Polilla en Versos | Microrrelatos de Media Noche I

Por Paola Rodríguez


Parálisis del Sueño
La noche pasada sentí que «se me subió el muerto», como mi madre siempre decía. Sin embargo, ella nunca mencionó que al despertar el cadáver seguiría estando sobre mí.

Exhumación

Nunca creí experimentar la desesperación de ser enterrada viva, pero cuando escuché a esos saqueadores de tumbas debatir lo que harían con mi cuerpo una vez que lo lograran desenterrar, solo pude desear que el oxígeno dentro del cajón se acabara antes de que ellos llegaran hasta mí.


Biografía del autor. Paola Lizbeth Rodríguez Gómez (Tepatitlán de Morelos, 1999) Egresada de la Licenciatura de Escritura Creativa de la Universidad de Guadalajara. Algunos de sus textos narrativos han sido publicados en la revista de literatura Al Margen, además de otras pequeñas colaboraciones en revistas independientes y fanzines. También disfruta de la poesía visual y el art-journal.

Dos por un cuarto de hora


Por Elizabeth Vázquez Pérez

Lizzie Vp


Caminaba de regreso a casa, hacía demasiado calor y en mi mente solo pensaba en hablar con él. El día anterior me había hecho una propuesta demasiado sugestiva y cautivadora para mi pensar, y para mi vagina mucho más. No había dejado de pensar en su intrusa proposición, tener un encuentro del tamaño de Las Vegas.

Dentro de mí había demasiado calor, ideas insinuantes, juego y locura sexual que sentía extremadamente en la humedad de mi clítoris, de mi panti, solo con pensarlo. Al llegar a casa, tuve un instante de lucidez y me di a la tarea de revisar mis mensajes: ¡Estaba ahí! Revisé de principio a fin, era imposible que fuera él, tan joven y guapo, pero me arriesgué. Decidí contestar y afirmar su proposición. Inmediatamente me dijo que me quitara la ropa. Preferí ir a la ducha cuanto antes y enjabonar mi cuerpo. Lo vi entrar y, besándome, llegó a tocar lo indefinido; sentí tanta hambre que ni lo sentí llegar. Accedí por igual, penetrarme se sentía tan bien que pedí más sin parar. Nos dirigimos a la recámara y entre risas nos abrazábamos, puesto que un curioso observaba por el jardín en ese gran ventanal. Eso no impidió que siguiéramos porque aumentó más la sensación por querer llegar al clímax en su totalidad. Él solo me pedía que aguantara más porque quería enseñarme nuevas sensaciones, creyéndose un máster, y lo fue. Me colocó en la silla de paja al lado del clóset, que lastimaba mis caderas en cada embestida; el sudor nos hacía resbalar. Nos olvidamos de todo, solo nos dimos a sorbos de tan sedientos que andábamos.

Terminamos ambos en un dos por cuarto de hora. Yo montaba y él sobre mi pecho tratando de no dejarse ir, eso recuerdo.

¡Qué placentero fue! Ambos descansamos acompañados de un «te amo» espontáneo.

En ese elixir de placer, tomé mis panti y las coloqué en su lugar. Era ya tarde. Nos despedimos con un «like» y un «¡MUAAAA!». ¿Qué puedo hacer ahora si confirmo lo que tanto me advirtió? Sin duda quiero más.

Derechos reservados a su autor.


Sobre la autora


Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros, facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Cuenta con un Diplomado de ensayo literario avalado por la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado de Puebla con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI Voluntad.
Cuenta con un Diplomado de Mediación Lectora, Fomento a la lectura en FCE .(2023).Su Club de lectura llamado Lectores A marte, ida y regreso el cual pertenece a Clubes de lectura ciudadanos, FCE. Es coordinadora y editora en redes sociales La Coyol Revista

Agua estancada o un instructivo para empezar a actuar en mi defensa


Por: Yaneli González


Tengo una lista en el bloc de notas titulada “URGENTE!!!”, son cosas burocráticas que tengo que hacer pronto; otras son más bien deseos, acciones que desde hace mucho pospongo y se reducen en autocuidado y crecimiento:
SAT, licencia de manejo, oculista, alergólogo, la visa, el inglés, ejercicio, cabello sano, piel sana, negocio propio, libro publicado, no anoto en la lista nada de salud mental aunque es más urgente que todo lo anterior. Son palabras adorno. Cosas que quiero hacer y que dejo pasar conforme los años.


