De Ana Frank, la tía Lú y una princesa de los pies

Por Fernanda Loé

Querida Kitty:

Estos días han sido muy raros. Me cuesta mucho trabajo saber si los adultos quieren que crezca o quieren que me quede por siempre como una niña. Muchas cosas están pasando a mi alrededor y estoy aprendiendo, entre por gusto y a fuerza, cómo es el mundo en el que voy a tener que vivir. Me está gustando, aunque también muchas cosas me dan miedo, desearía sáltamelas, y algunas más, me parecen absurdas. Defiendo mi idea de comer helado todos los días, de jugar y de imprimir más billetes para que todos tengamos dinero. Al parecer muchas cosas las voy a poder hacer hasta “crezca”, aunque en realidad no sé si ya estoy creciendo, es más, no sé si algún día voy a dejar de crecer.

Si tuviera que escribir una página de diario sobre las dos protagonistas de las que quiero hablar hoy, creo que sería esta. Crecer sin duda es algo por lo que ambas están atravesando, cada una a su manera, en diferentes contextos y con diferentes desafíos. Pero al final, las dos son niñas inteligentes, valientes y, sobre todo, llenas de preguntas. Una escribe para sentirse acompañada en un momento muy difícil que la asusta muchísimo, la otra, como parte de una promesa a su madre, pero también para tener una memoria de una de las mejores épocas de su vida.

El mundo siempre es distinto en ojos de una niña, así lo demuestra Ana Frank, la primera niñita de la que hablaré hoy. Creo que la mayoría ha leído El diario de Ana Frank porque a los profesores les encanta dejárnoslo en la primaria o secundaria y entiendo por qué. Para recordar un poco, Kitty es el nombre que la protagonista decide darle a su diario para sentirse acompañada por una amiga. En el diario escribe todo lo que siente y observa a lo largo de dos años durante los cuales tiene que estar encerrada, junto con sus padres, su hermana y algunos amigos de la familia. La cuestión es que Ana vive en Holanda durante la Segunda Guerra Mundial y es judía, por lo tanto, tiene que esconderse para no ser enviada a un campo de concentración.

Por todo eso, vive con miedo, sin saber qué va a pasar con ella, pero siempre con esperanza de que todo mejorará. Sin embargo, a pesar de esa terrible situación, Ana no deja de ser una niña. Desesperada por estar encerrada, se dedica a pensar y a escribir sobre lo que ve a su alrededor. Describe la casa donde se esconden y cómo son las personas con que la comparte, sus horarios, cómo pasa el tiempo estudiando y leyendo, habla sobre las peleas constantes entre los inquilinos e incluso de como Peter, un chico del grupo que comparte la casa, empieza a agradarle poco a poco.

A pesar de que se queja de su situación tiene en mente que vivir escondida es un privilegio y siempre trata de mantenerse a flote gracias a sus recuerdos. Nos cuenta cómo las relaciones con su mamá, su papá y su hermana se van deteriorando conforme pasa el tiempo y como su carácter por momentos, deja de ser optimista al escuchar las noticias que les llegan. Sin embargo, se entretiene estudiando, ayudando con lo que le toca en la “casa de atrás” (así le llaman al lugar donde se esconden) y platicando con sus acompañantes.  

Además de eso, Ana tiene que enfrentarse a los cambios que está sufriendo mientras crece, a los sentimientos que no sabía que podía tener y también a su nueva visión del mundo, que ha cambiado no sólo por su edad, también por el aislamiento. Se siente tan sola que desea que Kitty sea real porque lo que más anhela es una amiga. Y si bien no podemos entender por completo su situación respecto al miedo que sentía al estar escondida, sí podemos compartir ese miedo que todos en algún momento atravesamos a crecer y descubrirnos. Aún cuando tiene todas esas dudas, se obliga a no perder la dicha y el deseo de ser feliz, de tener una vida fuera de allí. Sobre todo, cuando empieza a enamorarse de Peter, lo que le da un sentido distinto a su vida dentro del escondite.

Y al pasar el tiempo, le pasa lo mismo que nos pasa a todos, no reconoce a la Ana que inició el diario. Se siente tan alejada y distinta que no puede creer que fuera la misma persona. Despreocupada, feliz, inocente, pero de una manera distinta. Ahora conoce lo que puede pasar en el mundo, puesto que la han tratado como una adulta, y, sin embargo, eso le emociona. Le da alegría saber que está empezando a conocer lo que es el amor, que ha cambiado su aspecto, que se preocupa menos por nimiedades y que incluso a la hora de agradecer cuando reza, lo hace de corazón, con sinceridad, no como obligación. Ese es el viaje de crecer. Y bueno, no es necesario contar el final de su historia.

Aunque a Ana la acompaña el miedo por crecer, también su contexto la hace vivir en alerta todo el tiempo. Y aunque el contexto no es el mismo, me gustaría hablar de otra niña que crece, descubre el amor, los cambios en su cuerpo y en su mente e incluso en la manera en que la tratan. Enfrenta problemas familiares y se cuestiona las grandes “verdades”. Además, lee El diario de Ana Frank, entiende la historia e incluso la usa para acercarse a más personas. Esa niña es Araceli, la protagonista de .

, escrito por David Martín del Campo, nos cuenta la historia de Araceli, una niña de 14 años que, por problemas económicos de su familia, es mandada unas vacaciones de verano con su tía Lú, una señora excéntrica, artista, solitaria y, sobre todo, enigmática ante los ojos de la niña, que siente que su vida ha terminado cuando ve que su tía vive en una zona rural de Chiapas y no tiene ni tele.

Araceli se siente conectada a Ana Frank gracias a que su mamá le obsequia un cuaderno y le pide que escriba todos los días para que después pueda conservar los recuerdos de esas vacaciones. Sin embargo, la tarea no le emociona hasta que su tía, para ayudarla e inspirarla, le obsequia un libro viejo, sin pasta, sin las últimas páginas y a punto de deshacerse. Ese libro es El diario de Ana Frank.

Poco a poco, de la mano del libro, de su tía y de sus pensamientos, va descubriendo una manera muy distinta de vivir. Lú es pintora y vive acompañada de la Nana Té, una señora viejita y aún más extraña que la propia tía. Su esposo, un día cualquiera, salió por la puerta y no regresó, dejándole solamente “El tesoro de Drake”, una tienda de antigüedades ubicada a un lado de la casa. También las acompaña Van Gogh, un perro viejo que pareciera sólo dormir. Por todo lo anterior, Araceli escucha todo tipo de habladurías sobre ellas, sobre todo provenientes de los otros niños de su edad, sin embargo, poco a poco va conociéndolas y descubriendo que su tía en realidad, es muy distinta a lo que imaginaba.

Al mismo tiempo, se enfrenta a los cambios de todo tipo. Hace amigos, Luis y Manuel, y aprende a darse cuenta qué personas vale la pena mantener en tu vida y cuales no. Luis, que es el chico rico de la comunidad, la lleva a pasear en moto y la invita a comer helado en la nevería de su familia, pero al fin y al cabo termina sacando su personalidad odiosa y desleal. Por otro lado, Manuel, que trabaja como pescador en la mañana y estudia en las tardes, se esfuerza por conocerla, ayudarla e incluso le pone un apodo: princesa de los pies.

Ese apodo se debe a que otra cosa que descubre Araceli gracias a su tía Lú, es su pasión: bailar. Su tía le paga la inscripción a una academia de danza folclórica con lo que se da cuenta de que además de ser talentosa para eso, es lo que más disfruta en el mundo. Entre otras cosas, la tía Lú trata de explicarle que la vida es otra cosa que perseguir el dinero. Pone de ejemplo al propio padre de Araceli (hermano de Lú), que, aunque también pudo haber sido un artista, se desanimó y decidió dedicarse a algo que le dejara aunque sea un poco de dinero.

