¿Ballenas o Gas?

Versátil : La libertad de pensar


Osmara Rodriguéz

El Proyecto Saguaro Energía es un proyecto para la extracción, transporte, recepción, licuefacción y exportación de gas natural licuado (GNL) obtenido mediante fracking en Texas. Este sería el proyecto más grande de GNL en la costa de América del Norte y promete convertir a México en uno de los principales exportadores de este producto, procesando aproximadamente 15 millones de toneladas por año.

Sin embargo, lo que México Pacific y el gobierno mexicano no mencionan es que este proyecto impactará gravemente la vida marina en el Golfo de California, provocando la destrucción del hábitat de animales en peligro de extinción, como las ballenas y la vaquita marina.

Claudia Campero, coordinadora de Vinculación de Conexiones Climáticas, explicó que el gas se pretende conducir por un megatubo desde Texas, atravesando los estados del noreste de México y teniendo una terminal en Puerto Libertad, solo para transformar el producto de su estado natural a un estado líquido, con la finalidad de facilitar su envío a Asia.

Esto, en realidad, no deja los grandes beneficios prometidos a México.El transporte se planea realizar mediante megabuques de 300 metros a lo largo de las aguas biodiversas del Golfo de California, hasta los mercados de combustible en Asia.

Para comprender la magnitud de la destrucción ambiental que puede causar el proyecto, es necesario entender la importancia del Golfo de California. El oceanógrafo Jacques Cousteau lo bautizó como el «Acuario del Mundo». En esta zona habitan aproximadamente 12,105 especies de flora y fauna marina.

Vanesa Prigollini, cofundadora de MAREA, alertó que en el Golfo de California vive el 39% de los mamíferos marinos del mundo, y una tercera parte de los cetáceos habitan esta área, justo en Puerto Libertad y al sur de la Isla Tiburón, donde tienen su hábitat de alimentación y reproducción.El Golfo de California es el hogar permanente y de paso del 85% de los mamíferos marinos de México.

El Proyecto Saguaro supone el desplazamiento y/o muerte de las ballenas. Una de las principales causas de muerte de las ballenas son las colisiones con grandes buques, ya que el ruido que estos generan es ensordecedor para esta especie, que necesita la tranquilidad del mar para orientarse mediante su canto y reproducirse.

También se pone en riesgo el Santuario de la Vaquita Marina, ya que sería perturbado al convertir esta área en una ruta de carga constante, además de los inminentes riesgos de derrames o trato inadecuado de materiales.

Además, los daños no solo serían catastróficos para el medio ambiente, sino también para los pobladores locales, ya que esta megainfraestructura causaría ruido y la quema permanente de gas metano en mecheros, alterando las condiciones actuales de la comunidad de pescadores, que aportan el 50% del volumen de pesca de todo el país.

Carlos Mancilla, director de Bcsicletos, indicó que las operaciones del Proyecto Saguaro atentan contra las actividades ecoturísticas de las que dependen miles de familias en Baja California Sur, donde la naturaleza es el principal atractivo para los visitantes.

El fracking es una técnica contaminante que utiliza millones de litros de agua en un solo pozo y contamina el aire y la tierra, inyectando agua a presión con químicos cancerígenos para fracturar las rocas donde se encuentra atrapado el gas.

Para llevar el gas a la costa, se plantea la construcción de una infraestructura de 800 km de largo en nuestro país, atravesando sierras, comunidades, ríos, arroyos y zonas de importancia ecosistémica, las cuales podrían estar en grave peligro.

Entonces, si el gobierno mexicano ha sido informado sobre todos los riesgos, ¿por qué fue aceptado este fatal proyecto? La respuesta es decepcionante y se resume en una palabra: Dinero.

La corrupción gubernamental está poniendo el beneficio de empresas extranjeras por encima de aquello que nos hace únicos.

Es frustrante ver cómo, una y otra vez, se pone en peligro el bienestar del pueblo. No hay ni un solo proyecto que valga la pena la desaparición de más especies, y mucho menos uno que esté poniendo en riesgo todo un ecosistema.