Hay un término que usan constantemente en mi familia: “desidioso”, usado como adjetivo para una persona que tiene desidia (negligencia, falta de cuidado, según la RAE). Me gustaría hablar de mí con otro concepto, pero ya van 20 días de que empezó el año y mi lista de propósitos, que nuevamente escribí y puse en un lugar visible para ahora sí, por fin, hacerlo, sigue intacta.
Mi psicóloga diría que no me castigue, que todo proceso es lento y es válido tropezar, pero en mi interior hay agua estancada que necesita moverse para avanzar. ¿Avanzar a dónde? A un lugar donde me guste más quien soy. Donde me cumpla a mí misma y pueda ser más honesta con lo que pienso, hago y digo. Congruencia.

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50 sombras de morado | Reconciliarte con tu propio arte

Por Irene González.

He hablado más de una vez de la escritura como refugio. Un hogar, un encuentro con uno mismo. El arte como una manera de sanar. ¿Pero qué pasa cuando el encuentro con tu propia escritura, en lugar de sanar, desgarra?

La escritura puede ser un proceso terapéutico. No importa si nos consideramos escritores o no, si es profesión, hobby o una herramienta de desahogo personal e íntimo. Sin embargo, la escritura y el arte pueden de repente decidirse a sostenernos la mirada, a ladear la cabeza, escépticos, y a dirigirnos unas cuántas preguntas: ¿tú quién te crees que eres para estar haciendo esto? ¿te crees escritor… artista? Pffff…. Y así como así, el refugio toma la forma del miedo. El espacio seguro es secuestrado por las ansiedades, los miedos, las inseguridades. Resulta que la pluma también tiene doble filo.

Sí, se habla del síndrome del impostor, pero esto se siente como algo más. Como una puñalada cada vez que recuerdas el manuscrito que se quedó a la mitad, la falta de aire y el pinchazo de pánico al contar los textos que no hallan final. Enviaste más al cesto de basura – papelera de reciclaje-, que a cualquier revista o convocatoria, y la simple imagen de uno mismo, sentado frente a una página medio garabateada, provoca náuseas.

¿Qué pasó con las historias que escribiste de corrido alguna vez? Aferrarte a recordar esa semana en que tecleaste y tecleaste y tecleaste, deteniéndote únicamente para resolver las necesidades humanas que te mantienen existiendo, sólo vuelve más grande el hoyo en el estómago. Que si fue un episodio maniaco, unos días de hiperfoco, igual no dejas de preguntarte ¿cómo lo logré? Es peligrosamente fácil caer en la romantización del pasado. Entonces, la angustia presente parece caer con el doble del peso en nuestro pecho.

Y luego un círculo vicioso: la ausencia de letras te da para abajo pero pensar en escribir te genera una ansiedad visceral y la culpa de la ansiedad te convierte en una máquina frustrada y el cansancio de la frustración te bajonea más. No sé si fue un círculo o no, pero alguna figura geométrica de pensamientos fatalistas, destructivos y obsesivos de repente paraliza cualquier asomo de creatividad. Si una idea nace, lo hace en medio de esta figura que se encarga rápidamente de asfixiarla. Y el tiempo que pasa, le alimenta.

Bloqueo artístico, síndrome del ímpostor. Bien cliché la problemática, bien real el dolor. Quema el pecho extrañar el amor por la creación. Sentirse perdido en el terreno que pensabas conocer mejor. Porque cuando los mismos demonios por los cuales te inventaste ese espacio, lo secuestran y lo vuelven suyo… ¿a dónde huye uno? A lugares todavía más oscuros. Y es ahí donde uno busca la reconciliación. Se obliga a ello, porque es eso o seguir descendiendo. Retomar, poco a poco, incluso si todavía da miedo.

Haz borrado treinta veces la misma línea, pero al menos todavía estas ahí, combinando letras en algo que casi, casiiiiii se convierte en el borrador de un breve artículo. Un pequeño desahogo de pecho, más que artículo, y una publicación más que borrador, porque ni pensar en arriesgarnos a dejarlo para siempre guardado en la papelera de WordPress por los siglos de los siglos amén. Soltar, teclear, darle clic al botón de publicar. Y a seguirle.


