Sobre tal vez, mi pequeña gran crisis de los veinte/ De historias que nos hacen

Brenda Garrido Hernández

De alguna forma que no puedo terminar de comprender, llegue a 26 años el pasado mes de febrero. No puedo terminar de entenderlo porque muchas veces pensé en simplemente dejar a un lado esta condición tan caótica y francamente agotadora de estar con vida, pero… aquí estoy, después de 26 años, un mes y unos cuantos días intentando resistir este mar de incertidumbre.
Estoy trabajando en una tienda y seguramente en otras circunstancias, no sería mi primera opción de nada. Lucho con mi tesis a veces con más ganas y otras… simplemente dejo a la desidia ganar, mi futuro profesional es incierto, el familiar es extraño y el romántico no existe.

Vaya extraño panorama…
La mayoría del tiempo desde que empecé los veinte me he sentido más deprimida que en otros años. El sentir que mi vida no va a ninguna parte y que seriamente la muerte no sería un mal plan de retiro temprano, es algo tan constante que francamente se vuelve agotador. No todo ha sido malo, he tenido pausas, en las que la vida no me parece tan mala (la pandemia ha reducido considerablemente esos momentos, pero… existen).

Admito que he encontrado consuelo en las palabras de Guillermo del Toro, resulta reconfortante cuando alguien que parece haber conseguido TODOS los grandes logros te dice que, jamás se había sentido tan acabado, viejo y perdido como cuando estaba en los veintitantos.

Me reconforta pensar que los veinte son esa extraña época en la que generalmente TODOS nos sentimos perdidos, lamento que el posible sufrimiento de otros me resulte un alivio. Y es que de cierto modo la ley te dice que eres un adulto, la gente más vieja quiere que seas un adulto y en cierto modo no estas listo para la adultez, pero resulta que… ya lo eres y no puedes hacer nada para evitarlo.

Es una edad claramente desconcertante, y de repente empiezas a entender un poco al grupo de Friends con sus crisis laborales y existenciales en las que a veces no saben a donde se dirige su carrera o a los de Como conocí a su madre en busca del amor, y como los planes del protagonista se derrumban para luego decirte que “La vida raras veces resulta como la planeas y solo hay que vivir para que las cosas se vayan dando” (o al menos si no es una cita exacta, algo así me parece recordar).

Al final, a pesar de los grandes fallos argumentales que tienen estas dos series (Como Rachel rechazando Paris por mi personaje menos favorito, o el final con el triste destino de la madre) y porque no algunos diálogos y situaciones que nos dan un vistazo a la misoginia pasivo-agresiva que los guionistas dejan traslucir en varios capítulos de estas series, y que tu doloroso, lento pero francamente satisfactorio (a la larga) proceso de deconstrucción ha hecho que sean imposibles de ignorar, hasta hacértelos BASTANTE evidentes.

Lo cierto es que a pesar de sus fallos y aquellos momentos que me hacen enojar, ambas series me resultan reconfortantes, en especial en momentos en los que la tristeza y el sentirme perdida se vuelven mis emociones dominantes. Porque en cierto modo me dicen que «¡Eyy! Todos estamos perdidos a esta edad y vaya que madurar y ser un adulto es un proceso lento y doloroso». Lleno de ensayos y errores, de los que si tienes suerte aprendes cosas que te serán de ayuda y que no importa que tan malo pueda parecer, si tienes amigos todo se hace más… llevadero.

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La luna y sus letras: poesía que marcha

Por Cynthia Elizabeth Morales García

La poesía también denuncia. La poesía también marcha. Juntas este 8M.

AURORAS ROTAS

Cada ausencia es una antorcha

Su nombre es una herida y una pancarta

Mi fuerza es la flecha, 

un espectro morado.

Mis palabras marchan

y arden en el cielo de cemento,

diez auroras hermanas 

mueren ante tus ojos sordos

todos mis días.

Tiembla mi llanto

como un aullido de furia

por las que faltan…

ARDE

Todas

       Nosotras

       Ella

      Tú

      Yo

Para Lizzie.

De mamás luchonas, padres ausentes y pactos entre mujeres

Por Fernanda Loé

A Gaby, que, a pesar de tanto,

 todos los días decide ser mi mamá

Nuestro vocabulario crece todos los días, gracias al ingenio y a la necesidad. Y a la par, la visión que tenemos del mundo se expande a través de nuestras palabras. Pero, así como se nos ocurren nuevos términos para nombrar platillos, actividades no convencionales y medidas de tiempo, también surgen aquellos que enmarcan la realidad social. Hoy quiero hablar de uno que afecta específicamente a las mujeres.

Para dar un poco de contexto personal, yo provengo de una familia liderada por una mujer. Mi mamá es mamá soltera, ella se ha encargado de mi hermana y de mí, toda la vida. Nos ha pagado la escuela, nos ha llevado al doctor, nos ha cuidado y regañado, todo al mismo tiempo que trabajaba, porque era la única responsable de nosotras. Mi papá nunca estuvo presente en mi vida ni tampoco cumplió con la responsabilidad económica que le correspondía, por lo que mi mamá se dedicó a hacer lo necesario para vernos sanas, felices y estudiando.

Y aunque pareciera que todo lo anterior es mero chisme, se relaciona directamente con un término que hoy en día, debido al contexto en que lo usan, me resulta molesto y denigrante. Ese término es “mamá luchona”.

En un inicio, “mamá luchona” se refería a una mujer que se enfrenta sola a la crianza de sus hijos y que por lo tanto tiene que trabajar, esforzarse, para sacarlos adelante por su cuenta, en la ausencia del padre. Sin embargo, este término se fue ridiculizando hasta que se convirtió en una manera más de denigrar a las mujeres que son madres.

En mi caso, veía al término de manera positiva, sentía que reflejaba el esfuerzo que hacen todos los días, mujeres como mi mamá, para ser mamás y al mismo tiempo profesionistas, amas de casa, emprendedoras, etc. hasta que en una ocasión, en plena plática con amigos de la universidad, uno de ellos se refirió a una chica como “mamá luchona” diciendo que salía con muchos hombres diferentes para buscarle padrastro a sus “bendis”, que trabajaba de lo que fuera porque no le quedaba de otra, que ya no era una mujer que ven como pareja deseada porque venía con muchas responsabilidades, entre otras cosas peores.

Me sentí muy mal al escuchar eso, pero me sentí peor porque solo me reí y me fui. Sentí que estaba traicionando a mi mamá, a ella que, en la primaria, aún cuando llegaba cansada del trabajo, se sentaba a revisarme la tarea o a preguntarle las tablas a mi hermana. Que hacía lo posible por comprarnos la mochila que queríamos, los zapatos de moda, juguetes y hasta pagarnos clases de baile, natación o inglés.

