ESCRIBIR

Por Madelaine BO.

Escribir ¿Para olvidar o recordar?

En algún momento necesitamos diferentes maneras de desahogarnos de lo que traemos dentro, algunos lo hacen escribiendo, dibujando, cantando, bailando o cualquier otra manera en que sientan que lo pueden sacar.

¿Y nos sirve?

Pero si realmente logramos el cometido por que sigue doliendo o seguimos recordando, solemos sobre pensar las cosas una y mil veces sin lograr el cometido.

Entonces que hacemos con los pensamientos y los sentires, por que no solo podemos desecharlos como cualquier cosa y solo dejarlos olvidados en algún lugar abandonados en donde jamás los volvamos a encontrar.

Creo firmemente que solo deberíamos sentir y vivir por que el mañana nos puede traer algo mejor de lo que hemos pensado o soñado; confiar… siempre debemos confiar.

Desplazarse con algo de poética | Aquella tarde extendida

El atardecer al ser fugaz, hace visible a aquello que damos por sentado

(la danza del desvanecimiento de los tonos del sol)

Contemplar los contrastes del cielo

Encontrar los diferentes tonos de azul

La soledad que se siente al estar acompañada

Una explicación que solo cruje como el ruido

(palabras vacías e innecesarias) 

Silencios extendidos

Caminatas sin rumbo

Caricias ajenas que se generan por inercia 

Un mandoble que pudieras sacar ante cada injusticia que se queda volando en el aire

Aquella tarde solo sucedió

y se quedó en mi memoria extendida.

Monica Tadeo

Artista Visual procedente del sureste del país, cuando no observó a través de la cámara, lo
plasmó en palabras y en ocasiones estas se combinan. Con un interés por enunciar el sentir, cuestionarnos y replantearnos la vida en sí misma.

La imaginación y sus jardines por Jeanne Karen en La máquina verde

Algunas veces debo salir de la ciudad por cuestiones familiares o personales, que poco tienen que ver con mi trabajo o con mi labor como escritora. Tomar carretera me ayuda a concentrarme y a pensar en situaciones que de otra manera no puedo, porque mi día a día es un verdadero caos en cuanto al tiempo y las actividades, si hiciera una gráfica serían un par de indicadores que van de un lado a otro de las columnas que cambian constantemente. Me cuesta seguir una rutina, me cuesta plantearme una rutina, para la única actividad que tengo horas específicas del día es para escribir, el resto permanece casi en secreto, entramos a un territorio neblinoso y oscuro.

Cuando ya voy en camino por fin, casi siempre tengo la fortuna de ir de copiloto, no todo el tiempo, pero aprovecho cuando me toca ese peleado lugar en el vehículo. Otras veces debo compartir la responsabilidad del volante, que también disfruto, pero eso lo abordaré en otra ocasión.

Hablemos de ir mirando el paisaje, de observar a veces como la noche cae sobre las montañas, unas verdes otras azules, en una sincronía del movimiento, se desdibujan y luego aparecen de nuevo, las mismas pero de un color distinto: más grises, con mayor profundidad, lejos.

Hace poco en dos viajes diferentes, escuché las cosas que platican los niños. Recordé lo que es vivir con imaginación. Es decir, hacer del hecho de imaginar parte de nuestra vida, parte de lo cotidiano, del día a día, de nuestras palabras.

Dos pequeños se contaron sobre sus aventuras en la ciudad, uno de ellos decía que había ido a Japón el fin de semana, que en realidad queda muy cerca de casa, quizás a dos horas en auto, no más y la niña que escuchaba atentamente se quedó sorprendida con la descripción que le dio sobre Japón y un parque público. Después ella les contó a sus papás y les dijo que está lista para viajar y que quiere ir a Zacatecas, San Luis Potosí, Guadalajara y por supuesto a Japón, el recorrido completo en un fin de semana. Obviamente los adultos soltamos la carcajada. Fue tan graciosa, tan simpática, tan divertida. Luego le explicamos que hay un parque con temática del país asiático cerca de casa, pero que Japón está muy lejos y hay que hacer largos vuelos para llegar hasta allá. Se quedó tan sorprendida, no sin avisarnos que de todas maneras tiene la idea y la convicción de que alguna vez lo visitará.

Para ellos utilizar la imaginación tal vez equivale en el mundo de los adultos al uso de herramientas para trabajar sobre nuestros talentos y saberes. Sin embargo no puedo dejar de sentir que nos hace falta algo más, que en el largo camino de la adultez vamos perdido cualidades, poder creativo.