Irene González estudió la licenciatura en Arte y Animación Digital en el Tecnológico de Monterrey. Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria por “Literalia Editores”, fue miembro del círculo de escritores tapatío “El Jardín Blanco”. Ganadora del primer y tercer lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Finalista en el concurso internacional “Novelistik de Ciencia Ficción” 2016. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos, incluyendo “Sirena Varada”, “En Sentido Figurado”, “Teresa Magazine”, “Quinde Cultural”, el periódico “La Jornada” y en su blog personal “Dystopian Fantasy”.  

Instagram: @r.irenegon 


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La mesa


Por Gabriela Cortés Delgado

El recuerdo se dibuja y se convierte en deseo.

Tus dedos en mi rodilla, debajo de la mesa;

el cosquilleo subió hasta mi entrepierna.

Las voces desaparecieron, el ruido se fue, solo existíamos nosotros. Debí ocultar la mirada para no delatar las ganas de que tu mano subiera más.

Debí morder mis labios y retener el suspiro.

Debí disimular y controlar el movimiento de mi cuerpo.

Debí, mas no lo hice.

Permanecí con los ojos abiertos, pero con la mirada extraviada en tu boca entreabierta que se acercó a mi cuello y untó saliva.

Una explosión subió a mis pechos y la humedad me provocó cosquillas.

Tuve deseos de balancearme sobre ti, pero una voz impersonal me detuvo:

—Ya vamos a cerrar, ¿le traigo la cuenta? Se apagó la flor, se deshizo el encanto.

Habrá que esperar otro momento, otro sitio donde no cierren tan pronto.

BLANCO Y NEGRO

Lo he traído a mi mente decenas de veces. Algunas tú te acercas y pones tus dedos en mi cintura, la empujas un poco y eso es suficiente para encenderme. Otras tantas, soy yo quien te calla los pesares con un beso; quien interrumpe la plática y rompe protocolos.

Me pregunto si has deseado lo mismo, o si solo soy yo que siento como imán tu cuerpo.

Tu voz que me recorre bloquea mis prejuicios, los miedos y los recuerdos; aunque no lo suficiente. Heme aquí imaginando de nuevo tu presencia en los escenarios más absurdos; viendo de cerca tus cejas, tu pecho que se eleva y desciende; escuchando las mismas historias de siempre, entonces todo se vuelve blanco y negro; lo único con color late en mi pecho, al son del bailoteo de tus manos.

Derechos reservados a su autor.

Entre libros y canciones

El Hedonismo en Baile con Serpientes

Verónica Obregón/ @el_murmullo_de_los_libros

La búsqueda del placer, desde la antigua Grecia hasta la actualidad, ha sido un tema recurrente en la literatura. Sin embargo, este ensayo se centrará en una concepción particular del placer: el hedonismo como filosofía de vida que busca la satisfacción inmediata y sin límites. El hedonismo, especialmente en su versión postmoderna, se presenta como una fuerza destructiva que mina los valores tradicionales y aliena al individuo. Tal como se demuestra en la novela «Baile con Serpientes» de Horacio Castellanos Moya, cuyo personaje principal encarna al hedonista desbordado.

En tanto, el término hedonismo, proveniente del griego «hedoné» (placer), ha sido parte de la filosofía de vida desde la antigüedad. Sin embargo, su interpretación ha variado a lo largo de la historia. Epicuro, por ejemplo, proponía un hedonismo moderado, basado en la búsqueda de la ataraxia, una tranquilidad del alma que se lograba mediante la satisfacción de necesidades básicas y el cultivo de amistades. A diferencia de Epicuro, quien valoraba la razón como guía para alcanzar el placer, el hedonismo postmoderno se caracteriza por una búsqueda desenfrenada de sensaciones intensas y fugaces, sin importar las consecuencias.

En la novela «Baile con Serpientes», Eduardo Sosa encarna a la perfección este hedonismo extremo. Sus acciones, como asesinar sin remordimiento y buscar constantemente nuevas experiencias extremas, demuestran una búsqueda desenfrenada de placer sin considerar el sufrimiento ajeno. Este hedonismo, arraigado en un contexto de violencia y deshumanización, se convierte en una forma de rebeldía y nihilismo, reflejando la pérdida de valores y la desconfianza en las instituciones característica del postmodernismo.

El hedonismo postmoderno, al priorizar la satisfacción inmediata y el placer individual, conduce a una alienación social y a la destrucción de los lazos comunitarios. Esta filosofía, al negar cualquier valor trascendente, fomenta una actitud de desprecio hacia la vida y hacia los demás, convirtiéndose en una fuerza corrosiva que amenaza los fundamentos de la sociedad.»

