Recuperar el recuerdo, tal vez no. Jeanne Karen en La máquina verde.

En el perfil de Facebook aparece un botón que dice sencillamente Recuerdos. Si una persona pulsa allí, de manera inmediata aparece una lista con frases, fotos, videos, enlaces, que ha compartido a lo largo de su historia por la red social.

Aquí viene lo difícil, lo difícil por lo menos para mí, porque al ver mi pasado no logro reconectarme con las emociones, con la chispa que me llevó a escribir por ejemplo un sencillo Te quiero mucho. Luego viene el pensamiento y la pregunta, ¿era el estado de mi Facebook para alguien en particular o era solamente por decir algo, por estar presente ese día?

La respuesta es: no lo sé, porque, irónicamente no recuerdo, no me importa si el apartado se llama Recuerdos, no llegan a mi mente las emociones o sensaciones con las que está conectada la frase. Me quedo pensando, en realidad el algoritmo no sabe, no distingue esa parte, son solamente datos y paradójicamente en nuestra vida están apareciendo así, los estamos percibiendo así.

¿Nos alejamos de lo que somos, del cúmulo de sentires, decires, vivencias que todavía representamos?, ¿nos estamos acercando a un punto de encuentro con la Inteligencia Artificial o en realidad nosotros somos la Inteligencia Artificial?

¿Tenemos miedo de lo que somos o de lo que seremos?

La Inteligencia Artificial es creación humana, obviamente, pero ya desde hace unos veinte años para acá, he llegado a darme cuenta de que nosotros somos esos seres de rostros cambiantes, de perfiles, de cuerpos cambiantes en la realidad virtual, aunque también en la palpable, muchas veces.

¿Entonces, lo que siento ahora, lo que alcanzo a percibir, esa despreocupación por hacer los recuerdos desde mí misma, desde cero, íntimamente atados a lo que ha sido mi vida, está en peligro de desaparecer?

Nos estamos desdibujando, ¿cómo se sienten?

¿la inteligencia artificial llegará a comprender?

¿Tendrá qué descifrar los estados de nuestra mente cuando como humanidad, nos cuesta descifrarlos?

Me quedo dando vueltas, en los recuerdos, ¿qué sentía cuando tomé tal foto, qué pasaba por mi cabeza, estaba feliz, melancólica, preocupada?

Hay dudas que nunca se resuelven. Pero mirar los recuerdos es como ver la película de nuestra vida, sin poder editarla, sin ponerle subtítulos. Voy a ese concepto, me parece bueno, pero no lo es, porque en realidad ya me sucedió que a algunas fotos les he puesto frases, poemas, fragmentos de algún texto y aun así, sigo percibiendo esos recuerdos como las memorias de una extraña, me pregunto, ¿por qué puse ese verso, estaba enojada con alguien, conmigo misma o estaba triste o solamente lo dejé ahí porque me gustó? No me reconozco.

Entonces, ¿qué está pasando?, en lugar de usar las redes sociales que para un uso práctico, a veces nos llevan a la confusión, un cuaderno en donde se escriba todo con lujo de detalles, punto por punto, primero para no olvidar y en segundo lugar para saber exactamente cómo éramos en ese momento, qué sentíamos, qué pensábamos. Es mucho trabajo, aunque si lo ven, es también interesante. Los seres humanos estamos hechos de memorias, por lo menos esa es nuestra esencia. No somos capaces se separarnos de lo que ha quedado plasmado en nuestra historia, ya sea la personal o la común.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.

SENTIR

Por Madelaine BO.

Cada que me acerco un poco a tí, tú corazón se escucha latir; un latido que murmura lo que sientes estando junto a mí. Algo tan fuerte, limpio y sincero.

Me cuenta que me piensas, pero no lo aceptas. Estoy tan dentro de tí que es un poco difícil que te alejes de mí.

Lo que tú no sabes es que yo siento igual. Y cuando no te veo, te siento junto a mí, me llega tú aroma; ese que dejas en mi cama y de inmediato te imagino recogiendo mi cabello para poder besarme; por que así te gusta a tí y así me gusta a mí.

Seguramente son las ganas de volver a verte. Me gusta recordar lo que siento al estar junto de tí. Ese algo que hace que mi corazón se acelere a mil por hora en cada latido.

Se que somos como el día y la noche, mientras yo despierto, tú aún duermes. Cuando ya estoy en camino, tú apenas despiertas. Yo nunca paro de hablar y tú siempre sueles escuchar. Yo tan indomable y tú tan disciplinado.