Además de todo, hasta los hijos resulta que son llamados “bendis”, acortando el término “bendiciones”, como burla de la decisión de las mujeres de ser o no ser madres, o de su actitud cuando ya lo son, haciendo referencia a que las mujeres ven como bendiciones a sus hijos, sin importar el contexto económico, social e incluso psicológico en el que se encuentren.

Es increíble que en una situación en la que el hombre es el que desempeña el papel de padre que abandona a sus hijos, la pena, la burla y la crítica, recaiga en la mujer que se queda con los niños, se hace presente en sus vidas, los mantiene y los cuida. Siempre, de una u otra manera, es válido burlarse de las mujeres, incluso cuando están en una situación que no depende en lo más mínimo de ellas.

A lo largo de mi vida he escuchado cientos y cientos de personas que opinan de la situación de mi mamá diciendo “bueno es que tú tampoco pusiste de tu parte para que se quedara (mi papá)” o “es que no es que sea malo, simplemente no estaba listo”. La justificación parece necesaria para mi papá, pero para mi mamá, no hay más que cuestionamientos y juicios.

En el caso de mi papá, debemos motivarlo a que tenga una relación conmigo y con mi hermana, hablarle, pero no para pedirle dinero, porque es muy feo demostrar que tiene una responsabilidad económica que no cumple, acomodarnos a cuando él se sienta bien para vernos dos horas aunque sea o comprender que a veces se siente con ganas de ser papá, pero otros días tiene mucho trabajo, está muy cansado o simplemente no tiene ganas de tener hijas.

Para mi mamá, sucede al contrario, ella ha tenido que estar presente todo el tiempo, estar dispuesta a ayudarnos, trabajar, pero no actuar como mamá que trabaja (“desobligada”), asistir a las juntas de la escuela, comprarnos los útiles, checar que esté al día nuestra cartilla de vacunación, contratar la botarga para nuestras fiestas de cumpleaños, hablarnos sobre temas difíciles. No tiene días de descanso, nunca debe dejar de sentirse agradecida por ser mamá y tampoco puede decidir no hablarnos o no asistir al festival del día de las madres.

Aunque a veces queramos, no podemos fingir que el problema es con todos. Las mujeres siempre llevan la de perder. Y eso se transmite de generación en generación. Recuerdo que en una clase en la preparatoria nos hicieron levantar la mano a todas las chicas que éramos hijas de mamás solteras o que por alguna razón no teníamos presente a nuestro padre. Automáticamente nos dijeron que estábamos destinadas a buscar la aprobación masculina, que no tuvimos, en todas las relaciones amorosas que entabláramos a lo largo de la vida, lo cuál nos hacía más propensas a soportar abusos.

Así de rápido y fácil me di cuenta que con eso me estaban diciendo que, así como mi mamá tuvo que luchar contra el mundo para criarme, yo tendría que luchar no sólo contra los demás, también contra mí misma, por culpa de un señor que no quiso ser mi papá. Cabe mencionar que no estuve dispuesta a aceptarlo.

Esa broma que comenté anteriormente, fue la última vez que permití que alguien usara ese término de manera despectiva en mi presencia. Tal vez no parezca mucho, porque no es algo que afecte a millones de personas, pero para mí significa que, en lugar de tener un pacto patriarcal con hombres que son padres ausentes, parejas violentas o abusadores, hice un pacto con mi mamá. Hice la promesa de reusarme a repetir esos chistes machistas, de no reírme de comentarios que hieran a mi madre y a tantas madres solteras que existen en el mundo y de dejar de justificar a los hombres irresponsables que convierten a esas mujeres en madres solteras.

Yo sé que existen muchas realidades diferentes a la que yo vivo, situaciones donde hay padres amorosos, presentes y responsables, madres solteras que lo son por decisión, padres que crían a sus hijos solos, etc. Pero por algún lugar se tiene que empezar a acotar, y qué mejor que partir de mi situación para tratar de transformar el entorno, para usar las redes sociales bajo mis términos, para tener pláticas entre amigos en las que no se tenga que denigrar a nadie a costa de una carcajada. Para  ver a mis profesoras, compañeras, amigas, tías, etc. más allá de las “obligaciones” a las que la sociedad nos encadena sólo por ser mujeres.

Y, sobre todo, quería que esta fuera una carta de amor a las mujeres que conozco, y también a las que no conozco, que se han enfrentado al mundo solas, llenas de miedo, pero con toda la entereza que se necesita criar a sus hijos. No cubriendo, sino eclipsando el papel de un papá que no fue papá, sólo progenitor. Y echando el mundo a andar para niños que, como yo, defienden y admiran a las mujeres que decidieron quedarse, estar, ser. Que nos dieron identidad, apoyo, estructura y amor.

El mundo existe gracias a ustedes y no deja de existir nada más porque ustedes deciden levantarse un día más, salir a trabajar, generar dinero, sostener a su familia y abrirse un espacio en este país que se esfuerza por voltear la mirada y cerrar puertas, ataúdes, fosas. Gracias por ser “mamás luchonas”, las admiro, las respeto y las defiendo.


Hablé de vos, de mis ansias

por Karen Delgado

esa vez que te vi tenías algo en la mirada parecía que habías olvidado mi interior y encontraras un fantasma que se toca y tiene sombra mientras sostienes la mirada fría de algo que se asemeja al amor pero no sabes decirlo a pesar que sabes que me perteneces por tener la misma respiración en otro cuerpo (cualquiera, en realidad).

yo solo quería besarte por todas esas veces que tuve que imaginar que acariciaba tu espalda y luego morder mi mano pensando que eran tus labios sin pensar que estaba cayendo en la locura de extrañar a alguien que nunca probó un beso mío y luego traté de escribir tu nombre en todos lados para no olvidarlo aunque yo no sabía cuál era y solo eran palabras al azar que tenían mucho sentido en algún universo

ya nada importa ni el tiempo ni nuestra casita en el suelo donde éramos la tierra que se mezclaba con el polvo en donde seguramente teníamos el mismo deseo: nosotros comiendo una salchipapa mientras el mundo sigue en guerra

¿Qué se hace cuando ya no hay miedo?


Karen Delgado, estudiante de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México.

A trasluz

A trasluz mis huesos
las venas que transitan
el color de mi sangre
la carne y la tripa.

A trasluz mis sueños
mis historias que trepidan
el olor de mis cumbres
la lágrima y la risa.

