La Reclamante: Breve ensayo de violencia sin hipótesis ni argumentos

por Dalila R. Tienda (fotografía de Nidi M. Sosa)

Llegué a pensar que el calor que se sentía en la casa era la carne que le habían arrancado a la Güera. No es normal el frío en primavera, pensé, pero la casa estaba caliente. Afuera no se escuchaban aires fuertes ni se veían las neblinas pesadas, sólo estaba frío, helado. Por esos días en los que  el frío número 51 nos llegó, tratábamos de no pensar tanto en la Güerita, que se nos fue muy pronto, Dios la tenga en su santa gloria; nos enfocábamos, mejor, en la quemazón que sentíamos en la tripa por la pinche impunidad en que se iba a quedar el caso de nuestra amiguita tan querida. 

El asunto estuvo más o menos así: a la Güera, estilista cotizada de la calle Juárez, la encontraron muerta en un tramo pelón de la carretera Monterrey-Saltillo. Esta es la parte que sale en los periódicos y la que nosotros contamos también, nos saltamos los detalles de su cadáver, al que fotografiaron por todos lados, igual de peloncito que el tramo geográfico, porque sí nos duele bastante imaginarnos que su carita de expresión dura fue arrancada, que le rebanaron todita su piel y que a lo mejor le entraron muchas infecciones a su cuerpo por la exposición de su herida de 1.73 metros a tanto germen que hay en el ambiente. No sabemos quién de su familia fue a reconocer el cuerpo de la Güera, no se comunicaron con nosotras, sus vecinas de changarro, para decirnos cómo estuvo la cosa, lo supimos después por una noticia que salió en Facebook; a la Güerita le quitaron la piel ya muerta, pero, mientras estaba viva, le arrancaron tres dedos del pie, le picaron tres veces el estómago, una vez en la vena del cuello y la dejaron ahí por 45 minutos, en lo que se le vaciaba toda la sangre. Ya al final dejaron su cuerpo sin piel.

¿Qué habrá hecho la mujer para merecer tanto dolor? [Rita Segato (2003) dice: (…) se «escribe» en el cuerpo de las mujeres victimizadas por la conflictividad informal al hacer de sus cuerpos el bastidor en el que la estructura de la guerra se manifiesta.] Qué íbamos nosotras a saber de esas cosas: violencias, feminicidio, sangre, mucha sangre, impunidad, hartísima impunidad. Antes, cuando la Güerita vivía, nomás nos preocupábamos por lo de la venta, la casa, los hijos y el marido; alguna que otra vez nos apurábamos por traernos chismes sabrosos para platicar con la familia, pero nada más. Pero ya nada es igual, sentimos que el mundo es un lugar que nunca hemos conocido y nos faltan las palabras para ponerle nombre a todo lo que vemos. Ahorita lo que nos trae locas es el eco de los gritos que ha de haber soltado ella cuando le estaban haciendo tantas barbaridades y el coraje que nos quema los intestinos, porque nadie hace nada. 

Todas sospechábamos del cabrón de Ignacio, un barrendero que tenía buenos tratos con policías federales y le tiraba los perros a la Güera, ella no le hacía caso pero este viejo la celaba como si ya tuvieran queveres. Él mismo anduvo diciendo que se había chingado a la Güera, que la había matado, pues; según decía, que porque andaba de puta. Eso les fuimos a decir a los de la Procuraduría. Nomás dijeron que iban a investigar, pero quedó en pura palabras, Su hermana nos habló para que volviéramos a ir, que fuéramos una, dos, tres, hasta quince veces anduvimos ahí. 

La última ya nos dio miedo porque un policía nos dijo que éramos unas pinches viejas arguenderas, que las que iban a entambar era a nosotras por andar de mentirosas y encajosas, y cuando las tengamos encerraditas, ahí sí agárrense, porque van a saber lo que es pedirle a Dios de rodillas. Entonces supimos que los amigos de Ignacio habían metido mano. No eran importantes esos pelados, todos igual de muertos de hambre que el Ignacio,esos sólo conocían a alguien que conocía a alguien que conocía… pero no importa, más adelante nos dimos cuenta [Marcela Lagarde (2007), antropóloga docente de la UNAM, sostiene que mediante complicidades los hombres manipulan las normas y se tapan unos a otros.] Nos dio harto miedo, porque ahora sabíamos que los hombres se entienden entre ellos, aunque no se conozcan. Es un pacto ya inscrito que crea un ambiente cómodo para que la violencia se reproduzca y escale a niveles inimaginados.

Yo quiero decirles a los señores esos que no les estamos asegurando nada, nomás queremos que se investigue bien, porque mi Güerita se lo merece, porque todas nos lo merecemos. Pero da miedo,  porque tanta gente en Facebook también dice que estamos locas, que a lo mejor la Güerita sí era una puta y el Ignacio sus razones debió de tener. Fíjate nomás, ante esta bola de gente tan deshumanizada, las locas somos nosotras.

¿Por qué no nos creen?, ¿por qué chingados no nos creen?

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Niveles inimaginados: Una mujer desollada por un hombre que dice amarla. En el caso de la Güera, y de todas las mujeres, no hay que potencializar los verbos: una mujer desollada por un hombre al que le gusta. Es vital no recurrir a las hipérboles o exageraciones, pues eso nos exige la sociedad; entonces vamos a decirlo tal y como fue: una mujer desollada por un hombre que la desea. Marina Azahua (2020) escribe: “Decir que nos están matando es articular una profecía. (…) Casi siempre está destinado a ser leído como una exageración… hasta que se cumple. Una, y otra, y otra, y otra vez, se cumple.” 

Aquí otra cosa que es necesaria mencionar, sin exagerar: a diario, entre 10 y 11 mujeres son asesinadas con brutalidad por hombres que decían amarlas, por hambres a los que les  gustaban, por hombres que las deseaban.

¿Por qué no nos creen?, ¿por qué chingados no nos creen? 

***

A nosotras se nos encogía el alma cada vez que llegábamos a la calle de Juárez a abrir nuestros negocios. Andaba el pinche Ignacio como sin nada, con su bocina colgada del chaleco, barriendo de un lado para otro; como si no le pesara en la conciencia el cuerpo despellejado de la Güera. Le notaba yo los pies más ligeros, se movía con más soltura y nos miraba con unos ojos de pantera y la sonrisa de hombre sucio, como diciéndonos atrévanse a abrir el hocico otra vez y ya verán cómo las dejo; como diciendo ya les quité a su amiga y les robé la  alegría de su venta diaria

En el frente frío número 51 iba yo de extremo a extremo, por el ambiente, hasta me daba miedo que se me fuera a voltear la jeta de tan helado y caliente. Salía a vender bien temprano por la mañana y regresaba a las 3:00 pm, bien puntual; después no aguantaba lo caliente de la casa y salía a helarme el cuerpo un poquito. Necesitaba enfriar el cuerpo porque, a diferencia de Ignacio, me sentía muy pesada. Dentro de mi casa había una calidez extraña, que no era propia de los tiempos de frentes fríos, traje siempre en la conciencia la piel aperlada de la Güera y me acordaba que así de calientitos eran sus abrazos. Recordaba también que ella siempre fue de ambientes abrasadores y que le hubiera dado mucho coraje saber cómo terminó: sin piel, una madrugada fría, y sin una cobija que la tapara de la brisa mañanera.