Es por eso que los invito a tomar conciencia de la destrucción que causa el Proyecto Saguaro, porque si hacemos caso omiso a todos estos riesgos, si volteamos la mirada e ignoramos esta cruel destrucción, seremos cómplices de la extinción de miles de especies y de la ruina de familias enteras. Los invito a firmar en apoyo a la campaña ¿Ballenas o Gas? en la página electrónica:

https://secure.avaaz.org/ballenasogas

Y aunque todo parezca perdido ante la corrupción, debemos al menos intentarlo. De lo contrario, también seremos culpables.

Vaciar una montaña | De Troya a Ítaca. ¿Irse es regresar?

Por: Samia Badillo


El camino,
más que camino,
es un lugar,
un lugar para estar en él,
como en todo lugar,
nada más que un momento.

Roberto Juarroz

Escucho la plática que tuvo Irene Vallejo en el Festival de Letras de San Luis Potosí. De esta autora estoy leyendo El Infinito en un Junco, en su adaptación gráfica. Voy despacio, saboreando cada página porque no quiero que se acabe. Porque de alguna manera, me devuelve a una sensación nostálgica y gozosa de mis años de lectora asidua, donde el amor a los libros formaba parte de mi día a día, estudiando, haciendo análisis de obras o dando clases y compartiendo lecturas con mis  alumnas. Hay algo de ese amor profundo que transmite Irene con el que yo me identifico. Y seguramente no sea la única. Porque “la historia del libro” es en realidad la historia de nuestros afectos con los libros. Es nuestra historia. 

Hay varios momentos de la charla en los que valdría mucho la pena reparar: aquel donde Irene recapitula, como en su libro, la gran conexión que hay entre tejer/hilar y el contar historias. O aquel donde con Volpi dicen que el texto es como una partitura pero quien la interpreta es el lector (yo diría: quien le da aliento, es decir, voz. ¿A caso no ‘en el principio fue el verbo’?). Y qué decir de cuando Irene refiere que hoy en día las redes sociales y su algoritmo nos mantienen en un mundo de ideas afines y que por ello la valía de los libros está en que nos desafían con su abanico de pensamiento: nos retan a ir más allá de nuestros propios sesgos. 

Hay, pues, momentos en los que sin duda, valdría la pena comentar y detenerse. Pero hay uno que me convocó especialmente: es donde cuenta cómo su padre le relataba las historia de Odiseo y que en ese momento, en la infancia, se definió su futuro como estudiosa de los clásicos. Irene dice que en la Ilíada y la Odisea se encuentran dos de los lugares afectivos humanos más básicos: Troya e Ítaca. 

Troya, el deseo de ir hacia lo desconocido y la aventura, el deseo de ir más allá de lo conocido y transformarse. Pero a la vez, está Ítaca: la gran necesidad de tener un hogar, en donde están los tuyos: donde están las personas que te aman y a quien amas, donde construiste recuerdos. Donde está tu perro que a pesar de haber envejecido recuerda cómo hueles y quién eres. 

No sé decir por qué descansé tanto al escuchar que ese conflicto/anhelo/deseo es una de las piedras angulares del ser humano. Supongo que me sentí menos sola sabiendo que la contradicción que de pronto siento tiene miles de años compartiéndose en historias. 

Este año me pidieron el lugar donde había vivido por tres años, junto a M. Tenía tiempo ya de estar pensando en abandonarlo todo e irme a vivir a otro lugar, ya que mi trabajo remoto lo permite. A veces, en mi fantasía, era más fácil dejar de pagar rentas tan caras (vivo en la CDMX), o no tener un lugar fijo y gastar lo que me cobran por un departamento en algún otro en Buenos Aires o Brasil. Quería viajar por Latinoamérica unos seis meses. Encontrarme con mi propia diferencia en otro país. 

Cuando tuve que tomar la decisión, me encontré haciendo cosas para quedarme. Yo, que a los 18 años decidí buscar a Troya en la Ciudad de México y vivir esa aventura, me preguntaba si había hecho esta ciudad mi casa. Si mi Ítaca había cambiado de lugar. 