Pero lo anterior no es impedimento para estar juntos por que él es tan mío, como yo soy tan de él. Por que nos conectamos , por que vibramos en la misma frecuencia y sentimos lo mismo.

Llegamos en el momento justo, no antes ni después. Es el tiempo que tenia que ser para que pudiera suceder. Si hubiéramos llegado antes no nos habríamos encontrado y si llegábamos después seguramente estaríamos en el lugar equivocado.

Pero esto no es así; estamos juntos libres de cualquier presión, sin ninguna atadura, pero llenos de locura.

Derechos y Colores| El día después del 8 de marzo

Por Natalia Mendoza Servín

Fotografía tomada por Natalia Mendoza Servín

En todas partes del mundo, el 8M mujeres tomaron enardecidas las calles de sus respectivas ciudades exigiendo respeto a sus vidas, a su integridad corporal, a la libertad, al libre desarrollo de su personalidad, a sus estudios, a sus cuerpos… en fin, a las mujeres siempre nos deben o cumplen a medias nuestros derechos. En sus pancartas, mis hermanas traían todo tipo de consignas. Con muchas de ellas, más de algunas nos sentimos identificadas.

Entre nosotras, nos sentimos protegidas. Nos cuidamos. El bloque negro también se encarga de ello. Además de las pancartas, algunas grafitean consignas o rompen vidrios. Sin embargo, en ocasiones pareciera que luego de eso, no hay más.

Este año me llamó mucho la atención una pancarta de una chica que palabras más, palabras menos, decía: “a mi me abusaron en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), denuncié y nadie me creyó, todos dicen que soy una exagerada”. Cuando la leí, me giré hacia ella y con el fuerte sonido de mi voz, grité: ¡yo sí te creo! Y al coro se unieron otras, unas más corrieron a abrazarla. De nosotras iba a obtener todo el cariño y apoyo del mundo, pero ¿eso basta? Luego de que emití repetidamente ese grito pensé en sí nosotras podíamos hacer algo más, y mi respuesta interna fue negativa.

El día de la marcha, llevé unos tenis nuevos que comenzaron a lastimarme, así que le dije a mi hermana que regresaría a casa. Tuve que separarme del contingente y caminar al lado contrario de mis compañeras. Ya eran las siete y media de la noche y estaba obscuro, no tan solo porque otras mujeres también comenzaban a regresarse. Pero en mi trayecto de regreso sola, volví a sentirme insegura bajo el manto de la noche, mi ropa morada y verde hacía que más de algún hombre volteara a verme con cierto desprecio que infundía miedo. Me resultaba paradójico que luego de la marcha, a un escaso kilómetro de donde seguían mis compañeras en lucha, la realidad volvía a ser la misma: yo acababa de marchar, de gritar, de luchar… y volví a sentir temor por mí.

Me di cuenta que lastimosamente el día después del 8M, ¡incluso, ese mismo día donde casi todo se muestra políticamente correcto por un momento!, las cosas no

habían cambiado. Con ello, no estoy desprestigiando la marcha: es fundamental y necesaria, de eso no tengo duda y volveré a asistir en próximo año. Pero esa situación me hizo recordar a mi querido tío, Antonio Servín. Él era un hombre vivía en Ciudad de México e iba a muchos mítines y marchas de causas sociales.

Cuando aún vivía, una vez me comentó que cuando marchaba en pro de una causa relacionada con la educación un hombre con experiencia en la lucha social le dijo: la casusa de esta marcha es muy buena, pero no va a ningún lado. Mi tío le preguntó el por qué y éste respondió lo siguiente: la autoridad que tiene competencia en el tema es la Secretaría de Educación, ¿por qué esta marcha tiene como destino final la Secretaría de Gobernación?

El punto de ese hombre, era que las marchas debían ser escuchadas por todas y todos, pero en especial, por quienes pueden tomar decisiones, tienen las atribuciones y no quieren hacerlo. La marcha a la que yo asistí fue en Guadalajara y mi contingente finalizó en la rebautizada Glorieta de las y los desaparecidos, que sin duda, es simbólica para el movimiento feminista… pero no había autoridades escuchando. Otro camarada me comentó que sus amigas feministas consideraban importante que las peticiones y reclamos, incluso, fueran entregadas por escrito a las autoridades y que cada 8M, en la marcha, en presencia de todas y también de las autoridades, se evaluaran los avances.