A nuestra Güerita nos la mataron hace once frentes fríos, una madrugada del 4 de marzo; hace 48 días. La encontraron a las 12:00 pm y nosotras nos vinimos a enterar hasta la noche, porque no checamos el celular hasta muy tarde. Nos veías a todas por el grupo de WhatsApp buscando una explicación racional a esto que nos parecía tan de locos; al día siguiente, cuando nos vimos, lloramos a grito abierto y pensamos que el luto se iba a cerrar ahí, que iba a ser como cuando se te muere un familiar; pero la Güerita no se nos murió como los familiares, a ella la mató un cabrón sin alma. Este duelo iba a ser diferente: pasamos de la confusión al dolor, del dolor a un miedo que nos tuvo como intrincadas en el shock[Cristina Rivera Garza (2011) escribe “Maleable, el miedo alerta ante el peligro, en efecto, pero sentido por mucho tiempo, también adormece. Paraliza.”]; de ahí a la rabia, el ardor de tripa que sentimos ahorita.

No sabemos cómo sacar este coraje que sentimos al ver a Ignacio con su sonrisa o escuchar las carcajadas de sus amigos policías. Dicen que el caso sigue abierto, que no hay pruebas ni línea de investigación clara, ¿cómo chingados no? Sentimos que se nos vienen todos los jugos gástricos y nos irritan el esófago, ya no podemos ni comer a gusto porque nos da mucho asco todo: este mundo tan jodido lleno de impunidad que pudrió la carne de la Güera. 

Nos quedamos sin nuestra amiga, sin la alegría de nuestra venta diaria, con mucho miedo y un dolor en la boca del estómago. Les decía yo a las muchachas que a nosotras también nos habían despellejado. Nos dejaron expuestas y ellos nomás hacen que hacen por la Güera, pero en realidad, todo lo que hacen, lo hace por ellos [El pacto no escrito].

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Dejo una pregunta al aire: ¿hasta qué punto el lenguaje limita nuestra percepción individual de una realidad colectiva?

Nombrar se ha convertido en un ejercicio necesario para romper una cadena de injusticias silenciosas. Ante el silencio, el grito colectivo: no fue un crimen pasional, fue un macho patriarcal, en la protesta y denuncia pública y feminicidio en el área legal. Pero, ¿qué significa esto término institucional? 

Marcela Lgarde (2008) define violencia feminicida como:

[…] la forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos en los ámbitos público y privado, está conformada por el conjunto de conductas misóginas -maltrato y violencia física, psicológica, sexual, educativa, laboral, económica, patrimonial, familiar, comunitaria, institucional- que conllevan impunidad social y del Estado y, al colocar a las mujeres en riesgo de indefensión, pueden culminar en el homicidio o su tentativa, es decir en feminicidio, y en otras formas de muerte violenta de las niñas y las mujeres: por accidentes, suicidios y muertes evitables derivadas de, la inseguridad, la desatención y la exclusión del desarrollo y la democracia. (Lagarde, 2008)

Lucía Melgar incluye, dentro de la tipificación, a los asesinatos perpetrados hacia las mujeres por el solo hecho de ser mujeres, precedidos de tortura, mutilación y que conllevan posvictimización. Esta posvictimización se materializa en la exposición del cuerpo violentado en medios de comunicación, en el escrutinio público y el cuestionamiento que se ejerce en un intento desesperado y frustrante por encontrarle una explicación racional a un acto tan atroz. Resultado de la exhaustiva investigación en la vida personal de la mujer, terminamos revictimizándola y el feminicida termina con una serie de excusas.  

¿Hasta qué punto el lenguaje limita nuestra percepción individual de una realidad colectiva? Lo que le pasó a la Güera, y lo que le pasa a 10 u 11 mujeres cada 24 horas en México, debe ser tipificado como feminicidio, esto no es una hipérbole de la violencia ejercida en el asesinato. Pero, ¿cómo  les explicamos a quienes nos tachan de exageradas que el feminicidio sí existe? Una mujer [insertar cualquier adverbio de modo para describir un crimen tan violento] asesinada por un hombre que dice amarla/desearla/quererla es una realidad tan palpable como visible, la violencia ejercida sobre su cuerpo durante y después del asesinato, es, claramente, una hipérbole de la sociedad deshumanizada e indiferente¿cómo chingados no?. Tipificar a estos crímenes como feminicidios, en una sociedad que exige a la rabia un respaldo institucional, es una respuesta justa para combatir esta guerra.  

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A nosotras nadie nos enseñó a gritar, se nos aprieta el pescuezo nomás de acordarnos de la mugrosa Güerita. Antes de todo esto, hace 55 días, cuando estaba viva, la calle parecía más grande y los días no eran estas uñas de gato que se nos entierran en los brazos y piernas. Claro que seguimos teniendo miedo, pero también estamos encabronadas con todos: con el pinche Ignacio, que anda tan liviano sin importar toda la piel que le arrancó a nuestra Güera; con los cabrones de la Procuraduría, porque no nos hacen caso y ellos son de los primeros eslabones de esta cadena tan oxidada que es el sistema; con el mundo gangrenado en el que murió mi Güera querida que nos hizo creer que todas estas muertes eran normales, que no importa lo que pase, una se muere y no la matan.

Dios te tenga en su santa gloria, Güerita, y me la imagino a ella con su piel calientita, recubriendo su cuerpo alto y medio robusto, su rostro entero y duro. Quiero arrancarme el cuero viejo que es mi piel y ponérselo a ella, para que se cobije los músculos. Dios te guarde en un riconcito en el que nadie te vaya a volver a ser daño, Güera 

[La Güerita pudo haber existido, con su piel aperlada, su cara de expresión áspera y piel aterciopelada. El frente frío número 51 llegó y Güera ya no lo habría podido sentir. Si todo fuera cierto, y el Ignacio en verdad asesinó a la mujer con una violencia impresionante, estamos seguras de que sigue barriendo las calles con sus pies y alma bien livianos. Las cifras no mienten: según Animal Político, en nuestro país sólo tres de cada cien asesinatos de mujeres son esclarecidos y sólo el 3.2% se recibe condena por feminicidio. Faltan aún tres frentes fríos, o tal vez menos, no importa, la Güera y otras miles de mujeres ya no los van a sentir. Por mientras hay que dejar que las amigas de la Güera, si es que existió, la lloren a gusto: con su ardor de tripa bien vivo, con su digna rabia erizándonos la piel].


Dalila R. Tienda

(1999) Estudiante de la Licenciatura en Letras Españolas. Piensa a la escritura como un ejercicio de rebeldía y a la literatura como una protesta más en contra de la realidad y las narrativas impuestas. Existe por las mujeres que la preceden y, al escuchar sus historias, va construyendo su cuerpo colectivo.

50 sombras de morado: Ciclo a Granel, o mujeres chingonas haciendo cosas chingonas.

por Irene González

En el año 2020 me propuse iniciar el trayecto en dirección a una vida más Zero Waste. Este movimiento global consiste, hablando de forma simplificada, en concientizar sobre la cantidad de residuos que generamos todos los días, aprender cómo podemos disminuirlos, disponer correctamente de ellos y entender que somos responsables de la basura que dejamos tras nosotros. La meta es, por supuesto, una vida sin desperdicio.

El término Zero Waste, o Residuo Cero por su traducción al castellano, cobró fuerza en gran parte gracias al trabajo de la francesa Bea Johnson, activista ambiental, conferencista y escritora. Bea disminuyó sus residuos al grado de que tanto su familia como ella viven sin generar prácticamente nada de basura. Su libro Residuo cero en casa: Guía doméstica para simplificar nuestra vida, ha sido traducido a más de 20 idiomas y es considerado uno de los básicos para adentrarse en el movimiento.  