Al mismo tiempo, la Nana Té le enseña que la voz es la sombra del alma, por lo tanto, nacimos para estar en todas partes, para disfrutar, para ser felices, pero también para permanecer. Le confiesa que viaja en sueños y que conoce el futuro, que sabe curar y que no todos pueden verla. También, que algunas cosas en la vida no necesitan explicación ni solución, solo tiempo.

Y aunque pareciera que Lú es la que ayuda a Araceli, también su sobrina le enseña cosas, pero, sobre todo, le regala complicidad y compañía. La apoya cuando tiene que montar una exposición de sus cuadros, está a su lado cuando recuerda a su hijita que se le murió, la pequeña Constanza. Comparte su alegría al pintar flores, árboles, pescadores y organizar reuniones de dominó con sus amigos. Incluso está ahí, cuando después de un diluvio devastador que trae pérdidas materiales y humanas, regresa su tío después de años de ausencia. 

Así, las dos juntas, aprenden cosas nuevas, crecen. Araceli pasa el verano más inolvidable de su vida y lo describe en su diario como lo hiciera Ana Frank, sin saber qué pasa al final. Disfruta el presente y se emociona por el futuro. Con décadas de diferencia, las dos comparten esa incertidumbre que trae condigo el cambio, ya sea de domicilio (como ambas hacen) o de pensamiento. Es por eso que Ana y Araceli, sin importar nuestra edad, tiene mucho que enseñarnos al compartir su historia. Al fin y al cabo, nunca dejamos de crecer.

Al mismo tiempo, la tía Lú nos ofrece la esperanza de convertirnos en adultos que aún sueñen y aprendan, se dedican a lo que disfrutan y que ven las cosas más allá de lo convencional, pues como le dice Lú a Araceli, es necesario pensar todos los días: “hoy amaré la vida más que ayer”.

50 sombras de morado | Sexismo olímpico, o rápido recuento de algunos cagues y otros aciertos en Tokio 2020.

Por Irene González.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 eran un evento con altas expectativas. El aplazamiento que tuvo que efectuarse el año pasado debido a la pandemia por covid-19 hizo de éste un acontecimiento aún más único. La naturaleza de los juegos permite reflexionar respecto a ciertas cuestiones sociales; sexismo, homofobia, racismo, etc. y este año se han presentado varias situaciones que tomar en cuenta.

Comentarios sexistas por parte del presidente de los JJ. OO. de Tokio

Yoshiro Mori, presidente del comité organizador y uno de los principales personajes al frente del evento, fue duramente criticado a nivel internacional en redes sociales. A principios de febrero de este mismo año declaró que las mujeres eran responsables de alargar las reuniones del consejo administrativo al tener dificultades para concluir sus intervenciones. Esto según una nota publicada originalmente por el diario japonés Asahi.

El ex primer ministro de 84 años también mencionó que si aumentaba el número de mujeres ejecutivas sin tener un tiempo de participación regulado, las juntas se prolongarían de manera indefinida. Las mujeres, según él, tienen un espíritu competitivo que las motiva a hablar: si una de ellas levanta la mano el resto busca aportar también, por lo que al final todas quieren decir algo. De acuerdo con el periódico Asahi los comentarios de Mori provocaron risas entre algunos asistentes.

El escándalo que se desató con la publicación de la nota y su posterior viralización orilló a la renuncia de Mori, algo que, presumimos, ya no le hizo tanta gracia.  

La infame multa al equipo noruego de balonmano por elegir jugar con shorts

Una noticia que parece perdida del año 1990 y que viajó en el tiempo por equivocación al 2021. ¿Todavía seguimos cuestionando el derecho de las mujeres por tener voz y voto sobre sus vestimentas? La Federación Europea de Balonmano parece creer que sí, pues en un arranque de nostalgia por épocas – todavía – más machistas decidió emitir una multa por la cantidad de 150 euros por jugadora tras la decisión del equipo de salir a jugar con shorts en lugar de bikini, como lo estipula el reglamento.

Las jugadoras se manifestaron en redes sociales, orgullosas y fieles a su decisión. La Federación Noruega de Balonmano, por su parte, ha respaldado la postura del equipo, al igual que miles de usuarios de todo el mundo que iniciaron varias protestas en internet contra la multa emitida: publicaciones en redes sociales, una petición en change.org e incluso una invitación a saturar el correo oficial de la Federación Europea con mails declarando estar en contra de dicha penalización.

Este caso no es exclusivo ni mucho menos. En las últimas décadas van ya varias situaciones donde los atletas denuncian la doble moral y las incongruencias existentes en temas relacionados a sus uniformes.

La buena noticia es que se observó una reacción general muy positiva y un sólido apoyo a la decisión tomada por las jugadoras noruegas de balonmano. La cantante Pink, por ejemplo, se ofreció a cubrir personalmente la multa del equipo. Así que, Federación Europea de Balonmano… SO, SO WHAT?

Comentarios homofóbicos dirigidos hacia el gimnasta español Cristofer Benítez

Siguiendo con la línea de noticias que deberían de pertenecer a otra década, la medallista olímpica rusa, Tatiana Nevka ha emitido críticas homofóbicas dirigidas a Cristofer Benítez por su participación, su manera artística de expresarse y el atuendo que decidió vestir durante la ejecución de su rutina en los JJ. OO. En sus declaraciones, la ex patinadora rusa menciona que la gimnasia es un deporte femenino y que le alegra que en su país no exista tal cosa. Agrega que se siente feliz de saber que sus hijos nunca verán algo semejante y se cuestiona las “tendencias” de la sociedad occidental actual.

Sus comentarios no fueron bien recibidos y posteriormente ofreció una disculpa. Sin embargo, ésta también acabó tomando rumbos polémicos… muy al estilo de “No soy homofóbica, perooooo piensen en los niñooos”, insinuando que un espectáculo como la gimnasia artística masculina es propaganda LGBT a la que los críos están expuestos.

Por su parte, Cristofer Benítez respondió a las declaraciones con un mensaje agradeciendo el apoyo del público, encabezado con un bonito e inspirador “Siempre Libre”.

Una mirada esperanzadora al porvenir de los JJ. OO.

A pesar de estos tropiezos nos atrevemos a ver con optimismo el futuro de los Juegos Olímpicos en materia de equidad y respeto. Las sanciones correspondientes fueron aplicadas a los ejecutivos u otros organizadores que tuvieron el mal tino de emitir comentarios desafortunados, el público ha favorecido a los atletas en casos como el del equipo Noruego femenino de balonmano y el del gimnasta español Cristofer Benítez. Y cómo dejar de aplaudir un acontecimiento histórico tan importante como el debut en los JJ. OO. del evento por relevos mixtos de natación y triatlón.

El trayecto por recorrer aún es largo, pero es satisfactorio ver lo lejos que hemos llegado desde aquellos años en los que las mujeres competían en falda larga y corsé. Bajo esta mirada, esperamos con buena cara lo que París 2024 depare.  


Irene González estudió la licenciatura en Arte y Animación Digital en el Tecnológico de Monterrey. Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria por “Literalia Editores”, fue miembro del círculo de escritores tapatío “El Jardín Blanco”. Ganadora del primer y tercer lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Finalista en el concurso internacional “Novelistik de Ciencia Ficción” 2016. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos, incluyendo “Sirena Varada”, “En Sentido Figurado”, “Teresa Magazine”, “Quinde Cultural”, el periódico “La Jornada” y en su blog personal “Dystopian Fantasy”.  

Instagram: @r.irenegon 


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Entre Caos Poético y textos perdidos | Festín de poesía, la sazón del Chile en Nogada


Por Elizabeth Vázquez Pérez

En pleno verano a punto de despedirse los aromas se hace presente la sutileza en la cocina por las calles de la ciudad. Letreros de restaurantes ofrecen al «platillo mexicano por excelencia» invitando a probar su historia plasmado en su sabor, a deleitarse entre pláticas de sobremesa y leyendas urbanas acerca de su origen sin embargo pienso que cada persona tiene en su mente una nueva historia que crear y contar de la experiencia al probar este manjar poblano.