‘Quise hacer mi buena acción del día, ayudar en algo a la limpieza ambiental. Detuve el auto donde la concentración humana era más apabullante. Les pedí a las muchachas que por favor salieran a dar una vuelta, me sentía abrumado, tenía ganas de permanecer un rato solo en la cabina’ (p. 34), ejemplifica a la perfección la lógica hedonista de Eduardo Sosa. Sus acciones, aparentemente altruistas, en realidad son impulsadas por su deseo de control y de experimentar sensaciones fuertes. Este patrón se repite a lo largo de la novela, donde Sosa manipula y destruye sin remordimiento, siempre buscando satisfacer sus impulsos inmediatos. Esta doctrina hedonista, como se ha señalado, es egoísta e incoherente. Al priorizar el placer individual, el hedonista ignora las consecuencias de sus actos sobre los demás y sobre la sociedad en su conjunto. La ironía reside en que este hedonismo extremo, lejos de conducir a la felicidad, desemboca en un vacío existencial y en una profunda alienación.

La pregunta que surge es: ¿Qué llevó a Eduardo Sosa, un sociólogo, a adoptar una filosofía de vida tan destructiva? ¿Cómo es posible que alguien con conocimientos sobre la sociedad y sus problemas pueda caer en una espiral de violencia y nihilismo? Esta pregunta obliga a reflexionar sobre los factores sociales y psicológicos que pueden llevar a un individuo a adoptar un hedonismo extremo. Asimismo, es importante considerar cómo el hedonismo postmoderno sigue siendo relevante en la sociedad actual, marcada por el consumismo, la cultura de la inmediatez y la búsqueda constante de nuevas sensaciones. La influencia de las redes sociales y el marketing digital ha exacerbado esta tendencia, fomentando un individualismo narcisista y una deshumanización de las relaciones interpersonales.

En conclusión, la novela «Baile con Serpientes» presenta una crítica mordaz al hedonismo postmoderno y sus consecuencias devastadoras para el individuo y la sociedad. A través del personaje de Eduardo Sosa, Castellanos Moya  invita a reflexionar sobre los peligros de una filosofía de vida que prioriza el placer inmediato por encima de cualquier otro valor.

El mundo de lo simbólico por Jeanne Karen en La máquina verde

El último día del año recibí una señal, algo que llegó para poner en jaque mi estado de salud, no tan difícil de tratar, pero sí de cuidar, tengo que estar atenta a lo que siento, prácticamente todos los días.

Entonces, después de pasar unas horas en la sala del hospital, inevitablemente me puse a pensar en otros temas, -de todo un poco en realidad-, en parte para distraer a la mente del dolor y en parte porque siempre gozo de esos diálogos internos conmigo misma, de ahí surgen las ideas para escribir, principalmente para adelantar el trabajo de la columna.

Recordé la primera vez que me llamó la atención el mundo simbólico, no fue por algún amuleto, ni siquiera por una lectura de cartas, lo primero que asocio con ese mundo es en realidad la esfera simbolista de la poesía.

Claro, como poeta, debe ser obvio que de ahí provenga mi visión. Sin embargo con los años he añadido más elementos a mi lista en ese sentido, por ejemplo he tenido el gusto por otras lecturas, pienso en un librito que encontré, sobre la interpretación de los sueños, tiene un nombre sencillo, quizás ese: Interpreta tus sueños o algo similar. Pasé de maravillarme con la asociación de imágenes de los poemas de Baudelaire o de Rimbaud, a la lectura del café, las consecuencias del uso de un tipo particular de piedra o de metal, los números, las claves en el aire y en el tiempo.

El último día del año obtuve una llamada de atención, un señalamiento luminoso, una frase subrayada en rojo, ¿qué me depara el año que comienza, qué pasará en el 2025?, ¿será tan cruel como el año pasado o habrá cambiado algo en la suerte, en mi suerte particular?

Me hace falta una lectura de Tarot, solamente tres veces en la vida me echaron la baraja española, dos veces me hicieron lectura de mano; siempre había algo fuerte que marcaba mi destino, no quise ignorar las señales, como no pienso hacerlo ahora mismo, más cuando han sido tan evidentes.