Inspirada por Johnson, me decidí a empaparme de información. Cuando empecé a buscar blogs Zero Waste en redes sociales, algo que no anticipé encontrar fue una cantidad significativa de mujeres detrás de muchos de estos proyectos. Tampoco lo fascinantes que eran tanto ellas como sus historias; personas increíblemente creativas, inteligentes y conscientes, resueltas a poner todos sus recursos a trabajar en pro de una sociedad amigable con el planeta. Fue una grata sorpresa. 

Entre esas mujeres inspiradoras que están rompiendo paradigmas y creando proyectos de emprendimiento trascendentales se encuentran las hermanas Jesica y Mariana Camarena Dorado. Ellas me permitieron contar aquí un poco de su historia. 

Ciclo a Granel, la inquietud por hacer un cambio.

Jesica y Mariana crecieron en una familia con mucha conciencia ecológica, algo que no resultaba tan común por aquellos años. Antes de que el término Zero Waste circulara por las librerías y la ecología fuera un tema de “moda”, su mamá, Anabel, ya era una persona comprometida con el medio ambiente. Más allá de recordarles a sus hijas que debían tirar la basura en su lugar o hacer composta, Anabel siempre predicó con el ejemplo. Mariana la recuerda volviendo de sus paseos con costales llenos de plástico que recogía de las calles para reciclarlo, sin importar que estuviera sucio, que no fuera suyo o le hiciera bulto bajo el brazo. Es una práctica que mantiene hoy en día. En la casa donde se criaron nada tenía desperdicio: los residuos orgánicos iban a la composta, las cosas se reusaban. Ella fue su principal inspiración, quien contagió a las hermanas de pasión y de un gran amor por cuidar nuestro planeta.

Esta pasión se tradujo en una idea, y la idea creció hasta darle vida a un proyecto llamado Ciclo. Llegar a Ciclo, un increíble local ubicado en Avenida Juan Palomar y Arias #612 en Guadalajara, Jalisco, es ser cálidamente recibido por la familia Camarena. Es la sorpresa de encontrar de todo: alimentos, dulces, shampoo sólido, detergente de ropa, y más artículos que, con cariño, Jesica y Mariana han seleccionado. La tienda maneja un modelo de venta a granel. Su catálogo, además de vasto, está compuesto por productos libres de envoltura innecesaria, naturales, reusables y en general alineados a la vida Zero Waste. Ciclo también es centro de acopio para materiales reciclables, como el vidrio, cartón, PET y aluminio. 

Como Anabel, quien va un paso más allá al responsabilizarse de los residuos ajenos, Mariana y Jesica sintieron que hacer cambios en su propia vida no bastaba. Anhelaban compartir su visión, inculcar en otros la misma pasión que sembró en ellas su mamá desde chiquitas, poner al alcance de las personas la información necesaria para generar consciencia y despertar el cambio. 

“Emprender fue una idea muy instintiva, una conversación muy casual. Jesica y yo estábamos en la misma sintonía, nuestra visión era muy similar y las dos nos complementábamos. Nos movían las ganas de marcar una diferencia” Relata Mariana. “A partir de nuestra propia experiencia nos dimos cuenta de que era necesario visitar varios lugares para comprar productos de este tipo, para reciclar, etc.”

Se decidieron a diseñar un proyecto que ofreciera una solución a esto, con la ilusión de motivar a más personas a realizar el cambio y facilitarles el camino a una vida sin residuos. Además de utilizar sus plataformas para dar a conocer Ciclo, difunden información relevante que busca concientizar y educar respecto a una vida más ecológica pues consideran que no solamente los productos deben ser accesibles, sino también el conocimiento. 

Navegando los obstáculos.

Emprender y arrancar un negocio nunca viene sin sus retos. Mariana identifica como uno de sus principales desafíos el presupuesto, tema esencial en el desarrollo de cualquier tipo de emprendimiento. Además de tener una planeación cuidadosa y una red de apoyo sólida, las hermanas mantienen una actitud muy positiva durante los momentos más complicados. Saben que no están solas, creen en sí mismas y están convencidas de la misión detrás de Ciclo. Aunque ha llegado a resultar estresante en algunas ocasiones, su fe en decretar las cosas, su optimismo y disciplina han sido herramientas clave para salir adelante. 

Mantener una comunicación clara y asertiva entre ellas le parece indispensable a Mariana. Considera que ése ha sido uno de sus aprendizajes más importantes en este viaje que han iniciado juntas: tener siempre un buen canal de comunicación que sume a su relación como hermanas, que fortalezca su dinámica como socias y, por supuesto, beneficie siempre a Ciclo. 

Las hermanas han visto con satisfacción crecer y dar frutos a esas semillas plantadas a lo largo del camino. En el tiempo que Ciclo lleva abierto han construido una comunidad fuerte de clientes y proveedores. Han observado con entusiasmo cómo surgen cambios en la mentalidad de las personas que acuden a su local y platican con ellas, el impacto que ha tenido la información que comparten en redes sociales. Saber que han puesto su grano de arena las llena de orgullo, las motiva a seguir dándolo todo y les reafirma que están avanzando en la dirección correcta. Y es que su pasión es sencillamente contagiosa.

No se atribuyen todo el crédito, saben que sin el apoyo de toda su familia nada de esto sería posible. Sus papás, esposos, hermanos y cuñadas, están siempre al pie del cañón y son un claro ejemplo de la familia amplia, cálida y unida que caracteriza a los mexicanos. 

Unas palabras de sabiduría. 

“El éxito está del otro lado de la zona de confort.” responde Mariana al preguntarle qué consejos le daría a otras mujeres que sueñan con emprender. “Hay que escuchar esa inquietud dentro de nosotros que nos llama y nos inspira, aprender a fallar y atreverse. El mundo necesita más proyectos de mujeres, proyectos con intención y que buscan hacer un cambio. Necesitamos más mujeres buscando cumplir sus sueños

 También tiene un consejo para las personas que, como yo, quieren modificar sus hábitos de consumo y vivir de una forma mucho más responsable con el planeta. 

“Comienza poco a poco.” Nos dice “Es un error común pensar que debemos cambiar todo de una y agobiarnos. Haz un cambio, aunque parezca pequeño, y cuando se te haga fácil y natural, entonces da el paso siguiente. Puedes empezar utilizando bolsas reusables para tus compras, eligiendo un mercado local por encima de una cadena de supermercados o llevando tu termo a todos lados para evitar comprar botellas de agua. También está bien no ser perfecto todo el tiempo, pero si, por ejemplo, olvidas tu termo y compras una botella, recíclala. Hazte responsable de tus residuos. Lo importante es empezar a crear esta consciencia, cuestionarnos nuestros hábitos y hacer cada vez mejores elecciones.”

La historia detrás de Ciclo es una de dos mujeres que no se conforman, que se saben capaces de marcar una diferencia y para quienes los obstáculos son una oportunidad más de demostrar lo lejos que pueden llegar. Un proyecto con consciencia social, maravilloso, creado por mujeres e inspirado por mujeres. Encontrándonos ya muy cerca del Día de la Madre me parece apropiado cerrar con una última mención a Anabel, a su entusiasmo, compromiso y a quien Jesica y Mariana atribuyen con cariño la que consideran su misión de vida. 

