Anónimas cotidianas I: Entre la experimentación fotográfica de Alessandra Canuto y la hibridez artística de Liz Salazar

Por: Daniela Zizumbo Tovar

Todos los días nace una nueva creadora, una mujer que se aventura a experimentar y que consagra su vida al arte. No tenemos que irnos tan lejos para encontrarlas, basta con mirar a nuestro alrededor y notarlas entre la multitud, pues a través del arte se comunican con el mundo, nos regalan experiencias catárticas desde sus obras y nos acompañan tanto en los momentos de ocio como en los de soledad. Hoy vamos a hablar del trabajo de dos artistas emergentes del Estado de México que están irrumpiendo con fuerza dentro del panorama artístico local.  Alessandra Canuto (@sscanuto) y Liz Salazar (@dibujandomicaos_lsd) son dos mujeres creadoras que de a poco se van abriendo camino en espacios culturales donde sus obras comienzan a ser expuestas ante el público, desde sus estilos propios ellas se dedican día con día a crecer como artistas, explorando nuevas facetas de su obra y redescubriendose con cada  nueva fotografía, pintura o poema.

Colores vibrantes, experimentación y el Momento Decisivo en la fotografía de Alessandra Canuto 

“Cuando estoy en frente de la cámara, me veo como otra de los componentes de la foto, me vuelvo parte de la fotografía.”

Alessandra Canuto, 2021.

Alessandra Canuto es una fotógrafa mexiquense que vive la fotografía en carne propia desde su cotidianidad habitando las fotos que toma a través de la experimentación en diversos estilos. Ha participado ya en dos exposiciones, una individual y otra colectiva, por parte de la Universidad Autónoma del Estado de México y se está posicionando como una de las más fuertes fotógrafas emergentes en Toluca, su ciudad natal, ya que en su trabajo se puede encontrar un entramado visual de imágenes plurisignificantes que muestran el mundo con un toque vibrante que lo singulariza. 

Evitando definirse dentro de un sólo estilo, Alessandra Canuto logra explorar una amplia gama de posibilidades dentro de la fotografía, desde retratos, autorretratos e imágenes aleatorias del mundo cotidiano visto desde el lente singular de su cámara, donde la fotografía es un espacio de relación íntima con lo que la rodea. 

Dentro de sus principales influencias se encuentra la herencia cinematográfica de West Anderson y Carolina Costa. La relación personal entre ella y el cine la ha ayudado a entrenar su ojo para el momento de tomar una fotografía, pues en el instante de capturar una imagen sale a flote todo su acervo cinéfilo y, aunque no intenta recrear el estilo de ninguna de sus influencias,  en sus fotos de hace presente lo aprendido en la fotografía de las películas que la obsesionan. 

Foto: Alessandra Canuto (@sscanuto)

Alessandra Canuto se guía por la idea del “Momento Decisivo” a la hora de tomar una fotografía. Ese instante se refiere a lo que Henri Cartier-Bresson consideraba el momento oportuno donde el fotógrafo logra descubrir el instante único y significativo de una escena, y lo retrata para  mostrar el máximo sentido expresivo de una imagen. 

Para Alessandra Canuto también existe el momento decisivo durante el proceso de capturar una fotografía, en ella y sus obras la minuciosidad, la paciencia y las obsesiones son lo que la acerca al instante justo donde tiene que comenzar a disparar con su cámara para lograr obtener la imagen indicada. Y, aunque su proceso creativo sea distinto para cada fotografía, la rigurosidad en combinación con la obsesión es lo que la lleva a capturar los momentos únicos e irrepetibles que se pueden ver en sus fotos. 

Como espectadores, el acto contemplativo de mirar el trabajo de Alessandra Canuto nos dirige por un viaje lleno de colores vibrantes, juegos de luz y sombra y descubrimiento continuo de las nuevas facetas de la fotógrafa, quien a través de sus fotografías va compartiendo con el mundo sus sentires cotidianos, lo que piensa acerca de la vida, lo que ve y lo que quiere comunicar sobre temas que le inquietan. Así es como las fotografías de Alessandra Canuto llegan a constituirse como un una propuesta fresca que no le teme a la exploración de sí, ni del mundo capturado en el momento decisivo.

La hibridez habitada: Poesía autobiográfica y pintura nocturna en Liz Salazar. 

Dibujo: Liz Salazar (@dibujandomicaos_lsd)

“Te irás, yo sé. Me dejarás algún domingo, porque es el día en que siento mayor empatía con nuestra ciudad, te veré caminar a lo lejos de la mano del futuro prometedor y con el honor que poseen los cobardes, irás cargando todos los parámetros morales que aceptaste sin entenderlos. Y en ese momento sabrás porque la ciudad de los tristes sigue siendo la misma de siempre, tan llena de infelices, de frustrados, de incrédulos. Enfermos todos de absurda formalidad y burocracia, ciegos ante la rebeldía. Me recordarás, ya no mucho, quizás solo como un pequeño destello de lucidez que da un amor perdido por la monotonía de nuestras decisiones.”

Torrente en la ciudad de los tristes (Fragmento) de  Liz Salazar.

Liz Salazar es una escritora y artista visual mexiquense que desde muy joven se inició en el dibujo y en las letras. Ha publicado en revistas culturales del Estado de México y forma parte de proyectos de difusión a la cultura. Sus obras son un reflejo de lo híbrido, una mezcla entre la literatura y aquello que no se puede decir con palabras, pues sus obras visuales son una forma de comunicarse con el mundo cuando no puede articular oraciones en voz alta que la signifiquen, mientras que, a través del arte, intenta escapar de la soledad.  

Entre su producción se encuentran obras que mezclan técnicas y estilos, pasando por dibujos a grafito, carboncillo y acuarelas, experimentando con las combinaciones que puede lograr durante el proceso creativo. En ella hay distintos momentos donde se aventura a explorar nuevos caminos a partir de la imagen, entre sus series coexisten como tópicos el indigenismo, la rebeldía social, el caos interno y la rabia contenida, que casi siempre se muestra con un toque de autoreferencialidad y múltiples guiños autobiográficos. 

En sus textos, las temáticas se repiten, pero la manera de enunciarlos se encuentra llena de melancolía y añoranza ante el incesante deseo de encontrar una nueva realidad, donde sea lo que en la vida normal no puede ser. Entre las letras de Liz Salazar se encuentra el deseo de existir libremente, sin ataduras o complejos, también habla sobre los cambios en la sexualidad, la vida fuera de los estereotipos de ser mujer y el encuentro de sí misma. 

Dibujo: Liz Salazar (@dibujandomicaos_lsd)

A nivel visual, la propuesta de Liz Salazar actualmente se encuentra en un momento fuerte, donde está explorando la visceralidad que le han provocado diferentes acontecimientos en su vida como la muerte de seres queridos, la vejez, la exploración de su cuerpo y la ansiedad provocada por el encierro. 

Por otro lado, su esencia híbrida se cuela presentándonos la fusión de entre literatura y pintura a través de ilustraciones a textos de Federico García Lorca, Laura Esquivel, Mauricio Molina y Reinaldo Arenas, mismas ilustraciones que son presentadas bajo la lectura en voz de Liz Salazar como complemento, mostrandonos su amor por la interdisciplinariedad entre sus dos pasiones. 

A raíz de sus experiencias Liz Salazar crea desde la herida para salvarse de aquello que la atormenta, su proceso creativo lo lleva a cabo durante las noches, ante la complicidad de la luna donde puede desnudarse para sí misma y crear sin prejuicios; a partir de su obra, como espectadores nos encontramos con un universo femenino donde las luchas personales se entrelazan con las políticas conduciendonos por un mundo lleno de encuentros íntimos con el caos interno de la artista, donde notamos el crecimiento personal que va teniendo y cómo lo logra externar ante el mundo a partir de la hibridez que habita en su universo creativo.  