Año nuevo, vida nueva, me quedó claro, clarísimo, debo cuidarme más, atender lo urgente, lo necesario y dentro de ese concepto debo seguir escribiendo, lo sé, la literatura no se detiene, menos la poesía, es como una avalancha que arrasa todo a su paso, viva, pesada, poderosa.

Me gusta atender lo que se manifiesta, las señas en donde se encuentren, en el cielo, en un libro, en un pequeño verso, las combinaciones de números: esas claves secretas del universo.

Recuerden el poema Canción al prójimo de Hugo De Sanctis, poeta argentino, que dice:

Soy un agregado de lo que ha existido sin mí,

solícito y maduro.

Luego que los vientos pesados

 carguen con lo que quede

y que la tenaz espuma se deshaga

y vuelva a construir

sobre mi íntima dureza.

Y adiós gravedad, adiós fragmentos, valijas,

formas huesudas que un día ocupé

queriendo ser eterno y no pude.

Esos huesos como runas me representan, como la Tirada de dados, de otro francés, el poeta Mallarmé; pienso que quizás no voy a abolir al azar, al destino, pero si estaré atenta a cada prueba. Que cada poema sea la casa de los símbolos, el ruido eterno del signo, la palabra que se representa a sí misma mil veces y ante los mismos ojos.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Entre calles y páginas | Lo que guardamos en una caja de zapatos o de cereal o de galletas

Por Ángeles Serna

Tener algo es igual de importante que no tenerlo. Cada persona, o al menos la mayoría, o una cantidad considerable, o las más soñadoras, o las que creen en la manifestación y las energías, o todas, o tal vez algunas pocas tienen una caja donde guardan recuerdos, deseos o tal vez ambos. La pueden tener desde la infancia, proyectando una vida soñada o hasta la vejez, recordando los momentos más importantes de su vida. 

Puede ser una caja zapatos, cereal, galletas, de regalo o de madera. Tal vez pueda estar tallada y tener algún diseño o las iniciales del propietario. Algunas tienen una cerradura y la llave está guardada en la mesa de noche o debajo de alguna figura de porcelana. Estas cajas, por lo general, se guardan en el armario, o bajo la cama, o escondidas en un rincón. Mi abuelo la tenía en un cajón oculto del ropero. Su llave la guardaba en la cartera. 

En las vísperas de Navidad y Año Nuevo, nos quedábamos a dormir en la casa de mis abuelos. En la madrugada, cuando los grandes seguían en los festejos de temporada, tomaba la cartera de mi abuelo y sacaba la llave. En esa caja había fotos de mis tíos y mi mamá, del viaje a Florida, perfumes de bolsillo para ocasiones especiales, una navaja para afeitar, pañuelos percudidos y una bola de béisbol. Más de una vez me atraparon husmeando en el ropero. 

Cuando no era en el cuarto de mi abuelo, era en el de mi abuela o en rincones de cualquier parte de la casa. En las cosas de mi abuela encontré estambres, cartas, fotos de las graduaciones de mis primos, botones, revistas de tejido, oraciones e imágenes de santos y vírgenes. En mi casa, sabía que mi mamá también tenía una caja así; era amarilla con líneas azules, celestes y verdes. Ella la guardaba arriba de un mueble en su habitación. 

Cada noche que los monstruos de mi cuarto sobrepasaban mi valentía de niña, me iba a dormir con mi mamá y al tratar de conciliar el sueño, veía esa caja. Nunca me atreví a ver lo que guardaba y tampoco le pedí que me lo mostrara. Tenía miedo de conocer su pasado, dejar a un lado su rol de mamá y verla como una niña, adolescente o joven con el deseo de una vida que no me incluía. 

En alguna película donde salía Julia Roberts, recuerdo ver una caja donde alguno de los personajes guarda objetos que representan sus deseos o metas a futuro. Ahí no se mantiene vivo el recuerdo que acontece en el pasado, sino la ilusión, le dan vida a un futuro que todavía no es un presente. Cualquiera de ambas situaciones, en pasado o en futuro, resultan ser parte de la imaginación del dueño de la caja. 

Recuerdo las anécdotas de mi abuela, me contaba que nunca le gustó vivir en Ciudad de México. No se encontró en las calles, las casas, la dinámica de la ciudad, estar lejos de su familia, pero en su caja guarda pequeños libros de oraciones que le regalaron sus tías de allá. Después, cuenta las veces que fue a la Basílica y las reuniones para rezar el rosario con ellas. Entonces, esa mala experiencia del pasado se transforma en un amable recuerdo que merece, algunas veces, traerse al presente. 