Si están en Guadalajara, no olviden visitar Ciclo a Granel en Avenida Juan Palomar y Arias #612, Col. Prados Providencia. Pueden conocer más acerca de Ciclo a Granel a través de su Instagram: @cicloagranel


Irene González

Irene González estudió la licenciatura en Arte y Animación Digital en el Tecnológico de Monterrey. Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria por “Literalia Editores”, fue miembro del círculo de escritores tapatío “El Jardín Blanco”. Ganadora del primer y tercer lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de
Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Finalista en el concurso internacional “Novelistik de Ciencia Ficción” 2016. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos, incluyendo “Sirena Varada”, “En Sentido Figurado”, “Teresa Magazine”, “Quinde Cultural”, el periódico “La Jornada” y en su blog personal “Dystopian Fantasy”.
Instagram: @r.irenegon  

La importancia de ser mujer y escribir

por Alondra Grande

Durante años, décadas que se hicieron siglos se nos negó el derecho de opinar por el simple hecho de ser mujer. Mujer como condición social era igual a ser objeto, y es bien sabido por todos que los objetos no hablan. Así, entonces, el mundo fue construido por los hombres, coronado y enriquecido con sus deseos y la constante búsqueda de su satisfacción. Claro está que las mujeres no esperaron pasivas que la historia les pasara por delante mientras les lanzaba sobras. Aprendimos a resistir para poder existir dándole paso a los seudónimos, tuvimos que empujar el reconocimiento de nuestros pensamientos fingiendo no ser mujeres. 

¿Qué asusta más a la sociedad que una mujer que no se calla?, un conjunto de mujeres firmes en no ceder y arrancar uno por uno sus derechos. Surgen entonces las revistas, periódicos, editoriales feministas de mujeres para el resto del mundo. 

En la actualidad, ¿Por qué escribir? 

La respuesta corta es: porque podemos. Pero claro que va mucho más allá del simple “poder”. Escribamos porque se los debemos, nos lo debemos. Nos debemos el escribir una historia vista desde nuestros ojos, nos debemos el brindar a otras niñas la oportunidad de perderse en cuentos y fantasías escritas por mujeres, mujeres que no les hagan creer que deben esperar encerradas a que llegue un hombre en su caballo blanco a rescatarlas; les debemos no sufrir lo que nosotras sufrimos e incluso si ya lo vivieron les debemos decir que no están solas. Que nos lean en las piedras, las hojas, en los muros que rodean las escuelas y aquellos que cubren monumentos. Que nos lea el gobierno y tiemble pensando que ya no nos vamos a callar. 

Más importante que ser leídas, es leernos a nosotras. Leernos nos permite conocernos, establecer un dialogo interno con nosotras mismas, consolarnos y abrazarnos en palabras, sanarnos en presente, pasado y futuro. Leernos es aprender y renacer, reconocernos de frente a los que piden nuestro silencio. 


Alondra Grande

“Mi nombre es Alondra Margarita Grande Franco, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 20 años de edad y soy estudiante de Psicología, activista feminista y escritora ocasional. Escribir para mí siempre había sido un acto de rebeldía individual, una
revolución que no iba más allá de las palabras atrapadas en un papel a la espera de no ser vistas por alguien. Sin embargo, ahora creo que los pensamientos merecen ser compartidos y
enriquecidos con otras ideas, es esto lo que me impulsa a compartir lo que mis ojos ven y mis dedos teclean.”

Cristalina: El acto revolucionario del pensar

por Alexa Vázquez

Si nos encamináramos a definir qué es la justicia, ¿podríamos hacerlo? ¿El tema de la libertad es un tema frecuente en nuestro día a día? ¿Acaso nos cuestionamos sobre lo apropiado o inapropiado de nuestros derechos constitucionales? La realidad política en México no es más que ilusionismo precario y mala propaganda, fenómeno que nos ha acompañado por más de 45 años desde luego, y tristemente, gracias a nuestro consentimiento. ¿Qué podemos esperar, entonces, de la realidad social que nos rodea?

Hace algunos días salieron a la luz fotografías de la comunidad de Ayahualtempa, a las afueras de Chilapa de Álvarez, Guerrero, en donde niños eran enlistados por la policía comunitaria de la zona para contribuir a la defensa de la comunidad ante los grupos delictivos persistentes; estamos hablando de niños que, desde los 7 años, tienen encuentro directo con factores de violencia social. No hace falta ir a la Franja de Gaza o a Tel Aviv para ver este tipo de situaciones tan crudas; es una realidad que permanece desde hace ya algún tiempo en nuestro país y que ha contribuido a darle razón de ser a las etiquetas de un país violento brindadas por gente de todo el mundo. La violencia ha ido ganando más terreno cada día, y no puedo dejar de preguntarme por qué hasta ahora está causando tanta impresión. En Guerrero, así como en otros estados, las policías comunitarias no son un tema nuevo y, por tanto, las iniciativas a las que se han tenido que someter por la necesidad misma de sobrevivir se han tornado de tal gravedad que hasta los niños han tenido que armarse para su defensa. No me enfoco en saber qué dirá la prensa al respecto, y ni siquiera ver cuál será la posición del presidente de la República, sino qué pensamos, ya no tanto como ciudadanos, sino como seres humanos. 

¿Qué puede detonarse de esto, según la monotonía con que se desarrollan estos temas en el ámbito público? Controversias en torno a quién dijo o no dijo lo que sea sobre ello; un poco de interés histórico sobre la razón de ser de las policías comunitarias; recolección de víveres por parte de algún empresario caritativo… Y, después de esto, ¿qué?

Parafraseando a Bertolt Brecht, ¿esperaremos a que vengan por nosotros y sea demasiado tarde? En este caso, ¿esperaremos a que alguno de nosotros tenga una experiencia fuerte de violencia para, entonces, reaccionar de alguna manera? La situación en la comunidad de Ayahualtempa, es una de tantas situaciones que nos incumben; ya ni siquiera se solicita tener participación directa, políticamente hablando, sino, mínimo, poner en función lo que, se supone, nos define como seres humanos: el pensamiento. Algo tan simple como emitir un juicio o dar una opinión, se ha vuelto algo poco frecuente y hasta incómodo; si se tiene la voluntad (aunque torpe) para criticar la vida social/personal ajena, ¿por qué no enfocar esos juicios a un plano distinto? La reflexión en torno a la política, la economía, lo social en general, se vuelve una necesidad en un país fallido como lo es México; ya no solo estamos hablando de un problema de educación, sino de práctica y consideración humana.Según lo que nos ha ensañado la historia, en tiempos de quiebre siempre logra abrirse paso la luz del progreso, y es lo que esperamos quienes, de vez en cuando, nos servimos de un gramo de esperanza para sobrellevar el curso, pero la espera no es, en este caso, la solución, sino la mera potencia y el ejercicio reflexivo, el desarrollo de esta: sirvámonos de los diversos espacios que tenemos a nuestro alcance para poner en práctica el diálogo, el debate, la opinión objetiva, así como incitar a otros a encaminarse, parafraseando a Sócrates, por la vía especulativa. Al final, nadie podrá estar a la altura de frenar el acto revolucionario del pensar.


