Letras que ab (sorben/sortan) | Literatura diversa

Maleni Cervantes

En la actualidad, el contexto provoca que las personas se vean involucradas en una serie de cambios de paradigmas, creencias y estereotipos relacionados con la convivencia social. Dichos cambios son producto de la historia humana que está en constante transformación, por lo que no deberíamos de asustarnos, ya que se trata de una nueva evolución en el pensamiento y desarrollo humano. Lo que conlleva a que, en algún momento nuestra responsabilidad social sea informarnos y adaptarnos al nuevo mundo en el que nos estamos desenvolviendo.

Si nos ponemos a reflexionar, en la actualidad se espera construir una sociedad más justa y libre, donde todos podamos vivir sin miedos y sin estereotipos que atenten contra la integridad de las personas. Es por esto que diferentes colectivos (de distintas índoles) buscan la libertad y justicia que se les ha negado desde ámbitos muy diversos con el pasar de los años.

Por otro lado, como sociedad también nos hemos dado cuenta de que nos encontramos en un punto en el que no todo es blanco y negro, bueno o malo. Es decir, no todo se maneja a través de polos opuestos, sino que siempre habrá una gran brecha que abarca más posturas que las polaridades anteriormente establecidas.

Ahora tenemos una sociedad diversificada, es nuestro deber tratar de comprender a los diferentes grupos sociales sin tener miedo a los cambios, ya que como sociedad habremos de avanzar de acuerdo a las necesidades de nuestra realidad inmediata.

De esta manera, entre las diversidades, conoceremos al colectivo de la diversidad de género y sexualidad. Donde las personas pueden decidir qué es lo que quieren para sí y para su felicidad, sin el miedo al qué dirán.

Sin embargo, es un tema muy complicado de abordar, puesto que las masas apenas intentan asimilar estos cambios dentro de una sociedad que tiene arraigada una forma de vivir machista, patriarcal y que se aferra a la sexualidad desde el ámbito biológico (y en algunos casos religioso), sin comprender a las minorías que tienen una manera distinta de expresar su sexualidad.

Aunado a eso, para que las personas logren ampliar sus horizontes ideológicos, tendrían que darse a la tarea de investigar, reflexionar, conocer (ya sea de manera directa o por medio de la experiencia de algún familiar o allegado) acerca de esta forma de vivir.

En otras palabras, las personas tendrían que conocer que al hablar de la sexualidad humana no todo se basa en las polaridades de hombre y mujer, sino que hay más conceptos que se entrelazan, pero que indican diferentes ámbitos de la sexualidad de las personas.

Porque no es lo mismo hablar de sexo que de orientación sexual o género. Donde sexo se relaciona con lo biológico, orientación sexual con la atracción sexual y género con la manera en la que tú te identificas a la hora de vivir tu sexualidad.

Sí, lo sabemos. Cada una de estas esferas a su vez se dividen en más conceptos. Por lo que, quizá existirá un punto en el que las personas pueden confundirse o, incluso, lo tomen como una broma o un chiste de mal gusto por todo el embrollo que pueden causarles al chocar con la postura que a ellos se les ha inculcado desde pequeños.

Entonces hay un gran reto. ¿Cómo ayudar a que la sociedad comprenda mejor los cambios que se están dando a favor de las minorías que han sido oprimidas en el tiempo?

Una de las posibles respuestas es: a través del arte. Si una persona se enfrenta a ver, estar en contacto directo o indirecto, conocer historias y demás, pueden comprender un poco a las personas que escapan de los estereotipos marcados. Quizá puede ayudar a fortalecer la tolerancia y empatía, a la educación de las masas a partir de la experiencia y la reflexión.

De ahí la importancia de conocer un mundo literario diferente, aquel que se relaciona con la literatura de género. En este apartado literario conocemos historias que hablan de romper con los roles sexuales y de género. ¿Qué significa ser mujer y romper con las leyes del patriarcado?, ¿qué dificultades atraviesa una persona que recién comienza a descubrir su sexualidad?, ¿cómo es la vida de una persona que pertenece a alguna de las minorías?

Es un universo literario en el que podemos encontrar respuestas a muchas preguntas que nos pueden surgir desde el ámbito de lo sexual como aspecto fundamental de la vida humana.

Por estos motivos, mi recomendación literaria es el cuento de Isabel Bosisio “El ascenso”. Es un texto breve que toca una de las tantas diversidades que existen, en el que conocemos un poco acerca de qué significa transvestirse.

Pero, lo que cuenta no es sólo la historia, sino el cómo lo narra. Naty es un personaje que muere, pero su alma no puede descansar hasta que alguien encuentre su cadáver para que le den sepultura, lo que le dará la paz que necesita. En esta espera se topa con la muerte y platica con ella del suceso que le ocurrió para encontrarse en ese punto.

Es en esta conversación donde veremos lo que significaba el poder transvestirse para Naty, una manera de romper con la rutina y la infelicidad diarias. Un escape entre lo que debe de ser y lo que realmente disfrutaba hacer.

Un cuento que por medio de una narración precisa y sencilla te invitan a conocer las inquietudes de una persona que sólo quería ser feliz, libre… ¿Y qué hay de mal en eso? Nada, sólo la imposibilidad de serlo por cumplir con un vacío existencial marcado por las normas a seguir.

Si quieren conocer una manera de narrar a través del diálogo y la primera persona, si quieren tomar una probadita de lo que es la literatura de género, no sé qué esperan para leer este texto.