Untitled

por Karen Delgado

A mis tareas pendientes

Ni pex 

Te sueño cada vez que hay menos de ti en mí

Te sueño cuando puse la canción que te dio risa cuando tratabas de no concentrarte en delatar que estabas sintiendo «eso»

Te sueño cuando escucho las noticias de política y te dan cólera 

y pareces Jaime Mausán opinando

«y nadie hace nada»

Te sueño después de despertar a las 4 am y según estar en alfa 

pero se me cierran los ojos y estoy en zetas

Te sueño cuando escribía tu voz sin disciplina y hueva y aún así se cumplía jajsja

así cuando lo solté y pasó, así, pasó y ya, de ovarios, verdad de mí

Te sueño casi todas las calmadas noches que me duermo pasadas las 11 y no las 3

sin hacer la meditación para tener el astral sin cuadro ni ponerme los calcetines de peluche con zorritos

Te sueño al invadirme en mis pensamientos antes de dormir  y no dejas de estar en paz hasta que me pierdo 

Te sueño al querer definir los medios cuando no tengo control sobre ellos y ni tú sabes qué es lo que pasa o lo sientes, esa es tu propia creación, no mía, yo qué

Te sueño cuando dicen que este es el mundo newtoniano y que ya es pasado y ni de locos eso nos interesa, estamos tan materializados que ya olvidamos que no hay otro

Así cuando recibo llamadas del banco sabiendo que tengo que fingir que nada pasa porque ya pedí tantos créditos en el Club Penguin de adultos (BBVA) y nada más tengo 5 peso’ porque perdí la contraseña y que eso no salda mi deuda

Igual al que me llames a las 3 de la tarde para decirme que vendrás a verme cuando no me he pintado el cabello de la raíz ni puesto el tapete en el piso para que veas el polvo a la misma altura que yo

Así cuando me molesto por no contestar mis mensajes por dos meses enteros y solo poner un sticker de Bob cholo que yo te había mandado hace un buen, al menos no fueron las tacitas rotas (pobrecitas)

Así cuando manejo mi mamalón Jeep Wrangler del año negra 4×4 de 4 puertas estando atorada en el tráfico deseando dejar de buscar excusas ridículas para no buscar tus cartas diciendo que ya pagaste el alquiler y te vendrás a vivir conmigo y no pensar tanto en ti ni en tus manos ni en tu nariz ni en tu horrible rostro te odio 

Te tengo fe

fe, te tengo (asco)

Leer a Platón: carta a una amiga feminista

Por Nitz Lerasmo

I

Preámbulo

En 2018, la escritora Alma Karla Sandoval publicó el libro Cartas a una joven feminista (Ediciones Zetina). En sólo un año el libro alcanzó tres edicio­nes y varios tirajes. Se presentó en varias ciudades de México, en Canadá y en España. Es un libro que ha tenido miles de lectoras con las que ha generado un im­portante debate. Como un homenaje a lo anterior y como una forma de dialogar con el libro, en septiembre de 2019 Infinita Editorial convocó a otras escritoras a participar en una antología que sería prologada por la propia Alma Karla Sandoval. Para participar se debía enviar un ensayo en forma de carta dirigida a otras mujeres (reales o ficticias) donde se ofreciera un punto de vis­ta y argumentos sobre algún aspecto del feminismo en México. Yo participé con “Leer a Platón” y fui seleccionada. Sin embargo, por razones que desconozco, el libro no se publicó.

A manera de redención, y con la libertad que La Coyol me da en este espacio, he decidido publicar por primera vez ese texto que dos años permaneció olvidado en las carpetas de mi computadora.

II

Leer a Platón

Querida amiga:

No debes agradecerme por el obsequio que te hice. Sabes bien que en nuestra amistad es común intercambiar regalos, pequeños detalles que auxiliarán a la otra, como cuando se lanza un salvavidas al náufrago. No sabes cuánto me entusiasma que tú también hayas disfrutado Cartas a una joven feminista. Qué maravilloso saber que el libro que te di tocó las fibras más íntimas de tu ser. Incluso celebro que haya rozado tus heridas porque así serás consciente de ellas y buscarás, junto conmigo, un bálsamo para sanarnos. Me dices que después de tu lectura, el libro te trastocó, te dejó revoloteando en la cabeza, como si de mosquitos se tratara, diversas preguntas que no has dejado de pensar y repensar. Te entiendo, a mí me pasó lo mismo. Y elogiemos que sea así. Yo creo, al igual que Kafka, que un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Y un libro que además es feminista puede ser peor que un hacha: es luminaria que incendia, antorcha que propaga una ecpírosis regeneradora.

            Por lo que entreveo en tu carta, no has parado de intentar atar cabos, de provocarte una náusea de inquisidora que no se contenta con lo que le dicen o le muestran. Me planteas una pregunta que te acosa y me imploras una respuesta, como si yo fuera una pitonisa que en pleno trance revelara los misterios más arcaicos. Gracias, amiga, por hacerme formar parte de aquello que te causa desvelos. Déjame pedirte que procedamos con cautela. Tu pregunta es punzante como una daga y no es fácil de responder. Sin embargo, tenemos que ensayar una respuesta, porque evadirla o condenarla al olvido sólo engendraría más injusticia en nuestro deseo de comprender el mundo.

            Casi al final de tu carta, después de enumerar todas las clases de violencia que la mujeres sufrimos a diario, de la violencia perpetuada sistemáticamente por hombres, me preguntas cómo nosotras las mujeres podemos lidiar con una otredad que hiere, siendo esa otredad los hombres. Comprendo perfectamente lo que dices. En una sociedad patriarcal, donde el varón es quien goza de privilegios, es evidente que la violencia contra las mujeres, el grupo más marginado históricamente, es una norma aceptada, respetada e incluso aplaudida. Que la violencia hacia las mujeres se exprese en todas las esferas de la vida social es un hecho indudable. Como bien sabes, en la cúspide de esa misoginia se encuentran, desafortunadamente, los feminicidios. Tú y yo, que somos de una generación entre siglos, hemos pasado nuestra infancia, adolescencia y esta incipiente adultez escuchando de los terrores de Ciudad Juárez. Aquellos que afirman que esa urbe es el peor lugar para ser mujer, ¿acaso no advierten que no hay un lugar en el mundo en donde ser mujer no implique vivir en peligro constante? Siempre que pienso en los feminicidios de esa ciudad fronteriza, no puedo evitar recordar una fotografía de Mayra Martell, quien fotografió objetos y dormitorios de jóvenes desaparecidas en Ciudad Juárez para su proyecto Ensayo de identidad. La fotografía, que nunca olvidaré porque me aflige, muestra un pedazo de papel, adherido a un espejo, que reza: “Metas a corto y largo plazo”. Martell tomó la fotografía en la habitación de Erika Carrillo, una joven que desapareció en el año 2000, a la edad de 19 años, cuando salió de casa para ir a la peluquería. Con esa fotografía, Martell nos muestra un fragmento de intimidad de la joven, y así somos testigos de las metas truncadas de Erika: “trabajar duro para pagar la inscripción a la escuela, comprarme unos zapatos, hablar y ser simpática con la gente, leer a Platón.” Amiga mía, déjame preguntarte: ¿no sientes el mismo temblor en el pecho que yo al leer esas líneas? ¿Acaso no te invade la rabia? Nuestras vidas interrumpidas y una sociedad indiferente deberían despertar toda nuestra cólera, todo nuestro hartazgo. Yo también, al igual que Erika Carrillo, tengo en mi habitación pedazos de papeles en los que escribo mis objetivos, mis lecturas pendientes, mis deseos. Y también sé que en mi país, tan sólo por ser mujer, cada que salgo de casa tengo altas probabilidades de que mis metas sean frenadas, de que se me arrebate la vida con una crueldad que hunde sus raíces en el tiempo.

            Pero volvamos a tu pregunta: ¿cómo podemos lidiar con una otredad que nos hiere? En ocasiones anteriores hemos discutido si acaso el separatismo es la solución. Nos hemos preguntando si una sociedad compuesta enteramente por mujeres ya no tendría que enfrentarse a la opresión y a la violencia propias del patriarcado. ¿Recuerdas cuando me hablaste de las utopías separatistas que escribieron algunas mujeres de siglos pasados? ¿O te acuerdas de cuando te enseñé que en el norte de México existían las lagartijas cola de látigo, una especie de lagartos constituida únicamente por hembras que se reproducen por partenogénesis, sin necesidad de machos y, entre risas, dijimos que en el futuro las mujeres también nos reproduciríamos por partenogénesis? Esas utopías pueden parecernos tentadoras y convincentes, es verdad. Pero, insisto, vayamos con cautela. El siglo XX nos ha enseñado que toda utopía, a la postre, puede volverse una terrible distopía.

Dime, amiga, ¿has considerado cambiar el destinatario de la pregunta que me planteas?  Mientras las utopías separatistas, si acaso son la solución, no se realicen, creo que también son los hombres quienes deberían preguntarse: ¿cómo coexistir con una otredad a la que hemos subyugado históricamente? Considero que responder a esa cuestión es casi un deber moral para aquellos que han nacido con privilegios, especialmente si son respaldados por una sólida estructura heteropatriarcal, la cual anhelamos abolir. Hablando de esto, permíteme agradecerte por enviarme el hilarante ensayo de Cecilia Winterfox. Coincido con ella en que el feminismo amable no sólo no funciona sino que es contraproducente. Las mujeres ya estamos hartas de tener que ser amables y dóciles, sobre todo cuando se espera que nosotras eduquemos a los hombres en cuestiones feministas. Suscribo las palabras de Winterfox: no es sólo enormemente aburrido gastar nuestras energías educando a los hombres a través de su camino de autodescubrimiento, sino que, al aceptar el rol de educadoras, reforzamos las dinámicas de poder existentes y nos alejamos “de colectivizar como mujeres y de promulgar el cambio real.” Al igual que tú, yo también promuevo que, para conformar verdaderas redes sororas, es necesario educarnos entre nosotras primordialmente, es preciso leernos, comentarnos y por supuesto, criticarnos con lucidez. Ya que tocamos el tema de la educación de las mujeres, voy a contarte una historia real que recién descubrí, pero te desafío a no explotar en carcajadas. En 1873, Edward H. Clarke, médico y profesor de Harvard, publicó el libro Sex in Education, en el cual afirmaba que “la actividad cerebral indebida y desproporcionada” en las mujeres podía causar que su útero y ovarios se atrofiaran, provocándoles esterilidad. El remedio que Clarke aconsejaba para evitar esos estragos consistía en que las mujeres estudiaran y leyeran menos que los hombres. Lo que Clarke no vislumbró fue el reverso de su hipótesis: la lectura, especialmente feminista, nos emancipa de la procreación obligatoria. Así que, amiga mía, continuemos atrofiándonos los ovarios pues nuestra “atalaya es una biblioteca” y no vamos a claudicar fácilmente.