No quería dejar mis plantas ni mis muebles. No quería dejar la casa que ya había construido aquí. La casa que son los amigos con los que tengo hasta un vocabulario inventado común. La casa que es mi pareja y su ternura. La casa que son los lugares donde he creado identidades y recuerdos: la panadería con su masa sabor a sal. El parque que antes de parque fue una ladrillera. El barrio que parecía un pueblito. La cineteca que se volvió hipster. El café argentino donde recuerdo tanto los afectos de ese país. Los jardines enormes de las bibliotecas antiguas. Las Islas de C.U. El Té Cuento. Ciertos rincones de Chapultepec. La sensación de los pies descalzos en Viveros. El parque de los venados y un primer beso. La prepa en cuyos jardines hablé de Fray Luis de León. La biblioteca que son mis libros…

Así que me quedé. 

Sobre la odisea misma de encontrar un lugar donde vivir en esta ciudad gentrificada, escribiré en otro lugar. Baste decir que ahora tengo la seguridad de ya tener un nuevo espacio, sólo para mí. Y al estar escribiendo entre varias cajas y pocos muebles me pregunto si en el futuro existirá otra Troya, que me anime a salir. 

En este proceso de mudanza, en algún punto, me quedó claro que de alguna forma yo soy mi propia casa. A donde quiera que vaya, lo que viví irá conmigo. Mi manera de tratarme irá conmigo. Mi diálogo interno. Mi paciencia o mi mal humor. Mis herramientas y mis carencias. Eso formará en cualquier lugar, mi casa. 

Pero también me quedó claro que los lugares y las personas transforman mis afectos y que al mismo tiempo, yo los transformo a ellos. Y que he podido hacer aquí no solo un lugar, sino varios lugares seguros. 

Y vuelvo a las palabras de Irene Vallejo, en el Festival de Letras de San Luis Potosí: Odiseo mismo encarna el anhelo de irse a la aventura y el anhelo de regresar a la seguridad del lugar que sentimos nuestro. 

No sé si hay un mejor camino. Ni sé si las decisiones pueden ser catalogadas como buenas o malas para alguien.

Lo que sé es que escuchar nuestro deseo es complejo, porque está lleno de contradicciones. Que somos una maraña de impulsos y de ideas; de afectos, emociones y recuerdos. Y que a veces tejemos nuestra historia sin que haya un mapa brindándonos una dirección. 

¿Quién contará nuestra aventura y relatará si nos animamos a quedarnos o a salir? ¿Quién lo atestiguará?

Compartía con M. que en la fantasía de irse era más fácil porque allí había una especie de evasión de las dificultades que implicaba lidiar con el presente y con la realidad. Pero si el irse se vuelve realidad, irse también es difícil. 

Soy mi casa. 

Y  se trate de Ítaca o Troya, mi aventura es volverme a habitar.  

Mediadora de lectura, narradora y creadora de contenido digital. Su trabajo ha estado ligado al acompañamiento de grupos, la creación literaria y la investigación de la Literatura de tradición oral en México y sus vínculos comunitarios. Actualmente se desempeña como consultora en el área de diseño y comunicación en equipos de UX (User Experience).

Algo que se evapora por Jeanne Karen en La máquina verde

Para alguien como yo, que constantemente está observando y preguntándose cómo funcionan las cosas, ¿cómo es que da vuelta el mundo, cómo hacemos cada uno de nosotros para seguir existiendo, para mantenerlo todo? y para vivir en una realidad, que quizá no lo es, ni siquiera merece ese nombre de Realidad.

Pienso en el casi infinito número de veces al día en que encuentro algo relacionado con los corazones rotos, pero extrañamente en este momento, ninguna me sirve: desde las imágenes de dos tazas de un té blanco, una botella de vino, un postre raro y delicioso que lo calma todo, pero no, no me ayuda. Tampoco un gran libro, un buen libro, cientos de miles de citas literarias impresionantes que dejarían a cualquiera boquiabierto, no, nada me llega.

No puedo hablar todavía de mi dolor, no sé cómo se llama, no sé en qué parte de mi cuerpo puedo colocarlo, ¿a dónde se le lleva a vivir o a morir?