Mucho por luchar, pero estamos cada vez más unidas. ¡Sigamos arrebatando derechos!

Contacto en X: @Nataliamese

Natalia Mendoza Servín es abogada y maestra en transparencia por la Universidad de Guadalajara. Se ha dedicado a temas relacionados con transparencia, acceso a la información y privacidad, pero desde el año 2020 ha decido decirle al mundo que ama la causa de las mujeres, así que también es especialista en Estudios de Género por la Universidad Pedagógica Nacional, y ha combinado lo que le apasiona con el feminismo desde entonces. Le gusta hacer análisis jurídico y feminista de las expresiones artísticas, y lo comparte, porque nunca se sabe cuándo esas reflexiones pueden ser útiles para alguien.

En el cuerpo, mi dolor. Jeanne Karen en La máquina verde.

Si el dolor comienza en el cuello y baja despacio hasta los hombros, luego se instala directamente en el ánimo, esa es la parte difícil y la que quiero eludir a toda costa, pero si irrumpe directamente en mi espalda, me derriba y el resto del día no puedo hacer más que tratar de ponerme de pie y seguir con la rutina, aunque se vuelva insoportable, no nada más por su propia naturaleza, también porque lleva el peso de la angustia: ese ánimo de correr, de hacerlo todo bien y de prisa y a la vez sentir que estoy atada a una silla o pegada al piso. Existe el deseo de acelerar, de salir volando en contra de toda lógica.

Luchar contra el cansancio, contra esas punzadas, ese ardor, se vuelve a veces más denso que el malestar, ¿lo han vivido a menudo?

Pensar en lo que nos sucede, luego sentir el fragor de la existencia, la vida entera que pasa como en una proyección frente a nuestra mirada de conejos sorprendidos, animales de presa. Parece como si la realidad descargara diariamente todo su volumen sobre nuestra fragilidad, sobre el esqueleto, sobre el espíritu que nos habita. Esconde las complejas redes de las horas, el pensamiento, los acontecimientos sobre estas cosas quebradizas que somos, a las que a veces podemos llamar cuerpos y otras simplemente algo como un yo, que en realidad no sabemos bien qué significa. Un yo como un vacío, como la estabilidad de alguien, de algo, del todo, un yo como un conjunto, como un movimiento, como la incertidumbre.

En el cuerpo, mi dolor, el ritmo de la respiración, el aliento, la esperanza de que seguiré aquí, luego el desasosiego.

Dicen que sentirlo todo es bueno, que es parte del aprendizaje, pero algunas personas no estamos preparadas para esas tareas, son batallas que sabemos perdidas, desde antes de arrojarnos a la rompiente.

Cuando cierro los ojos siento una voz que no es la mía, una verdad que se acerca a mí, a mis heridas, a ese dolor del que les hablo, quizá sean los versos de una de las más grandes poetas que han existido: “Vivían en sus vidas. Expuestos a los vientos. Juzgados de antemano. Con cuerpos para el adiós desde que nacieron”. Del poema Monólogo para Casandra de la gran poeta polaca Wislawa Szymborska.

Desde siempre estoy diciendo adiós, desde siempre sé que la permanencia no la dicto yo, existen las circunstancias, el destino, mejor aún: la suerte.

Y el dolor es compañero, es el otro que me habla, que habla a través de lo que soy, que también habla por mí con su propio idioma, con sus pesadas palabras. Unos días viene para sacudirme la felicidad, otras veces solo para acompañarla, está latente, en silencio, quieto como un gato en la azotea, que presiente el vuelo de las palomas.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.

La evocación del erotismo fantástico | “Yo, cocodrilo” y las imposiciones corporales del placer

Me preguntaba: ¿es el clítoris, realmente el único órgano destinado al placer sexual? Es decir, en “Yo, cocodrilo” de Jacinta Escudos, mutilan a las mujeres, les cortan el clítoris con el fin de asegurar su castidad y buena conducta -según lo que significa “ser mujer”-. Pero inmediatamente pensé en Marosa di Giorgio, en sus relatos eróticos. En cada uno explora una variedad de zonas erógenas presentes en el cuerpo; juega con metáforas que puntualizan en la experimentación total del erotismo, el placer y la libertad.

