Conversaciones de madrugada | Punto y coma

Por: Monserrat Chávez

¿Haz contemplado el suicidio cómo forma para eliminar el dolor? Alguna vez, aunque sea un microsegundo ¿lo haz pensado? Millones de jóvenes sí. Otros millones más lo han hecho. Colocar un punto final a la existencia.

Todos los día pienso en ello, en mi etapa más grave, en cómo logré recuperarme y salir de ahí; pienso aún más (cómo una cosa de añoranza) con fechas conmemorativas; cómo lo fue el pasado viernes 10 de septiembre Día Mundial para la Prevención del Suicidio.

Todos los días pienso en los momentos que quise hacerlo, que lo planee, que casi lo intento. Hace dos años pensé en morir, mantuve el pensamiento recurrente durante poco más de un año las veinticuatro horas de los siete días de la semana.

Me hice daño a propósito para hacer más llevadero el dolor; porque me resultaba fácil tolerar el dolor físico que el emocional, ese que no puedes ver, que no puedes señalar. Yo me sentía morir todos los días, moría un poco más cada mañana al despertar y sentir las llamas del infierno a mí alrededor.

A veces me pregunto cómo logré salir de ahí, es un cuestionamiento absurdo porque claro que lo sé, pero ¿y sí no hubiese tenido el valor? La soledad sobre mí, no había palabras que me hiciesen sentir reconfortante, ni libros que me brindasen respuestas.

No había amistades, conocidos, familiares a quien expresar el dolor, llevaba un par de meses en terapia y yo sentía ahogarme aún; una vez más pensé en morir, terminar todo de una vez. Acepté el dolor y lo miserable que me hacía el sitio donde estaba, tenía que intentar otra opción; cómo única oportunidad.

El resto ya los saben. Tomé una consulta con el psiquiatra, tomé medicamentos, sufrí los efectos secundarios. Cambié de terapeuta. Renuncié a lo que no me sumaba, lo que me hacía infeliz. Me di valor para hacer lo que me llenaba el alma. Por primera vez en más de veinte años me puse como prioridad.

Yo sigo aquí gracias a eso. Sigo aquí gracias a que alguien me escuchó, me entendió, supo que decir en el momento adecuado. Aquí estoy gracias a que me pedí perdón, al diálogo interno que me redimió a que coloqué un punto y coma en mi historia.

Pero hay más cómo yo, que no encontraron un ser en este planeta que les escuchara, consolara y ayudara.

Hoy quisiera recordar a quienes el dolor les hizo tomar la decisión de terminar su vida y les pido perdón también. Deseo que ahora se encuentren en un lugar donde no exista la tristeza, el lugar donde siempre quisieron estar.

También hablo [sin mucho derecho] por ellos, para defender su accionar. No lo malinterpretes, me refiero a eliminar los estigmas sociales con los que señalan, culpándolos de todo; porque realmente no quieres morir ¿Quién si?

Abro la conversación para hablar sobre las personas con tendencias suicidas y aclarar que atentar contra nuestra vida no es el objetivo ¿Creen qué no lo intentamos de mil maneras “sanas” posibles? Sin embargo, la cultura social y el escaso acceso médico no permite tomar terapia o medicarse y si lo hacen, no pueden sostener un seguimiento.

Puedo decir [con peligro a equivocarme] que el suicido es una última opción o la vía única que logras ver ante la ceguera que te provoca el dolor ¿te imaginas cuántas heridas puede tener alguien qué elige morir porqué considera que sólo así se terminaría todo? Creo que no todos pueden empatizar con ello.

Para quienes murieron en espera de una vida mejor; que el universo les haya concedido eso y más. Espero que se hayan ido tranquilos y por fin esté descansando en paz.

Para quienes [cómo yo] su estancia en este plano terrenal es un punto y coma; deseo que el universo les haya escuchado, espero que la tranquilidad sea su día a día, que su corazón lata con más fuerza, que las heridas hayan cerrado y su mente, ya no susurre por las madrugadas.

Sólo deseo que, pronto la sociedad esté lista para no sólo hablar de salud mental, también de trastornos y conductas suicidas o suicidio. Que hablemos desde la empatía y no en busca de culpables.

Deseo que pronto alguien en una comida familiar pueda decir “no estoy bien, he pensado en morir, necesito ayuda”, que alguien en una reunión con amigos exprese “llevo semanas sin fuerzas para hacer algo, no puedo concentrarme”, que podamos decir a nosotros mismos “hoy no puedo solo/a, buscaré ayuda”.

Deseo que, principalmente los padres respondan “mi hijo no es flojo por no levantarse, mi hijo está mal y necesita ayuda”, “quiero ver a mi hijo feliz”, “te ayudaré a buscar ayuda”.

Que la empatía hacia los temas que rodean la salud mental, sea nuestra única prioridad en esta sociedad que aún tiene mucho que aprender.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

Entre Caos poético y Textos perdidos | El Libro de Piedra


Por Elizabeth Vázquez Pérez

Como de historia de terror donde la creatividad y el misterio aparece en los sitios menos pensados es como surge esta historia que no fue plasmada en las hojas de un libro cualquiera más bien fue él mismo el protagonista que dio pie a estas magníficas leyendas en voz de quien lo vivió.


Fue por el año de 1993 en una escuela de renombre ubicada en  la Cholula de Rivadavia donde el alumnado se reclutaba para asistir a clases. Yo iba en tercer grado tenía mucho frío y el día amanecía con neblina espesa pues había llovido mucho, se notaba por los enormes charcos en los patios y canchas de básquet Ball algo tétrico para hacer ejercicio y es que ese día a primera hora nos tocaba clase de educación física y nadie tenía ganas.

La noche anterior me había dormido tarde por ver El libro de piedra (una película mexicana del director Carlos Enrique Taboada, 1969) lo que había motivado mi mente para lo que vendría más tarde.


Al pasar los minutos el maestro nos había dado clase la mayor parte de la hora,  nos presionaba para hacerlo obteniendo como premio unos diez minutos de descanso.

Cuando quedamos «libres» nos pusimos de acuerdo para ir al campo de la parte trasera de la escuela donde se rumoraban muchas historias : el panteón oculto debajo de esa tierra ubicada atrás del convento de San Gabriel Arcángel, la piscina vacía llena de utilería escolar, el claustro, el libro de piedra. Recuerdo que mis compañeras de transporte escolar platicaban historias misteriosas más lo que había visto en televisión fomentó la adrenalina de lo desconocido nos taladraba la mente  y en lo máximo posible con tiempo libre fuimos allá.