A trasluz instantes
develan fotografías
figuran secretos
delinean mi sombra.

A plena luz
fantasma
y mujer.

A plena luz
palabra
piel
 y suspiro
que se muestra.



Arte: Girasol

Autor: Ña Maga

Técnica: Gises pastel y café sobre papel

Conversaciones de madrugada | Encanto: el realismo cotidiano de una sociedad latinoamericana

Por: Monserrat Chávez

El perfil psicológico de los personajes dentro de una ficción, nos puede decir mucho sobre las sociedades y culturas a las que representa o intenta representar y también es importante que como individuos reaccionemos a ello.

Se ha señalado en distintas ocasiones que las películas animadas no son [en su mayoría] para el público infantil, por su carga psicológica y emocional; Encanto es una de ellas.

No sólo hace visible la estructura interna de una comunidad, también toma prestadas simbologías y referencias que caracterizan a un país o continente.

_ Las heridas de la familia Madrigal

Los senderos construidos por antecesores nunca serán fáciles de atravesar, porque yacen sobre promesas, milagros deseados y una espera inconclusa. Pertenecer [deseado o no] a una familia siempre traerá consigo una carga que difícilmente podrá ser evadida; pero hay opciones.

La familia M. es una imagen bien descrita de las estructuras en Latinoamérica, aquellas que su base consiste en transferir las luchas de un colectivo a una cabecilla que, obviamente, tendrá una función obligatoria y de no cumplirla, las consecuencias serán severas [y la culpa también].

Antes de desenvolver esta cuestión, sabemos que lo ficticio es eso: una inspiración del mundo material pero a fin de cuentas irreal. Sin embargo, eso no elimina el hecho de que tras sus guiones o escrituras el objetivo es desentrañar las mentes de los espectadores con cuestiones sobre lo que acontece dentro de la cotidianidad.

Así que, no es sólo una película animada, es una historia [cómo otras tantas] que recurre a las tradiciones y culturas de una sociedad. Y que, como consecuencia, reavive la ola de reflexiones y cuestionamientos que permanecen a su alrededor en tiempo indefinido.

La Abuela, Mirabel, Luisa, Isabel y Bruno que a consideración propia, son los ejemplos de personalidad más normalmente enjuiciada dentro de las realidades familiares. Por qué sí, estos perfiles son más comunes, pero es insólito como las reacciones de rechazo son aún más cotidianas.

Las hermanas Madrigal arrastran no sólo la responsabilidad de mantener con vida la herencia familiar, sino, demostrar que son merecedoras de sus habilidades y con ellas, la obligación de beneficiar a su estructura interna y externa.

Y es justo la Abuela la iniciadora de estas dinámicas dentro de su familia, pues las heridas sin sanar dentro de sí no le han permitido ejercer una crianza sana entre sus hijas/o y nietas/os.

Aunque no es totalmente responsable del dolor que guarda con recelo, si lo es de las decisiones que no sólo puso en peligro la integridad física y emocional, sino de la naciente rivalidad entre los miembros.

El trabajo emocional incumplido traspasó a sus hijas y a su vez, a las nietas. Empecemos por Mirabel, su curiosidad por el mundo que le rodea es el equivalente a su juventud; el miembro de la familia que rechaza las imposiciones y busca no cambiar, sino incluir nuevos parámetros.

Estas identidades dentro del realismo siempre serán vistas como la rebeldía encarnada, más aún si se descubre en épocas actuales. El mundo es un constante cambio e impedirle a las juventudes la búsqueda de su propia voz es un acto imprudente y hasta ilógico.

Lo ideal sería acompañarlas sin un escarmiento como fin, pero Mirabel se ha privado de estas oportunidades y en su lugar, ha descubierto el rechazo pasivoagresivo. Su cansancio [entendible] la lleva a buscar aliadas y aliados, pero los resultados a veces son impredecibles.

Luisa e Isabel son el inicio de su búsqueda; la primera sobrecargada de responsabilidades colectivas y personales, la segunda con una identidad oculta para seguir el cumplimiento de expectativas ajenas que la hacen renunciar a su propia felicidad.

Evitablemente, las acciones [no malignas] de Mirabel tienen como consecuencia una siembra de dudas en el sentir de sus hermanas. Luisa no se abalanza sobre su hermana menor, busca sus propias respuestas a base de la reflexión intrapersonal.

Sin embargo, es Isabel quien intenta responsabilizar a Maribel de sus dudas y de lo acontecido alrededor de la familia. No sólo eso, sino que la orilla a disculparse por algo que nunca estuvo bajo su control y que son responsabilidad de otros.

Y regresando a la abuela, podemos señalar que sus constantes comparaciones hicieron que en algún punto naciera la rivalidad entre las hermanas menores. Ahora, yo te pregunto a ti ¿te suena algo de esto? ¿Algo que haya sucedido en tu vida familiar?

Regreso al inicio, Encanto es la representación de la familia promedio en Latinoamérica y más continentes pero cómo su trama se desarrolla en un país latino, centrémonos en eso.

Familias que transfieren sus creencias de generación a generación, avivando la rivalidad entre miembros, apostándole al silencio ante situaciones importunas, viviendo bajo una mentira a medias todo por el bien común, nunca el individual.

Aquí mi interpretación: “No hablar de bruno” es desalentar los procesos y métodos renovados que le proporcionan frescura a algo, pues bajo la creencia de que esas figuras no proporcionarían los mismos resultados se prefiere acallar de tajo y de ser posible, evitar el/la autor/a intelectual.

¿Qué representa la magia? Me resonó mucho cómo la Abuela en el intento desesperado por tener bajo control todo, le miente a un pueblo completo fingiendo tranquilidad; cuando ella y el resto de los miembros conocen la infortunada realidad.

Me resonó por la simple razón de que, es el mismo modus operandi de los secretos familiares, aquellos que ocultan tras las paredes verdades dolorosas y actuares dañinos. La o las persona/s son conscientes de la realidad, pero eligen mentir socialmente.

Y ¿Por qué eligen mentir? Por muchas razones, para mantener la imagen pura, mantener el control, evitar desertores/as, evitar la intrusión, proteger a quien cometió el acto, etc. Son infinidad de motivos que nunca serán justificables pero no se han de esfumar.

Me parece que la sociedad hispana ha sido representada, aunque no sé si generar estas reflexiones era la intensión. Pero aparte de las características familiares; la diversidad étnica, corporal, lingüística y cultural tuvo muchos aciertos.

