Letras Revueltas|Desterradas

Por Illari Alderete

Llevaba varios días sin poder dormir, tengo el mal de obsesionarme con las cosas negativas, aunque algunas veces se transforma en un don que me ayuda a investigar exhaustivamente. En esta ocasión pensé en las herencias, sé que la mayor parte de nosotras no tenemos a nadie que posea algún terreno o propiedad, pero qué pasaría si alguien de nuestra familia tuviera algo que heredar. ¿Es necesario tener una propiedad? Sé que puede sonar extraño o quizás no, pero hasta hace cinco años, yo había renunciado a la posibilidad de tener una. Di por sentado que tendría al menos tres opciones; pagar renta hasta mi muerte, si es que tenía una pensión digna; vivir en mi auto, me imaginaba que así podría viajar sin tener que pagar hospedaje o vivir en la calle, parece una realidad lejana pero si nos preguntamos quiénes se quedan en la calle, nos daremos cuenta de que no hay una serie de acciones que nos alejen de esta posibilidad, no hay un perfil único de las personas que terminan sin hogar. Según el Conteo de Personas en Situación de Calle en la CDMX del 2024, hay 1124 personas sin hogar, de éstas 62.5% nacieron en la ciudad, 14% son mujeres, 85.5% tiene alguna discapacidad, en el conteo del 2023, el 60% tenía entre 29 y 59 años. Diversos estudios afirman que los millennials tenemos menos probabilidades de obtener una casa propia que las generaciones anteriores y si somos mujeres las probabilidades disminuyen. Así que no es de extrañarse que ante el panorama que se nos presenta imaginemos una diversidad de soluciones, por ejemplo, he platicado con mis amigas sobre lo que haremos en la vejez y hemos pensado en comprarnos un terreno o casa para vivir todas juntas, aunque también parece una tarea compleja.

Si yo tuviera un terreno construiría una casa de un piso, tendría lo básico, una recámara, un estudio, una sala-comedor, desde que no tengo una azotea en dónde tender mi ropa, añoro un tendedero y poner la ropa al sol para que con el viento huela a fin de semana tranquilo, es una escena que me devuelve a la casa de mi madre. Faltó mencionar el baño, éste sería pequeño pero suficiente, tendría algunos helechos en las esquinas, la cocina sería mediana, ya que las que he tenido siempre han sido pequeñas, apenas quepo yo y regularmente tengo que inventar repisas para rebanar la comida. Lo más amplio sería la sala-comedor, para invitar a toda mi familia y amigos, y la llenaría de plantas. La pintaría de verde, azul, gris, naranja y blanco, siguiendo los consejos de Ter.

También tendría un jardín, pero el mío sería un jardín salvaje, no tolero los que están demasiado domesticados, me gustan los árboles frondosos, la maleza, la hojarasca y todos los vecinos insectos que llegan con ella. Cuando era niña en el centro de mi casa había un ahuehuete, pero decidieron cortarlo en pos de la modernidad. Ese día, al llegar a casa, encontré a mi abuelita sentada al lado del árbol, llorando. Desde entonces deseo tener un ahuehuete, aunque por ahora sólo sea un sueño recuperar los árboles caídos de mi infancia. El ahuehuete es el árbol nacional, significa “árbol viejo de agua”, reciben ese nombre porque crecen alrededor de los ríos y son muy longevos. Si yo tuviera un terreno lo llenaría de ahuehuetes, de higueras, duraznos y ciruelas. Mi abuelo sembró estos árboles frutales en nuestro patio, cuyos frutos, durante muchos años, consideré gratuitos y me resistí a pagarlos en la ciudad. En el documental La Sal de la Tierra nos cuentan cómo Leila Deluiz Wanick y su esposo Sebastian Salgado reforestan un bosque, Leila observó que Sebastián estaba devastado porque no quedaba nada del bosque que habitó en la infancia, y fue cuando le propuso replantarlo. Con el tiempo muchas especies volvieron a su hábitat y acabaron con el silencio que encontraron Leila y su marido. Con ello fundaron el Instituto Terra.

Recientemente el Museo Nacional de Antropología trajo la exposición Amazonia de Sebastian Salgado, en ella se expusieron las diversas fotografías que tomó Salgado a esta zona y no cabe duda que la mayor obra de arte se encuentra en la naturaleza.

