientas tiembla el corazón 

cuando los esqueletos de nubes 

caen sin prisa, sin amor. 

Me quedo aterida, vengo de tierra fértil,

donde todo se rompe, 

el lodo salpica, las rocas no duermen, 

y las flores agonizan por la guerra de unas lágrimas con huecos de melancolía. 


Vasthy Santoyo (San Luis Potosí, 1982)

Psicóloga de profesión. Escritora. Logrando la integración de su primer libro de cuentos llamado Los perros no tienen piedad, publicado en el 2019 por la editorial Vocho Amarillo, En 2019 la revista digital Desierto, publicó su cuento La suerte es la muerte con una letra cambiada para su primera edición. 2023 fue parte de las autoras del libro 28 voces en el desierto. 

No siempre amé a los gatos


Melina Sánchez

No siempre amé a los gatos

un aprendizaje el sentirles parte mía,

extensión de mi cuerpo

y de mi alma,

la medida perfecta de mi libertad.

La hora exacta del regreso a casa

única atadura a mi albedrío

educación sentimental.

La maternidad,

el rescate del suicidio : «los michis»

el misterio de la vida

posibilidad de otro mundo.

Mis axolototl.

Mis hermanos.


Docente y comunicadora indígena. Militante de pueblos originarios desde cuando decir eso en Buenos Aires causaba risa entre los que oían. 

Hija de una familia migrante del litoral argentino. Nací, crecí y vivo en el conurbano bonaerense.  Profe de lengua y literatura en escuelas secundarias del Gran Buenos Aires. 

Leo y difundo literaturas indígenas. Escribo sobre todo cuando algo me causa indignación o tristeza, y también para dejar registro de nuestra mirada en la urbanidad y en el mundo actual. 

Letras Revueltas|Desde las regaderas

Por Illari Alderete

Era mi primer día, nadé lo más rápido que pude y aún así quedé en último lugar. Hace 15 años que no tenía tiempo ni dinero para ir a nadar. Siempre me pareció que nadar era un acto sumamente bello pero costoso, lo había visto en varias series y películas. La protagonista necesitaba pensar, estar a solas y en la siguiente escena aparecía en su piscina privada, de noche, con una copa de vino y lista para nadar. Se quitaba la bata y se lanzaba al agua, buceaba hasta el fondo, la cámara la enfocaba desde arriba y ella atravesaba la piscina sin que un solo pelo se le moviera. Al día siguiente, la personaja, de algún modo ya tenía la solución a sus problemas. Un ejemplo es la escena en Sailor Moon en la que Amy (Sailor Mercury) está preocupada porque todas piensan que su única habilidad es estudiar, incluso Serena que odia la escuela. Amy se descubre en el agua, gracias a Michiru, como un ser multifacético que aún no termina de conocerse. 

Organ Chutcha, Ami swimming sailor mercury. Pinterest.

Nadar para mí se ha convertido en un lugar para conectar con mi cuerpo. Una se zambulle y sólo escucha sus sonidos, que para mí suenan iguales a los de los ewoks, o al inicio de la canción Cannonball de The Breeders, suelto el aire y allí está, mientras percibo el burbujeo que explota en mi cara. Me pruebo a mí misma y me observo en comparación con mis compañeras de alberca, casi todas cercanas a mi edad o mayores. Me admira ver a tantas mujeres nadadoras, experimentando con su fuerza, teniendo la disciplina para continuar en días con frío, o cuando el entrenador nos deja nadar 750 metros sin descanso. Las observo y me siento impulsada a continuar aunque el agua se me haya metido en los pulmones. 

Al inicio se puede notar que mi asociación no estaba tan equivocada.

Al salir ocurre una especie de comunión, todas nos dirigimos a las duchas para bañarnos. Allí convergemos todas. En ocasiones somos muchas esperando a que se liberen las regaderas, pero algo pasa que no se convierte en una competencia por ganar, al contrario, es un espacio en el que me siento cuidada, de repente una mano sale de la ducha y me dice que me meta, me da indicaciones: «el agua fría sale si cierras la llave» o «cuidado, está resbaloso» u «hoy no hay agua fría», todas platicamos de nuestros problemas, de nuestros aprendizajes en la alberca pero allí, aunque estamos desnudas, no tenemos miedo. Todas nos ayudamos. ¿Pasaría lo mismo si los baños fueran mixtos?¿Existirá el momento en el que la desnudez no tenga implicaciones sexuales, ni signifique una puerta para dominar al otro u otra? ¿Tendremos baños neutros? ¿Podremos compartir las risas y los cuidados con los hombres? Por ahora, en nuestros baños no existe el chiste sobre el jabón.