Con su fisonomía demasiado atractiva provocó en mi la curiosidad visual desde niña por querer conocer su sabor y sin planearse se dio ante una invitación a la llegada del cumpleaños de una de mis tías donde se había convocado a una gran cantidad de familiares. Nos habían avisado quince días antes del evento, mi otra tía se emocionaba por Sara ¿ que le regalaría ahora a su cuñada? pensaba en voz alta.

Entre pláticas solo se escuchaban comentarios sobre la invitación y se predisponían al evento porque la tía era algo especial, linda pero con carácter. Pensábamos en la comida que servirían: mixiotes, guisado de epazote, tamales, etc…infinidad de suposiciones que al fin y al cabo no sabríamos hasta llegada la fecha.

Cuando el festejo llegó todos asistimos muy entusiasmados y arreglados. Su cochera enorme estaba llena de mesas y flores que adornaban el mantel blanco. Con emoción nos dirigimos a la cocina donde Sara estaba contenta y apurada aún cocinando. No supe bien a simple vista que era pero su aroma me abría el apetito, el olor al mes de Agosto se hacía presente en Octubre. Ya estando en la mesa los colores y aromas se fundieron en mí, el chile en Nogada que más disfruté. Era la primera vez que su tricolor imagen  degustaba y veía de cerca. Nadie pudo repetir platillo porque esa era la porción.

Entre ese recuerdo y años más tarde quise incursionar en la elaboración de uno. Compré los ingredientes, comencé su elaboración y en cada paso se mezclaban recuerdos entre sabor y aromas para revivirlo. Las frutas tratando de endulzar entre lo corpóreo y la memoria. Almendras, especias y el ardor de la corteza envuelta por la materia prima llena de generosidad para el comensal que como regalo se envuelve en esa nogada de Castilla que se da en los campos en plena época como si fuese concedido con propósito para la Honorable Puebla de Zaragoza. Un manjar que no puedo olvidar su receta y de la que quedé prendida en esencia de su elixir culinario.

Cocinar un chile en Nogada no es técnica, no es sencillez, ni costumbre, es arte desde su elaboración porque emana recuerdos a través de su sazón, de frescura a la llegada del otoño que te cubre con su manto como nieve que avisa la proximidad del fin de año.

Un festín lleno de poesía y sabor inigualable, de pasión por el cocinero hasta su comensal.

Por eso comprendí a la tía en ese día que se quedó como reflejo en mi pensar para poder enlazar  historia y sabor dentro del plato para tenerla en nuestra memoria no como mala anfitriona por dar un solo chile (rumoraban varios) sino que nos quiso mostrar un poco de su agradecimiento y sazón en su cocinar, le faltaba sal pero esa ya es otra historia.


Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.

Puedes encontrarla en:

Escribir para resistir | El demonio dura hasta que la princesa es valiente

Por Majo Soto

Este cuento fue escrito por una Majo de 16 años que llevaba algunos meses en terapia, trabajando la dolorosa, profunda, infectada y vieja herida del abuso sexual en la infancia. Es lo único que pude escribir en los tres años de desbordante depresión y estrés postraumático. Probablemente el cuento necesite arreglos o tenga algunas fallas en la trama, sin embargo, me es muy difícil leerlo y editarlo, pues hay cosas tan personales dentro de él, como los recuerdos nítidos y las canciones tenebrosas de la infancia que siguen apareciendo como soundtracks de mis pesadillas. Si pasaste por una situación similar, te abrazo a la distancia, eres tan valiente y valiosa como la princesa.

Érase una vez un lugar muy mágico donde vivía una linda princesa, a quien le gustaban los largos paseos por los alrededores de su castillo. La dulce princesa salía todas las tardes en busca de flores hermosas y hadas del bosque, corría alegremente persiguiendo el vuelo de las mariposas, mientras el viento feliz alborotaba su cabello. 

Una tarde, la princesa iba recogiendo hojas y flores, tarareando alguna melodía que le gustaba, cuando de pronto se dio cuenta que se había alejado demasiado de su castillo. La pequeña niña miró a su alrededor, el cielo ya no parecía azul y las nubes tristes cubrían la luz del sol. 

Siguió caminando, esperando encontrar algún sendero que la llevara de vuelta a casa, pero en cambio, encontró una cueva, escondida entre muchos árboles del bosque, en completa oscuridad y soledad. La princesa miraba la cueva, cuando una voz proveniente de su interior la llamó.

一Princesa, bonita一 dijo la voz一, ven, entra, hazme compañía. 

一¿Quién eres?一 preguntó la niña. 

一Solo soy un pobre demonio a quien el mundo ha abandonado, me siento muy solo y triste, ¿me quieres ayudar a sentirme mejor?

La princesita no pudo soportar la tristeza de la criatura, así que decidió entrar a la cueva. Era húmeda, fría, en forma de un espiral que parecía ser interminable y tenía un olor a tabaco impregnado. La princesa llegó hasta donde el demonio se encontraba, él encendió varias velas y ella pudo contemplarlo: era tres veces más grande que ella, su piel era seca y rugosa, sus ojos oscuros y pequeños y su boca húmeda y con un aliento que la mareó al primer suspiro. 

El demonio la llenó de comida rica, después la bañó con aguas termales, enfocándose en su largo y hermoso cabello, para después sacarla del agua y durante el secado, depositar en su inocente cuerpo besos y caricias que a ella le dolían, que ella no quería. 

Cuando el demonio terminó de vestir a la princesa, la dejó ir con la condición de que al otro día volviera a visitarlo, de no cumplir con ello, él dañaría a sus padres. 

一A partir de ahora serás mi muñeca一 le dijo 一, estás bajo mi hechizo para que juguemos juntos por siempre, pero es nuestro secreto. 

La pequeña princesa siguió viviendo aquella pesadilla durante muchos años. A pesar de que siempre intentaba pelear, al final el demonio ganaba, el proceso se repetía y al terminar, la sentaba sobre su regazo y sosteniéndola firmemente de su pequeña cintura, le cantaba canciones. 

Te quieren la escoba y el recogedor,
te quieren el plumero y el sacudidor,
te quieren la araña y el viejo veliz
también yo te quiero
y te quiero feliz.

一¿Me quieres feliz?一 le preguntaba la princesita. 

一Claro que sí, mi muñequita一 respondía el demonio, con esa voz grave que hacía temblar de miedo a la pequeña y ese aliento que le provocaba asco一, mi muñequita. Tus lindos piecitos son míos, igual que tu boquita y tus piernitas y yo puedo hacer lo que quiera contigo. 

Un día la princesita se sentía abatida, estaba tan cansada y harta de sentirse como un objeto que esa tarde, no opuso resistencia, solo se limitó a llorar. De sus ojos brotaron miles de lágrimas, salió tanta agua y tristeza de ella que al final no le quedaron fuerzas ni para hablar. El demonio se asustó ante los horribles llantos de la niña, temió que la princesa muriera ahí mismo, por lo que le permitió irse y nunca más volver. 

Los años iban pasando y la pequeña princesa fue creciendo para convertirse en una hermosa joven; sus padres buscaban a un príncipe que quisiera desposarla, pero la princesa rechazaba a todos los pretendientes o incluso se negaba a conocerlos. Su decisión de no contraer matrimonio comenzaba a desesperar a los reyes, no solo porque era necesario que la princesa consiguiera un esposo, sino que, además, no les daba ninguna explicación respecto a por qué se negaba a contraer matrimonio. 

La princesa en realidad no rechazaba por completo la idea de casarse, pero sentía mucho miedo. Habían pasado años desde que el demonio la había dejado de atormentar, pero cada vez que se miraba en un espejo veía a la muñeca fea y rota que el demonio quería. 