Campo fútbol Instituto García de Cisneros

Durante el camino platicamos sobre lo que decían los chicos más grandes: «que sí le pegabas al libro en medio se abría y te llevaba el diablo» esas fueron las palabras de un compañero que al ver las caras de todos, carcajeaba con furor.


Me dio miedo tengo que confesarlo sin embargo mi curiosidad me abofeteo para armarme de valor al cruzar todo el campo de fútbol con maleza y polvo hasta llegar al rincón noroeste donde estaba la alberca con bancas viejas, pizarrones, basura, subí la mirada y ahí estaba el libro sumergido en una pared del convento. Una pared de bastantes años que recogía historia y piedras de río como relleno o decoración, el libro era una losa extraña tallada como escultura ahí.


Todos nos quedamos anonadados del esplendor y comenzamos a aventar piedras para abrirlo y saber si era verdad. Ese momento fallamos y regresamos a clase ya que un prefecto nos vio y ya era tarde aparte que diez alumnos sin estar en su pupitre daría señal de preocupación a la maestra de grupo por lo que mandaron a buscarnos sin embargo nuestras ganas no cesaron y volvimos a la hora de recreo que con lunch en mano y la otra con rocas buscábamos tino sin lograr nada, al menos no lo fue estando yo ahí ya que tuve que dejarlos.


Cuando llegue al salón la maestra se preguntaba el motivo sin ninguna respuesta hasta unos minutos más tarde donde llegaron todos excepto una chica que decían estaba desmallada en la enfermería.

Sin duda algo había pasado y al preguntar un compañero platicó lo sucedido:

«el libro se había abierto para esa chica saliendo humo rojo por debajo de sus pies donde la alberca como alfombra fungía para ser devorada por el diablo…»

Quedamos asombrados hasta ver llegar a la chica toda pálida aparentemente en shock.
No podíamos creer que en verdad hubiera pasado eso y como santo Tomás «hasta no ver no creer» fui con un grupo reducido al lugar un día después y atiné darle en medio. Esperé un momento para tratar de tener fuerzas en el contexto que sabría que pasaría pero no llegó y nos dimos por vencidos. El drama no surgió y se plasmó una historia propia, la que contaron los compañeros con una incógnita por saber si sucedió. Tacharon de dramática a la chica y al que lo contó creo gozó del temor que nos provocó al hacer una leyenda que de generación en generación ha sido contada en el Cisneros con mucha imaginación .


No cabe duda que los libros se abren para contar historias y el libro de piedra se  envuelve en su propia magia en el misterio que las personas le proporcionan al contarla y el  poder que tiene la escultura en la sugestión.

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.

Puedes encontrarla en:

Historias de alacenas, vitrinas y macetas I La Niña que se convirtió en ballena.

Por Arizbell Morel Díaz.

Èrase una vez una niña.
Èrase una vez dos.
Y luego tres…

Tic, toc, tic, toc resonaba en toda la habitación. Beatriz sabía lo que aquello significaba: un nuevo día estaba por comenzar. Con sus cortos cabellos y medias demasiado largas para su edad, la niña recorrió el pasillo de la gran casa que albergaba a penas un par de corazones en su interior. 

Despertar, caminar, despertar, continuar…

Así comenzaba cada uno de sus días, viviendo dentro de un gran reloj de pared en la incansable Casa del Señor que no se dejaba ver pero que se podía oler. Beatriz, que no veía a través de sus ojos lo intuía, ella era muy sabia para detectar estas cosas. 

Ella llevaba el mundo por dentro. Con a penas catorce años sabía que la vida era así de la misma manera en la que conocía el aroma de las flores que nunca había visto y que el cielo no podía ser azul. Ella vivía en un mundo lleno de gatos y peces de altamar que se asomaban por su ventana al despertar. 

Pero su lugar favorito de aquella casona era el sanitario, es decir, el baño. Limpio a los ojos pero lleno de texturas a sus manos, Bea pasaba días enteros recorriendo sus superficies, imaginando universos dentro de la blancura de aquellas tejas inconexas de la realidad. Este era su lugar seguro. 

Hasta que…

Bueno, hasta que todo se acabó. Las últimas hojas del verano, las primeras del otoño se encontraban en su ventana esa mañana. En las macetas, dos colibríes pululaban cantando como solo ellos saben hacer y solo Bea sabe escuchar. 

Aunque esa mañana Bea no les prestaba atención, pues estaba absorta en descifrar lo que las enredaderas querían decirle. Peros sus voces se escuchaban cada vez más tenues, desdibujándose como su color en esa transición de estación. Las hojas que eran verdes que se convertían en amarillas le susurraban secretos indescifrables a sus manos. 

Pero de algo estaba segura, las cosas no podían quedarse igual. 

Hoy, sería diferente. Hoy su vida cambiaría para siempre. Y eso era bueno, porque llevaba años con el mismo ritmo de siempre que aletargaba sus pasos un poco más  cada vez. El tiempo para ella no terminaba de pasar, era tan largo como el camino de las manecillas sobre la superficie lisa y redonda del reloj colgado como si fuera la luna sin tajos afuera de su habitación. 

En realidad, Bea ya sabía que las cosas iban a transformarse desde hace un par de días, lo podía sentir en sus entrañas, como tornaba el palpitar de su vida. 

Todo comenzó por un queso, un queso apestoso y azul. 

Un queso que había sido su alimento en estos sus últimos meses desde que el refrigerador quedó vacío salvo por innumerables pedazos de lunas de Marte en cada sección, apiladas como abejas en un panal de plástico y metal. 

Como Bea no podía salir de la Casa del Señor, comenzó a alimentarse con estos pedazos de vida espacial que parecían nunca terminarse, renovados cada vez que abría la puerta del congelador. 

Aunque no le gustaban, no había más opción. Ni las lágrimas saladas lograban cambiarles el sabor. 

No, en realidad el cambio no empezó con las hojas amarillentas, amarillescas de su ventana que daba al portón. 

Conforme comía el queso, Bea fue testigo del nacer de una voz que la llamaba desde las lejanías de su interior. 