Uno de los afluentes de la Amazonia (© Sebastian Salgado)

No tengo la riqueza de Leila y Sebastián para reforestar un bosque, sin embargo, si yo tuviera una propiedad la llenaría de árboles y enredaderas para hacerla una selva. ¿Pero de dónde viene esta idea extraña de apropiarnos de la tierra? ¿Cómo es que ella nos pertenece y no nosotros a ella? Si lo pensamos es raro que se herede la tierra ya que somos seres efímeros. En los pueblos originarios las tierras eran comunales, eso significaba, aún significa que sólo puedes tenerla un momento y que eres responsable de cuidar ese territorio que es compartido, si se siembra el terreno usualmente la cosecha se reparte entre los comuneros. En algunos otros, la propiedad era matrilineal, es decir, que la heredaban las mujeres. En las sociedades occidentales que se desarrollaron apropiándose del territorio, las mujeres sólo pudimos heredar a partir del siglo XIX y, en Latinoamérica, del siglo XX. Sin embargo, aún hay muchas desheredadas. Esto me recuerda el cuento de Cri-cri sobre Ditirambo Farfulla, un publicista que viajó al país de los cuentos para venderles cosas a los personajes, en su búsqueda se da cuenta de que no puede venderles nada porque poseen todo, incluso se entera que el Gnomo es dueño de todo porque gritó “esto es mío” y aunque Ditirambo trata de imitarlo, Cri-cri le señala que no puede hacerlo porque ya todo es del Gnomo, pese a esto, los habitantes del país de los cuentos, pueden construir sus hogares en cualquier parte.

Por ahora, lo que tengo de cierto es que hay un terreno amplio que poblar en la literatura con mis sueños como la desterrada que soy.

Illari Alderete

Amante de las letras, de los libros, de las series, de las tardes lluviosas que traen un dejo de nostalgia. Soy docente desde hace una década y me he descubierto alumna desde entonces. Me gusta soñar e imaginar otras posibilidades aunque a veces se conviertan en pesadillas. Recobré el camino de la escritura hace casi un año cuando las experiencias en forma de palabras comenzaron a desbordarse y, aquí estoy, aferrada a otra posibilidad.

ESCRIBIR NOS LIBERA: ¿De qué escribir cuando no estamos “bien”?

Por Aimeé Miranda Montiel

Somos todas nuestras versiones, todos los rincones que nos habitan, incluso los que escondemos hasta de nostrxs mismxs.

Muchas veces pensamos que podemos acceder al espacio público sólo cuando cumplimos con ciertos requisitos, y para cada unx de nosotrxs esto se ve de diferente manera, es decir, para algunxs se verá como “ir bien vestidx”, “estar sonriente”, “ser exitosx” (sea lo que sea que eso signifique), “comportarse de x o y manera”… ¿te ha pasado que a veces supuestamente no quieres ir a algún evento o reunión porque “no te sientes bien”?, creo que más allá de si tenemos ánimo de convivir o no, muchas veces sentimos que no estamos en “las condiciones óptimas o mínimas aceptables” para que nos vean, para exponernos a lo público.

De ahí mi teoría de que “la ropa sucia se lava en casa” y que «debemos cumplir con cierta máscara o actitud cuando convivimos con otrxs», lejos de solucionar realmente lo que acontece en nuestro interior, nos hace aislarnos innecesariamente y nos lleva a juzgarnos como inaceptables. Nos autoexiliamos.

Al no estar acostumbrados a visibilizar en lo público que cualquiera la esté pasando «mal», que una persona muestre su dolor o dejarnos ver cuando estamos atravesando duelos fuertes, cuando estamos perdidxs o cuando no estamos en nuestro «mejor momento»; el esconder todo eso, genera un rechazo inconsciente y colectivo hacia lo doloroso, pensamos que el dolor es íntimo y la alegría pública ¿por qué?, nos da pena mostrarnos tristes, abatidos, deprimidos, nos da ñáñaras mirar a otrxs sufrir, ¿te has fijado que nos cuesta ver a las personas llorar?, nos incomoda de alguna manera, las reacciones más comunes son querer abrazar y consolar a esa persona para que deje de llorar o que querer huir porque qué pena ver a alguien así o porque no podemos soportar el dolor ajeno, porque tampoco soportamos el propio.