Si me pongo a pensar en la solidaridad en el cine, me vienen a la mente cuatro películas, la primera se llama El baño de Zhang Yang. Recuerdo que iba en la licenciatura cuando la vi por primera vez, quizás ese sea el origen de este ensayo, es una comedia dramática, en la que se habla del progreso en oposición de las tradiciones; la regadera (individual) vs el baño en tina (comunitario). En la historia Daming, hijo del Sr.Liu, que es el dueño de los baños, es un extranjero en su propia comunidad, su padre y su hermano, Erming, le ayudan a integrarse de nuevo, incluso a volver a los placeres de una vida tranquila. En el baño surgen las relaciones interpersonales que unen a la comunidad. Al tratarse de un contexto no occidental, al menos en la película, no existe el temor de los hombres de verse desnudos, de tallarse la espalda, de compartir el baño, de cuidarse los unos a otros. La película pondera que tomar un baño es un privilegio que se ha perdido con la Modernidad y el Capitalismo. ¿Recuperaremos el placer del baño?

Si tienes tiempo de verla :3

Hace un año, mi pareja y yo viajamos a Costa Rica, fue un viaje valioso para mí porque fue mi primera salida del país, viajamos al Caribe para nadar, al inicio sentí mucha emoción pero con el tiempo empecé a sentir miedo porque en ese lugar éramos extraños; nos convertimos en «los mexicanos» con todas las cargas ideológicas que esa etiqueta tiene sobre personas morenas como nosotros. Hubo algunos malos entendidos, nosotros y nuestro afán de desconfiar de todo y de todos y los ticos con su forma tan directa de decir las cosas. En pocas palabras, no teníamos nada de qué temer. En algún momento, cuando empezaba a extrañar la amabilidad de los mexicanos, aparecieron las mujeres costarricenses, con su alegría y sus cuidados, a alegrarlo todo. En un viaje de regreso a San José en autobús, no alcanzamos lugares, sin embargo, una mujer, la esposa del chofer, tomó a su nieto, lo sentó en sus piernas y me cedió el lugar. Durante el trayecto de 4 horas, Celia me contó su vida, hacía bromas y se reía conmigo. Me compartió cajeta, empanadas de queso y me dejó dormir cuando me vio cansada. Agradecí su solidaridad conmigo, es algo que surge de manera espontánea entre las mujeres, al menos con las que yo me he encontrado. Así que en ese momento dejé de extrañar la amabilidad mexicana.

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Playa Cahuita/Punta Uva

La siguiente película es Martha de Marcelino Islas, que nos cuenta la historia de una mujer, Martha, que luego de 40 años como archivista es despedida de su trabajo, por eso decide quitarse la vida. La película se filmó en Tulyehualco y sus alrededores. En la historia, Martha tiene una rutina establecida, cuida de su vecina que es un poco mayor que ella y de una planta. Lo que cambia el rumbo de su vida es la aparición de Eva, quien la acompaña en su decisión de quitarse la vida. ¿También en esos momentos necesitamos de la solidaridad? Miriam Toews lo plantea en su novela Pequeñas desgracias sin importancia, es una obra íntima en la que cuenta sobre su hermana suicida, que al final le pide ayuda. Esta es la trama de la novela, ¿hasta dónde debe llegar la solidaridad? 

Martha

Otra película que no tiene mucho que vi se llama Caminos Cruzados de Levan Akin en la que se cuenta la historia de Lia que busca a Tekla, la hija trans de su hermana; para encontrarla recorre Estambul, durante la historia vemos a otros actores que se solidarizan con la causa de Lia, la mayoría de ellas son mujeres trans, quienes le dan señas, la invitan a comer y la sensibilizan ante los problemas que ellas viven en Turquía. 

Por último, me gustaría mencionar a una de mis heroínas que además de ser solidaria es fuerte, valiente y una líder, me refiero a Ripley quien por lo menos en Aliens y Alien: Resurrección hace alianzas con mujeres para salvar al mundo del monstruo de la guerra capitalista que representa Weyland-Yutani. Sigourney Weaver (Ripley) también es una buena nadadora, su esposo es de Hawaii y puede sumergirse bajo el agua durante seis minutos, me pregunto ¿si algún día podré estar bajo el agua durante tanto tiempo? ¿Si en el futuro galáctico las mujeres seguiremos nadando, bañándonos y ofreciendo calma al universo?

Illari Alderete

Amante de las letras, de los libros, de las series, de las tardes lluviosas que traen un dejo de nostalgia. Soy docente desde hace una década y me he descubierto alumna desde entonces. Me gusta soñar e imaginar otras posibilidades aunque a veces se conviertan en pesadillas. Recobré el camino de la escritura hace casi un año cuando las experiencias en forma de palabras comenzaron a desbordarse y, aquí estoy, aferrada a otra posibilidad.