Utilizar nuestra imaginación como algo casi tangible, bueno, ya nos resulta extraño. Tendemos a imaginar más bien sobre metas, anhelos, deseos. No sobre mundos, lugares o situaciones que no existen y que nos gustaría crear.

Siento que necesito volver a explorar esa parte de mi imaginación y no solo eso, comenzar a crear desde ahí, no seguir las reglas, comenzar a hacer las cosas de manera diferente, inventar algo nuevo. Muchas veces he tratado de escribir desde otro sitio, desde otra mirada y de otra manera. Siempre termino con miedo, hasta con angustia. Comienzo a cuestionarme, a preguntarme si realmente funciona o funcionará lo que estoy haciendo. La mayor parte del tiempo tengo dudas.

No puedo experimentar tanto como me gustaría, no dejo que la luz de la imaginación se encienda de nuevo, soy precavida, pero no me gusta. A veces quisiera arrojarme a ese vacío, a ese desconocimiento, a esa forma aleatoria de hacer las cosas. Sin brújula, sin puerto seguro, solamente con el impulso. Luego mi mente racional me frena un poco, las preguntas son las mismas, ¿para qué lo haces, por qué, tiene algún propósito?

Me gustaría volver a aquellos momentos en donde imaginar era más sencillo y servía para todo. Alguna vez me dediqué a hacer ilustraciones y las imágenes que salían de mi mente y de mis manos eran para mí lo suficientemente bellas y útiles. Ahora con el tiempo, cierro los ojos y estoy en blanco, no sé cómo darle vida a las palabras, a las líneas, a mis días.

No sé cómo inventar, qué más crear, a dónde ir. De nuevo quisiera soñar con ir de Zacatecas a Japón en un solo día y pasear por un Jardín apenas tocado por el sol y encontrar una garza gris del tamaño de un edificio y sonreír. Me gustaría también saber menos de geografía y más de ilusiones, aprender y recordar cada verso, cada poema que he leído, por ejemplo los versos de Ledo Ivo que dicen:

Tengo un ritmo más grande para alabarte, poesía.

Mayor, sin embargo, era la orilla de la playa de mi ciudad

donde, niño, inventé barcos antes de haberlos visto.

Añoro, añoremos, los invito a desear la invención de nuestra mente cuando joven, cuando todavía el mundo no nos aplastaba con su dolor, con su realidad y con su terrible belleza, destructiva y creadora.  

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

La primera mujer


Por Claudia Canseco

Para mí, la primera mujer y mi mamá es Eva.

Llegaba a su casa y con conversaciones sencillas que nos arrebatan del presente, platicamos y recordamos las anécdotas de la infancia. 

– Mamá ¿recuerdas las tardes que jugabas con nosotros a ser lo que deseábamos? ¿Que muchas veces caminamos en el patio a sabiendas de ser el paraíso? Las tardes y el viento, con la ropa cómoda, las andanzas descalzas y las hojas cayendo en torno al juego–. 

La voz dulce y tierna de mamá junto a los olores de su cocina. 

– En tu cocina, las manzanas nos acompañaban con el deseo de ser libres en el juego, la independencia de pensarnos niñas o adultas, profesionistas o no, logrando hazañas o conquistando el sueño a través de la siesta larga. Únicamente con el deseo de ser. Una entelequia de la manzana: verde o roja, perfecta o imperfecta, perfumada o no, dulce y agradable pero solo a la vista de nuestros propios ojos, no con pecados ni templanzas. Lo importante era ser–. 

Después mamá, me doy cuenta que en el jardín del Edén ha pasado el tiempo, que tú pareces cansada, que las arrugas son bastiones de tu andar y que hace inevitable el camino a tu libertad. Mamá, tú historia de vida no estuvo en manos de una costilla desde la infancia, pero tu relación con Dios es perfecta. Esos Adanes caminaron contigo. Estuvieron hasta donde el tiempo lo permitió con la intención de que no estuvieran solos.

Mamá siéntete serena, no tendrás que ser redimida. Recordaré contigo tu propia infancia y juventud, tu andar con nosotros, los juegos, la libertad y me llevaré las enseñanzas de estas conversaciones bajo el gran árbol de la vida. 

Por ti conocí la luz y la tierra, sin duda eres la primera mujer.