Tan fuerte, tan profundo, que hizo que mi corazón se evaporara. No se apagó, no se rompió, más bien se volvió parte de lo etéreo, de lo inexistente. En ese cuerpo sensible, en esa habitación de las emociones, no hay nada más, un vacío sin nombre. Repaso todo lo que he leído sobre un corazón roto, sobre la desdicha, sobre la melancolía, la nostalgia, la devastación; nada me queda.

Cuando alguien que amamos se va, las palabras aparecen exangües y sabemos que  su debilidad para conformar una definición es real. Ya no brillan, permanecen casi silenciosas en su opacidad, en esas formas, son como objetos que ya no significan. Una letra A con una letra M, dejan de ser próximas, ya no alteran el ritmo cardiaco, no hay forma de volverlas a juntar para extraer una idea.

Los recuerdos también lastiman, también contienen pequeñas cápsulas, un dolor intermitente como las luces en el semáforo, una señalética de la pérdida.

 Intuimos que no volverá, que no veremos de nuevo los mismos ojos. Lo que más pesa es la idea de no haberlo dicho todo, de no lograr cumplir las promesas, tal vez pequeñas, tal vez las más grandes, pero lastiman igual.

Luego siento que no pude volver a tiempo, no puede dedicarle una tarde, leerle mis poemas, mis libros, los terminados, los que vieron la luz. No pude tampoco hacerle un café descafeinado. Sin embargo me queda el reino del anhelo, solamente para mí, como un lugar deshabitado que he visto en sueños y  donde me reconozco.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Sólo conmigo


Por Quenimo

Sábado en la tarde, como últimamente lo hago, hoy me toca consentirme. Día de ir al baño de vapor; tradición ancestral, antes era el temazcal. Toda la semana preparo minuciosamente las cosas para disfrutarlo al máximo: hierbas, jabones, estropajos, mantas, champú, mascarillas, toallas y demás artículos. Son las 3 de la tarde, todo listo. Entro al vestidor, me desnudo lentamente. A mi nariz llega el sutil aroma de la combinación de hierbas en ebullición: menta, romero, té limón, lavanda, albahaca, que escogí para este día. Oigo el agua, el vapor; a lo lejos se oyen las estrofas de «Love Myself» de Hailee Steinfeld. Desde aquí empieza mi disfrute.

Me veo frente al espejo, ya el tiempo se ve reflejado en mi cuerpo; me gusta, me gusta mi imagen. Entro al cuarto de vapor. Me acuesto en la plancha de granito, descanso y a la vez mi cuerpo empieza a relajarse.

Ante todo, la limpieza es el motor de hacer este hermoso ritual. Empiezo en mi pie izquierdo, lo froto suavemente para retirar células muertas, sigo hacia arriba en la pantorrilla, a la pierna y llego a mis muslos. Del lado derecho es lo mismo.

Recorro mis manos, codos, brazos. Mi torso, mis senos, mi bajo vientre, mi espalda. Enjuago, repito la frotación, vuelvo a enjuagar. Es hora de aplicar la deliciosa mascarilla: miel y yogur. Nuevamente recorro todo mi cuerpo, todo mi ser. Siento todos los recovecos que existen en mí. Este es mi momento de acariciarme, de consentirme, de sentirme, de quererme, de amarme.

Derechos reservados a su autora

Deseo por ti


Por Madelaine Bernal


No me puedes pedir que no sienta algo por ti…

Ya que todo esto ha sido culpa tuya, te dejaste llevar y me complaces en todo lo que me gusta.

Cuando te volteo a ver y se encuentran nuestras miradas, comienzo a sentir una pasión desenfrenada que con nadie más me ha pasado. Y algunas veces cuando me besas, mi cabeza comienza a volar.

Solo está en espera para que podamos estar a solas…

Y en ese instante donde nadie más nos puede ver, comienzas metiendo tu mano por debajo de mi vestido; empiezo a enloquecer, cuando tus dedos comienzan acariciando mi sexo de poco a poco y al mismo tiempo que tu boca toca la mía para ahogarme con ese dulce néctar que emanas de tus labios dulces y carnosos.