Simplemente, creo que es un gran ejemplo de lo que se puede encontrar hoy con día, siendo una invitación a conocer más cuentos diversos. Porque cabe resaltar que, para nuestro deleite, este cuento se encuentra en una de las antologías más completas cuando de diversidad se trata: Bajo el paraguas. 19 relatos de orgullo. Donde cada uno de sus relatos retoma una de las tantas diversidades por medio del talento de escritores latinoamericanos contemporáneos. Entonces, ¿qué esperamos para correr a adentrarnos en este nuevo mundo literario?

Recomendación

Varios autores (2022). Bajo el paraguas. 19 relatos de orgullo. Colombia: Taika editorial.

Extraño Cotidiano * La belleza, Dios y el miedo V

Susana Argueta

¿Son cuatro?

– Te vamos a violar y no te va a gustar. Te vamos a violar hasta que quedes inconsciente.

El ruido de su cinturón. Se está quitando el cinturón. No me toques. No me toques. ¡No me toques!

La mano me duele. Me pegó en la mano. Me quema la mano. No puedo mover la mano. Un tenis blanco. Un tenis azul.

– Mija, mija. Ya me estoy cansando. Ahorita les meto un tiro a los dos. ¿Tú qué eres de ella?

No lo lastimen. Él no sabe nada. El carro es mío. No le peguen. No le peguen. ¡No le peguen! Los radios, buscan, no encuentran. ¿Cómo es un GPS? Hurgan, hurgan, se meten, hurgan. Mi gente, mis cosas, los condones, la ropa, la comida. Hurgan, hurgan, hurgan. Había una veladora. La edición especial del Quijote. No recordaba la veladora.  Se meten en mi vida. La pistola. Las voces. Los hombres. La gente. El miedo. Se me queda el miedo en la vida.  ¿Qué es un GPS? Se burla, se ríe. ¿Por qué me traicionan mis niños?

– No lo encuentro. Busca debajo del volante. Ya busqué. No está.

-¡Pendeja! ¿Dónde está el GPS?

– Espérate güey. Aguanta, aguanta.

-¡Los voy a rafaguear!

– No, güey. Aguanta.

El Patrón dijo que no nos iban a hacer nada. Acuérdate del Patrón.

– Mija, mija, te voy a amarrar y te vas a quedar aquí tres días. Nadie te va a encontrar. Te vas a morir aquí. ¿Dónde está el GPS?

Me tocan, me pegan en las nalgas. Me tocan. ¿Por qué me tocan? Me pega en las nalgas. Más fuerte, más fuerte. ¿Por qué en las nalgas? La pistola. La pistola negra. Me pisa. Me pisa el brazo, me pisa la cintura. Me pisa. No aprietes. A la mujer la pisaron y la mataron. No me pises. No me mates. No nos va a pasar nada.

Padre Nuestro que estás en el cielo. La hierba suave, la cebada en olas. El agua de la presa.  No nos va a pasar nada.

– ¿Quién más estaba ahí?

-¿Qué?

– ¡Pendeja!

– ¡Ay!

¿Por qué me pega en las nalgas?

– ¿Quién más estaba ahí?

– Un pastor. Unos pescadores.

– ¿Quién más?

– Dos hombres.

– ¿Qué estaban haciendo?

– Platicando. Sentados junto a la presa.

Imagen: La barranca. @Susana Argueta.

Letras que ab (sorben/sortan) | Cuentos y apropiaciones

Maleni Cervantes

Debo confesar que no hay nada más hermoso que escribir por medio del recuerdo. Evocar imágenes del pasado, palabras, texturas, sensaciones, conocimientos, un mundo imaginario dentro de una realidad tangible. Un mundo irreal que a la vez es significativo y verdadero.

A final de cuentas, un escritor es alguien que une distintas piezas de rompecabezas para crear un puzle completamente desconocido. Digamos que las piezas de su pasado y su presente son fichas de lego que hay que ir ensamblando hasta crear una obra fantástica.

Y, hoy, me encuentro hablando desde el pasado y la añoranza de los cuentos infantiles. Cuando era niña no había nada que me gustara más que el hecho de que mi mamá me acurrucara para contarme cuentos, historias fantásticas, leyendas…

Siempre había cosas por imaginar. Que si el niño que vendía chile sería visitado por una calaverita que lo castigaría por ser poco amable con los ancianos; que si una patita se encontraría una moneda con la cual compraría un moño que la haría la soltera más codiciada en el reino animal; y como era de esperarse, también aquellas historias más conocidas como los cuentos de princesas o los bien conocidos por todos como Caperucita Roja.

La verdad es que sí, escribo para recordar esas noches y mañanas amenas, con la intención de contar una historia que entretenga y que se disfrute. Escribo con base a una añoranza de no perder el buen hábito de tener algo por decir.

Aunque, también, escribo para tratar de apropiarme de aquello que se quiere escabullir entre mis manos con el pasar de los días. El olvido viene y yo lo alejo recordando a través de las líneas escritas del cuaderno.

Un día un maestro llegó a comentar en clase que cada quién se apropia de las historias que lee, porque un libro tendrá distintos significados de acuerdo con la cantidad de lectores que lleguen a él, ya que cada quien les da una resignificación a sus lecturas. Entonces, ¿por qué no hacer de la escritura el juego de las resignificaciones?

El escritor crea a partir de lo que conoce y de la apropiación de ello y de lo que lee para inventar un mundo fantástico de tal forma que los lectores también hagan lo mismo. Lo que se convierte en un ciclo de nunca acabar (y ojalá que nunca se termine).

Un ejemplo de este juego serían los fanfics que no son más que historias de aquello que el escritor esperaba de alguna obra de arte en especifico o de una situación de la vida real. En otras palabras, los fanfics son historias producto de las apropiaciones de un escritor que quiere contar algo con lo que se ha cruzado a lo largo de su vida.

