por María Fernanda Vázquez Castillo
La única luz que aún prevalece es la de las estrellas, dentro de este sueño infinito, donde el máximo color es gris, el cual no ayuda a recuperar la fortaleza de mi alma, si es que ella existe o probablemente sea nada más que una creación.
Llegas por el eterno camino negro, puedo ver tu delicada silueta desde donde me
encuentro, siempre me ha arrasado la sensación de permanecer, aunque sea de este modo, a tu lado, aun cuando sé que mi anhelo es el tuyo propio, porque nada me pertenece, todo es tuyo. Nunca tendré ningún problema en ello, no existirá mientras todas las noches regreses. Dejando así que, desde el árbol de tus sueños, donde reposo yo, te observe al regresar.
Los destellos se reflejan, ahora, sobre tu rostro entrando por el alfeizar de tu
ventana, comienzo a acercarme. Tus pequeños ojos empiezan a abrirse y entras a un sueño, uno donde me encuentro yo.
Ahora puedes verme.
No me reconoces, nunca lo haces; muchas veces me siento como un tonto por
mantener la esperanza de que algún día lo hagas.
— ¿Quién eres? — tu voz sale a penas como un susurro, una vez que estoy cerca de
ti me analizas, pero en tu mirada no hay miedo sólo deja vislumbrar confusión. En lugar de responder te tiendo mi mano como cada noche, aguardando a que la tomes y sentir el cálido tacto de tu mano sobre la mía.
Al inicio luces indecisa y es entonces cuando me acerco más a ti, sintiendo el leve
destello de calidez humana, de viveza profunda y de ensoñación efímera, nuestros ojos
hacen contacto, tus brillantes pupilas celestes, siendo lo único con color en este mundo gris, parecen reconocerme, me acerco más para depositar un inocente beso sobre tus pequeños labios, rodeas mi irreal cuerpo con tus brazos, lo sé ahora ya has recordado. Te ríes como una niña y das ligeros saltos de emoción. Es inevitable unirme a este instante de alegría donde sólo estamos nosotros dos, intento ignorar el hecho de que al amanecer todo nuevamente se desvanecerá.
Sales por la ventana, me apresuro a seguirte mientras dejas que el viento nocturno
caiga sobre ti, das vueltas haciendo que tus cabellos castaños se alboroten, evocas en mi
alegría, una incapaz de ignorar. Caminas hasta el árbol, donde cada noche espero tu llegada. Sin hacer nada relevante mi iluso corazón se emociona sin más, con melancolía por el conocido final.
¡Te amo! Eso es lo que quiero decirte. No, lo necesito. Necesito tenerte conmigo, en
este mundo, el cual no es más que un producto de tu imaginación. No puedo pedirte que te quedes, pues abandonarías tu vida, donde si hay cosas reales. No me lo perdonaría.
— Me gustaría estar así para siempre — aún con el tono bajo de tu voz, se nota la
seguridad en tus palabras. Nuevamente no respondo a tus palabras, me inunda el deseo.
Dejo como cada noche, que el tiempo pase mientras vemos juntos un quimérico anochecer. Doy un pequeño vistazo a tu habitación, ahí está tu cuerpo descansando con una interminable paz. Aunque no lo vea claramente sé que estas sonriendo entre sueños.
Tengo una interminable colección de momentos contigo, sin embargo, tú no
recuerdas ninguno. Sé que cuando el sol aparezca yo ya no existiré en tu mente, me iré
similar al humo, que ante un leve roce deja después sin rastro.
— ¿Lo recordarás? — la pregunta surgió de mí, mostrando un anhelo mío y de ella.
— No. — Ya conocía la respuesta.
El amanecer estaba comenzando y en este mundo artificial todo estaba
desapareciendo. Tus ojos comienzan a cerrarse, solamente siento mágicamente el ligero
peso de tu cuerpo sobre el mío, se desprende poco a poco, dejo poco a poco de sentir todo, tú te llevas mis emociones.
— Ella está durmiendo. — Dije para mí.
La tomé entre mis brazos, volví a entrar por la ventana para colocar tu cuerpo
dormido, mientras el otro continúa soñando, vuelves a ser la misma, a ser real.
Es de mañana, una vez más. Todo se desvanecerá. Como si nunca hubiera pasado.
Ahora yo soy nuevamente un sueño olvidado.
Mi nombre es María Fernanda Vázquez Castillo, nací en la Ciudad de México, pero ahora vivo en el estado. Actualmente tengo 18 años y soy estudiante de la carrera de Letras y Literaturas Hispánicas en la UNAM.
Desde pequeña tuve un interés por la literatura, principalmente por la creación, más adelante por su estudio. Es por ello que con el paso de los años he buscado mejorar mi estilo de escritura para mostrarlo a los demás.