Tortuguear es mi definición para cuando unx se mete en su propio caparazón y se ensimisma tanto que los problemas se sienten más pesados, oscuros y abatidores; lejos de que la soledad se vuelva un bálsamo, se convierte en un suplicio. Por ello, no es que diga que te obligues a compartir con otrxs cuando no lo quieres, sino que te preguntes el por qué te estás ocultando, y sobre todo, si eso genuinamente te está reconfortando o sólo hace que te enredes más en tu mente.

Hacer el tortugueanding (palabra derivada de tortuguear jajaja) a largo plazo no me ha resultado, porque al final termino ciclada en mis pensamientos, me siento como un perrito mordiéndome la cola, giro sobre mi propio eje y ahí estoy dando vueltas a lo idiota, a punto de vomitar a cada tres segundos. Cuando estoy en el tortugueanding mi dolor se intensifica y mis pensamientos ni te cuento, esos se convierten en una plaga asquerosa.

Hay que replantearnos muchas cosas de lo que creemos pertinente o no para el espacio público, porque si seguimos invisibilizando una parte importante de nosotrxs que es el dolor, la tristeza, la pérdida, la muerte… entonces, estamos negando quiénes somos, pero sobre todo negándonos unxs a otrxs la posibilidad de NO tener que ser perfectxs para pertenecer y ocupar el espacio público, pero sobre todo, nos estamos negando la grandiosa oportunidad de compartir nuestros pesares para trascenderlos desde lo comunitario, que te aseguro es más ligero que hacerlo en la absoluta soledad.

Tenemos derecho a SER, no tenemos por qué estar guardándonos en nuestras casas o en nuestras mentes, hasta que tengamos una “cara aceptable o adecuada” para lxs demás. Podemos elegir dejar de esconder una parte muy real de cada unx de nosotrxs. PODEMOS ELEGIR SER AUTÉNTICXS SIEMPRE, SIN IMPORTAR CÓMO SE VEA ESO.

Así que lo mismo pasa en la escritura: HAY QUE ESCRIBIR DESDE LA VERDAD, desde lo que estamos experimentando genuinamente y eso es lo que va a conectar con lxs demás desde un espacio REAL. Aquí te dejo un pedacito de algo que escribí en este abril que ha sido uff una vorágine para mí:

La liberación es ambivalente:

una mano descansa al soltar

y la otra toma toda su fuerza

para sostener al corazón.

Si como yo estás transitando cualquier dolor, muerte, cambio, transformación, tristeza, recuerda que el verdadero ciclo es la Vida – Muerte – Vida, y que aunque des pasos milimétricos, siempre puedes seguir adelante. Abrazo enorme de corazón a corazón.

Gracias infinitas por leerme, este texto lo hice con el amor infinito que hay dentro de mí y con el deseo profundo de que todxs nos permitamos SER en la máxima expresión de todo el caleidoscopio que nos habita. Sigamos escribiendo juntxs, porque ESCRIBIR NOS LIBERA. Puedes escribirme en los comentarios de este blog, o por DM en Instagram: @leer.eschingon o @viveconmagia.aimeemiranda

Entre calles y páginas | Joyas fantasía

Por Ángeles Serna

¿En dónde estás?

 Que el corazón te mire todavía,

que los brazos puedan circundarte

aunque ya no lo sepas.

– Elsa Cross

I

Las joyas son piezas en bruto

promesas traídas al plano físico

valen más que palabras en cartas,

besos de chocolates

ramos de rosas.

Desde el nacimiento

nos enseñan que las promesas tienen forma de joyas,

a las recién nacidas les dan la bienvenida con aretes,

a las niñas les abrochan su cadenita de la virgen de Fátima

y las jóvenes esperamos pacientemente una argolla,

el compromiso eterno.

¿Cómo se diseña una promesa?

Los joyeros crean piezas únicas,

empotrando diamantes en aros de oro,

la mentira tiene el tamaño perfecto.

II

En la primaria, varias compañeras no usaban artes

la bienvenida a ser niñas no perforaba sus orejas

tampoco usaban la cadena con el dije de la virgen

¿Por qué a ellas no las vestían con promesas?