Si observas bien, advertirás que las mujeres siempre tenemos una misión doble en nuestra vida que, cómo no, puede ser muy extenuante: somos escritoras, filósofas, científicas, artistas y, aparte de lidiar con nuestras profesiones, de esforzarnos por crear, innovar o descubrir nuevos matices en nuestros campos de estudio, también tenemos la misión de instruirnos feministas y de proseguir una lucha de la cual somos herederas. Me insistes en que debo sentirme orgullosa de ser una hija de las brujas que no pudieron quemar, tal como está escrito en las numerosas pancartas que hemos visto en las marchas. Es verdad: algunas serán hijas de las brujas que no pudieron quemar. Pero no olvides que también en esta lucha ha habido combatientes caídas. A ellas, sobre todo, nos corresponde salvarlas del olvido. Porque también somos hijas de brujas calcinadas en hogueras, de mujeres lapidadas con piedras filosas, de mujeres decapitadas por una guillotina menos brillante que la inteligencia de las condenadas a muerte, somos descendientes de esclavas aporreadas por sus amos, de mujeres diagnosticadas de “histeria”, de mujeres condenadas al ostracismo del manicomio o del claustro. Como puedes advertir, amiga mía, la historia de las mujeres es una historia de ausencias dolorosas. Me gustaría que Erika Carrillo no fuera una ausencia, sino que estuviera aquí con nosotras, conversando. Desearía preguntarle por qué se propuso leer a Platón, el filósofo de los eternos arquetipos. Quisiera hablarle de aquella cosmogonía platónica que nos sorprende por fantástica. Le contaría que en el Timeo, Platón, influido por la medicina hipocrática de su tiempo, consideró que el útero era un animal errante dentro del cuerpo de la mujer, un ser vivo que podía moverse desde la parte inferior del vientre hasta la parte superior, siempre escurridizo. El útero, escribe Platón, es un animal deseoso de procreación que se irrita y enfurece cuando no es fertilizado. Podríamos fácilmente tachar a Platón de machista –que como todo heleno de su época lo era sin duda–, y olvidarnos de esa creencia tan extraña. Sin embargo, no me dejarás mentir, hay algo mágico y perturbador en el hecho de creer que mi útero es un animal errante. Me lo imagino como un molusco, viscoso y rojizo, desplazándose por las entrañas de mi cuerpo. En lo personal, me gustaría reivindicar ese animal nómada y furioso, que no se contenta con echar raíces. Pero, al contrario de lo que afirmaban Platón e Hipócrates, mi útero no se irrita por no ser fertilizado, sino todo lo contrario, es un animal indómito que no tiene vocación reproductora. Sé que mientras se siga sometiendo a las mujeres, mi útero permanecerá furioso y desobediente. Si lo imagino así, insumiso y contestatario, ahora en verdad podré decir que la rabia por la injusticia me brota desde las entrañas.

Amiga, conozco tu inteligencia y sé que no te has extraviado en mi escritura laberíntica. No, te juro que no he dado rodeos innecesarios. La escritura precisa desplazarse con libertad para engendrar reflexión. Amiga, lo que me provoca urticaria de tu pregunta es la palabra lidiar. Yo la cambiaría por coexistir porque intuyo que, si en algo buscamos diferenciarnos de esa mitad de la humanidad que nos ha subyugado históricamente, es en nuestro afán por mostrar que nosotras podemos coexistir con una otredad sin tener que anularla, sin tener que reproducir nuevamente jerarquías de opresión. Hasta aquí mi intento de respuesta. Polemiza conmigo, amiga, que para eso estamos.

Deseo que nunca pierdas tu fuerza transgresora que tanto admiro.

Abrazos para ti y para tu indómito útero errante.

III

Epílogo de junio de 2021

Han pasado dos años desde que escribí esa carta-ensayo. Cartas a una joven feminista encontró una nueva edición en el sello editorial Camelot América y quizá, en un futuro cercano, escriba una reseña del libro.

Han pasado dos años, repito, en los que mis lecturas feministas han cambiado y, por consiguiente, también lo ha hecho mi postura feminista. Ya no simpatizo con algunas ideas expuestas en “Leer a Platón” porque me parecen ingenuas. A pesar del cambio, siento que nunca olvidaré aquella foto de Mayra Martell. Como si gracias a aquella lista de Erika Carrillo me sintiera obligada a no claudicar en la lucha.

Dos años en los que han cambiado muy pocas cosas en la vida cotidiana de las mujeres que habitamos México, país donde los feminicidas presumen armas en sus redes sociales y amenazan de muerte a las feministas. Hace unos días me quedé impactada por la noticia sobre el intento de feminicidio de Fernanda Cuadra y Polly Olivares. Y antes de eso, tan sólo del 2020, recuerdo con pesar más nombres: Isabel Cabanillas, Ingrid Escamilla, Fátima Cecilia, Jessica González…

 “Pude ser yo”, es el pensamiento que cruza por nuestras cabezas cuando nos enteramos de un feminicidio. Pero realmente algo muere en nosotras cuando una congénere es asesinada: muere nuestra autonomía, nuestra seguridad, muere la posibilidad de habitar el mundo llenas de confianza. Creo que, mientras redacto estas líneas, me siento triste. Además, a la luz de los acontecimientos recientes, “Leer a Platón” me parece pobre. Lamento las flaquezas de mi pensamiento y de mi escritura. Como siempre, quisiera hacer más. Esto es lo que puedo dar por el momento. No me queda más que pedir paciencia y vida para aportar mi microscópico granito de arena.

Es verdad que estoy triste. Sin embargo, hago el esfuerzo cotidiano por no perder el ímpetu: en comunidad quiero seguir cultivando la digna rabia. Porque confío en que ya hemos llegado muy lejos y por eso no permitiremos que el mundo se hunda en una fatalidad sin retorno.

Nitz Lerasmo

Nació en la Ciudad de México en 1994. Estudió la licenciatura en filosofía en la UNAM. Forma parte de las antologías de cuento Exploraciones quiméricas Vol. I (Lectio, 2019) y Tercera Antología de Escritoras Mexicanas (El nido del fénix, 2020). Autora de las plaquettes Instantáneas (Ediciones Awen, 2021) y Miniaturas para una casita de muñecas (La Tinta del Silencio, 2021).

De Lilus Kikus, Ramona y la imaginación como arma contra el mundo

Por Fernanda Loé Gómez

¿Qué tan importante es la imaginación? Puede ser que entre más crecemos, dependiendo de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones, creamos que imaginar es algo solamente para los artistas, para los locos o para los niños, que, al fin y al cabo, son todos la misma cosa. Por eso decidí recurrir a dos niñas cuyo mayor talento es la imaginación, para recordar cuánta falta hace en el día a día y el poder que tiene de transformar lo cotidiano en extraordinario.

Una de estas niñas peculiares es la que nos regala Elena Poniatowska. Con sus piernas largas y muy separadas además de unos ojos siempre temerosos de perderse algo, Lilus Kikus va por el mundo tratando de descifrarlo. A sus 13 años está segura de que existen las brujas y de que ayuda cuando le inyecta café negro a sus limones y otras frutas o verduras enfermas. También sabe que es necesario para protegerse, coserse en los calzones una bolsita con algunas hierbas y tesoros, entre ellos su primer diente y un pelo de Napoleón.

Prefiere jugar en la calle, donde el orden todavía no ha arruinado la diversión. Observa los árboles, los camiones y a los adultos que se creen importantes. Ella misma encuentra con qué jugar, hasta cuando viaja a la playa, donde en lugar de cargar con rastrillos y cubetas para hacer castillos, elige recoger todo lo que el mar avienta a la orilla: piedras, conchas, vidrios pulidos, que recoge como grandes tesoros. No tiene muñecas porque no las necesita, con el poder de su mente puede divertirse con lo que sea.

Como también se preocupa por los grandes problemas de la humanidad, se imagina a Dios llevando su alma por un elevadorcito al cuarto donde debe estar. Ella llega a la conclusión de que, si se porta bien y hace grandes sacrificios, ese cuarto se va a ir llenando de cosas como sillones, floreros, mesitas. Entre más grande el sacrificio, más grande el objeto. Por lo tanto, cuando se porta mal, ese cuarto se queda vacío, obligando a Nuestro Señor de dormir en el piso.  Por eso cree importante cuidar lo que hace, para que esa habitación sea cómoda para Dios.