ARTE:

Título: Cerezo

Material: Lienzo

Técnica: Óleo 

Autora: Claudia Canseco Rosa

Imagen que contiene pastel

Descripción generada automáticamente


Claudia Canseco Rosas

Una mujer con lentes

Descripción generada automáticamente

Preocupada y ocupada por la educación en México es profesora e investigadora. Además de tener intereses por el arte en manifestaciones como la pintura y la literatura, piensa que “escribir es un acto revelador de la mente” y se pregunta: ¿Cómo representar el conocimiento? Pinta, escribe, danza y canta, el imaginario mental es el instrumento. 

Cartografías del Instante| Rodar Cuesta Abajo

Rodar Cuesta Abajo

Por Anyela Botina

Hoy noté que hace días no dices nada. Antes me hablabas sobre lugares que no sé si algún día conocerás o conociste. Me gustaba que me preguntaras qué era lo que veía a través de la ventana. Entonces, yo te contaba que de niña me imaginaba que rodaba por esas montañas verdes y amarillas.

Lo noté hoy, mientras veía a la lechera subir por ese camino hasta perderse en la montaña. Tú me miraste con sorpresa y te fuiste. Me di cuenta de que era solo yo, detrás del vidrio recordando cosas.

Después de eso, no te he visto en ninguna parte de la casa. Aunque extraño tus palabras, no puedo imaginármelas, no puedo predecir tus pasos, y tu piel, solo es una idea, igual que tus manos. Es como darme cuenta de que solo estoy imaginando que ruedo por la montaña, pero que en realidad no podría; la montaña no es lisa. Si me tiro a rodar en el potrero, podría golpearme contra las piedras, caer al abismo o quedar incrustada en una rama.

Así es el olvido, pienso. Al final, una se echa a rodar en la montaña, sin pensar en la caída. ¡Qué cuentos! Y después de sacudirse, se queda con una espina incrustada en alguna parte que duele. A veces te acostumbras a que duela un poco, te acostumbras tanto que se vuelve una parte de ti. Hasta el día que recuerdas ese amor que era como salir viva de las llamas y deseas sentirlo nuevamente, pero sabes que no puedes sentir otra cosa que no sea la espina, entonces, la busco y la encuentro, pero en lugar de sacarla, la entierro aún más, hasta sacarme lágrimas, hasta que la espina enrojece la carne y la hace palpitar de fiebre. Hasta creer que vuelvo a sentir ese fuego, pero es la espina que se pudre; mi cuerpo diciendo que el dolor tampoco me pertenece.

Entierro la espina más profundo hasta creer que el amor lo puede todo. Que puedo volverte a sentir cerca, que puedo presentir si estás en peligro o triste, pero ya no puedo. No puedo desde que tu recuerdo no dice mi nombre, desde que tus palabras se han ido confundiendo con otros sonidos de la casa. A veces pienso que este dolor de olvidarte es peor que saberte lejos, pero es mentira. El dolor de este olvido es manso y pequeño, es tan sutil que las lágrimas no aparecen, que no ven la necesidad de sacar la cabeza.

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Anyela Botina (1993. Pasto, Colombia). Soy profe de filosofía y hago reseñas de escritoras latinoamericanas en Tejiendo Historias. También, puedes escucharme en Historias de Barbaros. Puedes visitarme aquí👇

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Selección de poemas de mi libro Menta en La máquina verde

Comparto con mucho gusto una pequeña selección de mi libro Menta. Poemario ganador del Premio Manuel José Othón 2018, publicado por la Editorial Ponciano Arriaga del Estado de San Luis Potosí.

Raíces de miel. Los árboles de mi vida dan enorme sombra:

frondosos follajes de oro.

Caen las hojas del otoño, no hay más tristeza en el bosque.

Recogí manzanas pequeñas de piel rojiza y amarga.

Ni un ruido de máquinas entre los árboles;

solamente el gruñido nos otorga una definición.

Con el andar pasó el tiempo: dios en la humedad del suelo

y en el incendio más arriba de la montaña. Dios en todas partes.

Nos complementa.

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Elementos en la maleta de viaje: una rama de lavanda, el frasquito de aceite

de menta. La madre pone en las manos las ofrendas que nos salvan del mundo,

gotas aromáticas en la ventana. Llueve otra vez, y la migraña desaparece.

El análisis poético está enlazado con la realidad y lo aparente.