III

La mano de mi abuela carece de anillo de compromiso,

los lóbulos de sus orejas están cerrados

y su cuello desnudo solo luce las quemaduras del sol

nadie le enseñó que las promesas eran joyas,

¿por qué la mujer que perforó mis orejas

y me impuso una cadena no tiene las de ella?

IV

Los joyeros diseñan cada pieza,

desde la composición del mineral

hasta los extraños gustos de las engañadas,

cada brillante cubre la verdad en los ojos de los compradores

los costos son altos,

porque los materiales deben ser fuertes,

resistentes,

deben durar años

desde celebrar bodas de papel hasta las bodas de plata

rocas inquebrantables ante el cincel más sincero

engaños resguardados a presión de la joya.

El secreto de los joyeros:

diseñar una pieza sin grietas,

la pieza perfecta para el consuelo de una mentira.

V

Las joyas

cuentos de princesas

también de fantasía

con criaturas ficticias,

hadas madrinas,

animales parlantes,

príncipes y reinos

las verdades no llegan a las 12 de la noche

ni en una calabaza

y menos con una hada madrina

pero ellos enajenados

cuentan historias de fantasía

crean esas joyas

más opacas

más baratas

más frágiles

mentiras agrietan los diamantes

cortadas en serie con las mismas palabras

¿cómo distingo un cuento de una joya fantasía?

la historia del cuento

se acabará cuando dobles la última página

la joya fantasía

te asfixiara con su aroma

tu piel cambiará de color

al verte al espejo,

ya no serás tú.

Ángeles Stefanya Serna Moreno
Ángeles Serna (Monterrey, Nuevo León) es egresada de la licenciatura en Letras Hispánicas de la UANL, en donde obtuvo el primer lugar de generación. Fue becaria en el Centro de Estudios Humanísticos (2020) y el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora (2021-2022). También fue la primera residencia universitaria en el Centro de Escritores de Nuevo León (2022). Colaboró en sitio oficial de noticias de la UANL, Punto U, con notas periodísticas sobre Arte y Cultura. Además, ha sido ponente en diversos congresos a nivel nacional e internacional en las áreas de literatura, teatro y sociología.

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Entre Caos poético y textos perdidos | Los mejores que tú


Por Elizabeth Vázquez Pérez

Lizzie V p


¡Ya basta! Creo no soy feliz, una premisa fuerte y dañina atormenta los días y sin darse cuenta nos hundimos en arenas movedizas.


La mente traiciona con pensamientos erróneos de lo que los ojos observan. Los sentimientos que transpiran : enojo, frustración, tristeza, llanto, son sólo el resultado de lo hipotético que puede ser la vida centrado en otros seres externos a nosotras mismas dañando a nuestra autoestima y salud mental, un tema muy recurrente últimamente en los divanes de los psicólogos.


Como individuo algo ha pasado y se ha crecido con vacíos emocionales que gustamos llenar con algo. Puedes buscar respuestas en el alcohol, drogas, fumando, comiendo, pero jamás podrás llenar lo que afuera no está. Es cuestión propia el hallar encontrarse, aceptarse y bastarse con una misma.


Como mujeres habrá ocasiones en que nos comparemos con otras sin darnos cuenta, ya sea por estereotipos impuestos por el sistema social o por contexto vivencial, ahí no es el camino. Permíteme decirte que estamos en un mundo donde coexistimos muchas y somos diferentes , por lo que abrázate, permite sentir, observar, admitirte será un gran paso.


En ocasiones la mente generará expectativas que nos conducen a sentir estado de infelicidad y frustración será el resultado . Suena extraño esta parte pero es una autoagresión los sentimientos que proyectan : sentirse incapaz, querer cambiar al otro, sentirse incomprendido, ser solitario, esto solo es el inconsciente engañoso que nos envía señales aprendidas desde la infancia llamado por los especialistas heridas emocionales: rechazo, abandono humillación, traición, injusticia. Estas heridas se asoman día a día sin que las identifiques. Te conviertes en su marioneta bajo su mando cuando agredes a otros, cuando sientes envidia, cuando te sientes menos… Y así innumerables acciones y reacciones vas desperdiciando tu vida porque ser marioneta es un estado confort para el inconsciente que termina cuando te das cuenta.