Por otro lado, lo anterior no quiere decir que Lilus no es curiosa, todo lo contrario. Le ruega a su amiga la borrega, quien es expulsada de su escuela de monjas, que le cuente cómo son los besos y qué se siente tener novio. La borrega como es muy experimentada le deja claro que el amor son puras desilusiones, por lo tanto, es necesario pensar en la siguiente etapa, la maternidad, y dar los pasos conducentes, así como lo ha hecho ella misma, cosa que no convence mucho a Lilus.

También aprende por otra de sus amigas, Chiruelita, que los hombres encuentran encantadoras a las mujeres tontas. Como el mundo está ahora lleno de mujeres inteligentes que quieren aprender y enseñar, los caballeros encuentran refrescante conocer mujeres que hablen solo de flores y tartaletas de fresa. Así Chiruelitaa se casó a los 17 años siendo muy feliz hasta que un día no hizo de comer y el marido le retorció el pescuezo, lo cual no sorprende a Lilus debido al carácter y personalidad de su amiga.

Como nunca deja de hacerse preguntas, busca a otros que le ayuden a resolverlas, por lo que decide hacerse amiga de su vecino, un filósofo con el que platica gracias a la tapia que hay en el patio. Se pregunta porqué decide vivir encerrado como pajarito en lugar de salir al bosque a dar una vuelta y le pesa que se le ocurran tantas cosas que ella después tendrá que aprenderse, como el teorema de Pitágoras y las antinomias euclidianas. Pero aún así sabe que es inteligente y que, si alguien sabe las cosas que se tienen que saber, es él.

Y como parte de crecer es aprender, mandan a Lilus a un convento donde la orientan hacia las grandes verdades de la religión para que sea una jovencita honorable. Ella, muy inteligente, se las aprende: ser paciente, sumisa y digna, sobre todo digna, para el matrimonio. Hasta la preparan para su noche de bodas. Lo más importante, le dijeron que un día iba a crecer y que no podía ser un ropavejero, porque eso estaba mal. De esa manera aprendió lo que estaba “mal visto”, lo que es provechoso y lo que es incorrecto. Por ejemplo, es incorrecto juzgar, sobre todo el adulterio que es tan complicado de entender. Así, sin saber cómo ni porqué, empieza a creer en los signos, a ser devota de la Virgen María y a temerle a Dios.

Lilus Kikus nunca deja de hacerse preguntas y tampoco se conforma con las respuestas que le dan.  Eso la hace aferrarse a lo que cree del mundo y a entender las “grandes verdades” a partir de lo que conoce, de sus experiencias. Es exploradora por naturaleza, y aunque se pregunta qué se siente ser mayor, no quiere dejar de ser niña. Es más, lo ve como una ventaja pues lo prefiere a las vidas aburridas y muchas veces, sin sentido, que llevan los adultos. Yo creo que por eso Lilus es una niña digna de admirarse, pero no es la única. Hay otra que también se enfrenta a la vida con la imaginación como su mayor arma.

Ramona Quimby es una niña de 9 años que sueña despierta, a diferencia de su hermana mayor, Beatrice, que actúa siempre de manera responsable y es “normal”. Juntas protagonizan la serie de libros titulados Ramona y Beezus de la autora Beverly Clearly, en los cuales se inspiraron para crear la película con el mismo nombre, estrenada en 2010 y dirigida por Elizabeth Allen. Aunque son varios tomos los que cuentan la historia de las dos hermanas, desde los cuatro años de Ramona hasta que tiene nueve aproximadamente, la película está basada en el último: Ramona Forever.

Ramona causa problemas en casa y en la escuela. A ella le parece aburrido aprender lo mismo que todos los demás, por lo que inventa sus propias palabras y hace las tareas siempre tratando de volverlas entretenidas y asombrosas, sin embargo, eso no le agrada a su maestra, quien preferiría que simplemente siguiera las reglas. Para su profesora, las exageraciones de Ramona, son simplemente mentiras, para ella, son lo que la distingue de los demás.

Junto con su gato Picky Picky y su amigo Henry, se pasa los días imaginando que el nuevo hueco que tiene su casa, no es una remodelación, sino una plataforma de salto desde donde puede bajar en paracaídas o que el pasamanos de su escuela es en realidad un puente suspendido en un cañón de metros y metros de altura. La única de su familia que la entiende es su tía Bea, porque ella también es divertida y comprensiva, además de hermana menor como ella. Es a la que recurre cuando sus papás le dicen que complica mucho sus vidas o cuando Bezuus, apodo que le puso a su hermana porque no podía pronunciar bien su nombre, se harta de su energía desbordada y de las constantes vergüenzas que la hace pasar.

Ramona además de su gran imaginación, tiene un gran corazón. Al enterarse de que su papá perdió su trabajo y por lo tanto podrían perder la casa, decide poner todos sus esfuerzos en ayudar a su familia. Desde vender limonada hasta lavar coches, intenta de todo, aunque sin éxito. Lamentablemente, su carácter hace que le pasen accidentes, como volcar botes de pintura encima de la camioneta de su primer y último cliente del autolavado, terminando con deudas en lugar de ganancias.

Incluso va al casting para un comercial infantil donde buscan a la próxima princesa del maní, ya que el premio incluye una suma muy grande de dinero además de que quiere probarle a todos que puede ser igual de bonita y especial que el resto de las niñas. Eso también le sale mal, e incluso ocasiona que le corten el pelo horriblemente al ponerse una corona hecha de cardos, que al final, tras una caída desastrosa, se le enreda en el pelo. Sin embargo, nunca abandona sus ganas de ayudar y de mejorar su comportamiento para darle menos problemas a sus papás.

Una de las cosas que le preocupa es encontrar un nuevo trabajo para su papá y aunque le sugiere ser bombero, resulta que su talento es dibujar, cosa que tuvo dejar de lado para poder ganar más dinero. Sin embargo, junto con Ramona, realiza el “dibujo más largo del mundo”, consiguiendo así un trabajo como profesor en su escuela por lo que la casa deja de correr peligro y no tienen que mudarse.  También ayuda a su tía Bea a regresar con el amor de su vida, Hobart, el tío de su amigo Henry y finalmente, habla con su hermana para recordarle qué tan especial es para ella y animarla a confesarle sus sentimientos al chico que le gusta.

Es tan valiente, que nunca deja de ser ella misma. Se enfrenta a todos los comentarios que siempre le hacen por ser “diferente” y a todas las burlas de sus compañeros de clase por su manera de actuar e incluso de vestir. No abandona su manera de ver las cosas, qué, según lo que le dice su papá, hace su vida más pintoresca.  Además, supera las situaciones difíciles sin olvidar lo que le dice su tía: “Recuerda que puedes hacer lo que sea. Eres extraordinaria Ramona”.

Así, extraordinaria, es la historia de estas dos niñas que nos recuerdan que podemos ser exploradoras, pintoras, vendedoras, doctoras, consejeras. Que ser diferentes requiere valentía, así como defender nuestras ideas y ayudar a los que queremos. Que nuestras creencias son decisión propia, ya sea que elijamos creer en brujas, amuletos o incluso en Dios. Los límites se encuentran en nuestra mente, porque la vida puede ser más de lo que vemos, si tan solo tenemos el poder de imaginarlo.

Acerc-Arte | Gatos

por Reyna Morales

“Nombres que suenan

como una canción…”

“Ponerle nombre a un gato”

T. S. Eliot

No recuerdo como fue… Solo sé que he sentido fascinación por los gatos toda la vida…

GATOS

“Me preguntan si me gustan los gatos… o, mejor dicho, porqué me gustan tanto… La respuesta es fácil. He estado más cerca de gatos que de humanos.

Los gatos son seres increíbles. Primos hermanos de grandes felinos como leones, tigres, jaguares y leopardos, entre otros. Los hay de todos colores. ¡Incluso los hay azules! Hay gatos muy grandes y gatos pequeños. Y aun cuando conviven con humanos, no han olvidado del todo su lado salvaje ni su carácter depredador.

Son dóciles -cuando quieren- y una excelente compañía. Son divertidos y locuaces y nos hacen reír con sus piruetas y ocurrencias. Pareciera que enloquecen o que de pronto son poseídos, pero nada de eso. Su carácter es juguetón y travieso. Son observadores y alegres cuando se sienten en confianza. Tal vez debiéramos aprender mucho de ellos.

No alcanzo a comprender como es que puede haber humanos crueles que los lastiman sin razón. Aún con toda su gatuna fiereza, no pretenden ser más poderosos que nosotros… aunque podrían serlo. Son frágiles y vulnerables. Y los humanos, malvados. A pesar de eso, son dulces y confían en las personas.

Pueden ser excelentes compañeros. Si te desvelas o estás solo en casa, se encargarán de hacerte compañía. En silencio, sin estorbar, pero demostrándote que están a tu lado.

Son grandes confidentes. Te escucharán por horas. Y mientras más te quejes de lo injusta que es la vida contigo, más quietos estarán. Pero no esperes a que te den de lengüetazos como diciendo: “No te preocupes… ¡tú eres el mejor! El mundo no lo entiende…” como haría un perro. Ellos te mirarán con una expresión de “¿Es en serio? ¿Y por eso te mueres?” lo cual te ubicará y te ayudará a entender que, después de todo, no es para tanto.