 Tu boca que va por caminos intermitentes, de mi boca al cuello y de mi cuello a esos dos montes que se erizan entre cada mordida y evitan que salga mi corazón con tanto latir.

Nos quitamos la ropa rápidamente nos urge empezar a sentirnos cuerpo a cuerpo, piel con piel.

En ese momento que se encuentran nuestros cuerpos desnudos empiezan a desatar una pasión insostenible, tus manos que van recorriendo cada parte de todo mi cuerpo, cuerpo que es solo es tuyo y de nadie más. Solo tú lo enciendes, solo tú lo quemas.

Tu cuerpo, tan varonil, tan cálido, tu aroma que me enloquece al igual que tus gemidos que escucho al poner mi oído junto a tus labios.

 Mi cuerpo tan deseoso de ti entra en un trance; entonces mis manos recorren tu piel morena y ardiente. En ese instante que comienzo a pasar mi mano por tu falo al que deseo dentro de mí, no sin antes de ponerlo en mi boca y juguetearlo con mi lengua.

Él se pone más erguido, más venoso y quiere explotar al sentir ese cálido líquido que sale gota a gota de entre mis piernas.

Cuando siento tu cuerpo encima del mío. Con esos movimientos tan tiernos, pero a su vez tan fuertes que me hacen sentir al hombre que tengo encima de mí entre cada penetración, con ese placer de quiero más y mucho más.

Para así después mezclar de poco en poco nuestro sudor, nuestros gemidos llenos de placer, que me transportan a otro lugar, donde no existe nada más que nosotros en una entrega de pasión, deseo y placer.

Nos acicalamos, nos seguimos deseando, hasta llegar a esa explosión de tu miembro dentro de mí.

Hacemos diferentes posiciones y con cada una de ellas siento diferente placer, mi favorita es yo encima de ti, porque puedo controlar cada movimiento, lento, rápido, suave o fuerte, pero cualquiera de ellas me lleva a lo mismo, dejar mis sabanas mojadas.

Mi cuerpo pareciera apagado después de tanto sentir y tanto gemir. Pero no es así; el empieza a pedir más, cada vez más… Quiere volver a sentir esa sensación de explotar en una tibia cascada que deja sobre tu cuerpo cansado, sudado y satisfecho.

No solo llenas mi corazón, también lo haces con mi cuerpo y la razón.

Tú eres el culpable de todo esto. Yo no lo tenía premeditado e inconscientemente me deje llevar en ese vaivén de pasión desenfrenada.

Y lo confieso, ya no sé si es solo deseo, pasión o amor.

De lo que estoy segura, es que te necesito dentro de mi cuerpo y mi mente. Para perder la razón.

De profesión optometrista de carácter fuerte y servicial, muy loca y soñadora. Amante de los museos y diversas exposiciones. Escritora amateur de pequeños pensamientos y poemas inspirados en mi dia a dia con lo cual quedan plasmadas las vivencias.
Pertenezco a 3 diferentes Salas de lectura de diversos estados de la república; Ciudad de  México, Puebla, Mérida. Asistiendo de manera virtual.
Formando mi propia tertulia,  Sala de Lectura “Las Historias Fugaces” y soy columnista en la revista digital “La Coyol Revista Literaria”

Dónde todo cabe


Por Diana Didó

“Todo nos viene de los otros…Ser es pertenecer a alguien”

Jean Paul Sartre

Me honra como mujer mayor
sentir aquí y ahora atracción por tu persona,
poderosa, insistente, ¡inesperada!
Acudo a mi naturaleza femenina
sin edad, canas ni miedos.
¡Estoy dispuesta a saltar al vacío contigo!

Tus miradas dicen más que tus labios;
me gritan que no tienes lealtades con nadie.
Somos tú y yo.

Tenemos esa infinita paciencia;
paz y ciencia
Dónde todo cabe.

Amo, escribo y soy...
Sigo el camino tomada de tu mano.