Te preguntarás ¿Cómo puedo darme cuenta? La respuesta tiene trasfondo y es sólo observando-te, una función ambivalente que es de gran ayuda. El conocerse y aceptarse es un privilegio propio que funciona como espejo. La ley del espejo es observar como actúo ante los demás, identificar lo que me hace sentir molesta, por lo tanto es lo que tengo que trabajar en mi. La otra parte es lo que nosotras siendo espejo para los demás se identifican, detonamos y muestran, en esta parte no nos corresponde juzgar sino comprender puesto que es lo que ellos tienen que trabajar, por ejemplo, cuando manejando nos encontramos a un hombre que grita ¡tenias que ser mujer!, siendo una expresión con falta de respeto y machista podrías mentarle la madre gritando, alcanzarlo o hacerle el camino imposible sin embargo la acción correcta sería dejarlo pasar porque tiene un mal día. ¿Te suena ?


Recuerda que observar identificar y actuar es parte importante en nuestra salud mental sentirnos satisfechos.

Aquí mismo te comparto lecturas que te pueden servir para reforzar tu estado propio.

  1. Los cuatro acuerdos, Dr Miguel Ruiz
  2. Libros de Jorge Bucay
  3. Ese dolor no es mío, Mark Wolynn
  4. ¿Porqué mis padres no me aman? Raquel
  5. 50 cápsulas de amor propio, Sara Búho

El mejor libro es el que te escribes día a día, recuerda que siempre habrá personas mejores que tú, pero tú eres la mejor.

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros, facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).Cuenta con un Diplomado de ensayo literario avalado por la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado de Puebla con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo «Solo ellos pueden hacerlo» , relato » Dos por un cuarto de hora», 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista «El Cisne»(poesía)Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI Voluntad. Cuenta con un Diplomado de Mediación Lectora, Fomento a la lectura en FCE .(2023).Su Club de lectura llamado Lectores A marte, ida y regreso el cual pertenece a Clubes de lectura ciudadanos, FCE. Es coordinadora y editora en redes sociales La Coyol Revista

Serena en el mar y la arena |Carrera sin meta

Unsplash/ D. Beamer

Por: Anel Solis

Las sábanas se deslizan sobre mi cuerpo. Mis pies, que danzaban en las nubes, ahora tocan tierra firme para empezar la carrera del día. El reloj marca el inicio de este nuevo recorrido de 24 horas que comienza.

El telón se abre con el primer acto: la ducha. Gotas de agua, junto con pensamientos aleatorios, caen rápidamente hasta los azulejos desgastados, como el tiempo que ya no está, las épocas que ya no hay, los sueños que ya no existen.

El marcador ha iniciado. Voy tan deprisa que no me ajusta el tiempo para secar las sedas de mi cabello, con las puntas resecas que marcan cada cambio de aires que ha atravesado: algunos más cálidos, como las amistades de la infancia; otros fríos, como relaciones que no fueron; otros más, secos como las hojas de los otoños que he recorrido.

Aún no acaba el día y ya pienso en cómo tendré que recorrer los próximos cinco años. En una lista redacto el kit de supervivencia que me será necesario:

¿Estabilidad económica?

¿Familia e hijos?

¿Casa propia?

¿Auto seminuevo?

Es irónico cómo puedo estar segura de mi vida y, a la vez, tener tantas preguntas. El tiempo me está rebasando y no voy ni a la mitad de la vereda.

Siento que, al redactar estas prosas, puedo terminar más rápido mi historia y la espera no será larga.

Trabajo, café, trabajo, café, almuerzo… Ya voy a la mitad del día y no he pensado en qué ropa me pondré mañana.

Los mayores dicen que tengo mucho, pero yo siento que este tiempo me come.

O tal vez… ¿yo lo quiera devorar a él?

Sigue leyendo «Serena en el mar y la arena |Carrera sin meta»

Piezas de un alma simple

Brisa

Escrito por: Alondra Grande

Resignificar los latidos de mi corazón.
Entra el aire, sale la tensión.
Está bien estar agitada,
la calma soy yo.

Los músculos se estiran,
pareciera que quemaran.
No lo dicen, pero sé que me reclaman
por condenarlos a una vida sedentaria.

Cierra los ojos, respira.
Los sonidos pasa,
los pensamientos se escapan.
Deja que tu mente se llene de nada.

Y yo, me vuelvo brisa,
me vuelvo aire ligero,
me vuelvo valiente…
O por lo menos, lo intento.