Podríamos hablar de cómo muchas niñas, adolescentes y jóvenes adultas se han visto reflejadas en los personajes femeninos, al menos a mí me queda claro el mensaje de la importancia de mostrar las distintas formas naturales en los seres humanos.

_Referencias

En Encanto podemos apreciar una infinidad de referencias latinoamericanas o propias de Colombia, país en dónde se desarrolla la historia; paisajes, vestimenta, diversidad étnica, gastronomía, eventos sociales y políticos, etc.

Pero quiero mencionar dos acontecimientos que atrajeron de inmediato mi atención. El realismo mágico que ha caracterizado a Colombia dentro del mundo literario y cinematográfico y el escritor García Márquez, quien se le considera precursor de este género.

El primero de ellos representado a través de los dones mágicos de la familia madrigal y los hechos que les acontecen. Y el segundo, lo vemos representado en las mariposas amarillas que se avistan en dos momentos: cuando la abuela y su esposo se conocen y durante la reconciliación familiar.

_ ¿La familia es familia después de todo?

No.

He aquí porque en insistir que las películas animadas no son sólo películas animadas y porque la trama argumentativa es tan importante; tanto que tocó una fibra delicada en muchas personas [millenials en su mayoría].

Educados bajo la creencia de que la familia lo es todo y todo se le perdona, hemos normalizado actitudes cuestionables y violencias que en realidad podrían convertirse en delitos pero los dejamos pasar considerando de quién/quienes viene.

En esta cultura [no propia de occidente] el perdón es la virtud más importante y la única vía de la sanación inter e intra personal. Y el perdón es una característica más de la familia Madrigal… bien representada ¿no?

Pero estas imposiciones con las que crecimos no son más que manipulaciones que provocan daños psicológicos, por qué al final la familia no es familia si hiere, golpea y duele. Y nadie debería ser obligado a perdonar lo que pone en riesgo su autocuidado.

Por eso el mensaje final de Encanto es de pensarse dos veces. Es decisión el método al que se llega a la sanación individual pero es preciso señalar que los vínculos familiares también pueden romperse cuando no hay acciones y palabras hechas desde el respeto y consideración.

Si llegaste hasta el final de este análisis hecho ensayo, te lo agradezco muchísimo. Me gustaría que compartieras tus opiniones y si coincides en esta reflexión. Por último me gustaría hacerte una pregunta ¿cuál es el don de Mirabel?

Hace unos días leí el comentario de una amiga, argumentaba que el don era el cuidado, atención y protección a las infancias. Y coincido con ella. Porque la paciencia y amor hacia los pequeños es un don con el que pocos nacen.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

50 sombras de morado | Violencia en la pareja, o aguas con las banderas rojas.

Por Irene González.

Hablar de abuso es meterse en un tema muy complejo y extenso, pero empecemos por mencionar que el abuso dentro de las relaciones románticas no es un monstruo de una sola cara. Aunque se asocia fácilmente a la violencia física, existen en cambio múltiples manifestaciones de violencia que pueden darse entre una pareja, algunas de ellas menos obvias, reconocidas o discutidas, pero no por eso de menor importancia.  

Saber identificarlas resulta clave en el combate contra el abuso. Por ello, aquí mencionaremos algunos de esos otros tipos de violencia, y ejemplos de conductas abusivas que bajo ningún concepto deberían normalizarse. 

Violencia económica 

De acuerdo con el portal de la ONU Mujeres, la violencia económica consiste en intentar ejercer control sobre el poder financiero de la pareja y volverla dependiente. Ejemplos puntuales son los siguientes: 

  • Prohibir a la pareja ejercer una actividad laboral o educativa.  
  • Exigir la administración exclusiva de los recursos económicos y bienes en conjunto. 
  • Demandar rendición de cuentas sobre cada gasto que se realiza, incluso si se hace con recursos propios.  
  • Restringir a la pareja el uso u obtención de medios financiaros personales como pueden ser cuentas bancarias, tarjetas de débito, crédito, etc.  
  • Amenazar con restringir o quitar en su totalidad recursos y/o bienes.  
  • No pagar una pensión alimenticia.  
  • Tras limitar las posibilidades económicas y de desarrollo de la pareja, entregarle una pensión mínima e insuficiente.  
  • Disponer del dinero de la pareja, o de ambos, irresponsablemente y sin aprobación o conocimiento del otro.  

Violencia sexual  

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La Organización Mundial de la Salud estima que cerca de 641 millones de mujeres en el mundo sufren violencia física o sexual por un compañero íntimo. Este problema es particularmente agudo en los países menos desarrollados, donde se calcula que el 37% de las mujeres lo padece o ha padecido.  

Conductas abusivas de este tipo en una relación romántica incluyen: 

  • Ignorar negativas a iniciar cualquier tipo de acto sexual.  
  • Chantajear, amenazar o manipular a la pareja para iniciar, continuar o terminar un acto sexual.  
  • Reaccionar de manera agresiva o colérica ante una negativa. 
  • Esperar y/o demandar un acto sexual como retribución. 
  • Forzar cualquier tipo de interacción sexual, desde caricias hasta la penetración.  
  • Exigir, chantajear o manipular a la pareja para realizar prácticas sexuales no deseadas. 
  • Negativa a utilizar preservativos o intentar controlar el uso de anticonceptivos en la pareja.  

Violencia emocional 

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Es un tipo de violencia compleja y más fácil de invisibilizar que va desde críticas y humillaciones, hasta fenómenos como el gaslighting. Se vale más del abuso verbal, el ataque a la autoestima de la pareja, el aislamiento, la manipulación, el chantaje, etc. Puede ser la única forma de abuso dentro de la relación o eventualmente evolucionar hacia otros tipos de violencia. Se suele dar, además, de forma gradual y sutil, por lo que la víctima podría normalizar estas conductas.  

  • Hacer menos con el fin de mostrarse superior: “mi trabajo es más importante”, “tú no sabes nada”, “se te da pésimo esto”, “deberías agradecerme por lo que tienes” 
  • Buscar ejercer control sobre aspectos como la vestimenta, hábitos, amistades, etc: “¿a dónde vas con esa ropa?”, “que dibujes es una pérdida de tiempo”, “no puedes verte con tus amigos” 
  • Chantaje emocional como método de manipulación, especialmente para crear un sentimiento de culpa en el otro.  
  • Priorizarse en la relación y buscar que la pareja se ponga a sí misma en segundo plano siempre.  
  • Celos excesivos y conductas posesivas. 
  • Monitorear y/o controlar sus comunicaciones, interacciones en redes sociales, búsquedas en internet, etc.  
  • Críticas al físico y/o a la personalidad de la pareja: “deberías operarte los pechos”, “¿por qué no has perdido el peso del embarazo?” “eres demasiado aburrido”  
  • Hacer de menos los logros personales. 
  • Manipular familiares o amigos en su contra.  
  • Amenazas e insultos.  