Escribir una novela, cuento, fanfic, relato, crónica, es un ejercicio de memoria y reflexión interna que responde a preguntas como: ¿qué me hizo sentir “x” cosa/situación?, ¿cómo puedo asimilarlo?, ¿cómo puedo contar eso que me llamó la atención?, ¿qué quiero decir y hacia quién voy a dirigir mi mensaje?, ¿qué significado tienen para mí las cosas que me rodean y cómo lo puedo expresar?

Las personas cuentan, dicen, conversan, escriben, porque siempre habrá algo por expresar. Añoran que los demás conozcan lo que sienten o aquello que desean hacer creer a los demás.

Mientras las personas sean capaces de imaginar y apropiarse habrá miles de relatos esperando por nosotros a la vuelta de la esquina. Así como la novela de Ana Clavel El amor es hambre.

Esta novela es uno de los mayores ejemplos de lo que es resignificar algo para luego, a su vez, contar algo. El texto es una apropiación de un cuento que todos nosotros conocemos desde la infancia: Caperucita y el lobo.

No obstante, no es lo mismo escuchar el relato en la infancia, donde se nos quiere imponer una visión infantil y cargada de valores socio-culturales, a leer una versión que hace una resignificación para un público adulto que ya no tiene el mismo contexto tanto por la edad como por las vivencias experimentadas. En la infancia hay unas necesidades, en la juventud y adultez, otras.

Digamos que es una apropiación íntima a lo que uno esperaría del cuento de Caperucita y el lobo, ya que en esta versión veremos como una mujer (la caperuza) aprende de su vida erótica por medio de la comida haciendo alusión a esa necesidad de devorar y ser devorada, el conocer su intimidad por medio de la mordida y la degustación.

En el cuento original hay muchos aspectos que pueden ser retomados para comenzar a trabajar en un texto diferente. En este caso, se retoma la figura del lobo y la caperuza a través del acto del deseo y del comer. Sólo que, en este caso, la caperuza elige a sus lobos feroces porque no se dejará comer por cualquiera, sino por aquellos lobos viejos que tengan algo que enseñarle tanto en el arte culinario como en el sexual.

Si nos damos cuenta, es una gran apropiación de un cuento tradicional infantil a un relato erótico contemporáneo. Una recomendación para degustar una tarde de domingo.

No obstante, esta novela es una de las tantas recomendaciones que se pudieran dar con respecto a las apropiaciones de cuentos tradicionales llevados a una realidad inmediata, ya que otro ejemplo pudiera ser Caperucita en Manhattan de Carmen Martín Gaite donde la analogía con el cuento tradicional va en un sentido para nada erótico, pero sí más dirigido a un público adolescente y aventurero con toques de imaginación no agotada. Aunque, esa recomendación la dejaremos para otro día.

Lo que sí me gustaría plasmar aquí con ustedes para finalizar la columna del día, es una pequeña cita de la novela de Ana Clavel (2015) para que se den idea de lo que pueden encontrar si le dan una oportunidad:

“Comer con los ojos, alimentarse con la mirada. Ver con los labios, conocer con la boca. Los dos principios voraces que han dirigido mi merodear por los bosques y las ciudades, cargada con mi canasta de deseos y apetitos” (p. 12).

Referencias

Clavel, A. (2015). El amor es hambre. México: Penguin Random House.

Entre calles y páginas | ¿Los jóvenes podemos comprar una casa?

Por Ángeles Serna

A inicios de enero, un amigo y yo nos juntamos para platicar y actualizarnos de las cosas que nos habían sucedido el año pasado, llevábamos tiempo sin vernos y, dentro de la conversación, hablamos sobre crecer y cuál es el sentido de nuestra vida. A raíz de eso, surgió el tema de la problemática de la vivienda en México –aunque se extiende a Latinoamérica–. En la plática, sólo mencionamos que los jóvenes deberíamos estar preocupados por cómo vamos a adquirir alguna propiedad, ya que, en la mayoría de los casos, es complicado conseguir financiamientos para una vivienda propia. 

En algún punto del año pasado, pensé en adquirir un departamento. La única razón era para estar más cerca de mi trabajo y algunos lugares que frecuentaba. También lo llegué a pensar para reducir el uso del carro. Revisando algunas zonas, precios de mensualidades y el costo de vida en Monterrey, tomé la decisión de descartar la idea de tener un espacio propio, al menos por cierto tiempo. 

El tema de la vivienda me ha dejado muchas preguntas, desde ¿en dónde quiero vivir?, ¿qué representa para mí tener una casa propia? hasta ¿cómo voy a pagar una propiedad? Todavía sigo en búsqueda de esas respuestas, pero la única que he podido desarrollar a lo largo de estos meses, es el significado de tener una vivienda, ya sea casa o departamento. Para mí representa uno de los aspectos de mi independencia como mujer joven, seguridad, desarrollo personal y un espacio donde puedo estar sola. 

A parte, el tener una vivienda es un derecho. El problema de este derecho es que resulta inaccesible para la mayoría de los jóvenes, debido a la falta de empleo, a los empleos informales y a los altos precios de propiedades, que genera años de pagos para que por fin puedas tener una propiedad. Hay que tener en cuenta el costo promedio de vida, al menos en Monterrey y algunos lugares de su área metropolitana son muy elevados. Por lo que, los ingresos no empatan con los gastos básicos para vivir en estos lugares. 