Bea, Bea lavándose las manos escuchaba la serendipia buscarla, acercarse a ella desde los rincones casi polvorientos de su casa. 

Bea, Bea, serás ballena. 

Entre sueños y carcajadas resonaba en todo el edificio. Aunque a Bea no le preocupaba su destino, le inquietaba la posibilidad de que Èl se despertara por el ruido. Malhumorado, dispuesto a romper el reloj. 

Pero la voz jugaba con ella escondiéndose y mutando para que solo ella fuera quien la escuchara. 

Ella en la soledad de sus días de queso, ventanas casi cerradas y medias sudadas por transitar aquel pasillo interminable. 

Ese día, la mañana de las hojas tornasoles burlándose de ella al cantarle en muchos idiomas que eran a la vez ninguno, la llamada del destino creció tanto que los muebles crujían con su nombre Bea, Bea, Bea…se escuchaba retumbar en las maderas. 

Así que antes del desayuno, Bea decidió que tenía que saber el lugar del que provenía aquella voz suplicante. Darle alivio para poder vivir en paz. Entonces, la niña se paró de la mesa, dejó de comer el queso azul de cada mañana de esa semana y comenzó a caminar por la casona buscando los ecos que demandaban su atención. 

No fue difícil dar con su origen, Bea sabía que aquella melodía podía provenir solamente de su lugar preferido. Ella se dirigió al baño y en la tina escucho un triz, suave pero firme que la confrontaba con su reflejo en aquella agua caliente y transparente que la veía de frente. 

Por fin Bea, sería Beatriz

Con cuidado, se quitó sus medias tejidas por la abuela antes de que Èl llegara para quedarse y se acercó al pequeño lago artificial al centro de la habitación. 

Tocó el agua con una de sus manos, le gustó la textura y lo decidió. 

Beatriz se lanzó en picada a la bañera y se convirtió en ballena una vez más. 

Continuará…

Arizbell Morel Díaz.

Egresada del Colegio de Literatura Dramática y Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Coordinadora en el Programa UNAM- Peraj Programa UNAM-Peraj “Adopta un amigo” en el ciclo 2021-2022 (mismo del que fue tutora en el ciclo 2020-2021). 

Actualmente dirige “El deseo de Tomás” de Berta Hiriart, Proyecto ganador de la 2da. Incubadora de Proyectos Teatrales de Teatro La Capilla con la compañía La Crisálida

Ha escrito narrativa y ensayo. Entre sus textos publicados por La Coyolxauhqui se encuentran “Bitácora de una planta en resistencia” (2020), “Tetera conoce a cafetera” (2021)  y “Barista” (2021).

Piezas de un alma simple

Por: Alondra Grande

Sin mirar atrás

Sin saber del bien y el mal te adentraste en el mundo

 Saltando sin paracaídas hasta la costa de la perdición.

 Eras muy joven para entenderlo y, creíste que eso era amor.

Ahora las lágrimas marcan un camino

Del mar de tus ojos se arrojan al vacío

 Siendo borradas antes de tu mejilla besar.

En los días oscuros brilla tu rota sonrisa

Como faro ardiente que congela al tormentoso mar  

¿Cómo le explicas al ciego el color amarillo?

 ¿Cómo le haces entender a quien ama que la culpa no es de la flor?

Eras apenas una niña que dejó las muñecas, obligada a no decidir

 Juez y parte de tu destino viste como el velo cubría tu faz,

Escupida con furia por el cruel mundo real.

Y, aun así, después de todo, sonríes:

Dulce guerrera, amazona del mundo, mujer sin igual.  

Haces de tu dolor una experiencia,

Con la cabeza en alto nunca miras atrás.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 21 años de edad, estudianta de psicología, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