Existen otros tantos tipos de violencia que pueden surgir en el contexto de las relaciones románticas. Aunque las víctimas no son exclusivamente mujeres, sí son estadísticamente el grupo que más lo padece. Dentro del marco de una sociedad machista está tan normalizada la figura de la mujer como víctima que en los casos donde el hombre es agraviado se ridiculiza, menosprecia e invalida su experiencia.  

Reconozcamos la importancia de difundir información oportuna y certera sobre el abuso dentro de la pareja, aprendamos al respecto para identificar las señales en relaciones propias y de nuestros allegados con el fin de detener a tiempo el maltrato. Violencia es violencia, sin importar la manera en la que se manifieste.  

Para más información puedes visitar las siguientes ligas: 

http://cedoc.inmujeres.gob.mx/documentos_download/100790.pdf 

https://www.unwomen.org/es/what-we-do/ending-violence-against-women


Irene González estudió la licenciatura en Arte y Animación Digital en el Tecnológico de Monterrey. Graduada del Diplomado en Literatura y Creación Literaria por “Literalia Editores”, fue miembro del círculo de escritores tapatío “El Jardín Blanco”. Ganadora del primer y tercer lugar en cuento en el “Concurso Nacional de Literatura del Tecnológico de Monterrey” 2011 y 2014 respectivamente. Finalista en el concurso internacional “Novelistik de Ciencia Ficción” 2016. Ha publicado en diversos medios digitales e impresos, incluyendo “Sirena Varada”, “En Sentido Figurado”, “Teresa Magazine”, “Quinde Cultural”, el periódico “La Jornada” y en su blog personal “Dystopian Fantasy”.  

Instagram: @r.irenegon 


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Entre Caos Poético y Textos perdidos | La Conocida Imperfecta


Por Elizabeth Vázquez Pérez

He tenido pocas veces que decidir, sí ,porque a lo largo de la vida se van conociendo a personas y vas creando un lazo de amistad. Lo más gracioso es que en esa oportunidad la duración de la misma juega un papel importante en mi ya que pareciera que tiene caducidad y se echa a perder .

Todo es miel sobre hojuelas gracias a mis consejos  y a lo sarcástico que puede ser el asunto entre platica y bromas todo funciona muy bien. Basándome en los consejos hace no mucho le hice una pregunta a un amigo del porqué siempre me pedían consejos las personas y su contestación fue espeluznante: «Porque te ven como figura moral para ello». Quedé aterrada pues no me considero así ,puesto que siempre hay personas mejores y a la vez debemos pensar que somos los mejores.

Fue entonces cuando caí en estado de hartazgo sobre mi oído al escuchar a la conocida Imperfecta en turno. Tuve paciencia y supe ser lo mejor que pude como amiga ante lo que creí que era después de mucho tiempo al tener un confidente por chat ante la pandemia . Pasamos por cosas buenas que nos hicieron reír y aconsejarnos siempre, empecé a confiar más no fue suficiente porque el tiempo nos esfumó. No sé qué pasó, le pregunté y no tenía tiempo de estar. No fue suficiente el preguntar el porqué hasta que deje de darle Play.

Aquí comprendí que la conocida Imperfecta era yo, no sabía que aconsejarme.

Y es que en realidad no somos indispensables somos tiempo, un reloj de arena cambiante que nos reta a seguir buscando, nuestro tiempo se acabó. 

Pasó de todo en ese duelo hasta que encontré algo que me hizo reflexionar y fue precisamente en Instagram que un escritor español hacía una dinámica con sus seguidores invitándolos a exponer algún problema y entre todos darían soluciones y así es como cada persona recibiría el apoyo en un contestón automático donde me animé a participar. La respuesta fue inmediata y asertiva en mi caso, dejar pasar. Ya era tiempo de respirar y buscarme a mi misma. 

El proceso fue confuso, tuve miedo al apego emocional, arrepentimiento y remordimiento por alejarme, nostalgia; ella no debía saber que me había lastimado. El tiempo fue el aditamento que me llevó a buscar refugio en lo que más me llena en la vida: escribir. Tomé un lápiz, un whisky y hallé la respuesta. Acabé con el martirio psicológico

Encontré que el mejor consejo cuando se está en soledad es reconocer y escuchar al tiempo que dice todo, que da una lección que hay que atender. Nosotros somos portavoz de disparates que él mismo ordena y todos somos desconocidos imperfectos demostrando lo que somos al final de la historia, un bonito recuerdo o una pesadilla aterrante en la memoria de alguien más.

Elizabeth Vázquez Pérez escribe desde siempre en la ciudad de Puebla, México. Estudió en el Instituto García de Cisneros y en la facultad de Contaduría Pública en la BUAP (2002).
Estudió ensayo literario en la Secretaría de Cultura del gobierno del Estado con el autor José Luis Dávila (2019-2020). Ha publicado en revistas electrónicas: revista Hilal Puebla (ensayo Un vicio silencioso, 2020), Revista Foco Literario de Argentina (poesía, Haiku 2021) y Caracola Magazine en México (poesía Degustación, ensayo "Solo ellos pueden hacerlo" , relato " Dos por un cuarto de hora", 2021), editorial CEA España (retos escritura 2021,haiku) , ha publicado en Poesía de morras , Revista "El Cisne"(poesía) Participó en el concurso de Poesía de editorial JBernavil España (2021) con poema MI VOZ,MI VOLUNTAD
Apasionada, creativa, no sabe quién es, le gusta escribir. No anda en busca de estilo, sino de reto
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Puedes encontrarla en :

Conversaciones de madrugada | Lo que no se dice sobre el cuidado animal

Por: Monserrat Chávez

Tengo un par de meses haciéndome la misma pregunta, diciéndome las mismas palabras que en el momento no fueron una obviedad para mí ¿por qué? Por qué no lo pensé. Nadie te habla sobre las responsabilidades y esfuerzo que conllevan el educar, cuidar y querer a otro ser vivo pero en cuatro patitas.

El porqué: No recibimos educación sobre el correcto cuidado de los animales, en general. Y como no es parte fundamental de un plan de estudio y de la vida, como humanos se nos ha hecho tan fácil domesticarlos cuándo la realidad es contraria.