Incluso, el problema no acabaría reduciendo los precios de las propiedades, porque para considerar una vivienda adecuada debe de cumplir con siete aspectos indispensables según la ONU-Hábitat:

  • Seguridad de la tenencia
  • Disponibilidad de servicios
  • Asequibilidad 
  • Habitabilidad 
  • Accesibilidad
  • Ubicación
  • Adecuación cultural 

El primero consiste en asegurar la protección de los habitantes, brindando protección jurídica y dejando fuera cualquier posibilidad de desalojo forzoso. El segundo, es sobre que en la ubicación de la vivienda debe contar con agua potable, instalaciones sanitarias, energía para cocción, alumbrado y conservación de alimentos. En el tercero, se refiere a que una vivienda es asequible cuando el propietario destina al menos el 30% de su ingreso para el hogar.  El cuarto punto trata de garantizar la seguridad de los habitantes en la ubicación donde está su vivienda. 

La accesibilidad, quinto punto, considera las necesidades de los grupos desfavorecidos y marginados, a través del diseño de la vivienda. El sexto punto es sobre la ubicación, la propiedad debe estar ubicada en zonas donde haya acceso a oportunidades (escuela y trabajo) y fuera de riesgos y áreas contaminadas. Por último está la adecuación cultural, ésta debe de respetar la expresión e identidad de sus habitantes. 

Tanto en espacios académicos como laborales, me he topado con personas que viven a más de dos horas, ya sea de la universidad o del trabajo. Aunque, en algunos casos, residimos a una distancia de 30 a 40 minutos de las oficinas, pero, en el caso de Monterrey y supongo que en otras ciudades como la Ciudad de México y Guadalajara, el tráfico se ha llegado a extender a casi las tres horas de camino. Esto incrementa el gasto de gasolina y tiempo perdido, disminuyendo mucho la calidad de vida de sus habitantes. 

Por otro lado, la vivienda es mucho más que una cosa que se compra, Carla Escoffié menciona en su libro País sin techo (2023) que el “derecho a…” se construye con elementos materiales e inmateriales. Por eso, cuando pensamos en el derecho a la vivienda, se nos viene a la mente la idea de una casa, aunque es un objeto material, simboliza un espacio donde habitamos y nos desarrollamos.

Si hablamos de vivienda hablamos de gente habitando. El derecho a la vivienda podría definirse como el derecho a habitar un espacio y a evitar la situación de calle. No importa si la casa o departamento no es una propiedad a nuestro nombre: si ahí habitamos, ahí es donde ejercemos nuestro derecho a la vivienda. 

(Escoffié, 2023, p. 61). 

Aunque en México existen instituciones como el Fondo de la Vivienda del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Fovissste) y el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) que, por medio de un financiamiento, brindan la posibilidad de adquirir una casa. Sólo llegan a ser beneficiados las personas que trabajan en la economía formal, que también excluye a las personas de empleos informales, que en su mayoría son los jóvenes. 

En el proyecto de periodismo ¿Dónde vamos a vivir? Datos, proyectos e intentos de solución al problema de vivienda en América Latina de RedLATAM, expone el programa colombiano Jóvenes propietarios, que consiste en el apoyo a través de un financiamiento adaptado a las necesidades y posibilidades de cada joven entre 18 a 28 años para comprar una vivienda. Un ejemplo, es el caso de Mónica que adquirió su departamento a los 28 años. 

Para finalizar, sólo quiero agregar que en redes sociales como en charlas con amigos ha salido la frase “es que eran otros tiempos”, refiriéndose a que antes era más accesible adquirir una vivienda en México. Eso es verdad, aunque también se debe de poner sobre la mesa que estamos habitando un país que se ha transformado. Al menos, lo veo desde el desarrollo que está teniendo Monterrey y su área metropolitana. Este aumento de población (debido a la búsqueda de trabajo, oportunidades de estudio, etc) debe estar acompañado de ofrecer también una calidad de vida y la oportunidad de ejercer el derecho a la vivienda de una manera completa, desde casas o departamentos cercanos a los lugares de trabajo hasta precios accesibles para adquirirlos. 

Escoffié, Carla. (2023). País sin techo. Grijalbo 

Infonavit. (2021). El nuevo paradigma de una vivienda adecuada. https://comisiones.senado.gob.mx/desarrollo_urbano/docs/climatico/PV_1.pdf 

RedLATAM. (2023). ¿Dónde vamos a vivir? Datos, proyectos e intentos de solución al problema de vivienda en América Latina. https://viviendalatam.distintaslatitudes.net/ 

Ángeles Stefanya Serna Moreno

Angeles Stefanya Serna Moreno (Monterrey, Nuevo León) es egresada de la licenciatura en Letras Hispánicas de la UANL, en donde obtuvo el primer lugar de generación. Fue becaria en el Centro de Estudios Humanísticos (2020) y el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (2021-2022). También fue la primera residencia universitaria en el Centro de Escritores de Nuevo León (2022). Colaboró en sitio oficial de noticias de la UANL, Punto U, con notas periodísticas sobre Arte y Cultura. Además, ha sido ponente en diversos congresos a nivel nacional e internacional en las áreas de literatura, teatro y sociología.

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Cuando vamos calle abajo por Jeanne Karen en La máquina verde

Hace más de veinte años que aprendí a conducir un vehículo, hace casi cuarenta, me subí por primera vez a una bicicleta. La bici me costó mucho más trabajo manejarla, esa situación de agarrar los manubrios, pedalear, mirar para todos lados, bajar los pies cuando necesitaba pararla, por alguna razón no confiaba mucho en meter el freno de forma intempestiva, creo que se debió al primer porrazo que me llevé al internar andar en ella, pero al final lo hice, el equilibrio llegó a mi cuerpo.

Lo que recuerdo con más amor, con claridad, con todas mis ganas, es la forma en que me animé, la forma en que arranqué, el minuto en el que por fin decidí levantar mis pequeños pies del suelo, era un suelo de tierra, bastante más agradable que uno de asfalto.