Una noche, mientras la princesa lloraba debajo de las estrellas, un caballero se acercó a su balcón y le preguntó si podía ayudarla. Al no recibir una respuesta, el caballero trepó hasta la princesa y sin pedirle más explicaciones, la abrazó. 

Así pasaron largas noches, la princesa y el caballero se veían en cuanto la luna asomaba en las nubes; algunas veces se quedaban hablando hasta el amanecer, otras, el caballero se dedicaba a acariciar los rizos de la princesa, mientras ella lloraba en su hombro. 

Hasta que una noche, el caballero, frustrado ante el llanto imparable de la princesa, decidió preguntarle si había algo que él pudiera hacer para remediar su llanto. 

一Tú no puedes hacer nada一 respondió la princesa con infinita tristeza 一, nadie puede hacerlo. 

一Pero tal vez, si me cuentas lo que te pasa, yo pueda hallar la solución一 insistió el caballero.

La princesa nunca había hablado, su garganta se cerraba cada vez que con su voz intentaba decir las monstruosidades que el demonio cometió contra ella. Era como si él la hubiera hechizado con el silencio; pero esa noche, el caballero la tomó de la mano con una ternura tan dulce que ese simple gesto de cariño ayudó a que la princesa lo contara todo. 

一Princesa bonita, yo conozco la solución para acabar tu sufrimiento.

一¿De verdad?一 preguntó esperanzada. 

一Necesitas enfrentar al demonio, demostrarle que no tiene ningún poder sobre ti. 

La princesa se estremeció de miedo al pensar en volver a aquél lugar, el escenario de sus pesadillas

一¿Estás seguro de eso, caballero?

一Totalmente一 le respondió él.

La princesa se llenó de miedo, a pesar de ello decidió que era mejor pasar ese mal momento a seguir teniendo horribles pesadillas, noches de insomnio, peleas con sus padres y desconfianza en todo el mundo. Así que, a la noche siguiente partieron en búsqueda de la cueva del demonio. 

Al llegar a la cueva, la princesa se aferró a la mano de su compañero para comenzar a recorrer el espiral que cada vez se hacía más pequeño y caluroso. De un momento a otro, la princesa se encontró en el mismo lugar donde el demonio la había lastimado por tantos años. El caballero se mantenía detrás de ella, protegiéndola, pero en un momento de descuido, el demonio logró separarlos y encerrar a la princesa en una parte de la cueva. Ella miró a su alrededor, observó todo tan familiar que comenzó a sentir cómo se volvía pequeñita, tanto como cuando era niña. Se convertía en una muñeca de nuevo, en propiedad de alguien. 

Y entonces, al alzar la mirada, se topó con el horrible demonio. 

一¡Mi muñeca ha vuelto!一 exclamó él con voz empalagosa. 

La princesa comenzó a temblar de miedo, podía escuchar al valiente caballero intentando abrir la puerta sin tener mucho éxito. Recordó todas las veces que se sintió indefensa, recordó la última vez en la que lloró tanto que pudo detener el infierno que vivía. En ese entonces era una niña pequeña, ahora era una mujer, ahora que había crecido era su responsabilidad rescatar a esa niña. 

一¡Yo no soy tu muñeca!一 le gritó 一 Mis pies son míos, mi boca es mía y mis piernas también. ¡No te pertenezco y no te tengo miedo! 

Con cada palabra la princesa sentía cómo recuperaba su libertad, mientras que el demonio se hacía cada vez más y más pequeño, hasta que fue tan diminuto que la princesa lo pudo aplastar con su zapato. 

Sin el demonio de por medio, la princesa se pudo ver en un espejo y por primera vez sus ojos no observaron a una muñeca rota y lastimada, sino a una princesa, a una joven hermosa. Miró sus manos que no estaban atadas ni inmóviles, podía hacer lo que quisiera con ellas; su boca que ya no callaba, que ahora podía gritar; su rostro y su cuerpo, que era suyo, suyo y de nadie más. La princesa, conmovida ante lo que veía, rompió en un llanto que esta vez no significaba dolor, sino felicidad, libertad. 

En ese momento, el caballero logró abrir la puerta, la princesa le sonrió, ya no era más una muñeca. 

Majo Soto nació una noche lluviosa de junio del 2001, en Querétaro, México. Es estudiante de Comunicación y Periodismo, bailarina de ballet, feminista y aunque no la define, sobreviviente de abuso sexual. Su trabajo literario ha sido publicado en diversos medios digitales como Especulativas, La Coyol Revista y Las Sin Sostén; respecto a lo periodístico, su trabajo se puede encontrar en Tribuna de Querétaro (Dossier del 8 de marzo 2021), Notas Sin Pauta y su columna en Escribir para Resistir.

Historias interactivas, una nueva forma de leer y promover la lectura

29 de julio de 2020 |Abril Rosas

Año con año, diversos medios refieren información sobre los hábitos lectores de la población mexicana, basándose en los datos estadísticos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Sin embargo, ¿cada cuánto las cifras resultantes de los censos son alentadoras?

Hace un par de días llegó a mi una página llamada “Nomad list”, donde, en resumidas cuentas se hace una comparativa de las distintas ciudades del mundo en relación a ciertos tópicos que evalúan la calidad de vida en miras a vacacionar, buscar trabajo e incluso realizar una mudanza. Hecho curioso resultó que México y su amplio territorio calificó de manera positiva en una considerable cantidad de rúbricas, tales como: cultura, tolerancia racial, felicidad, etcétera. Sin embargo, una constante resaltaba en las distintas entidades, la calidad en la educación, donde “mediocre” era la palabra que describía el campo. 

Con esto no pretendo dar una omnipotencia a la página que refiero, no obstante, ¿es de sorprender esta calificación? El sentido común, la información que desde pequeños recibimos y la comparación con otros países del mundo nos pone en evidencia el contraste que México posee ante los famosamente llamados “países primermundistas”. A decir verdad, que nuestro territorio no califique como tal se debe a una serie de variables más allá de la educación, aunque esta sea una de tantas. 

Sin embargo no es motivo de estas líneas hacer un análisis de tal calibre, pero no debe dejarse de lado el hecho de que ante los ojos de la sociedad mexicana, que su educación sea considerada mediocre no es ninguna noticia nueva. Ahora, hablar de educación es también ahondar en un terreno multifactorial, diverso y complejo, sin embargo, es posible delimitar.

Detengámonos para entender específicamente la relación entre la lectura y la educación. De acuerdo con información publicada por el INEGI el 22 de abril de este año, entre mayor es el grado de estudio de una persona, más tiempo dedica a la lectura:

“La población adulta con un grado de educación superior realiza 50 minutos continuos de lectura mientras que quienes no cuentan con educación básica terminada registran 35 minutos por sesión”. 

INEGI, 2021

Ahora, según la misma fuente sólo el 21.6% de la población mexicana mayor a 15 años cuenta con educación superior.

Con estos datos, es posible vislumbrar un escenario precario respecto a hábitos de lectura en el país, que corroboran una valoración mediocre de su educación. Así, surge la gran pregunta, ¿y ahora qué?

Aunque la información es desalentadora, otro dato proporcionado por el INEGI propone una alternativa de solución y tratamiento al problema de la poca lectura en el país. De acuerdo con este instituto:

“La mayor parte de la población adulta lectora de libros (42.6%) declaró que el motivo principal para leer libros es por entretenimiento”.

INEGI, 2021

Entonces, una alternativa para la promoción de la lectura, es apelar a su función como fuente de entretenimiento

Ahora, pensando en los libros como fuentes de entretenimiento se hallan en desventaja, pues compiten contra el streaming audiovisual, las redes sociales, los videojuegos, entre otros medios. Muchos de los cuales ofrecen al usuario interacción directa, lo que los involucra aún más, pues se vuelven partícipes de la narrativa que los entretiene, en contraste con los libros que muestran generalmente una sola historia o una sola forma de leer la historia (aclaro que hay excepciones).