Sobre el amor

por Karen Delgado

Quiero mencionar, por más ruidoso que parezca, que este texto no es una justificación con la que busque dar a entender que deben considerar renunciar al feminismo, cortar sus amistades, de no cuestionarse y de no tener ganas de evolucionar dentro del movimiento. Creo que todo esto que nos ha acercado como mujeres dentro de la colectividad e inmediatez física (ahora virtual) nos ayuda muchísimo a crecer y se lo debemos de sobra a las mujeres que han estado antes de nosotras, a las que recién comienzan y con las que compartimos ideales. Es normal caer en vicios, en solo querer teorizar o ni siquiera hacerlo o peor, politizar sin haber conceptualizado. Todo lo que voy a decir, lo hago desde lo que me nace y me hace sentir bien.
Cuando entré al feminismo, sentía que iba a ser de alguna forma, la solución para dejar de sentir que había un problema en mí. Y así lo fue, cuando me di cuenta de que estaba teniendo vivencias muy similares con mujeres de mi edad, más jóvenes y profundicé en las lecturas es que sentí que estaba en un lugar en el que estaba segura. Conocí los valores horizontales de lo que refiere la amistad y el amor entre mujeres, la verdad era un mundo totalmente nuevo en el que ya habíamos destruido esa idea de competencia y del no cuidado hacia la otra. Avancé, destruí un montón de creencias y paradigmas, me sentía tan identificada, tenía muchísimas amigas, compartía mucho con mujeres de todas las edades y hasta hoy estoy escribiendo esto en un pedacito de internet donde solo figuran nuestros nombres.
Me identificaba con una rama: la radical. La teoría del feminismo radical me encanta, centré mi tiempo en leerla y me sigue pareciendo muy coherente en esencia, en práctica resultó partirme el lomo. Lloré y sufrí. Igual, creía haberme convencido de que era mi lugar, mi espacio, que ya estaba lista para ese proceso que en algún momento me llevaría a la plena libertad y a que se pudiera transformar de forma positiva mi vida y la de las mujeres que me rodeaban. Tenía presentes todas las limitantes que en el momento de mi vida tenía: mi condición económica, social, hasta mi edad. Fue cuando más creía en mí como una persona que tenía puestos los ojos hacia el bien colectivo y que podía nutrir mi corazón desde ese punto. Mi falacia más grande hacía mí misma era pensar que el amor a la lucha colectiva sustituiría a el amor sexo afectivo que yo ya no estaba “buscando”. Todo un tema lleno de pasión desmedida.
Y fue cuando llegué al punto en el que la mayoría de las mujeres me hablaban de lo mucho que les caían mal los hombres y ver sus publicaciones donde mencionaban a todos como parte del problema y mil argumentos en contra de todo donde yo también estaba de acuerdo porque ya lo había leído y tenía las bases para decir que SÍ, pero seguían estando relacionadas con ellos de mil formas. Hasta llegué a pensar “chale… creo que fui la única que se creyó ese cuento del separatismo.” A día de hoy no las juzgo, es más, creo que ese fue el principal paso que di para hacerme consciente que estaba ignorando mis propios deseos, no tanto de ser amada (que es redundante decirlo), sino de en realidad querer vivir desde lo que YO quería experimentar, de lo que YO realmente creía que era bueno para mí. Fuera del juicio, de los morales hirientes y de las violencias hacia mis sentimientos que no me hacían sentir validada. Había perdido parte de lo que me hacía humana y no me había dado cuenta.
Recuerdo cuando hice público este deseo, hasta lo publiqué en Facebook, tenía el apoyo hasta de mis conocidas de internet y, otra parte hasta habían tachado mi feminismo como algo falso o que me había puesto un título nada más porque se me hizo cómodo (por respeto al radfem solo me consideraba feminista sin rama). ¿Cómo es que las personas con las que yo había militado tan de cerca hayan pensado en eso, si les había ofrecido respaldo y amistad? Y, puede que así haya sido para sus ojos, pero para mí comenzaba a ser un dogma la forma en la que eso se estaba transformando y yo también lo estaba haciendo hasta que ya no quise más, en vez de darme herramientas de defensa y enfrentamiento a la realidad, me hacía daño y no notaba que yo también lo veía ya como una imposición en mi propia vida cuando era la única persona que se sentía afectada. El feminismo también necesita información precisa, inmediata y de lo que se vive de forma individual, no siempre la académica ni de las vivencias de las otras, son el eje y se comparte, más no mi vida. Entonces, ¿Cómo podía decirle a lo que por tanto tiempo me acogió que ya no me funcionaba para seguir creciendo? Cuando la base era mi propia emancipación, no la de nadie más.
Las personas, en general, tenemos conceptos sobre el amor y sobre todo solo desde lo que conocemos y hemos visto en todos lados. Puedo decir que tengo amor de sobra con las personas que conforman mi familia y mi vínculo cercano, no lo doy por sentado porque también los he construido, tal vez hable de ello en otro texto. Lo que ha sido una lucha interna redefinir esta idea hacia mis relaciones sexo afectivas cuando mi yo antes del feminismo a veces me hace cosquillas y lo teorizado que me hizo querer alejarme por completo del sentir hacía un xy. Mientras había todo un sistema que toda la vida me (nos) había llenado la cabeza con que hasta nuestro dedo chiquito del pie estaba mal y cuando llegamos al feminismo, nos hizo entender que eso solo era lo que nos habían hecho creer para seguir en la sumisión y odiar todo lo que fuera nuestro. Pero, ¿Qué esperar cuando ya se entiende que no hay nada mal en nosotras pero también hay mujeres que acogen, acompañan, pero al mismo tiempo también juzgan nuestro “nivel” de feminismo?
El ego, desde mis nuevos conocimientos, está regido por el miedo, por solo querer estar seguro y que todo sea estable, nada de lo que no conozca también está bien. Y siento que esa renuencia ya era totalmente mi ego, tanto el abrirme a la posibilidad de amar, como de alejarme de la idea de que dentro del feminismo nada me pasaría. Cuando a la primera cosa que alguien me hacía o que yo interpretaba que estaba a punto de hacer algo que me sacara de lo que yo conocía como algo seguro, inmediatamente me salía de esa amistad/relación. Solo estaba huyendo del problema, en vez de hacerme responsable. Ya tenía tan grabado el “vete a la primera que…” y hasta las publicaciones de que “yes, all men”, cuando la solución era muy simple. No siempre tengo la razón, existen los puntos medios. Había entendido mal, algo que realmente era funcional cuando corremos peligro por nuestras vidas, no por problemas que todas las personas atravesamos con otras, algo diferente a la violencia. Creo que ese es el principal problema que atravesamos y no hace mucho tiempo lo entendí y me ha marcado, porque la forma en la que lo aprendí fue dolorosa y me hubiera gustado entenderla antes. ¿Qué era lo que pensaba por amor cuando yo misma estaba alejándome de todo lo que quería?
Aunque ya me sentía más libre de todo eso, una amiga me contó sobre lo que estaba viviendo con su novio, comenzó con una introducción sobre las razones por las que estaba con él y le paré, porque no tenía que darme ninguna explicación ni ningún argumento para decirme de porqué lo eligió a él. Porque yo también lo hice. También justifiqué al compañero que había elegido con personas que no tenían ninguna autoridad sobre mí. Incluso cuando me contaba de sus problemas y de sus idas y venidas, me sentía agradecida de que tuviera la confianza, porque creo que también caemos en el error de molestarnos con ellas, cuando no son el problema, muchas situaciones son transitorias y parte de la vida de cada una.
Creo que tengo visiones más elevadas de lo que es el amor ahora que he renunciado a todo lo que me era conocido antes y de todo lo que conozco ahora. Es más bonito para mí sorprenderme por todo lo que puedo vivir, porque en algún momento lo haré. La persona que he elegido me genera tanto amor con solo saber de su existencia. Amo que exista. El amor va más allá de los ideales y todo lo teórico. Creo que eso es algo que no se ve, es cuestión de conexión, entendimiento, cariño, confianza, diversión, compartir y mucha cosa requeté romántica. Incluso, va más allá de lo que yo hubiera imaginado. El amor me da felicidad.
Quería hablar a grandes rasgos sobre el amor, pero indirectamente terminé contando mi propia emancipación hetero dentro de mi propio feminismo. De igual forma, siento que es una declaración escrita de amor propio. Qué chistoso.


Conversaciones de madrugada | Sólo el presente te salvará

Por Monserrat Chávez

¿Alguna vez haz pensado en tu yo del “pasado”? Ver fotografías o leer textos que te recuerden a tu yo de hace diez, cinco o dos años. Sentir esa sensación recorrer cada milímetro de tu cuerpo, de nostalgia, de extrañeza, pero también de sabiduría y perdón.