Alexa Vázquez

Oriunda de Acapulco, Gro., México.
Estudiante de Filosofía en la Universidad
Autónoma Metropolitana; poeta y músico
por vocación; literata por adicción.
Sus intentos de poesía y demás
experimentos han sido salvados de los
brazos del viento quedando impresos en
algunos espacios, entre los que se
encuentran la revista literaria Pluma del
Ganso, revista Alcantarilla y el Diario de
Chiapas.
Llevando, como fusil en mano, la guitarra
en esta guerra contra la des-humanidad,
toma vuelo su esperanza ante cualquier
manifestación de arte; el amor, en estos
tiempos, es un verdadero acto de rebeldía.

Reseña: La música de mi vida (Blinded by the light)

por Reyna Morales

La semana pasada pude ver por fin una película, “La música de mi vida” (“Blinded by the light”). Hace como un año escuché una reseña donde la calificaban como “muy buena”. Y esperé a que la estrenaran en el cine… pero eso no sucedió. Y sin imaginarlo, la encontré en TV mientras vagaba por los canales buscando algo que ver.

Un adolescente británico de origen pakistaní vive con su familia: papá, mamá, hermana y prima, en un suburbio británico durante la segunda mitad de los años 80. Crisis económica, política y social se reflejaban en el alto índice de desempleo. Los jóvenes no veían un porvenir, aún cursando carreras universitarias. Javed se encuentra en medio de este ambiente sin esperanza, presionado por cumplir su rol de hijo pakistaní, obligado a progresar por y para su familia, sin importar sus propios deseos. En medio de su desesperación y necesidad de perseguir sus propios sueños, ya que el desea ser escritor y no economista, escucha la recomendación de su futuro mejor amigo: la música de Bruce Springsteen. A partir de ese momento, Javed comienza su lucha personal, la cual va mas allá de encontrar empleo, lograr una carrera universitaria y no terminar como taxista. Tiene que imponerse y defender su futuro. Su padre no logra entenderlo, lo cual provoca numerosos enfrentamientos.

Javed además es talentoso, sabe hacer vibrar fibras con sus palabras. Su profesora de Literatura descubre su sensibilidad y apoya su vocación.

“La música de mi vida” (“Blinded by the Light”) es un película de esperanzas, de sueños de juventud y de autodescubrimiento, basada en hechos reales. Pero también es una película acerca de la amistad y la familia. Nos dice que seguir nuestros sueños es importante y necesario, pero la familia es fundamental. Con la familia, todo. Sin la familia, nada.

La literatura y la música son la base de esta película. Cada letra de cada canción de Springsteen van explicando cada escena. La aparición de cada canción es oportuna.  Curiosamente, la única canción que no se incluye es “Born in USA”

Una de las escenas mas bellas de este filme sucede en una plaza, donde Javed canta y contagia su energía a la gente a hacer lo mismo. Por unos minutos, se olvidan de las dificultades y sin sabores de un país hundido en una de las crisis mas duras que han atravesado en la historia. A través de la música, el ser humano es capaz de alcanzar la felicidad, por encima de la tragedia y el dolor cotidiano.

Y esto me lleva a pensar, además, que la gente en estos tiempos de pandemia, con todas las crisis que conlleva, no se han dado cuenta de que es el arte lo que nos va a rescatar, lo que nos va a sacar a flote, pues nos ayuda a olvidar y a entender lo que le esta pasando a la humanidad. El arte llena el alma y le reconforta. El dolor disminuye. El miedo se supera. La tristeza desaparece. Acaricia el corazón. Pero como humanidad no alcanzamos a comprenderlo. Nos hemos convertido en la peor versión de lo que podemos ser.

Un profesor me dijo que, de alguna manera, a quienes nos gusta el arte y la literatura, los que apreciamos el arte, los humanistas, nos es un poco mas fácil sobrellevar este confinamiento al que nos vemos visto obligados a guardar. Y yo creo que los humanistas somos quienes podríamos, en un momento dado, ayudar al prójimo a entender estos tiempos extraños y superar la dificultad… y aunque estamos listos para ese rescate, no somos los mas fuertes. Somos en realidad, los mas sensibles. Nos duele ver como las cosas no están saliendo como deberían. Nos preocupa ver tanta autodestrucción.

Personalmente, me preocupa nuestros destino. Me preocupa un futuro deshumanizado y sin orden. El futuro no pinta bien. Sin embargo, tengo fe en que cada ser humano encuentre en una canción, una imagen o en una palabra la fuerza e inspiración para mejorar su vida, para ser una mejor persona y aprenda que solo la empatía y la solidaridad nos va a salvar como especie.

FICHA TECNICA

“La música de mi vida”

 Dirección: Gurinder Chadha

Reparto: Vivek Kalra, Hayley Atwell, Rob Bryolou, Kulvinder Ghir, Nell Williams, Aaron Phagura, Meera Ganatra, Dean-Charles Chapanan, Billy Barratt, Nikita Mehta

Año / País: 2019 / Reino Unido

 Título original: “Blinded by the light”

Duración: 118 minutos

Estreno: 20 / 09 / 2019


Reyna Morales B.

Mi nombre es Reyna Morales B., soy e gresada de la Licenciatura en Ciencias Humanas. Escribo cuentos, reseñas, crónicas y algo de ensayo. Soy nueva en estos menesteres pero con muchas ganas de hacer aportaciones.Adoro el cine y la música. Soy adicta a las series de TV (¿¿¿Hay algo mejor que «Chicago Fire» o «The Nevers»???). Animalera de corazón y una auténtica Loca de los gatos…Así de disfuncional que soy… 

El hilo de las moiras: teoría del recuerdo

por Amaranta Castro

“Todo es mío y nada me pertenece, nada pertenece a la memoria, todo es mío mientras lo contemplo” —W. Szymborska

“El otro día llamé al amor de mi vida por teléfono, y cuando atendieron y escuché que era él, corté rápido. Me hizo bien saber que no murió todavía”1. La temperatura del día es 28 grados. A esta temperatura la hierbabuena de la casa comienza a secarse, se dobla hacia adentro, cuando sus hojas queman se puede escuchar un chasquido verde. 

“Me hizo bien saber que no murió todavía” Tal vez ahora camina por una calle, en silencio. Recorre sus dedos en una pared amarilla, se detiene en la esquina. Semáforo en verde. Después de todo no iba a detenerse, aunque yo lo supiera. “El otro día llamé al amor de mi vida por teléfono”. ¿Qué día? Seguramente un viernes durante la tarde. Caminaba por el pasillo, regresé a mirarme en el espejo y lo haría: el rostro ya sin ojos, ya sin boca, un rostro que se reconoce como nunca antes lo había hecho. Mis manos volvían a parecerse a las de un extraño. No siento que estas sean mis manos, sino las manos de otro. Unas manos autómatas. Pero primero investiga el número. Quizá sea el mismo. No lo era. Siento agujas en los dedos. Cambiaba un dígito. El número cuatro. Un número estable con mitades exactas.

Saludo, pregunta, respuesta. Afirmación. Pares adyacentes. Despedida inconclusa.

“Y cuando atendieron”: existen ciertas millonésimas de segundos que nos separan entre el pensamiento y lenguaje. Primero se piensa, se tiene el pensamiento. Una conexión neuronal que abarca una o la totalidad del cerebro. Codificación en el área de Broca, es ahí una de las casas del lenguaje. Que no es lo mismo que la casa del ser en Heidegger ¿o sí? No más bien el ser reside en el lenguaje. No se sabe cómo los impulsos neuronales, o al menos yo no lo sé, cómo se convierten en palabras conocidas, oraciones, sintaxis. Por ejemplo: Hola, quise llamarte. Luego esas palabras mandan impulsos a los órganos motores: cuello, voz, cuerdas bucales, más que voz. La quijada, los pulmones: todo lo que se implica en la palabra. El acto de hablar. Se teje el lenguaje, sale a través de la boca: Hola ¿a quién busca?