No obstante, es aquí donde un atisbo de esperanza sale a la luz. Recuerdo que hace un par de años encontré una plataforma de historias interactivas llamada Pathbooks. Al principio no entendí el concepto y después de una búsqueda comprendí la posibilidad que ofrecía: la de ser un lector activo.

En este punto me permito una aclaración: no pretendo hablar de marcas o realizar algún tipo de promoción, sin embargo, por motivos de difusión a la lectura revelo el nombre de la plataforma, puesto que hasta el momento no he sabido de alguna otra que ofrezca un servicio similar. 

Entonces, ¿qué es una historia interactiva? Una narración donde al final de cada capítulo, el escritor proporciona más de un final a elegir por el lector, de tal manera que el relato ofrece múltiples posibilidades de ser experimentado, tal como sucede con los videojuegos de aventura narrativa como Detroit Become Human, Heavy Rain, Beyond Two Souls; o series como Black Mirror Bandersnatch. Al final, la adrenalina de la interacción termina siendo un elemento a favor para aquellos públicos que buscan el entretenimiento como razón de lectura. 

Desde un punto de vista un poco más teórico (sin afán de ponerme excesivamente teórica), el hecho de que el receptor de cualquier medio (libro, en este caso) sea un sujeto activo desde la crítica de lo que consume, hasta la búsqueda de interactuar con nuevos discursos y la forma en la que se apropia de ellos es un hecho sumamente favorable. Pues se abre paso tanto a nuevas posibilidades cognitivas, como a implementar su rol en lo social desde la conciencia de su papel en el entorno.

Con esto se abre una nueva posibilidad: la de formar a nuevos lectores con base en un atractivo novedoso. Como plus he de mencionar que en la plataforma referida con anterioridad, existe un amplia variedad de géneros y textos según las exigencias de los lectores, de tal manera que resulta aún más atractiva la idea de leer.

Sin embargo, ¿por qué si hace más de dos años descubrí esta plataforma poco he sabido de ella hasta el punto de recordarla sólo por la reflexión que arrancó este escrito? Exceptuando algunas notas periodísticas que encontré en el transcurso de este tiempo no he hallado más información al respecto.

La razón probablemente se deba a la falta de difusión y promoción de la lectura, así como a la necesidad de nuevas estrategias de quienes tienen a su cargo esta responsabilidad, pues los públicos que reciben campañas de fomento lector no tienen el hábito de leer. Ahora, esta nueva planeación debería no rivalizar con los medios que le generan desventaja, al contrario, podría servirse de ellos para promocionarse y comparar la similitud de interacción como un atractivo nuevo. Con esto, sus canales de difusión también deberían actualizarse, trayendo a los posibles lectores la sensación de que la lectura no es sólo propia de ciertas instituciones sociales o parte de espacios únicos y formas de consumo particulares.

Finalmente, pese a que esta propuesta está planteada desde la idea de una acción macro, cada uno de nosotros puede ser promotor de lectura de alguien que no tenga el hábito aún. Incluso podrías en este momento leer algo de lo que acabo de presentarte y descubrir una nueva manera de consumo que tal vez te atrape.

Fuentes de consulta:

https://www.inegi.org.mx/temas/educacion/

Soy Abril Rosas, amante del arte y licenciada en comunicación. Escribo como ejercicio de pensamiento y sentimiento; por una parte la demanda de razón que suscita la cotidianidad; y por otra, las emociones que para mis adentros se acentúan.

He escrito poesía, cuentos y relatos para Prosvet, Poetazos y para Líderes Ciudadanos en su certamen nacional: Historias Ciudadanas. También, para esta misma asociación recibí el premio a mejor cortometraje animado en 2020, donde fungí como ilustradora, guionista, productora y voz de doblaje.

Actualmente trabajo como ilustradora digital y community manager. Me he desempeñado como guionista y productora para empresas privadas en mi natal Oaxaca de Juárez.

EL HILO DE LAS MOIRAS | Noción del cuerpo grotesco en la literatura de Mariana Enríquez

Por Amaranta Castro

I.

La filosofía clásica, comenzando con Platón instauró una manera de entender a los cuerpos negando su realidad concreta y haciéndolos participar en mayor o menor medida de un arquetipo Ideal. De ahí que, hablando del cuerpo humano, la corporalidad se clasificaba de acuerdo al nivel de cercanía respecto a la Idea del cuerpo. Más tarde, durante el renacimiento, cuando las artes y las ciencias retomaron sistemáticamente el pensamiento clásico, aquello que no entraba dentro de los cánones de lo que se consideraba como bello era considerado como grotesco.

Lo grotesco de acuerdo a varios autoras y autores, entre los que destacan Kayser, Bajtín y Russo, lo definen como aquello que nos presenta un mundo distinto a lo que conocemos y que escapa de las clasificaciones normativas que podamos realizar al respecto.

II.

De la misma manera, la historia del pensamiento del patriarcado ha configurado al cuerpo femenino como aquello que no-es-masculino. Es decir, lo que está más allá de la normalidad, entendida como el cuerpo en un nivel genérico y “natural”, esto es, el cuerpo masculino. En otras palabras, podemos afirmar que el cuerpo femenino es considerado, desde la perspectiva del patriarcado como un cuerpo grotesco. Una corporalidad que presenta aquello que no es un cuerpo masculino, aquello que no es entendible desde la normativa estética.

Por lo anterior, podemos observar, en la historia en general y en la historia de la literatura en particular, todas las modalidades en que el cuerpo femenino se ha presentado como amenazante o como lo extraño y temible a ojos del hombre. Desde las brujas en el pensamiento cristiano y también en la literatura, hasta el miedo a la castración que presenta Freud en el psicoanálisis.

III.

Por lo tanto, si la corporalidad femenina se encuentra configurada como una negación de lo que no es un cuerpo masculino—entiéndase aquí un cuerpo normal—entonces la representación literaria de esa amenaza puede mostrarse en las múltiples formas que en la realidad se presentan a nuestra mirada. Lo amenazante de la feminidad o de lo femenino considerado desde la óptica del patriarcado lo hace colocarlo más allá de la normatividad, tanto en rasgos físicos como en manera de comportarse y en el pensamiento.

Mariana Enríquez, nos presenta la manera en que el cuerpo femenino establece rupturas con la cotidianidad. Un ejemplo de ello, se encuentra en el texto: «Las cosas que perdimos en el fuego», donde las mujeres optan por establecer un nuevo panorama estético al quemar sus rostros y desfigurarse ellas mismas, estableciendo así, una dualidad de sujetos, más allá de hombre y mujer o femenino y masculino, de acuerdo con un personaje que ahora sería entre: «los hombres y las monstras». A través de sus textos podemos colocarnos ante la perspectiva de una feminidad que más que en los lindes externos de la normalidad se encuentra dentro de la misma y desde ahí transforma lo real, como ya lo señalaba Bajtín respecto de lo grotesco.

Lo grotesco es aquello que amenaza nuestra seguridad en el mundo, entonces lo femenino es aquello que es grotesco por amenazar el pensamiento dualista y esencialista del patriarcado. Entendiéndolo de esa manera, lo femenino por lo tanto, es un género existente por sí mismo que puede ser entendido como el elemento que permitiría un cambio en la situación social y cultural en la que vivimos actualmente.

Así, lo grotesco no solamente es amenazante. Como ya se mencionó, en el pensamiento de Mijaíl Bajtin, lo grotesco es también transformador. Para el pensador ruso, lo grotesco en el carnaval amenazaba y modificaba a la vez los ordenes establecidos. Por ello, la literatura de Enríquez permite establecer a lo femenino más allá de un grotesco amenazante y muestra lo femenino en una mirada transformadora del orden del pensamiento del patriarcado. 