Yo pasé muchos años añorando mi “pasado” y lo coloco entre comillas porque llegué a la conclusión de que todo es parte de una misma línea temporal. El tiempo no es lo importante sino las acciones, el estado mental y herramientas que tenemos en ese momento; pero hablaré de ello en otra ocasión.

Mantuve mi cabeza ocupada con sentimientos antiguos que olvidé de darle valor a mi presente y luego caí en una espiral difícil de parar, ¿creerás qué se puso peor? Cuando me pregunté a los 15 años si  los 25 todo iba a mejorar y cuando llegué a los 25 me pregunté de nuevo lo mismo.

Hasta que perdí la fe y me vi envuelta en arrepentimientos, culpas y acciones dañinas para mi cuerpo. Muchas cosas me dolieron durante tanto tiempo que ya no recuerdo con exactitud cuánto duró; estaba cegada y me negaba a ver la importancia de lo que me rodeaba.

Luego llegó lo que me salvó de morir [literalmente] LA TERAPIA (breve paréntesis para compartir que desde niña acudo a terapia, pero la interrumpí en distintos puntos de mi vida hasta que le di la importancia debida cuándo, sí, había tocado fondo).

Aun cuando había decidido comprometerme con la terapia y sanar, seguía diciendo que nada iba a cambiar nunca, que la miseria rondaría junto a mí hasta la eternidad, pero es que yo seguía anhelando lo que ya no existía.

Hasta que las dosis y charlas hicieron su trabajo, me despedí del tiempo inexistente y toqué a la puerta del aquíyahora; me arroparon con calidez y amor, me invitaron a reflexionar para poco a poco vivir como lo merecía.

Luego de poco más de dos años y de constante (mucho) diálogo interno, descubrí algo. Mi yo del aquíyahora es más fuerte, más sabia, más todo lo que quiso ser. He logrado aquellas cosas que hace, incluso, dos años nunca creí tener.

Como [por fin] validar y nombrar mis emociones, colocar límites a quienes me rodean y para mí misma, comunicar con precisión mis sentimientos y todo aquello que me aqueja. Pero también, construir desde cero una opinión/visión/idea de la vida.

Encontré las respuestas a las preguntas nunca antes respondidas.

Cuéntame si te ya te pasó, cuéntame que has aprendido, quiero escucharlo todo.

El dolor ciega. El dolor rompe. El dolor invalida. Pero nunca es para siempre. Termina, ahora lo sé con seguridad. Y aunque se presente en distintas formas y momentos, nunca será el mismo. Aprender a perdonarTE y soltar es la respuesta a tener un aquíyahora reconfortante.

Mírate en tus fotografías de años atrás, en las palabras de tus publicaciones en redes sociales, en las cartas hechas a mano, en tus palabras grabadas en audio. Reconócete como un ser cambiante que se transforma con el tiempo y el espacio.

Reconócete ahora, como un ser que aprendió a sobrellevar sus dificultades y se enfrentó con su niña/o interior. No hay nada más valiente que pedirte perdón y perdonarte, después de eso nada vuelve a hacer igual.

Reconócete también como un ser más sabio, menos ambiguo y más estable. Reconócete como un ser que continúa en el aprendizaje.

Las palabras, acciones y pensamientos hechos en un tiempo ya inexistente no te definen ahora. Reconoce y acepta lo que sentiste en aquel momento. Pero tu aquíyahora no es ese. No eres la misma persona ni sus ademanes.

Deja ir a ese ser en quiebra, pronto llegará el momento de sanar.

Abraza al ser que eres ahora, está aprendiendo a vivir en paz.

Sólo el presente te salvará.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

Entre Caos Poético y Textos Perdidos| Toboganes Vs Burbujas emocionales.


Por Elizabeth Vázquez Pérez


Hubo un momento en la vida que los olanes andaban en su apogeo y sin pensarlo mucho siendo una niña  me di el poder de usar unos cuantos que estaban confeccionados sobre un vestido verde hecho por mi madre que en conjunto me hacían lucir bien para «dominguear». En ese afán por estrenar y sin saber mi destino tocaba visita con los abuelos que más que saludarlos era jugar con los primos. Porque ellos son los primeros amigos de la infancia y más aún tus cómplices donde se aprende a convivir de verdad o ser parte de la típica burla como paso ese día en el que  los apodos no esperaron a decirse y la “prima rana” había llegado. Por un rato me sentí incomoda pero no me bastó e hice lo que me vino en gana y jugué sin parar. Puesto que vendrían mas atuendos por lucir y tonterías que superar, es lo que me decía mi tía y no tomé importancia.

Como todo desarrollo humano crecimos y en ese esplendoroso recorrido la mayoría de ellos se hicieron padres y noté situaciones que me llamaron la atención específicamente cuando los niños interactúan al lado de otros donde el adulto no lo deja libremente ser por sobreprotege de manera desbordada al grado de distanciar a los mismos y hacer una pantomima que termina en agresión entre padres motivando a señalamientos o etiquetas.


¿Qué pasa en la adultez que ahora se sobreprotege de más a los hijos?


Es una idea a grandes rasgos saberlo sin embargo creo que por circunstancias propias adoptadas  a lo largo de la vida tratan de brindar un estado de confort a sus hijos mejor que la que se vivió en su infancia omitiendo disciplinas y comportamientos que se impusieron y no era de agrado actuando así  de manera equivocada en la que no se quiere que los niños vivan situaciones parecidas o por no querer que se equivoquen y mucho menos que les lastimen para crearles un falso mundo de burbujas por convertirlos en creaciones fehacientes, inmunes, depresivos y quejumbrosos.

¿Dónde nos perdimos?


Creo en el Egoísmo por pensar que a un nuevo ser le podemos anteponer nuestras ideas para suprimir su individualidad, entorpecer la infancia del otro ser con limitantes.

La infancia es un tobogán de emociones y  contiene un hambre por devorar al mundo no para ser dañado simplemente para dejarlos vivir.

La vida de un niño no se enmarca dentro una burbuja para cuidarlo es más resulta contraproducente ya que es en la misma en la que se contiene lo tóxico… se equivocan si se piensa que el peligro esta en el exterior.

¿Qué sería lo mejor?