En este sentido, desprenderse de la idea de “ser” “mujer”, es desprenderse de la idea de que el clítoris es el único órgano capaz de brindar placer. Entonces, dicha afirmación, devela su origen en la construcción de pensamiento patriarcal y capitalista.

Transformarse en cocodrilo, -o como en los relatos de Marosa: metamorfosearse en insectos, copular con animales, plantas y hongos- significa dejar de “ser” una “mujer”, para empezar a experimentar el placer sexual con todo el cuerpo y en libertad.

ESCRIBIR NOS LIBERA: EL SILENCIO EN LA ESCRITURA

Por Aimeé Miranda Montiel

Que honres cualquier silencio, porque su magia es inspiración para volver a escribir.

Escribir es un acto de libertad, es una necesidad, y sí, también un llamado; escribir nos conecta con nuestra creatividad, con nuestra alma, con posibilidades que a veces no se miran en “el mundo real”. Pero ¿qué pasa cuando no tenemos nada que escribir, cuando la voz se nos va, cuando la inspiración se nos muda a Timboctú?

No es que tenga la vida escribiendo con la suficiente constancia, dedicación y entrega como para tener todas las respuestas o todos los remedios ante esas situaciones, pero lo que sí puedo compartirte es que cuando lleguen esos momentos en que sientas que no tienes nada que escribir, puedes hacer lo siguiente:

1.- Sé muy paciente y amorosx contigo, no te juzgues de “mal escritorx”, no caigas en el jueguito de tu mente que te dice que estás en el hoyo y que lxs grandes escritorxs siempre tienen algo que escribir, porque eso no es cierto, todxs necesitamos silencios, pausas, vacíos, incluso en la música existen esos espacios de tiempo donde no se emite ningún sonido, y eso es lo que logra que exista un ritmo, una cadencia que transmite un mensaje, porque sí, hasta los silencios tienen mucho significado, son necesarios para permitirnos procesar todo el ruido que les antecede.

2.- Limpia y nutre el río creativo que yace en tu interior, y me explico, todo lo que puedes crear viene desde tu interior, desde cómo vas procesando las experiencias, ideas y todo aquello que te rodea, lo cual se mezcla con lo que has vivido anteriormente, con tu esencia y tu alma; por lo que a veces estamos tan saturadxs interiormente, que caemos en un abrume que nos impide conectar con esa chispa creativa que todxs tenemos. De ahí, que considero indispensable que te permitas liberarte emocional y energéticamente, para que puedas hacer espacio interno y puedas posteriormente nutrir tu ser más sutil con personas, experiencias, arte, letras y todo aquello que te encienda.

3.- Sigue poniendo una pluma entre tus manos, es decir, haz el intento de escribir, y si no logra salir nada, está bien, pero no pierdas el interés ni la intención de conectar con ese espacio de liberación que es la escritura.

Algo de esto, fue lo que me sucedió en las últimas semanas, me sentía drenada, apagada, sin ideas, sin nada que transmitir; necesitaba estar conmigo, necesitaba conectarme con aquello que estaba revuelto en mi interior, necesitaba mirarme, darme ese tiempo y ese espacio para asimilar muchas cosas que me habían sucedido. Y después de estas semanas de ser amorosa conmigo: ESTOY DE VUELTA, PORQUE ESTOY CONVENCIDA DE QUE ESCRIBIR NOS LIBERA.

En verdad gracias infinitas por estar aquí conmigo, por ser parte de este espacio y de esta tribu digital de escritorxs, de humanxs que queremos acompañarnos para conectar con la magia de la vida a través de las letras. Te abrazo de corazón a corazón y me hace feliz que cada semana me leas. Me despido con este mini verso lindo que escribí hace varios ayeres, pero que me encanta:

Magia

Si alzas los ojos al cielo

con suerte verás un arco multicolor

o a las nubes creando una canción.

Gracias infinitas por leerme, puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia.aimeemiranda

Y sigamos juntxs escribiendo, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.

Letras Revueltas|Reencuentros

Por Illari Alderete

Terminé el año 2023 hablando de las despedidas, no he vuelto a escribir desde entonces. Miento: sí intenté hablar de la comunidad, pero no me pareció un texto adecuado para empezar 2024. Aunque ya sea marzo, preferí postergar este inicio. La vida laboral me alcanzó como una avalancha junto con las labores domésticas; al final quedó mi jobi, que es la escritura. 