Amaranta Castro. Estudió Estética y Filosofía del Arte (BUAP). Dirigió círculos de lectura en las áreas juvenil e infantil de la Biblioteca Central (BUAP). Participó en la creación del proyecto para la difusión de lectura y las artes: Convivencia en Letras (BUAP, 2015). Cursó el diplomado en Creación literaria en la Escuela de Escritores SOGEM, Puebla. Primer lugar en la categoría de Poesía en el 10º Festival Internacional de Escritores y Literatura, San Miguel de Allende, Guanajuato (2015). Ha publicado en periódicos nacionales y revistas como: Círculo de Poesía, Lengua de Diablo, Nocturnario (Casa Lamm), Monolito, Pez Banana. Fue becaria del programa de Innovación artística (IMACP, 2018) con el libro: “Voces de los árboles”. Recientemente algunas de sus poesías fueron seleccionadas en el libro de escritoras contemporáneas mexicanas, “Romper con la palabra”. Estudia Lingüística y Literatura Hispánica (BUAP).

Instagram: @_amantine_

De historias que nos hacen/ Sobre la era de la televisión y la deshumanización de los artistas

Por Brenda Garrido Hernández

Crecí en la era de la televisión y mi mayor consumo fuera de las caricaturas era la programación nacional mexicana con programas como venga la alegría y ventaneado haciendo eco a mis tardes o mañanas. Sus notas sensacionalistas acerca del mundo de la farándula se convirtieron sin yo quererlo en una de esas historias que me hacen y es que cuando eres muy pequeña las críticas hechas por alguien que tiene un alcancé mediático (incluso si no son hechas hacía tu persona) fuerte dejan un impacto difícil de borrar.

En las capsulas o previos, aquellos que salían durante los comerciales, te hacían vislumbrar lo que serían sus notas más escandalosas, muchas de esas eran dedicadas a los cuerpos de actrices y cantantes; el cómo las encontraron un día en la playa y resultaba que tenían estrías, celulitis y rollitos o como las encontraron sin maquillaje, pasaban de ser la actriz glamorosa a la mujer desarreglada.

Los comentarios de los conductores diciendo cosas como lo triste que era que una mujer se descuidara de ese modo, del como el hecho de ser madre no era excusa para tirar su cuerpo a la basura o como no le costaba nada si quiera pasarse un cepillo antes de salir a la calle a un resuenan en mi cabeza.

De alguna forma creo que gracias a esos programas, comencé a creer que los artistas, pero  principalmente LAS artistas, tenían en cierto modo la obligación de verse perfectas siempre y por supuesto que tenían suerte si después de cierta edad seguían siendo deseables o hermosas y su versión de ellas sin maquillaje era inaceptable, me fui creando una versión inhumana e irreal y en contraposición comencé a plantearme ciertos comportamientos que, a pesar de no vivir bajo el reflector una parte de mi quería imitar una versión de cómo me quería ver, a pesar de que fuera imposible.

A un recuerdo esa tarde del 2006 en el que la noticia central era el colapso emocional de Britney, el como todos hacían comentarios, los chistes, parodias y referencias dadas incluso en las noticias matutinas (aquellas que no estaban dedicadas completamente al mundo del espectáculo), se convirtió en noticia, una burla y otra cantante que caía bajo el peso de sus decisiones erradas y yo… bueno me creí aquellos chismes de carácter sensacionalista, caí en la trampa y me volví consumidora de estos medios.

 Al menos hasta que el internet llegó a mi vida y me encontré con nuevas perspectivas.

De repente los artistas controlaban, cada vez más la imagen que mostraban, fueron guiando la narrativa y se fueron convirtiendo en humanos, ya no eran figuras endiosadas que tenían que lucir perfectos para los titulares. Su versión mítica fue desapareciendo, al menos casi por completo, exigieron su derecho a la privacidad y al menos en mi vida los programas de farándula perdieron fuerza, ya no eran el ruido de fondo que hacía eco en mi vida, ya no figuraban en la programación elegida.  

Hoy en día en ocasiones me pregunto qué artistas siguen enclaustrados en ese estado de mitificación, cuantos de ellos han perdido su vida privada y cuyos momentos de mayor vulnerabilidad se volvieron titulares de tabloides. En el presente mientras veo la lucha de Britney por conseguir su libertad me siento avergonzada del mundo que vio su tragedia en el 2006 y me siento bien que esa parte de la sociedad no sea la imperante en este momento, me gusta creer que en cierto modo el mundo ya no es tan malo.

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La luna y sus letras: Elena Garro, una mirada a la leyenda

por: Cynthia E. Morales García.

“Quisiera no tener memoria o convertirme en el piadoso polvo para escapar a la condena de mirarme.” Elena Garro.

Hay un mito detrás de Elena Garro. Una serie de etiquetas que danzan efímeras entre la esposa de … y la poeta loca y maldita.  Elena Garro, la periodista, la escritora y la dramaturga son solo dimensiones de una mujer que necesitaba explicarse el mundo.

Elena Garro (Puebla 1916, Cuervanava 1998). Hija de padre español y madre mexicana, desde muy niña se dio cuenta que era diferente. Su padre la inició en la lectura y le brindo una educación poco tradicional para el México revolucionario de su niñez.

Elena vivió en Iguala, Guerrero, donde fue testigo de la vida de campo, los malos tratos a los indígenas, las humillaciones a los pobres, la sumisión; el racismo y  el clasismo marcaron su pensamiento y su mirada.

La escritura de Garro está marcada por la dramaturgia, su necesidad imperante de representar la vida, en muchas ocasiones basada en su propia experiencia. En el periodismo, sus textos eran críticas al regimen político, análisis crudos de las diferencias ideológicas e investigaciones profundas sobre el tema de las mujeres. Elena no era mujer tradicional. Se sabía hermosa, culta y preparada. Viajes y largas estadías en otros países le dieron una visión del mundo más auténtica y menos idealista.  

La fatalidad es un sello en la vida y obra de Garro; así como su obsesión por el tiempo. Un tiempo circular, el tiempo del destino, de la eternidad y de la finitud. Garro sorprende con el manejo del tiempo a modo de personaje y con los cruces de presente y pasado especialmente en el cuento  “La culpa es de los tlaxcaltecas”.

Garro propone realidades múltiples, donde lo que vive es lo que imaginamos, lo que debemos descubrir a través de sus palabras. 

Su novela “Los recuerdos del porvenir” es una bellísima y revolucionaria historia, por la prosa poética que utiliza, la creación de imágenes y el manejo de un tiempo mágico que permite a los amantes escapar a la muerte. Garro presenta un narrador colectivo, el pueblo de Ixtepec que narra la desolación y el abandono, la violencia y la soledad. Aunque se considera precursora dentro del género del realismo mágico, Garro odiaba esa etiqueta. Los recuerdos del porvenir se escribió cuatro años antes que «Cien años de soledad» y García Márquez la leyó.

Garro quería escapar del futuro y también del pasado. Abordó en todas sus historias el tema de la violencia hacia la mujer y hacia los indígenas, reflejó la cosmovisión del pobre, del que no tiene voz y las ideas del México post revolucionario, la violencia inmortal y escurridiza que nos alcanza siempre.  

Su vida estuvo marcada por el arte, los círculos de danza e intelectuales, la literatura y una obsesión por la memoria que parecía su carcelera; al igual que el tiempo y el muerte sus motivos más repetidos a lo largo de su trayectoria literaria. 

Su obra desafía los párametros de la escritura del siglo XIX, elementos mágicos, onrícos, surrealistas se revelan ante el lector y nos ofrece a una de las más grandes escritoras mexicanas,  que aún a 105 años de su nacimiento necesitamos leerla, comentarla, vivir sus letras.  