Esta claro que los genes no hablan por sí solos, ni los buenos hábitos y costumbres de lo cotidiano, lo que afecta en los infantes es la santa de cochinada que inyectamos en ellos sin dejarlos actuar y ser independientes, pues es otro ser. Lo veo sin sentido puesto que cuando esa burbuja se eleve por lo más alto aterrizará  por un sopetón de tanta contrariedad.

Para un niño resulta todo mejor sin adultos presentes y es muy lógico ya que es un sentir fácil de comprender.

Debemos animarlos a experimentar, llevarlos de la mano como guías con sus propias emociones hacia ese tobogán para esperarlos al lado de la salida sin saber qué pasó en el camino solo para poder verlos subir una vez más.

ilusiones de la infancia
¿ Qué sucedió con la «prima rana»?

Con el tiempo me doy cuenta que lo que viví fue solo un mal momento por los sentimientos que evocó en la ilusión de mi vestir y pienso que la  fábula de la «prima rana» funcionó porque no siempre quien salta más alto se libra mejor,  hay que saber saltar.


Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de retos.

Puedes encontrarla en:

Conversaciones de madrugada | Romper el pacto para sanar

Por: Monserrat Chávez

Hola, esta semana no me he encontrado del todo bien pero trabajo en mí a diario para poder sanar y ser libre. Hoy quisiera tener una breve charla contigo, de algo que todas y todos tenemos como vivencia, experiencia o sido testigo.

Empecemos con ¿qué es el pacto patriarcal? La definición menciona que es el silencio y protección de un hombre hacia otro, la nula confrontación de actos cuestionables; además de invisibilizar a las mujeres y sus experiencias.

Pero me gustaría agregar algo más; que el pacto patriarcal no sólo se desarrolla entre varones, también entre mujeres. Ambos, para proteger y encubrir actitudes machistas y agresoras, para invalidar la voz de las víctimas cuando se encuentran listas para hablar.

Como mujeres feministas, hemos recorrido un camino interminable de deconstrucción y digo interminable porque todos los días encuentras algo que cuestionar[te] y trabajar en ello. Pero también como feminista (en mi caso) aprendí que dentro del movimiento hay mucho más que cuestionar.

Primero cuestionamos el sistema patriarcal en el que nos han educado y obligado a vivir, colocamos límites para autocuidarnos, señalamos todo aquello que nos molesta y resulta incómodo (aunque sea propio), elegimos alejarnos de los hombres o reducir el número en nuestro círculo social, porque tenemos claro que no continuaremos con el pacto.

Pero ¿qué pasa cuando una mujer tiene las mismas características? Siempre he sostenido que las corrientes ideológicas, preferencia sexual, identidad, posición socioeconómica y sexo, no nos exonera de ser machistas, misóginos, clasistas, fóbicos, agresores y/o malas personas.

Romper el pacto patriarcal es NO encubrir y solapar actitudes que vulneran a otro ser. Romper el pacto es NO señalar a la víctima por tener el valor de hablar después de tanto tiempo. Romper el pacto es NO proteger a quien causó un daño. Romper el pacto es NO dar la espalda a quienes confían en ti y ven en ti un lugar seguro.

Romper el pacto patriarcal es dejar de negar la existencia de otras realidades distintas a la tuya y señalar de falso un testimonio sólo porque a ti te causa incomodidad cuestionarte, cuestionar tu alrededor y al agresor/a sólo por miedo a perder privilegios otorgados por [sí] ese mismo sistema.

Romper el pacto patriarcal es respetar los procesos individuales y colectivos. Pero también es aceptar el tuyo; saberse que como seres vivos estamos en constante cambio y aprendizaje, mismo que nos lleva a observar lo que antes ignorábamos.

¿A qué me refiero? Que uno de los primeros pasos para romper el pacto es respetar el propio proceso para después hablar de todo aquello que hemos callado. Hablar para no ser parte del mismo problema. Hablar para romper los muros, hablar para reencontrar, hablar para ser libres, hablar para sanar.

Romper el pacto patriarcal es una tarea que involucra a hombres y mujeres, independientemente de todo aquello que les caracteriza e identifica. Masculinidades sanas. Feminismos sanos. Seres humanos solidarios y empáticos consigo mismos, con extraños y conocidos.

Y tú ¿ya rompiste el pacto?

Rompe el pacto hermana.

Rompe el pacto hermano.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

El tropo de la chica cool

Por Brenda Garrido

Mientras me encontraba viendo la película de Gone girl “(2014), dirigida por David Fincher y basada en el libro de Gillian Flynn, apareció un concepto demasiado conocido como extraño el de “la chica Cool”.

Aquel que hace referencia a aquella chica que NO es como las demás, y con esa declaración pareciera degradar a lo femenino, porque la chica cool tiene actitudes e intereses que corresponden al estereotipo de lo masculino y desprestigiara a todo aquello que la relacione con lo femenino.

Al escuchar el monologo de Amy Dunne, interpretada por Rosamund Pike, comencé a recordar todos aquellos personajes de la cultura popular que se podrían encasillar fácilmente como la chica cool. No fue difícil encontrarlos, la mayoría de las comedias románticas o películas de acción tendrán al suyo, serán la perdida de la razón del protagonista, aquella que robe su interés y con la que cualquier cliché propio del amor romántico sea llevado a cabo.

Le gustaran los deportes tanto como a él, como sucede con Andie (Kate Hudson) en How to lose a guy in 10 days (2003) amará comer grandes cantidades de comida calórica y beberá demasiada cerveza sin engordar como Kate (Olivia Wilde) de Drinking Buddies (2013), los autos no serán una materia desconocida para ella, como casi cualquier chica de la saga de fast and furious  o el personaje de Megan Fox en Transformers, es inteligente pero sin dejar de ser divertida al estilo de Robin Scherbatsky (Cobie Smulders) de How I met your mother y por supuesto hará mofa de sus congéneres cada que alguna de ellas se muestre más arquetípicamente femenina como Alex Russo de Wizard of Waverly Place.

La lista podría seguir al grado de no poder acabar, cada generación parece tener su propio conjunto de chicas cool, todas ellas (o al menos la mayoría) escritas por las mentes masculinas, que decantan las atenciones de sus plumas en describir y crear a su mujer perfecta. En resumen, la chica cool es la suprema fantasía masculina: sexy, relajada, a la que le gusta lo que a él le gusta, una pareja sin complicaciones, alguien que todo el tiempo encaja con él, un amigo más, pero con una vagina dispuesta para follar.