Este mes me reencontré con mi amiga Julia, a la que hace mucho no veía. Ella suele estar de viaje y yo siempre estoy aquí, en la Ciudad de México. Pensé que eso no afectaría nuestra amistad, pero con el tiempo, los abrazos se han convertido en simples saludos. Me di cuenta de que, aunque fue un encuentro feliz, la distancia y el tiempo hicieron lo suyo. ¿Pasará lo mismo con la escritura? ¿A los cuántos meses te comienza a olvidar?

«Recordar ese miedo, ese personaje, esa heroína y sus implicaciones, renovó mis deseos por decir algo, provocó que quisiera retomar la escritura. Ahora sólo debía dar con ella. ¿Se ha perdido?»

Vagando en las redes, hallé un podcast que hablaba sobre uno de mis asesinos favoritos del género slasher. Ese día estaba buscando algo que me distrajera del estrés laboral, deambulé por videos sobre los departamentos más pequeños de Japón, el análisis del universo 25, hasta que me encontré con este viejo compañero de infancia: Freddy Krueger. ¿Por qué me gustaba tanto? Creo que tiene que ver con el miedo y la templanza. Krueger me daba mucho miedo, pero a la vez me hacía experimentar fascinación. En una de sus películas conocí a una de mis primeras heroínas: Nancy, una adolescente que pese a su temor, logra vencer al villano. En el podcast analizan las películas de Freddy Krueger, señalan la relación entre la violencia de los padres con los hijos adolescentes de la década de los 80 y la aparición de este personaje en los sueños. Recordar ese miedo, ese personaje, esa heroína y sus implicaciones, renovó mis deseos por decir algo, provocó que quisiera retomar la escritura. Ahora sólo debía dar con ella. ¿Se ha perdido?

La encuentro en una tarde veraniega de febrero, en esos días extraños que nos azotan y que parece que desde ahora serán la constante; marzos otoñales, agostos friolentos. Allí está, maltrecha. Cortada. Tarda horas en decir algo. Empieza con reclamos. Jala un hilo. Está avergonzada de todo lo que ha dicho. Se siente expuesta. Poco sincera. Enumera los miedos: la falta de originalidad, el lenguaje llano, la poca cultura, el trabajo nulo en el texto. La consuelo y le digo que la entiendo, que yo siento lo mismito, pero que sin ella soy infeliz. Que sin ella me convierto en ese ser que trabaja día y noche, que no sueña, que no imagina. Sólo ella me libera de la jaula.

Parece que hablar con la escritura ha funcionado. Aceptar sus miedos y los míos nos ayuda a enfrentarlos: Nancy supo cómo matar a Freddy porque lo trajo a la realidad. Quizás Julia lea esto y cambie los saludos por abrazos, aunque yo la quiera con sus saludos. Tardé meses en volver a la escritura, he perdido la práctica. No pienso en hacerme famosa. Sólo pienso en mantener lo que me hace feliz: escribir. Así que para mí, el año comienza en marzo. ¡Feliz año nuevo! 

Illari Alderete

Amante de las letras, de los libros, de las series, de las tardes lluviosas que traen un dejo de nostalgia. Soy docente desde hace una década y me he descubierto alumna desde entonces. Me gusta soñar e imaginar otras posibilidades aunque a veces se conviertan en pesadillas. Recobré el camino de la escritura hace casi un año cuando las experiencias en forma de palabras comenzaron a desbordarse y, aquí estoy, aferrada a otra posibilidad.

Vivir de lo que hacemos por Jeanne Karen en La máquina verde

Cuando estoy por comenzar a dar un nuevo taller de creación literaria, nunca sé qué me voy a encontrar, no sé cuáles serán las preguntas de las personas que inician las actividades conmigo. No cabe duda que siempre habrá sorpresas, como en cada trabajo, como en cada labor que desarrollamos como seres humanos.

Hace unos días estuve en un taller muy ameno, con personas que realmente sabían de la materia, sentí que disfrutaban cada uno de sus textos, detrás de su trabajo previo en casa y noté que había en realidad idea de cómo escribir. Pero, lo que me llamó la atención fue que así, casi de la nada, una de las alumnas del taller, después de darle mis puntos de vista sobre su trabajo, me preguntó si es posible vivir de lo que hacemos, es decir, a final de cuentas, vivir de escribir.

Le dije yo vivo para escribir, desde que tengo memoria, así han sido las cosas, en mi caso. Sin embargo, también le respondí y les conté en el grupo, de forma breve, que sí es posible vivir de escribir, pero muchas veces implica no solamente la parte creativa o creadora, es decir no nada más de escribir libros, hay que diversificarse.