Para conocer más de Elena Garro, te recomendamos

-La culpa es de los tlaxcaltecas

-La semana de colores

-Los recuerdos del porvenir

Descarga gratuita 

http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/cuento-contemporaneo/13-cuento-contemporaneo-cat/143-061-elena-garro

«Estoy y estuve en muchos ojos, yo solo soy la memoria y la memoria que de mí se tenga». Elena Garro.

Cynthia Morales. Maestra en Humanidades por la Universidad de Monterrey. Diplomado en Creación Literaria por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura 2018. Mediador de Lectura por IBBY Leer México. Tallerista de Escritura Creativa para niños, jóvenes y adultos para el Centro Cultural Loyola de Monterrey. 

Es una apasionada del arte y la literatura. Adora la naturaleza y los niños. Cuando no lee. Escribe. 

Actualmente desarrolla programas y contenidos educativos para niñas, niños y adolescentes para empoderarlos desde la igualdad, equidad y el conocimiento de sus derechos.

Lloramos orquídeas violetas

Montserrat Ruiz

Hasta hace poco las mujeres en comparación con la cantidad de escritores hombres no ocupaban un lugar en la literatura mucho menos en un país donde ocurren de dos a siete feminicidios en un día la sangre de nuestras hermanas revienta contra las crisálidas de solares, baldíos, carreteras, instituciones y plazas públicas, mi patria no puede llorar es por ello que todo el escorbuto de la rabia tiene diferentes mordidas marchas performance, activismo, lagrimas, venganzas, portar navajas escondidas entre los bolsillos, un gas pimienta entre la bolsa, vestir masculino y la literatura esa arma tan peligrosa de doble filo para hacer la revolución.

Antecedentes

A lo largo de la historia de la literatura las mujeres hemos sido silenciadas y sepultadas bajo seudónimos masculinos, iniciales de amantes o nombres de esposos, relegadas al hogar al cuidado infantil las tareas domesticas las diferentes revoluciones sociales y los cambios han hecho poco a poco abrirnos un camino desde el voto, derechos básicos, el deporte hasta las artes.

El primer libro escrito por una mujer fue “La historia de Genji” por la japonesa Murasaki Shikibu hace mil años, y es considerada el primer volumen con estructura de novela.

Grandes escritoras, poetas, ensayistas y cuentistas siempre hemos tenido sin embargo la guerra siempre han sido al doble para nosotras ya que no son los mismos escalones, el machismo prevaleciente la presión social de la maternidad, la virginidad, los estatutos sociales de la época, la feminidad, el matrimonio y la heterosexualidad normativa y única en conjunto con el no permitir que las mujeres leyeran obras, después ciertas obras en general y luego que su carrera literaria fuese una partida doble desde su inicio hasta su venta, publicación y divulgación.

México y sus escritoras

La decima musa, yo la peor, la del idilio con la virreina María Luisa Gonzaga Manrique de Lara ilusión platónica para los eruditos más conservadores Sor Juana Inés de la Cruz  ha sido el principal referente histórico de una maravillosa flor de lis mexicana cuyos versos son los olivos descompuestos de la poesía mexicana teniéndose que ocultar entre los hábitos, las claustras paredes y en los brazos de los virreyes, esta es un ejemplo de los obstáculos y acrobacias que una mujer tenia que utilizar para poder escribir y dedicarse a una vida intelectual a pesar de que ya no estamos en el siglo XVII sin embargo en otras labores mi desplumada patria nos ha dado a grandes escritoras como Amparo Dávila, Rosario Castellanos, Elena Garro, Inés Arredondo, Nelly Campobello entre otras.

Las guerras a capa y espada

Poniatowska y Arreola

Garro y Paz

Guerras y Castellanos

Sin duda todos conocemos las vicisitudes y polémicas desde los abusos psicológicos, represión, minimizarlas, llamarlas “locas”, la manipulación emocional y poner en duda su verdad ante un círculo intelectual-cultural falo centrista no ahondare en sus relaciones tempestuosas esto es solo un toque sutil en el hombro de la memoria a modo de el aire que te hiela el lagrimal hasta llorar para esas anónimas quienes por desgracia son víctimas del patriarcado.

Actualidad

En la actualidad las mujeres escribimos, publicamos, ejercemos nuestro derecho a muchas cosas, sin embargo, aún falta mucho por lo cual alzar la voz.

Hoy en día la literatura femenina latinoamericana ha surgido con una nueva cabeza de contemporáneas en las cuales figuran Fernanda Melchor, Mariana Enríquez, Cristina Rivera Garza, Verónica Gerber Bicceci, Mónica Ojeda, Valeria Luiselli, Mónica Lavín, Liliana Colanzi, Samanta Schweblin entre sus obras literarias retratan desde un pueblo mexicano lleno de machismo, homofobia, transfobia, brujería y los feminicidios como lo es Temporada de Huracanes de Fernanda Melchor, Las voladoras de Mónica Ojeda, Nadie me vera llorar de Cristina Rivera Garza, Conjunto vacío de Verónica Gerber que habla sobre la búsqueda y desaparición de una madre esta obra innova a su vez la literatura gracias a sus elementos gráficos como el diagrama de Venn y la exploración del lenguaje.

En estas obras la mujer juega un papel activo o al plantarse a modo de metáfora o como historia cosas como ¿Qué hace a una mujer ser mujer? ¿El machismo lo engendramos las madres? ¿A cuantas tienen que matar a diario para que esto cambie?

A modo de reflexión esta literatura funge con el revuelo para visibilizar a la mujer, para presentarla fuera de las imposiciones sociales, culturales y estéticas, sin duda el camino es largo para la revolución violeta pero el grito de la marea violeta es cada vez mas rabioso.

Al margen de todo: los cuentos orilleros de Nora de la Cruz

Por Nitz Lerasmo

En «las orillas», la ciudad está todavía por hacerse.

Beatriz Sarlo

En Borges, un escritor en las orillas, Beatriz Sarlo traza una breve genealogía de las orillas porteñas y de sus habitantes: los orilleros. A finales del siglo XIX y principios del XX, Buenos Aires era una ciudad que comenzaba a expandirse. Los márgenes de la metrópoli debieron ensancharse para dar cabida a los inmigrantes europeos recién llegados a América. En aquel tiempo, el término “orillas” refería a los barrios alejados y precarizados, limítrofes, que rodeaban la ciudad.

De acuerdo con Beatriz Sarlo, “las orillas” fueron para Borges un espacio que se contraponía a la ciudad moderna, totalmente despojada de sus cualidades estéticas y metafísicas. Muestra de esto son los primeros poemarios de Borges y su libro de ensayos sobre Evaristo Carriego, a quien aún se le considera un poeta menor. “Es un poeta menor y los poetas menores pasan desapercibidos”, escribió Roberto Bolaño. No obstante, Borges se dio a la tarea de reivindicar a un poeta desprestigiado con el fin de socavar el canon y evitar que este autor pasara desapercibido. En Evaristo Carriego, publicado en 1930, Borges descolocó a Lugones e inventó “un punto de partida extraño al prestigio establecido.”[1] Por eso las páginas que Borges escribió sobre el poeta son, a decir de Sarlo, “un acto de independencia respecto de las líneas hegemónicas del mapa literario”[2].

            Sarlo considera que con este acto Borges liberó a “las orillas” del estigma social que las identificaba. Más allá de considerarlas un simple límite después del cual sólo se encuentra el mundo rural, Borges hizo del margen su espacio literario. “Las orillas”, según Sarlo, se convirtieron en un territorio original que a Borges le permitió implantar su propia diferencia frente al resto de la literatura argentina. “Las orillas” constituyeron la ubicación simbólica del joven Borges: “desde esas orillas leyó las literaturas del mundo, y fueron esas orillas el soporte para que su obra no pagara ningún tributo ni al nacionalismo ni al realismo.”[3]

Aquel acto reivindicativo de Borges ocurrió hace ya muchos años: casi un siglo. A pesar de eso, lo limítrofe es un tema que en el siglo XXI nos sigue interpelando. Continuamente vivimos conflictos territoriales donde las fronteras son asuntos de discordia; nos cuestionamos sobre los cuerpos que devienen más allá de cualquier binarismo, y nos preguntamos si de verdad hay una frontera que separa el mundo virtual del “real” o el mundo natural del mundo humano. Como si ―acostumbrados a categorías bien establecidas― nos sintiéramos incómodos ante la ambigüedad: a ese lugar oscuro donde “se les pierden las orillas a las cosas.”