Un molde cuya existencia desaparece al finalizar el episodio o la película que corre en la pantalla o… tal vez no. Lo interesante de la ficción y una de las cosas que me gusta explorar en este espacio (o al menos intento) es la influencia que esta puede llegar a tener en la realidad de las personas, y es que al observar los ejemplos que fácilmente encajan en este arquetipo y a su vez han estado durante tanto tiempo en los productos culturales que han llenado mi vida, me pregunto ¿Qué tanta influencia ha tenido en mí y en otras mujeres? ¿Cuántas veces yo y mis congéneres adoptamos actitudes con el fin de agradar al sexo opuesto?

En el monologo, originalmente creado por Flynn, ella da una sentencia, una fecha de caducidad en el que la chica cool se cansa del arquetipo, de fingir ser la fantasía y se encuentra dispuesta a tomar su individualidad, a convertirse en humana, en un ser real pero esa búsqueda tiene una consecuencia inevitable y es que el hombre que ha optado por quedarse con la chica cool buscará a alguien más que cumpla con el papel.

La resolución de Flynn en su historia es que, aquella que se ha cansado de fingir se encuentra dispuesta a acabar con su captor, aquel que la volvió un mito. Si bien en Gone Girl el papel de Amy no sé encuentra escrito para ser una especie de generador de empatía, su personaje ofrece una interesante reflexión sobre este tropo narrativo, que sin darnos cuenta ha permeado en innumerables obras de ficción.

 En la realidad la resolución pareciera ser la misma, sin llegar a los extremos del personaje encarnado por Pike, eliminar el tropo de la raíz, negarlo hasta que deje de existir y por supuesto la apertura a la escritura, donde las mujeres se vuelvan humanas en todas sus representaciones y no la simple fantasía mítica que busca complacer.

El plagio en el arte y la cultura: un problema de todos

23 de agosto de 2021 | Abril Rosas

Hace un par de semanas estaba posteando y viendo historias en mi cuenta de ilustración, cuando encontré que una amiga (a la que por cierto conocí por el mismo medio), estaba denunciando el plagio de una ilustración que habían hecho de otra amiga suya. 

Grosso modo, una odontóloga subió el dibujo de aquella chica eliminando su firma y colocando en la descripción de la imagen, el mismo texto que la ilustradora había colocado sin ningún tipo de mención o etiqueta. Al momento en el que se le pide dar crédito o retirar la imagen, la señalada hizo caso omiso, hasta que varios días después la presión la obligó a dos cosas: la primera, eliminar la ilustración, no obstante arremetió contra las chicas en mensaje privado, ridiculizando y desvalorizando el hecho de pedirle respetar la autoría de la artista. ¿Lo irónico? la dentista subía fotos de su trabajo en las que colocaba su firma.

Para fortuna de aquella artista digital el tema se resolvió pese a la mala actitud de quien había tomado su dibujo sin autorización, sin embargo, la facilidad con la que se pueden apropiar contenidos deja entrever un problema. Lo sencillo que resulta plagiar, robar o incluso alterar una pieza o producto original haciendo caso omiso de sus derechos de autor. Y no solo en el contexto artístico, pues ha ocurrido en la cultura y hasta en la ciencia.

Plagio en la cultura

Plagio en la cultura

Ejemplo de ello es que de acuerdo con el diario Sin Embargo, durante 7 años, al menos 23 marcas textiles nacionales e internacionales han plagiado diseños autóctonos de comunidades de Oaxaca, Puebla, Hidalgo y Chiapas, para marcar patrones en bordados o estampados para prendas de ropa. Algunas de estas marcas van desde Mango, Desigual o Zara, hasta Dior y Carolina Herrera. 

En julio de este año, el Instituto Nacional de los Pueblo Indígenas (INPI), emitió un comunicado oficial donde reprobaba el plagio hacia la cultura de los pueblos indígenas no solo respecto al hurto de sus patrones de bordado, sino hacia todo tipo de expresión cultural. Esto luego de que las autoridades de Santa María Tlahuitoltepec de Oaxaca, hicieran una denuncia pública por el plagio de sus diseños por parte de la empresa estadounidense Anthropologie, apelando a retirar las prendas del mercado.

Este problema está y ha estado al punto que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), emitió recomendaciones a los municipios de pueblos indígenas del país para estar atentos a posibles plagios textiles. ¿Pero qué más se ha hecho al respecto?

A propósito de este ejemplo en particular, la Secretaría de Cultura está trabajando en alternativas jurídicas para la protección de las prendas indígenas y sus fabricantes. Pretende organizar una pasarela el próximo noviembre con textiles autóctonos e invitados de otros países con la intención de dar a conocer y reconocer el trabajo de los artistas mexicanos, abriendo un espacio de diálogo.

No obstante, este problema está lejos de terminar en tanto se presenta en la gastronomía, esculturas, pinturas, calzado y muebles para el hogar. De hecho, semanas atrás se viralizaron memes donde Zara en su línea del hogar, vendía hamacas con nombres rebuscadísimos a precios exorbitantes. ¿Qué está pasando con eso? ¿Quién está haciendo algo al respecto? ¿Por qué las noticias sobre la protección al trabajo indígena del país no son tan compartidas como las denuncias sobre ellas?  

Lo que el plagio significa para los artistas

El plagio en el arte y la cultura: un problema de todos

A escala macro el problema es gigante. Las repercusiones y consecuencias para el país y sus grupos son plenamente palpables y eso que he mencionado solo un ejemplo a manera de poder figurar la forma en la que el plagio actúa sobre los grupos vulnerables. Ahora, cada uno de esos grupos está integrado por personas con hambre, sueños, ganas de superarse y muchos sentimientos a propósito del hurto de su trabajo.

En este caso no delimito a los artistas indígenas, sino a todo tipo de artista o creador de una idea que día con día trabaja para dar vida a algo nuevo. Tal como plantee en las primeras líneas, yo misma lo hago y he conocido a personas comprometidas por ir tras sus ambiciones, que hacen sacrificios algunas veces incluso en contra de su salud para poder seguir creando. Pues muchas de estas tienen escuela, trabajo o ambos y además abren un espacio en sus limitadas horas para hacer lo que aman hacer, a costa del sueño; de merecido descanso o sano ocio; de generar más estrés; incluso, a costa del hambre. 