Respira, con calma, sin prisa.
Estira tu cuerpa hasta que toque
rincones que no conocias.
Explora las emociones de las que huías.

Con cada exhalación llega un poco más lejos.
Respira. Vuélvete brisa.
Conviértete en ola de mar
que arrulla con sus sales la vida.


Soy Alondra Grande, nací en Mazatlán Sinaloa lugar donde actualmente radico, tengo 24 años de edad, psicóloga, activista feminista y escritora ocasional que encontró en las letras la rebeldía individual, el impulso para seguir adelante y aterrizar los pensamientos que tanto asustan sobre el papel.

Silueta

Carmen Asceneth Castañeda

Mi silueta se formó de papel y letras.

Frágil como periódico que no se vende,

a primera hora de la mañana y a la intemperie.

Como la mantis religiosa que se mimetiza

con la planta que la contiene

para resguardarse del peligro,

así mis palabras se transformaron en voz de otros

y mi piel se volvió de un blanco transparente.

Refugio ideal para ocultar lo que no se tiene.

Porque las chicas que leen, se esconden del mundo

y el mundo no las entiende.

Hasta que escribir me liberó.

Con un lápiz en la mano y dueña de la hoja,

por fin pude ser yo.

El extraño valor de los momentos por Jeanne Karen en La máquina verde

A veces espero durante todo el día, una hora, un par de horas, que me regale la vida, el tiempo para poder escribir, pero no llega. Entonces tengo que hacer malabares, mapas conceptuales en mi mente, distribución de textos, acomodo de frases, vínculos; es como hablar conmigo misma, pero el bullicio de la casa, de la ciudad, no me deja, a veces mi voz interior es solamente una especie de sonido molesto, una música de fondo que no me deja cocinar como se debe, no me deja avanzar en el tráfico o sacar todos los otros pendientes que se van acumulando.

Me detengo, me obligo a parar un instante, por el bien de mi cuerpo. Me siento frente a una vieja computadora, en mi mesa, que hace las veces de escritorio, de ropero, de cajón y de todo lo demás, es a final de cuentas, el espacio funcional en donde toda la magia sucede, la magia de la poesía, de los versos, de la fuente de cada palabra. Es también un sitio muy pequeño en realidad, pero acogedor. Cuando pienso en la habitación completa, no sé, quizá pueda tenerla, pero lo que no tengo es el momento, el instante en que por fin las palabras fluyan con naturalidad y esté donde debo estar, concentrada por fin en dejar un mensaje.

Así escribo, tomo unos minutos entre una actividad y otra, por cierto, todas necesarias para que las cosas funcionen. Gozo de verdad, disfruto al máximo cada renglón, el aspecto que va tomando lo que escribo: un poema, un artículo, un cuento, una carta, un texto experimental, todo me parece importante, vital.

Cuando escribía a mano, las cartas por ejemplo, también estaban escritas de la misma manera, con intensidad, minuciosamente revisadas, así que con los años guardé algunas, quise guardarlo todo, pero me di cuenta de que era una tarea casi imposible, primero por la falta de espacio y luego por el lugar que ocupaba cada una en mi propia existencia, algunas pesaban tanto que tuve que dejarlas, otras eran tan ligeras que pareciera que salieron volando día a día sin que me diera cuenta, hasta que dejaron cajas vacías, espacios deshabitados y un corazón un poco más roto.

Ahora escribo entre la decisión de ir a dormir, descansar por fin y olvidarme de todo o seguir, encontrar en la luz de la computadora que se apaga a ratos, un destello que no muera, una guía que permanezca ahí como unas líneas subrayadas, como una nota al margen o como un par de estrellas que tratan de brillar, aunque la noche sea más y más profunda, más y más extraña.

¿Cómo escriben ustedes, cómo hacen lo que más les importa en la vida?, creo que hay demasiadas respuestas para una pregunta tan directa.

Ojalá que sea con mucha fuerza, con pasión, pero lo que más me importa es que en realidad sea para bien, como un buen poema, como un buen augurio, como el mejor de los deseos.