Son amorosos a su manera, No estarán sobre ti, admirándote como si fueras lo único. Te darán “besos de gato” (con sus ojos) y se acurrucarán junto a ti. Se subirán a tus piernas o al tablero de tu computadora. Rasguñarán tus zapatos y ¡auch! te clavarán sus garritas. No te odian. Así aman ellos. Pero no se te ocurra ocuparte en algo que le quite tu atención. Harán lo imposible para que dejes el distractor. Claro. Cuando tú quieras abrazarlos y tenerlos para ti, se escurrirán de tus manos para defender su individualidad y su libertad…

Y eso es justamente lo que tenemos que aprenderles: amor propio. No ruegan, no pierden su propio Yo ni se arrastran por el amor de nadie. Siempre están ellos mismos en primer lugar. Y no es que sean “egoístas” ni “interesados” como muchos aseguran. Simplemente entregan su amor a su felina manera. No como uno quiere. Es como y cuando ellos quieren. Pero saben amar y lo hacen profundamente. No intentes obligarlos a que lo hagan. Ámalos tú y ya.

Son protectores. Son orgullosos. Son unos cómplices inigualables. Y son territoriales. ¡Lo que es suyo, es suyo! Se adueñan de todo lo que tienes: tu sillón, tu alfombra, tu cama, tu corazón… Son huraños y ariscos, pero nadie te espera con tanta emoción como lo hacen ellos…

¿Por qué me gustan tanto los gatos? Porque no hay muchos humanos de quienes pueda decir tanto…”

Mientras miraba jugar y dormir junto a mi a mis amados gatos, escribí este texto. Nació de mi inspirada observación. Pero hubo algo que no contemplé. Nunca imaginé perder pronto a alguno.

No mencioné que son seres perfectos. Que son hermosos y que nunca te harán daño. Algún rasguño podrá dejarte. Una huella difícil de borrar. Pero lo que más te dolerá será verlos partir. Te dejarán una marca en el corazón más dolorosa que el rasguño en tu piel.

Parafraseando a John Grogan: “A veces aparece un gato que deveras te deja una huella en tu vida y no puedes olvidarlo” (“Marley y yo”, 2005).

Fiorella fue para mi ese gato… He tenido tantos, cada uno con su historia y valor en mi vida. Pero Fio fue tan mía, fue tan cercana a mi corazón. La vi nacer, la protegí cuando se mamá la abandonó. La alimenté, la limpié, le enseñé a usar su arenero… La vi ganar tantas y pequeñas batallas… Yo fui su madre. Ahora no la puedo dejar ir…

Siempre le dije que ella era un pedacito de mi corazón. Con su partida, se llevó ese pedacito, pero ella se queda para siempre muy dentro de mi corazón.

¡La extraño tanto! Su carácter rudo con los demás, pero dulce y cariñoso conmigo -cuando quería, claro está-. Era una gata muy gata. Además, era tan caderona como yo… ¡Y cabíamos en la misma silla siempre!…

A casi un mes de su partida, no puedo consolarme. Justo en este momento, lloro mientras escribo. Hubiera querido haber hecho más para salvarla… pero no pude…

Donde sea que estés mi pequeña Fio, se que eres feliz, que estás bien. Ya no hay dolor. Espero un día poder estar otra vez junto a ti para acariciarte por toda la eternidad…

http://gravatar.com/lorenzoarab

En memoria de Fio

2018 – 2021

50 sombras de morado | Auto humillación corporal, o carta de disculpa a mi cuerpo.

Por Irene González

El otro día encontré que tenía nuevas arañitas rojas en mi pierna. De esas venitas que se marcan sin volver a desaparecer fácilmente. Otras que habían aparecido en años anteriores algunos días se vuelven más notorias. Várices. También noto que gano peso con mayor facilidad, la celulitis se asoma de forma inevitable. 

Con el paso del tiempo se me ocurren más y más cosas que nombrar como defectos. Que si los muslos anchos, que si la grasa en el abdomen. La nariz aguileña que según mi familia es herencia y según yo tabique desviado, los pies planos y grandes. Cien complejos, mil detalles que “trabajar” y la idea de que todo sería mejor, de alguna manera, si perdiera ese pesito ganado en cuarentena, si tuviera el abdomen plano y el pecho me creciera.

Este cuerpo me mantuvo sana durante una pandemia, ¿pero quién se fija en eso? Estas piernas me permiten pasear a mi perro, aguantan los días más intensos, no flaquean, pero de eso no me acuerdo. Lo que sí recuerdo es que son cortas. Siempre es más fácil echarse en cara lo malo. 

A veces pienso que tengo defectos que ni siquiera son tal. Existen nueve tipos de pezones, nueve tipos de senos, otro tanto tipo de nalgas, pero se me olvida y pienso que solamente hay uno. Un ideal, una única clase de cuerpo. Estoy familiarizada con el término Body- Shaming: humillar a otros por su físico, y soy más y más consciente para deconstruirme al respecto. ¿Por qué entonces no dejo de hacérmelo a mí misma?

Amar la propia piel se dice fácil. “Quiérete, así tal cual” Me lo repito como un mantra. Pero a veces es un trayecto complicado. Un proceso irregular donde un día amo cada detalle y al siguiente lloro frente al espejo, desnuda y sintiéndome vulnerable. A veces la propia piel quema, cala. 

Reconciliarse con el propio cuerpo es un viaje, y no tiene que ser igual para todos. Tampoco es un viaje por el que se deba transitar solo, jamás estará mal pedir ayuda. No siempre es posible entender lo que vive cada persona dentro de su piel, lo que ve o lo que siente. Pero si estoy dispuesta a ser empática, a defender el cuerpo ajeno incluso de mis propios pensamientos, entonces puedo intentar mirar hacia adentro, redescubrir aquellas cosas que me enamoran de mi cuerpo, hasta eventualmente hacer las paces con esos “defectos”. Soy más que un trabajo en proceso.

Es difícil sentirse expuesto. Cuando alguien pregunta con el ceño fruncido, ¿tienes estrías? Pues sí, sí tengo. Ni hablar, este es mi cuerpo. Así es, y así habrá que amarlo, con sus pechos disparejos, las orejas saltadas que alguna vez pensé pegar con kola loka, los rollitos y los dedos chuecos. Tenemos tiempo para aprender a entendernos, mi cuerpo y yo. Supongo que este discurso es una especie de carta de disculpa, y a la vez un mensaje de agradecimiento. Uno que le debía desde hace rato.


Irene González estudió la licenciatura en Arte y Animación Digital en el Tecnológico de Monterrey. Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria por “Literalia Editores”, fue miembro del círculo de escritores tapatío “El Jardín Blanco”. Ganadora del primer y tercer lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Finalista en el concurso internacional “Novelistik de Ciencia Ficción” 2016. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos, incluyendo “Sirena Varada”, “En Sentido Figurado”, “Teresa Magazine”, “Quinde Cultural”, el periódico “La Jornada” y en su blog personal “Dystopian Fantasy”.  

Instagram: @r.irenegon 


SOMOS

Por Madelaine BO. La sororidad no es un concepto que se limita a un día al año, es un compromiso que debemos asumir todos los días. Es el apoyo mutuo, la empatía y la solidaridad entre mujeres lo que nos hace fuertes y nos permite avanzar juntas. No se trata de celebrar un día, se…

Trabajo no remunerado

Las labores de limpieza y cuidado del hogar han sido relegadas en su mayoría a las mujeres y es que lo tenemos tan normalizado que se vuelve una carga invisible y constante.

Los árboles y las pantallas que me rodean | El cuerpo de la naturaleza

Por Mijal Montelongo Huberman El año pasado, Carmen me invitó a una mesa de la MexiCona sobre el cuerpo como parte de la naturaleza en donde tuve la oportunidad de platicar con otras biólogas y escritoras. La mesa me dejó con reflexiones e ideas sobre cómo definimos el cuerpo. Compartiré algunas en esta ocasión. En…

Historias de alacenas, vitrinas y macetas I Corcheas.

Por Arizbell Morel Díaz. Día soleado a través de un ventanal. Margaritas, no madreselvas, gardenias y lavandas adornan las macetas de una pequeña casa citadina. En medio del crujir del viento sobre las celosías se escuchan algunas notas de una melodía sencilla.   Al fondo del cuarto se encuentra una maestra de música con su teclado…

Vaciar una montaña | Cultivar nuestro jardín

Por: Samia Badillo Hace una mudanza me encontré con este libro de Voltaire, que leíamos en mis grupos de Literatura Universal. ¿Este libro volverá a las aulas algún día? Me preguntaba, mientras lo dejaba en una caja junto a Trafalgar y Niebla y esperaba lo mejor en mi nueva casa. Llevo más de un año…

Letras Revueltas|Razones para salvar el mundo. Parte I. Rabo de Nube

Me despierto, veo las noticias, escroleo de una mala noticia internacional a una nacional y siento un peso en el pecho, no me doy cuenta pero ella está sobre mí, con su calidez y me acurruca hasta el punto en el que vuelvo a dormir. Dicen que los perros y los gatos perciben cuando estamos…

Piezas de un alma simple

8 de marzo del 2026 Escrito por: Alondra Grande Este 8 de marzo se vivió diferente, fragmentado en dos realidades: la instagrameable y la que incomoda.Y me pregunto, si no es mucha indiscreción, si habrán tenido el descaro —la bajeza— de haber gritado las consignas, de cantar como si no fueran parte del problema. Y…

La luna y sus letras | Rosario Castellanos, escribir eres tú

por Cynthia Elizabeth Morales

Escribir es un encuentro, un acto íntimo. Escribir arde. Es configurar la memoria, mirarse así mismo. Rosario Castellanos afirma que, empezó a escribir al mirarse a un espejo y no encontrar a nadie.  