Luego está la ilusión, guardar objetos que nos lleven al futuro deseado, como imágenes de las ciudades a las que se quiere viajar, metas que se buscan cumplir, cosas que se quieren tener. 

La imaginación del dueño de la caja radica en el pasado, porque, en la mayoría de los casos, se recuerda lo mejor de los momentos, o en el futuro, porque se piensan planes y situaciones que todavía no suceden. Tanto en el pasado como en el futuro, ya se construyeron lugares donde existen esas historias contadas por los objetos. Llegar al mundo imaginario a través de los pequeños espacios es lo que invita Bachelard para habitar la intimidad del deseo, lo que se quiere, lo que uno piensa. 

Al cerrar la caja, los objetos construyen la imagen del recuerdo o la ilusión desde nuestra propia intimidad, ya que no hay ninguna línea de la realidad presente que los atraviese. Es donde las personas viven a través de sus objetos, lo que escogen. Es donde un recorte de revista se convierte en la casa en la que vives, en donde el boleto de avión solo es de ida y donde las cartas no albergan una despedida. 

Recuerdo las palabras de Mallarme y su cofrecillo espiritual. Él cuenta que los secretos de las personas mueren cuando la persona lo hace, a menos que los resguarden en ese cofrecillo, donde se crea ese universo único que atesoramos. Es el lugar en el que convive lo inmaterial de la vida con lo material. Como el deseo de una casa para habitar un lugar propio, un espacio creado a la medida de cada persona o el boleto de avión que guarda la ilusión de volver a ver a alguien o encontrar un hogar lejos de la ciudad de origen. 

Cada objeto que guardamos, ya sea por un pasado o para un futuro, nos define. Incluso, con ellos construimos nuestra historia, nuestro archivo personal. No hay reglas específicas para saber qué guardar y que no.

Ángeles Stefanya Serna Moreno
Ángeles Serna (Monterrey, Nuevo León) es egresada de la licenciatura en Letras Hispánicas de la UANL, en donde obtuvo el primer lugar de generación. Fue becaria en el Centro de Estudios Humanísticos (2020) y el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (2021-2022). También fue la primera residencia universitaria en el Centro de Escritores de Nuevo León (2022). Colaboró en sitio oficial de noticias de la UANL, Punto U, con notas periodísticas sobre Arte y Cultura. Además, ha sido ponente en diversos congresos a nivel nacional e internacional en las áreas de literatura, teatro y sociología.

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Escribir nos libera: ¿cómo transformar la vida en letras?

Hacks para sacar ideas sobre qué escribir

Vista desde el Cerro de la Cruz en Amealco, Querétaro. Foto de mi amiga Ana Suárez alias Miau

Por Aimeé Miranda Montiel

La escritura es una forma de comunicarnos, de transmitir aquello que hay dentro de nosotrxs, de compartir parte de nuestras historias o las de otrxs, o bien, la forma en que creamos mundos y personajes que en la realidad no existen (o quizá sí, pero sólo en nuestra imaginación); escribir es una forma de crear arte, y ya sé que esta frase puede resultar cliché o pretenciosa, pero para mí el arte es todo lo que hace que otras personas puedan sentir.

Alguna vez leí que “la vida está expresada en el arte, si no vives no puedes expresar nada”, y es que sí, cada una de nuestras creaciones (artísticas en estricto sensu, o no), transmiten toda nuestra experiencia vital; por eso para mí, es tan importante el vivir como el expresarnos a través del arte, y la escritura es la forma artística que personalmente disfruto más crear, porque siendo muy honesta es la que mejor me sale, aunque aquí entre nos, en la cantada y la actuada me defiendo.

Regresando al punto esencial de esta columna: ¿cómo transformar la vida en letras?, para mí hay varios caminos que podemos tomar, de inicio llevar un diario o bitácora puede resultar bastante beneficioso, pues es que hay veces en que nos olvidamos de los detalles cotidianos que hacen nuestra vida única y especial, pues pasa que con el tiempo sólo recordamos nuestros días como cronogramas, cuando en realidad son mucho más que eso, pues la vida diaria se construye de sutilezas, coincidencias y pequeñas magias con las que nos topamos a cada momento: un buen chiste, una imagen hermosa, la peculiaridad de alguna persona que topamos en nuestro camino, una toma de consciencia que nos cambia la perspectiva de algo, en fin, esos detalles minuciosos, son los que terminamos pasando por alto cuando intentamos recordar lo que hemos vivido en días anteriores.