Allá iba yo con el primer impulso, con la sonrisa en el rostro, pero, ¡paren un segundo!, también iba con una cosa que sentí justo en ese instante: la incertidumbre.

Y vaya sensación extraña, allá iba calle abajo, pero ¿para dónde, cómo, qué fuerza estaba llevando a mi yo pequeña a qué lugar?

No sé cómo hicieron ustedes en su infancia o cuando aprendieron a hacer algo para zafarse de lo incierto, de esa tela que se posa sobre nuestras cabezas y no deja pasar la luz de la razón, la luz del conocimiento, la luz de lo objetivo. Recuerdo que el primer día que me subí a la bicicleta, en mi cabeza comenzó a maquinarse una historia, así me ayudé a mí misma con cada cosa que sucedía sobre la calle de tierra, me adelanté a los hechos, con inocencia y con dulzura, en mi mente colocaba una hilera de carros adelante, luego un parque, luego un desfile y así, al presentarme los sucesos con antelación, el propio ritmo de mi corazón comenzaba a calmarse, había visto sin ver.

Cuando comencé a conducir un automóvil, la ciudad todavía no era el monstruo en el que se ha convertido en los últimos años. Era una ciudad mediana, por llamarla de algún modo, con la quietud de los jardines, el espacio suficiente entre los autos estacionados y los que van rodando, con pocos perros atravesando de forma intempestiva las avenidas principales. De pronto y ya frente al volante, me sorprendía a mí misma, la respiración volvía a su ritmo, a ese ritmo de la infancia, la mente en blanco, la espantosa espera, pero al mismo tiempo tenía ya la receta, la solución sencilla para aniquilar otra vez mi miedo.

Volvía a mí el desfile, la hilera de pinos, la calle que corre hacia abajo, pero ahora asfaltada. Adelantarme a los hechos, conjuntar en mis pensamientos la sensación de bienestar con las imágenes necesarias para seguir, ir hacia adelante, en donde ya había imaginado que estaría un auto atravesado, un perrito corriendo desaforado, una señora haciendo la parada al camión casi a media calle. Entonces sucedía que cuando me encontraba algo en mi camino, el temor estaba superado, no había mucha fuerza en la sorpresa.

Inventar me salva, me ayuda a seguir. Saco otra historia cuando necesito echar a andar la bicicleta de la vida, le doy forma a lo que viene, le pongo las luces, los señalamientos, el estruendo de las bocinas y en mis días se dibuja otra vez el cielo en calma, azul y predecible, limpio y con todas las respuestas. Sonrío.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.

Insurrecciones Estéticas | Vidas pasadas: romper los hilos rojos

Por Selvia V. Kotasek

Necesitamos otros relatos, con otros personajes, con otras tramas y otros finales felices, pero también es urgente que nosotras mismas podamos protagonizar todos estos cambios para poder ofrecerles modelos de feminidad y masculinidad alternativos, y ejemplos de cómo relacionarse con amor, cómo resolver los conflictos sin violencia, como relacionarse en estructuras horizontales, cómo tejer sus redes de resistencia frente al patriarcado.

Coral Herrera [1]

El tan sonado “mito del amor romántico” se ha gestado culturalmente de múltiples de maneras, una de las más reconocidas son las películas. Las hay de amor, por supuesto, pero incluso aquellas cuyo tema central no es una relación de pareja, casi siempre contienen un interés romántico que acompaña al protagonista (hombre, claro) para hacerlo ver más valiente, heroico, fuerte o chistoso, a través de otro personaje (femenino, obviamente) generalmente bastante insípido para no opacar a nadie.

Entre las muchas ideas que derivan de este problemático mito, una de las principales es aquella que nos hace creer que el amor, para ser verdadero, tiene que ser producto del destino; mágico, fácil, perfecto, y por supuesto, eterno. Sin importar qué pase. De hecho, se ha popularizado una idea que encierra todas estas características en una leyenda: un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper.1

Así, muchas películas e historias de amor giran alrededor de esta idea que nos dibuja un amor escrito en las estrellas que, después de la resolución de algunos conflictos, es feliz para siempre. Afortunadamente, nombrar y caracterizar al mito del amor romántico ha contribuido a que muchas mujeres nos demos cuenta de idealizaciones que nos hacen daño, e incluso podemos relacionar estas ideas con la violencia que vivimos. Esto ha sido un gran avance del movimiento feminista. Sin embargo, todavía se nos dificulta nombrar cómo deseamos vivir el amor en nuestra vida; y esto se debe, entre otras razones, a la falta de referentes culturares que contengan nuevas representaciones sobre el amor.

No es que no haya productos hechos desde una mirada diferente, pero no son muchos y la aplastante cultura hegemónica se los ha comido haciéndonos creer que la estereotipada, es la única manera de representar el amor. Afortunadamente, cada vez podemos acceder más a esas representaciones otras. Prueba de ello, es Vidas pasadas, una película de Celine Song que no ha pasado desapercibida en la cultura popular debido a su participación en la recién terminada ‘temporada de premios’; y que narra la historia de Na Young, o posteriormente Nora, quien emigra junto con su familia de Corea a Canadá, dejando atrás una relación cercana con Hae Sung, su amigo de la infancia, con quien parece no poder coincidir en su niñez y tampoco en su adultez. Las posibilidades interrumpidas abren una serie de cuestionamientos que se ven complejizados al ocurrir en su presente, el cual habita en Nueva York y comparte con su esposo, el también escritor, Arthur.