Escribir para Castellanos se convirtió en una búsqueda sin final aparente, un camino empedrado del devenir, una constelación de dudas y prejuicios más allá del cielo trazado por hombres.  

La vida personal de Rosario Castellanos marcó su literatura y su lugar en el mundo. Durante su niñez vivió en Chiapas y aunque disfrutó los beneficios de ser hija de hacendados, fue testigo de los constantes abusos al pueblo indígena, la preferencia al varón y la invisibilidad femenina en todas las áreas, lo cual quedó reflejado en Balún Canán, nombre maya que refiere a las “nueve estrellas” del sitio que hoy se conoce como Comitán, Chiapas.  Es, en definitiva, su trabajo más autobiográfico. La escritura de Castellanos se convierte en destello ante el precipicio de su vida. 

La novela está divida en dos partes. “Y entonces, coléricos, nos desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos atesorado: la palabra que es el arca de la memoria”… es el inicio de la novela; narrada por una niña. Una mirada infantil llena de nostalgia y heridas. Es curioso como dentro de esta primera parte, la niña nunca recibe nombre, no existe, está ahí, habita la nada, un presentimiento en la obra de Castellanos, donde la mujer tiene que buscarse un lugar propio en casa o en bien, en el infierno donde tiene asegurado un lugar. 

Rosario Castellanos escribe sobre el silencio y el amor: “tiene la boca apretada como si se la hubiera cerrado un secreto”. La ley prohíbe querer:  —¿Es malo querernos?  —Es malo querer a los que mandan, a los que poseen. Así dice la ley- 

El personaje de la nana rescata el misticismo y la cosmovisión indígena. —¿Quiénes son los nueve guardianes? —Niña, no seas curiosa. Los mayores lo saben y por eso dan a esta región el nombre de Balún-Canán.  Lo llaman así cuando conversan entre ellos. Pero nosotros, la gente menuda, más vale que nos callemos. Hay árboles, hay orquídeas, hay pájaros que deben respetarse. Los indios los tienen señalados para aplacar la boca de los guardianes. No los toques porque te traería la desgracia. —

La segunda parte de la novela se centra en mostrar las diferencias de clase, las ideas añejas de moralidad, los engaños de la posición social y un México que sigue latente en comunidades minoritarias como los migrantes, los discapacitados, adultos mayores, enfermos mentales, indígenas y también para las mujeres.

Castellanos refleja la injusticia y la corrupción de un sistema de poder fracturado y podrido en las costumbres de limitar la participación indígena, mantener dormidos y sin preguntas a los trabajadores y encerrar a las mujeres en los paradigmas de la soltería, el matrimonio y la crianza. 

La autora retoma la muerte de su hermano y lo inmortaliza en el personaje de Mario, el hermano menor y se descubre a sí misma como un fantasma ante los ojos de su madre, “ojalá hubieras sido tú”.  Las últimas líneas de Balún Canán son una promesa de perdón. Perdón por ser.

Esta herida se mantuvo abierta en toda la obra de Castellanos, en sus ensayos, poesía y novelas.  Con su madurez, Rosario desarrolló una deliciosa ironía que salpica y decora toda su literatura, especialmente en Lección de Cocina, un cuento imperdible.

En Mujer que sabe latín, Castellanos da un giro al antiguo dicho: “Mujer que sabe latín, no tiene marido, ni buen fin”. En este ensayo, la autora despliega una crítica envenenada e invencible ante los prejuicios contra la mujer, en una construcción literaria que oscila entre lo superficial y la burla, por ejemplo: “Mujer es un término que adquiere un matiz de obscenidad y por eso deberíamos dejar de utilizarlo. Tenemos a nuestro alcance muchos otros más decentes: dama, señora, señorita y, ¿por qué no?, “hada del hogar”

Castellanos construye su ensayo desde el análisis profundo e íntimamente personal sobre el “ser mujer” y la idea reinante del “ser mujer” asignado por la tradición cultural.

Castellanos analiza a lo largo del texto la vida de mujeres escritoras y filósofas como Virginia Wolf, Doris Lessing, Mary McCarthy, entre otras y aquí devela una visión intensa en matices y referencias que bien vale la pena leer detenidamente. La autora también retoma su historia lectora, el poder del lenguaje, justificar o no su propia obra y la pregunta constante sobre que libros elegir si se va a un lugar desierto.

En Poesía no eres tú, Castellanos de nuevo recurre a la ironía y transforma el inmortal verso de Bécquer “Poesía eres tú”, en una antología de su obra poética. Su poesía combina la sensualidad, el cielo, la necesidad de sentirse amada y la nostalgia de saberse siempre incompleta.

Rosario Castellanos defendió la libertad de la mujer, la configuración del ser femenino en la búsqueda de su propia identidad y realización fuera de estigmas y roles sociales, en un camino que ella apunta es directo y fácil al infierno; entonces ahí, en el infierno de ser mujeres, nos encontraremos con ella.

Para conocer más a Rosario Castellano, descarga gratuitamente:

Narrativa

http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/cuento-contemporaneo/13-cuento-contemporaneo-cat/42-015-rosario-castellanos

Poesía

http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/123-053-rosario-castellanos

EN EL FILO DEL GOZO

I

Entre la muerte y yo he erigido tu cuerpo:

que estrelle en si sus olas funestas sin tocarme

y resbale en espuma deshecha y humillada.

Cuerpo de amor, de plenitud, de fiesta,

palabras que los vientos dispersan como pétalos,

campanas delirantes al crepúsculo.

Todo lo que la tierra echa a volar en pájaros,

todo lo que los lagos atesoran de cielo

más el bosque y la piedra y las colmenas.

(Cuajada de cosechas bailo sobre las eras

mientras el tiempo llorar por sus guadañas rotas.)

Venturosa ciudad amurallada,

ceñida de milagros, descanso en el recinto

de este cuerpo que empieza donde termina el mío.

II

Convulsa entre tus brazos como mar entre rocas,

rompiéndome en el filo del gozo o mansamente

lamiendo las arenas asoleadas

(Bajo tu tacto tiemblo

como un arco en tensión palpitante de flechas

y de agudos silbidos inminentes.

Mi sangre se enardece igual que una jauría

olfateando la presa y el estrago.

Pero bajo tu voz mi corazón se rinde

en palomas devotas y sumisas)

III

Tu sabor se anticipa entre las uvas

que lentamente ceden a la lengua

comunicando azúcares íntimos y selectos.

Tu presencia es júbilo.

Cuando partes, arrasas jardines y transformas

la feliz somnolencia de la tórtola

en una fiera expectación de galgos.

Y, amor, cuando regresas,

el ánimo turbado te presiente

como los ciervos jóvenes la vecindad del agua.

LA ANUNCIACIÓN

I

Porque desde el principio me estabas destinado.

Antes de las edades del trigo y de la alondra

y aun antes de los peces.

Cuando Dios no tenía más que horizontes

de ilimitado azul y el universo

era una voluntad no pronunciada.

Cuando todo yacía en el regazo

divino, entremezclado y confundido,

yacíamos tú y yo totales, juntos

pero vino el castigo de la arcilla.

Me tomó entre sus dedos, desgarrándome

de la absoluta plenitud antigua.

Modeló mis caderas y mis hombros,

me encendió de vigilias sin sosiego

y me negó el olvido.

Yo sabía que estabas dormido entre las cosas

y respiraba el aire para ver si te hallaba

y bebía de las fuentes como para beberte.

huérfana de tu peso dulce sobre mi pecho,

sin nombre mientras tú no descendieras

languidecía, triste en el destierro.

Un cántaro vacío semejaba

nostálgico de vinos generosos

y de sonoras e inefables aguas.

una cítara muda parecía.

No podía siquiera morir como el que cae

aflojando los músculos en una 

brusca renunciación. Me flagelaba

la feroz certidumbre de tu ausencia,

adelante, buscando tu huella o tus señales.

No podía morir porque aguardaba.

Porque desde el principio me estabas destinado

era mi soledad un tránsito sombrío

y un ímpetu de fiebre inconsolable.

II

Porque habías de venir a quebrantar mis huesos

y cuando Dios les daba consistencia pensaba

en hacerlos menores que tu fuerza.