Encontrar otra forma de vivir escribiendo, es abrirse paso entre revistas, periódicos, blogs, empresas de comunicación, instituciones que necesiten manejo de redes sociales, editoriales, escuelas. Si una como escritora, tiene planeado vivir para escribir y vivir de escribir, el camino es de subida, no hay nada en el panorama que como autoras, nos indique que las cosas serán fáciles, sencillas y que se darán a la primera. Creo que son pocas las escritoras a las que aun en nuestros días, se les da esa suerte, por llamarla de alguna manera, que más bien lo veo como que se les da ese lugar por su gran talento en gran medida y en menor medida por la buena fortuna, pero es necesaria, eso sí.

Hay muchos casos de escritores que tienen mucha obra, que además es buena, pero que simplemente no logran hacerse un camino dentro del mundo literario o les ha costado mucho más que a otros, pero creo que es algo que pasa en todos los ámbitos de la vida.

Para mí lo más importante al final del día, es tener de qué escribir, luego tener ganas y la energía suficiente para hacerlo. Me gusta cuando tengo uno o varios temas en mente. Despejo mi área de trabajo, acerco una bebida, por lo general un buen café y comienzo con la página en blanco o bien retomo un texto que he estado trabajando durante algún tiempo.

Pero hay algo que es cierto, algo real, totalmente real, esa emoción de la página en blanco, la oportunidad de escribir una nueva historia, un nuevo poema, una nueva entrada para la columna.

Sigo sintiendo la misma emoción, como el primer día, solamente que ahora pienso distinto, no tengo prisa, no hay velocidad en mis manos, no hay una desesperación en el hecho de escribir. Queda más bien el deseo de hacerlo lo mejor posible, de dejar otro texto que aporte algo, un verso, una idea, que transmita sensaciones poderosas al lector.

Vivir de escribir sí es posible, yo también me pregunto a veces si vivir de cuidar mascotas es posible, o de arrojarse de un paracaídas. Creo que para todas las actividades humanas de nuestra vida moderna se necesita el impulso, las ganas, la imaginación, el amor por lo que hacemos, el tiempo, la inversión que estamos dispuestos a inyectarle a nuestro trabajo o labor.

Otra idea muy importante, en la que debemos detenernos es en la vocación y otra, igualmente relevante es el talento. Podemos realizar cuantas actividades nos deparen nuestros días, nuestra vida, pero no para todas tendremos el mismo talento, no para todas sentiremos el mismo llamado. Hay una complejidad mayor en todo lo que aquí les cuento. Por ejemplo en mi caso, amo la cocina, me encanta, pero como me falta el talento, tengo que dedicarle tiempo, mucho más del que una persona con dotes culinarias le dedica o alguien que ha estudiado para ser chef; en mi caso, lograría preparar una buena cena en una tarde completa, hornearía un buen pastel, quizá después de haber echado a perder varios.

Lo importante es quitarnos el miedo, removerlo de todas las cosas que hacemos, de las trascendentes, las actividades de la vida diaria, las imprescindibles, las monumentales, las creativas. Contar con las ganas, ese primer impulso es necesario.

Para mí implica levantarme muy temprano, abrir un nuevo documento, comenzar por una línea, luego otra y otra. ¿No es así como se va construyendo la vida, no es así como al final los sueños se convierten en realidad?

Vivir de escribir es posible, pero me gusta más la idea de vivir para escribir, como le comenté a la alumna del taller.

A veces creo que en algún lugar está nuestro gran libro de poemas, la gran novela, pero de alguna forma tenemos que buscar. No aparecen de la nada, siempre hay que ser tercos en nuestro oficio, ver pasar uno tras otro los documentos de word, hasta que de pronto llega el significativo, el que está mejor escrito, el que transmite algo más allá de las palabras que se han plasmado.

Vivir de escribir, es el sueño de las personas que escribimos, también lo es, vivir bien, tener tiempo para todas esas cosas que deseamos hacer, a parte de nuestro trabajo creativo. Como cada ser humano, no nada más queremos estar metidos en una habitación, en nuestro estudio con una infinidad de cosas por escribir, también nos dan ganas de salir, de caminar por el parque, de tomar algo.