Hace nueve meses adopté a un husky; estaba chiquito y panzoncito cuándo lo recibí. No pensé en la gran responsabilidad que trae consigo un perro, de hecho no pensé en nada para ser honesta, sólo en lo bonito que sería, lo divertido que iba a ser sacarlo a “pasear” y lo feliz que seríamos.

Uy…

Cada mes me doy de topes contra la pared porque a veces creo que, mi labor como cuidadora queda mucho a deber y sé que no soy la única con esos sentimientos dentro de sí. Pero, vamos por partes y antes quisiera aclarar que NO soy experta, no estudié ni me dedico al cuidado animal ni tengo conocimientos médicos, lo aquí relatado es bajo experiencia propia.

Durante estos meses, Lucas y yo hemos compartido muchas vivencias, algunas muy bonitas y otras desagradables. Las más mínimas como alimentarlo, jugar con él, dedicarle tiempo, muestras de cariño hasta enfermedades, preocupaciones por su estado de ánimo, el odio ajeno y las dudas permanentes.

Entre el deseo de querer a un ser vivo como acompañante a realmente tenerlo a tu lado, hay una gran diferencia que nadie, en verdad nadie analiza… hasta que sucede y no sabes cómo actuar, porque de nuevo: nadie te lo enseña.

Bueno, para mí las cosas más básicas como alimentarlo, jugar con él y pasear se fueron dificultando conforme avanzaron los meses, él crecía y requería más atención. Y crecer significa tener distintos comportamientos considerando su raza; ni pensar en los días delicados de su enfermedad y que dejó secuelas en él.

¿Qué haces si tu perro no quiere comer? ¿Optas por entregarle comida hecha? ¿Qué haces si comienza a ser agresivo? ¿Qué haces si de repente te muerde para pedir algo? o porqué es su forma para apropiarse de algo ¿Lo regañas, le gritas, le pegas? ¿Qué haces si es más fuerte que tú al caminar? Y si tiene frío, si tiene hambre, si le duele algo ¿Cómo lo sabes?

Y a veces me digo a mí misma, “qué bueno que decidiste no tener hijos, porque no sabrías cómo actuar, qué bueno que no tienes hijos, porque aunque hayas ido a terapia quedaron secuelas de la dura educación y castigos que recibiste de niña y que tu perro te hizo recordar”.

Tú ¿te haz hecho la misma pregunta? Gracias a la terapia, sabemos qué está mal y los patrones no se deben de repetir, pero que impactante me parece que cuándo estamos bajo una situación de descontrol e ignorancia, nuestra primera reacción es la violencia; esa que normalizamos por generaciones.

Y que de forma lamentable, la perpetuamos con [hijas/hijos] o [animales].

Que bajo la desesperación y la necesidad de poder, dejamos que nuestras “mascotas” hagan lo que quieran sin enseñarles límites. Que por la escasa información sobre el cuidado digno animal elijamos la opción que a juicio propio es mejor para nuestros animales, sin pensar en las consecuencias positivas o negativas.

Y que excusados de esa falta de educación, no nos hagamos responsables de lo ocasionado y de quienes al final, son los beneficiados o afectados.

Hace unas semanas le platiqué mis pensares y preocupaciones a una amiga veterinaria, coincidimos en que, efectivamente, no hay instituciones dedicadas a este tipo de educación. Creemos que debería existir o mínimo, antes de adoptar o elegir a un compañero/a informarnos sobre sus necesidades y riesgos.

No es comparación pero ambos requieren cuidados – las infancias y animales son seres vivos que merecen respeto y amor, cómo adultos debemos ser capaces de brindarles seguridad y velar por sus derechos-

Más aún sí como especie hemos decidimos domesticarlos; porqué nosotros como humanos vivimos en superioridad y elegimos quienes son dignos de entrar a nuestra casa y quienes de ser una comida. Y esas decisiones *cuestionables* traen consigo mucha responsabilidad que pocos están dispuestos a asumir.

Es cierto que, no hay un manual ni se nos enseña a cuidar, a educar, a escuchar, a alimentar, a criar en un entorno digno y saludable. No se nos enseña a ser uno con el otro y entender sus necesidades y sentir.

No podemos ser perfectos en un mundo de imperfección, pero si podemos cambiar lo que somos y damos a otros con pequeñas acciones y el cuestionamiento respetuoso.

Recordar que los animales no tienen [aún] la capacidad de hablarnos con palabras, no nos exonera de respetar sus derechos. Al final, creo que la clave es la empatía y voluntad por servirles a ellos, como ellos a nosotros cuándo se transforman en luz en medio de la oscuridad.

Monserrat Chávez Olivas. Licenciada en Ciencias y Técnicas de la Comunicación.

He laborado en distintos medios de comunicación en la ciudad de Durango, como El Sol de Durango, Radiofórmula, Periódico Contexto, Enlace conexión entre culturas y DurangoPress, así como en la ciudad de Tijuana, Baja California en la televisora PSN.

Me he desempeñado como reportera, redactora web, videografa, editora de vídeo y fotógrafa.

También he laborado en el área de Comunicación Social como en el Instituto Municipal de Arte y Cultura, Feria Nacional de Durango y en campañas políticas.

He sido participante de distintos talleres y diplomados de periodismo y creación literaria, pero los más importantes para mí y mi formación ha sido el Diplomado de Creación Literaria organizado por el ICED, mismo que se llevó a cabo durante el 2019 en el CECOART.

También, durante noviembre de 2020 fui participante del V Campamento Literario: El ejercicio novelístico del noreste de México.

Rinoplastia

Nitz Lerasmo

Sara entra al consultorio con la cabeza agachada. Cierra la puerta detrás de ella, esforzándose por no perturbar el silencio del lugar. Con un gesto cordial, el doctor Mendizábal la invita a sentarse en una silla. Él lee con atención el historial clínico de Sara que previamente le ha pasado una enfermera. Mientras el doctor lee las páginas, Sara mira por la ventana del consultorio. Afuera, la Ciudad de México ofrece su ruido y su polvo a los turistas extraviados. Cuando el doctor Mendizábal termina de leer, mira a la joven y le obsequia una sonrisa ensayada, profesional.

―¿Qué puedo hacer por usted, Sara?

―¿No lo ve, doctor? Es mi nariz.

―¿Qué tiene su nariz?

―Es la nariz de un koala, doctor. La nariz de un koala puesta en un rostro humano.

―No entiendo. ¿Qué quiere decir con nariz de koala?

―Supongo que en su vida habrá visto a algún koala, doctor. Por ejemplo, en un documental de National Geographic. O en una postal de Australia, quizá.