Dócil a tu ademán redondo mi cintura

y a tus orejas vírgenes mi voz, disciplinada

en intangibles sílabas de espuma.

multiplicó el latido de mis sienes,

organizó las redes de mis venas

y ensancho las planicies de mi espalda.

Y yo medí mis pasos por la tierra

para no hacerte daño.

Porque ante ti que estás hecho de nieve

y de vellones cándidos y pétalos

debo ser como un arca y como un templo:

ungida y fervorosa,

elevada en incienso y en campanas.

Porque habías de venir a quebrantar mis huesos,

mis huesos a tu anuncio, se quebrantan.

III

Para que tú lo habites quisiera depararte

un mundo esclarecido de céfiros, laurales,

fosforescentes algas, litorales sin término,

grutas de fino musgo y cielos de palomas.

IV

He aquí que te anuncias.

Entre contradictorios ángeles te aproximas,

como una suave música te viertes,

como un vaso de aromas y de bálsamos.

Por humilde me exaltas. Tu mirada,

benévola, transforma

mis llagas en ardientes esplendores.

He aquí que te acercas y me encuentras

rodeada de plegarias como de hogueras altas.

Para conocer más a Rosario Castellano, descarga gratuitamente:

Narrativa

http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/cuento-contemporaneo/13-cuento-contemporaneo-cat/42-015-rosario-castellanos

Poesía

http://www.materialdelectura.unam.mx/index.php/poesia-moderna/16-poesia-moderna-cat/123-053-rosario-castellanos


Cynthia Morales. Maestra en Humanidades por la Universidad de Monterrey. Diplomado en Creación Literaria por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura 2018. Mediador de Lectura por IBBY Leer México. Tallerista de Escritura Creativa para niños, jóvenes y adultos para el Centro Cultural Loyola de Monterrey. 

Es una apasionada del arte y la literatura. Adora la naturaleza y los niños. Cuando no lee. Escribe. 

Actualmente desarrolla programas y contenidos educativos para niñas, niños y adolescentes para empoderarlos desde la igualdad, equidad y el conocimiento de sus derechos.


Chiapas: la deuda sigue abierta. |8M

Cada Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo vuelve a recordarnos algo incómodo: los derechos de las mujeres no fueron concedidos, fueron conquistados. Y en lugares como Chiapas, esa conquista todavía está lejos de completarse. Chiapas es un estado lleno de contrastes. Tierra de culturas profundas, de lenguas originarias, de trabajo comunitario y…

El diablo está en los detalles

Enola Rue Dicen que estoy colgada, que vivo en el aire, pero no saben que en realidad estoy excavando en la tierra de mi corazón. No entienden que en la oscuridad de mi mundo de fantasía hay más luz que en toda su vigilia de trapos de piso y rutinas tibias; mi soledad es mi…

El ojo de Lya | La paradoja de los chorizos

Por Liana Pacheco Durante mi infancia crecí escuchando la frase: “un hombre siempre es indispensable”, dicha por mi madre y mi abuela, las mujeres que me criaron. Mi abuela se casó a los 18 años, al poco nació su hijo, cuando éste no cumplía ni un año, su marido cometió un crimen y huyó; mi…

De recuerdos, aventuras y reflexiones|El resonar de la memoria

Por Tania Farias Sucedió durante una actividad simple, del cotidiano: deslizaba con flojera las imágenes de mi Facebook. Un ícono en lo bajo de la pantalla me informó que tenía notificaciones pendientes. Una de ellas era el recuerdo de un verano pasado. Había sido un viaje familiar en el que tuvimos la fortuna de disfrutar…

Lágrimas de purpurina y dagas de seda: El Evangelio según el Esquema Fenicio

Enola Rue En el universo de Wes Anderson, los personajes a menudo actúan con una rigidez que parece desafiar la espontaneidad humana. No lloran, se marchitan con elegancia; no mueren, se vuelven estatuas de su propio legado, una resistencia contra el desorden del mundo. Sin embargo, en el Esquema Fenicio esa resistencia ha mutado en…

El ojo de Lya | Ascenso y caída: John Galliano

Por Liana Pacheco Se sabe que el mundo de la moda es superficial, consumista, gordofóbico y con otros vicios. Sin embargo, como bien dice Miranda Priestly, nuestras decisiones de vestimenta no nos eximen de la industria de la moda. Personalmente me adentro en los diseñadores: sus conceptos de creación, qué los inspira y lleva a…

La anatomía del cristal y la rabia

Enola Rue La pérdida no es un muro que se levanta de golpe, sino una habitación que, de pronto, se queda sin muebles. Al principio, entras y buscas instintivamente dónde sentarte, dónde apoyar la mirada, pero solo encuentras el espacio desnudo. Al final, lo que perdemos se convierte en una forma de arquitectura interna. Yo…

Domingos en los que no me encuentro | Colaboración

Por Shaila Ricardez Los domingos son frustrantes porque atraen la nostalgia Se suben sobre la espalda como un débil caracol No les preguntes por quién se ha ido o por quién vendrá Pues bien, callados, se mantendrán.  Los domingos te dejan colgado con los brazos abiertos, Te susurran al oído: “miento, miento, miento”  Jamás te…

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Memorias de la luna azul | Lágrimas de luna I

por María Fernanda Vázquez Castillo

“Lágrimas de luna” es el título de una recopilación de relatos que buscan evocar sentimientos, en la medida en que se sabe que se trata de emociones complejas, pero a la vez tan simples. Debo, antes que nada, proclamarme una principiante que ama escribir relatos; con esta serie, que yo misma desconozco si será larga o no. Espero ayudar crecer, envolver y suscitar mucho a quien decida leerme. 

Los sentimientos son algo difícil porque se enredan entre ellos dejándonos conocer la capacidad de sufrir y extrañar al mismo tiempo; de sonreír con dolor; de amar, pero también de dejar de hacerlo… 

Lágrimas de luna

I

Escuché la voz lejana del interlocutor en la radio. La interferencia me llevó a años pasados en los que el ambiente se inundaba por la calidez del Sol, que acompañado de la brisa se abría paso entre los sueños de la gente y le daba una bienvenida a la mañana. Extrañé la sensación del viento contra mi nariz, que por consecuencia del frío, se pintaba de rosa; ahora, con el cálido roce del café contenido, mis labios se retorcían anhelantes por el aroma  que nunca volverían a saborear. Escuché mi nombre, después el timbre del extraño teléfono abarcó repentinamente todo el cuarto, donde antes había un vacío reconfortante, ahora se encontraba un nervio acelerado. Fue entonces que recordé. 

Recordé que preparaba su café y que desprendía los olores que ahora me acompañan todas las mañanas; recordé el sabor de la jalea pegajosa entre mis dedos y la risa que llegaba a casa acompañada del tintineo de la campana de viento que yacía oxidada en un rincón entre cajas de recuerdos que se negaban a dejarme; recordé la calidez, la añoranza y locura que adornaban las charlas nocturnas, que solían ser testigo de las nubes de humo que parecía entretejer el ambiente de profecía; recordé que el título de la canción que se anunciaba en la radio como una dedicatoria ya me había sido regalada, entre flores silvestres y un susurro en mi oído, con voz desafinada y nerviosa me dijo que esa melodía era mía. 

De pronto también recordé el cobijo de mis lágrimas en las últimas noches de dolor, la indiferencia que me provocaba escuchar mi canción favorita haciendo eco entre las paredes mientras me cubría el desliz del agua en la bañera. Una presencia que no estaba y dolió, repentinamente regresaba a este lugar intangible. 

Esperaba nervioso escuchar su voz en la línea. A su lado, la radio parecía ser su acompañante intrigosa, juntos aguardaban lo que parecía ser su veredicto final. El sentimiento desbocado se enmarañaba en el centro de su dolor, no era posible señalarlo ya que parecía pasear entre todas las venas de su cuerpo sin descanso. Sonó el tercer llamado y escuchó, después de un chubasco de sentimientos, su voz. Ante un entrecortado saludo, que para el interlocutor no expresaba nada y para el fue el fin de todo, recordó. 

Recordó memorias que regresaban a él en forma de tortura, por un lado, de consuelo, por otro. Sufría una ausencia, pero le deleitaba el dulce sentir que arropaba su mente como un recuerdo irrecuperable que, sin embargo, sí existió; recordó como le preparaba una infusión de menta que ella nunca consiguió igualar, la llevaba a su escritorio discreto, y con un beso en su coronilla partía, ahora quedaban besos entremezclados en esas memorias borrosas que el tiempo tiñó de nostalgia; recordó que ella leía en voz alta, él sólo escuchaba, al principio escondido detrás de la repisa de su estudio; él no sabía que en realidad nunca fue un secreto, ya que lo vio, entre intentos torpes de no tirar nada, desde la primera vez. 

El locutor aguardaba una respuesta, ansiaba decir que lo conocí y de esa forma poder escuchar de nuevo aquella canción que guardé en un cajón etiquetado con la leyenda de “las memorias más dolorosas de una vida”; deseé abrirlo y quemar con lágrimas el súbito ataque de una vida que ya no me pertenecía. Di una negativa al locutor que le había interrogado antes, «No soy ella», articulé.  Colgué el aparato. 