“Y cuando escuché que era él”: El nexo y nos refiere a oración copulativa normal, una parte de un instante que se une a otro. La conciencia continua de lo que se ve, las leyes físicas que transcurren en la misma dirección, pero no se sabe por qué o al menos yo tampoco lo sé. El verbo ser, irregular o imperfecto. El ser como posibilidad de existencia. Él sin descripción, tan sólo la enumeración de ciertos sucesos: palabra en inglés, mirada evasiva, una sonrisa en un lugar oscuro. El final ya estaba ahí desde un inicio, una palabra en francés, una caminata solitaria. La nieve, el silencio, el viaje que nunca hicimos de regreso. Su mirada atenta en un cuadro con un círculo negro. Había dos opciones y él eligió la primera. Confusión, una esquina de madrugada. Él es la asociación de una palabra con otra. Asociación de palabras y conceptos, usos de palabras que sólo sirven para describir un puente entre su tiempo y el mío. Continua: Él es la lámpara de cristales que alguien encendió, la luz y la sombra de los cristales de esa lámpara, la casa abandonada, la casa sucia, la casa limpia, el día en que llovió y el agua inundó nuestras piernas. No volver a encontrar, ni hablar, ni a ver. Hacer de cuenta que el otro está como muerto, que no comparte el sol que ahora mismo sale detrás de mí. Ahora yo le doy la espalda. “No murió todavía”, pero eso de qué sirve, de qué ayuda. “Me hizo sentir bien”, claro. Pero yo no quiero resucitar a un muerto.

1 Para mayor referencia acerca de la frase, puede verse: <https://www.facebook.com/LaGenteAndaDiciendo&gt;


Amaranta Castro

Estudió Estética y Filosofía del Arte (BUAP). Dirigió círculos de
lectura en las áreas juvenil e infantil (BUAP). Participó en la creación del proyecto para la difusión de lectura y las artes: Convivencia en Letras (BUAP, 2015). Cursó el diplomado en Creación literaria en la Escuela de Escritores SOGEM. Ganadora en la categoría de Poesía en el 10º Festival Internacional de Escritores y Literatura, Guanajuato (2015). Ha publicado en periódicos nacionales y revistas. Fue becaria del programa de Innovación artística (IMACP, 2018) con el libro: “Voces de los árboles”. Algunas de sus poesías fueron seleccionadas en la obra de escritoras contemporáneas mexicanas, “Romper con la palabra”. Estudia Lingüística y Literatura Hispánica (BUAP).

Mentiras de verdad: Volviendo a la poesía

por Ericka Ovando

Existen tantas cosas increíbles sepultadas en los horrores, la convulsión del día a día, la temporalidad, el odio y en la actualidad la crudeza de la pandemia; que hablar o tomar tiempo para ellas, a algunos puede resultarles un quehacer sin importancia. Titubee al escribir este texto porque existían demasiadas cosas que también vale la pena explorar y decir, desde la ciencia hasta la literatura, pasando por las series numéricas, los problemas sociales y los análisis literarios. 

Selma Meerbaum-Eisinger escribió en 1939 “El aire está quieto, cargado de anhelo”. Ese anhelo que irrumpió en forma de palabra en los campos de concentración, en el paso del tiempo, en la muerte de una joven poeta a los 18 años frente a uno de los episodios más crueles de la historia. Emily Dickinson, quien probablemente entienda mejor que nosotros lo que es no salir de casa confesó “Para fugarnos de la tierra un libro es el mejor bajel”, esa vía de escape siempre segura para todas y todos. Ambas poetas, se presentan solas por la calidad de su trabajo literario; al igual que Amparo Dávila, Virginia Woolf, Juana Meléndez, Chantal Maillard, Anne Carson, y muchas otras escritoras ponen de manifiesto: la poesía para explorar nuevas temáticas, presentar esa realidad escondida en un mundo donde el papel de la mujer se ha constituido secundario, a pesar de ser fundamental por sí mismo, tal como las aportaciones literarias, y científicas dejan de manifiesto.  

Me resulta contrastante que la lectura, la cual nos obsequia la oportunidad de escapar a través del papel como ya se ha mencionado; no sea valorada en México. Sí, México donde el promedio de lectura es de apenas 3.4 libros al año; donde en plena pandemia, el promedio de desapariciones reportadas por día es de 13 personas y nos encontramos con 10 feminicidios diarios, México donde ninguna causa social es lo suficientemente valiosa para unificarnos. 

Aunque la taza de lectura, los índices de desapariciones y feminicidios son eventos que no guardan una relación directa, son un referente; contrasta el silencio con el ruido, la memoria y el olvido. La sociedad permanece anestesiada, no indiferente, pero sí estática, en silencio como quien ha perdido poco a poco sensibilidad en su piel y ya no siente la quemadura expuesta. 

Selma Meerbaum-Eisinger y Emily Dickinson se opusieron al silencio que se esperaba de su propia existencia, construyeron en su obra la escritura que representa la rebelión a un mundo que silencia a las mujeres; y de esta forma a través de la poesía dejaron evidencia de ellas mismas. Con la misma fuerza que hoy más que nunca las mujeres se escuchan, hemos decidido gritar por nosotras. 

Es así como la poesía nos salva, es decir el arte nos salva, nos obliga a recuperar esa sensibilidad perdida, exige construir la memoria colectiva y cuestionar la memoria personal. Y a pesar de que es evidente que existen temas que se tratan como prioridad y  tal como dijo Juan Gelman “el mundo esta con el asunto de la crisis mundial y con el asunto de comer cada día” entendemos que cuando lo más elemental nos lo permite nos acordamos de prestar atención de vez en cuando a esos quehaceres sin importancia para recuperar un poco la sensibilidad en nuestro cuerpo y poder escuchar al de al lado , y poder sentir esa quemadura expuesta que compartimos, y aunque duela, entonces poder buscar algún medio para sanarla. Contrarrestar esa anestesia que solo nos permite seguir adelante sin percibir la realidad que nos rodea.




Ericka Deyanira Ovando

Ericka D. Ovando Becerril (Ciudad de México, 1996) actualmente tiene 24 años, es ingeniera biomédica y lic. en Lengua y literatura. En 2015 resultó ganadora en el concurso Master Peace México en la categoría de cuento; asimismo, ha formado parte de diversos talleres de creación y crítica poética, además de cursar dos diplomados en Creación literaria por el Instituto Nacional de Bellas Artes y la Coordinación Nacional de Literatura.

Una voz inquieta | #LaIlustraciónSePaga

Por Abril Rosas

Hace unos días la Secretaría de Educación Pública (SEP) a través de La Comisión
Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG), lanzó una convocatoria
dirigida a artistas y creativos para formar parte de las nuevas portadas para libros de texto de educación primaria. En esta, se pretende invitar a creadores de arte a enviar piezas propias que promuevan la educación y los valores que niñas y niños mexicanos deben ejercer en pro del respeto a los derechos humanos y una vida saludable.

Sin embargo, la convocatoria rápidamente se volvió objeto de crítica y campañas en
contra por parte de los mismos artistas a los que se dirigió, pues en el apartado
correspondiente al reconocimiento especial que los creadores recibirán tras ser
seleccionados, se suscita como premio un diploma y el ejemplar de un libro. Es
decir, se omite por completo una remuneración económica a los autores de las
obras.