―Conozco a los koalas, Sara.

―Son marsupiales tiernos y tontos. Tienen un sentido del olfato muy desarrollado. Sus narices rectangulares les permiten detectar toxinas en las hojas de eucalipto. Así evitan comer aquello que podría matarlos.

―Ajá.

―También pueden olfatear el rastro de otros koalas. Mi nariz es como la de ellos, doctor. Me refiero solo a la forma… Yo no tengo un buen olfato.

―Entiendo.

―A veces, para eliminar las espinillas que me brotan como hongos, me unto en la nariz una mascarilla negra, de carbón activo, que estuvo muy de moda hace un tiempo. Es ahí donde mi nariz cobra un aspecto más, digamos, más…

―Más simiesco.

―No, doctor. Koalesco. De marsupial austral.

―Entiendo. Pero pudo ser peor. Al menos su nariz no es un reloj de sol mal encarado.

―Ni un elefante boca arriba, ni una pirámide de Egipto. Supongo que hay peores casos que el mío.

―¿La señorita lee a Quevedo?

―No me diga señorita, doctor. Es machista de su parte.

―No quise ofender.

―No me ofende. Y leo de todo, doctor, aunque haya estudiado derecho. Claro que lo hice más por presión familiar que por voluntad propia. Yo hubiera querido estudiar literatura o filosofía o artes pero no derecho. Aquí la verdadera pregunta es por qué un médico es docto en el Siglo de Oro, ese siglo que, según dicen, tenía más oro en las arcas que en las letras.

―Porque amo la poesía. También amo mi profesión pero digamos que me casé con la medicina y practico el adulterio con la poesía.

―Su metáfora de infidelidad es trillada. Pero entiendo su punto.

―Tiene usted razón. No soy muy original.

―Yo tampoco lo soy, a decir verdad. Me reprocho este deseo de querer tener una nariz de molde. Una nariz prefabricada que aparece en portadas de revista, nariz de escaparate, nariz de publicidad televisiva. Donde sea que usted mire, aparece la misma nariz modelada por el mismo Cirujano-Dios. Es por eso que me siento como en un cuadro de Remedios Varo.

―¿Cómo dice?

―Que me siento como en un cuadro de Remedios Varo. Uno que se llama “Visita al cirujano plástico”.

―Creo que no lo conozco.

―En el cuadro aparece una mujer cubierta con un velo. Ella está tocando el timbre de una clínica de cirugía plástica. Como el velo es bastante trasparente, puede observarse que la mujer tiene una nariz puntiaguda, superlativa, de espolón de galera como decía Quevedo. La clínica tiene una vitrina donde se exhibe el cuerpo desnudo de una mujer con cintura de avispa y tres pares de senos. En la vitrina reza una leyenda: “Superemos a la naturaleza”.

―Qué interesante. ¿De qué año es la pintura?

―De los años cincuenta o sesenta. En fin, no tiene importancia. Aunque me reprocho mi deseo, heme aquí, frente a usted, rogándole una cirugía plástica.

―Sí, mejor volvamos a lo que nos concierne. Hábleme de sus motivaciones y expectativas sobre la cirugía, Sara. ¿Qué espera de ella?

―Ser bella, doctor. ¿Acaso no todas sus pacientes esperan lo mismo? Las mujeres que venimos aquí buscamos seguir el canon a rajatabla, queremos olfatear el mundo con la nariz recta y respingada, ansiamos tomarnos fotos desde cualquier ángulo y sentirnos plenas. Elegancia y turgencia es nuestro lema. Y, claro, también espero gustarle a él.

―Entonces el corazón de Sara tiene dueño. Y yo que quería animarme…

―Déjese de coqueterías, doctor. Ya no está en edad para eso.

―Disculpe, no quise ofenderla.

―No me ofende. Y tampoco mi corazón tiene dueño. Al menos no todavía.

―¿Entonces quién es él y por qué no la busca? ¿Por qué no va corriendo hacia usted con los brazos abiertos? Tal como lo haría yo si fuera más joven…

―Absténgase de piropos, doctor.

―Disculpe.

―Él es el hombre por venir, el hombre hipotético. Es el ideal, doctor. El que me amará incondicionalmente, por sobre todas las cosas…

―Entonces a él no tendría que importarle su aspecto físico. Digo, si es tan incondicional como usted dice.

―No le importará, doctor. Pero primero debe enamorase de mí. ¿Y cómo se enamorará si no es por mi aspecto físico? Puedo ser un sol por dentro pero guardarme toda mi luz. La belleza será el espejo que refleje mis rayos.

―La entiendo y no la entiendo.

―No importa que no entienda. Yo tampoco me entiendo. ¿Lo ve? Vivo de mis contradicciones.

―Sea como sea, es mi deber informarle sobre algunos riesgos postoperatorios que conlleva la rinoplastia.

―Soy toda oídos.

―Después de la operación puede haber complicaciones respiratorias, sangrado constante o infecciones nasales. Incluso, en casos extremos, puede perder el olfato.

―La vida es un riesgo, doctor.

―Habla con la voz de la juventud. El menosprecio por la vida caracteriza a esta nueva generación.

―También su generación despreció a la vida. Impunemente contaminó el aire, el suelo, el agua y con ello envenenó a todos los seres vivos. Y ahora, esta juventud que usted critica, esta juventud desvalida e intoxicada, se entretiene encontrándose defectos físicos y pagándole a cirujanos plásticos como usted para que remedien la poca autoestima que nos queda.

―Bueno… Solo quería informarle de los riesgos de la operación. Por supuesto que yo me aseguraría de que nada malo le sucediera a esa carita tan coqueta. Haría mi mejor esfuerzo por usted, Sara.

―Es lo menos que puede hacer. Le estaría pagando, ¿no?

―A veces es usted muy brusca.

―Yo diría que soy muy directa.

―Y maleducada.

―Pero le hablo de usted, ¿no?

―Sí, pero uno puede hablar de usted y ser grosero.

―Como sea.

―En fin. Veo que tiene un mentón pequeño, Sara. Un mentón pequeño da la sensación de que la nariz es más grande. Si quiere también podemos realizar una cirugía para aumentar el tamaño del mentón.

―Yo siempre creí tener un mentón normal, doctor. Gracias por acomplejarme aún más.

―Solo era una sugerencia, no quise molestarla.

―No se preocupe. No me molestó. Sé que no soy muy bella.

―Se equivoca, Sara. Usted es tan joven y tan bonita. Esos ojos como chispas, como pavesas ardientes, como ámbar que refulge bajo los rayos del sol…

―¿El doctor es poeta?