Así pues, te invito a que construyas tu diario o bitácora, hazlo como prefieras, como sea divertido y ligero para ti: PERO HAZLO DIARIO, tampoco es que tengas que escribir demasiado, sino lo que te haya sido representativo, lo que te haya maravillado o sorprendido; puedes hacerlo a modo de notas, en breves párrafos o hasta con dibujitos, HAZLO A TU MANERA.

Luego puedes ir probando cuál es el género literario que te gusta, te inspira y del cual puedes escribir genuina y auténticamente, con el que más te sientas conectadx. Ahora es momento de tomar tu bitácora o diario, lee alguna de sus páginas, y haz que aquellas vivencias se conviertan en el punto de referencia para comenzar a escribir, crea un primer borrador (lo que salga, no te juzgues) y déjalo ahí reposando algunos días, después regresa y vuelve a leerlo, pues seguro encontrarás espacios que puedes cambiar, editar o modificar y que harán tu texto más genial de lo que ya es, repite este último paso varias veces hasta que te sientas feliz con tu creación.

Finalmente, muéstralo al mundo sin expectativas, puedes comenzar por leérselo “en voz alta” (literal jajaja) a alguien que te ame y ames, no importa si esa persona no es experta en literatura, lo mejor es que al hacer esa lectura, podrás darte cuenta de algunas cosas que quizá no notaste antes, además de que te permitirás ver lo que puede generar tu texto en otra persona, y pregúntate si lo que le hacen sentir al otrx es lo que realmente querías transmitir, más allá de los comentarios puntuales que te pueda dar esa persona, observa sus reacciones y la conexión que genera con tu escritura, eso te dará pistas de si algo más requiere ser cambiado. Este paso lo puedes hacer también con grupos de escritorxs, y aquí tengo varios tips, pero esos los vamos a dejar para otra columna.

La vida nos muestra en cada detalle el arte que vive dentro de nosotrxs. Qué bonito es que le devolvamos el favor, plasmando esa magia en cada una de nuestras creaciones.

Si comienzas tu diario o bitácora compártelo conmigo y si estos truquillos te contribuyen para que puedas transformar tu vida en letras, también cuéntame, porque la intención de todo esto es que sigamos escribiendo, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.

Aquí te comparto un poquito de un texto autobiográfico, espero lo disfrutes:

“María es esa mujer a quien por preguntarle de más sobre su vida, la hice enojar tanto que me dijo “ya me chingaste los tamales” –pues si preparas tamales enojada, no se cuecen-, y al verme literalmente agarrar mis cosas y salir corriendo de su casa, después de que se le bajara el coraje, salió a buscarme, pero yo ya iba cerro abajo y no pudo alcanzarme. Así es María, directa, fuerte, potente, pero también es la persona de la que más recuerdos bellos tengo de mi infancia. María me acompaña siempre en mis adentros y deseo con el alma que la vida me la siga prestando, para amarla como es, para disfrutarla y para seguirle preguntado de sus otras vidas, pero siempre con pies de plomo, no vaya a ser que nuevamente le chingue los tamales.”

Gracias infinitas por leerme, puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia.aimeemiranda Y sigamos juntxs escribiendo

Cartografías del Instante| Ansiedad

Ansiedad

Por Anyela Botina

A Moni Mateos

Mi mano en el pecho,
un punto en el mundo,
flota en el cosmos.

Mi corazón
reposa en su verdad:
mi mano.

En este instante de tiempo,
cuna para su cansancio,
amor para seguir latiendo.

Mi corazón no es coraza,
ni nudo en la garganta,
ni vacío en el estómago.
Mi corazón lo traigo a dos manos,
y por la herida,
por esa que dijeron que jamás se saldría,
por ahí palpita y se me escurre.

Mi mano eterna en la incertidumbre del cosmos
lo acaricia como a un cachorro,
lo pone sobre la tierra,
y danza en el mundo.
Mi corazón suena como las piedras del río cuando chocan,
vuelve a mi mano
en esa entrega de dos,
mano y corazón,
que se abren para amar,
que se abren para recibir.

***

Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. Escribí dos libros que se titulan Desarraigos (2022) y Aucas (2024). También, puedes escucharme en los podcast Pola y Letra e Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí 👇

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