Tendría que olvidar el sabor de la menta, así como el de todas las cosas del mundo al que ya no pertenecía; esa canción ya no era suya y él ya no la escucharía leer en voz alta. 


“Mi nombre es María Fernanda Vázquez Castillo, nací en la Ciudad de México, pero ahora vivo en el estado. Actualmente tengo 18 años y soy estudiante de la carrera de Letras y Literaturas Hispánicas en la UNAM.

Desde pequeña tuve un interés por la literatura, principalmente por la creación, más adelante por su estudio. Es por ello que con el paso de los años he buscado mejorar mi estilo de escritura para mostrarlo a los demás.”


Niña y lluvia |Colaboración

Por Patricia Navarro Remanso de húmedos dedos bajan por mi piel, mi rostro, en calma calores viejos, chipi, chipi de andariego. Lluvia…. Mojas a escala emoción, y mis pies entre el pataleo cuaz, cuaz, cuaz de veraneo forman notas de canción. Lluvia… Pareja luz cristalina, flip, flip, flip, de tornasoles tan lejos caen secundinas luego,…

¿Qué piensas?|Colaboración

Por Marina Areta Me pregunto cuando mis ojos como noches se acercan a tu bosque curiosos, se empeñan en deshojarlo ¿Verás mis paisajes? ¿Seré otra piel sin importancia? ¿haces mapas de mis lunares?  Ya me abriste un dejo de tu follaje, vi la sombra que atesoras, esa que habita un rincón de tu mente salvaje,…

Mamá Soltera |Colaboración

Por  Justina Melba Benitez Caballero Que importan los rumores Que importa lo que digan Total el cielo y tú saben Que lo hiciste por amor. Nadie dijo que era fácil Ser una mamá soltera Haz de cumplir con dos roles Ser padre y madre a la vez. Debes ser siempre valiente Para enfrentarte al mundo…

Apuntes entre Chamanes y Miedos| Colaboraciones

Por Jenniffer Zambrano Leí Chamanes eléctricos en la fiesta del sol, la nueva novela de Mónica Ojeda, y, entre todo lo que ocurre en la narración, hay un momento que permanece en mi cabeza: la imagen de un agujero formado a causa de las balas. Ojeda poetiza al respecto, diciendo que de él brota luz…

Máscara de la perfección

Por Madelaine BO. En el escenario de la vida, nosotras llevamos una doble máscara de perfección, sonriendo mientras nos ahogamos en expectativas. Detrás de la cortina, nos sentimos impostoras, como si estuviéramos fingiendo ser la mujer que la sociedad espera que seamos. La multitud aplaude, nos felicita por nuestros logros, pero nosotras sabemos la verdad.…

Los árboles y las pantallas que me rodean | La vida adentro y alrededor

Por Mijal Montelongo Huberman Hay un tepozán de metro y medio de alto en una jardinera amplia. Su tronco tiene aproximadamente treinta centímetros de diámetro. No está derecho, tiene una pendiente que después se ramifica en extensiones más delgadas hasta llegar a las hojas de color verde oscuro y con una ligera pelusa. Las venas…

Hoy no voy sola: Misoginia y marchas en San Quintín| Colaboraciones

Por Jaqueline Campos I   Una niña de nueve años me preguntó: Maestra ¿Por qué en San Quintín matan a las mujeres y luego hacen marchas? una pregunta sencilla de hacer y compleja para responder que detona este artículo que intenta responder a dichas cuestiones y derivar a reflexiones en torno a la violencia contra las…

Muy tarde comprendió| Colaboraciones

Por Heidi Carolina Molina Duque (Venezuela) Dos jóvenes yacen enamorados y pasean tomados de las manos, amor eterno se han jurado; pero a uno, el destino ha cambiado. Él aspira casarse y a su novia quiere llevarse, dejarla embarazada desea asegurarse; mientras en la Universidad espera iniciarse. Ella escucha sus planes sus pensamientos estallan cual…

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Conversaciones de madrugada | ¿Dónde estoy? Me perdí

Por: Monserrat Chávez Olivas

Todos los días pienso en mí, yo a los ocho, diez, doce años, la infancia en ruina y hueca que me atormentó. ¿Ustedes piensan en su niña o niño interior? ¿Cómo lo recuerdan? Yo me recuerdo serena, callada y triste.

Pero también me recuerdo ilusa y esperanzada, confiada en que la vida, mi vida, seguiría el cauce común; el trazo que a todo ser humano nos conecta tarde o temprano. Estructura social le llamo, para empezar a nombrar a todo aquello que me sana o me hiere. 

¿Alguna vez haz cuestionado el orden de tus pasos? ¿el destino de tu camino? ¿la razón de tu existencia? Yo lo hice, antes y después de que todo colapsó, lo sigo haciendo unas mil veces por semana y una vez que estás ahí, no hay vuelta atrás. 

Como tú, crecí bajo un modelo educativo sin oportunidad de fracasar, sin lugar para los errores, todo debía ser calculado, maniobrado, controlado de principio a fin, una falla era un castigo seguro; después descubriría que los momentos serían eternos con secuelas en mi cabeza.

Pronto me di cuenta de lo que –socialmente- se trataba la vida. Rendirse ante las circunstancias no estaba permitido, había que esforzarse a diario por ganarse un lugar ¿en dónde? no lo sé, pero luchar y trabajar duro debía ser un lema de vida para alcanzar el éxito ¿qué éxito? tampoco lo sé.

Lo escuché tantas veces alrededor de mis oídos, me lo dijeron tantas veces de tantas formas posibles que olvidarlo me sería imposible, tenía que optar por esa personalidad no había más, el destino se había escrito y yo no podía huir de él. 

Y así me dejé fluir en mis años adolescentes, en mi etapa universitaria. Estudiar, trabajar, comer, dormir, estudiar, trabajar, comer, dormir, estudiar, traba… una y otra vez hasta que la vida me alcanzara a una edad madura y por fin ser merecedora de un digno descanso. 

La piedrita del cuestionamiento me venía incomodando desde meses atrás y como buena bloqueadora de traumas, lo sepulté con kilos y kilos de “pensamientos positivos” y jornadas laborales pesadas, era un bucle sin fin.

Me agotaba vivir sin permitirme validar emociones, evitando los pensamientos, obligándome a continuar en una estructura social que no me hacía feliz. Me repetía una y otra vez “estás bien, tú eres feliz, debes serlo, tú amas esto, no te quejes, vamos por más, vamos por el éxito”.

Éxito ¿qué es eso? 

Las consecuencias de abandonar mi salud mental llegaron, inevitablemente, despertar se volvió un infierno. Me perdí bajo el cumplimiento de un horario laboral en una empresa de comunicación sin prioridades colectivas con metas económicas y un puñado de acoso laboral combinado con violencia psicológica.

Se habían ido las ganas de vivir, de alimentar mi pasión, la depresión se llevó el sentido de mi existencia y me arrojó a una fosa profunda de la que difícilmente podría salir con vida. Se nubló a mi alrededor, no más chispas ni luces, sólo relámpagos ensordecedores y fantasmas pisándome los talones. 

Había caminado por inercia durante meses hasta el día del colapso y me sorprendí al verme ahí, con cientos de pedacitos a mis pies. ¿Cuándo me perdí? me pregunté, me perdí entre las nieblas y no me encontraba. 

Las voces me taladraban día y noche, no lo soportaba más. Ya no me reconocía, ni al verme frente al espejo, quería soluciones para reencontrarme, quería soluciones para detener el dolor en mi pecho y antes de elegir terminar, decidí por romper con este orden social. 

Renuncié a mi empleo, me dediqué más tiempo. Sané la relación con la terapia, que me impulsó a retomar mis anhelos y así me doblegué ante mí, recogí los pedacitos y me reconstruí, saqué de los desechos los sueños olvidados, empecé de cero. 

Hace dos años no hubiese sido capaz de verle continuidad a la vida ni de caminar hasta el sitio donde estoy. No fue fácil pero me ha reconfortado. Desde hace un año vivo bajo mi emprendimiento y eso también me hizo cuestionar. 

Cuestionar lo que nos enseñan desde la infancia, el cumplimiento de reglas sociales para el bien común y no personal. Ahora debo irme, pero les diré que ello no ha terminado y desde que coloqué mi persona como prioridad las dudas ajenas rondan sobre mí.

¿Por qué debía continuar un patrón? ¿Qué es la vida sino más que un cumulo de experiencias entrañables? Entonces ¿por qué moldearse en manos de extraños? Nunca entendía, no entiendo y seguro no lo entenderé.

Pasé años con la idea de salir de la fila, me tentaba el sendero horizontal que se extendía sobre mi vista. Lo dudé, hasta que lo hice. Hasta que mi cabeza se llenó de preguntas y dudas, hasta que no encontré más respuestas entonces fui por ellas.

¿Por qué seguir el orden si puedes escribir tus propias reglas y métodos? Si al final la vida es un instante y la felicidad tan corta. 


Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.


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