En compañía de los artistas indignados por la descalificación de su trabajo, se
unieron medios de comunicación, quienes no tardaron en exhibir la opinión del
público a través de redes sociales. Grosso modo, rápidamente acrecentó el
descontento por la propuesta de la SEP, así como una serie de disputas sobre si el
contenido y materiales gráficos expuestos deberían ser remunerados o no.

Ahora, es prudente cuestionar, ¿cuál es la reacción más común cuando llega a
nosotros la noticia de que algún conocido o cercano decide dedicarse al arte? En
general, y a excepción de casos específicos cuyo análisis remitiría a una posición
económica superior al promedio, se obtendrá una negativa a la idea, bajo premisas
que garantizan que no es posible “vivir del arte”. Sin embargo, ¿cómo se le puede
dar la oportunidad a los artistas a solventar sus gastos si los mismos mecanismos
promovidos por el estado reducen su arte a mano de obra gratuita?

Irónicamente, es obligación del estado asegurarse que todo aquel que se dedique al
arte cuente con las condiciones y medios para hacerlo, es decir, debe promover su labor como un trabajo digno. Esta responsabilidad se corresponde con los derechos
culturales que todos los mexicanos tenemos garantizados en el artículo 4to
constitucional, y que a su vez, refieren a acuerdos internacionales en materia de
cultura. De esta manera, la iniciativa del CONALITEG no sólo demerita el trabajo de artistas, sino que atenta contra una de las obligaciones públicas, que a su vez conforman un derecho.

Desde otra perspectiva, muy probablemente habrán opiniones que consideren
exacerbadas las reacciones de artistas y medios, contemplando a las creaciones
artísticas como actos para pasar el tiempo y actividades para dedicar el ocio, sin
embargo, la historia del arte evidencia que estas manifestaciones constituyen una
parte primordial en el desarrollo e identidad de las sociedades y culturas a lo largo
del tiempo. De tal manera, que es imposible concebir al renacimiento sin la
intervención de Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci o Rafael Sanzio.

Entonces es innegable el valor del arte en la sociedad, en su desarrollo y su cultura.
Y si esto es así, ¿por qué el trabajo de artistas no debería ser remunerado? Sobre
todo si las obras serán distribuidas en material impreso a millones de pobladores en el país. El diseño e ilustración editorial son campos de trabajo que para estas casas de producción implican la generación de empleos, y para los artistas, una
oportunidad digna de monetizar su trabajo. De no ser así, se está reduciendo un
campo laboral que ya sufre una infravaloración a causa de prejuicios sociales.

Y, a propósito de esta infravaloración es necesario desmentir su origen, que tiende a
argumentar que el arte no tiene un fin útil, sobre todo si se compara con labores y
prácticas propias de las ciencias exactas. Así, se debe remitir a lo que
organizaciones expertas en salud apuntan sobre el arte, la expresión de emociones
y la salud mental.

Organismos nacionales e internacionales de carácter público y privado respaldan al
arte como un medio que incentiva la expresión emocional del individuo, además de
mejorar procesos cognitivos y ayudar a asimilar situaciones complejas. Para no ir
muy lejos, el shock emocional que generó la pandemia se vio reflejado en una alza
de suicidios de mujeres jóvenes en Japón. Esto de acuerdo a información proporcionada por la BBC en su artículo: “Coronavirus: el inquietante aumento de
los suicidios entre las mujeres en Japón durante la pandemia”, publicado el 23 de
febrero de 2021.

Con esto no se pretende expresar que el arte es un antídoto para la alza de
suicidios y otras afecciones relacionadas con la depresión, no obstante, sí es
intención de estas líneas destacar que el arte, en compañía de otros hábitos
saludables forman parte del desarrollo psicoemocional de un individuo, y que su
importancia es por mucho digna de destacar como una herramienta de apoyo
emocional. Y por tanto, se debe frenar el estigma del arte poco útil.

En este sentido, resulta absurdo suponer que una creación artística, con su valor
personal, social, histórico y cultural no deba ser remunerada. Incluso cuando
promete brindar de experiencia laboral a su artista, pues es este actor quien crea
para ser remunerado, sobre todo en un acto de creación tan grande como es ser
autor de libros de textos para los niños de todo un país.

Es hasta irónico considerar que una labor de tal magnitud sea “un regalo”, pues el
artista trabaja arduamente para que en una oportunidad de tal dimensión se le
pague de manera justa y pueda seguir creando con la posibilidad, de que en un baja económica (pues el artista es muchas veces freelancer) cuente con una reserva
monetaria.

Es por estos motivos, que la propuesta de la SEP resulta no sólo ofensiva para los
artistas y creadores mexicanos. En un ideal, debería indignar a todo poblador del
país que crea en la libre expresión; en el desarrollo y expresión cultural, emocional y financiero. Pues al final del día, un artista mexicano es un poblador más que con el sudor de su frente lucha por salir adelante.

Links de referencia y consulta:

https://www.conaliteg.sep.gob.mx/CREADORES.pdf
https://www.bbc.com/mundo/noticias-56112465

http://www.diputados.gob.mx/servicios/datorele/cmprtvs/iniciativas/Inic/136/2.htm#:~:
text=Art%C3%ADculo%204.&text=La%20Ley%20proteger%C3%A1%20y%20promo
ver%C3%A1,a%20la%20jurisdicci%C3%B3n%20del%20Estado.


Soy Abril Rosas, amante del arte y comunicóloga. Escribo como ejercicio de pensamiento y sentimiento; por una parte la demanda de razón que suscita la cotidianidad; y por otra, las emociones que para mis adentros se acentúan.

He escrito poesía, cuentos y relatos para Prosvet, Poetazos y para Líderes Ciudadanos en su certamen nacional: Historias Ciudadanas. También, para esta misma asociación recibí el premio a mejor cortometraje animado en 2020, donde fungí como ilustradora, guionista, productora y voz de doblaje.

Actualmente trabajo como ilustradora digital y me he desempeñado como periodista digital, guionista y productora para empresas privadas en mi natal Oaxaca de Juárez.


Zorro-cómic No. 1

Por Julia Ivalú

Julia: mujer de raíces fuertes. Ivalú: la primera mujer del mundo para los nómadas esquimales. Julia Ivalú: la primera mujer nómada de raíces fuertes. Calculadoramente impulsiva; nunca aprendió a cortarse las alas. Escritora, poeta y artista audiovisual mexicana feminista. Lic. en Animación y Arte Digital por parte del Tec de Monterrey. Cuenta con el diplomado en Danza Terapéutica Humanística y otro en Antropología del Arte, así como con diversos cursos de Escritura Literaria en Literaria Centro Mexicano de Escritores. Su cuento «La caída de un mago» fue seleccionado para su lectura en el auditorio del Museo Soumaya (2015). Su relato corto «So(m)bras» está incluido en el volumen Vita Contemplativa: Los invisibles, coordinado por el Mtro. José Manuel Suárez Noriega (2017). Su obra «Se acerca un zopilote» forma parte de la antología Teatro Mínimo, colección de la afamada dramaturga mexicana Gabriela Ynclán (2019). Su publicación más reciente «Gatonejos», se encuentra en el poemario Cuerpo o inferno, compilado por la poeta oaxaqueña Yendi Ramos (2020).