Entonces, suponer lo que cada pieza creativa significa para un generador de arte o cultura va más allá de lo monetario, que desde luego y no por este comentario pretendo desacreditar, de hecho, el valor de una pieza va más allá del económico, pues al tratarse de una creación subjetiva involucra a la sensibilidad misma de quien la elabora. Además de su formación; horas de práctica para el perfeccionamiento de un estilo o una técnica; estudios independientes que gran parte de las veces no son gratuitos; materiales que van desde arcilla, pinturas, pinceles hasta recursos como la electricidad, Internet y agua. 

Con base en lo anterior busco retratar la realidad de muchos creadores, que además enfrentan otra serie de problemas respecto al estado: como la falta de valoración, oportunidades, remuneración y un sistema de impuestos del que muchas veces no se conoce, o del que es muy poco posible conservar ganancias, a menos que seas un artista de renombre. Este último problema no solo aqueja a los creadores, sino a pequeños y medianos empresarios. 

Aunque, desde luego, el registro de obras y control legal de ellas a través de organismos públicos, es la manera en la que los creadores pueden salvaguardar la integridad y propiedad de sus creaciones.

Respaldo legal de los derechos de autor

El plagio en el arte y la cultura: un problema de todos

Con lo anterior es importante que los creadores y creativos conozcan en sus entidades cómo funciona la protección de sus derechos de autor y desde luego, cómo hacerlos valer y qué organismos son los responsables de brindar tal defensa. De esa manera, entramos en materia de derecho, área en la que no he sido formada. Por eso, lo expresado a continuación fue consultado por mi exprofesor de derecho en la universidad. 

Desde el punto de vista jurídico, la protección de ideas y en consecuencia, de creaciones derivadas de éstas,  pueden estar protegidas mediante dos figuras:

Los derechos de autor

Establecidos en la Ley federal del derecho de autor, son definidos por José Luis Caballero como “el poder jurídico que corresponda al creador intelectual para ejercer derechos de naturaleza moral y patrimonial respecto de sus obras, independiente del género a que éstas pertenezcan”. Es decir, el poder disponer de las propias creaciones sin distinción al tipo de arte o pieza, siempre y cuando exista un medio de sustento y/o reproducción.

La protección a la propiedad industrial

Se enfoca a registros, marcas comerciales o patentes, es decir, se dedica a la protección de bienes inmateriales. En contraste con los derechos de autor que requieren un medio para la materialidad de lo protegido. 

Con esto, es importante que los artistas se asesoren con un especialista para poder llevar un registro de sus piezas, ideas o marcas según corresponda el tipo de protección legal sobre ellos. Así, se garantiza la intervención jurídica en caso de que sus obras o ideas sean objeto de plagio; protegiendo la integridad del artista así como el esfuerzo implícito de la creación previamente expuesto.  

Ahora, ¿existe una manera de poder combatir la fácil reproducción del plagio?

¿Cómo combatir el plagio?

El plagio en el arte y la cultura: un problema de todos

Hasta el momento, el artista puede registrar sus obras como se ya se expuso y proceder legalmente en caso de plagio, sin embargo, ¿aquellas personas que no se dedican a la creación pueden ayudar a reducir este problema? La respuesta es sí.

Tal como comenzó esta historia, el arte de la amiga de una amiga estaba siendo hurtado y gracias a la difusión, otras creadoras y seguidores nos enteramos de la situación para ejercer presión sobre la responsable del robo hasta que retiró la publicación. Entonces, es posible entender que en solidaridad a quien sea víctima de plagio, su comunidad y conocidos pueden arremeter en contra de quien ejecute el daño, al punto de hacerle ceder ante la presión social, pues su reputación puede afectarse. Es decir y como coloquialmente se emplea, “podemos quemar al ladrón en redes sociales” y compartir la “quema”, para expandir este efecto.

Sin embargo, hay mucho más que puede hacerse tanto en lo micro como en lo macro pero resumiré esta acción en una frase simple: siendo críticos con nuestros hábitos de consumo. Tal como expresé en el ejemplo de los textiles, hay industrias internacionales pero también nacionales que hurtan a otros fabricantes, que hurtan sus creaciones, ideas y hasta su identidad y cultura. En estos casos es de suma importancia estar enterados quién está detrás de lo que consumimos, qué prácticas éticas distinguen sus procesos de creación y si es posible, cómo se dan estos procesos y si existe alguna demanda en su contra por violar derechos de autor.

Es importante destacar que no solo aplica con la industria de la moda, sino del arte, gastronomía y todo objeto de cultura y conocimiento, pues como lo he mencionado antes, este fenómeno afecta también a las ciencias, aunque en estas líneas el límite haya sido la cultura.

Para concluir, resulta prudente rescatar y resaltar la idea que he venido trabajando durante este escrito: el problema del plagio nos afecta a todos en la escala macro o micro. Ya sea porque roban tu cultura, o porque a un conocido tuyo le han hurtado un retrato. Este, es un fenómeno latente que a todos nos afecta y para solucionarlo hay que exigir pero también actuar. De esta manera, es posible respetar y valorizar a nuestros creadores, así como exigir justicia cuando sea necesario.

Fuentes de consulta

https://mx.fashionnetwork.com/news/Inpi-reprueba-plagio-de-anthropologie-a-disenos-textiles-mexicanos,1317893.html

En 7 años, 23 marcas plagiaron el diseño autóctono de México, y no hay una sola denuncia: activistas

https://www.jornada.com.mx/notas/2021/08/10/cultura/iniciativa-para-proteger-de-plagios-al-arte-textil-indigena/

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Soy Abril Rosas, amante del arte y licenciada en comunicación. Escribo como ejercicio de pensamiento y sentimiento; por una parte la demanda de razón que suscita la cotidianidad; y por otra, las emociones que para mis adentros se acentúan.

He escrito poesía, cuentos y relatos para Prosvet, Poetazos y para Líderes Ciudadanos en su certamen nacional: Historias Ciudadanas. También, para esta misma asociación recibí el premio a mejor cortometraje animado en 2020, donde fungí como ilustradora, guionista, productora y voz de doblaje.

Actualmente trabajo como ilustradora digital y community manager. Me he desempeñado como guionista y productora para empresas privadas en mi natal Oaxaca de Juárez.