―Poeta es decir mucho. Yo no sería tan narcisista para adjudicarme ese título. Pero algunas veces escribo versos, cuando me llega la inspiración. Así como usted hubiera querido estudiar literatura, yo hubiera querido ser poeta.

―Pero ni usted ni yo somos lo que queremos.

―Así es la vida. La gente se enferma y necesita médicos, no poetas. Aunque la poesía bien podría ser la cura del alma.

―O la poesía podría ser una enfermedad. La única enfermedad irresistible.

―Tiene usted opiniones muy lúgubres.

―Es de familia. También lo es la nariz. Muchos de mis familiares tienen esta misma nariz de marsupial. A veces me gusta especular sobre mi árbol genealógico. Siempre llego a la conclusión de que quizá mi tatarabuela se cogió a un koala.

―…

―Perdone, doctor, fue un exabrupto. No pretendía incomodar ni ofender su recato con mi vulgaridad.

―No se preocupe. Es que no estoy acostumbrado a esa honestidad tan directa.

―Sí, yo he sido honesta desde niña. No me gustan las mentiras… Aunque, ahora que lo pienso, ¿no una nariz operada es una mentira, un engaño? Pretendemos engañar y superar a la naturaleza. Pero, a fin de cuentas, si algún día tengo una hija le heredaré la misma nariz de koala de la que hoy me quiero deshacer.

―Eso es inevitable. Aunque, llegado el momento, su hija también podría operarse.

―Sí, es verdad. Pero quién sabe si ella tenga los mismos complejos que yo. Por lo general, los niños están menos acomplejados que los adultos.

―La infancia es idílica.

―Sí, claro que lo es. ¿Sabe, doctor? Recordé que cuando era niña visité la pirámide de Cuicuilco. Está al sur de la ciudad. ¿La conoce?

―Nunca he ido.

―Le recomiendo visitarla. Fue construida hace dos mil años.

―Definitivamente tendré que ir. O quizá podríamos ir juntos.

―No, doctor. Soy su paciente.

―Disculpe, no sé por qué frente a usted me cuesta tanto contenerme…

―Le decía que cuando era niña visité Cuicuilco. Cerca de la pirámide hay un pequeño y modesto museo. Ahí observé algunos restos óseos que fueron encontrados en la zona arqueológica. ¿Y sabe lo que más me sorprendió?

―Por favor dígame.

―Los cráneos.

―¿Los cráneos, dice?

―Los cráneos, doctor. Me impresionaron porque estaban deformados.

―¿Por los sacrificios rituales?

―No, no, para nada. Hace poco volví a recordar esa visita a Cuicuilco y me puse a investigar más sobre el tema. Resulta que algunos pueblos prehispánicos modificaban la forma de la cabeza de los recién nacidos. Utilizaban tablillas que amarraban a las cabezas de los bebés y conforme ellos crecían, el cráneo se deformaba…

―Sí, la plasticidad de la estructura ósea es mayor en los recién nacidos.

―…. y su cabeza quedaba alargada y aplanada para toda la vida.

―Ajá.

―Los antropólogos no saben con exactitud cuál era el motivo de esa modificación corporal. Pudo ser por razones ornamentales o como una forma de distinción social. También pudo ser por embellecimiento.

―Interesante.

―Aunque realmente no sabemos cuál era su concepto de belleza…

―Entiendo.

―Pero supongamos que era por embellecimiento.

―Supongamos.

―Seguro usted se preguntará: ¿qué belleza puede haber en una cabeza rectangular? Yo también me pregunté lo mismo. Pero allá ellos con sus cánones de belleza. Los nuestros son igualmente cuestionables. Una cabeza de cartón de leche no es más bella ni más fea que una nariz respingada.

―Bueno, pero hay bastantes diferencias, Sara. ¿Cómo compara una rinoplastia, que en general solo se practica en adultos, con aplastarle la cabeza a un bebito?

―Solo quiero decir que los cánones de belleza son arbitrarios. Cada cultura tiene su estándar, el cual siempre será cuestionable.

―Sí, tiene razón… Pero me dice todo esto como si, en el fondo, no quisiera hacerse una rinoplastia.

―Bueno, de querer querer pues la verdad no quiero. Es decir, siento que me traiciono si borro mi verdadera fisionomía. Esta nariz se ha preservado en la familia durante varias generaciones. Imagínese, mi tatarabuelo koala, que en paz descanse, hizo un largo viaje de Australia a México para fundar un linaje. Un linaje que yo me empeño en exterminar. Es injusto, ¿no le parece?

―Pensé que todo esto se trataba de gustarle al hombre del futuro…

―No, no del futuro. El hombre por venir. El hombre hipotético.

―Bueno, usted me entiende.

―Sí, se trataba de él. Pero quizá ese hombre nunca nazca o ya esté muerto.

―Sinceramente usted es muy exigente. Así que ese hombre no puede existir.

―Yo también creo que no existe. Lo cual me hace una tonta porque espero algo que nunca vendrá.

―No tonta pero quizá sí ingenua. La ingenuidad propia de la juventud.

―Quizás… ¿Le molesta si nos tuteamos?

―No, para nada. Es cansado hablar de usted.

―Sí, es cansado… ¿Sabes? Creo que la claridad me ha llegado de pronto. Es como un milagro… Se ha borrado toda mi indecisión. Ya estoy segura de lo que haré.

―Entonces… ¿Se operará? Digo, ¿te operarás?

―¡Para nada! ¿No era obvio que necesitaba hablar con alguien? Y al venir aquí y al hablar contigo, todo se ha esclarecido. ¡No quiero operarme, realmente nunca lo quise!

―Bueno… Si es lo que deseas, entonces supongo que está bien, Sara.

―¡Gracias, doctor, gracias! De repente me siento muy feliz… No tengo palabras para agradecerte…

―No tienes nada que agradecerme. No hice nada…

―Esta plática me ha ayudado más que cinco años de psicoanálisis.

―Bueno, eso es un gran elogio a decir verdad.

Sara se levanta de la silla para abrazar efusivamente al doctor Mendizábal. Se despide de él plantándole un beso en la mejilla. El doctor se sonroja. Sara sale del consultorio con una sonrisa luminosa, ebria de dicha. Cuando el doctor se queda solo, saca del cajón de su escritorio una pequeña libreta en donde garabatea unos versitos cursis. Luego, vuelve a guardar la libreta en el cajón y se prepara para recibir a su próxima paciente. Afuera, un arrebolado atardecer hechiza la ciudad. Hay nubes como orejas de koala que nadie advierte.