Si algo viene del subsuelo, la palabra “análisis” se transforma en raíz muerta;

y si otra cosa aparece en el bucle de las redes neuronales dispersas,

no entra la regla que mide cantidad y calidad. Toda poesía, bajo el microscopio,

es un ser vivo de cien cabezas. Aprende a distinguir.

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Los pájaros están a la sombra del buey o de cualquier otro animal de tamaño

grande, y buscan protegerse del sol del mediodía.

Nadie mira, prefieren la muerte, andan con ella entre las alas, en los picos rojos y blancos,

van con ella a las fuentes, la llevan en las patas, la acomodan en un jardín, entre flores y niños.

 El vuelo es salvarse

para morir distinto.

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En cualquier rincón del mundo

hay un trozo de madera vieja que busca la nuevainterpretación de su existencia:

tal vez una silla rota que desea convertirse en un especiero,

una mesa apolillada, una estantería de libros sabios.

Hay que darle un nuevo nombre, vaciar el otro, cobrar formas distintas

y establecer la coyuntura de los paradigmas del futuro.

Tengo el hábito de recoger objetos sin la pesada carga de las palabras,

algo que ya no parece algo, algo que ya no se parece a nada.

Por eso el creador es el que saca de ninguna parte, abre un bolso que no existe,

entona una canción imposible, dobla las letras, las exprime,

experimenta, y el ebanista y el carpintero trabajan de la misma forma

con su materia elemental: lo viejo y lo nuevo.

Para todo se necesita buena herramienta.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2012), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Púrpura Nao (Editorial Grito Impreso, San Luis Potosí, 2018), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí, con ese título ganó el Premio 20 de Noviembre del 2018, por tercera ocasión), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara cuatro libros de poesía y dos novelas, una de próxima aparición, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

El timbre de la verdad

«Tal vez escribo historias con las que la gente se identifica,

tal vez sea por la complejidad y las vidas que presento.

Espero que movilicen a la gente.

Cuando me gusta un relato es porque tiene un efecto»

Alice Munro (1)

El silencio es un monstruo omnipresente, igual que la culpa y la vergüenza, aliados del poder contra el más débil. Se instala como una neblina, casi imperceptible, pero que todo lo impregna y todo lo corrompe; capaz de destruir las relaciones más profundas, la indispensable confianza y la autoestima.

La sociedad siempre pregunta por qué no se señala a los abusadores, por qué no se acusa cuando se ha vulnerado lo más íntimo, por qué se permite… La respuesta es diferente en cada caso y harto compleja. Es que el monstruo se yergue delante, con la amenaza de entrar por todos los poros hasta la asfixia. Callar es vivir, aunque la vida sea solo un cuenco de humo.

A Andrea Robin Skinner, la hija menor de la escritora Canadiense Alice Munro (ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2013), el monstruo del silencio se lo impusieron sus padres, cuando les confesó que había sido abusada por Gerald Fremlin, su padrastro, en el verano de 1976.  Una noche, cuando Munro no estaba, Fremlin se metió en su cama y la abusó sexualmente. Entonces ella tenía 9 años y él más de 50. El delito se repitió por varios años.

Pasó en un país «desarrollado» como lo es Canadá. Pasó en el hogar de una mujer que había quedado divorciada con tres hijas y quien fuera reconocida por su sensibilidad para retratar en sus historias los problemas feministas en una sociedad pautada por la discriminación. Pasó en la vida de una escritora capaz de explorar en sus cuentos los secretos más profundos y los demonios más provocadores. Pasó en el círculo familiar de una persona con voz en todo el mundo, inteligente y admirada. Pasó como pasa siempre: a una niña desvalida y a merced del más fuerte.

Su padre fue el primero en enterarse y no quiso encarar a su esposa. Fue hasta 1992 cuando Andrea pudo revelarlo. Munro reaccionó «como si se hubiera enterado de una infidelidad». Fremlin lo aceptó, escribió algunas cartas a la familia en las que reconoció el abuso, pero culpó a Andrea y amenazó con hacerlo público. Alice ignoró los sentimientos de su hija y se quedó al lado de su esposo hasta la muerte de él.

Andrea recuerda las palabras de su madre para justificarse: «…Nuestra cultura misógina sería la culpable si rechazara mis propias necesidades, si me sacrificara por los hijos y compensara por los defectos de los hombres». Como consecuencia, se alejó de la familia y no permitió que Munro se acercara a sus nietos.