@Vivianne Thirion la que cuenta
Llega al mundo en Durango, México, bajo el signo de Escorpión.La mayor de siete hermanos pasa una infancia feliz y juguetona, llena de cariño por parte de sus familiares. En esa ciudad norteña aprende sus primeras letras y respira la vida tranquila de provincia que nunca la abandonará.Su abuela Cuquita les contaba cuentos e historias de la Revolución mexicana a los hermanos y fue una gran influencia para que Vivianne con el tiempo, se dedicara a este arte comunicativo que viene de lejos e hiciera una amplia trayectoria nacional e internacional. Organiza también el festival de oralidad artística anual HABLAPALABRA-México que cumplió ya las 30 emisiones.Desde pequeña su padre la motivó a ser lectora de obras literarias; por lo que se dedica a la capacitación del fomento lector y coordina como voluntaria, la Sala de Lectura “El Juglar” para adultas mayores desde 1996 en CDMX. Ha recorrido varias veces el territorio nacional sembrando palabras con entusiasmo y cosechando lectores para México. Le gusta viajar dentro y fuera del país, leer todo el tiempo posible y tener aventuras virtuales vía el lenguaje. Disfruta comer helados de sabores exóticos. Tiene dos talentosos hijos músicos, con quienes combina en ocasiones los cuentos para grandes y chicos. Siempre quiso ser bailarina y acabó bailando rock and roll en sus años mozos. Ama profundamente la naturaleza y disfruta el arte en todas sus manifestaciones.

Avispero


Por Claudia Canseco


Llevé mi cuerpo a vivir al avispero, una ciudad remota donde la muerte bate las alas a través de ríos y montañas; inoculando veneno que hace agonizar a todo un pueblo. Ponzoña de violencia y destrucción. 

Escapé del sitio caótico y con brío. La ciudad del origen que grita, contamina, recibe; pero también desecha. El lugar del parto y del corazón que late. El sentido no se cura y enfermo anhela el lugar de la cuna.

Mi mente infinita revolotea, observa al cuerpo que sucumbe ante el ascenso de temperatura. Se esconde en grietas y hendiduras, intenta sobrevivir. Hibernar en sus montañas, el avispero anida ahí.

Mi cuerpo se encuentra en un estado larvario, necesita mudarse hasta los huesos. No es un visitante que agobia, sino quien traza en silencio el sentido de este lugar. Desea un cuerpo sin memoria y una mente que formar. 

Basta de esa vorágine del cuerpo que vive entre mudas, larvas y heridas. Buscan el cuerpo y la mente pertenecer. La caricia de las alas de quienes ligeros viajan y el arraigo de los que en celdas hexagonales anidan.

A casi dos años de vivir en Chilpancingo, Guerrero, escribo sobre el transitar del origen al destino. La palabra Chilpancingo es de origen Náhuatl y su significado es “Lugar de Avispas”.

Preocupada y ocupada por la educación en México soy profesora e investigadora. Además de tener intereses por el arte en manifestaciones como la pintura y la literatura pienso que escribir es «un acto revelador de la mente” y me pregunto ¿Cómo representar el conocimiento? Pinto, escribo, danzo y canto, el imaginario mental es el instrumento.

Desde el filo por Jeanne Karen en La máquina verde

En un mundo lleno de estímulos como en el que vivimos, realmente es difícil quedarnos sin temas, ya sea para escribir, para leer, para reflexionar o simplemente para ampliar nuestros conocimientos.

Estaba sumida en eso, en la tarea incesante de pensar, de sentir, de anotar; sin embargo alrededor se gestaba algo mucho más importante: el impacto de la naturaleza, por lo menos el que tiene en la zona geográfica donde está mi hogar. Al ser un lugar árido, casi desértico, es poco común por ejemplo una nevada, pero no es raro un clima extremoso.

En fin, casi llegaba a la página en blanco, cuando de la nada surgen unas increíbles ráfagas de viento y levantaron la sombra que protege mis plantas del sol del mediodía, ese que está más alto y que todo lo toca, todo lo seca.