El concepto central que acompaña esta historia es el inyeon: “si dos extraños se cruzan en la calle y sus ropas se rozan accidentalmente, significa que debió haber algo entre ellos en sus vidas pasadas. Si dos personas se casan, dicen que es porque ha habido 8 mil capas de inyeon a lo largo de 8 mil vidas” cuenta Nora al conocer a Arthur.

A pesar de ser un tema que fácilmente podría caer en clichés, Song evita hacerlo y en cambio, nos ofrece una mirada fresca, con pocos diálogos y un ritmo lento y constante, de eso que atraviesa con frecuencia nuestras vidas, así como las relaciones amorosas: el fantasma del pasado. Ese que se aparece para cuestionar las decisiones realizadas, los ‘hubiera’ y, en el contexto de una pareja amorosa, la fortaleza del lazo. En una versión estereotipada de esta situación, hubiéramos visto un conflicto amoroso que terminaría al ver quién tiene más inyeon con Nora: Hae Sung o Arthur (tengo tantos referentes de amor romántico que casi puedo imaginar cómo sería una comedia romántica de esa situación). 

Sin embargo, a pesar de que pudo haber plasmado los roles que se espera de los dos hombres y la mujer, Celine Song nos regala un retrato alejado de ello, sin que eso implique negar la complejidad de emociones como los celos, la incomodidad o la tristeza. La directora muestra con honestidad las inseguridades que conlleva no saber todo de la otra persona, que en el fondo, es el miedo de no poseerla, una emoción real, pero abordada en un diálogo sencillo entre Nora y Arthur que deja ver que efectivamente, estar en una relación y amar alguien, no está peleado con tener un pasado y una parte de tu vida presente reservada sólo para ti.

Una de las respuestas más comunes en redes sociales a la película fue señalar la excepcionalidad de la experiencia de Nora al relacionarse con dos hombres que resultan ser afectivamente responsables. Mucho se puede decir al respecto, como cuestionar si realmente es así; señalar la importancia de no colocar en pedestales a quienes se muestran responsables; o analizar en qué consiste esa ya famosa “responsabilidad afectiva”. Aunque todo ello me parece importante, por ahora me gustaría señalar lo que para mí resalta respecto a los dos hombres: una representación fresca, aunque irreal, de la masculinidad. Sin intención de construir altares, y mucho menos de traer la narrativa de “las nuevas masculinidades”, me parece que Song logra evadir lo que se esperaría de las dos figuras masculinas, pues ante una situación como la que relata, los celos y la competencia llevarían a Hae Sung y a Arthur a realizar acciones para “marcar territorio”, uno cobijado por el pasado y el otro por el presente. Sin embargo, no es así e incluso, a pesar de la barrera del idioma, llegan a reconocer el inyeon entre ellos.

Esa masculinidad fresca y responsable, parecer ser el verdadero cuento de hadas, porque seamos honestas, ¿a cuántos hombres conocemos así? Sin embargo la ficción en esta historia ya no contiene magia y príncipes azules que se pelean por una princesa indefensa, sino que plantea condiciones que deseamos y merecemos (la famosa responsabilidad afectiva) y lo más importante: una protagonista más real y compleja que, en lugar de esperar el amor mágico, el karma, el hilo rojo o el destino, decide dónde y con quién vivir su historia de amor. Con ello, Song está creando un nuevo referente en el cual imaginar y significar las relaciones de pareja, con personajes capaces de superar las dicotomías de género: activo-pasiva, poseedor-posesión, rescatador-rescatada, héroe-villano y con una narración complejamente sencilla que se distancia de las más comunes dicotomías amorosas: tristeza-felicidad; conflicto-resolución; amor-desamor.

Vidas pasadas se vuelve una historia de amor donde la protagonista marca la pauta de la historia, y no al revés; lo que resulta en una historia no sólo romántica, sino que también puede contar un poco del crecimiento personal de Nora y lo que su origen ha influido en ella, es decir, una historia donde la mujer no se desdibuja en una idea fantástica e irreal. Esto es posible, desde mi punto de vista, gracias a la mirada femenina que escribió y dirigió esta historia. Y no porque las mujeres seamos intrínsecamente anti patriarcales, sino porque hay una intención de plantear una historia fresca, por decir lo menos; e insurrecta, para ser más justas, además de bella.

Creo que Vidas pasadas es uno de esos referentes que andamos buscando. Nuestros nuevos cuentos de amor deben ser aquellos que nosotras contamos y nos narramos sin desaparecer por el otro, donde no esperamos sentadas a ver qué nos deparan las estrellas, sino que salimos a buscarlo. Y no aceptamos menos. Ni por destino, ni por tradición, ni por miedo.

Necesitamos escribir, filmar, cantar, actuar estas nuevas historias de amor. Porque enamorarnos nunca ha sido el problema, sino que el amor haya sido usado para mantenernos oprimidas. Acabemos entonces con esos cuentos del destino, cortemos los hilos rojos que nos mantienen donde no crecemos y no podemos ser nosotras mismas; y tejamos historias coloridas, diversas y complejas tal como sus protagonistas: nosotras.


  1. https://www.lashilanderas.com/las-historia-del-hilo-rojo-las-hilanderas/ ↩︎

Te invito a leer otras entradas de mi columna «Insurrecciones Estéticas»:

De recuerdos, aventuras y reflexiones| Navidad sin ellos

Por Tania Farias

Los meses pasaban y la primera Navidad fuera de mi país y muy lejos de casa, llegó. Llegó cargada de melancolía y de recuerdos. Llegó cargada de buenas intenciones y de deseos por descubrir las tradiciones del lugar donde vivía, pues al final de cuentas, el emigrar es también el estar abierto a todo aquello que nos es diferente.”Al mal tiempo buena cara”, solía escuchar a los adultos cuando era niña, así que con curiosidad intentaba ser partícipe de la fiesta en el hogar de la familia A.