Después de leer un artículo en el que su madre hablaba elogiosamente de su matrimonio, decidió que no podía mantenerlo más en secreto. En 2005, por fin denunció el abuso a la policía de Ontario, presentando las cartas que Fremlin había escrito. La policía lo declaró culpable y él lo aceptó, pero el silencio continuó, debido a la fama de su madre. ¿Por vergüenza, por no perder la admiración de sus lectores, por no generar un escándalo, por no develar la contradicción de sus palabras…? Este episodio en la vida de Munro no se menciona en su biografía. Jamás sabremos cómo se lo explicó.

La adulta Andrea le hizo frente al monstruo, publicando un artículo en el diario canadiense The Toronto Star este 7 de julio (2) lo que causó un gran revuelo en el mundo literario. Escribe: «Nunca quise volver a ver otra entrevista, biografía o evento que no lidiara con la realidad de lo que me sucedió, y con el hecho que mi madre, una vez enfrentada a la verdad, decidió quedarse con, y proteger a, mi abusador». La pregunta a quienes admiramos a Munro como escritora, a quienes hemos leído sus historias, nos han conmovido y nos han ceñido: ¿Se puede juzgar por su vida íntima, sobre poniéndola a su obra? Sin duda es encubridora, quizás cómplice. Quizás nos decepcione. Quizás no supo separar la realidad de su fantasía. Quizá ella misma fue una víctima y gracias a sus letras logró hacer frente a su propio monstruo. Ya no lo sabremos, ambos han muerto.

Algunos lectores expresaron que será difícil volver a leer a Munro. Otros señalan que esa trágica realidad es consistente con el mundo que Munro evocaba en sus cuentos. La también escritora Joyce Carol Oates, escribió en X: «Si has leído la ficción de Munro a lo largo de los años, verás cuántas veces los hombres son valorizados, perdonados, alcahueteados: parece haber un sentido de resignación». ¿Tendremos qué resignarnos en pleno Siglo XXI?

Joyce Maynard escribió en su cuenta de Facebook que las palabras de Andrea tienen el «timbre de la verdad», pero que no por ello dejará de admirar y estudiar la obra de Alice Munro. Un timbre, ciertamente, con su estruendo, con su molesta naturaleza, sería el arma ideal contra el índice sobre los labios.

Y recordamos entonces las atrocidades cometidas por otros tantos genios y personas de ciencia, de quienes tenemos que escindir sus actos y sus obras para poder quedarnos con la conciencia tranquila. Pero mientras así sea, el monstruo del silencio seguirá haciendo de las suyas, y protegiendo a quienes se vuelven depredadores de su misma especie.



[1]   Fuente: Entrevista a Alice Munro. Fuente: Entrevista a Alice Munro http://funcionlenguaje.com/index.php/observatorios/actualidad-literaria/834-entrevista-a-alice-munro

(2) Fuente: Andrea Robin SkinnerSpecial to the Star. https://www.thestar.com/opinion/contributors/my-stepfather-sexually-abused-me-when-i-was-a-child-my-mother-alice-munro-chose/article_8415ba7c-3ae0-11ef-83f5-2369a808ea37.html

Imagen:

Odilon Redon
O silêncio, 1911, óleo sobre cartão, 54,6 x 54 cm. The Museum of Modern Art, New York – Estados Unidos: www.moma.org


 

Piezas de un alma simple

Escrito por: Alondra Grande

Palabras


Las busco entre los pensamientos ocultos
Las busco entre la luna y las estrellas
Las busco en el viento que me habla
Aunque mis oídos no le entiendan.

Escribir es inhalar con fuerza,
Existir entre las letras para seguir viviendo
Si me hacen tan feliz, ¿por qué no las encuentro?
Pareciera que se esconden de mí.

Escapan como si buscaran la muerte,
Como si encontraran la vida
Como si temieran ser vistas.
Son flores expuestas bajo el sol de julio
Marchitas, quemadas, decorando la nada.

Las busco
Y busco
Y no las encuentro.

Hasta que, de pronto, regresan
Arremolinadas
Como un huracán de pensamientos
De sentimientos ocultos
De sinsentido que sólo yo entiendo.

Hay un verbo escondido entre acciones sin sujetos
Hay un conector que se le escapa a estos dedos
Una letra de más
Una idea de menos
Un borrador borroso
Y quizá, a escondidas,
Escribo porque me quiero.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 24 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.