Salí al pequeño patio de mi casa, quería saber exactamente qué estaba sucediendo, cuando me asomé por la barda y ahí estaba la palmera del jardín comunitario, envuelta en la sombra parecía una altísima mujer despeinada con un vestido de noche; me llegó el asombro, luego la preocupación, aunque en ese momento ya casi oscurecía, me imaginé el problema que sería al día siguiente, sin la protección que brinda esa sombra a mis plantas, que para ser justa debo decir que son una parte fundamental de mi vida: me dan tiempo a solas, frescura, aromas, belleza y tanta paz y tranquilidad.

Después de pensarlo, por fin pude darme a la tarea de resolver el asunto, comencé por subirme a una mesa y luego a una silla, para por fin alcanzar las escaleras que van a la azotea y poder trepar por la barda. Ya en el lugar, llegó la duda, siempre cruel y puntual, no sabía si finalmente tendría la fuerza para arrancar la malla del tronco, las espinas gruesas, cada vez las veía más filosas y terribles, esas hojas muertas eran como los hocicos abiertos de los caimanes.

Parada en el filo de la barda, una que apenas mide unos quince centímetros de ancho, a lo sumo, una nueva pasada de aire me sacudió de tal forma que ahí estaba yo, casi colgando de la sombra, con una fuerza que me sorprendió, y fue inevitable la sonrisa, esa sonrisa chueca que tengo cuando estoy naufragando. Dejé de ser para mí misma la imagen de una mujer o más bien de una mujer frágil, para convertirme en una especie de capitana, dirigiendo las velas, tomando amarras, soportando la violencia.

Cuando todo se calmó y pude poner los pies en tierra de nuevo, miré hacia arriba, preguntándome una y otra vez cómo hice en realidad para trepar así, para sostener una extensión tan grande de tela y doblegar la naturaleza solamente con mis manos.

Así pasa cuando escribo: tomo lo que hay, pero con todas mis fuerzas y con toda la voluntad, extiendo mi mente y domino las palabras, ¿ustedes cómo lo hacen?

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

Piezas de un alma simple

Escrito por: Alondra Grande

Llora un poquito

Deja que tu cara se lave en lágrimas,
Que fluyan de tus ojos los ríos
Hasta que el alma se sienta ligera
Y tu corazón no guarde más frío.

Llora lo que tengas que llorar,
Quizá un poco hoy
Y mañana otro poquito.
Lo que sientes, está bien sentirlo.

Busca un poema que te abrace por las noches;
Arropada entre sus brazos,
Tal vez la vida no pese tanto.
Deja que las letras lloren contigo.

No existe el «para siempre»,
Ni en los cuentos de hadas
Ni en los dolores del alma.
Lo que hoy aqueja,
Tal vez mañana nos dé calma.

Después del llanto,
Cuanto tus ojos se hayan secado
Y tu cabeza deje de gritar,
Empieza de nuevo
Sin volver la vista atrás.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 24 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

PEQUEÑA

Por Madelaine BO

Algunas veces las cosas no son nada fáciles, la vida se encarga de tener a la perfección una parte de nuestra vida y la otra pequeña parte le pone obstáculos un poco o un mucho complicados de poder superar.

Pero yo siempre estoy aquí para ti, para cuando tú lo consideres prudente, lo sé… muchas veces parezco ausente encerrada en mi propio círculo. Pero no es así; te observo y veo lo que te pasa. No sabes lo mucho que te quiero, se que a menudo no lo digo pero agradezco todo lo que haces por mí, no te cambiaria por nada del mundo, eres una persona sana, inteligente, fantástica capaz de hacer cosas grandes por tí misma.

Nunca dudes de tus capacidades y se que vienen cosas extraordinarias para tí, todo llegará a su debido tiempo si así lo tiene deparado tú destino. Solo debes ser un poco más paciente y relajada.

No importando que muchas veces diferimos en nuestros pensamientos, se que estamos una para la otra, gracias por ser mi compinche, mi compañera, mi guarda secretos por ese apoyo que te tengo de tí.

Espero de corazón que sigas brillando con el Sol, esa forma tan tuya de humor amargo y dulce al mismo tiempo, quiero que el universo escuche todo lo que reclama tú corazón.

Se la persona más feliz de este mundo y nunca cambies, recuerda que yo voy tras de tí.

Para mi hermana la más chiquita y bonita… Paola.