Es una labor difícil sí, pero creo que es posible vivir de escribir, para algunos afortunados, así es; para la inmensa mayoría queda claro que debemos hacer un sinfín de actividades para poder dedicar algunas tardes o noches a lo que realmente nos apasiona: esos libros, esos textos que tenemos guardados en el escritorio de nuestras computadoras o en alguna libreta y tener un par de horas al día para abrir un nuevo documento, para llenarnos de adrenalina frente a la máquina  o la libreta, para liberar nuestras mentes de ese remolino que aparece de pronto y que lo abarca todo, es glorioso. Mi deseo es seguir viviendo para lo mismo, para escribir, para después de un día muy estresante, después de una jornada en donde el cansancio es lo único que queda, no sé de dónde saldrá fuerza,  pero abro mi vieja computadora y elijo alguno de los archivos que tengo a la mano, uno que ese día me impulse a escribir y comienzo, luego todo lo demás es parte de otra historia.

Amo escribir de todo, no sé si lo hago bien, algunas cosas dan más trabajo que otras, por ejemplo un poema, no es algo a lo que se llegue de forma sencilla, implica un largo proceso de pensamiento, o así es para mí, pero cuando llego a escribir un buen poema, me siento quizá como deben sentirse los grandes arquitectos, es como haber levantado un edificio magnífico, se queda uno cautivado por sus formas, por la profundidad, por el juego de luces y de sombras que disipa en su espacio, por el rugir del viento que atraviesa sus patios como si fuera la extensión de una voz, como si fuera una extraña música.

Y hay días en que la tristeza trata de invadir mi trabajo literario, luego vuelvo a los poetas que amo, recuerdo por ejemplo el poema de Tabaquería del gran poeta portugués Fernando Pessoa, la parte donde dice:
El morirá y yo moriré.
El dejará su rótulo y yo dejaré mis versos.
En un momento dado morirá el rótulo y morirán mis versos.
Después, en otro momento, morirán la calle donde estaba pintado el rótulo
y el idioma en que fueron escritos los versos.
Después morirá el planeta gigante donde pasó todo esto.

¿Entonces, es necesario ponerse triste por no vivir de algo en particular, de algo tan volátil como escribir versos?

No lo creo, pero sigamos viviendo para escribir y para dejar poemas, para dejar una huella de lo que fuimos, pero mucho mejor, para hacernos vivir intensamente esa vida interior que nos da la literatura.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.

Extraño Cotidiano * La belleza, Dios y el miedo II

Susana Argueta

No se lo lleven. Llévense todo. Llévense el carro. Todo es una foto fija. Muchas fotos fijas. Todas las fotos fijas ¿Por qué no me muevo? ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Por qué no hablo? El viento. ¿Dónde se ha ido el viento? La cebada. No veo el mar de cebada. No veo nada cerca. La pistola. Gritan.

Me aprieta el brazo. ¿Cómo entré al carro?

– Los vamos a aventar.

– ¡No me mires, pendeja! ¡No me mires o te carga la chingada! ¡Tápate la cara!

No puedo respirar. No puedo respirar. No puedo respirar. Tengo la cara tapada. Su mano en mi cara. La pistola. El cañón de la pistola está en mi pierna, en mi costado.

Padre mío, que no pase nada. No me acuerdo cómo rezar. No sé rezar. ¿Sí sé rezar? Padre mío, que no nos pase nada ¿Le estoy rezando a Dios o a mi papá?

La pistola. Gritan.

– ¡No mires!

¡No lo estoy mirando!

¿Qué hay que hacer en un secuestro?  Piensa. Escucha. Recuerda. Las voces. El camino. Terracería. Se le apaga el carro. Se patina. Hay muchas piedras. Se patina el carro entre las piedras. Tal vez son piedras rojas. Grava suelta. Está nervioso. Mi carro valió madre. Él está en la cajuela. ¿Me escucha?

– ¿Qué es él de ti?

 ¿Qué es de mí? Diles la verdad o te matan. Lo matan.

Padre, que no nos pase nada.

Es asfalto. Es carretera. Son radios, radios de policía. Vamos a Texcoco. El viaje va a ser largo. Esto va a ser largo. Respira. Piensa. Escucha. Recuerda.

– La puerta ya está abierta. Ya pueden llegar. ¡Vas libre, vas libre, pasas libre!

Otra vez terracería. ¿Cuánto tiempo ha pasado? No estamos en Texcoco.

– ¡Bájate, no mires o te meto un tiro!

Imagen: Los Chopos. @Susana Argueta