Desde niña, Navidad ha sido y sigue siendo uno de mis momentos favoritos del año. Siempre la he esperado con alegría y entusiasmo. Una vez la fiesta de la Virgen de Guadalupe pasaba, los preparativos para la Navidad entraban en modo acelerado. Con el inicio de las posadas, las casas se engalanaban para la celebración. Aún recuerdo los enormes nacimientos que una de mis tías recreaba en el patio de la casa familiar; un pueblo entero cobraba vida alrededor del pesebre, con sus personajes tradicionales, muy a la mexicana, pues no faltaba aquella figurilla miniatura representando a una mujer echando tortillas en un comal. Tampoco podía faltar el arroyo creado con trocitos de espejo, que corría en todo lo largo de la representación. Recuerdo participar en el montaje, trayendo y llevando objetos. Y por supuesto, estaba la cena de Navidad, después de asistir a la misa navideña, en esas reuniones numerosas, donde la familia entera se sentaba alrededor de la mesa para celebrar juntos; y los niños corriendo, jugando, riendo. Después venían esos despertares emocionantes en la búsqueda por descubrir lo que “el Niño Dios” nos había traído por habernos portado bien.

Aunque las celebraciones navideñas cambiaron con el transcurso de los años, la emoción que la cercanía de dicha fecha creaba en mí, seguía tan encendida como siempre en mi corazón. Sin embargo, lejos de casa, esa emoción se mezcló con una profunda tristeza. Intentando guardar el ánimo, buscaba a través de preguntas descubrir algo especial en la manera en que la familia A celebraría esa época. Aunque no era mi familia, yo necesitaba reuniones familiares, largas mesas llenas de comensales, música, risas.

La Navidad en casa de la familia A tuvo, por supuesto, su particularidad. Aunque faltaba un tanto del entusiasmo al que estaba acostumbrada. No recuerdo que hubiéramos puesto un árbol o un nacimiento; tal vez lo hicimos, pero, en todo caso, debió haber sido tan pequeño que no lo registré en mi memoria. Además, la celebración del veinticuatro por la noche sería algo íntimo, sin ningún invitado más de los que solíamos estar en la casa de manera cotidiana. La celebración con la familia, los abuelos maternos y algunos tíos y primos sería al siguiente día cuando iríamos al lugar donde vivían los abuelos, un pueblo a unas dos horas de distancia. Y en realidad, para mí fue ese momento, en que estuvimos en medio de más miembros de la familia, en que volví a sentir un poco la alegría que solía sentir en esas fechas.

La familia A era originaria de la región de Lyon, la segunda ciudad más importante de Francia, situada cerca del centro del país. Se habían mudado algunos años atrás hacia esas regiones del sur, creo yo que por cuestiones laborales y por la oportunidad de ser los dueños de una hermosa casa donde los niños pudieran crecer con un amplio espacio. La tradición navideña que ellos celebraban, según me dijeron, era muy común en la región de donde eran originarios: Treize desserts, que como su nombre lo dice, consiste en servir en la mesa trece postres diferentes, representando a Jesús de Nazaret con sus doce apóstoles, a través de frutos secos, algunas frutas frescas y dulces como el nougat, un tipo de turrón.

Algunos días antes de la celebración fuimos, junto con los niños, y la señora C a la ciudad de Uzès para comprar los ingredientes. A mí me emocionaba el descubrir una nueva tradición la cual añoraba desde ya el poder compartirla con mi familia. Me imaginaba el contarles cómo había celebrado mi Navidad, haciendo hincapié en las diferencias.

L y yo fuimos las responsables de la decoración de la mesa, con sus trece postres y todo. Las dos nos tomamos nuestro papel muy en serio y dejamos una mesa linda, lista para la cena después de la celebración eucarística a la que asistimos a las siete de la noche. Todo era nuevo y a la vez familiar. La misa era la misma, solo que en un idioma distinto; miré alrededor y me entristeció ver las paredes desnudas del recinto; el templo no estaba adornado con colores y flores como los templos en mi pueblo, no había esa algarabía, ni esa luminosidad por la importante fiesta que celebrábamos. Las calles estaban frías; añoraba ver caer por primera vez la nieve, pero no tuve esa suerte.

De regreso a casa, nos sentamos a la mesa. Tuvimos una cena demasiado larga para mis costumbres, pero según me dijeron, era sencilla pues la verdadera celebración sería al siguiente día. Comimos los trece postres, y la celebración terminó. La había pasado bien, había descubierto nuevas tradiciones, nuevos platillos, y lo más importante, no había estado sola; sin embargo, seguía añorando mi casa, mis tradiciones, mi gran familia, los abrazos.  

Esa noche me fui a dormir con el corazón triste, con un sueño ligero en el que me transporté por miles de kilómetros para estar con ellos, con mis seres queridos. Me levanté temprano, eran las siete de la mañana en Francia y las doce de la noche en México. Llamé a casa para desearles una feliz Navidad. Por el auricular podía escuchar la fiesta que seguía en su apogeo. En ese momento tan solo deseaba tener el poder de regresar a casa.

Cuando colgué corrí a mi habitación para refugiarme y poder llorar con libertad. Los extrañaba. Navidad sin ellos, por más que lo había intentado, no había sido navidad. 

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ESCRIBIR NOS LIBERA: ¿CÓMO ESCRIBIR DESDE CERO?

Por Aimeé Miranda Montiel

Escribir es una pulsión que desahogo en cualquier medio que tenga a la mano, me caga cargar con la compu, pero esa libreta llena de abejitas, me acompaña siempre, casi siempre.