            Precisamente Nora de la Cruz (1983) hace de las orillas su punto de partida. Con su primer libro de cuentos, la autora nos presenta personajes que viven al límite de algo: de un territorio marginado históricamente o de un pacto familiar a punto de romperse. Nora de la Cruz nos conduce por el filo de varias historias que continuamente rozan el borde de nuestra experiencia. El primer cuento, “Estrellas recién lavadas”, narra fragmentos de la infancia y la pubertad de dos hermanos, Alejandro y Nana, que terminan viviendo en casa de sus abuelos. La prosa de De la Cruz es intensamente lírica por momentos (“Así era a noche para ella: carne penetrada por sus ojos”) y su capacidad para hilar escenas en principio disímiles es muy afortunada. Un pequeño ejemplo: de la primera sangre menstrual que experimenta una púber pasamos a la sangre tibia y rojísima de un animal recién degollado y de ahí la narradora nos devuelve a la sangre menstrual. Es un conglomerado de imágenes bien hilvanado.

            En el cuento también asistimos a la educación sexual de Nana y Alejandro que es desigual en tanto que una es mujer y el otro hombre. En este sentido, el cuento retrata el fantasma de la sexualidad en la sociedad mexicana. En la familia de Nana y Alejandro la sexualidad siempre tiene un recubrimiento de misterio: todo y todos la aluden pero nadie habla abiertamente de ella. Es tanto el misterio que, al final, Nana ni siquiera parece tener idea de lo que le sucede. Hay una insinuación de incesto y con ello toda la historia puede leerse en clave de aquel tabú. La trama casi no tendría sentido si no la leyéramos a la luz de un mandato cultural que hemos interiorizado desde tiempos inmemoriales: la prohibición del incesto. Para Claude Lévi-Strauss la prohibición del incesto es la única regla social que posee un carácter de universalidad. Constituye el movimiento fundamental gracias al cual se cumple el pasaje de la naturaleza a la cultura. Por eso hay algo tan repelente en los últimos párrafos del cuento: Nora de la Cruz perturba al lector trasgrediendo aquella prohibición antiquísima.

            De “A la orilla de la carretera” puede decirse que es un cuento redondo. Nada sobra, nada falta. Es la narración de un asalto en una zona marginada. El protagonista es un estudiante de bachillerato, que decide no tomar el transporte público de regreso a casa para ahorrar dinero. Esa decisión le cuesta su seguridad: es asaltado por un joven como él, un antiguo compañero de juegos que se ha convertido en un delincuente principiante alentado por dos criminales mayores y más experimentados.

            “Veracruz” narra un viaje familiar a dicha ciudad portuaria. La narradora es una niña que contempla el mundo tratando de entenderlo: penetrar el lenguaje adulto muchas veces le está vedado y, aunque puede intuir ciertas cosas, eso le hace sentirse excluida. Como somos guiados a través del cuento por una mirada infantil, no puede haber más que sutilezas e insinuaciones. Se relata un conflicto conyugal cuyo origen pude haber sido causado por los celos o por una infidelidad. En todo el libro Nora de la Cruz representa fielmente las atmósferas que envuelven a las relaciones familiares, y el cuento “Veracruz” no es la excepción.

            En “Primer día” se plasma la experiencia de un joven que ingresa por primera vez a una escuela pública. Aunque pretende ser un cuento con un final sorpresa, al contrario de “A la orilla de la carretera”, el final resulta predecible.

“Misión: Cuba” está en la misma línea que “Veracruz”: una narradora niña nos presenta sus conjeturas sobre su padre. Después de que su progenitor fuera asignado a un viaje a Cuba, la protagonista y su hermana sospechan que es un espía cuya misión consiste en informar al gobierno mexicano del régimen de Fidel Castro. Todas las coincidencias se van sumando en las cabezas de las niñas. Para comprobar su creencia, ellas se convencen de estar encontrando evidencia en cada gesto y en cada palabra de su padre. Al final, muchos años después de lo sucedido, la protagonista continúa sin saber el motivo de su padre para viajar al país caribeño, lo cual permanece como una incógnita para los lectores.

“XV” es un cuento sobre aquella celebración ritual que, simbólicamente, representa el paso de la infancia a la pubertad para las mujeres en diversos países de América Latina. Es un cuento sobre la orfandad pero no desde un perspectiva trágica sino simplemente melancólica. Como regalo por sus XV años, la narradora-protagonista ―hija de migrantes mexicanos en Estados Unidos― viaja a México para convivir con su familia materna, a la cual casi no conoce. Ahí convive con una realidad que le es muy ajena: la vida en un pueblo con parientes que nunca ha visto. Al mismo tiempo que la joven se vincula al recuerdo de su madre ―quien murió poco después de que ella naciera―, su familia materna decide organizarle una fiesta de XV años. Es la crónica de unos días que la joven no olvidará. Y al regresar a Estados Unidos ―el país que ha condicionado su identidad, incluso más que México―  será una persona diferente. Por la cual puede decirse que tanto la celebración como el viaje cumplen su función de rituales de transición.

            Finalmente, “Progreso”, el séptimo y último cuento, nos acerca al límite de todo: del territorio, de la precariedad, del amor no correspondido. “Progreso” es el cuento más extenso y también el mejor logrado. Un joven marginado asiste a un colegio privado. Ahí se enamora de una compañera, Vania, con la que eventualmente tendrá una relación amorosa. Pero la disparidad socioeconómica de ambos, aunada a la ambición de Vania, impedirán que dicha relación prospere. Mientras tanto, el protagonista deberá abrirse paso a través de la vida universitaria, de la orfandad y de una existencia al margen de los privilegios que la sociedad le ha vedado. Es un cuento nostálgico porque retrata el difícil pasaje de la adolescencia a la adultez.

            Así como el joven Borges de la década de 1930 hizo del margen su espacio literario, Nora de la Cruz también visibiliza aquellas “orillas” de la Ciudad de México, tan estigmatizadas socialmente. Igualmente las orillas se convirtieren en el territorio que la autora reivindica para asentar su propia voz respecto del resto de la literatura mexicana. Desde esas orillas, donde la ciudad siempre está por hacerse, Nora de la Cruz lee las diferencias socioeconómicas que atraviesan a la sociedad mexicana y nos entrega cuentos habitados por personajes redondos y verosímiles con quienes es fácil empatizar.


[1] Beatriz Sarlo. Borges, un escritor en las orillas, p. 21.

[2] Ibid.

[3] Ibid., p. 23.

Bibliografía:

Nora de la Cruz, Orillas, Paraíso Perdido, México, 2018.

Beatriz Sarlo, Borges, un escritor en las orillas, Ariel, Buenos Aires, 1995. Edición digital autorizada por la autora disponible en:https://lproweb.procempa.com.br/pmpa/prefpoa/festinverno/usu_doc/6761331-sarlo-beatriz-borges-un-escritor-en-las-orillas.pdf



Nitz Lerasmo (Ciudad de México, 1994) estudió la licenciatura en filosofía en la UNAM. Forma parte de las antologías de cuento Exploraciones quiméricas Vol. I (Lectio, 2019) y Tercera Antología de Escritoras Mexicanas (El nido del fénix, 2020). Autora de las plaquettes Instantáneas (Ediciones Awen, 2021) y Miniaturas para una casita de muñecas (La Tinta del Silencio, 2021).