Jeanne Karen

Jeanne Karen Hernández Arriaga es poeta, narradora, editora, periodista, activista cultural, columnista. Nació en la ciudad de San Luis Potosí el día 14 de mayo de 1975. Tiene alrededor de quince libros publicados, entre ellos: La luna en un tatuaje, (Editorial Verdehalago, 2003, CDMX), El club de la tortura (Ediciones Sin Nombre, CDMX 2005), El gato de Schrödinger (Editorial Ultramarina, Sevilla 2007), Cementerio de elefantes (Ediciones Fósforo, CDMX, 2013), Menta (Editorial Ponciano Arriaga, 2019, San Luis Potosí), La vida no es tan clásica, (Editorial Zeta Centuria de Argentina, 2022), nueva edición de El gato de Schrödinger por la editorial del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en 2023. Ha sido invitada a importantes encuentros de escritores, el más reciente fue el Festival Internacional de Poesía Bogotá, dedicado a treinta poetas que escriben en lenguas romances, representó a México y fue una de las ganadoras en la Convocatoria para el Encuentro de Narrativa Breve Edmundo Valadés 2024, finalista en el Prémio Internacional de Poesia António Salvado Cidade de Castelo Branco 2025. Su obra ha sido difundida en medios impresos y electrónicos. Ha sido becaria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes en la categoría de creadores con trayectoria y ha ganado varios premios, entre ellos el Premio Manuel José Othón, en tres ocasiones y el Premio Nacional de Poesía Salvador Gallardo Dávalos en 1999, Premio Hispanoamericano de Poesía Ultramarina 2007. Una escuela de nivel básico lleva su nombre. Por el momento prepara dos libros de poesía y una novela, además un libro de ensayo literario, uno de memorias y otro de cuentos.

La paradoja del reloj encerrado, y otras poesías

Por Victoria Beneditto Lluberas

La paradoja del reloj encerrado


En casa hay un reloj,
que no da la hora y está encerrado.
Aun así, lo conservamos. 
Me pregunto cuántas historias
que -quizás- si hubieran tenido
más tiempo, sus palabras hubieran
encontrado un lugar. 
En casa hay un reloj,
que dejó de funcionar
a las 2:00 pm. 
Y me pregunto,
¿cuántas historias estaban
sucediendo simultáneamente
a esa hora?
Cuántas palabras que no tuvieron
más tiempo para ser. 
Historias que no encajan en
cualquier reloj, y tampoco
pudieron ser en el que atrapamos. 
En casa hay un reloj,
encerrado en un estante de madera,
con vidrios que nos permiten
apreciar lo que hay dentro de sí.
Cosas que no usamos. 
Historias que ya olvidamos. 
Lo paradójico es que el reloj también
nos puede ver a nosotros. 
Así como también puede ver
los momentos que ya no puede atrapar. 
Y a su lado, un espejo,
que refleja los tic- tac que tampoco
pueden ser. 

Vidrios I

Los vidrios reflejan
mis miedos, mis huecos.
Los vidrios me delatan.
En verdad, me gustaría
pensar que no estoy hecha
de huecos.
Pero me delatan
los reflejos.
Paso por las vidrieras,
camino erguida.
Intento aparentar que
estoy entera,
que soy completa.
Quiero tapar todos
mis huecos, pero aparecen
en cualquier dirección,
necesito mayor concentración.
Pero, cualquier signo
de debilidad salta
a la vista de cualquier observador. 
Mis huecos. 

Vidrios II

Los vidrios que delatan
y nos exponen.
Actitudes que exhiben los miedos 
y dejan vulnerables nuestros
aprendizajes. 
Los vidrios que juegan al límite
del día y la noche.
Entre la piel que escribe historias
que vivieron en alguna dimensión. 
Estamos hechos de vidrios
que exponen nuestras partes frágiles
y proclaman los universos
por los cuales algún día viajamos,
y forman parte de nuestro ser. 

Victoria Beneditto Lluberas, Uruguay, 1996: Ha formado parte de variadas antologías de escritores y escritoras. Publico Percepción(es) (2020); El perfecto itinerario del amor (2022). Recientemente gano la convocatoria internacional, por la que formo parte de antología binacional Colombia-Uruguay, Vientos Sureños.

Instagram: @victoriaenletras

Cambio de rumbo

Matamos lo que amamos. Lo demás no ha estado vivo nunca.
-Rosario Castellanos

Por Sylvette Cabrera Nieves

Aviso del editor: este texto contiene menciones a la violencia doméstica y abuso que pueden ser detonantes para algunos lectores.