Muchas veces nos cuestionamos cómo empezar a escribir, lo que sea, ya hemos hablado del terror a la “hoja en blanco”, te dejo AQUÍ la columna donde nos echamos el chisme largo y tendido al respecto; pero más allá de lo mucho que puede llegarnos a imponer la famosísima “hoja en blanco”, hay veces que ni si quiera nos presentamos a escribir, porque no sabemos ni qué carajos vamos a poner en palabras.

Y solemos quedarnos ahí trabados en la interminable e incontestable pregunta: ¿sobre qué escribir y cómo empezar? La neta, es que hasta mí misma a veces se me olvida poner en práctica lo que aquí te voy a contar, pero por eso quiero publicar esta columna, como un recordatorio amoroso tanto para ti como para mí.

La esencia de escribir, es plasmar en palabras un tiempo y un momento en específico, ya sea de una vivencia real, de una historia creada en nuestra imaginación, de un hallazgo científico o una epifania, o bien de un sentimiento; jamás vas a poder escribir eso, de la forma particular que lo harías aquí y ahora, porque todxs vamos cambiando día con día, y aunque a veces esa evolución es imperceptible para nosotrxs, lo cierto es que sucede.

Por ello es importante que escribas “por pulsión” y con constancia, y me explico, a todxs nos ha llegado ese momento de inspiración en que decimos: “wooow, qué buena historia, estaría increíble escribirla” o “todo esto que estoy sintiendo me rebasa tanto que quisiera sacarlo”, o quizá vamos construyendo historias en nuestra cabeza que si les diéramos la oportunidad de escribirlas, se convertirían en algo grandioso; pero tan es importante escribir ante esas “pulsiones”, inspiraciones o destellos creativos, como lo es escribir con constancia, de verdad tomarte unos minutos de tu día para agarrar la hoja y la pluma o la compu y ponerte a darle a esto de la “escribición”.

La escritura es maravillosa, y aunque ya lo he dicho en otras columnas, lo vuelvo a repetir: escribir es compartirnos con otrxs de una manera tan única y especial que nos hace entretejer con lxs desconocidxs y con lxs familiares parte de nosotrxs que no mostramos usualmente. La escritura es ese hilo que genera conexiones íntimas que de otra manera no serían posibles. Y sí, como ya te la sabes: ESCRIBIR NOS LIBERA.

Sigue creyendo en tu escritura y gracias por creer en la mía, aquí te dejo este pedacito de unos versos que ando “escribiending”:

“El dolor que venía cargando por años,

se disolvió con la calidez de tu presencia

Y verte ahí sentado contemplándome,

Fue una nueva manera de poder mirarme.”

Gracias infinitas por leerme, puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia.aimeemiranda

Y sigamos juntxs escribiendo, porque ESCRIBIR NOS LIBERA.

Viento que llega por Jeanne Karen en La máquina verde

Trato de concentrarme, para nada en particular, no hay un objetivo. Puedo realizar cualquier actividad en este momento, pero el viento no deja de mover las palmeras del jardín comunitario. El ruido es tan fuerte que parece el castigo del día. Lo oscuro del cielo empieza a verse profundo, como si quisiera que mi mente se pierda de nuevo en lo alto, en el todo. Y aquí estoy. Reúno palabras, junto mis fuerzas, mis manos apenas obedecen. A veces así son los días, nuestros días, fuertes ráfagas que no nos dejan andar con libertad por ninguna parte.

***

El polvo se mete a los ojos, a la boca, a la nariz, somos de pronto su refugio. Lo volátil escapa a nuestra mirada. La calma llega pero dura unos minutos y otra vez el mismo clima. Lo único apacible aquí es la suave luz que entra por la ventana. Lo demás es el rugido. Busco cobijo. Entro a mi habitación sin encontrar un rincón en silencio. Es de día, pero cuando el viento viene de noche se lleva la paz, la de cualquiera. Hay algo inexplicable en su movimiento, no da oportunidad de hacer ninguna pregunta. Va por debajo de cada débil puerta de una casa, se apodera del descanso de la escalera, de la parte baja de los pesados muebles. Mueve con fuerza los conjuntos de campanas, cada colgante es una frase en su hondo vocabulario.

***

En el piso, entre una pared y un librero pesado, la tierra fina formó un mapa con las gotas de agua y el paso de los días, el paso de la vida. La huella de lo que fuimos. Manchas que dibujan una bahía, márgenes de lo que amamos. La vista ya no se posa en los objetos, la luz suave ya no entra ni desarregla las tardes de las vidas que tuvimos.

***

Viento, llévate las canciones, los aromas, las mañanas del café. Levanta la polvareda. Tengo la linterna a la mano, mi guía artificial.

***

Has cerrado los caminos, sin embargo a ti nada te frena. Llevas otro nombre.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, además uno de ensayo literario, un libro de memorias y otro de cuentos.

Adórnese el altar con flores, con la moderación que conviene a la índole de este día.

Me quiero arrancar las entrañas en la vía pública para que sientan un poco de mi dolor.

Soñé que robaban arándanos en racimo y una col enorme y de tres colores (naranja, morado y verde) de mi jardín. Antes de despertar alguien me preguntó si ya había cosechado mis zarzamoras.

Wittgenstein escribió:

2.024 La substancia es lo que persiste independientemente de lo que es el caso.
2.025 Es forma y contenido.

Y yo quise llorar de tanta belleza.

Me gusta cuando es de noche y me puedo lavar las manos y lavar la cara. No tener que usar ropa interior, peinarme el cabello. Darle corazones a los gatos y agua. Al corazón. Mirar la luna y preguntarle a dónde va. Luego limpiar, luego besar a los gatos. Acicalar. Sudar. Soñar.