IG: @julia_ivalu
FB: Julia Ivalú – Escritora
Página web: bit.do/julia-ivalu


La miscelánea: De Girlmore Girls, El principito y mis primeros libros

Por: Fernanda Loe

Siempre es bueno recordar nuestros inicios, sobre todo los inicios de lo que más disfrutamos. La verdad no recuerdo bien a quien escuché esta anécdota, pero definitivamente conservo la historia porque me pareció rara en su momento. Resulta que la persona contaba que, de niño, sus papás lo llevaron a una librería y le dijeron que podía escoger dos libros, los que quisiera, y ellos se los comprarían con el fin de incentivarlo a leer. El niño en cuestión escogió la Ilíada y la Odisea. Ya eso de entrada me sorprendió mucho, porque no eran las versiones infantiles o los resúmenes, pero lo que me parecía más curioso era que sus papás lo llevaran a escoger libros y lo dejaran comprar lo que quisiera. 

Algo similar me ocurría cuando escuchaba las historias de mis compañeros de carrera sobre cómo habían incursionado en el mundo de los libros. Uno había empezado leyendo todos los libros de Verne, otro se había dedicado a seleccionar de la biblioteca familiar aquellos que eran de terror, encontrándose de frente con los cuentos de Poe. Otro más creció siendo fan de Sherlock Holmes y por lo tanto coleccionando todos sus libros. No faltaba el que tuvo un espíritu sensible desde la infancia, prefiriendo leer poemarios de Paz, Borges o Neruda para tener qué dedicarle a la que le gustaba en la primaria. Yo en esas clases mejor ni opinaba.

Mi casa no tenía biblioteca, ni refiriéndome al espacio físico ni a la colección de libros. Sin embargo, tenía a disposición un montoncito de libros que generalmente se guardaban debajo de la televisión y que habían llegado ahí por azares del destino. Entre ellos se encontraba Francesco: una vida entre el cielo y la tierra que recuerdo muy bien porque yo creía que era de magia o de amor ya que en la portada salía la cara de un hombre que parecía modelo italiano. Spoiler alert: no es de magina ni de amor, bueno no de amor romántico. 

También tenía a disposición los libros de mi mamá, que la verdad formaban una colección de buen tamaño, pero de los que no me dejaba leer más que algunos porque no eran adecuados para mi edad. Por eso crecí creyendo que Paulo Coelho escribía novelas o eróticas o de terror y muerte. Verónica decide morir, La bruja de Portobello, El demonio y la señorita Prym, La quinta montaña, etc. siempre me sonaban a algo de adultos, excepto el de A orillas del rio piedra, me senté y lloré que pensaba que eran poemas. Fue hasta la secundaria que me di cuenta de que Coelho no era escritor de terror ni de erotismo. Y en la universidad me hicieron entender que Paulo sin duda, no era el más citado entre intelectuales, ni para anécdotas. Me lo decían tarde, yo ya había leído casi todo lo que publicó antes del 2010.

Sin embargo, mi mamá sí quería tener una hija lectora, e hizo todo lo que creyó prudente para llevarme por el camino de los libros. Me leía muchos cuentos y recuerdo que cuando íbamos en vísperas de Navidad a comprar las cosas de la cena junto con mis abuelitos y mi hermana, me compraba un libro que considerara bonito y adecuado de entre la oferta que ofrecía la sección de libros de la Comercial Mexicana. Casi siempre eran libros de cuentos con ilustraciones bonitas. También una vez en mi cumpleaños me regaló un libro de fantasía que se veía hasta imponente por la portada de pasta dura. Lo malo es que era el libro número 3 de una colección de 10. De todos modos, lo leí. 

Entre esos libros que me compraba, un día llegó a mis manos El principito. No sabía de que se trataba y después de que lo leí, seguía sin entender para qué contaban esa historia. Se me hizo lindo lo de cuidar a la rosa, agarrar al zorro de mascota y los dibujitos de la boa, pero fuera de eso no entendí mucho. Sin embargo, fingí que estaba padrísimo con tal de que me siguieran comprando libros. Y así seguí, creciendo y leyendo lo que fuera al mismo tiempo que veía películas de gente que crece y lee, como Matilda, que sigue siendo de mis películas favoritas. Siempre soñé con tener un carrito y llenarlo de libros mientras lo arrastraba por mi colonia. 

Después inicié con diferentes proyectos de lectura, también incentivada por otras películas. Por Matilda en la primaria decidí ser la encargada de la biblioteca. Me dieron el puesto sin muchas dificultades porque nadie lo quería ya que implicaba no salir al recreo dos días de la semana. Eso fue un éxito. Leí muchos libros durante esos dos años, aunque la mayoría de tipo enciclopédico (de esos que explican todo acerca de las gallinas o desglosan los tipos de dinosaurios), no tanto Moby Dick. Todo esto sin dejar de lado lo que nos dejaban en la escuela, como el tan entrañable Paco, el chato.   

Luego, ya en mi adolescencia, se me ocurrió hacer lo que hace la protagonista, Mandy Moore, de Un amor para recordar. Tiene una lista de clásicos de cada país y los va leyendo en orden hasta terminar cada lista. Muy pronto se volvió insostenible para mí. Yo no sabía si las listas eran inventadas o las tenía que hacer yo a mis consideraciones y además muchos de esos libros estaban muy caros para una niña con el dinero equivalente a una bolsa de chetos y un frutsi a la semana, por ser clásicos además de traducciones. 

Fue en esos momentos cuando llegó a mi vida una maravilla que hasta hoy me hace querer levantarme por las mañanas. Esa maravilla se llama Girlmore Girls. Es una serie que cuenta la vida de una chica llamada Lorelai y su hija que, también se llama Lorelai (aunque le dicen Rory para no confundirse), en un pueblo pintoresco y bonito llamado Stars Hollow.  De ahí supe que quería ser como Rory, leer mucho y, sobre todo, tener muchos libros. Además, quería ir a Harvard y que mi mamá fuera mi amiga, pero eso es para otra plática. 

Un poco después, durante la secundaria, el día más esperado por mí era el de la feria de Sant Jordi donde llevaban a la escuela puestos de diferentes librerías. Juntaba dinero todo el año para ese día traerme varios libros. Pagarlos también me hizo valorarlos como objetos. Fue justamente un día de esos cuando compre Persona normal de Benito Taibo, que llegó a mis manos en el momento adecuado para pegarme con Kola Loka al mundo de la lectura durante los difíciles años de la pubertad. 

Los inicios, sean como sean, son importantes para empujarnos a la lectura. Mucho de todo lo que he mencionado sigue en mis gustos y en mi personalidad. Por eso nunca negaré a Paulo Coelho, al Principito, a Matilda, a Benito Taibo ni mucho menos a Rory Girlmore junto con otras cosas que la Fernanda niña veía como ejemplo a seguir mientras deseaba con muchas ganas tener una biblioteca enorme y leer todos lo días de su vida. Esa niña sigo siendo yo, aunque con un poquito más de dinero para comprar libros. 


Fernanda Loé Gómez

Recién egresada de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM. Formó parte del comité organizador del quinto ENELLHI, donde, entre otras cosas, colaboró en el diseño y edición de la Antología Conmemorativa, además de ser fotógrafa de ediciones anteriores del evento. También participó como colaboradora del blog Aproximación a la literatura en lenguas indígenas mexicanas. Experta en datos curiosos de poca o nula utilidad. Es fanática del cine, de las series, de la música y, en general, de la cultura pop. Fotógrafa amateur y, sobre todo, amante de los libros