Se observa coqueta en el espejo mientras se acaricia las cansadas canas y las peina hacia atrás con estilo. Piensa que probablemente se teñirá el cabello. Escudriña la suma de más arrugas en su cara, pero sonríe feliz. Su vida de mujer soltera recién comienza. Es la primera vez que reside sola, desde que salió de la casa de sus padres para casarse. Se siente muy a gusto en su nuevo entorno, a raíz de su divorcio y jubilación.

En tanto, reflexiona lo que hasta hace poco fue su vida. El maltrato verbal, físico, psicológico y económico a manos de quien fuera su esposo. Aquel hombre desalmado y maltratante, que nunca la mereció. El cobarde le hizo la vida de cuadritos, hasta el final, publicando en las redes sociales fotos íntimas de su desnudez. Imágenes de otra época, cuando ingenua y enamorada, como una perfecta idiota había accedido a posar desnuda. Y él se creyó, como todos los manipuladores, que ella era de su propiedad. Y jamás osaría dejarlo. Pretendió mantener el chantaje para humillarla y retenerla a su lado. 

Pero ella resuelta y hastiada de tan mezquina conducta, no se dejó amedrentar más, y decidió afrontar el ataque como una estratega militar.  Lo estimuló a continuar con el acoso cibernético, porque es ciertamente un grave delito. Con devastadoras consecuencias legales, profesionales y sociales para quienes lo comenten. Y los cuales también terminarían por afectar su imagen, prestigio y posición de reconocido empresario. Los peritos probarían el patrón, frecuencia del acoso, y robusta evidencia para que recibiera las penalidades correspondientes ante el tribunal, sumándose al litigio el delito de perjurio. Se comprobaría que él les mintió a los policías al levantar una falsa querella de los hechos. Así logró negociar que el divorcio fuera uno expedito. 

Ella obtuvo rotunda y vasta asesoría legal y ayuda de profesionales en múltiples disciplinas para romper con el círculo de la violencia, sentimientos de culpa y el miedo. Se liberó del nexo tóxico, de aquel amor maldito, por el cual estuvo encadenada tantas décadas. Ahora ha logrado, por fin, cerrar el ciclo para rehacer su vida.

Afianzada a su dignidad, comenzó a sentir que las palabras se le refugiaban corazón adentro y que su rostro no era castigo del cielo, sino uno muy bello. Y su cuerpo uno tentador todavía. Entonces, sin necesidad de más palabras prefirió que la vida fuese como el buen perfume y que no hubiese tanto espejo mágico hecho añicos. Recuperó su amor propio, su valía como ser humano y sin vacilar cambiar de rumbo.

Al filo de las siete de la noche, de reojo en el espejo, aprobó su vestimenta con un pícaro guiño. Era consciente de que su cuerpo ya no causaba el revuelo o la atención, como en su juventud, pero sabía que sus curvas todavía eran sugestivas y tentadoras para cualquier hombre. 

Maquillada con sumo esmero, esta vez, para resaltar su belleza y no para camuflar los golpes. Convencida de tener una nueva piel, un nuevo rumbo, y con muchas esperanzas de un prodigioso porvenir. 

Sale a la calle luciendo su nuevo vestido de lunares azul marino, sus tacones y bolso rojos en combinación con sus labios. Perfumada y con paso firme va tarareando el estribillo de la famosa canción de moda: “las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan”, riendo con la certidumbre de que puede ser feliz como el que inventa una flor, pues ahora es ella la que tiene el control de sus días.

Por Sylvette Cabrera Nieves

Nació en San Juan, Puerto Rico. Pertenece a la cosecha otoñal de 1958. Escritora. Posee un Bachillerato en Artes de Educación de la Universidad Interamericana de Puerto Rico y posgrado en Psicología Escolar.  Miembro del Pen Club Internacional de Puerto Rico y Grupos Literarios de Hispanoamérica. Colaboradora especial de la Revista Literaria Ágora (España) y la Revista Poética Azahar (España).

Sus obras han sido publicadas en antologías y revistas en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, España, EE.UU., India, México, Marruecos, Paraguay, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela. Ha sido finalista en certámenes internacionales de poesía y narrativa en Argentina, España y México.